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domingo, 27 de enero de 2019

¡Nos vemos en 2022! Anuncian sede de la próxima JMJ 27012019

¡Nos vemos en 2022! Anuncian sede de la próxima JMJ


Papa Francisco / Foto: Flickr.com/Panama2019

Papa Francisco / Foto: Flickr.com/Panama2019

Este domingo 27 de enero, al término de la Misa de Clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, el Cardenal Kevin Joseph Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, La Familia y la Vida, anunció que la sede del evento internacional del 2022 será la ciudad de Lisboa (Portugal), provocando el grito jubiloso de los peregrinos de ese país.
El anuncio fue realizado ante unas 720 mil personas en el Campo San Juan Pablo II al finalizar la Misa del domingo 27 de enero.
“Como dijo el Santo Padre tenemos ahora que salir de aquí y poner en práctica todo lo que hemos aprendido. La próxima Jornada Mundial de la juventud será en Portugal”, dijo el Cardenal Farrell. 
Previamente, el Papa Francisco agradeció a los jóvenes por la fe y alegría que “han hecho vibrar a Panamá, a América y al mundo entero. Como hemos escuchado tantas veces durante estos días en el Himno de esta jornada: ‘Somos peregrinos que venimos hoy aquí desde continentes y ciudades’”, dijo. 
“Estamos en camino, sigan caminando, sigan viviendo la fe y compartiéndola. No se olviden que no son el mañana, no son el “mientras tanto” sino el ahora de Dios”, agregó.
“Les pido que no dejen enfriar lo que han vivido durante estos días. Vuelvan a su parroquias y comunidades, a sus familias y a sus amigos, y transmitan esta experiencia, para que otros puedan vibrar con esa fuerza e ilusión que ustedes tienen. Con María sigan diciendo ‘sí’ al sueño que Dios sembró en ustedes”, concluyó.
Portugal tiene poco más de 10 millones de habitantes. Su capital Lisboa tiene unos 500 mil. Las estadísticas describen que 8 de cada 10 personas se declaran católicos pero con los años la práctica religiosa ha ido a la baja.
La JMJ se realizará en Portugal, país visitado por los tres últimos pontífices y hasta donde llegan miles de peregrinos para conocer el lugar donde la Virgen de Fátima se apareció a los pastorcitos Jacinta, Francisco y Lucía.
La primera réplica original de la Virgen de Fátima llegó hasta la JMJ Panamá para peregrinar por distintos lugares. Allí los fieles pudieron venerarla y recibir la gracia de la indulgencia plenaria cumpliendo con los debidos requisitos. 

Las JMJ anteriores

Las JMJ fueron creadas por San Juan Pablo II, y se celebran cada año en las diócesis de todo el mundo. Pero cada cierto tiempo, se congregan a jóvenes de todo el planeta en una ciudad para celebrar la alegría de la fe y compartir con el Papa.
La primera JMJ se celebró en Roma (Italia), en 1985. Dos años más tarde se celebró la primera JMJ en el continente americano, en Buenos Aires (Argentina).
En 1993 se celebró en Denver (Estados Unidos) y la siguiente fue en Toronto (Canadá) en 2002.

Papa en JMJ Panamá: Un joven sin educación, trabajo o familia no puede soñar un futuro 26012019

Papa en JMJ Panamá: Un joven sin educación, trabajo o familia no puede soñar un futuro


El Papa Francisco en la vigilia de la JMJ Panamá 2019. Captura Youtube

El Papa Francisco en la vigilia de la JMJ Panamá 2019. Captura Youtube

En su discurso a los cientos de miles de jóvenes reunidos esta noche en el Campo Juan Pablo II – Metro Park para la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019, el Papa Francisco dijo que sin educación, sin trabajo, sin comunidad ni familia es imposible soñar futuro.
Al agradecer a uno de los jóvenes que dio su testimonio sobre cómo había superado el problema de las drogas, el Santo Padre dijo que lo que había sucedido con el muchacho se puede resumir “en los cuatro ‘sin’ que dejaron nuestra vida sin raíces y se seca: sin trabajo, sin educación, sin comunidad y sin familia. Es decir, vida sin raíces. Estos cuatro ‘sin’, matan”.
“Es imposible que alguien crezca si no tiene raíces fuertes que ayuden a estar bien sostenido y agarrado a la tierra. Es fácil ‘volarse’ cuando no hay de dónde agarrarse, de dónde sujetarse. Esta es una pregunta que los mayores estamos obligados a hacernos, los mayores que
estamos aquí, es más, es una pregunta que ustedes tendrán que hacernos y tendremos el deber de respondérsela: ¿Qué raíces les estamos dando?, ¿qué cimientos para construirse como personas les facilitamos?”.
El Pontífice indicó que resulta “fácil resulta criticar a los jóvenes y pasar el tiempo murmurando si les privamos de oportunidades laborales, educativas y comunitarias desde dónde agarrarse y soñar el futuro. Sin educación es difícil soñar futuro, sin trabajo es muy difícil soñar futuro, sin familia y sin comunidad es casi imposible soñar futuro”.
“Porque soñar el futuro es aprender a responder no solo para qué vivo, sino para quién vivo, para quién vale la pena gastar mi vida. y eso lo tenemos que facilitar nosotros los mayores dándoles trabajo, educación, comunidad, oportunidades”, agregó.
Francisco resaltó que “cuando uno se descuelga y queda sin trabajo, sin educación, sin comunidad y sin familia, al final del día nos sentimos vacíos y terminamos llenando ese vacío con cualquier cosa, con cualquier verdura. Porque ya no sabemos para quién vivir, luchar y amar”.
El Papa recordó que cuando una vez conversó con algunos muchachos llegó a la conclusión de que muchos jóvenes no creen Dios porque son presas de “la cultura del abandono y de la falta de consideración. No digo todos, pero muchos sienten que no tienen mucho o nada para aportar porque no cuentan con espacios reales desde dónde sentirse convocados”.
“¿Cómo van a pensar que Dios existe si ellos, estos jóvenes, hace tiempo que dejaron de existir para sus hermanos y para la sociedad? Así los estamos empujando a no mirar el futuro y a caer en las garras de las drogas, de cualquier cosa que los destruya. Podemos preguntarnos: ¿Qué hago yo con los jóvenes que veo?, ¿los critico o no me interesa?, ¿los ayudo o no me interesa? ¿Es verdad que para mí dejaron de existir hace tiempo?”.
El Santo Padre puso como ejemplo a Don Bosco, el santo fundador de los salesianos que miró a los niños y jóvenes con los ojos de Dios y cuyo ejemplo los cristianos deben seguir.
“Por medio de rostros concretos es como el Señor se hace presente. Decir ‘sí’ como María a esta historia de amor es decir ‘sí’ a ser instrumentos para construir, en nuestros barrios, comunidades eclesiales capaces de callejear la ciudad, abrazar y tejer nuevas relaciones”.
“Ser un ‘influencer’ en el siglo XXI es ser custodios de las raíces, custodios de todo aquello que impide que nuestra vida se vuelva gaseosa, que nuestra vida se evapore en la nada”, subrayó el Pontífice.
Francisco explicó que la grandeza a la que están llamados los jóvenes no es la que ofrece el mundo, sino la que ofrece el Señor cuando, como María, se responde “hágase” al llamado de Dios.
“A ustedes jóvenes les pregunto: ¿Quieren ser ‘influencer’ al estilo de María. Ella se animó a decir ‘hágase’? Solo el amor nos vuelve más humanos, no las peleas, no el bullying, el amor nos vuelve más plenos, todo el resto son buenos pero vacíos placebos”, señaló.
“Dentro de un momento -indicó- nos encontraremos con Jesús vivo en la Eucaristía. Seguro que tendrán muchas cosas que decirle, muchas cosas que contarle sobre distintas situaciones de sus vidas, de sus familias y de sus países”.
El Papa también alentó a los jóvenes a no tener miedo al estar frente a Jesús: “No tengan miedo de decirle a Jesús que ustedes también quieren tomar parte en su historia de amor en el mundo, ¡que están para más!”
“Amigos: Les pido también que en ese cara a cara con Jesús sean buenos y le pidan por mí para que yo tampoco tenga miedo de abrazar la vida, cuide las raíces, para que sea capaz de cuidar las raíces y diga como María: ¡Hágase según tu palabra!”, concluyó.

Discurso del Papa Francisco en la Vigilia con los jóvenes de la JMJ Panamá 2019 (27012019)


Discurso del Papa Francisco en la Vigilia con los jóvenes de la JMJ Panamá 2019

Redacción ACI Prensa

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El Papa Francisco preside la Vigilia con cientos de miles de jóvenes de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019 en el Campo San Juan Pablo II – Metro Park.
A continuación, el texto completo del discurso del Santo Padre:
Queridos jóvenes, ¡buenas tardes!
Vimos este hermoso espectáculo sobre el Árbol de la Vida que nos muestra cómo la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida no es una salvación colgada “en la nube” esperando ser descargada, ni una “aplicación” nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación. Tampoco la vida que Dios nos ofrece es un “tutorial” con el que aprender la última novedad. La salvación que Dios nos regala es una invitación a ser parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse; es el primero en decir “sí” a nuestra vida, El siempre va primero, es el primero a decir sí nuestra historia, y quiere que también digamos “sí” junto a Él. Él siempre nos primerea.
Así sorprendió a María y la invitó a formar parte de esta historia de amor. Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las “redes sociales” de la época, Ella no era una “influencer”, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia.
Le podemos decir con confianza de hijos: María, la “influencer” de Dios. Con pocas palabras se animó a decir “sí” y a confiar en el amor, a confiar en las promesas de Dios, que es la única fuerza capaz de renovar, de hacer nuevas todas las cosas. Y todos nosotros hoy tenemos algo que hacer nuevo adentro, hoy tenemos que dejar que Dios renueve algo en mi corazón Pensemos un poquito: ¿Qué quiero yo que Dios renueve en mi corazón?
Siempre llama la atención la fuerza del “sí” de María, joven, de ese «hágase» que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una aceptación pasiva o resignada, fue algo distinto a un “sí” como diciendo: bueno, vamos a probar a ver qué pasa. Fue algo más, algo distinto. María no conocía esa expresión, era decidida, supo de qué se trataba y dijo sí.
Fue algo más, algo distinto, fue el “sí” de quién quiere comprometerse y arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Le pregunto a cada uno de ustedes, ¿se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante?
María sin dudas tendría una misión muy difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano. María no compró un seguro de vida, María se jugó y por eso es fuerte, por eso es una influencer, es la influencer de Dios.
El “sí” y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades.
Esta tarde también escuchamos cómo el “sí” de María hace eco y se multiplica de generación en generación. Muchos jóvenes a ejemplo de María arriesgan y apuestan guiados por una promesa. Gracias Erika y Rogelio por el testimonio que nos han regalado. Fueron valientes estos, merecen un aplauso.
Compartieron sus temores, dificultades y todo el riesgo vivido ante el nacimiento de Inés. En un momento dijeron: «A los padres, por diversas circunstancias, nos cuesta aceptar la llegada de un bebé con alguna enfermedad o discapacidad», eso es cierto, es comprensible. Pero lo sorprendente fue cuando agregaron: «al nacer nuestra hija decidimos amarla con todo nuestro corazón». Ante su llegada, frente a todos los anuncios y dificultades que aparecían, tomaron una decisión y dijeron como María «hágase», decidieron amarla. Frente a la vida de vuestra hija frágil, indefensa y necesitada la respuesta de ustedes, Erika y Rogelio, fue “sí” y ahí tenemos a Inés. ¡Ustedes se animaron a creer que el mundo no es solo para los fuertes! ¡Gracias!
Decir “sí” al Señor, es animarse a abrazar la vida como viene con toda su fragilidad y pequeñez y hasta muchas veces con todas sus contradicciones e insignificancias con el mismo amor con el que nos hablaron Erika y Rogelio. Asumir la vida como viene. Es abrazar nuestra patria, nuestras familias, nuestros amigos tal como son, también con sus fragilidades y pequeñeces. Abrazar la vida se manifiesta también cuando damos la bienvenida a todo lo que no es perfecto, a todo lo que no es puro ni destilado, pero por eso no es menos digno de amor. ¿Acaso alguien por ser discapacitado o frágil no es digno de amor? Les pregunto, ¿un discapacitado, una persona frágil es digna de amor? Sí. Entendieron.
Otra pregunta, a ver cómo responden: ¿Alguien por ser extranjero, por haberse equivocado, por estar enfermo o en una prisión no es digno de amor? Y así lo hizo Jesús: abrazó al leproso, al ciego y al paralítico, abrazó al fariseo y al pecador. Abrazó al ladrón en la cruz e incluso abrazó y perdonó a quienes lo estaban crucificando.
¿Por qué? Porque solo lo que se ama puede ser salvado. Vos no podes salvar una persona, vos no podes salvar una situación si no la amás. Solo lo que se ama puede ser salvado. ¿Lo repetimos? Solo lo que se ama puede ser salvado.
Por eso nosotros podemos ser salvados por Jesús, porque nos ama. Podemos hacerle las mil y una, pero nos ama, y nos salva, porque solo lo que se ama puede ser salvado. Solo lo que se abraza puede ser transformado.
El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces, como Él quiere escribir esta historia de amor. Abrazó al hijo pródigo, abrazó a Pedro después de sus negaciones y nos abraza siempre, siempre, después de nuestras caídas ayudándonos a levantarnos y ponernos de pie. Porque la verdadera caída, atención a esto, la verdadera caída, la que es capaz de arruinarnos la vida es la de permanecer en el piso y no dejarse ayudar.
Hay un canto alpino muy lindo que van cantando mientras suben la montaña: en el arte de ascender la victoria no está en no caer, sino en no permanecer caído. no permanecer caído. La mano para que te alcen. No permanecer caído.
¡El primer paso es no tener miedo de recibir la vida como viene, no tener miedo de abrazar la vida, como es. Ese es el árbol de la vida que hemos visto hoy.
Gracias Alfredo por tu testimonio y la valentía de compartirlo con todos nosotros. Me impresionó mucho cuando decías: «comencé a trabajar en la construcción hasta que se terminó dicho proyecto. Sin empleo las cosas tomaron otro color: sin colegio, sin ocupación y sin trabajo». Lo resumo en los cuatro “sin” que dejaron nuestra vida sin raíces y se seca: sin trabajo, sin educación, sin comunidad y sin familia. Es decir, vida sin raíces. Estos cuatro “sin”, matan.
Es imposible que alguien crezca si no tiene raíces fuertes que ayuden a estar bien sostenido y agarrado a la tierra. Es fácil “volarse” cuando no hay de dónde agarrarse, de dónde sujetarse. Esta es una pregunta que los mayores estamos obligados a hacernos, los mayores que estamos aquí, es más, es una pregunta que ustedes tendrán que hacernos y tendremos el deber de respondérsela: ¿Qué raíces les estamos dando?, ¿qué cimientos para construirse como personas les facilitamos? Qué fácil resulta criticar a los jóvenes y pasar el tiempo murmurando si les privamos de oportunidades laborales, educativas y comunitarias desde dónde agarrarse y soñar el futuro. Sin educación es difícil soñar futuro, sin trabajo es muy difícil soñar futuro, sin familia y sin comunidad es casi imposible soñar futuro. Porque soñar el futuro es aprender a responder no solo para qué vivo, sino para quién vivo, para quién vale la pena gastar mi vida. y eso lo tenemos que facilitar nosotros los mayores dándoles trabajo, educación, comunidad, oportunidades
Como nos decía Alfredo, cuando uno se descuelga y queda sin trabajo, sin educación, sin comunidad y sin familia, al final del día nos sentimos vacíos y terminamos llenando ese vacío con cualquier cosa, con cualquier verdura. Porque ya no sabemos para quién vivir, luchar y amar.
A los mayores que están aquí y a los que nos están viendo, les pregunto: ¿Qué haces vos para generar futuro en los jóvenes de hoy?, ¿sos capaz de luchar para que tengan educación, para que tengan trabajo, para que tengan familia, para que tengan comunidad? Cada uno de los grandes respondámonos en el corazón.
Recuerdo una vez, charlando con unos jóvenes que uno me pregunta: “¿Por qué hoy muchos jóvenes no se preguntan sobre si Dios existe o les cuesta creer en Él y les falta tanto compromiso con la vida?” Les contesté: “Y ustedes, ¿qué piensan sobre esto?” Entre las respuestas que surgieron en la conversación me acuerdo de una que me tocó el corazón y tiene que ver con la experiencia que Alfredo compartía: “Padre, es que muchos de los jóvenes sienten que poco a poco dejaron de existir para otros, se sienten muchas veces invisibles”. Muchos jóvenes sienten que dejaron de existir para otros, para la familia, para la sociedad, para la comunidad, y entonces muchas veces se sienten invisibles.
Es la cultura del abandono y de la falta de consideración. No digo todos, pero muchos sienten que no tienen mucho o nada para aportar porque no cuentan con espacios reales desde dónde sentirse convocados. ¿Cómo van a pensar que Dios existe si ellos, estos jóvenes, hace tiempo que dejaron de existir para sus hermanos y para la sociedad? Así los estamos empujando a no mirar el futuro y a caer en las garras de las drogas, de cualquier cosa que los destruya. Podemos preguntarnos: ¿Qué hago yo con los jóvenes que veo?, ¿los critico o no me interesa?, ¿los ayudo o no me interesa? ¿Es verdad que para mi dejaron de existir hace tiempo?
Lo sabemos bien, no basta estar todo el día conectado para sentirse reconocido y amado. Sentirse considerado e invitado a algo es más grande que estar “en la red”. Significa encontrar espacios en el que puedan con sus manos, con su corazón y con su cabeza sentirse parte de una comunidad más grande que los necesita y que también ustedes jóvenes necesitan.
Y eso los santos lo entendieron muy bien. Pienso por ejemplo en Don Bosco que no se fue a buscar a los jóvenes a ninguna parte. A ver acá los que quieren a Don Bosco, un aplauso. Don Bosco no se fue a buscar a los jóvenes a ninguna parte lejana o especial, simplemente aprendió a ver todo lo que pasaba en la ciudad con los ojos de Dios y, así, su corazón fue golpeado por cientos de niños, de jóvenes abandonados sin estudio, sin trabajo y sin la mano amiga de una comunidad. Mucha gente vivía en la misma ciudad, muchos criticaban a esos jóvenes, pero no sabían mirarlos con los ojos de Dios. A los jóvenes hay que mirarlos con los ojos de Dios.
Él lo hizo, se animó Don Bosco, y se animó a dar ese primer paso: abrazar la vida como se presenta y, a partir de ahí, no tuvo miedo de dar el segundo paso: crear con ellos una comunidad, una familia donde con trabajo, estudio se sintieran amados. Darles raíces desde donde sujetarse para que puedan llegar al cielo, para que puedan ser alguien en la sociedad, darles raíces para se agarren y no los tire abajo el viento que viene, eso hizo Don Bosco, eso hacen los santos, eso hacen las comunidades que saben mirar a los jóvenes con los ojos de Dios. ¿Se animan ustedes los grandes a mirar a los jóvenes con los ojos de Dios?
Pienso en muchos lugares de nuestra América Latina que promueven lo que llaman familia grande, hogar de Cristo que, con el mismo espíritu de otros centros, buscan recibir la vida como viene en su totalidad y complejidad porque saben que el árbol siempre guarda «una esperanza guarda el árbol: si es cortado, aún puede retoñar, y no dejará de echar renuevos» (Jb 14,7).
Y siempre se puede “retoñar y echar renuevos”, siempre se puede empezar de nuevo cuando hay una comunidad, calor de hogar donde echar raíces, que brinda la confianza necesaria y prepara el corazón para descubrir un nuevo horizonte: horizonte de hijo amado, buscado, encontrado y entregado a una misión. Por medio de rostros concretos es como el Señor se hace presente. Decir “sí” como María a esta historia de amor es decir “sí” a ser instrumentos para construir, en nuestros barrios, comunidades eclesiales capaces de callejear la ciudad, abrazar y tejer nuevas relaciones. Ser un “influencer” en el siglo XXI es ser custodios de las raíces, custodios de todo aquello que impide que nuestra vida se vuelva gaseosa, que nuestra vida se evapore en la nada.
Ustedes los mayores sean custodios de todo aquello que nos permita sentirnos parte los unos de los otros, custodios de todo aquello que nos haga sentir que nos pertenecemos.
Así lo vivió Nirmeen en la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia. Se encontró con una comunidad viva y alegre, que le salió a su encuentro, le dio pertenencia, por lo tanto identidad, y le permitió vivir la alegría que significa ser encontrada por Jesús. Nirmeen le esquivaba a Jesús, tenía sus distancias hasta que alguien le hizo ver raíces, le dio pertenencia y esa comunidad la animó a comenzar ese camino que ella nos contó.
Un santo latinoamericano una vez se preguntó: «El progreso de la sociedad, ¿será sólo para llegar a poseer el último auto o adquirir la última técnica del mercado? ¿En eso se resume toda la grandeza del hombre? ¿No hay nada más que vivir para esto?» (cf. S. ALBERTO HURTADO, Meditación de Semana Santa para jóvenes, 1946). Yo les pregunto a los jóvenes: ¿Ustedes quieren esta grandeza o no? ¡No!
La grandeza no es solo tener el último auto, adquirir la última técnica del mercado. Ustedes fueron creados para algo más. María lo comprendió y dijo: ¡Hágase! Erika y Rogelio lo comprendieron y dijeron: ¡Hágase! Alfredo lo comprendió y dijo: ¡Hágase! Nirmeen lo comprendió y dijo: ¡Hágase! Los hemos escuchado aquí. Amigos, les pregunto: ¿Están dispuestos a decir “sí”? ¡Sí! Aprendieron a contestar, ya me gusta más.
El Evangelio nos enseña que el mundo no será mejor porque haya menos personas enfermas, menos personas débiles, menos personas frágiles o ancianas de quien ocuparse e incluso no porque haya menos pecadores; no, no será mejor por eso. El mundo será mejor cuando sean más las personas que, como estos amigos que nos han hablado, estén dispuestos y se animen a gestar el mañana, a creer en la fuerza transformadora del amor de Dios. A ustedes jóvenes les pregunto: ¿Quieren ser “influencer” al estilo de María. Ella se animó a decir «hágase»? Solo el amor nos vuelve más humanos, no las peleas, no el bullying, no el estudio solo; solo el amor nos vuelve más humanos, más plenos, todo el resto son buenos pero vacíos placebos.
Dentro de un momento nos vamos a encontrar con Jesús vivo en la Eucaristía. Seguro que van a tener muchas cosas que decirle, muchas cosas que contarle sobre distintas situaciones de sus vidas, de sus familias y de sus países.
Estando frente a Jesús, cara a cara, anímense, no tengan miedo de abrirle el corazón para que Él renueve el fuego de su amor, que los impulse a abrazar la vida con toda su fragilidad, con toda su pequeñez, pero también con toda su grandeza y hermosura. Que Jesús los ayude a descubrir la belleza de estar vivos y despiertos, vivos y despiertos.
No tengan miedo de decirle a Jesús que ustedes también quieren tomar parte en su historia de amor en el mundo, ¡que están para más!
Amigos: Les pido también que en ese cara a cara con Jesús sean buenos y le pidan por mí para que yo tampoco tenga miedo de abrazar la vida, para que sea capaz de cuidar las raíces y sea capaz de decir como María: ¡Hágase según tu palabra!

Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Panamá 2019 (27012019)


Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Panamá 2019




Ante una multitud de jóvenes llegados a Panamá desde los cinco continentes, el Papa Francisco preside la Santa Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2019 en el Campo San Juan Pablo II - Metro Park.
A continuación, el texto completo de la homilía pronunciada por el Santo Padre:
«Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,20-21).
Así el Evangelio nos presenta el comienzo de la misión pública de Jesús. Lo hace en la sinagoga que lo vio crecer, rodeado de conocidos y vecinos y hasta quizá de alguna de sus “catequistas” de la infancia que le enseñó la ley. Momento importante en la vida del Maestro por el cual, el niño que se formó y creció en el seno de esta comunidad, se ponía de pie y tomaba la palabra para anunciar y poner en acto el sueño de Dios. Una palabra proclamada hasta entonces solo como promesa de futuro, pero que en boca de Jesús solo podía decirse en presente, haciéndose realidad: «Hoy se ha cumplido».
Jesús revela el ahora de Dios que sale a nuestro encuentro para convocarnos también a tomar parte en su ahora de «llevar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia en el Señor» (cf. Lc 4,18-19). Es el ahora de Dios que con Jesús se hace presente, se hace rostro, carne, amor de misericordia que no espera situaciones ideales, situaciones perfectas para su manifestación, ni acepta excusas para su realización. Él es el tiempo de Dios que hace justa y oportuna cada situación, cada espacio. En Jesús se inicia y se hace vida el futuro prometido.
¿Cuándo? Ahora. Pero no todos los que allí lo escucharon se sintieron invitados o convocados. No todos los vecinos de Nazaret estaban preparados para creer en alguien que conocían y habían visto crecer y que los invitaba a poner en acto un sueño tan esperado. Es más, «decían: “¿pero este no es este el hijo de José?”» (Lc 4,22).
También a nosotros nos puede pasar lo mismo. No siempre creemos que Dios pueda ser tan concreto, tan cotidiano, tan cercano y tan real, y menos aún que se haga tan presente y actúe a través de alguien conocido como puede ser un vecino, un amigo, un familiar. No siempre creemos que el Señor nos pueda invitar a trabajar y a embarrarnos las manos junto a Él en su Reino de forma tan simple pero contundente. Cuesta aceptar que «el amor divino se haga concreto y casi experimentable en la historia con todas sus vicisitudes dolorosas y gloriosas» (BENEDICTO XVI, Audiencia general, 28 septiembre 2005).
Y no son pocas las veces que actuamos como los vecinos de Nazaret, que preferimos un Dios a la distancia: lindo, bueno, generoso, bien dibujadito, pero distante, y sobre todo un Dios que no incomode, un Dios domesticado. Porque un Dios cercano y cotidiano, amigo y hermano nos pide aprender de cercanías, de cotidianeidad y sobre todo de fraternidad. Él no quiso tener una manifestación angelical o espectacular, sino que quiso regalarnos un rostro hermano y amigo, concreto, familiar. Dios es real porque el amor es real, Dios es concreto porque el amor es concreto. Y es precisamente esta «concreción del amor lo que constituye uno de los elementos esenciales de la vida de los cristianos» (cf. BENEDICTO XVI, Homilía, 1 marzo 2006).
Nosotros también podemos correr los mismos riesgos que los vecinos de Nazaret, cuando en nuestras comunidades el Evangelio se quiere hacer vida concreta y comenzamos a decir: “Pero estos chicos, no son hijos de María, José, y no son hermanos de, son parientes de... Estos no son los jovencitos que nosotros ayudamos a crecer… Que se callen la boca, ¿cómo les vamos a creer?. Ese de allá, ¿no era el que rompía siempre los vidrios con su pelota”. Y lo que nació para ser profecía y anuncio del Reino de Dios termina domesticado y empobrecido. Querer domesticar la Palabra de Dios es tentación de todos los días.
E incluso a ustedes, queridos jóvenes, les puede pasar lo mismo cada vez que piensan que su misión, su vocación, que hasta su vida es una promesa pero solo para el futuro y nada tiene que ver con el presente. Como si ser joven fuera sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de su hora. Y en el “mientras tanto” de esa hora, les inventamos o se inventan un futuro higiénicamente bien empaquetado y sin consecuencias, bien armado y garantizado con todo “bien asegurado”. No queremos ofrecerles a ustedes un futuro de laboratorio.
Es la “ficción” de alegría. No es la alegría del hoy, del concreto, del amor. Así con esta ficción de la alegría los “tranquilizamos” y adormecemos para que no hagan ruido, para que no molesten mucho, para que no se pregunten ni pregunten, para que no se cuestionen ni nos cuestionen; y en ese “mientras tanto” sus sueños pierden vuelo, se vuelven rastreros, comienzan a dormirse, son “ensoñamientos” rastreros, pequeños y tristes (cf. Homilía del Domingo de Ramos, 25 marzo 2018), tan solo porque consideramos o consideran que todavía no es su ahora; que son demasiado jóvenes para involucrarse en soñar y trabajar el mañana. Y así los seguimos procrastinando. Y saben una cosa, que a muchos jóvenes esto les gusta. Por favor, ayudémosle a que no les guste, a que se rebelen, a que quieran vivir el ahora de Dios.
Uno de los frutos del pasado Sínodo fue la riqueza de poder encontrarnos y, sobre todo, escucharnos.
La riqueza de la escucha entre generaciones, la riqueza del intercambio y el valor de reconocer que nos necesitamos, que tenemos que esforzarnos en propiciar canales y espacios en los que involucrarse en soñar y trabajar el mañana ya desde hoy. Pero no aisladamente, sino juntos, creando un espacio común. Un espacio que no se regala ni lo ganamos en la lotería, sino un espacio por el que también ustedes deben pelear. Ustedes jóvenes deben pelear por su espacio hoy, porque la vida es hoy, nadie te puede prometer un día del mañana. tu jugarte es hoy, tu espacio es hoy, ¿como estas respondiendo a esto?
Porque ustedes, queridos jóvenes, no son el futuro. Nos gusta decir que son el futuro, no. Son el presente, ustedes jóvenes son el ahora de Dios. Él los convoca y los llama en sus comunidades, los llama en sus ciudades para ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó.
No mañana, ahora, porque allí, ahora, donde esté su tesoro allí estará también su corazón (cf. Mt 6,21); y aquello que los enamore conquistará no solo vuestra imaginación, sino que lo afectará todo. Será lo que los haga levantarse por la mañana y los impulse en las horas de cansancio, lo que les rompa el corazón y lo que les haga llenarse de asombro, de alegría y de gratitud. Sientan que tienen una misión y enamórense, que eso lo decidirá todo (cf. PEDRO ARRUPE, S.J., Nada es más práctico). Podremos tener todo, pero queridos jóvenes, si falta la pasión del amor, faltará todo. La pasión del amor hoy y dejemos que el Señor nos enamore y nos lleve hasta el mañana.
Para Jesús no hay un “mientras tanto” sino amor de misericordia que quiere anidar y conquistar el corazón. Él quiere ser nuestro tesoro, porque Jesús no es un “mientras tanto” en la vida o una moda pasajera, es amor de entrega que invita a entregarse.
Es amor concreto, de hoy, cercano, real; es alegría festiva que nace al optar y participar en la pesca milagrosa de la esperanza y la caridad, la solidaridad y la fraternidad frente a tanta mirada paralizada y paralizante por los miedos y la exclusión, la especulación y la manipulación. Hermanos: El Señor y su misión no son un “mientras tanto” en nuestra vida, un algo pasajero, no son solo una Jornada Mundial de la Juventud son nuestra vida de hoy y caminando.
Todos estos días de forma especial ha susurrado como música de fondo el “hágase” de María. Ella no solo creyó en Dios y en sus promesas como algo posible, le creyó a Dios y se animó a decir “sí” para participar en este ahora del Señor. Sintió que tenía una misión, se enamoró y eso lo decidió todo. Ustedes sientan que tienen una misión, se dejen enamorar y el Señor decidirá todo.
Como sucedió en la sinagoga de Nazaret, el Señor, en medio nuestro, sus amigos y conocidos, vuelve a ponerse de pie, a tomar el libro y decirnos: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,21).
Queridos jóvenes ¿Quieren vivir la concreción de su amor? Que vuestro “sí” siga siendo la puerta de ingreso para que el Espíritu Santo nos regale un nuevo Pentecostés a la Iglesia y al mundo. Que así sea.
***
Saludo del Santo Padre al final de la Misa
Al final de esta celebración, doy gracias a Dios por habernos dado la posibilidad de compartir estos días y vivir nuevamente esta Jornada Mundial de la Juventud.
De modo particular quiero agradecer la presencia en esta celebración del señor Presidente de Panamá, Juan Carlos Varela Rodríguez, como también la de Presidentes de otras naciones y la de las demás autoridades políticas y civiles.
Agradezco a Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá, su disponibilidad y su buen hacer al acoger en su Diócesis esta Jornada, así como a los demás obispos de este país y de los países vecinos, por todo lo que han realizado en sus comunidades para dar cobijo y ayuda a tantos jóvenes.
Gracias a todas aquellas personas que nos han sostenido con su oración, y que han colaborado con su esfuerzo y trabajo para hacer realidad este sueño de la Jornada Mundial de la Juventud en este país.
Y a ustedes, queridos jóvenes, un grande «gracias». Su fe y su alegría han hecho vibrar a Panamá, a América y al mundo entero. Como tantas veces escuchamos durante estos días en el Himno de esta JMJ: “Somos peregrinos que venimos hoy aquí desde continentes y ciudades”.
Estamos en camino, sigan caminando, sigan viviendo la fe y compartan la fe. No se olviden que no son el mañana, no son el “mientras tanto” sino el ahora de Dios.
Ya se ha anunciado la sede de la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Les pido que no dejen enfriar lo que han vivido durante estos días. Vuelvan a su parroquias y comunidades, a sus familias y a sus amigos, y transmitan lo que han vivido, para que otros puedan vibrar con esa fuerza e ilusión que ustedes tienen.
Con María sigan diciendo “sí” al sueño que Dios sembró en ustedes.
Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias.

La hermosa oración que el Papa rezó por los jóvenes en la Vigilia de la JMJ Panamá 2019 26012019

La hermosa oración que el Papa rezó por los jóvenes en la Vigilia de la JMJ Panamá 2019

El Papa Francisco reza ante la imagen peregrina oficial de la Virgen de Fátima en Panamá. Captura Youtube


Al concluir la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019 que se realizó esta tarde en el Campo Juan Pablo II, el Papa Francisco pronunció una especial oración por los jóvenes.
A continuación, la “Oración junto a María” que el Santo Padre rezó por los jóvenes:
Queridos jóvenes,
ustedes nunca han estado solos en su camino de fe,
siempre han tenido el ejemplo y la compañía de la Madre de Jesús,
ejemplo de escucha y respuesta a la voz de Dios.
Como en aquel momento al pie de la cruz,
María siempre nos acompaña en nuestras dificultades y se conmueve con nuestras esperanzas.
Hoy volvemos a escuchar la voz de Jesús que nos dice “he ahí a tu Madre”,
como el apóstol Juan, también ustedes están llamados a acogerla en sus vidas.
Durante esta noche, María sigue intercediendo por el mundo y por la Iglesia,
continúa acompañando sus oraciones, anhelos y respuestas.
También esta noche podemos escucharla decir:
Hagan lo que Él les diga.

Papa pide a consagrados no caer en “una de las peores herejías posibles” de esta época 26012019



El Papa Francisco en la Misa con los sacerdotes y consagrados - Foto: Vatican Media / ACI Prensa

El Papa Francisco en la Misa con los sacerdotes y consagrados - Foto: Vatican Media / ACI Prensa

Papa pide a consagrados no caer en “una de las peores herejías posibles” de esta época


En la Misa de consagración del altar de la Catedral Basílica de Santa María la Antigua de Panamá, el Papa Francisco alentó a sacerdotes a no dejarse vencer por los cambios que parecen “poner en duda” la viabilidad de la vida religiosa y evitar caer en “una de las peores herejías posibles para nuestra época”.
El Santo Padre llegó a la catedral pasadas las nueve de la mañana y al ingresar al templo colocó una rosa de plata en la imagen de Santa María la Antigua, traída por los españoles en 1510.
Luego, el Pontífice asperjó agua bendita al altar de la catedral, ubicada en el casco antiguo de la capital y sede de la Arquidiócesis de Panamá.
En la homilía que pronunció ante cientos de sacerdotes, consagrados y miembros de movimientos laicales, el Papa Francisco reflexionó sobre el encuentro de Jesús con la samaritana en el Evangelio y se refirió al cansancio que experimentan los sacerdotes y consagrados ante los cambios que “parecen poner en duda” la viabilidad de la vida religiosa.
El Papa advirtió que aunque en las comunidades se aparente normalidad, “la fe se desgasta y se degenera”.
“Desilusionados con la realidad que no entendemos o que creemos que no tiene ya lugar para nuestra propuesta, podemos darle ‘ciudadanía’ a una de las peores herejías posibles para nuestra época: pensar que el Señor y nuestras comunidades no tienen nada que decir ni aportar en este nuevo mundo que se está gestando. Y entonces sucede que lo que un día surgió para ser sal y luz del mundo termina ofreciendo su peor versión”.
El Pontífice enumeró algunas de las causas que provocan cansancio en los consagrados: “desde largas horas de trabajo que dejan poco tiempo para comer, descansar y estar en familia, hasta ‘tóxicas’ condiciones laborales y afectivas que llevan al agotamiento y agrietan el corazón”.
“Todas reclaman, como grito silencioso, un pozo desde donde volver a empezar”, explicó.
El Papa pidió a los consagrados no paralizarse “ante la intensidad y perplejidad de los cambios que como sociedad estamos atravesando”.
“Estos cambios parecieran cuestionar no solo nuestras formas de expresión y compromiso, nuestras costumbres y actitudes ante la realidad, sino que ponen en duda, en muchos casos, la viabilidad misma de la vida religiosa en el mundo de hoy. E incluso la velocidad de esos cambios puede llevar a inmovilizar toda opción y opinión y, lo que supo ser significativo e importante en otros tiempos parece ya no tener lugar”, dijo el Papa.
El Pontífice alentó a los consagrados a recuperar “la pasión de enamorados” de su vocación y “volver sin miedo al pozo fundante del primer amor, cuando Jesús pasó por nuestro camino, nos miró con misericordia, nos pidió seguirlo; al decirlo recuperamos la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los nuestros, el momento en que nos hizo sentir que nos amaba y no solo de manera personal sino también como comunidad”.
Les recordó que “no cualquier novedad, por muy seductora que parezca, puede aliviar la sed” y “el Espíritu no engendró una obra puntual, un plan pastoral o una estructura a organizar sino que, por medio de tantos santos de la puerta de al lado ―entre los cuales encontramos padres y madres fundadores de nuestros institutos, obispos y párrocos que supieron poner fundamento a sus comunidades―, regaló vida y oxígeno a un contexto histórico determinado que parecía asfixiar y aplastar toda esperanza y dignidad”.
El Papa les pidió evitar “el riesgo de partir desde nosotros mismos y abandonaremos la cansadora auto-compasión para encontrar los ojos con los que Cristo hoy nos sigue buscando, llamando e invitando a la misión”.
Luego de su homilía, el Papa procedió a la consagración de la mesa del altar, ungido con el santo crisma, incensado y revestido con los manteles para prepararlo para la Eucaristía. Asimismo, dentro de la mesa se colocaron las reliquias de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Óscar Romero y San Juan Pablo II.