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sábado, 12 de noviembre de 2016

Domingo 13 de noviembre se cierran Puertas Santas en el mundo: Aún puedes cruzarlas 09112016

Domingo 13 de noviembre se cierran Puertas Santas en el mundo: Aún puedes cruzarlas

Por María Ximena Rondón

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Peregrinos cruzando por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro / Foto: Flickr Jubilee of Mercy (CC-BY-NC-SA-2.0)
Peregrinos cruzando por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro / Foto: Flickr Jubilee of Mercy (CC-BY-NC-SA-2.0)








ROMA, 09 Nov. 16 / 03:35 pm (ACI).- Solo hasta el domingo 13 de noviembre los peregrinos podrán cruzar las Puertas Santas abiertas en las iglesias de todo el mundo para obtener la indulgencia plenaria por el Jubileo de la Misericordia.
En la Arquidiócesis de Caracas en Venezuela, el Cardenal Jorge Urosa Savino presidirá la Misa de clausura del Año Santo el sábado 12 de noviembre, a partir de las 11:00 a.m. en la iglesia La Chiquinquirá. Las actividades comenzarán a las 9:15 con una predicación sobre el Año Jubilar a cargo del Obispo Auxiliar de Caracas, Mons. Enrique Parravano, seguida del rezo del rosario y una hora santa.
En Roma, el domingo 13 de noviembre se cerrarán las Puertas Santa de tres de las cuatro basílicas papales. Primero el Cardenal James Michael Harvey cerrará la de San Pablo de Extramuros a las 5:00 p.m., seguirá el Cardenal Agostino Vallini en San Juan de Letrán, que es la Catedral de Roma,  a las 5:30 p.m.; y finalizará con Santa María la Mayor a las 6:00 p.m, que será cerrada por su Arcipreste, el Cardenal Santos Abril y Castelló.
La única Puerta Santa que permanecerá abierta hasta el 20 de noviembre será la de la Basílica de San Pedro ya que con su apertura el Papa Francisco dio inicio al Jubileo de Misericordia el 8 de diciembre del año 2015.
Ahora en el mismo día de la Solemnidad de Cristo Rey, esta Puerta Santa será cerrada por el Pontífice y así culminará el Año Santo.
El primer peregrino en cruzar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro el pasado 8 de diciembre fue el Papa Emérito Benedicto XVI.
El 30 de octubre el Prefecto de la Secretaría de Comunicaciones del Vaticano, Mons. Darío Edoardo Viganó, indicó que Benedicto XVI podría estar presente en la ceremonia de Clausura del Año de la Misericordia este 20 de noviembre.

domingo, 6 de noviembre de 2016

10 cosas que debes saber sobre la Puerta Santa

10 cosas que debes saber sobre la Puerta Santa
La Puerta Santa permite que una persona, en el marco del Año Santo, gane una indulgencia plenaria si cumple con los requisitos mínimos


Por: María Ximena Rondón | Fuente: ACI Prensa 




Han pasado casi once meses desde que el Papa Francisco dio inicio al Jubileo de la Misericordia abriendo la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano, tras lo cual se abrieron otras en todo el mundo. A pocos días de culminar dicho Jubileo, no nos olvidemos de aprovechar este medio especial de encuentro con el Señor.
La Puerta Santa permite que una persona, en el marco del Año Santo, gane una indulgencia plenaria si cumple con los requisitos mínimos.
Pero incluso ahora algunos se preguntan ¿Qué es una Puerta Santa? Para responder a la pregunta ACI Prensa entrevistó al P. Donato Jiménez, sacerdote agustino recoleto y también profesor emérito de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.
1.- ¿Qué es una Puerta Santa?
El P. Jiménez indicó que la puerta es un “símbolo humano” y ha estado presente desde siempre en todas las culturas. “El hombre tiene unas actitudes respecto a la puerta”: entrar y salir.


Por ejemplo: “todos le decimos a un amigo ‘Oye mi casa está abierta, cuando quieras llama a la puerta’ y a un enemigo le dices ‘no te quiero ver más por esta puerta’”.
En el caso de una Puerta Santa también se entra y se sale pero hay un elemento importante: se derraman unas bendiciones y gracias especiales cuando la cruzamos.
En un Jubileo, la Puerta Santa sirve para “indicar a los fieles que pasar por la puerta de la iglesia significa una actitud de acogida, de agradecimiento, de pedir perdón, de pedir nuevas gracias o saber con seguridad que vamos a recibir una bendición y eso es lo que significa”, explicó.
2.- ¿Qué significa pasar por la Puerta Santa?
Cada vez que cruzamos una Puerta Santa ganamos una gracia especial y esa es la indulgencia plenaria.
El sacerdote indicó que cruzarla supone una “renovación” y una “actitud de conversión y de arrepentimiento”. “La Puerta Santa significa todas esas cosas buenas y renovadas que tiene que poner el cristiano para cambiar de vida”, añade.
El presbítero señaló que cuando Cristo se refiere a sí mismo como la “puerta” significa que la persona encontrará en Él “la salvación, la seguridad, la acogida y el calor. Todas las condiciones para que esté seguro el redil dentro de la puerta y el que entre por ella está en libertad. Puede entrar y salir”.
3.- ¿Por qué la Puerta Santa solo se abre en un Jubileo?
El sacerdote indicó que en el Nuevo Testamento hay una palabra llamada “kairos” que hace referencia al tiempo más propicio en el que Dios concede todos sus bienes.
“Sabemos que Dios está listo para concedernos sus bienes en cualquier momento, pero hay un tiempo en especial donde Dios está más dispuesto a darnos lo que le pidamos. Este tiempo es el año del perdón, el Año de la Misericordia. El año de la circunstancia más ventajosa que puedes encontrar.”, explicó.
4.- ¿La Puerta Santa es un llamado para que la gente se acerque a Dios?
El P. Jiménez indicó que entrar por la Puerta Santa es entrar en la “acogida de Dios”, sobretodo en el “Dios de la misericordia”.
“Hay muchos cristianos fríos o que están alejados de la Iglesia. Con este Año Santo se les hace el llamado para que reflexionen: ‘Bueno soy un cristiano y tengo una relación con mi Padre Dios. Es cierto que tengo muchos pecados pero Dios es un Dios de perdón’”.
Así, prosiguió el sacerdote, cuando la persona se arrepiente se confiesa, cumple los requisitos previos y cruza la Puerta Santa obtiene la indulgencia plenaria, la manifestación de la “misericordia de Dios”.
“Entonces es el momento de aprovechar, Dios me hace llamadas por todas partes para que no nos alejemos del a Iglesia”, precisó.
5.- ¿Qué le pasa a una persona cuando cruza una Puerta Santa?
En primer lugar, el sacerdote dijo que cruzar una Puerta Santa “no es nada mágico”. Lo que la persona va a sentir “es aquello para lo que se ha preparado”.
“Es decir no es que la gente vaya a pasar la puerta y luego ya está se sale con una señal de la cruz, se santigua y ha cumplido. No. El que cruza la Puerta Santa tiene que hacerlo con espíritu de conversión y con un espíritu de renovación. Debe entrar confiado a Dios que es misericordioso”.
6.- ¿Por qué es importante la indulgencia plenaria?
“La indulgencia plenaria es una amnistía, es decir que Dios perdona todo: perdona todos los pecados, sean los que fueren y cuando sean”.
El P. Donato explicó que cuando uno se confiesa, se perdona el pecado pero permanece la culpa y las consecuencias.
Por ejemplo “yo robo un dinero que no es mío y lo gasto. Me arrepiento, voy a confesarme pero aún permanece la culpa de que yo ya no podré devolver el dinero”. La indulgencia plenaria borra esta culpa y las consecuencias, además de los pecados. El alma queda totalmente libre, como si la persona estuviera recién bautizada y si muere ya no tendrá que pasar por el purgatorio.
7.- ¿Qué condiciones se deben cumplir para cruzar la Puerta Santa y obtener la indulgencia?
El P. Donato dijo que antes de cruzar la Puerta Santa, y obtener la indulgencia, la persona debe confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Papa.
8.- ¿Cualquier persona puede abrir una puerta Santa?
No. El P. Donato Jiménez recalcó que la Puerta Santa sólo puede ser abierta por el Papa y por los obispos en los lugares que ellos designen.
9.- ¿Por qué no se abren las puertas de todos los templos?
Según el sacerdote, se eligen ciertos templos “sencillamente para llamar un poco más la atención”. Asimismo, indicó que una Puerta Santa no es algo “simple u ordinario” sino que es “extraordinario”.
Además, el P. Donato, comentó que las iglesias señaladas presentan una ocasión propicia para que la personas haga “una peregrinación”. Explicó que esta puede ser simplemente “salir de mi barrio e ir a esa iglesia que está a dos horas de mi casa”.
“Todo ese peregrinaje forma parte de la actitud de conversión y de deseo de recibir la gracia del creyente”, dijo.
10.- ¿Cómo se cruza una Puerta Santa?
Físicamente, se puede cruzar la Puerta Santa como “uno puede y según su devoción”. El P. Donato expresó que una persona puede pasar de rodillas, con la cabeza baja o “con una actitud que refleje que está pensando en ella”.
A nivel espiritual, la persona la cruza según su devoción y haciendo las oraciones que crea pertinentes. Añadió que hay otras personas que van con la intención de atravesar la Puerta Santa pero que no sienten nada, que no tienen la devoción o que no saben manifestarla. Sin embargo, ellos también “reciben la gracia de la indulgencia plenaria y del Jubileo siempre que cumplan con las condiciones anteriores”.
Si ya entendiste qué es una Puerta Santa ¿Qué estás esperando para cruzarla? Averigua cuántas hay en tu diócesis y comienza tu peregrinación espiritual.
Artículo originalmente publicado en ACI Prensa

jueves, 1 de septiembre de 2016

«Actores de la misión de la Iglesia en el campo de la Misericordia», propuesta del cardenal Ouellet en el Jubileo de América 31082016

«Actores de la misión de la Iglesia en el campo de la Misericordia», propuesta del cardenal Ouellet en el Jubileo de América

Cardenal canadiense Marc Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) - EPA
31/08/2016 18:46
(RV).- Desde Bogotá, en la clausura de la celebración del Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el continente americano, Radio Vaticana comparte el testimonio del cardenal canadiense Marc Ouellet, quien actualmente ocupa el cargo de presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) y es Prefecto de la Congregación para los Obispos, entrevistado por Luis Guevara colaborador de la CAL durante el evento.
 
«Hemos vivido juntos un acontecimiento extraordinario en esta celebración continental de la Misericordia que no es un congreso sino más bien un encuentro de culturas diversas pero con una fe común con el deseo de responder al llamado del Papa a la Misericordia», explica el Arzobispo de Québec.
«Todas estas experiencias compartidas entre nosotros nos han convertido, nos han evangelizado. Creo que vamos a irnos con un sentido más profundo de ser actores de la misión de la Iglesia en este campo de las obras de Misericordia, que es hoy el campo privilegiado para tocar el corazón de los hombres», concluye el prelado.
(SL-RV)
Más artículos sobre el Jubileo en el continente americano:

domingo, 28 de agosto de 2016

Templo en pueblo fantasma en EEUU se convierte en lugar de peregrinación 27082016

Templo en pueblo fantasma en EEUU se convierte en lugar de peregrinación
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27 de Agosto de 2016 / 0 Comentarios
 
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Centralia (Sábado, 27-08-2016, Gaudium Press) El último lugar donde una persona esperaría encontrar una comunidad católica floreciente es en un pueblo abandonado. Sin embargo, el hecho es real y se registra en Centralia, Pensilvania, Estados Unidos, donde el templo de la Asunción de la Santísima Virgen María de la Iglesia Greco Católica Ucraniana fue designado lugar sagrado de peregrinación por la Archieparquia ucraniana católica de Filadelfia para el Jubileo de la Misericordia.

TEMPLO DE LA ASUNCIÓN CENTRALIA GAUDIUM PRESS.jpeg
Templo de la Asunción de la Santísima Virgen María en Centralia. Foto: Dan Buczynski.
El día 28 de agosto es una fiesta muy importante para la Iglesia greco católica ucraniana, ya que en el calendario juliano corresponde a la Solemnidad de la Dormición de la Santísima Virgen y por tanto la fiesta patronal del templo en Centralia. A pesar de que el pueblo fue abandonado a causa de un desastre ecológico en la década de 1970 y su código postal removido del listado oficial, el Arzobispo Metropolitano Mons. Stefan Soroka presidirá la Eucaristía de la peregrinación al templo que cuenta con una Puerta Santa para ganar la indulgencia jubilar.
La comunidad de esta particular parroquia sigue activa, a pesar de que sus miembros se dispersaron en la región tras la reubicación impuesta por las autoridades. Al pertenecer a una Iglesia Católica de rito oriental, los creyentes prefieren viajar y congregarse juntos en el templo. "por más de 20 años después de los esfuerzos de reubicación, nuestros feligreses se mantienen extremadamente fieles", comentó a The National Catholic Register el párroco, P. Michael Hutsko. "Las familias que fueron dispersas pueden aún encontrar un lugar que pueden llamar hogar espiritual y socialmente".
Centralia, después de ser una próspera localidad minera, tuvo que ser evacuada cuando unas vetas subterráneas de carbón se encendieron en 1962 a causa de desechos de brasas encendidas en el relleno de basuras local. El fuego ha permanecido encendido durante décadas y ha causado derrumbes de edificaciones y emanaciones de gases tóxicos, por lo cual se reubicó a la gran mayoría de sus habitantes. El templo no tuvo que ser abandonado porque las excavaciones realizadas para evaluar los riesgos revelaron que había sido construido providencialmente sobre roca sólida.
El Arzobispo Mayor Patriarca Sviatoslav Shevchuk, Primado de la Iglesia Greco Católica Ucraniana, visitó el templo y se maravilló de este hecho, de su relación con la figura del Apóstol San Pedro (Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia) y de que una comunidad parroquial pequeña y apartada pudiera incluso generar vocaciones que han servido a la Iglesia en territorios tan lejanos como Argentina. El Patriarca expresó su sensación de que el terreno del templo era especialmente sagrado y determinó que debería ser destino de peregrinación para que más personas pudieran experimentarlo.
Con información de The National Catholic Register.


Contenido publicado enes.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/81641#ixzz4Ib5ONQFy
Se autoriza su publicación desde que cite la fuente. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Video-mensaje de Francisco por el Jubileo del continente americano: "Fui misericordiado" 27082016

Video-mensaje de Francisco por el Jubileo del continente americano: "Fui misericordiado"


Se abre el Jubileo del continente americano con el video mensaje del Papa - RV
27/08/2016 14:33

(RV).- “Pastores que sepan tratar y no maltratar”, “el Alzheimer espiritual” o el hecho de ser “misericordiado”, fueron algunos de los términos que utilizó Papa Francisco en el video mensaje dirigido a los participantes del Jubileo extraordinario de la Misericordia en el continente americano que se lleva a cabo en Bogotá del 27 al 30 de agosto. Se trata de uno de los videos mensajes más largos que ha hecho Papa Francisco durante su pontificado y en el que incide en varias ideas siempre relacionadas con la misericordia.
El Obispo de Roma recuerda la palabra del apóstol Pablo en su carta a Timoteo (1 Tm, 1,12-16a), donde resalta como Pablo utiliza la voz pasiva, el “fui misericordiado”. “La pasiva lo deja a Pablo en situación de receptor de la acción de otro, él no hace nada más que dejarse misericordiar. El aoristo del original nos recuerda que en él esa experiencia aconteció en un momento puntual que recuerda, agradece, festeja”, dice Francisco.
Pero advierte a su vez que “cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad”, llegamos al Alzheimer espiritual. “Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Fracturamos el presente construyendo «bandos». Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores. Esta pérdida de memoria, nos va haciendo olvidar la realidad más rica que tenemos y la doctrina más clara a ser defendida”.
En su video mensaje el Santo Padre pregunta a los participantes del Jubileo del continente americano si en nuestras catequesis, en nuestros seminarios “enseñamos a los seminaristas el camino de tratar con misericordia”. “En esto se juega nuestra acción misionera, nuestros planes pastorales. En esto se juegan nuestras reuniones de presbiterios e inclusive nuestra forma de hacer teología: en aprender a tener un trato de misericordia, una forma de vincularnos que día a día tenemos que pedir —porque es una gracia—, que día a día somos invitados a aprender”.
Finalmente Papa Francisco detalla que este encuentro que ha sido organizado conjuntamente por la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en colaboración con los episcopados de Estados Unidos y Canadá, “no es un congreso, un meeting, un seminario o una conferencia, es una celebración: fuimos invitados a celebrar el trato de Dios con cada uno de nosotros y con su Pueblo”.
(MZ-RV)
Texto y audio del video-mensaje del Santo Padre Francisco:
 
Celebro la iniciativa del CELAM y la CAL, en contacto con los episcopados de Estados Unidos y Canadá – me recuerda el Sínodo de América esto – de tener esta oportunidad de celebrar como Continente el Jubileo de la Misericordia. Me alegra saber que han podido participar todos los países de América. Frente a tantos intentos de fragmentación, de división y de enfrentar a nuestros pueblos, estas instancias nos ayudan a abrir horizontes y estrecharnos una y otra vez las manos; un gran signo que nos anima en la esperanza.
            Para comenzar, me viene la palabra del apóstol Pablo a su discípulo predilecto: «Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús. Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mi toda su paciencia» (1 Tm, 1,12-16a).
            Esto se lo dice a Timoteo en su Primera Carta, capítulo primero, versículos 12 al 16. Y al decírselo a él, lo quiere hacer con cada uno de nosotros. Palabras que son una invitación, yo diría una provocación. Palabras que quieren poner en movimiento a Timoteo y a todos los que a lo largo de la historia las irán escuchando. Son palabras ante las cuales no permanecemos indiferentes, por el contrario, ponen en marcha toda nuestra dinámica personal.
            Y Pablo no anda con vueltas: Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y él se cree el peor de ellos. Tiene una conciencia clara de quién es, no oculta su pasado e inclusive su presente. Pero esta descripción de sí mismo no la hace ni para victimizarse ni para justificarse, ni tampoco para gloriarse de su condición. Es el comienzo de la carta, ya en los versículos anteriores le ha avisado a Timoteo sobre «fabulas y genealogías interminables», sobre «vanas palabrerías», y advirtiendo que todas ellas terminan en «disputas», en peleas. El acento – podríamos pensar a primera vista – es su ser pecador, pero para que Timoteo, y con él cada uno de nosotros pueda ponerse en esa misma sintonía. Si usáramos términos futbolísticos podríamos decir: levanta un centro para que otro cabecee. Nos «pasa la pelota» para que podamos compartir su misma experiencia: a pesar de todos mis pecados «fui tratado con misericordia».
            Tenemos la oportunidad de estar aquí, porque con Pablo podemos decir: fuimos tratados con misericordia. En medio de nuestros pecados, nuestros límites, nuestras miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. ¿A quién? A mí, a vos, a vos, a vos, a todos. Cada uno de nosotros podrá hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia. Todas las veces que el Señor volvió a confiar, volvió a apostar (cf. Ez 16). Y a mí me vuelve a la memoria el capítulo 16 de Ezequiel, ese no cansarse de apostar por cada uno de nosotros que tiene el Señor. Y eso es lo que Pablo llama doctrina segura – ¡curioso! –, esto es doctrina segura: fuimos tratados con misericordia. Y es ese el centro de su carta a Timoteo. En este contexto jubilar, cuánto bien nos hace volver sobre esta verdad, repasar cómo el Señor a lo largo de nuestra vida se acercó y nos trató con misericordia, poner en el centro la memoria de nuestro pecado y no de nuestros supuestos aciertos, crecer en una conciencia humilde y no culposa de nuestra historia de distancias – la nuestra, no la ajena, no la de aquel que está al lado, menos la de nuestro pueblo – y volver a maravillarnos de la misericordia de Dios. Esa es palabra cierta, es doctrina segura y nunca palabrerío.
            Hay una particularidad en el texto que quisiera compartir con ustedes. Pablo no dice «el Señor me habló o me dijo», «el Señor me hizo ver o aprender». Él dice: «Me trató con». Para Pablo, su relación con Jesús está sellada por la forma en que lo trató. Lejos de ser una idea, un deseo, una teoría – e inclusive una ideología –, la misericordia es una forma concreta de «tocar» la fragilidad, de vincularnos con los otros, de acercarnos entre nosotros. Es una forma concreta de encarar a las personas cuando están en la «mala». Es una acción que nos lleva a poner lo mejor de cada uno para que los demás se sientan tratados de tal forma que puedan sentir que en su vida todavía no se dijo la última palabra. Tratados de tal manera que el que se sentía aplastado por el peso de sus pecados, sienta el alivio de una nueva posibilidad. Lejos de ser una bella frase, es la acción concreta con la que Dios quiere relacionarse con sus hijos. Pablo utiliza aquí la voz pasiva – perdonen la pedantería de esta referencia un poco exquisita – y el tiempo aoristo – discúlpenme la traducción un poco referencial –, pero bien podría decirse «fui misericordiado». La pasiva lo deja a Pablo en situación de receptor de la acción de otro, él no hace nada más que dejarse misericordiar. El aoristo del original nos recuerda que en él esa experiencia aconteció en un momento puntual que recuerda, agradece, festeja.
            El Dios de Pablo genera el movimiento que va del corazón a las manos, el movimiento de quien no tiene miedo a acercarse, quien no tiene miedo a tocar, a acariciar; y esto sin escandalizarse ni condenar, sin descartar a nadie. Una acción que se hace carne en la vida de las personas.
            Comprender y aceptar lo que Dios hace por nosotros – un Dios que no piensa, ama ni actúa movido por el miedo sino porque confía y espera nuestra transformación – quizás deba ser nuestro criterio hermenéutico, nuestro modo de operar: «Ve tú y actúa de la misma manera» (Lc 10,39). Nuestro modo de actuar con los demás nunca será, entonces, una acción basada en el miedo sino en la esperanza que él tiene en nuestra transformación. Y pregunto: ¿Esperanza de transformación o miedo? Una acción basada en el miedo lo único que consigue es separar, dividir, querer distinguir con precisión quirúrgica un lado del otro, construir falsas seguridades, por lo tanto, construir encierros. Una acción basada en la esperanza de transformación, en la conversión, impulsa, estimula, apunta al mañana, genera espacios de oportunidad, empuja. Una acción basada en el miedo, es una acción que pone el acento en la culpa, en el castigo, en el «te equivocaste». Una acción basada en la esperanza de transformación pone el acento en la confianza, en el aprender, en levantarse; en buscar siempre generar nuevas oportunidades. ¿Cuántas veces? 70 veces 7. Por eso, el trato de misericordia despierta siempre la creatividad. Pone el acento en el rostro de la persona, en su vida, en su historia, en su cotidianidad. No se casa con un modelo o con una receta, sino que posee la sana libertad de espíritu de buscar lo mejor para el otro, en la manera que esta persona pueda comprenderlo. Y esto pone en marcha todas nuestras capacidades, todos nuestros ingenios, esto nos hace salir de nuestros encierros. Nunca es vana palabrería – al decir de Pablo – que nos enreda en disputas interminables, la acción basada en la esperanza de transformación es una inteligencia inquieta que hace palpitar el corazón y le pone urgencia a nuestras manos. Palpitar el corazón y urgencia a nuestras manos. El camino que va del corazón a las manos.
            Al ver actuar a Dios así, nos puede pasar lo mismo que al hijo mayor de la parábola del Padre Misericordioso: escandalizarnos por el trato que tiene el padre al ver a su hijo menor que vuelve. Escandalizarnos porque le abrió los brazos, porque lo trató con ternura, porque lo hizo vestirse con los mejores vestidos estando tan sucio. Escandalizarnos porque al verlo volver, lo besó e hizo fiesta. Escandalizarnos porque no lo castigó sino que lo trató como lo que era: hijo.
            Nos empezamos a escandalizar – esto nos pasa a todos, es como el proceso, ¿no? –  nos empezamos a escandalizar cuando aparece el Alzheimer espiritual; cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad. Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Fracturamos el presente construyendo «bandos». Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores. Esta pérdida de memoria, nos va haciendo olvidar la realidad más rica que tenemos y la doctrina más clara a ser defendida. La realidad más rica y la doctrina más clara. Siendo nosotros pecadores, el Señor no dejó de tratarnos con misericordia. Pablo nunca dejó de recordar que él estuvo del otro lado, que fue elegido al último, como el fruto de un aborto. La misericordia no es una «teoría que esgrimir»: «¡ah!, ahora está de moda hablar de misericordia por este jubileo, y qué se yo, pues sigamos la moda». No, no es una teoría que esgrimir para que aplaudan nuestra condescendencia, sino que es una historia de pecado que recordar. ¿Cuál? La nuestra, la mía y la tuya. Y un amor que alabar. ¿Cuál? El de Dios, que me trató con misericordia.
            Estamos insertos en una cultura fracturada, en una cultura que respira descarte. Una cultura viciada por la exclusión de todo lo que puede atentar contra los intereses de unos pocos. Una cultura que va dejando por el camino rostros de ancianos, de niños, de minorías étnicas que son vistas como amenaza. Una cultura que poco a poco promueve la comodidad de unos pocos en aumento del sufrimiento de muchos. Una cultura que no sabe acompañar a los jóvenes en sus sueños narcotizándolos con promesas de felicidades etéreas y esconde la memoria viva de sus mayores. Una cultura que ha desperdiciado la sabiduría de los pueblos indígenas y que no ha sabido cuidar la riqueza de sus tierras.
            Todos nos damos cuenta, y lo sabemos que vivimos en una sociedad herida, eso nadie lo duda. Vivimos en una sociedad que sangra y el costo de sus heridas normalmente lo terminan pagando los más indefensos. Pero es precisamente a esta sociedad, a esta cultura adonde el Señor nos envía. Nos envía e impulsa a llevar el bálsamo de «su» presencia. Nos envía con un solo programa: tratarnos con misericordia. Hacernos prójimos de esos miles de indefensos que caminan en nuestra amada tierra americana proponiendo un trato diferente. Un trato renovado, buscando que nuestra forma de vincularnos se inspire en la que Dios soñó, en la que él hizo. Un trato basado en el recuerdo de que todos provenimos de lugares errantes, como Abraham, y todos fuimos sacados de lugares de esclavitud, como el pueblo de Israel.
            Sigue resonando en nosotros toda la experiencia vivida en Aparecida y en la invitación a renovar nuestro ser discípulos misioneros. Mucho hemos hablado sobre el discipulado, mucho nos hemos preguntado sobre cómo impulsar una catequesis del discipulado y misionera. Pablo nos da una clave interesante: el trato de misericordia. Nos recuerda que lo que lo convirtió a él en apóstol fue ese trato, esa forma cómo Dios se acercó a su vida: «Fui tratado con misericordia». Lo que lo hizo discípulo fue la confianza que Dios le dio a pesar de sus muchos pecados. Y eso nos recuerda que podemos tener los mejores planes, los mejores proyectos y teorías pensando nuestra realidad, pero si nos falta ese «trato de misericordia», nuestra pastoral quedará truncada a medio camino.
            En esto se juega nuestra catequesis, nuestros seminarios – ¿enseñamos a nuestros seminaristas este camino de tratar con misericordia? –, nuestra organización parroquial y nuestra pastoral. En esto se juega nuestra acción misionera, nuestros planes pastorales. En esto se juegan nuestras reuniones de presbiterios e inclusive nuestra forma de hacer teología: en aprender a tener un trato de misericordia, una forma de vincularnos que día a día tenemos que pedir – porque es una gracia –, que día a día somos invitados a aprender. Un trato de misericordia entre nosotros obispos, presbíteros, laicos. Somos en teoría «misioneros de la misericordia» y muchas veces sabemos más de «maltratos» que de un buen trato. Cuantas veces nos hemos olvidado en nuestros seminarios de impulsar, acompañar, estimular, una pedagogía de la misericordia, y que el corazón de la pastoral es el trato de misericordia. Pastores que sepan tratar y no maltratar. Por favor, se lo pido: Pastores que sepan tratar y no maltratar.
            Hoy somos invitados especialmente a un trato de misericordia con el santo Pueblo fiel de Dios –que mucho sabe de ser misericordioso porque es memorioso –, con las personas que se acercan a nuestras comunidades, con sus heridas, dolores, llagas. A su vez, con la gente que no se acerca a nuestras comunidades y que anda herida por los caminos de la historia esperando recibir ese trato de misericordia. La misericordia se aprende en base a la experiencia – en nosotros primero –, como en Pablo: él ha mostrado toda su misericordia, él ha mostrado toda su misericordiosa paciencia. En base a sentir que Dios sigue confiando y nos sigue invitando a ser sus misioneros, que nos sigue enviando para que tratemos a nuestros hermanos de la misma forma con la que él nos trata, con la que él nos trató, y cada uno de nosotros conoce su historia, puede ir allí y hacer memoria. La misericordia se aprende, porque nuestro Padre nos sigue perdonando. Existe ya mucho sufrimiento en la vida de nuestros pueblos para que todavía le sumemos uno más o algunos más. Aprender a tratar con misericordia es aprender del Maestro a hacernos prójimos, sin miedo de aquellos que han sido descartados y que están «manchados» y marcados por el pecado. Aprender a dar la mano a aquel que está caído sin miedo a los comentarios. Todo trato que no sea misericordioso, por más justo que parezca, termina por convertirse en maltrato. El ingenio estará en potenciar los caminos de la esperanza, los que privilegian el buen trato y hacen brillar la misericordia.
            Queridos hermanos, este encuentro no es un congreso, un meeting, un seminario o una conferencia. Este encuentro de todos es una celebración: fuimos invitados a celebrar el trato de Dios con cada uno de nosotros y con su Pueblo. Por eso, creo que es un buen momento para que digamos juntos: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy, estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos, esos brazos redentores» (Evangelii gaudium, 3).
            Y agradezcamos, como Pablo a Timoteo, que Dios nos confíe repetir con su pueblo, los enormes gestos de misericordia que ha tenido y tiene con nosotros, y que este encuentro nos ayude a salir fortalecidos en la convicción de transmitir la dulce y confortadora alegría del Evangelio de la misericordia.