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lunes, 31 de diciembre de 2018

Un año nuevo está por comenzar... (meditación para hoy) 31122018

Un año nuevo está por comenzar...
¿Qué pasó con aquellos deseos que brotaron en nuestro corazón al terminar de oír las doce campanadas y nos hicieron decir: 


Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net 



Sonarán las campanas en el reloj...

Las 12. Las 12 de la noche.

Parece que los meses del año que termina, con sus días y sus horas se columpian en cada una de ellas... Doce meses, doce campanadas. El año se va. El año 2017 se acaba. Se esfuman los doce meses como en un conjuro de tiempo y eternidad. Los tuvimos en nuestras manos paro ya no volverán.

Fueron instantes nuestros, únicos e irrepetibles, vividos dentro de nuestro libre albedrío, hora tras hora y ahora se van, perdiéndose en la noche última del año. La noche vieja.

El poeta dice:

El indivisible tiempo
lo hemos dividido en años
y así decimos que pasa
cuando nosotros pasamos. 


Así es, decimos que el tiempo se va cuando somos nosotros los que nos vamos. Decimos que el tiempo corre, que el tiempo vuela, pero los que corremos, los que volamos sobre el tiempo somos nosotros. El tiempo siempre está, el tiempo ni tiene tiempo, ni es joven ni viejo, nosotros si.

Las 12. Noche Vieja. Un año nuevo está por comenzar.

Las 12 horas del 31 de diciembre de 2017... ¿Qué hicimos con estos trescientos sesenta y cinco días? ¿Qué dijimos, qué pensamos una noche como esta pero del año pasado? ¡Cuántos planes, cuántas promesas, cuántos propósitos! ¿Somos los mismos de aquella noche de otras muchas noches o sentimos que fuimos limando las aristas de nuestro carácter, rellenando "baches" en los que caíamos una y otra vez, quitando obstáculos, que quizá amábamos pero que nos hacían tropezar en nuestro plan de ser mejores como seres humanos en nuestra plenitud y dignidad? ¿Qué pasó con aquellos deseos vehementes que brotaron en nuestro corazón al terminar de oír las doce campanadas y nos hicieron decir: "¡Ahora sí, este año nuevo sí!

Poco a poco se nos fueron aminorando las fuerzas, el entusiasmo, y llegó esa desgana o indiferencia por las cosas. La bruma de la rutina nos envolvió en sus días grises y nos heló el corazón y el coraje.

O no fue así... y sentimos que sí ha habido un cambio positivo. Que el sol del amor nos arropa y podemos repartir el calor que hay en nuestra alma a los demás. Que estamos en pie de lucha, que las 12 campanadas resuenan en nuestro corazón como el tañer de las campanas de la ermita invitándonos a orar.

Que cada campanada se un:
Perdón y gracias, Dios mío, me estás regalando otro año para crecer en la fe y en el amor a Ti y a los demás. El tiempo pasado está en Tus manos , el que comienza en las mías, pero quiero que Tu me acompañes a vivirlo!.

Y con el año que se va y el nuevo que comienza, en esta Noche Vieja, la más vieja del año, recordamos al poeta que nos dice:

Un año más, no mires con desvelo
la carrera veloz del tiempo alado
que un año más en la virtud pasado
un paso es más que te aproxima al cielo.


Y siguiendo con los versos terminaremos esta pequeña reflexión con uno que una noche como esta me inspiro:

Esta noche es "noche-vieja"
y yo hago un alto en mi camino,
sentada bajo la luna
abro mi alforja y la miro.
¿Qué es lo que tengo en ella?
Oro y plata:-Te lo cambio
por la sonrisa de un niño.

Quiero caminar descalza
por lo prados con rocío
quiero soltar mis amarras
y extender libre mis alas
y sentir mi poderío.

Poderío y libertad
olvidando el claro-oscuro
de ambiciones que esclavizan
tan pesadas como un yugo.

Esta noche es "noche vieja"
tengo el alma transparente,
cuando llegue el año nuevo
que me encuentre en la vereda
como quién vuelve a nacer,
sin sandalias ,sin alforja,
con la piel limpia de luna
las estrellas en mi pelo
y cantando el "aleluya".

Esta noche es noche vieja,
y yo tengo el alma nueva...
¡quién lo pudiera creer!


 
Preguntas o comentarios al autor    Ma. Esther de Ariño

lunes, 24 de diciembre de 2018

Para tener una Navidad verdaderamente Feliz (Meditación para hoy) 24122018

Para tener una Navidad verdaderamente Feliz
¿Hemos permitido que Cristo llegue a nuestras vidas? Esa es la única manera de tener una Feliz Navidad


Por: P. Cipriano Sánchez | Fuente: jesucristo2727.wordpress.com 



Celebramos el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios. Y yo me pregunto si ya hemos sido capaces de reflexionar sobre lo que verdaderamente significa tener una “Feliz Navidad”.
Si fuéramos a una comunidad marginada y viéramos cómo pasan la Navidad muchas personas, seguramente diríamos: “Pobre gente, no tienen nada para poder pasar una Feliz Navidad”. ¿Creo yo que tener una Feliz Navidad necesariamente significa tener comida, bebida, música, luces de colores y a toda mi familia alrededor?
Cuando uno lee el Evangelio se da cuenta que tener una Feliz Navidad significa otra cosa muy distinta, que no necesariamente excluyo lo anterior, ya que uno se la puede pasar muy bien con comida, bebida, música, luces de colores y con la familia, pero también se la puede pasar muy mal.
El Evangelio nos dice:
Mientras estaban en Belén, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en el mesón. En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: ‘No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre’. De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: ‘¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad’! Se fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María, a José y al Niño, recostado en el pesebre. Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.
En este pasaje nos damos cuenta que no puede existir una Feliz Navidad sin haber hecho una profunda y seria experiencia de Cristo. Y, a lo mejor, todos los agujeros que hay en tu corazón, todas las resquebrajaduras que hay en tu existencia, todos los miedos que hay en tu alma, se deben a que no ha habido un ángel que te diga: “Feliz Navidad. Hoy te ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.
Cada uno tendría que preguntarse con mucha seriedad si ya ha hecho esta profunda y seria experiencia de Cristo. Porque, pudiera ser que por diferentes causas, nos pudiéramos haber olvidado dónde está la auténtica felicidad. ¿No has buscado la felicidad en muchas partes y no la has encontrado? ¿Por qué te empeñas en buscarla donde no está? ¿Por qué no quieres ir a Belén como los pastores? ¿Por qué te da miedo?
A todos nos puede costar mucho encontrar a este Niño en un pesebre. Nos puede doler descubrir que es en la pequeñez, en la debilidad donde está la experiencia de Cristo.
Yo estoy seguro que a través de la vida de todos Dios se ha cruzado muchas veces, pero como lo ha hecho como un niño envuelto en pañales y recostado sobre un pesebre, no hemos sabido reconocerlo, con lo que hemos perdido la oportunidad de encontrarnos con Cristo.
Nunca olvidemos que generalmente no es en lo espectacular donde Dios Nuestro Señor se va a encontrar contigo, sino que lo va a hacer donde pensarías que Él no puede estar: en la pequeñez, en la pobreza, en la debilidad, en la humildad, en el abandono, en la humillación.
Para tener una Feliz Navidad es necesario tomar la decisión de encontrarse y hacer la experiencia del Cristo del Evangelio. Porque haces la experiencia de Cristo, o no encontrarás la felicidad, aunque tengas muchas otras cosas.
Yo les invito a que se hagan la siguiente pregunta: ¿Por qué no soy completamente feliz? Y pudiera ser que no eres completamente feliz porque no tienes lo más importante: la experiencia de Cristo. No has vivido la experiencia de Cristo, el encontrarte con un Niño envuelto en pañales y recostado sobre un pesebre.
¿Cuántas veces te ha invitado Cristo a encontrarte con Él en un pesebre? Y cuántas veces tu les has dicho: “Al ratito…; luego…; no quiero…; de esa forma no se me da la gana…”. Con lo que has hecho de la experiencia una conveniencia. Y cuando hacemos de la experiencia una conveniencia, tengamos por cierto que no podremos encontrarnos con Cristo.
Pidámosle al Señor que nos conceda la gracia de experimentar a Cristo, permitiéndole llegar a nuestras vidas como Él quiere llegar, para que así podamos tener una Feliz Navidad.




domingo, 23 de diciembre de 2018

Los regalos son buenos, pero el mejor regalo es Jesús (Meditación para hoy) 23122018

Los regalos son buenos, pero el mejor regalo es Jesús
Muchos han perdido el verdadero sentido del Adviento y la Navidad 


Por: Redacción | Fuente: PorTuMatrimonio.org 



Durante Adviento y Navidad muchos se concentran en adquirir regalos materiales para dar felicidad a sus familiares. Ciertamente los regalos materiales pueden expresar el afecto por nuestros familiares y compartirlos es un gesto agradable tanto para el que da como el que recibe. Pero en nuestros tiempos, muchos han perdido el verdadero sentido del Adviento y la Navidad para dar paso a un interés absorbente por los obsequios materiales. Como consecuencia de este cambio de visión, se pierde la perspectiva de lo que es importante en estos significativos tiempos.
Tan es así que muchos pasan el tiempo de Adviento tan preocupados por lo que tienen que comprar para regalar y decorar, que se termina viviendo bajo un afán de vida y un estrés y sólo se espera que ya se terminen las fiestas. Y luego que concluye la Noche Buena y la Navidad, pasan del afán por comprar y organizar, al estrés y la preocupación de cómo van a pagar las cuentas asumidas por tanto comprar y comprar.
En esta confusión y esta vorágine de vida que crea la visión consumista que como sociedad se ha asumido en estos tiempos festivos, muchos olvidan que el mejor y único verdadero regalo que se nos ofrece en estas fiestas es la llegada de Jesús, el Mesías esperado. Por ello, les invitamos a detener la marcha vertiginosa de las compras navideñas y a reflexionar en el regalo mas importante, que es Dios mismo que se encarna para regalarse a si mismo en toda su magnificencia, amor y misericordia, para ser la fuente de vida y de gozo que da verdadero sentido a nuestra existencia.
Cuando nos detenemos y nos damos cuenta de esta realidad, nos liberamos del yugo estresante del consumismo y podemos dedicar este tiempo a disfrutar en nuestra familia, la alegría de sabernos amados por un Dios eterno que envió a su Único Hijo para nuestra salvación. Teniéndolo a Él lo tenemos todo en la vida, porque Jesús no es sólo la razón de este tiempo, sino que verdaderamente es ¡el mejor regalo de Navidad!

sábado, 22 de diciembre de 2018

El Magnificat (Meditación para hoy) 22122018


 

El Magnificat
La Virgen expresa su inmensa alegría por todo lo que Dios ha hecho en su humilde esclava


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer 



Lucas 1, 46-56
En aquel tiempo, María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia para siempre. María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

Reflexión
El Evangelio de hoy nos presenta el gran cántico de la Sma. Virgen en su visita a la casa de Santa Isabel: el Magnificat. Expresa su inmensa alegría por todo lo que Dios ha hecho en su humilde esclava.

En el canto, en realidad, María dice pocas cosas nuevas. Casi todas sus frases encuentran numerosos paralelos en los salmos y en otros libros del Antiguo Testamento. Pero - como escribe un teólogo - si las palabras provienen en gran parte del antiguo testamento, la música pertenece ya a la nueva alianza. En las palabras de María estamos leyendo ya un anticipo de las bienaventuranzas y una visión de la salvación que rompe todos los moldes establecidos. En el canto, María dice cosas que deberían hacernos temblar.

El canto es como un espejo del alma de María. Es, sin duda, el mejor retrato de María que tenemos. Su canto es, a la vez, bello y sencillo. Sin alardes literarios, sin grandes imágenes poéticas, sin que en él se diga nada extraordinario. Y sin embargo, ¡qué impresionantes resultan sus palabras!

Es, ante todo, un estallido de alegría. Las cosas de Dios parten del gozo y terminan en el entusiasmo. Dios viene a llenar, no a vaciar. Pero ese gozo no es humano. Viene de Dios y en Dios termina. La alegría de María no es de este mundo. No se alegra de su maternidad humana, sino de ser la madre del Mesías, su Salvador (M. Thurian). No de tener un hijo, sino de que ese hijo sea Dios.

Por eso se sabe llena María, por eso se atreve a profetizar que todos los siglos la llamarán bienaventurada, porque ha sido mirada por Dios. Nunca entenderemos los occidentales lo que es para un oriental “ser mirado por Dios”. Para éste - aún hoy - la santidad la transmiten los santos por medio de su mirada. La mirada de un hombre de Dios es una bendición. ¡Cuánto más si el que mira es Dios!

La cuarta estrofa del himno de María resume su visión de la historia. Y se reduce a una sola idea: el reino de Dios, que su hijo trae, no tiene nada que ver con el reino de este mundo. Y ésta es la parte subversiva del himno que no podemos disimular: para María el signo visible de la venida del Reino de Dios es la humillación de los soberbios, la derrota de los potentados, la exaltación de los humildes y los pobres, el vaciamiento de los ricos.
Estas palabras no deben ser atenuadas: María anuncia lo que su Hijo predicará en las bienaventuranzas: que Él viene a traer un plan de Dios que deberá modificar las estructuras de este mundo de privilegio de los más fuertes y poderosos.

Los pobres y humildes de los que habla María son los que sólo cuentan con Dios en su corazón: los humildes, los que temen a Dios, los que se refugian en él, los que le buscan, los corazones quebrantados y las almas oprimidas. María no habla tanto de clases sociales, sino más bien de clases de almas. ¿Y quién podrá decir de sí mismo que es uno de esos pobres de Dios?

María no habla solamente de la pobreza material o de la pobreza espiritual. Habla de la suma de las dos. Y al mismo tiempo ofrece un programa de reforma de las injusticias de este mundo y de elevación de los ojos al cielo. Son dos partes esenciales de su Magnificat y del evangelio, dos partes inseparables.

María, en el Magnificat, no separa lo que Dios ha unido por medio de su Hijo: los problemas temporales de los celestiales. Su canto es, verdaderamente, un himno revolucionario, pero de una revolución integral. Por eso María puede predicar esa revolución con alegría.

Queridos hermanos, pienso que es necesario que también todos nosotros cantemos con ella, y como ella, atreviéndonos a decir toda la verdad de esa revolución que María anuncia. Esa revolución que hubiera hecho temblar a Herodes y Pilato, si la hubieran oído. Y que debería hacernos sangrar hoy a cuantos, de un modo o de otro, multiplicamos el mensaje de María.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

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