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martes, 28 de abril de 2015

Maná y Vivencias Pascuales (24), (Sé tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios) san Pedro Crisólogo 28.4.15

Maná y Vivencias Pascuales (24), 28.4.15

Martes de la 4ª Semana de Pascua

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Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen, y yo les doy la vida eterna



Antífona de entrada: Apocalipsis 19, 7.6
Con alegría y regocijo demos gloria a Dios, porque ha establecido su reinado el Señor. Aleluya.
TEXTOS ILUMINADORES.- Mis ovejas conocen mi voz y yo las conozco a ellas. Ellas me siguen y yo les doy vida eterna: nunca morirán. Nadie me las puede quitar porque mi Padre que me las ha dado es mayor que todos, y nadie se las puede quitar a él. Yo y mi Padre somos uno” (Jn 10, 27-30).
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Antes erais “no pueblo”, ahora sois “pueblo de Dios”; antes erais “no compadecidos”, ahora sois “compadecidos” (1 P 2, 9-10).


ORACIÓN COLECTA
Te pedimos, Señor todopoderoso, que la celebración de las fiestas de Cristo resucitado aumente en nosotros la alegría de sabernos salvados. Por nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.
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PRIMERA LECTURA: Hechos 11, 19-26
En aquellos días, los que se habían dispersado a raíz de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, la isla de Chipre y la ciudad de Antioquía, aunque sólo predicaban a los judíos.
Sin embargo, había entre ellos algunos hombres de Chipre y de Cirene que al llegar a Antioquía predicaron también a los griegos y les anunciaron la buena nueva del Señor Jesús. La mano del Señor estaba con ellos, y fueron numerosos los que creyeron y siguieron al Señor.
Esta noticia llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y mandaron a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró y los animó a permanecer fieles al Señor con firme corazón, pues era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Así una enorme multitud conoció al Señor.
Bernabé entonces salió para Tarso en busca de Saulo, y apenas lo halló, lo llevó consigo a Antioquía. En esta Iglesia convivieron todo un año y enseñaron la doctrina cristiana a mucha gente. En Antioquía fue donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”.


SALMO 86, 1-3. 4-5. 6-7
Alabad al Señor, todas las naciones.
Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.» Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Éste ha nacido allí.» Y cantarán mientras danzan: «Todas mis fuentes están en ti.»


Aclamación antes del Evangelio: Juan 10, 27
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, y yo las conozco y ellas me siguen. Aleluya.
EVANGELIO: Juan 10, 22-30.- Yo y el Padre somos uno.
En aquel tiempo se celebraba en Jerusalén la fiesta conmemorativa de la Dedicación del Templo. Era invierno y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si eres el Cristo, dínoslo claramente”.
Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho, pero ustedes no quieren creer. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre declaran quién soy yo. Pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas.
Mis ovejas conocen mi voz y yo las conozco a ellas. Ellas me siguen y yo les doy vida eterna: nunca morirán. Nadie me las puede quitar porque mi Padre que me las ha dado es mayor que todos, y nadie se las puede quitar a él. Yo y mi Padre somos uno”.
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Antífona de Comunión: Colosenses 3,17
Todo lo que de palabra o de obra realicéis sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la acción de gracias a Dios. Aleluya.


De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
Sé tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios.
Os exhorto, por la misericordia de Dios, nos dice san Pablo. Él nos exhorta, o mejor dicho, Dios nos exhorta, por medio de él. El Señor se presenta como quien ruega, porque prefiere ser amado que temido, y le agrada más mostrarse como Padre que aparecer como Señor. Dios, pues, suplica por misericordia para no tener que castigar con rigor.
Escucha cómo suplica el Señor: «Mirad y contemplad en mí vuestro mismo cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si ante lo que es propio de Dios teméis, ¿por qué no amáis al contemplar lo que es de vuestra misma naturaleza? Si teméis a Dios como Señor, ¿por qué no acudís a él como Padre?
Pero quizá sea la inmensidad de mi Pasión, cuyos responsables fuisteis vosotros, lo que os confunde. No temáis. Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen es introduciros más en mis entrañas. Mi cuerpo al ser extendido en la cruz os acoge con un seno más dilatado, pero no aumenta mi sufrimiento. Mi sangre no es para mí una pérdida, sino el pago de vuestro precio.
Venid, pues, retornad y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien por mal, amor por injurias, inmensa caridad como paga de las muchas heridas».
Pero escuchemos ya lo que nos dice el Apóstol: Os exhorto –dice– a presentar vuestros cuerpos. Al rogar así el Apóstol eleva a todos los hombres a la dignidad del sacerdocio: a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.
¡Oh inaudita riqueza del sacerdocio cristiano: el hombre es, a la vez, sacerdote y víctima! El cristiano ya no tiene que buscar fuera de sí la ofrenda que debe inmolar a Dios: lleva consigo y en sí mismo lo que va a sacrificar a Dios. Tanto la víctima como el sacerdote permanecen intactos: la víctima sacrificada sigue viviendo, y el sacerdote que presenta el sacrificio no podría matar esta víctima.
Misterioso sacrificio en que el cuerpo es ofrecido sin inmolación del cuerpo, y la sangre se ofrece sin derramamiento de sangre. Os exhorto, por la misericordia de Dios –dice–, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.
Este sacrificio, hermanos, es como una imagen del de Cristo que, permaneciendo vivo, inmoló su cuerpo por la vida del mundo: él hizo efectivamente de su cuerpo una hostia viva, porque a pesar de haber sido muerto, continúa viviendo. En un sacrificio como éste, la muerte tuvo su parte, pero la víctima permaneció viva; la muerte resultó castigada; la víctima, en cambio, no perdió la vida.
Así también, para los mártires, la muerte fue un nacimiento: su fin, un principio; al ajusticiarlos encontraron la vida y, cuando, en la tierra, los hombres pensaban que habían muerto, empezaron a brillar resplandecientes en el cielo.
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como una hostia viva. Es lo mismo que ya había dicho el profeta: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.
Hombre, procura, pues, ser tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios. No desprecies lo que el poder de Dios te ha dado y concedido.
Revístete con la túnica de la santidad, que la castidad sea tu ceñidor, que Cristo sea el casco de tu cabeza, que la cruz defienda tu frente, que en tu pecho more el conocimiento de los misterios de Dios, que tu oración arda continuamente, como perfume de incienso: toma en tus manos la espada del Espíritu: haz de tu corazón un altar, y así, afianzado en Dios, presenta tu cuerpo al Señor como sacrificio.
Dios te pide la fe, no desea tu muerte; tiene sed de tu entrega, no de tu sangre; se aplaca, no con tu muerte, sino con tu buena voluntad (Sermón 108: PL 52, 499-500).

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domingo, 26 de abril de 2015

Domingo de la IV semana de Pascua, Ciclo B (DOMINGO DEL BUEN PASTOR) Maná y Vivencias Pascuales (22), 26.4.15

Domingo de la IV semana de Pascua, Ciclo B



DOMINGO DEL BUEN PASTOR
Jornada mundial de Oración por las vocaciones consagradas
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 «Yo y el Padre somos uno.» Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño
«Yo y el Padre somos uno» Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño

TEXTO ILUMINADOR.- El Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
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Antífona de entrada: Sal 32, 5-6
La misericordia del Señor llena la tierra, la palabra del Señor hizo el cielo. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo; concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 4, 8-12
En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»
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SALMO 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes.
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor. Tu eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.


SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3, 1-2
Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aun no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 10, 14
Aleluya, aleluya. Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, conozco a mis ovejas y ellas me conocen. Aleluya.


EVANGELIO: Juan 10,11-18
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»


Antífona de comunión
Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya.


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COMENTARIO
Conforme vamos avanzando en el camino pascual, la Iglesia nos recuerda los pasos de la primitiva comunidad de los discípulos de Jesús. Ellos experimentaron un proceso de crecimiento en la fe que posibilitaba el triunfo real de Jesús Resucitado en todos los ámbitos de la vida: en lo personal, comunitario y social; tanto en el mundo judío, como en el pagano.
Estamos en los últimos tiempos y la voluntad salvífica del Padre tiene que hacerse efectiva porque Cristo ha llevado a plenitud la salvación en su propia persona y ha dejado su Espíritu para que los discípulos puedan hacer las mismas obras que su Maestro. Pedro y los apóstoles hacen milagros y signos que suscitan la admiración de la gente y la fe. La Palabra es proclamada con poder, la Iglesia se edifica y robustece, los que creen quedan llenos del gozo del Espíritu.
El Resucitado lleva a plenitud el pastoreo que ejerció durante su vida terrena gracias a la acción del Espíritu. Al despedirse Jesús les dijo claramente: Me quedan muchas cosas por deciros, pero por ahora no podéis cargar con ellas; cuando venga el Espíritu, os enseñará todo.
Gracias al Espíritu que les ha insuflado el Resucitado, los discípulos pueden escuchar mejor la voz inconfundible de su Señor, el Buen Pastor, y lo siguen con mayor convicción y valentía, con esperanza. Los sostiene el Espíritu derramado en sus corazones que les atestigua que Cristo está vivo y que el Padre los ama y les ha entregado definitivamente el Reino.
Por eso, celebramos hoy a Cristo el Buen Pastor. Él sigue vivo reuniendo a sus hermanos de entre todos los pueblos. La Palabra no está encadenada y debe ser predicada hasta los confines de la tierra. Y como la mies que le ha dado el Padre es abundante, Cristo sigue buscando colaboradores para llevar a cabo la obra que el Padre le ha encomendado, y que nadie se pierda. Para tan ingente tarea faltan brazos. Hoy la Iglesia, extendida por todo el mundo, pide al Dueño que envíe obreros a su mies.
Además de orar, nuestro compromiso debe llegar hasta la promoción y propuesta de la vocación a ciertas personas que conocemos. En estos días los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan la conversión de san Pablo y su llamada a predicar el Evangelio a todas las gentes. ¿Proponer la vocación y llamar a un perseguidor de la Iglesia? ¡A quién se le ocurre!
Así son los designios de Dios. Para él todo es posible. Él quiere seguir llamando porque nadie debería perderse. ¿Le prestarás tu voz para proponer a tu hermano, cercano o lejano, el seguimiento de Jesús? A lo mejor, tú mismo podrías ofrecer tu voz y tus pies para proclamar que Cristo está vivo, ya que la mies sigue siendo en nuestros días abundante y los obreros pocos. Piénsalo ante Cristo el Buen Pastor, cuyo corazón es consumido por el celo de la gloria de Dios.
Con esta intención vocacional y de testimonio elevamos nuestra súplica agustiniana en comunión con toda la Iglesia.
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SEÑOR, DIOS NUESTRO: HAZ QUE EL CLAMOR DE TU VOZ LLEGUE A MUCHOS; QUE SE LEVANTEN Y VIVAN UNIDOS EN TI.
PREPARA SUS CORAZONES CON TU PALABRA, DE MODO QUE SE DISPONGAN A EVANGELIZAR A LOS POBRES, Y A CUIDAR DE TU MIES ABUNDANTE.
SEÑOR, QUE TODOS LOS LLAMADOS A LA VIDA AGUSTINA RECOLETA ESCUCHEN TU VOZ Y PUEDAN CUMPLIR TU VOLUNTAD.- AMÉN.

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