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viernes, 30 de octubre de 2026

El físico de Oxford enamorado de Dios: «Me preguntaban cómo podía ser científico e ir a la iglesia»

 

El físico de Oxford enamorado de Dios: «Me preguntaban cómo podía ser científico e ir a la iglesia»

Mark Harris dirige un centro de la Universidad de Oxford dedicado a estudiar la relación entre ciencia y religión.

Mark Harris no duda en afirmar que se ven más físicos que biólogos con fe porque los primeros buscan un orden en el cosmos

Mark Harris no duda en afirmar que se ven más físicos que biólogos con fe porque los primeros buscan un orden en el cosmosUniversidad Oxford

Pablo Cesio

30.10.2026 | 08:24

Actualizado:

El interés de Mark Harris por Dios y por la ciencia nació casi al mismo tiempo. Cuando tenía 12 o 13 años, comenzó a preguntarse qué quería hacer con su vida y se planteó cuestiones sobre la existencia y el cosmos. 

Su familia no era religiosa, pero él empezó a leer la Biblia. A la vez, se sentía fascinado por la naturaleza del universo y decidió convertirse en científico.

Décadas después, aquella doble inquietud se convertiría en el eje de su trayectoria profesional. Harris fue uno de los descubridores, en 1997, del llamado hielo de espín, un material magnético que presenta analogías con el hielo común a escala molecular. Su investigación ha sido citada en miles de artículos científicos. 

Más adelante estudió teología y fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Inglaterra (anglicana).

Actualmente dirige el Centro Ian Ramsey de la Universidad de Oxford, dedicado al estudio de las relaciones entre ciencia y religión. En su conversación con El Mundo, el investigador repasa un recorrido que lo llevó del laboratorio a la teología sin abandonar las preguntas que lo acompañaron desde la adolescencia.

Una vocación entre la física y la teología

Al comienzo de su carrera científica, Harris recuerda que sus compañeros le preguntaban cómo podía ser científico y asistir a misa todos los domingos. La situación lo incomodaba, reconoce en la entrevista.

Cuando se planteó ordenarse sacerdote anglicano, visitó al obispo anglicano de Oxford, quien lo animó a estudiar teología. 

Harris admite que al principio no le entusiasmaba demasiado la idea: quería continuar trabajando como físico y hasta creyó que la formación teológica sería más sencilla que la científica.

«Me equivoqué», reconoce. La teología terminó por apasionarlo y le permitió descubrir que también exigía rigor intelectual. «Pude permitirme ser en clase tan riguroso y desafiante como el científico que soy», explica.

Su experiencia personal cuestiona la idea de que la investigación científica y la fe religiosa sean necesariamente incompatibles. Sin pretender resolver por sí mismo ese debate, Harris muestra que ambas inquietudes pueden convivir en una misma trayectoria.

¿Qué puede responder la ciencia y qué puede responder la teología?

Para Harris, ambas disciplinas permiten aproximarse a la realidad desde perspectivas diferentes. La teología se ocupa de las creencias, las culturas y las preguntas humanas sobre el sentido de la existencia: por qué estamos aquí y de qué se trata la vida.

La física, en cambio, dispone de herramientas empíricas para investigar la composición y el funcionamiento del universo.

«Tenemos una rama de la ciencia que ha demostrado su valía una y otra vez, pero cuyo significado para nosotros como seres humanos aún no sabemos cuál es», afirma al referirse a la mecánica cuántica.

Harris dirige en Oxford un proyecto dedicado a estudiar sus perspectivas físicas y filosóficas. La teoría ha demostrado una enorme capacidad para explicar resultados experimentales, pero su interpretación sigue planteando interrogantes.

Por eso, el investigador se muestra cauteloso ante quienes presentan la física cuántica como una demostración de la existencia de Dios. Preguntado por esa interpretación, responde: «Como físico, me resulta incómoda la afirmación de que la mecánica cuántica nos habla de realidades espirituales y de que sea una ventana a Dios».

No afirma que la ciencia refute la existencia de Dios. Su advertencia apunta a otra cuestión: los resultados de una teoría física no permiten dar por demostradas automáticamente las conclusiones religiosas o filosóficas que algunas personas extraen de ella.

El misterio de los milagros

Uno de los pasajes más reveladores de la entrevista aparece cuando Harris habla de los milagros. El investigador cuenta que se comprometió a escribir un libro sobre el tema, pero no logró terminarlo porque su propia concepción cambió durante la investigación.

Su punto de partida era la definición tradicional del milagro como una intervención divina que viola las leyes de la naturaleza. Sin embargo, el estudio de la filosofía y la teología lo llevó a considerar que esa explicación resultaba insuficiente.

Harris señala que algunos acontecimientos narrados en la Biblia pueden recibir explicaciones científicas y, aun así, ser considerados milagros por los creyentes. 

También plantea una dificultad: definirlos como transgresiones de las leyes naturales presupone que conocemos esas leyes en su totalidad.

«No sabemos todavía si en el universo existe un conjunto fijo de leyes que estamos descubriendo desde la oscuridad, o si, más bien, el universo funciona de otra manera y las leyes son herramientas para su comprensión», explica.

El físico tampoco considera satisfactoria una definición que dependa exclusivamente de la interpretación subjetiva de cada creyente, porque eso dificultaría alcanzar un entendimiento compartido.

Harris no concluye que los milagros no existan ni ofrece una definición definitiva. Su reflexión muestra, más bien, que la relación entre los acontecimientos naturales y su interpretación religiosa es más compleja de lo que sugiere la idea de una simple ruptura de las leyes físicas.

¿Somos libres en un universo regido por leyes?

La relación entre ciencia y fe también aparece en su reflexión sobre el libre albedrío. Harris recuerda que la física clásica alimentó durante mucho tiempo el debate sobre si, en un universo completamente determinado por sus leyes, las decisiones humanas podían ser verdaderamente libres.

La mecánica cuántica introdujo una perspectiva diferente al describir fenómenos cuyos resultados no pueden predecirse individualmente con certeza, sino mediante probabilidades.

Esta característica llevó a algunos pensadores a considerar que el indeterminismo podía abrir un espacio para la libertad humana y ofrecer una respuesta a determinados problemas teológicos.

Sin embargo, que un acontecimiento no pueda predecirse con certeza no demuestra por sí mismo que las personas sean libres. La entrevista presenta el contexto de ese debate, sin ofrecer una solución definitiva.

Inteligencia artificial y preguntas humanas

La conversación también aborda el uso de chatbots como consejeros sentimentales y posibles interlocutores espirituales. Harris reconoce su capacidad para procesar grandes cantidades de información y recuperar contenidos relacionados con la sabiduría espiritual.

Por eso, considera comprensible que alguien recurra a estas herramientas para preguntar si existe vida después de la muerte. Pero introduce una advertencia: «No olvidemos que los chatbots pueden manejar ideas equivocadas, así que no hay nada más importante que ejercer un espíritu crítico».

Su reflexión apunta a una cuestión cada vez más presente: la capacidad de una herramienta para ofrecer respuestas no garantiza que sean verdaderas. Harris recomienda seguir preguntando, cuestionar lo que se lee y consultar otras fuentes.

¿Qué nos hace humanos?

Finalmente, en otro pasaje de la entrevista, al preguntarse qué nos hace humanos, Harris señala que existen distintas respuestas. Podemos definirnos biológicamente como Homo sapiens, estudiar nuestras capacidades culturales y lingüísticas o considerar la posibilidad de que tengamos una dimensión espiritual.

No hay, sostiene, una única respuesta sencilla que abarque todas esas perspectivas.

Su trayectoria parece reflejar esa misma disposición a mantener abiertas las preguntas. La física le permitió investigar los mecanismos de la naturaleza; la teología lo llevó a explorar las creencias y las cuestiones relacionadas con el sentido de la vida.

domingo, 30 de abril de 2023

Nuestra Señora del Cosmos: el primer hombre en pasear en el espacio pintó a María en un icono único 30042023

Alexey Leónov, premiado cosmonauta soviético, también hombre de fe y pintor

Nuestra Señora del Cosmos: el primer hombre en pasear en el espacio pintó a María en un icono único

Alekséi Leónov, premiadísimo cosmonauta soviético, primer hombre en pasear en el espacio... pintor del icono de la Virgen del Cosmos
Alekséi Leónov, premiadísimo cosmonauta soviético, primer hombre en pasear en el espacio... pintor del icono de la Virgen del Cosmos

Pablo J. Ginés / CariFilii

Alekséi Arjípovich Leónov (1934-2019) ha sido el primer pintor de iconos de la Virgen en el espacio. De hecho, ha sido, directamente, el primer ser humano en dar un paseo por el espacio. Lo hizo en 1965.

Y también fue el primero en rezar a Dios, preocupado, porque no conseguía volver a su cápsula espacial, la Vosjod 2, flotando a 5 metros de su nave, atado por una correa, durante 12 minutos.

Cosmonauta creyente en la URSS antirreligiosa

En ese momento no podía contar su vida de oración en la antirreligiosa sociedad soviética. Él era cosmonauta, ingeniero, militar en la Unión Soviética, y miembro del Partido Comunista. (como todos los cosmonautas).

Pero también era creyente, cristiano ortodoxo, con poca formación religiosa, pero con la fe sencilla de su familia numerosa y pobre.

La familia Leonov en 1950, en la que creció Alekséi Leónov

A la izquierda de todo, Alekséi Leónov, con sus muchos hermanos, en 1950; sería el primer hombre en "dar un paseo" en el espacio interplanetario, fuera de una nave.

Tenía 7 hermanos. Su madre era maestra, y creyente: una vez regañó al pequeño Aleksei cuando lo encontró con un icono de la familia. Rezar era peligroso. Su padre había sido represaliado en 1936, aunque rehabilitado en 1939.

El segundo viaje al espacio de Leónov también fue histórico. Fue el comandante de la mitad soviética de la misión Apolo-Soyuz, con la Soyuz 19, en 1975 la primera misión espacial conjunta entre la URSS y EEUU. Después, fue entrenador de cosmonautas. Anciano, en 2016, inauguró en La Palma (Canarias) el paseo de las Estrellas de la Ciencia (con Stephen Hawking y Brian May, guitarrista de Queen que es además profesor de astrofísica).

En el vídeo, Leónov en su primer paseo espacial; pero no cuentan sus dificultades: el traje se hinchó, no podía volver a entrar... y rezó, y se le ocurrió una solución.

Pintor del espacio, y de la Virgen

Sin formación formal como artista, Leónov era un gran dibujante y pintor. Ya de niño pintaba murales. Había estado en Riga intentando formarse en arte, pero la ciudad era cara para él. Se pasó a la escuela de aviación. Ya astronauta, se llevó lápices y colores al espacio, donde dibujó la Tierra, los astronautas...  

Siendo cosmonauta famoso, conoció en 1965 al artista de ciencia ficción Andrei Sokolov: juntos lanzaron 7 álbumes de ilustraciones; uno hacía bocetos, el otro le daba color. Crearon juntos sellos para el Día de la Cosmonáutica en 1967 y para el 15 aniversario de la era espacial en 1972, que fueron premiados ese año en la revista "Ciencia y Tecnología Soviéticas". Es difícil para un artista tener un título más cientifista que ese. En 2004 fue nombrado miembro honorario de la Academia Rusa de las Artes.

La Soyuz con la Apollo, pintadas por Leónov en 1980

La Soyuz con la Apollo, pintadas por Leónov en 1980.

En 2013, ya anciano Leónov, un sacerdote ortodoxo, capellán de cosmonautas, le pidió hacer un icono de la Virgen en el espacio, Nuestra Señora del Cosmos. No sólo sería el primer icono de temática "espacial", sino el primer icono mariano en viajar al espacio, porque entregó una copia a amigos cosmonautas que se lo llevaron a la Estación Orbital.

En 2019, Leonov lo contaba así en Pravoslavie.ru: "Un sacerdote amigo me llamó desde Kronstadt. 'Alexey Arjípovich, ¿sabes qué? Tenemos una tarea para ti. Necesitamos un icono para el astropuerto. Construyeron una iglesia allí. Que sea de la Madre de Dios: Ella está en todas partes, tanto en la tierra como en el espacio, pero por alguna razón la muestran solo en su contexto terreno. ¿No puedes hacer que esté con el cosmos de telón de fondo? Queremos un icono así en esta iglesia".

Leónov aceptó el reto.  Además, incluyó dos naves espaciales formando una cruz, "un símbolo de paz", detalla. "Era la nave espacial Soyuz-Apolo, su vuelo, lo que detuvo la Guerra Fría", detalla. Él estuvo allí, en esa misión, en 1975.

icono_virgen_cosmos

Como modelo canónico adoptó una Virgen odiguitria ("guía, la que señala el camino"), en concreto una modalidad llamada en ruso "Si estoy con vosotros, nadie contra vosotros", que le recomendó el capellán. El rostro se lo dejó a un pintor de iconos veterano.

"Nuestro planeta azul"

Leónov prestó especial atención al planeta en su icono. Lo definía así en 2019: "Indefenso, más aún, sereno, tierno, redondo".

Leónov recordó que sus primeras palabras en el espacio fueron: "¡La Tierra es redonda!" También Yuri Gagarin, que subió antes que él (pero sin salir de su cápsula), con 27 años había dicho: "Vi lo hermoso que es nuestro planeta azul Tierra. Gente, conservemos y cuidemos la belleza de la Tierra, no la destruyamos". "¿De dónde sacó eso? Son palabras brillantes en defensa de la Tierra", explicaba el ya anciano cosmonauta, admirado del joven Gagarin. "Por eso representé a la Madre de Dios en el icono con el espacio y la Tierra de fondo. La Madre de Dios nos mira y protege la Tierra".

El padre Guennadiy Belovolov, que fue el capellán ortodoxo de cosmonautas que encargó el icono, da más detalles en su blog en LiveJournal, y cómo se lo propuso al pintor astronauta el 21 de mayo de 2013.

"Le conté la idea de pintar un icono de la Madre de Dios para los astronautas. Parecía que esperaba tal conversación y reaccionó con gran interés, afirmando de inmediato afirmativamente que definitivamente pintaría tal icono. Inmediatamente comenzó a hacer preguntas, especificando qué icono podría ser: sus dimensiones, proporciones... Le conté sobre la maravillosa imagen de la Madre de Dios "Si estoy con vosotros, nadie contra vosotros" y su sentido espiritual. Me pidió que le enviara una imagen. La imagen le gustó de inmediato», detalla.

Icono inicial llamado "Si estoy con vosotros, nadie contra vosotros".

virgen_quien_contra_vosotros
 

No podía entrar en la nave... y oró

Según el padre Guennady, Leónov le había contado que era creyente desde niño, y que de pequeño rezaba con un libro de oraciones. "Pero la verdadera oración llegó allí, sobrevolando la Tierra. Me lo contó como sacerdote", detalla.
 
"Cuando salió al espacio, ocurrió un accidente de emergencia: su traje espacial se hinchó. Estba fuera, en el espacio, y no podía entrar en la nave, el traje se había hinchado y no pasaba por la escotilla. Llegó un momento crítico, se acababa el tiempo. Desde la Tierra le mandaban mensajes: ¿por qué no regresas? Decidió no crear pánico y no contó a nadie el problema, sino que comenzó a orar mentalmente. Y luego se le ocurrió una idea. Según las instrucciones, era necesario regresar a la nave con la cabeza por adelante. Él decidió regresar con los pies por adelante, contra de todas las reglas. Y funcionó. Estaba convencido de que este pensamiento le vino de Dios: se le reveló en oración cómo actuar", detalla el capellán.

"Este incidente lo percibió como un verdadero milagro. Sólo una vez en tierra contó lo que había sucedido. Para Alexei Arkhipovich, la caminata espacial se convirtió en un encuentro con Dios. El Señor permitió una situación extraordinaria para que una persona en el espacio abierto orara, no sólo completara una tarea. Toda esta historia se percibe como un milagro, como un evento que nos abrió el Cosmos. Leonov creía en Dios desde la infancia, pero este evento lo fortaleció en la fe. Alekséi Arjípovich experimentó la ayuda de Dios en el espacio abierto. Ir al espacio se convirtió en un encuentro con Dios".

El padre Guennady, el cosmonauta Leónov y el icono de Nuestra Señora del Cosmos pintado en 2013

El padre Guennady, el cosmonauta Leónov y el icono de Nuestra Señora del Cosmos pintado  (o escrito, porque los iconos se escriben) en 2013.
 
El padre Guennady confirma que la idea de pintar la Apollo y la Soyuz acopladas, como un cruz, fue del astronauta. "Le llamé la atención sobre ello y él deliberadamente usó esta metáfora. También era importante para él que él mismo hubiera estado en esa nave en el momento del atraque [en 1975]. Por lo tanto, se retrató a sí mismo de manera invisible allí", añade.

Pintores de rostros... y una iglesia para Gagarin

El capellán comenta que Leónov no se atrevía a pintar el rostro de la Virgen y pidió que lo hiciera un pintor de iconos veterano.

"Aprecié su humildad. Después de todo, seguía un principio de la antigua tradición rusa: había pintores de iconos «lychnik» (que escribían el rostro) y «dolichnik» (que escribían todo lo demás). Aquí es apropiado recordar a Andrei Rublev y Daniel Cherny. Lo más probable es que Andrei Rublev fuera un «lichnik» que pintaba rostros, y Daniel Cherny un pintor «dolichnik», que pintaba fondos", relaciona el sacerdote.

La cara de Nuestra Señora del Cosmos la pintó Valery Shkoda, pintor de iconos y artista académico. El padre Guennady llevaba el lienzo de Moscú a San Petersburgo para que lo acabaran entre los dos. "El proceso creativo conjunto fue una verdadera alegría para mí".

Una vez acabado, el sacerdote y Leónov llegaron a la conclusión de que podía pintar copias para otros astropuertos, no sólo para el cosmódromo de Baikonur. Así, el artista astronauta pintó otras 3 o 4 copias el año siguiente. Una se envió a un lugar muy especial: el Templo de San Andrés el Primer Llamado, junto al lugar donde se estrellaron el astronauta Yuri Gagarin en 1968, junto con el instructor de vuelo Vladímir Seryoguin, en un extraño accidente cuando entrenaban con su caza Mig15.

Leónov encontró una iglesia antigua abandonada allí cerca, y se esforzó en restaurarla y pintó en ella frescos, lunas, soles y estrellas. También una copia de Nuestra Señora del Cosmos. Y a los dos fallecidos en el accidente, militares soviéticos, presentando sus obras ante Cristo.  

De rodillas ante San Andrés, el mismo Leónov, a la izquierda, y al otro lado Gagarin y Serioyin

De rodillas ante San Andrés, el mismo Leónov, a la izquierda; al otro lado, Yuri Gagarin y Vladímir Seryoguin, que fallecieron cerca en un extraño accidente.

Cúpulas de San Andrés, pintadas por el cosmonauta Alekséi Leónov, en recuerdo de Yuri Gagarin

Cúpulas de San Andrés, pintadas por el cosmonauta Alekséi Leónov, en recuerdo de Yuri Gagarin y las hazañas del hombre en el espacio.

El Sepulcro de Cristo y la Historia

Entrevistado en 2019, Leónov hablaba de su experiencia visitando Tierra Santa y el Santo Sepulcro. "El resultado de esa visita fue una cosa: entender que esto [Cristo y la Resurrección] no es una historia ficticia, que es verdad. Por desgracia, no se cuenta esto de manera inteligible, en la escuela, desde la infancia. ¿Por qué se nos ha privó de ese conocimiento? Es simplemente una estupidez de última generación", protestaba.

También criticaba a Lenin y la Revolución. "Lenin propuso: "¡Convirtamos la guerra imperialista en una guerra civil"! Matémonos unos a otros. ¡Debería habérselo pensado! ¿Para qué necesitamos una guerra civil? ¿Por qué nos matamos unos a otros? ¿Por poder? Y luego, bajo su Gobierno, ellos mismos [los bolcheviques] se dispararon unos a otros y dijeron al mismo tiempo: "El Partido es la mente, el honor y la conciencia de nuestra era". ¡Eso da miedo! Todos deberíamos saber la verdad sobre esto, para que no vuelva a suceder", explicaba el anciano astronauta y militar.

En el vídeo, una entrevista en español en 2015 con Leónov (25 minutos).

Casado durante 57 años, insistía en la importancia de la familia. "Al final, lo más importante para el ser humano es la familia. Sin familia, no hay humanidad, y ya no necesitas tierra ni nada. Que Dios nos ayude para que el ser humano sea razonable y siga su especie y permanezca en la Tierra", añadía, previniendo contra el peligro de la guerra nuclear.

Y finalizaba diciendo: "Deseo a todos que vivan según su conciencia. Una persona sin escrúpulos puede caer en cualquier parte. La conciencia es también decencia. ¡Deseo que todos vivan con buena conciencia!"

Publicado originariamente en el portal de noticias marianas Cari Filii.

domingo, 19 de julio de 2020

Torres Quevedo, el genial inventor español precursor de la informática que siempre se guió por su fe 18072020

El mando a distancia, el teleférico o los dirigibles flexibles son invención de este católico

Torres Quevedo, el genial inventor español precursor de la informática que siempre se guió por su fe

Leonardo Torres Quevedo con uno de sus exitosos diseños de dirigible flexible
Leonardo Torres Quevedo con uno de sus exitosos diseños de dirigible flexible

De arraigada fe católica, Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) desarrolló hace 100 años el aritmómetro, el antecesor del ordenador moderno.  Hay nueve aspectos esenciales de su vida y obra, que van desde sus inventos a su fe católica, por los que conviene recordarle.
1. Pionero del campo de la robótica y la automática
Su obra titulada Ensayos sobre Automática dejaba constancia de que una nueva ciencia, la Automática, iba a revolucionar la sociedad en las siguientes décadas. En aquel trabajo describía los autómatas tal y como lo hacemos en la actualidad, con unos sentidos que hoy llamamos sensores, con unos miembros que se conocen como actuadores, con energía para ejecutar las tareas y con capacidad de discernimiento.
 Como demostración práctica del potencial de esta nueva ciencia, desarrolló el autómata ajedrecista, es decir, un robot capaz de jugar una partida de ajedrez contra una persona. La partida se disputaba, por parte del autómata, con una torre y un rey, mientras que el humano disponía de un rey. Sea cual fuera la posición de las piezas del autómata, este ganaba la partida tarde o temprano. El sistema también incluía la opción de que si la persona efectuaba un movimiento ilegal se encendía una luz roja.
torresquevedo
Leonardo Torres Quevedo fue el gran inventor de su tiempo. Este científico, que no tiene en España el reconocimiento social que se merece, patentó los teleféricos o los dirigibles flexibles, y es considerado además como el inventor del mando a distancia. Sus creaciones se consideran precursoras de la cibernética, del cálculo analógico y de la informática. Pero además, Torres Quevedo era un devoto católico, que vivió y murió amando al Señor.
Leonardo incluso se preocupó de llevar la cuenta del número de infracciones; si el humano ejecutaba tres movimientos falsos el autómata apagaba sus lámparas y colocaba sus piezas en posición de inicio. Fue la primera manifestación de inteligencia artificial en una máquina; también el antecesor de los videojuegos. Leonardo se adelantó varias décadas al futuro.
2. Diseñó el precursor del ordenador moderno
En línea con los autómatas, Leonardo desarrolló en el año 1920 su obra cumbre, el aritmómetro. Se trata de la primera calculadora digital, el antecesor del ordenador moderno. Este equipo constaba de memoria, unidad aritmética-lógica que incluía totalizador, multiplicador y comparador, y unidad de control con la que elegir el tipo de operación. Por último, una máquina de escribir hacía las veces de interfaz gráfica, ya que los datos para las operaciones se introducían mediante su teclado y los resultados se imprimían en un papel.
¿Qué tenía por dentro esta prodigiosa máquina? Pues circuitos lógicos basados en relés, es decir, elementos que combinaban la mecánica con la electricidad. Esta máquina fue la joya que coronó la carrera profesional de Leonardo.
3. Inventó el mando a distancia.
Otra de sus creaciones fue el telekino, un aparato con el que logró mover en cualquier dirección y hasta una distancia de dos kilómetros una embarcación en Bilbao, ante los atónitos ojos de una multitud de personas entre las que se encontraba el mismísimo rey de España. La prestigiosa Institution of Electrical and Electronic Engineerings (IEEE) ha reconocido que Leonardo es el inventor del mando a distancia porque, si bien existían en su época otros dispositivos para dar órdenes de forma remota, ninguno era capaz de transmitir más de un solo mandato, con lo que se conseguía un solo efecto. Leonardo podía enviar una amplia variedad de órdenes, un hito que también demostró con un triciclo que movía mediante control remoto por el frontón de Bilbao.
telekino
El telekino de Torres Quevedo abrió el camino a lo que hoy conocemos como mando a distancia
4. Revolucionó el diseño de dirigibles
Los dirigibles flexibles, tipo Zeppelin, estaban previstos de una armadura rígida de la que suspendía la barquilla y sobre la que se colocaba la cobertura para encerrar el aire. Esta armadura no permitía su plegado una vez desinflado el vehículo, lo que dificultaba la ejecución de un aterrizaje forzado en caso de romperse la cobertura. La alternativa eran los dirigibles flexibles, que se pueden plegar y transportar, pero la suspensión de la barquilla tendía a doblar el globo por el centro.
Leonardo ideó una solución intermedia que generó tal revolución tecnológica que prácticamente todos los modelos construidos a lo largo del siglo XX y XXI se basan en la patente que publicó en 1902, que posteriormente mejoró para dar lugar a una versión final. Esta consistió en suspender la barquilla con una viga interior compuesta solamente de cuerdas, con una sección triangular que determina la forma trilobulada de la envolvente cuando ésta se autorigidiza por la sobrepresión del gas en el interior.
 5. Inventó el teleférico
En 1907 Leonardo logró poner en marcha el primer teleférico de la historia en la localidad de San Sebastián, con un recorrido de 280 metros que permitía ascender el monte Ulía y que incluía un sistema de protección por el que, en caso de romperse alguno de los cables que sostenían la barca, la tensión de los restantes cables no aumentaba, evitando así el colapso del sistema. Posteriormente la empresa norteamericana Whirpool decidió contratar los servicios del ingeniero español para implantar en las cataratas del Niágara otro teleférico que todavía sigue funcionando en pleno siglo XXI, sin que haya habido un solo accidente en toda su historia.
teleferico-niagara
El conocido como Spanish Aerocar es el teleférico o aerotransbordador más antiguo en funcionamiento del mundo ubicado en las cataratas del Niágara, Ontario, que transporta pasajeros a una zona del río Niágara.
 6. Las máquinas analógicas
En 1893 publicó su Memoria sobre las Máquinas Algebraicas, en la que demostraba cómo resolver de forma mecánica ecuaciones de cualquier grado, un hecho sin precedentes. A los anteriores científicos, entre ellos el célebre Lagrange, se les había escapado la idea de que era preciso utilizar mecanismos sin fin como los discos giratorios o husillos. Estos hacían posible que las variables aumentaran o disminuyeran de forma ilimitada en ambos sentidos. Así, Leonardo consiguió incluso hacer cálculos de números complejos, resolver ecuaciones de segundo grado y también algunos tipos especiales de ecuaciones diferenciales de primer orden.
7. Destacó en el campo de las letras
Llegó a ocupar la silla de Benito Pérez Galdós en la Real Academia Española de la Lengua. Desde esta posición impulsó la compilación de un diccionario de español tecnológico, con el objetivo de unificar los términos en el campo de la ciencia en este idioma. Le motivaba su anhelo por que los pueblos de habla hispánica, a los que les une la raza y la espiritualidad, recuperaran el puesto internacional que les corresponde.
Monumento a Leonardo Torres Quevedo en Iguña - TorresQuevedo
8. Sus valores humanos
Ante los elogios de un amigo suyo por los éxitos que había cosechado, Leonardo se limitó a contestar: “Yo solo he aprendido a estudiar”. Humilde, sencillo y con una sonrisa en el rostro; así lo describen quienes le conocieron. Como anécdota, cuando le tocó presentar el autómata ajedrecista en la ciudad de Valladolid, en el púlpito dijo que lo que tenía que decir era árido y difícil y “no me perdonaría molestar a ustedes con su exposición. No obstante, quien esté verdaderamente interesado por esta máquina, puede venir esta tarde por esta misma sala y le daré cuantas explicaciones desee y solicite”.
Por otro lado, el escritor José María Cossio destaca “que participaba en las conversaciones de sus hijos y de nosotros, muchachos todos, como si le importaran verdaderamente. Jamás aludía a sus preocupaciones de inventor, ni hablaba de nada relacionado con sus inventos”. Asimismo, tenía capacidad para el disfrute de la vida. Le gustaba conversar, participar en juegos, deportes y contemplar las corridas de toros.
9. Católico hasta la médula
El auténtico motor de su vida fue su honda espiritualidad. Su hija, Valentina, le encontró una vez leyendo el catecismo con tanto interés que le dijo: “Papá, a lo mejor no comprendes del todo los misterios que la fe nos ofrece, como yo tampoco entiendo tus inventos”. Don Leonardo se quedó mirándola y respondió cariñosamente, con voz en la que vibraban la convicción y la veneración hacia las sublimes realidades con que se enfrentaba:
"¡Ay, hija, es que de Dios a mí hay una distancia infinita!"
 Valentina confesaba, años después de la muerte de su padre, que este murió como un buen cristiano, tal y como había vivido. Por ejemplo, tenía por costumbre comulgar todos los Primeros Viernes de mes, una tradición que encuentra su origen en las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita de Alacoque. En ellas prometió una serie de gracias y bendiciones para quienes siguieran esta costumbre.
Alfonso Carrascosa, otro biógrafo suyo, también destaca la profunda fe del inventor español. Supo, a través de una entrevista a una de sus nietas, que Leonardo era “católico, apostólico y romano hasta la médula”.
Los últimos días de vida del genio coincidieron con la Guerra Civil Española. El hijo cuenta que a pesar de que caían bombas, se evacuaban barrios y los asesinatos eran frecuentes, se le administraron los sacramentos y, en varias ocasiones, repitió estas palabras: “Memento homo, quia pulvis eris et inpuvereme reverteris”. “Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”.
Es una cita bíblica que se recita muy habitualmente en la Cuaresma, tiempo especial de preparación para la vida eterna del cristiano. Por muchos logros que hubiera obtenido, Leonardo sabía bien que nada material nos vamos a llevar de este mundo para el otro. Su principal tesoro era ese corazón sencillo, en comunión con Cristo, que había pulido y trabajado a lo largo de tantos años, y por supuesto todas las amistades que había cosechado fuera y dentro del laboratorio, en especial su familia, el otro gran motor de su vida.
Ignacio Del Villar es Doctor Ingeniero de Telecomunicación y profesor en la Universidad Pública de Navarra. Es autor del libro Sacerdotes y científicos.

[1] Rodríguez Alcalde, L.: «Biografía de D. Leonardo Torres Quevedo», Institución Cultural de Cantabria, 1974.
[2] González Redondo, F. A.: “Leonardo Torres Quevedo (1852-1936). El más prodigioso inventor de su tiempo”
[3] Puig Adam, P. (1953): “Torres Quevedo.- El cálculo mecánico y la automática”. Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid XLVII, 11-47.
[4] González Redondo, F. A.: “Leonardo Torres Quevedo (1852-1936): Su contribución a la historia de la aeronáutica”, Divulgamat, 2015.
[5] González de Posada, F.; González Redondo, F. A.; Gavilán Pimentel, E.; González Cascón, A.; Trujillo. D.; Del Castillo, J.: “Leonardo Torres Quevedo y la conquista del aire, Centenario de la botadura del dirigible “Torres Quevedo”, 1907 – Guadalajara 2007”, Exposiciones.
[6] Torres-Quevedo, L.: “Ensayos sobre Automática. Su definición. Extensión teórica de sus aplicaciones”, Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (XII), 1914, pp. 391-419.
[7] Perez-Yuste A.: “Early Developments of Wireless Remote Control: The Telekino of Torres-Quevedo”, Proceedings of the IEEE, 96(1), 2008, pp. 186-190.
[8] Torres-Quevedo, G.: “Torres Quevedo y la Automática”, Real Academia de Ciencias Físicas y Naturales de Madrid, Tomo 45, Cuaderno 1.
[9] “Torres and His Remarkable Automatic Devices”, Scientific American, 2079, 1915, pp. 296-298.
[10] Barceló, M.: “Una historia de la informática”, Barcelona, Editorial UOC, 2008.
[11] Carrascosa, A.: “Iglesia Católica y ciencia en la España del Siglo XX”, Editorial Bendita María, 2019.