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martes, 7 de mayo de 2019

«Hospitalarios, las Manos de la Virgen»: Catequesis viva y emocionante de un gran tesoro de Lourdes

El documental dirigido por Jesús García se estrena el 17 de mayo

«Hospitalarios, las Manos de la Virgen»: Catequesis viva y emocionante de un gran tesoro de Lourdes


El documental se estrenará el próximo 17 de mayo
El documental se estrenará el próximo 17 de mayo
Hospitalarios, las Manos de la Virgen es una auténtica catequesis viva que explica de manera visual y directa al corazón lo que es cargar con la cruz, el sentido cristiano del sufrimiento, el darse a los demás y el agradecimiento a Dios en toda circunstancia y situación. Este documental que se estrena en los cines el próximo 17 de mayo consigue conjugar todo ello gracias a la intercesión de la Virgen María, que se apareció en 1858 en Lourdes a una joven Bernadette, lugar en el que desde entonces se han producido sucesos extraordinarios, que hoy se siguen dando.
Dirigido por Jesús García, autor de best-seller religiosos como Medjugorje o ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?, este documental logra captar qué es Lourdes, un lugar en el que los enfermos tienen un lugar preferente. Y lo hace acompañando a los Hospitalarios que desde Madrid acompañan a un grupo de enfermos hasta este santuario francés.
La comunión entre hospitalarios y enfermos
Partiendo de la base narrativa de algunos de estos hospitalarios, personas normales con sus trabajos y sus preocupaciones que durante unos días dejan todo para dedicarse a servir a otros durante toda la jornada, se presenta esta bella labor de entrega al otro. Ni se esconde ni se disfraza nada. Se habla de cambiar pañales y hacer camas, pero también de cantar y bailar. Aunque sobre todo de hablar, escuchar, disfrutar y más que nada aprender de los enfermos, auténticos testimonios de vida.
De hecho, una de las grandes virtudes que presenta este documental es cómo presenta esta relación entre los hospitalarios y los enfermos, la comunión que se genera entre ellos.
"Yo me he curado"
Pero más que nada destaca el hecho de cómo el testimonio de personas con parálisis cerebral o distrofia muscular logra arrancar las lágrimas y pocos segundos después una sonrisa. Esto es precisamente Lourdes. Uno de ellos, Antonio, afirmaba: “Yo me he curado. Sigo en la silla de ruedas, pero me he curado el alma. Que me hacía más falta todavía. Y ellos, los voluntarios, son una parte muy importante para poder venir. Yo siempre digo que, a través de ellos, la Virgen nos cuida. Ellos son las manos de la Virgen”. Y lo contaba con una gran sonrisa en la cara. Porque aunque se dan los milagros físicos es el plano espiritual el que transforma.
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Otro de ellos, Sergio, confesaba cómo en Lourdes ha aprendido a cargar con su cruz, a encontrarse con Dios y la Virgen a través de sus sufrimientos pese a apenas poder hablar y moverse en otra silla de ruedas. Aun así puede decir convencido que “Dios me ama más que nada”.
La dignidad humana de todo hombre
Por ello, esta filmación que ha sido grabada principalmente en Lourdes es buena para ver en familia, colegios o parroquias, pero sería bueno y necesario que también pudieran visionarla en el Congreso y en tantos lugares donde se fraguan las leyes, pues los protagonistas muestran en un momento de ataque a la vida humana, desde el principio al final de la vida, la dignidad del ser humano en todo su esplendor. Para lo que unos son desechos de la sociedad en Lourdes son el centro y el sentido de todo.
Otro aspecto llamativo de Hospitalarios, las Manos de la Virgen son las sonrisas. En medio de mucho sufrimiento se ve alegría. Por parte de los enfermos, pero también de los voluntarios que hacen jornadas maratonianas para servirlos.
De este modo, se recorre también lo que pasa por la cabeza de estos hospitalarios, muchos de ellos jóvenes. La clave de todo la da uno de ellos. Es ver a Cristo en el otro. Nada más y nada menos. Salir de uno mismo es necesario, pero la diferencia es que cuanto más se sale más se recibe por parte de Dios a través de las personas a las que ayudan.
Una catequesis viva
Mientras se producen esta serie de testimonios y experiencias, el documental también muestra Lourdes, la gruta ante la que tantos millones de personas han rezado a María, las piscinas en las que muchos se sumergen o el hospital en el que se alojan los enfermos.
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Es así como Jesús García y su equipo de Gospa Arts, con la colaboración de Fundación Cari Filii, consigue que la casi hora y media que dura el documental discurra de manera veloz aunque con una gran profundidad, pues no cabe olvidar que aunque quizás no fuera su objetivo este filme es una auténtica catequesis viva.
Así lo confiesa el propio director: “No me atrae el mundo del ‘enfermo’ ni los voluntariados vinculados a sus cuidados. Pero, desde la primera vez que fui a Lourdes con la Hospitalidad de Madrid, ya que no valgo para hacer esa labor tan abnegada y necesaria, quise contar la historia de los que sí que lo hacen. Poco a poco fuimos grabando y, a cada paso que dábamos, el proyecto crecía, y nosotros nos hacíamos pequeñitos a su lado. Ahora que veo el documental terminado me parece muy poco comparado con lo que ellos, enfermos y hospitalarios, me han dado. Tan sólo aspiro a que sirva para que haya gente que descubra que la dignidad humana y el valor de la fe están muy por encima de capacidades o discapacidades, de etiquetas y prejuicios. A mí ellos me lo han enseñado”.
Para colaborar con un donativo para financiar este documental y para saber en qué cines se proyecta, pinche AQUÍ
Publicado originariamente en Cari Filii News

jueves, 29 de septiembre de 2016

Una mujer iba a tirarse por un puente y un joven la detuvo: ahí entendió él que tenía una vocación 29092016

Jesús García, un joven seminarista mexicano

Una mujer iba a tirarse por un puente y un joven la detuvo: ahí entendió él que tenía una vocación

Una mujer iba a tirarse por un puente y un joven la detuvo: ahí entendió  él que tenía una vocación
Cuando le preguntaron si se había planteado el sacerdocio Jesús contestó: Si no puedo con mis problemas, menos con los de los demás

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29 septiembre 2016
Jesús García es un joven mexicano de 21 años que cursa segundo año de Filosofía en el seminario y se prepara para ser sacerdote. Cuenta que la historia de su vocación nace en un puente, donde una mujer estuvo a punto de suicidarse. 

Recoge su testimonio, Siame.mx, la agencia digital de la arquidiócesis de México.

Un intento de suicidio, el comienzo de la vocación
Después de desayunar con los amigos de la preparatoria (el equivalente latinoamericano al Bachillerato), Jesús caminó, como cada día por avenida Constituyentes para abordar el metro. Jesús recuerda con detalle ese momento en el que comenzaría su vocación. "Fue en la esquina de la calle Rincón Gallardo donde miré a una mujer llorando sentada en la banqueta", explica.

Era su último año de preparatoria y el interés por la vida le llevó a acercarse a la mujer para preguntarla por qué lloraba. Su respuesta fue: “'Estoy bien, no tengo nada'. Se levantó, caminó unos pasos delante de mí y juntos subimos el puente", recuerda Jesús.

"Quedé impactado cuando aquella mujer quiso aventarse del puente, miré hacia atrás para ver si alguien más se encontraba ahí, pero estábamos solos", dice. Jesús intentó  convencer a la mujer para evitar un suicidio: “¡No lo haga!”, le gritó. A lo que ella contestó “¿Qué sentido tiene la vida?”



En ese momento él tenía 18 años y cuenta el joven que lo primero que se le pasó por la cabeza en ese momento de pánico fue correr. “Hay alguien que la está esperando", alentó a la mujer. La señora se giró ante la llamada y llorando le pidió a Jesús que la dejara sola.

Jesús no dejó de animarla. "Pensé en hacerlo, pero le dije: hay alguien en su casa que la espera, piense en sus hijos, su esposo, sus nietos”.

La señora, escuchó las súplicas de Jesús y él le ayudó a bajar del puente. Juntos se dirigieron hacia el Parque Lira. "Mi intención era tranquilizarla y evitar que se quitara la vida". Fue a la delegación Miguel Hidalgo para pedir ayuda, pero le dijeron que no tenían tiempo, que la dejara y que ella se tranquilizaría sola. 

Camino hacia Dios
Jesús acompañó a la mujer a la escuela, para que recogiera a su nieta y de camino, le contó sus problemas. Después de escucharla, Jesús recomendó que se los ofreciera a Dios.

Todos los jueves, como tenía por costumbre, iba con sus amigos a desayunar. Pasados tres meses del suceso, Jesús cuenta que una señora se acercó a saludarle. Era la señora del puente. "No la reconocí de inmediato, pues estaba muy cambiada, platicamos un rato y me dijo: 'Tenía mucha razón cuando me dijo que Dios sí me escuchaba'”.



Sus problemas no habían acabado, pero sí disminuyeron. Estuvieron charlando durante un rato y la señora le preguntó si en algún momento pensó en ser sacerdote. Jesús dice que la idea le hizo gracia. “Si no puedo con mis problemas, menos con los de los demás”, contestó.

Aquel acontecimiento fue el detonante de la vocación de Jesús García y de su entrada entrar al Seminario. "Pido a Dios por aquella señora, de la que no sé ni su nombre ni ningún dato más, que donde quiera que se encuentre, la guíe, la cuide y la proteja, porque su testimonio fue lo que realmente me hizo escuchar la voz de Dios", cuenta el seminarista.