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sábado, 28 de julio de 2018

Teología: Francisco anima a asumir un “liderazgo renovado” y a trabajar en red 27072018


Participantes en la III Conferencia Internacional de Teólogos © www.catholicethics.com

Teología: Francisco anima a asumir un “liderazgo renovado” y a trabajar en red

Mensaje del Papa
(ZENIT – 27 julio 2018).- Los teólogos y expertos que participan en la 3ª Conferencia Internacional Catholic Theological Ethics in the World Church, en Sarajevo, han recibido un claro mensaje del Papa Francisco: La necesidad de “construir puentes, no muros”, asumir un “liderazgo renovado” y la urgente necesidad de “establecer redes”, ampliando el “diálogo”.
El Santo Padre ha acompañado así a los teólogos e investigadores en este área con motivo de la apertura de los trabajos de la III Conferencia Internacional Catholic Theological Ethics in the World Church que tiene lugar en Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina, dal 26 al 29 de julio de 2018 y cuyo tema es A Critical Time for Bridge-Building: Catholic Theological Ethics Today.
“El tema de vuestro encuentro es uno sobre el que yo también he llamado a menudo la atención: la necesidad de construir puentes, no muros” –les dice el Obispo de Roma–. “Hace falta un liderazgo que pueda ayudar a encontrar y poner en práctica una forma más justa para que todos vivamos en este mundo como partícipes en un destino común”.
Eliminar los muros
“Sin renunciar a la prudencia, estamos llamados a reconocer cada signo y movilizar toda nuestra energía para eliminar los muros de división y construir puentes de fraternidad en todo el mundo”. Francisco ha animado a los teólogos a seguir una “forma particular de competencia, más urgente y compleja hoy” a la que se refiere en el Prólogo de la reciente Constitución Apostólica Veritatis Gaudium.
En este sentido, les recordó que “al mencionar los criterios fundamentales para una renovación y un relanzamiento de los estudios eclesiásticos”, hizo hincapié en la importancia de un “amplio diálogo” (n.° 4b), que pueda servir “de base para esa apertura interdisciplinaria y transdisciplinaria” tan vital también para la teología y para la ética teológica.
Red de reflexión ética
Además, el Pontífice señaló en el prólogo de Veritatis Gaudium “la urgente necesidad de ‘establecer redes’ entre las instituciones de todo el mundo que cultiven y promueven los estudios eclesiásticos”, les indica en la carta.
En esta línea, el Santo Padre ha aplaudido la propuesta de los participantes en esta Conferencia de “crear una red entre personas en los diversos continentes que, con diferentes modalidades y expresiones, puedan dedicarse a la reflexión ética en una clave teológica en un esfuerzo para encontrar recursos nuevos y efectivos”.
Asimismo, el Papa ha señalado el valor simbólico de Sarajevo como una ciudad de paz y reconciliación: “Sarajevo es una ciudad de puentes” –ha dicho– por el “camino de reconciliación y pacificación después de los horrores de una guerra reciente que acarreó tanto sufrimiento a la gente de esa región”.
Sigue el texto del mensaje del Papa Francisco a los participantes de la III Conferencia Internacional Catholic Theological Ethics in the World Church.
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Mensaje del Papa Francisco
¡Queridos hermanos y hermanas!
Saludo a todos vosotros, participantes en esta Tercera Conferencia mundial sobre Ética Teológica. Se lleva a cabo en Sarajevo, una ciudad de gran valor simbólico por el camino de reconciliación y pacificación después de los horrores de una guerra reciente que acarreó tanto sufrimiento a la gente de esa región.
Sarajevo es una ciudad de puentes. Vuestro encuentro está inspirado en este motivo dominante, que advierte sobre la necesidad de construir, en un ambiente de tensión y división, nuevos caminos de cercanía entre pueblos, culturas, religiones, concepciones de la vida y orientaciones políticas. He apreciado este esfuerzo vuestro desde el principio, cuando los miembros de vuestro comité de planificación me visitaron en el Vaticano el pasado mes de marzo.
El tema de vuestro encuentro es uno sobre el que yo también he llamado a menudo la atención: la necesidad de construir puentes, no muros. Vuelvo a repetirlo con la viva esperanza de que las personas en todas partes presten atención a esta necesidad que cada vez se reconoce más, a pesar de que a veces suscite miedo y formas de regresión. Sin renunciar a la prudencia, estamos llamados a reconocer cada signo y movilizar toda nuestra energía para eliminar los muros de división y construir puentes de fraternidad en todo el mundo.
Los tres puntos focales de vuestro encuentro se intersecan a lo largo de este camino de construcción de puentes en un momento crítico como el nuestro. Habéis dado un lugar central al desafío ecológico, ya que algunos de sus aspectos pueden crear graves desequilibrios no solo en términos de la relación entre el hombre y la naturaleza, sino también entre generaciones y personas. Este desafío, tal como emerge de la Encíclica Laudato Si ‘, no es simplemente uno entre muchos, sino el escenario más amplio para una comprensión tanto de la ética ecológica como de la ética social. Por esta razón, vuestra preocupación por el tema de los inmigrantes y refugiados es muy seria y provoca una metanoia que puede fomentar la reflexión ética y teológica, incluso antes de inspirar actitudes pastorales adecuadas y políticas responsables y cuidadosamente planificadas.
En este escenario complejo y exigente, se necesitan individuos e instituciones capaces de asumir un liderazgo renovado. No es necesario, por otro lado, gritar slogans que a menudo quedan vacíos, o del antagonismo entre las partes que compiten por el primer puesto. Hace falta un liderazgo que pueda ayudar a encontrar y poner en práctica una forma más justa para que todos vivamos en este mundo como partícipes en un destino común.
Con respecto a la cuestión de cómo la ética teológica pueda dar su propia contribución específica, encuentro incisiva vuestra propuesta de crear una red entre personas en los diversos continentes que, con diferentes modalidades y expresiones, puedan dedicarse a la reflexión ética en una clave teológica en un esfuerzo para encontrar recursos nuevos y efectivos. Con tales recursos, se pueden llevar a cabo análisis adecuados, pero, lo que es más importante, se pueden movilizar energías para una praxis compasiva y atenta a situaciones humanas trágicas, preocupada por acompañarlas con un cuidado misericordioso. Para crear una red así, es urgente construir puentes entre vosotros, compartir ideas y programas, y desarrollar formas de acercamiento. Huelga decir que esto no significa luchar por la uniformidad de los puntos de vista, sino más bien buscar con sinceridad y buena voluntad una convergencia de propósitos, con apertura dialógica y con la  discusión de perspectivas diferentes. Os será útil una forma particular de competencia, más urgente y compleja hoy, a la que me referí en el Prólogo de la reciente Constitución Apostólica Veritatis Gaudium. Al mencionar los criterios fundamentales para una renovación y un relanzamiento de los estudios eclesiásticos, hice hincapié en la importancia de un “amplio diálogo” (n.° 4b), que pueda servir de base para esa apertura interdisciplinaria y transdisciplinaria tan vital también para la teología y para la ética teológica. También señalé “la urgente necesidad de ‘establecer redes’ entre las instituciones de todo el mundo que cultiven y promueven los estudios eclesiásticos” (n.° 4d).
Os animo, como hombres y mujeres que trabajan en el campo de la ética teológica, a apasionaros por este diálogo y a trabajar en red. Este enfoque puede inspirar análisis que serán aún más perspicaces y atentos a la complejidad de la realidad humana. Vosotros mismos aprenderéis cada vez mejor cómo ser fieles a la palabra de Dios que nos desafía en la historia, y a mostrar solidaridad con el mundo, que no estáis llamados a juzgar sino, más bien a ofrecerle nuevos caminos, acompañar itinerarios, restañar heridas y sostener debilidades.
Tenéis ya más de diez años de experiencia en la construcción de esos puentes en vuestra asociación, Catholic Theological Ethics in the World Church. Vuestros encuentros internacionales en Padua (2006) y Trento (2010), vuestros encuentros regionales en diferentes continentes y vuestras diversas iniciativas, publicaciones y actividades docentes, os han enseñado un estilo de intercambio que confío en que persevere de una manera que resulte fructífera para toda la Iglesia. Me uno a vosotros para dar las gracias a los oficiales que han llegado al final de su mandato y a los que ahora asumen sus responsabilidades; os recordaré en mis oraciones. A todos vosotros imparto cordialmente mi bendición, y os pido, por favor, que recéis por mí.
Desde el Vaticano, 11 de julio de 2018

Laos: “Profunda solidaridad” del Papa con los afectados por las inundaciones 24072018


Inundaciones en Laos © Asian News

Laos: “Profunda solidaridad” del Papa con los afectados por las inundaciones

Más de 6.000 personas sin techo

(ZENIT – 24 judo 2018).- El Santo Padre Francisco ha expresado su “tristeza” por la pérdida de vidas y de los heridos por causa de las graves inundaciones como consecuencia del derrumbe de una presa hidroeléctrica en el sudeste de Laos, que ha provocado que “más de 6.000 personas se hayan quedado sin techo”, informa ‘Asian News’.
El Cardenal Secretario de Estado, Mons. Pietro Parolin, ha enviado un telegrama de pésame en nombre del Santo Padre Francisco, a las autoridades eclesiásticas y civiles locales, este martes, 24 de julio de 2018, indica la Oficina de Prensa del Vaticano.
Ayuda humanitaria 
El incidente se produjo anoche, en los alrededores de Attapeu, ciudad cabecera de la provincia homónima. Al derrumbarse, el dique de Xe Pian Xe Namnoy liberó cerca de 5 millardos de metros cúbicos de agua, equivalentes a más de dos millones de piscinas olímpicas, que se volcaron sobre el territorio circundante –señala la agencia pontificia ‘Asian News’–.
“Los funcionarios de la provincia hacen un llamamiento, solicitando ayuda humanitaria para las víctimas de la inundación” –recoge la agencia asiática–. Además, hay cientos de desaparecidos y un número impreciso de personas que se presumen muertas, tras el colapso de la presa hidroeléctrica, según los datos de los medios del Estado.
Oración por los difuntos
Su Santidad –indica Mons. Parolin en el telegrama– reza especialmente por el descanso de los difuntos, la curación de los heridos y el consuelo de todos los que lloran la pérdida de sus seres queridos y que temen por la vida de los que aún están dispersos.
En la carta, el Pontífice expresa su más “profunda solidaridad” a todos los afectados por este desastre y asegura sus oraciones y alienta a las autoridades civiles y a todas las personas involucradas en las tareas de búsqueda y rescate que ayudan a las víctimas de esta tragedia. “A todos envía su bendición”, finaliza el mensaje.

Grecia: El Papa invoca “consuelo y fortaleza” a las víctimas de los incendios 24072018



El Papa en oración © Vatican Media

Grecia: El Papa invoca “consuelo y fortaleza” a las víctimas de los incendios

Telegrama del Santo Padre
(ZENIT – 24 julio 2018).- El Papa Francisco invoca “de todo corazón” las bendiciones del Señor de “consuelo y fortaleza” para cuantos sufren por los incendios propalados en Grecia, tres de ellos cerca de Atenas, y encomienda los 60 difuntos, hasta el momento –según el diario El Mundo–, “al amor misericordioso de Dios Todopoderoso”.
El Cardenal Pietro Parolin ha enviado en nombre del Santo Padre un telegrama de pésame a las autoridades eclesiásticas y civiles locales por los incendios forestales en Grecia, este martes, 24 de julio de 2018, informa la Santa Sede.
En el mensaje, Francisco se muestra “entristecido profundamente” al tener noticia de los recientes incendios forestales en Grecia, y manifiesta su “profunda solidaridad” a todos los afectados por esta tragedia.
En particular, encomienda los difuntos  al amor misericordioso de Dios Todopoderoso, y alienta en sus esfuerzos de rescate a las autoridades civiles y al personal de emergencia.
Del mismo modo, el Pontífice invoca de todo corazón las bendiciones del Señor de consuelo y fortaleza para cuantos sufren, indica Mons. Pietro Parolin en la carta.

Vídeo del Papa a los jóvenes de las Antillas: “Si están instalados la cosa no va” 16072018



El Papa anima a los jóvenes de las Antillas a trabajar con la Amoris Laetitia. Captura Vatican Media

Vídeo del Papa a los jóvenes de las Antillas: “Si están instalados la cosa no va”

Invitación a trabajar la ‘Amoris Laetitia’
(ZENIT – 16 julio 2018).- “¿Son jóvenes o jóvenes envejecidos? –pregunta el Papa en el vídeo–. Porque si son jóvenes envejecidos no van a poder hacer nada. Tienen que ser jóvenes `jóvenes´”.
El Santo Padre envió un vídeo-mensaje a los participantes en la Asamblea de jóvenes de la Conferencia Episcopal de las Antillas (AECYA), que se celebra en la archidiócesis de Saint-Pierre y Fort-de-France, en Martinica, del 10 al 23 de julio de 2018.
“Con toda la fuerza de la juventud para transformar”: Francisco llama así a los jóvenes que quieren transformar la familia del Caribe. “Lindo trabajito”, les confiesa. “Se ve que tienen garra y quieren luchar. Sigan adelante”.
Lo primero que tienen que hacer es ver si se “instalaron”, les aconseja el Pontífice. “No, si están instalados la cosa no va. Tienen que desinstalarse los que están instalados, y empezar a luchar”.
Transformar
“Ustedes quieren transformar, quieren llevar adelante y han hecho suyas las directivas de la Exhortación post-Sinodal sobre la familia para llevar adelante la familia, para transformar la familia del Caribe”, señala el Papa. En esta línea, el Santo Padre les anima a “saber describirla, saberla comprender para enfrentar el mañana”.
Para ello, les exhorta a leer el capítulo cuarto de la Exhortación: “ahí está el núcleo. Estúdienlo. Véanlo y van a tener las pautas de progresión. Pero hoy y mañana. Nos queda el ayer. No se puede mirar al mañana sin mirar al ayer. No se puede mirar el futuro sin reflexionar sobre el pasado”.
Raíces
Francisco indica a los jóvenes la importancia de las raíces: “Ustedes se preparan para transformar algo que les fue dado por sus mayores. Ustedes reciben historia de ayer, reciben tradiciones de ayer”.
“Ustedes tienen raíces –recuerda el Papa– y sobre esto quiero detenerme un minutito: no se puede hacer nada en el presente ni en el futuro si no estás arraigado en el pasado, en tu historia, en tu cultura, en tu familia; si no tenés las raíces bien metidas adentro. De la raíz te va a venir la fuerza para seguir adelante”.
El Papa explica que todos nosotros no fuimos fabricados en un laboratorio, “tenemos esa historia, esas raíces”. Y lo que hagamos, los frutos que demos, la belleza que podamos hacer en adelante, “vienen de esas raíces”.
Así, les exhortó a mirar hacia atrás también para tener raíces: “miren a sus abuelos, miren a sus viejos y hablen con ellos, y tomen eso y lo llevan adelante. Transformado, pero ahí van a tener las raíces, la fuerza para transformar la familia. Es una tensión transformante. No se puede transformar sin tensión”.
Amoris laetitia
“No se olviden de una cosa: El amor tiene fuerza propia”, motiva el Papa argentino a los jóvenes de las Antillas. “Ustedes están transformando algo que es para toda la eternidad. Esa fuerza propia que quedará para siempre”.
El Pontífice les anima a seguir el núcleo de Amoris laetitia para esta misión, el capítulo cuarto de la Exhortación. “Cómo vivir el amor. Cómo vivir el amor de la familia. Hablen entre ustedes sobre el capítulo cuarto. Ahí van a tener mucha fuerza para seguir adelante y hacer la transformación”, aclara.

Laudato Si’: El Papa llama a un “cambio radical a la altura de las circunstancias” 12072018


© Vatican Media

Laudato Si’: El Papa llama a un “cambio radical a la altura de las circunstancias”

Discurso del Papa Francisco
(ZENIT – 12 julio 2018).- El Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en la Conferencia Internacional “Saving our Common Home and the Future of Life on Earth”, (Salvaguardar nuestra casa común y el futuro de la vida en la tierra) en el III aniversario de la encíclica del Santo Padre Francisco Laudato Si’, que tiene lugar en el Aula Nueva del Sínodo, en el Vaticano, del 5 al 6 de julio de 2018.
Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes en la audiencia:
***
Discurso del Papa Francisco
Señores cardenales,
Eminencia,
Queridos hermanos y hermanas,
Ilustres señores y señoras:
Os doy a todos  mi bienvenida, con motivo de la Conferencia Internacional convocada en el tercer aniversario de la publicación de la encíclica Laudato si’ sobre el cuidado del casa común. Quisiera saludar de forma especial a Su Eminencia el arzobispo Zizoulas porque fue él, junto con el cardenal Turkson, quien presento la encíclica hace tres años. Gracias por haberos reunido a “escuchar con el corazón” los gritos cada vez más angustiosos de la tierra y de sus pobres en busca de ayuda y responsabilidad, y para atestiguar  la gran urgencia de acoger  la llamada de la Encíclica a un cambio a una conversión ecológica. El vuestro es el testimonio del compromiso inaplazable de tomar medidas para salvar la Tierra y la vida en ella, partiendo del presupuesto de que “todo está conectado” concepto-guía de la Encíclica, en la base de la ecología integral.
También en esta perspectiva podemos leer la llamada que Francisco de Asís recibió del Señor en la iglesia de San Damián: “Ve, repara mi casa, que, como ves, está en ruinas“. Hoy, incluso la “casa común ” que es nuestro planeta necesita urgentemente ser reparada y asegurada para un futuro sostenible.
En las últimas décadas, la comunidad científica ha puesto a punto, en ese sentido, evaluaciones cada vez más precisas. “El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo periódicamente en diversas regiones”. (Enc. Laudato si ‘, 161). Hay un peligro real de dejar a las generaciones futuras escombros, desiertos y suciedad.
Por lo tanto, espero que esta preocupación por el estado de nuestra casa común se traduzca en una acción orgánica y concertada de ecología integral. De hecho, “la atenuación de los efectos del actual desequilibrio depende de lo que hagamos ahora ” (ibid.). La humanidad tiene el conocimiento y los medios para colaborar con este propósito y, con responsabilidad, “cultivar y proteger” la Tierra de manera responsable. En este sentido, es significativo que vuestra  discusión también se refiera a algunos eventos clave del año en curso.
La cumbre climática COP24, programada en Katowice (Polonia) en diciembre próximo, puede ser un hito en el camino trazado por el Acuerdo de París de 2015. Todos sabemos que hay mucho por hacer para implementar ese Acuerdo. Todos los gobiernos deberían esforzarse por cumplir los compromisos asumidos en París para evitar las peores consecuencias de la crisis climática. “La reducción de gases de efecto invernadero requiere honestidad, valentía y responsabilidad, sobre todo de los países más poderosos y más contaminantes.” (ibid., 169). No podemos darnos el lujo de perder tiempo en este proceso.
Además de los Estados, también están interpelados otros actores: las autoridades locales, los grupos de la sociedad civil, las instituciones económicas y religiosas pueden fomentar la cultura y la práctica ecológica integral. Espero que eventos como la Cumbre Mundial de Acción Climática, programada para el 12 y 14 de septiembre en San Francisco, brinden respuestas adecuadas, con el apoyo de los grupos de presión de los ciudadanos de todo el mundo. Como afirmamos junto con Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé, ” no puede haber una solución sincera y duradera al desafío de la crisis ecológica y del cambio climático si no se da una respuesta concordada y colectiva, si la responsabilidad no es compartida y responsable, si no damos prioridad a la solidaridad y al servicio”. (Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Creación, 1 de septiembre de 2017).
Las instituciones financieras también juegan un papel importante como parte del problema y de su solución. Se necesita un cambio en el paradigma financiero para promover el desarrollo humano integral. Las organizaciones internacionales, como, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pueden promover reformas efectivas para un desarrollo más inclusivo y sostenible. La esperanza es que “las finanzas […] vuelvan a ser un instrumento encaminado a producir mejor riqueza y desarrollo”. (Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 65), así como el cuidado del medio ambiente.
Todas estas acciones presuponen una transformación a un nivel más profundo, es decir, un cambio de  los corazones, un cambio de las conciencias. Como decía San Juan Pablo II: “Es necesario […] estimular y apoyar la conversión ecológica” (Catequesis, 17 de enero de 2001). Y en esto las religiones, en particular las Iglesias cristianas, tienen un papel clave que desempeñar. La Jornada de Oración por la Creación y las iniciativas relacionadas con ella, comenzadas en el seno de la Iglesia Ortodoxa, se están difundiendo en las comunidades cristianas de todo el mundo.
Por último, la confrontación y el compromiso por  nuestro casa común  deben reservar un espacio especial a dos grupos de personas que están en la vanguardia del desafío ecológico integral y que serán el tema central de los próximos dos Sínodos de la Iglesia Católica: los jóvenes y las poblaciones indígenas, especialmente las de la Amazonía.
Por un lado, “nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos. “(Laudato Si’, 13). Son los jóvenes quienes deberán enfrentar las consecuencias de la actual crisis ambiental y climática. Por lo tanto, la solidaridad intergeneracional no es “una actitud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán. ” (ibíd., 159).
Por otro lado, “es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales” (ibid., 146). Es triste ver a las tierras de los pueblos indígenas desposeídos y sus culturas pisoteadas por una actitud depredadora a nuevas formas de colonialismo, alimentadas por la cultura del derroche y el consumismo (cf. Sínodo de los Obispos, el Amazonas: nuevos caminos para la Iglesia y para un ” ecología completa, 8 de junio de 2018). “Para ellos, la tierra no es un bien económico, sino que es don de Dios y de los antepasados ​que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores” (Laudato si ‘, 146). ¡Cuánto podemos aprender de ellos! La vida de los pueblos indígenas es “memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común. ” (Discurso en el encuentro con los pueblos indígenas,Puerto Maldonado 19 de enero, 2018).
Queridos hermanos y hermanas, los desafíos abundan. Expreso mi más sincera gratitud por vuestro trabajo al servicio del cuidado de la creación y de un futuro mejor para nuestros hijos y nietos. A veces puede parecer una tarea difícil, ya que “hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos” (Laudato si’,54); pero ” los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan” (ibíd., 205). Por favor, seguid trabajando por un “cambio radical a la altura de las circunstancias” (ibid., 171). “La injusticia no es invencible” (ibid., 74).
Que san Francisco de Asís continúe inspirándonos y guiándonos en este camino, y que “nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de  la esperanza” (ibíd., 244). Después de todo, el fundamento de nuestra esperanza descansa en la fe en el poder de nuestro Padre Celestial. Él, “que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea” (ibid., 245).
Os bendigo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí.
© Librería Editorial Vaticano

Francisco en Bari: “¡Basta de usar a Oriente Medio para obtener beneficios!” 10072018



© Vatican Media

Francisco en Bari: “¡Basta de usar a Oriente Medio para obtener beneficios!”

Discurso del Santo Padre
(ZENIT – 10 julio 2018).- “No hay alternativa posible a la paz”, anunció el Papa Francisco. “La paz no vendrá gracias a las treguas sostenidas por muros y pruebas de fuerza, sino por la voluntad real de escuchar y dialogar”.
En su visita a Bari, el pasado sábado, 7 de julio de 2018, el Papa Francisco mantuvo un diálogo a puerta cerrada en la basílica de San Nicolás, con los Patriarcas de las Iglesias Orientales. Al terminar este diálogo, salieron al exterior del templo y en presencia de los fieles que esperaban en la plaza, el Papa leyó unas palabras de saludo. Sucesivamente el Santo Padre y los Patriarcas fueron en autobús al arzobispado para almorzar.
El Pontífice advirtió que no se puede levantar la voz para hablar de paz mientras a escondidas se siguen desenfrenadas carreras de rearme. “Es una gravísima responsabilidad que pesa sobre la conciencia de las naciones, especialmente de las más poderosas”, señaló.
En esta línea, el Papa denunció la explotación de Oriente Medio: “¡Basta del beneficio de unos pocos a costa de la piel de muchos! ¡Basta de las ocupaciones de las tierras que desgarran a los pueblos! ¡Basta con el prevalecer de las verdades parciales a costa de las esperanzas de la gente! ¡Basta de usar a Oriente Medio para obtener beneficios ajenos a Oriente Medio!”, ha dicho.
Orígenes
La fe de las personas sencillas, tan profundamente arraigada en Oriente Medio, es la “fuente en la que debemos saciarnos y purificarnos”, como sucede cuando volvemos a los orígenes, yendo como peregrinos a Jerusalén, a Tierra Santa o a los santuarios de Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Turquía y de otros lugares sagrados de esa región.
Guerra, “hija del poder”
La guerra es la plaga que trágicamente asalta esta amada región –observó el Pontífice–. “Quien lo sufre es sobre todo la gente pobre”. Pensemos en la martirizada Siria, especialmente en la provincia de Deraa, donde se han reanudado intensos combates que han provocado un gran número de personas desplazadas, expuestas a terribles sufrimientos.
“La guerra es hija del poder y la pobreza”, puntualizó el Obispo de Roma. “Se vence renunciando a la lógica de la supremacía y erradicando la miseria”. Muchos conflictos han sido fomentados también por formas de fundamentalismo y fanatismo que, disfrazados de pretextos religiosos, han blasfemado en realidad el nombre de Dios, que es paz, y han perseguido al hermano que desde siempre ha vivido al lado. “Pero la violencia se alimenta siempre de las armas”, explicó.
Arca de paz
El Santo Padre concluyó su discurso invocando la paz y la esperanza: “Que Oriente Medio no sea más un arco de guerra tensado entre los continentes, sino un arca de paz acogedora para los pueblos y los credos”.
“Amado Oriente Medio –expresó–, que desaparezcan de ti las tinieblas de la guerra, del poder, de la violencia, de los fanatismos, de los beneficios injustos, de la explotación, de la pobreza, de la desigualdad y de la falta de reconocimiento de los derechos”.
A las 14:50 horas, el Papa Francisco se despidió de los Patriarcas y, antes de partir, hizo una breve visita a la catedral. Cuando llegó al helipuerto, saludó a las autoridades que lo habían recibido a su llegada. Luego, el helicóptero con el Santo Padre a bordo despegó a las 15:45 horas para regresar al Vaticano.
RD
Publicamos a continuación las palabras de saludo del Papa Francisco, al concluir el diálogo:
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Palabras del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas
Estoy muy agradecido por este encuentro que hemos tenido la gracia de vivir. Nos hemos ayudado a redescubrir nuestra presencia como cristianos en Oriente Medio, como hermanos. Y será tanto más profética cuanto más manifieste a Jesús, el Príncipe de la paz (cf. Is 9,5). Él no empuña la espada, sino que le pide a los suyos que la metan de nuevo en la vaina (cf. Jn 18,11). También nuestro modo de ser iglesia se ve tentado por la lógica del mundo, lógica de poder y de ganancia, lógica apresurada y de conveniencia. Y está nuestro pecado, la incoherencia entre la fe y la vida, que oscurece el testimonio. Sentimos una vez más que debemos convertirnos al Evangelio, garantía de auténtica libertad, y hacerlo con urgencia ahora, en la noche del Oriente Medio en agonía. Como en la noche angustiosa de Getsemaní, no será la huida (cf. Mt26,56) o la espada (cf. Mt 26,52) lo que anticipe el radiante amanecer de la Pascua, sino el don de sí a imitación del Señor.
La buena noticia de Jesús, crucificado y resucitado por amor, que nos llegó desde las tierras de Oriente Medio, ha conquistado el corazón del hombre a lo largo de los siglos porque no está ligada a los poderes del mundo, sino a la fuerza inerme de la Cruz. El Evangelio nos obliga a una conversión diaria a los planes de Dios, a que encontremos solo en él seguridad y consuelo, para anunciarlo a todos y a pesar de todo. La fe de las personas sencillas, tan profundamente arraigada en Oriente Medio, es la fuente en la que debemos saciarnos y purificarnos, como sucede cuando volvemos a los orígenes, yendo como peregrinos a Jerusalén, a Tierra Santa o a los santuarios de Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Turquía y de otros lugares sagrados de esa región.
Alentándonos mutuamente, hemos dialogado fraternalmente. Ha sido un signo de que el encuentro y la unidad hay que buscarlos siempre, sin temer las diferencias. Así también la paz: hay que cultivarla también en las áridas tierras de las contraposiciones, porque hoy, a pesar de todo, no hay alternativa posible a la paz. La paz no vendrá gracias a las treguas sostenidas por muros y pruebas de fuerza, sino por la voluntad real de escuchar y dialogar. Nosotros nos comprometemos a caminar, orar y trabajar, e imploramos que el arte del encuentro prevalezca sobre las estrategias de confrontación, que la ostentación de los amenazantes signos de poderdeje paso al poder de los signos de esperanza: hombres de buena voluntad y de diferentes credos que no tienen miedo de hablarse, de aceptar las razones de los demás y de cuidarse unos a otros. Solo así, cuidando que a nadie le falte pan y trabajo, dignidad y esperanza, los gritos de guerra se transformarán en cantos de paz.
Para ello es esencial que quien tiene el poder se ponga decidida y sin más dilaciones al servicio verdadero de la paz y no al de los propios intereses. ¡Basta del beneficio de unos pocos a costa de la piel de muchos! ¡Basta de las ocupaciones de las tierras que desgarran a los pueblos! ¡Basta con el prevalecer de las verdades parciales a costa de las esperanzas de la gente! ¡Basta de usar a Oriente Medio para obtener beneficios ajenos a Oriente Medio!
La guerra es la plaga que trágicamente asalta esta amada región. Quien lo sufre es sobre todo la gente pobre. Pensemos en la martirizada Siria, especialmente en la provincia de Deraa, donde se han reanudado intensos combates que han provocado un gran número de personas desplazadas, expuestas a terribles sufrimientos. La guerra es hija del poder y la pobreza. Se vence renunciando a la lógica de la supremacía y erradicando la miseria. Muchos conflictos han sido fomentados también por formas de fundamentalismo y fanatismo que, disfrazados de pretextos religiosos, han blasfemado en realidad el nombre de Dios, que es paz, y han perseguido al hermano que desde siempre ha vivido al lado. Pero la violencia se alimenta siempre de las armas. No se puede levantar la voz para hablar de paz mientras a escondidas se siguen desenfrenadas carreras de rearme. Es una gravísima responsabilidad que pesa sobre la conciencia de las naciones, especialmente de las más poderosas. No olvidemos el siglo pasado, no dejemos de lado las lecciones de Hiroshima y Nagasaki, no convirtamos las tierras de Oriente, donde apareció el Verbo de paz, en oscuras extensiones de silencio. Basta de contraposiciones obstinadas, basta de la sed de ganancia, que no se detiene ante nadie con tal de acaparar depósitos de gas y combustible, sin ningún cuidado por la casa común y sin ningún escrúpulo en que el mercado de la energía dicte la ley de la convivencia entre los pueblos.
Que para abrir caminos de paz, se vuelva la mirada en cambio hacia quien suplica poder vivir fraternalmente con los demás. Que se proteja la presencia de todos no solo de los que son mayoría. Que se abra también de par en par en Oriente Medio el camino del derecho a una común ciudadanía, camino para un futuro renovado. También los cristianos son y ha de ser ciudadanos a título pleno, con los mismos derechos.
Profundamente angustiados, pero nunca privados de esperanza, volvemos la mirada a Jerusalén, ciudad para todos los pueblos, ciudad única y sagrada para los cristianos, judíos y musulmanes de todo el mundo, cuya identidad y vocación ha de ser preservada más allá de las distintas disputas y tensiones, y cuyo status quo exige que sea respetado de acuerdo con lo deliberado por la Comunidad internacional y repetidamente formulado por las comunidades cristianas de Tierra Santa. Solo una solución negociada entre israelíes y palestinos, firmemente deseada y favorecida por la Comunidad de naciones, podrá conducir a una paz estable y duradera, y asegurar la coexistencia de dos Estados para dos pueblos.
La esperanza tiene el rostro de los niños. En Oriente Medio, durante años, un número aterrador de niños llora a causa de muertes violentas en sus familias y ve amenazada su tierra natal, a menudo con la única posibilidad de tener que huir. Esta es la muerte de la esperanza. Son demasiados los niños que han pasado la mayor parte de sus vidas viendo con sus ojos escombros en lugar de escuelas, oyendo el sordo estruendo de las bombas en lugar del bullicio festivo de los juegos. Que la humanidad – os ruego – escuche el grito de los niños, cuya boca proclama la gloria de Dios (cf. Sal 8,3). Solo secando sus lágrimas el mundo encontrará la dignidad.
Pensando en los niños -¡No nos olvidemos de los niños!-, dentro de poco lanzaremos al aire, junto con algunas palomas, nuestro deseo de paz. Que el anhelo de paz se eleve más alto que cualquier nube oscura. Que nuestros corazones se mantengan unidos y vueltos al cielo, esperando que, como en los tiempos del diluvio, regrese el tierno brote de la esperanza (cf. Gn 8,11). Y que Oriente Medio no sea más un arco de guerratensado entre los continentes, sino un arca de paz acogedora para los pueblos y los credos. Amado Oriente Medio, que desaparezcan de ti las tinieblas de la guerra, del poder, de la violencia, de los fanatismos, de los beneficios injustos, de la explotación, de la pobreza, de la desigualdad y de la falta de reconocimiento de los derechos. «Que la paz descienda sobre ti» (Sal 122,8) – repitamos juntos: «Que la paz descienda sobre ti»-, en ti la justicia, sobre ti descienda la bendición de Dios. Amén.
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Migración: La única respuesta sensata es la de la “solidaridad” y la “misericordia” 06072018


Homilía del Papa Francisco en la Misa con migrantes © Vatican Media

Migración: La única respuesta sensata es la de la “solidaridad” y la “misericordia”

Homilía del Papa Francisco
(ZENIT – 6 julio 2018).- “Frente a los desafíos migratorios de hoy, la única respuesta sensata es la de la solidaridad y la misericordia; una respuesta que no hace demasiados cálculos, pero exige una división equitativa de las responsabilidades, un análisis honesto y sincero de las alternativas y una gestión sensata” ha puntualizado Francisco en la homilía de la Eucaristía.
Esta mañana, a las 11 horas en el Altar de la Cátedra de la basílica de San Pedro, el Santo Padre Francisco ha celebrado la Misa por los migrantes en el quinto aniversario de su visita a Lampedusa (Italia). Han participado alrededor de 200 personas, entre las cuales refugiados y personal que los atiende.
Sigue la homilía pronunciada por el Papa durante la celebración eucarística:
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Homilía del Papa Francisco
«Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes […]. Vienen días en que enviaré hambre al país: […] hambre de escuchar las palabras del Señor» (Am8,4.11).
La advertencia del profeta Amós resulta aún hoy de candente actualidad. Cuántos pobres hoy son pisoteados. Cuántos pequeños son exterminados. Todos son víctimas de esa cultura del descarte que ha sido denunciada tantas veces. Y entre ellos, no puedo dejar de mencionar a los emigrantes y refugiados, que continúan llamando a las puertas de las naciones que gozan de mayor bienestar.
Hace cinco años, durante mi visita a Lampedusa, recordando a las víctimas de los naufragios, me hice eco de ese perenne llamamiento a la responsabilidad humana: «“¿Dónde está tu hermano?, la voz de su sangre grita hasta mí”», dice Dios. Ésta no es una pregunta dirigida a otros, es una pregunta dirigida a mí, a ti, a cada uno de nosotros» (Homilía, Visita a Lampedusa, 8 julio 2013). Lamentablemente, las respuestas a este llamamiento ―aun siendo generosas― no han sido suficientes, y hoy nos encontramos llorando a millares de muertos.
El Evangelio que hoy ha sido proclamado incluye la invitación de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». El Señor promete alivio y liberación a todos los oprimidos del mundo, pero tiene necesidad de nosotros para que su promesa sea eficaz. Necesita nuestros ojos para ver las necesidades de los hermanos y las hermanas. Necesita nuestras manos para prestar ayuda. Necesita nuestra voz para denunciar las injusticias cometidas en el silencio ―a veces cómplice― de muchos. En efecto, tendría que hablar de muchos silencios: el silencio del sentido común, el silencio del «siempre se ha hecho así», el silencio del «nosotros» contrapuesto al «vosotros». El Señor necesita sobre todo nuestro corazón para manifestar el amor misericordioso de Dios hacia los últimos, los rechazados, los abandonados, los marginados.
En el Evangelio de hoy, Mateo narra el día más importante de su vida, en el que fue llamado por el Señor. El evangelista recuerda claramente el reproche de Jesús a los fariseos, que se dan con facilidad a retorcidas murmuraciones: «Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”» (9,13). Es una acusación directa contra la hipocresía estéril de quien no quiere «ensuciarse las manos», como el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano. Se trata de una tentación muy frecuente también en nuestros días, que se traduce en una cerrazón respecto a quienes tienen derecho, como nosotros, a la seguridad y a una condición de vida digna, y que construye muros ―reales o imaginarios― en vez de puentes.
Frente a los desafíos migratorios de hoy, la única respuesta sensata es la de la solidaridad y la misericordia; una respuesta que no hace demasiados cálculos, pero exige una división equitativa de las responsabilidades, un análisis honesto y sincero de las alternativas y una gestión sensata. Una política justa es la que se pone al servicio de la persona, de todas las personas afectadas; que prevé soluciones adecuadas para garantizar la seguridad, el respeto de los derechos y de la dignidad de todos; que sabe mirar al bien del propio país teniendo en cuenta el de los demás países, en un mundo cada vez más interconectado. Es este mundo al que miran los jóvenes.
El salmista nos ha indicado cuál es la actitud apropiada que en conciencia se ha de asumir delante de Dios: «Escogí el camino verdadero, deseé tus mandamientos» (v. 30). Un compromiso de fidelidad y de recto juicio que deseamos llevar adelante junto a los gobernantes de la tierra y a las personas de buena voluntad. Por eso seguimos con atención el trabajo de la comunidad internacional para responder a los desafíos que plantean las migraciones contemporáneas, armonizando con sabiduría la solidaridad y  la subsidiaridad e identificando responsabilidades y recursos.
Deseo concluir con algunas palabras en español, dirigidas particularmente a los fieles que han venido de España.
Quise celebrar el quinto aniversario de mi visita a Lampedusa con ustedes, quienes representan a los socorristas y a los rescatados en el Mar Mediterráneo. A los primeros quiero expresar mi agradecimiento por encarnar hoy la parábola del Buen Samaritano, quien se detuvo a salvar la vida del pobre hombre golpeado por los bandidos, sin preguntarle cuál era su procedencia, sus razones de viaje o sus documentos…: simplemente decidió hacerse cargo y salvar su vida. A los rescatados quiero reiterar mi solidaridad y aliento, ya que conozco bien las tragedias de las que se están escapando. Les pido que sigan siendo testigos de la esperanza en un mundo cada día más preocupado de su presente, con muy poca visión de futuro y reacio a compartir, y que con su respeto por la cultura y las leyes del país que los acoge, elaboren conjuntamente el camino de la integración.
Pido al Espíritu Santo que ilumine nuestra mente y encienda nuestro corazón para superar todos los miedos y las inquietudes y nos transforme en instrumentos dóciles del amor misericordioso del Padre, dispuestos a dar la propia vida por los hermanos y las hermanas, como lo hizo Nuestro Señor Jesucristo por cada uno de nosotros.
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