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domingo, 27 de noviembre de 2022

La historia de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa: todo lo que pasó 26112022

 

Catalina Labouré, la vidente, tocó a la Virgen y se mantuvo siempre en secreto

La historia de las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa: todo lo que pasó

Apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa en una recreación de la EWTN para Miracle Hunter
Apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa en una recreación de la EWTN para Miracle Hunter

ReL

José Manuel Díez Quintanilla, en su libro Las apariciones de la Virgen María: Doctrina e historia (LibrosLibres), y en este reportaje del ca Bac de París, en 1830, que considera "las primeras apariciones de la Virgen de época moderna", refiriéndose a un siglo XIX en el que se extendió la increencia y el materialismo entre las élites occidentales.

Con esta aparición se inicia una serie de apariciones del siglo XIX y XX que el Papa Pío XII llamaría "la era de María".

Lo que distingue estas apariciones de otras

La Virgen se apareció a Santa Catalina Labouré, religiosa de las Hijas de la Caridad de 24 años en ese momento. Quintanilla destaca algunos de los símbolos de esta aparición. La Virgen sostenía una bola del mundo, lo que destaca su mensaje universal.

El autor detalla que Santa Catalina Labouré había tenido experiencias místicas previas y deseaba ardientemente tener un encuentro con la Virgen: en eso es distinta a casi todas las apariciones del siglo XIX y XX, en que los videntes suelen se "pillados por sorpresa", no rezaban especialmente ni tenían mayor deseo de una experiencia mariana.

Un tercer detalle peculiar, señala Quintanilla, es que "es la única aparición moderna en que se desconoció por completo quién era la vidente hasta después de su muerte. Santa Catalina Labouré pasó su vida en completo anonimato". Fue su confesor quien lo divulgaría.

Díez Quintanilla ha analizado varias apariciones marianas en su libro

También apunta el autor que en las apariciones más famosas del siglo XIX y XX, los videntes se mantienen a cierta distancia de la Virgen. Sólo en esta aparición la vidente dice que estaba muy cerca y que ella, Catalina, le tocaba las rodillas a la Virgen, sentada en un sillón.

Catalina, devota desde niña, con una vocación especial

Catalina consideraba a la Virgen su madre desde los 9 años, cuando murió su madre en la tierra. Trabajaba en el campo en silencio y sencillez, con misa diaria. A los 18 tuvo un sueño: soñó que un sacerdote le dijo "es bueno, hija mía, cuidar a los enfermos; Dios tiene designios para usted".

A los 22 años su padre aún se negaba a permitir que entrara en vida consagrada como su hermana. La envió a París a trabajar con su tío en un restaurante y a buscar marido. Sus hermanos la ayudaron a aprender a leer.

Un día entró en una iglesia de las Hijas de la Caridad. Vio el retrato de un sacerdote que la miraba con bondad. Ella reconoció en ese hombre al sacerdote de su sueño 4 años antes. Le dijeron que el hombre del retrato era San Vicente de Paúl, fundador de las Hijas de la Caridad. Su familia le dio permiso y pudo entrar en la comunidad con 24 años.

Tragó una pequeña reliquia de Vicente de Paúl

En misa, en la consagración, Catalina veía a Jesús, y también tenía visiones de San Vicente de Paúl. Pero ella oraba pidiendo ver a la Virgen. El 18 de julio, víspera de San Vicente de Paul, tras una charla sobre la belleza de los santos y la Virgen. Le dieron un pedacito de tela como reliquia del santo. Ella, antes de acostarse, rezó y se tragó el pedacito de tela.

Lo que pasó esa noche lo contó con detalle años después, al acercarse su muerte. Cuando ya dormía, oyó que tres veces la llamaban por su nombre. Apartó las cortinas de su espacio, y vio un niño vestido de blanco. El niño le dijo que se levantase, que acudiese con él a la capilla, que la Virgen le esperaba. Ella se vistió y siguió al niño, que irradiaba luz.

La capilla estaba cerrada pero al toque del niño se abrió la puerta. Dentro estaban encendidas todas las velas y cirios como si hubiera misa solemne de medianoche. La religiosa se arrodilló y rezó. No acudió ninguna Hija de la Caridad, sino la Virgen. "Mira a la Virgen, aquí está", dijo el niño.

Oyó un roce y vio a una dama vestida de seda, que atravesó el presbiterio y se sentó en el sillón (que aún se puede ver hoy en la capilla). Catalina se acercó y se apoyó en sus rodillas. Catalina le dijo a la dama que era el momento más feliz de su vida.

Escena de Santa Catalina Laboure, de 24 años, y la primera aparición de la Virgen

Escena de Santa Catalina Labouré, de 25 años, y la primera aparición de la Virgen. Son escasas las apariciones en las que el vidente dice haber tocado a la Virgen.

La Virgen le dijo a Catalina muchas cosas, pero le exigió mantenerlas en secreto.

Le dio instrucciones sobre como comportarse con su director espiritual. Le pidió paciencia, mansedumbre y gozo ante las penas. Y que desahogara sus penas ante el altar, donde recibiría siempre consuelo.

Le encargó una misión, en la que sufriría pero que recibiría más inspiraciones. La Virgen expresó su deseo ardiente de derramar gracias a quienes acudan a ella. Le advirtió que muchos religiosos y el arzobispo de París morirían de forma violenta (como sucedió años después, en 1870, en la Comuna de París).

La visión de la Medalla

La misión sería la revelación de la devoción a la Medalla Milagrosa. El sábado 27 de noviembre, víspera del primer domingo de Adviento, se le volvió a aparecer la Virgen. Esta vez llevaba un vestido blanco, de mangas largas hasta el suelo, una túnica cerrada y velo sobre el pelo. Su rostro era muy hermoso.

Sus pies estaban sobre un polvo blanco y aplastaba una serpiente verde con pintas amarillas. En las manos llevaba, a la altura del corazón, un globo pequeño dorado con una cruz. La Virgen ofrecía ese globo a Dios. Miraba alternativamente al Cielo y la Tierra y de sus manos se extendían unos haces de luz.

La Virgen explicó que el globo representaba al mundo y Francia, y que las perlas en sus manos eran gracias que no podía entregar porque no rezaban por ellas. Después desapareció el globo, y alrededor de la Virgen surgió un óvalo con las letras de un mensaje: "Oh María, sin pecado concebida, orad por nosotros que recurrimos a vos". Ella encargó entonces a Catalina: "Haz que se acuñe una medalla según este modelo, y todos los que la lleven puesta recibirán grandes gracias, y más abundantes para los que la lleven con confianza".

Anverso y reverso de la medalla milagrosa, según la visión de Catalina Labouré

Cuando la Virgen se dio la vuelta, Catalina vio lo que vemos en el reverso de la medalla: la M atravesada por una barra y dos pequeños corazones, uno con corona de espinas (el de Jesús) y otro atravesado por una espada (el de María), y alrededor doce estrellas (las doce de la mujer vestida de sol de Apocalipsis, y signo de la Iglesia por sus doce apóstoles).

Quintanilla resumen el mensaje de la Medalla Milagrosa y su simbología: María aplastando la cabeza de Satanás, su mediación de gracias, su jaculatoria que se adelanta al dogma de la Inmaculada, su cargo como reina de Cielo y Tierra.

Una devoción que se extendió con rapidez

Su director espiritual no creyó la aparición al principio, pero sí más adelante al ver su ejemplo de vida virtuosa. En 1832, durante una grave epidemia de cólera en París, es su director, sin hablar con Catalina, quien convence al arzobispo para acuñar las medallas. En 1838 el Papa autorizó a los fieles a llevar estas medallas.

Catalina pasó toda su vida trabajando como ayudante de cocina en un asilo de ancianos de las Hijas de la Caridad. Vio los acontecimientos sin protagonismo alguno de su parte. Las Hijas sabían que la Virgen había transmitido esa devoción a una de ellas, pero no se sabía a quién.

En 1856, al acercarse su muerte, Catalina dictó sus recuerdos. Murió en 1876, el 31 de diciembre. Cuando en 1932 se procedió a examinar su cadáver con motivo de su beatificación, se descubrió que el cuerpo de Catalina estaba intacto, "sin putrefacción", asegura Quintanilla. El cuerpo se trasladó a la capilla de la Rue du Bac, donde hoy se mantiene.

Cuerpo incorrupto de Santa Catalina Laboure

Cuerpo incorrupto de Santa Catalina Labouré en la capilla de la Rue du Bac de París.

Catalina Labouré fue beatificada en 1933 y en 1947 fue canonizada por Pío XII.

La devoción a la Medalla Milagrosa se extendió por todo el mundo. El primer pedido, en 1832, fue de 1.500 medallas. Pero en un par de años ya se habían acuñado 2 millones. Se tradujo la jaculatoria del texto a varios idiomas, empezando por el latín. Las Hijas de la Caridad y los sacerdotes y religiosos paúles difundieron la devoción por todo el mundo.

El Papa León XII estableció la fiesta con misa y oficio propio para conmemorar la aparición de la Inmaculada Virgen María bajo el título de la Medalla Milagrosa.

Díez Quintanilla, autor de Las apariciones de la Virgen María, explica en este vídeo de 23 minutos el origen de esta devoción y estas apariciones.

 

sábado, 21 de septiembre de 2019

Era presbiteriano cuando descubrió las apariciones de Kibeho: «Empezaré a rezar el Rosario», se dijo 21092019

Charles ni se sabía el Avemaría, pero perseveró y recibió su premio

Era presbiteriano cuando descubrió las apariciones de Kibeho: «Empezaré a rezar el Rosario», se dijo


La fe de los católicos en su devoción a la Virgen de Kobeho conmovió al protagonista de esta historia.
La fe de los católicos en su devoción a la Virgen de Kobeho conmovió al protagonista de esta historia.
Según confiesan numerosos protestantes tras su conversión al catolicismo, la figura de la Virgen María y su papel en la Iglesia era uno de sus principales obstáculos para dar el paso, e incluso sigue siéndolo en los primeros tiempos como católicos. Cari Filii News recoge un caso contrario, de alguien, Charles Rogers, cuyo recorrido hacia la fe empezó precisamente en Nuestra Señora.
Rezar el rosario… sin saber el Avemaría
Fue en 2012. Él era presbiteriano y un día acudió a una librería a buscar alguna lectura espiritual. No encontraba nada interesante, salvo un libro por el que, sin embargo, no terminaba de decidirse. Salió sin comprar nada, pero al poco, intrigado, volvió por él. Trataba sobre las apariciones de Kibeho, en Ruanda.
Cuando lo leyó, más que el fenómeno en sí de la mariofanía (“extraño, pero extremadamente interesante”) le impresionó la religiosidad de la gente. “Son las personas más religiosas de las que he oído hablar”, se dijo: “Quiero ser como ellas. Empezaré a rezar el rosario”. Haciendo gala de una gran determinación, porque no se sabía las oraciones, las apuntó en un papel para leerlas una a una, precedidas por un pasaje de la Biblia. Y empezó a hacerlo cotidianamente a las 5.30 de la mañana. Al tercer día pudo desfallecer, porque pensó “Esto es largo…”
Pero perseveró.
Y tuvo su premio. Al cabo de una semana, mientras oraba sintió que lo envolvía un intenso y embriagador aroma a flores. Se asustó, porque enseguida supo que se trataba de algo sobrenatural. Averiguó luego, y supo que otras personas han tenido experiencias similares. Comprendió que aquélla era la forma elegida por Nuestra Señora para entrar en su vida.
Sed insaciable
Desde entonces, Charles no hacía otra cosa que pensar en ella, de la mañana a la noche. “Mi sed de saber sobre ello era insaciable”, confiesa, y no dejaba de leer libros sobre la Virgen. En algún momento creyó estar enloqueciendo. María ocupaba “la parte principal” de su vida: “Su intención desde el primer momento fue que mi barco diese la vuelta y empezase a navegar en la dirección correcta. Pero ella no nos trata con condescendencia, sino tan delicadamente que no lo podía creer”.
Con 59 años de edad, su profesión de programador informático en la industria del acero dejó de interesarle, al tiempo que la percepción del amor de la Madre de Dios por sus hijos se intensificaba precisamente a través del rezo del rosario. Jesús y María ya no eran algo distante, sino abrumadoramente palpable.
Buscando profundizar en sus conocimientos, encontró el portal Discerning Hearts [Corazones en discernimiento], donde monseñor John Esseff, un experto en espiritualidad, cuelga podcasts para orientar a personas que emprenden un viaje espiritual hacia la fe. La página está respaldada por el arzobispo de Omaha (Nebraska), George Lucas. En uno de esos posts, el padre Esseff decía que la Virgen en sus apariciones animaba a visitar los santuarios marianos, porque en ellos concede gracias especiales.
Santuario de la Buena Esperanza en Kingstree (Carolina del Sur, Estados Unidos), cuyo icono es reciente, creado en 2003.
Rogers quiso seguir esa inspiración, y viajó junto con su esposa Melanie hasta el santuario de Nuestra Señora de la Buena Esperanza, en Kingstree (Carolina del Sur). Allí fue donde, el 2 de noviembre de 2014, conoció al director del santuario, el padre Stanley Smolenski, con quien trabó amistad, y que es quien ha contado esta historia en el National Catholic Register.
Charles le contó al padre Smolenski que tenía un problema con el alcohol, sobre todo los fines de semana. Un domingo se miró al espejo, vio en qué se había convertido y se quejó en voz alta a la Virgen, preguntándole por qué perdía el tiempo con alguien como él, “que no se preocupa de nadie más de sí mismo”.
Y le sorprendió escuchar claramente una respuesta: “Porque te amo”.
Recibidos en la Iglesia
Quedó transformado por aquello, comprendiendo que María era su mejor aliada para todo. Antes incluso de convertirse, hizo la Consagración a María de San Luis María Grignon de Monfort. Finalmente su esposa y él entraron en otoño de 2018 en un programa de catecumenado de adultos, y fueron recibidos en la Iglesia en la Pascua de 2019.
Para Melanie, su mujer, también antigua presbiteriana, fue asimismo un momento transformador, en particular en la Primera Comunión de ambos.
En cuanto a Charles, afirma que desde que se encontró con la Virgen su vida está rebosante y no podía haber pedido más. Agradece a Jesús por haber permitido que esto le suceda. Y agradece a Nuestra Señora que sea “guía y protectora de su fe”.
Publicado originalmente en Cari Filii News.

jueves, 23 de mayo de 2019

Messori: «Si se conoce a Bernadette, es imposible no enamorarse de ella y no pensar en el Paraíso» 19052019

Este gran pensador católico explica por qué el mensaje de Lourdes es más actual que nunca

Messori: «Si se conoce a Bernadette, es imposible no enamorarse de ella y no pensar en el Paraíso»

Bernadette murió el 16 de abril de 1879, cuando apenas tenía 35 años
Bernadette murió el 16 de abril de 1879, cuando apenas tenía 35 años
Hace unos días ha llegado a Orio al Serio (Bergamo), una reliquia de Bernadette Soubirous, que en los próximos meses recorrerá treinta y cuatro diócesis italianas. Pues bien, ¿qué es lo que nos quiere decir hoy esta extraordinaria santa? Se lo ha preguntado Costanza Signorelli a Vittorio Messori en una entrevista de La Nuova Bussola Quotidiana, que nos revela por qué el mensaje de la Virgen de Lourdes es más actual que nunca:
Como el Cielo, o como un espacio sin límites ni obstáculos: así fue Bernadette Soubirous para la Virgen. Fue su pedazo de Cielo en la tierra, donde Ella pudo moverse en total libertad con el fin de llevar a cabo su plan de Salvación por las almas y el mundo entero. Tal vez fue por esto que, con la pequeña santa de Lourdes, "la Señora" se sintió como si estuviera en casa.
Además, "si se conoce a Bernadette, es imposible no enamorarse de ella y no pensar en el Paraíso", afirma Vittorio Messori que, en relación a las dieciocho apariciones de la Santa Virgen en Lourdes, ha escrito uno de los ensayos más completos que se han publicado nunca en materia. Es más: Messori sigue siendo, por propia admisión, uno de los más fervientes devotos del Santuario mariano y, también, de la "pequeña analfabeta sobre cuyos hombros pesa toda la verdad de este acontecimiento sobrenatural». 
Por todo esto, le hemos pedido que nos hable de esta extraordinaria Santa, en vista de que su reliquia -una costilla de su cuerpo incorrupto- recorrerá nuestro país.
- Messori, en estos días una reliquia de santa Bernadette recorre las diócesis italianas. Esto me lleva a preguntarle: en su opinión, ¿qué quiere decirnos, hoy, Bernadette?
- Le respondo con una anécdota. Cuando, en plena noche, Bernadette llegó al convento de Nevers, donde vivió encerrada hasta el final de sus días, elevó la mirada al cielo y dijo: "He venido aquí a esconderme, la Santa Virgen se ha servido de mí y después me ha puesto, justamente, en mi lugar y yo soy feliz por ello". Después de años de clausura, un día le propusieron a Bernadette volver durante un tiempo a su amada Lourdes. Rápidamente respondió: "No volveré nunca. Yo no soy importante, sólo la Señora es importante, por eso no quiero quitarle la luz a la Señora, ni siquiera por un día. Mi lugar está aquí, no entre la multitud". Por eso no sé si a Bernadette le gustará que una parte de su cuerpo incorrupto esté dando vueltas. Sin embargo, ciertamente estará contentísima si esto sirve para atraer toda la atención posible sobre la Virgen de Lourdes y sus mensajes. Por lo demás, a Bernadette lo único que le gustaría es desaparecer.
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-¿Se puede decir que este permanecer en la sombra fue uno de los signos más grandes de su santidad?
- Ocultarse fue, sin duda, uno de los caracteres principales de la santidad de Bernadette. Decía que ella sólo era un instrumento, "la escoba que ha utilizado la Virgen para, después, ocultarme detrás de la puerta", y ni tan siquiera comprendía por qué había sido elegida una persona como ella. Bernadette, una vez dicho lo que le habían pedido que dijera, habría querido callar para siempre. De hecho, en Nevers obtuvo la garantía de que no habría vuelto a hablar de Lourdes. El día después de su llegada al convento, la superiora reunió a todas las monjas del monasterio y de los pueblos cercanos; la santa entonces contó su encuentro con la Virgen de Lourdes, tras lo cual todos fueron obligados a permanecer en silencio, con gran alivio por su parte. A pesar de que muchos iban a Nevers para verla, Bernadette recibía, obligada por las monjas, sólo a los obispos. Y a sus preguntas, sólo repetía: "Haced referencia a las cosas que he dicho en cuanto las he escuchado". Mantuvo esta voluntad de ocultación incluso después de su muerte.
- ¿Qué quiere decir?
-Todo el que entre en la iglesia del convento de Nevers, no verá enseguida a Bernadette. De hecho, sólo buscándola podrá ver su cuerpo incorrupto, en un altar lateral: "Si realmente me queréis enterrar en la iglesia, dijo poco antes de morir, ponedme en un lugar escondido". Y ciertamente no está contenta con la urna en la que la han puesto, demasiado lujosa para ella.    
- Pasemos al mensaje de Lourdes. Lo primero que la Virgen le dijo a Bernadette fue: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro...".
-Y así fue. Bernadette pasó su vida en el dolor físico. Murió con 35 años, entre grandes sufrimientos, pero nunca se quejó. Nunca buscó el dolor, desde luego no era masoquista, pero siempre lo aceptó y acogió. En una ocasión, en los últimos momentos de su vida, en los que le costaba tanto respirar, se le escapó decir: "Me gustaría que alguien me abriera el pecho para poder respirar mejor". Se arrepintió inmediatamente porque pensó que se había quejado. Otro día, que transcurrió por enésima vez en la enfermería, Bernadette dijo: "Mi oficio es estar enferma". Bernadette vivió en la fe verdadera, es decir, aceptó siempre y voluntariamente todo lo que el Cielo le pedía, sin pedir nunca ni más ni menos.
-Volviendo a la aparición: la Virgen habló de la Vida eterna -el "otro  mundo"- como promesa de felicidad...
-Un día, una hermana le dijo a Bernadette: "Sufres mucho, pero de todas formas estás segura de que irás al Paraíso, porque la Santísima Virgen te lo prometió". Bernadette, que había ocasiones en los que sabía ser severa, respondió secamente: "¿El Paraíso?", ya que no estaba segura de merecérselo. Esto demuestra con qué conciencia de la Vida eterna vivió Bernadette cada día en este tierra.
-A menudo se considera que Lourdes es un lugar de sanación física; sin embargo, en realidad la Virgen no habló nunca de "enfermos o enfermedades" del cuerpo...
-La Virgen ha venido para ayudarnos a sanar en el espíritu. Lourdes, en su esencia, no es una clínica del cuerpo, sino una clínica del espíritu. La misma Bernadette no pidió nunca la curación física, sino que pedía sin cesar la de su alma. Sin embargo, una cosa tiene que quedar clara: las curaciones físicas concedida por el Cielo son valiosas y son la prueba material de la veracidad de estas apariciones marianas. Además, hay que decir que Lourdes es el único santuario en el mundo que tiene un dispensario medico en su interior, donde se han verificado muchos milagros. A pesar de lo cual, es necesario subrayar que la Virgen, en sus dieciocho apariciones, habló de pecado, de penitencia como reparación al mal espiritual, y nunca habló de enfermedad y curación física. A este respecto, es muy significativo lo que le sucede al cuerpo de Bernadette después de su muerte.
- ¿Qué sucedió?
- Cuando murió en 1879, a los 35 años de edad, parecía que tenía más de 70 de lo consumido que estaba su cuerpo a causa de los males que lo habían destrozado. Pues bien, no sólo la muerte no consiguió nunca corromper su cuerpo, sino que lo transformó, haciendo que fuera bellísima. Las monjas ancianas que habían vivido con ella y asistieron a la exhumación de su cuerpo, se quedaron asombradas porque vieron con sus ojos que la muerte la había transfigurado. Dos de ellas se desmayaron por la emoción.
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- Volvamos a las palabras que la "Señora" profirió durante las apariciones. El miércoles 24 de febrero de 1858 dijo: "Penitencia, penitencia, penitencia. Reza por la conversión de los pecadores". ¿Qué significaba "hacer penitencia" para Bernadette?
- El Papa Bergoglio ha dicho en varias ocasiones que quiere que la Iglesia sea como un hospital de campaña. Pues bien, Lourdes es exactamente un hospital, pero (¡no lo olvidemos!), sobre todo y en primer lugar para las enfermedades espirituales. La Virgen, en Lourdes, vino para ayudarnos en el espíritu, para curar el alma. Entonces, esta "penitencia" invocada tres veces sirve para recordarnos esto precisamente: tenemos que rezar mucho, tenemos que alejarnos con firmeza del pecado y tenemos que cuidar los bienes del espíritu. Hoy existe la peligrosa tendencia a concebir la Iglesia como una realidad horizontal y no vertical; se quiere reducirla a una ONG, es decir, a una organización comprometida en sanar los males materiales del mundo. Pues bien, la Virgen, en Lourdes, a través de Bernadette nos recuerda que la misión principal de la Iglesia es conducirnos a la Vida eterna. Las obras de caridad materiales son necesarias y valiosas, pero sólo si son una consecuencia de la fe.
- Una última pregunta: ¿por qué, entre todas las apariciones marianas, la que está más cerca de su corazón es precisamente Lourdes, y santa Bernadette?
- Nací el 16 de abril, que es precisamente el día en que Bernadette nació al cielo. También es el cumpleaños del papa emérito, Joseph Ratzinger, con el que siempre nos hemos alegrado de haber nacido el mismo día que la santa de Lourdes. Pero, aparte de estas anécdotas, lo que siempre me ha atraído de Lourdes es esta evidencia, que se impone: los planes de Dios no son los de los hombres. Pensemos en esto: cuando nosotros, los hombres, queremos anunciar algo verdaderamente importante, elegimos al personaje más cotizado, más conocido, con más títulos. Al contrario, cuando María ha querido hablarnos, ha elegido de verdad a la última entre los últimos: no había ninguna más ignorante, más enferma, más pequeña, más ignorada, menos apreciada, más sospechada: su padre había sido denunciado por hurto, su madre tenía fama de borracha. Ella misma, en sus oraciones a la Virgen, dijo: "Si hubiera habido en la tierra una niña más ignorante y estúpida, Tú habrías elegido a esa". Conociéndola de verdad, es imposible no enamorarse de ella: en Bernadette vive el Evangelio en estado puro. Es la más pobre, pero a la que se le da todo lo que importa. Yo veo en Bernadette la realización más radical del Evangelio. Por esto, cada noche le pido que interceda por todos nosotros.
Traducido por Elena Faccia Serrano.

domingo, 1 de abril de 2018

«Fue como si el resplandor se fundiera con Él»: la Resurrección, contada por la beata Emmerich 01042018


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La religiosa recibió los estigmas y también visiones de la vida y muerte de Cristo

«Fue como si el resplandor se fundiera con Él»: la Resurrección, contada por la beata Emmerich

«Fue como si el resplandor se fundiera con Él»: la Resurrección, contada por la beata Emmerich
La beata Ana Catalina Emmerich relata en sus visiones cómo se produjo el momento de la Resurrección

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1 abril 2018
“Vi la aparición entre dos ángeles guerreros, los mismos que antes aparecían en forma sacerdotal, rodeada de muchas figuras luminosas, como un gran resplandor que descendía cerniéndose a través de la peña del sepulcro a su santo cadáver. Fue como si el resplandor se inclinara y se fundiera con Él y entonces vi moverse sus miembros dentro de sus envolturas, y como si el resplandeciente cuerpo vivo del Señor, penetrado de su alma y su divinidad, saliera del costado de la mortaja, como si se alzara de la herida del costado. Todo estaba lleno de luz y resplandor”.

Así se habría producido el momento justo de la Resurrección de Cristo, tal y como lo relatóla beata Ana Catalina Emmerich, que recibió el don especial para revelar cómo fue la vida de Jesús a través de lo que ella llamaba “cuadros”, una especie de fotogramas que veía al mismo tiempo que se producían estos acontecimientos históricos.

Las visiones de una beata que tuvo los estigmas de la Pasión
Esta religiosa alemana, declarada beata, sufrió los estigmas de Jesús y se alimentaba únicamente de la Eucaristía. Esta humilde mujer nació a finales de siglo XVIII y aunque sus visiones no son dogma de fe, la Iglesia considera particulares de gran valor para acercarse, en este caso, a la Pasión y Resurrección de Cristo.



Durante un largo tiempo el escritor Clemente Brentano fue recogiendo de boca de la Emmerich estas visiones y que ahora están publicadas en libros como La vida oculta de la Virgen María y La Amarga Pasión de Cristo.

La Resurrección del Señor
Tras el momento anteriormente relatado por la beata a través de sus visiones, prosigue la beata: “Vi en contemplación la aparición de un monstruo que subía enroscándose desde lo hondo como por debajo del túmulo sepulcral. Encabritó su cola de serpiente y volvió al Señor con odio su cabeza de dragón. Recuerdo que tenía además también una cabeza humana. Pero en la mano del Redentor que se levantaba vi una vara fina y blanca con una banderita que flameaba en la punta; el Señor pisó la cabeza del dragón y le pegó tres veces con la vara en la cola de serpiente, que a cada golpe se hizo más delgada y finalmente desapareció, hasta que finalmente toda la cabeza del dragón estuvo pisada en el suelo, y sólo miraba hacia arriba la cabeza humana.

» Esta imagen ya la había visto a menudo en la Resurrección. También había visto ya una serpiente parecida emboscada en la Encarnación de Cristo. La esencia de esta serpiente me recuerda mucho a la serpiente del Paraíso, sólo que era todavía más horrible. Creo que esta imagen está en relación con la promesa:

» —La semilla de la mujer pisará la cabeza de la serpiente.



»En conjunto, a mí me parece que sólo es un símbolo de la victoria sobre la muerte, pues mientras vi aplastar la cabeza del dragón, ya no vi al Señor en el sepulcro.

» Entonces vi que el Señor resplandeciente flotaba a través de la peña. La tierra tembló y un ángel en figura de guerrero bajó del cielo al sepulcro como un rayo, puso la piedra al lado derecho y se sentó encima. La sacudida fue tal que la cesta de lumbre osciló y las llamas salían hacia afuera. Los guardias que lo vieron cayeron como atontados por los contornos y se quedaron tendidos como muertos y en posturas retorcidas. Casio vio todo lleno de resplandor, pero se rehizo rápidamente, entró al sepulcro y, abriendo la puerta un poco, palpó los paños vacíos y se fue a informar a Pilatos de lo que ocurría. No obstante aún se quedó un rato por si veía algún nuevo acontecimiento, pues él no había visto a Jesús, sino solamente el terremoto, el ángel moviendo la piedra, el instante en el que el ángel se sentó en la piedra y el sepulcro vacío. A los discípulos, estos primeros sucesos se los contaron, unos Casio, y otros, los guardias.

» Pero en el instante en que el ángel echó abajo la piedra de la tumba y tembló la tierra, vi que el Señor resucitado se apareció a su Madre en el Calvario. Estaba extraordinariamente bello, serio y resplandeciente. La ropa en torno a sus miembros parecía un ancho manto ondeante cuyo borde jugaba en el aire al caminar; el manto tenía un brillo blanco azulado como el humo a los rayos del sol. Las llagas de Jesús eran muy grandes y brillantes y en la de la mano bien se podía meter un dedo. Los bordes de las heridas tenían las líneas de tres triángulos iguales que se reunían en el punto central de un círculo, y del centro de la mano salían rayos hacia los dedos. Las almas de los patriarcas se inclinaron ante la Madre de Jesús, a quien el Señor dijo algo que he olvidado sobre que se volverían a ver. Le enseñó sus llagas y cuando ella se prosternó para besar sus pies, la tomó de la mano, la levantó y desapareció.


Puede adquirir el libro sobre las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich sobre la Pasión de Cristo pinchando AQUÍ

» Vi titilar a lo lejos las cestas de fuego en el sepulcro y hacia levante la luz de la aurora formaba un banco blanco sobre Jerusalén”.

Más adelante, la beata relata también cómo quedó el sepulcro tras la resurrección de Jesús:

“Los guardias estaban como atontados y tirados por aquí y por allá en posturas retorcidas; la piedra estaba en el zaguán, desplazada a la derecha, y las puertas, que ahora estaban sólo presentadas, se podían abrir. A través de la puerta vi que los lienzos que habían envuelto al cuerpo estaban sobre el túmulo sepulcral de la siguiente manera: la gran sábana, en la que había estado envuelto el cuerpo, estaba como antes, sólo que hueca, hundida y dentro sólo tenía hierbas. Las vendas, que habían envuelto esta sábana, estaban todavía como si envolvieran algo, como si estuvieran apuntaladas, con su longitud a lo largo del borde delantero del túmulo sepulcral; pero el paño, con el que María había envuelto la cabeza de Jesús, estaba separado, a la derecha de la cabeza, enteramente como si la cabeza estuviera dentro, pero con la cara tapada”.

Y ya entonces llegaron las santas mujeres, donde primero el ángel y luego Jesús se aparecieron, iniciando un camino que llevaría más tarde a Pentecostés y al nacimiento de la Iglesia.
 

jueves, 19 de mayo de 2016

El día en que Jesús Crucificado se apareció en el cielo de México

El día en que Jesús Crucificado se apareció en el cielo de México

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JALISCO, 17 May. 16 / 07:04 pm (ACI).- El domingo 3 de octubre de 1847, antes de celebrarse una Misa en el camposanto de la capilla de La Purísima Concepción en la ciudad de Ocotlán, en México, más de 2 mil personas fueron testigos de una imagen perfecta de Jesucristo Crucificado que apareció en el cielo por más de 30 minutos.
A este hecho histórico –aprobado por la Arquidiócesis de Guadalajara en 1911- se le conoce como “El Prodigio de Ocotlán” y ocurrió un día después de que un temblor dejara en ruinas a esta localidad del estado de Jalisco, con un saldo de 40 muertos.
Antes de iniciarse la Misa aquel 3 de octubre, que sería presidida por el vicario parroquial P. Julián Navarro, empezaron a unirse dos nubes muy blancas al noroeste del cielo y en medio de ellas apareció la imagen de Cristo.
Los presentes y quienes se encontraban en pueblos cercanos se conmovieron, hicieron actos de contrición y pidieron a gritos “Misericordia al Señor”. Por tal motivo este Cristo fue nombrado el “Señor de la Misericordia”, y en su honor, en septiembre de 1875, se bendijo y consagró un nuevo templo parroquial dedicado a Él.  
Entre los fieles que presenciaron el prodigio también se estaba el P. Julián Martín del Campo, párroco de la comunidad, y Antonio Jiménez, el alcalde de la ciudad. Ambos enviaron cartas a sus respectivos superiores contando lo ocurrido.
Además, tras el prodigio se elaboró un expediente con 30 testimonios de testigos oculares por mandato del laico Lic. Miguel Castellanos. Cincuenta años más tarde, en 1897, bajo la orden del entonces Arzobispo de Guadalajara, Mons. Pedro Loza y Pardavé, se realizó un nuevo expediente con 30 personas más, entre ellos 5 sacerdotes.
El 29 de septiembre de 1911 el Arzobispo de Guadalajara de aquel tiempo. Mons. José de Jesús Ortiz y Rodríguez. firmó el documento que avala la aparición de Jesucristo en Ocotlán y el culto y veneración que realizan los fieles de esa localidad a la venerada imagen del Señor de la Misericordia ubicada en el Santuario del mismo nombre.
“Debemos reconocer como hecho histórico, perfectamente comprobado, la aparición de la bendita imagen de Jesucristo Crucificado (…) y que no pudo ser obra de alucinación o de fraude, puesto que se verificó en plena luz del día, a la vista de más de dos mil personas”, expresó el Arzobispo.
También señaló que para que nunca se olvide la Misericordia del Señor, los fieles debían “congregarse en la forma que fuere posible, después de purificadas sus conciencias con los santos sacramentos de la Penitencia y Sagrada Comunión, y jurar solemnemente en la presencia de Dios, por sí y sus descendientes, que año por año celebrarán el aniversario del 3 de octubre”.
Después de la aprobación, y para dar cumplimiento con lo dispuesto por el Arzobispo de Guadalajara, en 1912 iniciaron las festividades públicas en honor al Señor de la Misericordia recordando el Prodigio de 1847. Actualmente las fiestas duran 13 días, del 20 de septiembre al 3 de octubre.
Tiempo después, en 1997 San Juan Pablo II envió su Bendición Apostólica al pueblo de Ocotlán por motivo de los 150 años del prodigio y pidió celebrar sus fiestas santamente, viviendo los sacramentos.