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domingo, 17 de enero de 2016

El Papa en la sinagoga: ‘Pertenecemos a una única familia’ 17012016

El Papa en la sinagoga: ‘Pertenecemos a una única familia’

Francisco es el tercer Pontífice que visita el Templo Mayor de Roma
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CTV
El papa Francisco, siguiendo los pasos de sus predecesores –Benedicto XVI y Juan Pablo II– ha visitado esta tarde la Sinagoga de Roma, cumpliendo así un nuevo gesto de fraternidad y unidad entre ambas religiones.
Así, el Santo Padre ha recordado hoy que el pueblo judío, en su historia, ha tenido que experimentar la violencia y la persecución, hasta el exterminio de los judíos europeos durante la Shoah. Por eso, ha dedicado unas palabras a todas las víctimas de “la más deshumana barbarie”, recordando “sus sufrimientos, sus angustias, sus lágrimas que no deben ser nunca olvidadas”. En esta línea, el Papa ha observado que el pasado nos debe servir como lección para el presente y para el futuro. La Shoah –ha añadido– nos enseña que es necesaria siempre la máxima vigilancia, para poder intervenir tempestivamente en defensa de la dignidad humana y de la paz.
El Santo Padre ha entrado en el Templo mayor acompañado del rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni. Dentro, les esperaban la comunidad romana y representantes de varias comunidades judías de Europa. El Pontífice ha iniciado su discurso dando las gracias en hebreo:  Todà rabbà! Asimismo ha expresado su “saludo fraterno de paz de esta Iglesia y de toda la Iglesia católica”.
Francisco ha contado que ya en Buenos Aires tenía costumbre de ir a las sinagogas y reunirse con las comunidades judías. En el diálogo interreligioso –ha explicado– es fundamental que nos encontremos como hermanos y hermanas delante de nuestro Creador y le alabemos, que nos respetemos y apreciemos unos a otros y busquemos colaborar. Por eso ha asegurado que en el diálogo judeo-cristiano hay una unión única y peculiar, en virtud de las raíces judías del cristianismo.
Recordando la expresión que utilizó Juan Pablo II en este mismo lugar en 1986, refiriéndose a los judíos como “hermanos mayores”, el papa Francisco ha recordado que “todos nosotros pertenecemos a una única familia, la familia de Dios, quien nos acompaña y protege como su pueblo”.
Por otro lado, el Santo Padre ha precisado que judíos y católicos “estamos llamados a asumir nuestras responsabilidades por esta ciudad, aportando nuestra contribución, sobre todo espiritual, y favoreciendo la resolución de los distintos problemas actuales”.
También ha hecho referencia al 50 aniversario de la Declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, que hizo posible el diálogo sistemático entre la Iglesia católica y el judaísmo. A propósito, ha asegurado que la dimensión teológica del diálogo judeo-cristiano merece ser cada vez más profundizada, y ha animado a todos aquellos “que están comprometidos en este diálogo para continuar en esta línea, con discernimiento y perseverancia”. Asimismo, el Santo Padre ha observado que los cristianos, para comprenderse a sí mismos, no pueden no hacer referencia a las raíces judías.
Dejando las cuestiones puramente teológicas y reflexionando sobre los grandes desafíos del mundo, el Pontífice ha señalado que “conflictos, guerras, violencia e injusticias abren heridas profundas en la humanidad” y “nos llaman a reforzar el compromiso por la paz y la justicia”. Y ha afirmado que “la violencia del hombre sobre el hombre está en contradicción con toda religión digna de este nombre, y en particular con las tres grandes religiones monoteístas”.
Asimismo ha precisado que “ni la violencia ni la muerte tendrán nunca la última palabra delante de Dios, que es el Dios del amor y de la vida”. Y debemos rezarle con insistencia –ha añadido– para que nos ayude a practicar en Europa, en Tierra Santa, en Oriente Medio, en África y en cualquier parte del mundo la lógica de la paz, de la reconciliación, del perdón, de la vida.
Para finalizar su discurso, el Santo Padre se ha dirigido a los “queridos hermanos mayores” para recordarles que “debemos realmente estar agradecidos por todo lo que ha sido posible realizar en los últimos cincuenta años, porque entre nosotros han crecido y se han profundizado la comprensión recíproca, la mutua confianza y la amistad”.
A su llegada, Francisco ha sido recibido por la presidenta de la comunidad judía romana, Ruth Dureghello, el presidente de la Unión de las Comunidades judías italianas, Renzo Gattegna, y por el presidente de la Fundación Museo de la Shoah, Mario Venezia. El Santo Padre ha depositado unas flores en las lápidas que recuerdan la deportación de los judíos romanos en 1943 y se ha detenido también frente a la efigie en recuerdo de  Stefano Gai Taché, el niño asesinado en el atentado terroristas de 1982. También ahí ha dejado unas flores y ha saludado a la familia de Taché y a los heridos en el atentado.
Antes del discurso del Papa, también se han dirigido a los presentes, Ruth Dureghello, Renzo Gattegna y finalmente Riccardo Di Segni.  Ruth Dureghello, en su discurso ha subrayado que todos debemos decir al terrorismo que se pare. “No solo al terrorismo de Madrid, de Londres, de Bruselas y de París, sino también al que golpea casi todos los días a Israel”, ha observado. Asimismo ha manifestado su esperanza de que el mensaje de paz, llegue a tantos musulmanes que comparten con nosotros la responsabilidad de mejorar el mundo en el que vivimos. “Juntos podemos hacerlo”, ha asegurado.
Por su parte, Gattegna, reflexionando sobre los progresos realizados en el diálogo, ha advertido que este panorama positivo “no debe llevar a nadie a interrumpir el trabajo para nuevos progresos”. En particular, ha observado que es necesario realizar una estrategia común que consienta una amplia difusión, ante toda la población, del conocimiento de los grandes trabajos realizados y de la consolidación de los sentimientos de amistad y fraternidad.  
Finalmente, el rabino Di Segni ha manifestado el deseo de todos de que llegue un momento no lejano en la historia en el que se resuelvan las divisiones. En el que cada uno tiene su visión, pero al mismo tiempo, cada uno permaneciendo fiel a la propia tradición, encuentre una forma de respetarse el uno al otro.

sábado, 16 de enero de 2016

Los Papas y los judíos: del Concilio a los “hermanos mayores” de Wojtyla 15012016

Los Papas y los judíos: del Concilio a los “hermanos mayores” de Wojtyla
El papa Francisco será el tercer Pontífice en visitar la Sinagoga de Roma el próximo domingo, 17 de enero. Un nuevo impulso a un camino de fraternidad y reconciliación comenzado hace 50 años
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Wikipedia
Lo que marcó un antes y un después fue cuando Juan Pablo II, el 13 de abril de 1986, cruzó el umbral de la Sinagoga de Roma, el Templo Mayor, una de las sinagogas más grandes de Europa. El mismo lugar que el domingo 17 de enero visitará también el papa Francisco. Aquella vez fue la primera que un Pontífice realizaba un gesto similar. Nadie, ni judíos ni cristianos, estaban preparados para un evento similar; todos, sin embargo, tenían una certeza: es ese momento se estaba escribiendo un capítulo de la historia. Una historia de reconciliación entre dos pueblos iniciada ya con el Concilio Vaticano II y la redacción deNostra Aetate, piedra angular del diálogo de la Iglesia con las otras religiones, especialmente  con el judaísmo definido por primera vez de forma oficial como el humus del que floreció el cristianismo.

Incluso antes del Concilio estuvo ese inolvidable gesto de san Juan XXIII que, en 1959, hizo parar, en el Lungotevere, al coche que viajaba y al cortejo pontificio para bendecir a los judíos que, siendo sábado, salían de la Sinagoga. Un gesto revolucionario, de gran simbología, que supuso para el Papa el entusiasmo de todos los presentes que rodearon su coche para aplaudirlo y saludarlo.
Llegó después el viaje de Pablo VI a Tierra Santa, en 1964, que sirvió de trampolín para esta historia de redescubrimiento de las raíces comunes. A esta, el santo Wojtyla dio el impulso final escribiendo un nuevo capítulo que como título tenía una sencilla expresión, “hermanos mayores”. Expresión que desterró completamente a otra: ese “judíos pérfidos” contenido en la oración del Viernes Santo que identificaba las difíciles relaciones vividas entre católicos y judíos hasta el Concilio. Con dos palabras, el Papa polaco sintetizó el profundo cambio que estaba teniendo lugar en la Iglesia y que aún hoy continúa desarrollándose: año tras año, Papa tras Papa.

Desde esa visita a la comunidad judía romana nada fue como antes: el abrazo entre los dos pueblos hermanos deseado por muchos (no por todos) de una simple esperanza pasó a ser algo concreto. De hecho, no se pueden olvidar los gestos de fraternidad y recíproca acogida entre el Pontífice y el entonces rabino jefe de Roma, Elio Toaff. El mismo Toaff, cuyo nombre aparece en el testamento espiritual de Wojtyla, junto al del entonces prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, el cardenal Joseph Ratzinger, después Benedetto XVI, y del cardenal Stanisław Dziwisz, arzobispo de Cracovia, durante cuarenta años secretario particular del Santo Padre. Signo de una unión “que va más allá de lo oficial. Una simpatía sustancial que lleva a la amistad allí donde el perfil doctrinal puede crear problemas”.

Precisamente Toaff, en el volumen autobiográfico ‘Judíos pérfidos, hermanos mayores’, describe detalladamente esos instantes: “Juntos entramos en el Tempo. Entré en medio del público silencioso, en pie, como en sueños, el Papa a mi lado, detrás los cardenales, prelados y rabinos: un cortejo insólito, y ciertamente único en la larga historia de la Sinagoga. Subimos en la Tevá y nos dirigimos hacia el público. Y entonces estalló el aplauso. Un aplauso larguísimo y liberador, no solo para mí sino para todo el público, que finalmente entendió completamente la importancia del momento… El aplauso estalló (nuevamente) con fuerza cuando (el Papa) dijo: ‘Sois nuestros hermanos predilectos y, en cierto modo, se podría decir, nuestros hermanos mayores’”.

Siguieron en los años sucesivos otros encuentros entre los dos líderes religiosos, a menudo privados, y a través de cartas. Muchas cartas. Como esa enviada por Juan Pablo II al rabino en la Pascua judía de 1987, en la que, recordaba Toaff: “El papa Wojtyla me escribía para que me hiciera portavoz ante mi comunidad de sus votos para que prosigamos juntos, judíos y cristianos, en el camino de la libertad y de la fe en la esperanza, con la alegría que está en nuestros corazones durante la gran solemnidad pascual”, “recordémonos en cada momento de nuestra vida que el hombre está hecho a imagen de Dios”, decía Juan Pablo II.

Después de él, Benedicto XVI acudió el 17 de enero de 2010 a la misma famosa y antigua Sinagoga, que surgió –más bien resurgió– entre el 1901 y 1904 en una de las cuatro parcelas de terreno obtenidas por la demolición de las zonas más en ruinas del Ghetto. Los judíos romanos –cuya presencia en la capital de Italia se remonta al año 70– quisieron con fuerza que el nuevo Templo surgiera entre los dos mayores símbolos de la reencontrada libertad: el Campidoglio, sede del ayuntamiento, y el Gianicolo, lugar de las batallas más ásperas de la reunificación de Italia, y que fuera grande y visible desde cualquier punto panorámico de la ciudad.
El resultado fue un edificio ecléctico, impresionante por dentro y por fuera gracias a sus formas asiro-babilonas. Benedicto XVI entró 24 años después de su predecesor. En su discurso, el papa alemán quiso entrar enseguida en la raíz de la visita del papa polaco: “Viniendo entre vosotros por primera vez como cristiano y como Papa, mi venerado predecesor Juan Pablo II quiso ofrecer una contribución decisiva a la consolidación de las buenas relaciones entre nuestras comunidades, para superar toda incomprensión y prejuicio. Mi visita se incluye en el camino trazado, para confirmarlo y reforzarlo…”, dijo.

No faltó en esa ocasión, la confirmación de la petición de perdón “por todo lo que ha podido favorecer de alguna manera las llagas del antisemitismo y del antijudaísmo”. “¡Puedan estas llagas ser sanadas para siempre!”, afirmó Ratzinger, elevando la misma sentida oración que Wojtyla pronunció en el Muro de las Lamentaciones, el 26 de marzo de 2000: “….nos duele profundamente el comportamiento de cuantos, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos tus hijos, y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la alianza”.

Por tanto, es un camino ampliamente trabajado el que, el próximo domingo, recorrerá el papa Francisco, desde siempre muy cercano al mundo judío (recordemos su gran amistad con el rabino argentino Abraham Skorka).

Tal camino se enriquecerá con nuevas piezas, coincidiendo con la visita del Pontífice,  la 27ª Jornada de la Iglesia italiana para la profundización y el desarrollo del diálogo entre católicos y judíos,  así como un contexto histórico marcado por varios conflictos en el mundo y por la violencia extremista en nombre de las religiones. Sin olvidar el marco del Jubileo de la Misericordia, también este un evento católico pero de raíz judía, que revive de forma particular la unión entre estos dos pueblos hermanos.

San Juan Pablo II y los judíos «nuestros hermanos mayores» 15012016

San Juan Pablo II y los judíos «nuestros hermanos mayores»

San Juan Pablo II y el Rabino Jefe de Roma Elio Toaff
15/01/2016 14:27
 
(RV).- Con la visita del Papa Francisco a la Sinagoga de Roma, resuenan las palabras de Juan Pablo II, el primer Sucesor de Pedro que visitó el Templo Mayor de la capital italiana, el 13 de abril de 1986, y que unos años antes, el 7 de junio de 1979, había sido también el primer Pontífice que visitó «como peregrino» - como dijo él mismo -  el campo de campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, que definió como «Gólgota del mundo moderno».
En la histórica celebración en la sinagoga romana, el Papa polaco reiteró su profunda execración por el genocidio perpetrado contra el pueblo judío, que llevó al holocausto de millones de víctimas inocentes. Y contó que se había detenido en oración por las numerosas víctimas de diversas naciones, en particular ante una lápida, con una inscripción en lengua hebraica:
«Esta inscripción suscita el recuerdo el pueblo, cuyos hijos e hijas estaban destinados al exterminio total. Este pueblo tiene su origen en Abrahán, que es padre de nuestra fe, como dijo Pablo de Tarso. Precisamente este pueblo que recibió de Dios el mandamiento ‘no matar’, sufrió sobre sí mismo en medida particular lo que significa matar. Ante esta lápida no le es lícito a nadie pasar con indiferencia».
Tras hacer hincapié en que su visita al Templo Mayor de Roma anhelaba consolidar las buenas relaciones entre cristianos y judíos y recordando la declaración conciliar Nostra Aetate, destacó algunos de sus puntos relevantes.
Y pronunció esas célebres palabras dirigidas a nuestros «hermanos predilectos» y nuestros «hermanos mayores»
«El primero es que la Iglesia de Cristo descubre sus ‘vínculos’ con el judaísmo investigando su propio misterio. La religión judía no nos es extrínseca, sino que de alguna forma es intrínseca para nuestra religión. Tenemos pues con ella relaciones que no tenemos con ninguna otra religión. Ustedes son nuestros hermanos predilectos y, en cierto modo, se podría decir nuestros hermanos mayores».
(CdM – RV)

viernes, 15 de enero de 2016

Visita del Papa Francisco a la Sinagoga de Roma 15012016

Visita del Papa Francisco a la Sinagoga de Roma

El Papa Francisco en oración en el Yad Vashem, en Jerusalén, el 26 de mayo de 2014 - AFP
15/01/2016 11:09
La tarde del domingo, 17 de enero, de 2016, nuevo hito en el camino de encuentro, amistad y diálogo fraterno entre católicos y judíos
 
(RV).- Tras la invitación del Rabino jefe y de la comunidad judía de la ciudad, siguiendo las huellas de sus predecesores, San Juan Pablo II y Benedicto XVI, el Papa Francisco es el tercer Papa que visita el Templo Mayor de la Ciudad Eterna, visita caracterizada por el encuentro personal del Papa con los representantes del judaísmo y con los miembros de la comunidad.
Casi treinta años después de la histórica primera visita del Papa Wojtyla, que fue el 13 de abril de 1986, y seis años después de Benedicto XVI, que fue el 17 de enero de 2010.
¡Un cristiano no puede ser antisemita! ¡Que el antisemitismo sea desterrado en todo el mundo!
Se reitera el anhelo de la Iglesia católica, afianzado en el Concilio Vaticano II, que el mismo Papa Bergoglio destacó al recibir, en el Vaticano «a los queridos amigos de la Comunidad judía de Roma», la más antigua de Europa occidental. El 11 de octubre, memoria litúrgica de Juan XXIII, de 2013, recordó su saludo, pocos días después de su elección pontificia, (20 de marzo de 2013) a los «distinguidos representantes del pueblo judío, al que nos une un vínculo espiritual muy especial, pues, como dice el Concilio Vaticano II, «la Iglesia de Cristo reconoce que, conforme al misterio salvífico de Dios, los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y en los profetas» (Declaración Nostra Aetate, 4).
«Queridos amigos de la Comunidad judía de Roma: ¡Shalom!»
En vísperas del trágico aniversario de la deportación de los judíos de Roma, el Sucesor de Pedro Francisco aseguró asimismo su gran anhelo de contribuir como Obispo de Roma, al igual que hizo en Buenos Aires, a la cercanía y amistad entre cristianos y judíos, e invocó «la protección y la bendición del Altísimo para este camino nuestro común de amistad y de confianza. Que Él, en su benevolencia, conceda a nuestros días su paz»:
«Paradójicamente, la tragedia común de la guerra nos enseñó a caminar juntos. Recordaremos en pocos días el 70º aniversario de la deportación de los judíos de Roma. Haremos memoria y oraremos por tantas víctimas inocentes de la barbarie humana, por sus familias. Será también ocasión para mantener siempre vigilante nuestra atención para que no vuelvan a tomar vida, bajo ningún pretexto, formas de intolerancia y de antisemitismo, en Roma y en el resto del mundo. Lo he dicho otras veces y me agrada repetirlo ahora: es una contradicción que un cristiano sea antisemita. Un poco sus raíces son judías. ¡Un cristiano no puede ser antisemita! ¡Que el antisemitismo sea desterrado del corazón y de la vida de cada hombre y de cada mujer!»
(CdM – RV)