La muerte, Halloween y Urda
"¿Qué ha cambiado entre el sujeto cristiano y el poscristiano? Que ya no cree que la muerte fue vencida. Pero una muerte invicta solo deja dos salidas: el pánico cuando llega y la caricatura mientras tanto. Halloween es la caricatura. Urda nos devuelve el pánico"

Miedo o fe
¿Qué brota del corazón tras lo acontecido en Urda? ¿Vestirnos de muertos o ir a los cementerios a rezar por ellos? Los acontecimientos de muerte de estos días coinciden con que muchos van a celebrar el Halloween. Este fin de semana en España conviven la careta y la oración. Es contradictorio. Por eso se hace deseable reflexionar sobre ello y elegir.
Al menos sesenta y nueve vidas truncadas en los trenes. Familias que el miércoles se dijeron por el WhatsApp un «luego te llamo» o un «te recojo en la estación», sin saber que iba a ser lo último en esta vida. La muerte no avisa. Esta semana a muchos ha mirado a los ojos. Y desde luego a todos nos ha interpelado con este acontecimiento tan tremendo. El país que llora en Urda llena estos días sus calles de calaveras, sangre falsa y zombis. Me dirán los críticos que ambas cosas no tienen nada que ver, sin embargo tienen todo que ver. Halloween educa en un modo concreto de mirar y afrontar la muerte. Una visión vacía e infantil que utiliza la risa y la burla para enfrentar lo que ya no se comprende. Sin darnos cuenta nos vamos convirtiendo en lo que celebramos.
Tres veces vi ayer en tres establecimientos distintos signos explícitamente demoniacos. Halloween no es una fiesta inocente. Es un aquelarre con apariencia de carnaval, aunque muchos no lo noten. Y es también el síntoma de algo más profundo: la persona poscristiana no sabe ya dar una respuesta esperanzadora a la muerte. Pero sigue dándole un miedo atroz. El accidente de esta semana lo ha recordado.
Lo que nos angustia y no sabemos integrar, lo banalizamos. Es un mecanismo de defensa. Banalizar la realidad nos impide madurar. Nuestros abuelos no se disfrazaban de muertos: iban a verlos. Limpiaban lápidas, llevaban flores, rezaban junto a la tumba. Miraban la muerte de frente porque sabían que no era el final. ¿Qué ha cambiado entre el sujeto cristiano y el poscristiano? Que ya no cree que la muerte fue vencida. Solo muerte, sin resurrección. Pero una muerte invicta solo deja dos salidas: el pánico cuando llega y la caricatura mientras tanto. Halloween es la caricatura. Urda nos devuelve el pánico. Muchos han llevado la muerte de las tumbas que esperan la resurrección al esparcimiento de cenizas en mares y montañas. Sin maldad ninguna. Es una pérdida del sentido. Como no se entiende, la muerte es el tema tabú del que no hablar. Pero lo que no se nombra no desaparece: vuelve disfrazado. Literalmente.
El 1 de noviembre celebramos en la Iglesia la fiesta de Todos los Santos, y el día 2 la de Todos los Fieles Difuntos. Un cristiano no esquiva la muerte: la atraviesa. No la maquilla ni la ridiculiza. La mira, la llora y la pone en manos de Aquel que conoce el camino para salir de la tumba porque ya lo ha transitado. Cristo no vino a explicar la muerte con teoría, sino a vencerla desde dentro. Por eso el cristiano puede llorar sin desesperar y mirar una tumba sin huir. Tener esperanza en medio de la larga noche del duelo. Sufrimos porque tenemos corazón, pero ese corazón también espera al Amor para siempre porque tiene sed de Él.
La película de Coco dice que los muertos viven mientras alguien los recuerda. Muchos así lo creen y les parece bonito. A mi me parece descorazonador. ¿Qué pasa cuando muere el último que los recordaba? Lo cristiano es más. Es esperanza desbordada: aunque nadie se acuerde de ti en esta vida o aunque te olviden cuando mueras, Dios no te olvida. Lo que Jesús ha venido a darnos es vida por un tiempo, es vida eterna.
Los muertos de Urda no son una cifra. Tienen nombre, historia y un Padre que los espera con los brazos abiertos. Por eso rezamos y ofrecemos Eucaristías en vez de ruedas de prensa señalando culpables. El llanto de sus familias y amigos no es en vano porque el amor no se acaba. Por eso vamos a los cementerios, por eso velamos a los muertos llorando y rezando rosarios. Sin máscaras ni caretas, cara a cara. Porque la muerte ha sido vencida.
La fe vence al miedo, la ausencia de ella lo alimenta. Tú, ¿qué celebras?
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