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miércoles, 4 de diciembre de 2019

Catequesis del Papa Francisco: La “pérdida del sentido de la vida” es la “grave amenaza” en los países más desarrollados 27112019

El Papa Bendice A Una Niña En La Audiencia General © Vatican Media

La “pérdida del sentido de la vida” es la “grave amenaza” en los países más desarrollados

Catequesis del Papa
(ZENIT – 27 nov. 2019).- “Hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de la vida”, ha anunciado el Papa en la audiencia general, en la que ha compartido con los peregrinos los momentos más relevantes de su 32º viaje apostólico internacional, a Tailandia y Japón.
En la plaza de San Pedro se han congregado este miércoles, 27 de noviembre de 2019, miles de visitantes y peregrinos, procedentes de Italia y de otros países para escuchar al Santo Padre en la audiencia general.
“Esta visita ha aumentado mi cercanía y afecto por estos pueblos: Dios los bendiga con abundancia de prosperidad y paz”, ha indicado Francisco, al mismo tiempo que ha agradecido a los pueblos tailandés y japonés, a las autoridades y a las personas que han hecho posible este viaje.
El pueblo Thai, pueblo de la sonrisa
En Tailandia, “un antiguo reino que se ha modernizado fuertemente”, se encontró con el rey, el primer ministro y otras autoridades, y rindió homenaje “a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai, el pueblo de la ‘hermosa sonrisa'”, ha señalado. “Allí la gente sonríe”.
En este país, el Pontífice alentó el “compromiso” de “lograr la armonía entre los diferentes componentes de la nación”, también “para que el desarrollo económico beneficie a todos” y “se curen las llagas de la explotación, especialmente de las mujeres y los niños”, ha advertido.
Asimismo, el Papa ha recordado los momentos más importantes del viaje, así como la Misa celebrada en el Estadio Nacional de Bangkok, el encuentro con los enfermos del hospital Sant Louis y las diferentes reuniones fraternas con los sacerdotes, religiosos, obispos y jesuitas.
Japón, proteger y amar la vida
Al llegar a Tokio, ha contado el Papa, fue recibido por los obispos del país, con los que “inmediatamente compartimos el reto de ser pastores de una Iglesia muy pequeña, pero portadora de agua viva, el Evangelio de Jesús”.
El Santo Padre ha señalado que el lema de su visita a la isla fue Proteger cada vida, un país que lleva las “cicatrices del bombardeo atómico” y que es para todo el mundo el “portavoz del derecho fundamental a la vida y a la paz”. Asimismo, narró su paso por Nagasaki e Hiroshima, donde rezó y se encontró con algunos supervivientes y víctimas, y “reiteró la firme condena de las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo artefactos bélicos”.
Después de esa tragedia, el Japón “ha demostrado una extraordinaria capacidad para luchar por la vida”, ha observado, “y lo ha hecho incluso recientemente, después de la triple catástrofe de 2011: terremoto, tsunami y accidente en una central nuclear”, momento que también conmemoró con algunas víctimas en Tokio.
“Para proteger la vida hay que amarla, y hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de la vida”, ha explicado. En este sentido, Francisco se reunió con los jóvenes, las “primeras víctimas del vacío del sentido de vivir”, ha descrito, escuchando “sus preguntas y sus sueños”.
Tras haber repasado otros momentos de especial importancia en su viaje, el Pontífice ha encomendado a todos los peregrinos presentes en la audiencia a “confiar los pueblos de Tailandia y Japón a la bondad y  a la providencia de Dios”.
A continuación sigue el texto completo de la catequesis ofrecida por el Santo Padre, este miércoles, 27 de noviembre de 2019.
***
Catequesis del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Ayer volví de mi viaje apostólico a Tailandia y Japón, un regalo por el que estoy muy agradecido al Señor. Deseo renovar mi gratitud a las autoridades y a los obispos de estos dos países, que me invitaron y recibieron con gran esmero, y sobre todo manifestar mi agradecimiento al pueblo tailandés y al pueblo japonés. Esta visita ha aumentado mi cercanía y afecto por estos pueblos: Dios los bendiga con abundancia de prosperidad y paz.
Tailandia es un antiguo reino que se ha modernizado fuertemente. Durante el encuentro con el rey, el primer ministro y otras autoridades, rendí homenaje a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai, el pueblo de la “hermosa sonrisa”. Allí la gente sonríe. Alenté el compromiso de lograr la armonía entre los diferentes componentes de la nación, también para que el desarrollo económico beneficie a todos y se curen las llagas de la explotación, especialmente de las mujeres y los niños. La religión budista es parte integrante de la historia y de la vida de este pueblo; por eso fui a visitar al Patriarca Supremo de los Budistas, continuando el camino de estima mutua iniciado por mis predecesores, para que la compasión y la fraternidad crezcan en el mundo. En este sentido, el encuentro ecuménico e interreligioso que tuvo lugar en la universidad más grande del país fue muy significativo.
El testimonio de la Iglesia en Tailandia pasa también por obras de servicio a los enfermos y a los últimos. Entre ellas, destaca el  hospital Saint Louis que visité animando al personal sanitario y conociendo a algunos pacientes. También dediqué momentos específicos a los sacerdotes y a las personas consagradas, a los obispos y también a los hermanos jesuitas. En Bangkok celebré la misa con todo el pueblo de Dios en el Estadio Nacional y luego con los jóvenes en la catedral. Allí experimentamos que en la nueva familia formada por Jesucristo están también los rostros y las voces del pueblo Thai.
Luego me desplacé a Japón. Cuando llegué a la nunciatura de Tokio, fui recibido por los obispos del país, con los que inmediatamente compartimos el reto de ser pastores de una Iglesia muy pequeña, pero portadora de agua viva, el Evangelio de Jesús.
“Proteger cada vida” fue el lema de mi visita a Japón, un país que lleva las cicatrices del bombardeo atómico y que es para todo el mundo el portavoz del derecho fundamental a la vida y a la paz. En Nagasaki e Hiroshima recé, me encontré con algunos supervivientes y familiares de las víctimas, y reiteré la firme condena de las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo artefactos bélicos. Después de esa tragedia, el Japón ha demostrado una extraordinaria capacidad para luchar por la vida, y lo ha hecho incluso recientemente, después de la triple catástrofe de 2011: terremoto, tsunami y accidente en una central nuclear.
Para proteger la vida hay que amarla, y hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de la vida.
Las primeras víctimas del vacío del sentido de vivir son los jóvenes, por eso les dediqué un encuentro en Tokio. Escuché sus preguntas y sus sueños; los animé a oponerse juntos a todas las formas de bullying, y a superar el miedo y los cierres abriéndose al amor de Dios, rezando y sirviendo a los demás. Conocí a otros jóvenes en la Universidad de Sophia, junto con la comunidad académica. Esta Universidad, como todas las escuelas católicas, es muy apreciada en Japón.
En Tokio tuve la oportunidad de visitar al Emperador Naruhito, a quien renuevo la expresión de mi gratitud; y me encontré con las autoridades del país y con el cuerpo diplomático. Manifesté el deseo de una cultura de encuentro y diálogo, caracterizada por la sabiduría y la amplitud de horizontes. Permaneciendo fiel a sus valores religiosos y morales, y abierto al mensaje evangélico, Japón podrá ser un país líder para un mundo más justo y pacífico y para la armonía entre el hombre y el medio ambiente.
Queridos hermanos y hermanas, confiemos los pueblos de Tailandia y Japón a la bondad y  a la providencia de Dios. Gracias.
© Librería Editorial Vaticano

sábado, 30 de noviembre de 2019

Santa Marta: “La muerte es un encuentro con el Señor” 29112019

Misa En Santa Marta, 29 Nov. 2019 © Vatican Media

Santa Marta: “La muerte es un encuentro con el Señor”

El Santo Padre invita a vivir con “esperanza”
(ZENIT – 29 nov. 2019).- La certeza de la muerte está escrita en la Biblia y en el Evangelio, ha recordado el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina en Santa Marta, “pero el Señor siempre nos la presenta como un ‘encuentro con Él’ y la acompaña con la palabra ‘esperanza'”.
A primera hora de la mañana del viernes, 29 de noviembre de 2019, el Obispo de Roma ha reflexionado sobre la muerte y la descrito como el momento del abrazo con el Señor, invitando a prepararnos para ese momento, y a orar los unos por los otros, ha informado Vatican News en español.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” es la cita del Evangelio de San Lucas, propuestas para la liturgia de hoy, en la última semana del año litúrgico. La Iglesia invita a reflexionar sobre el fin, el fin del mundo, el fin de cada uno de nosotros, en este mes de noviembre, mes de los difuntos.
“El Señor nos dice que estemos preparados para el encuentro, la muerte es un encuentro: es Él quien viene a encontrarnos, es Él quien viene a tomarnos de la mano y llevarnos con él”, ha explicado. “¡No quisiera que este simple sermón sea un aviso de funeral! Es simplemente el Evangelio, es simplemente la vida, simplemente decirse el uno al otro: todos somos vulnerables y todos tenemos una puerta a la que el Señor llamará algún día”.
Todos somos vulnerables
“Todos tenemos esta debilidad de vida, esta vulnerabilidad”, ha aclarado el Papa. Todos somos vulnerables y en algún momento esta vulnerabilidad nos conduce a la muerte. Por esto, vamos al médico para ver cómo va mi vulnerabilidad física, otros van donde el psicólogo para curar alguna vulnerabilidad psíquica”.
En la homilía, Francisco ha contado que ayer estaba meditando sobre esto, en un hermoso artículo que ha salido en la Civiltà Cattolica, “que nos dice que lo que todos tenemos en común es la vulnerabilidad: somos iguales en la vulnerabilidad”.
“¿Cuándo moriré?”
Francisco ha recordado que es necesario prepararse bien “para el momento en que tocará el timbre, el momento en que el Señor llamará a nuestra puerta”, y ha animado a rezar “los unos por los otros”.
“De todas las cosas que hemos reunido, que hemos ahorrado, legalmente buenas, no nos llevaremos nada”, ha advertido. “Pero sí, llevaremos el abrazo del Señor. Piensa en tu propia muerte: ¿cuándo moriré? En el calendario no está arreglado, pero el Señor lo sabe”. Así, el Santo Padre ha recomendado orar al Señor: “Señor, prepara mi corazón para morir bien, morir en paz, morir con esperanza”.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Terremoto en Albania: Francisco se muestra “cerca de las víctimas, los fallecidos y las familias” 27112019

El Papa Reza Por Las Víctimas Del Terremoto En Albania © Vatican Media

Terremoto en Albania: Francisco se muestra “cerca de las víctimas, los fallecidos y las familias”

Al menos 18 muertos
(ZENIT – 27 nov. 2019).- Esta mañana, en la audiencia general, el Santo Padre ha expresado su cercanía y oración por las víctimas del terremoto en Albania, “por los fallecidos, por los heridos y por sus familias”, ha indicado.
El “peor seísmo en cuatro décadas”, se sintió en la capital albanesa a las 4 de la madrugada del lunes, 25 de noviembre, indica el diario El País. El terremoto ha causado al menos 18 muertos, indicó la prensa local, y centenares de heridos. El epicentro se situó en el mar Adriático, a 34 kilómetros al noroeste de Tirana, según el Servicio Geológico de Estados Unidos,
“Me gustaría enviar un saludo y mi cercanía al querido pueblo albanés, que ha sufrido tanto estos días”, ha improvisado Francisco durante la audiencia general, celebrada este miércoles, 27 de noviembre de 2019, en la plaza de San Pedro, a su regreso del viaje apostólico a Tailandia y Japón.
“Albania fue el primer país de Europa que visité”, ha recordado. “Estoy cerca de las víctimas, rezo por los fallecidos, por los heridos, por las familias, el Señor bendiga este pueblo que yo quiero tanto”, ha dicho.
Telegrama al presidente albanés 
Asimismo, Francisco ha enviado un telegrama a Ilir Meta, presidente de la República de Albania, esta mañana, a través del secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, en el que expresa sus “más sentidas condolencias” al mandatario y a las familias de los fallecidos tras el terremoto que asoló el país.
“Encomendando las almas de los difuntos a la misericordia de Dios”, el Papa asegura a los heridos y a todos los afectados por este desastre “su cercanía en la oración”.
Así, invoca bendiciones de fuerza sobre el personal de emergencia en sus esfuerzos de socorro, y confía al pueblo de Albania a la amorosa providencia del Todopoderoso, ha escrito Mons. Pietro Parolin.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Papa Francisco: “La verdadera paz solo puede ser una paz desarmada” 24112019

Papa Francisco: “La verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”

Encuentro por la Paz en Hiroshima
(ZENIT – 24 nov. 2019).- El Papa Francisco indicó que “la verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”, “fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia”.
En la tarde de hoy, 24 de noviembre de 2019, aproximadamente a las 18:40, hora local (las 10:40 en Roma), el Santo Padre ha llegado al parque del Memorial de la Paz de Hiroshima para celebrar un Encuentro por la Paz.
Firma en el Libro de Honor
A este acto asistieron cerca de mil fieles, 20 líderes religiosos y 20 víctimas de la bomba atómica. El Pontífice fue recibido por el prefecto, el alcalde, el presidente de la Asamblea de la Prefectura y el presidente del Ayuntamiento de Hiroshima cerca del Memorial de la Paz.
Francisco firmó en el Libro de Honor junto a las siguientes palabras: “He venido como peregrino de paz, para llorar en solidaridad con todos los que sufrieron heridas y muerte en ese terrible día de la historia de esta tierra. Rezo para que el Dios de la vida convierta los corazones a la paz, a la reconciliación y al amor fraterno”.
Saludo a las víctimas
Después, el Papa se dirigió a la plaza de abajo y saluda a los 20 líderes religiosos y a las víctimas presentes. Dos de las víctimas ofrecieron al Papa un regalo floral que colocó frente al Memorial. El Embajador de la Paz le regaló una vela que el Obispo de Roma encendió en la lámpara.
Después del sonido de la campana y de un momento de oración silenciosa, dos víctimas supervivientes de la bomba atómica, Yoshiko Kajimoto y Kojí Hosokawa, que no puedo acudir al acto, ofrecieron su impresionante testimonio de la tragedia, tras el cual Obispo de Roma de Roma pronunció su discurso.
Memorial de la Paz
El parque del Memorial de la Paz surge en el lugar en el que el 6 de agosto de 1945 explotó la bomba atómica. Realizado en el año 1954, como un proyecto del arquitecto japonés Kenzo Tange, constituye un área de 120 mil metros cuadrados.
El Memorial de la Paz es considerado emblema de este parque, comúnmente conocido como Genbaku Dome (cúpula de la bomba atómica). El edificio consta, efectivamente, de una característica cúpula que se encuentra en la orilla del río Motoyasu.
Símbolo de la esperanza
Fuertemente dañada por las explosiones pero no totalmente destruida, nunca ha sido restaurada para recordar los signos dejados por el artefacto. Fue inaugurada en 1915 y en 1933 destinado a oficinas del gobierno.
Desde 1996 es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, como símbolo de la fuerza más destructiva jamás creada por el hombre, de la esperanza por la paz en el mundo y por la eliminación definitiva de las armas nucleares.
Regalo del Papa 
El Santo Padre ofreció como regalo en el Memorial de la Paz una lámpara de pie fabricada especialmente para esta visita pontificia a Japón. Fundida en latón plateado, mide 120 cm de altura. Consta de una base con tres bandas, con el símbolo “PAX” en relieve.
También tiene un pie cilíndrico con un nudo que lleva una medalla con el escudo de armas del Papa Francisco. En la parte superior, hay un escudo de cera con tres velas que sostienen la lámpara.
“Peregrino de paz”
El Obispo de Roma comenzó su discurso con las palabras“Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo” (Sal 122,8) e hizo memoria de todas las víctimas de la bomba atómica y de “la dignidad” de los que sobrevivieron a esos primeros momentos y “han soportado en sus cuerpos durante muchos años los sufrimientos más agudos y, en sus mentes, los gérmenes de la muerte que seguían consumiendo su energía vital”.
El Pontífice confesó que ha sentido el deber de venir a este lugar “como peregrino de paz, para permanecer en oración, recordando a las víctimas inocentes de tanta violencia y llevando también en el corazón las súplicas y anhelos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente de los jóvenes, que desean la paz, trabajan por la paz, se sacrifican por la paz”, y “lleno de memoria y de futuro trayendo el grito de los pobres, que son siempre las víctimas más indefensas del odio y de los conflictos”.
Dejar caer las armas
Después, reiteró que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, “no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común”.
El uso de la energía atómica con fines de guerra “es inmoral, como asimismo es inmoral la posesión de las armas atómicas, como dije hace dos años. Seremos juzgados por esto”, aclaró. En este sentido, para el Papa, si realmente queremos construir una sociedad más justa y segura, “debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos”.
“Recordar, caminar juntos, proteger”
Asimismo, el Papa propuso tres imperativos morales para abrir el camino de la paz: “Recordar, caminar juntos, proteger”. Y remarcó que no podemos permitir que las nuevas generaciones dejen de recordar lo que sucedió, ya que la memoria “es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno; un recuerdo expansivo capaz de despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres, especialmente de aquellos que hoy desempeñan un papel especial en el destino de las naciones; una memoria viva que nos ayude a decir de generación en generación: ¡nunca más!”.
Precisamente por ello, explicó el Santo Padre “estamos llamados a caminar juntos” y llamó a abrirse “a la esperanza, convirtiéndonos en instrumentos de reconciliación y de paz. Esto es algo que será siempre posible “si somos capaces de protegernos y sabernos hermanados en un destino común”.
Finalmente, realizó “una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”, consistente en elevar juntos el grito: “¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! Que venga la paz en nuestros días, en este mundo nuestro”.
A continuación sigue el mensaje completo del Papa.
***
Mensaje del Santo Padre
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo» (Sal 122,8).
Dios de misericordia y Señor de la historia, a ti elevamos nuestros ojos desde este lugar, encrucijada de muerte y vida, de derrota y renacimiento, de sufrimiento y de piedad.
Aquí, de tantos hombres y mujeres, de sus sueños y esperanzas, en medio de un resplandor de relámpago y fuego, no ha quedado más que sombra y silencio. En apenas un instante, todo fue devorado por un agujero negro de destrucción y muerte. Desde ese abismo de silencio, todavía hoy se sigue escuchando fuerte el grito de los que ya no están. Venían de diferentes lugares, tenían nombres distintos, algunos de ellos hablaban lenguas diversas. Todos quedaron unidos por un mismo destino, en una hora tremenda que marcó para siempre, no sólo la historia de este país sino el rostro de la humanidad.
Hago memoria aquí de todas las víctimas y me inclino ante la fuerza y la dignidad de aquellos que, habiendo sobrevivido a esos primeros momentos, han soportado en sus cuerpos durante muchos años los sufrimientos más agudos y, en sus mentes, los gérmenes de la muerte que seguían consumiendo su energía vital.
He sentido el deber de venir a este lugar como peregrino de paz, para permanecer en oración, recordando a las víctimas inocentes de tanta violencia y llevando también en el corazón las súplicas y anhelos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente de los jóvenes, que desean la paz, trabajan por la paz, se sacrifican por la paz. He venido a este lugar lleno de memoria y de futuro trayendo el grito de los pobres, que son siempre las víctimas más indefensas del odio y de los conflictos.
Quisiera humildemente ser la voz de aquellos cuya voz no es escuchada, y que miran con inquietud y angustia las crecientes tensiones que atraviesan nuestro tiempo, las inaceptables desigualdades e injusticias que amenazan la convivencia humana, la grave incapacidad de cuidar nuestra casa común, el recurso continuo y espasmódico de las armas, como si estas pudieran garantizar un futuro de paz.
Con convicción, deseo reiterar que el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines de guerra es inmoral, como asimismo es inmoral la posesión de las armas atómicas, como dije hace dos años. Seremos juzgados por esto. Las nuevas generaciones se levantarán como jueces de nuestra derrota si hemos hablado de la paz, pero no la hemos realizado con nuestras acciones entre los pueblos de la tierra.
¿Cómo podemos hablar de paz mientras construimos nuevas y formidables armas de guerra? ¿Cómo podemos hablar de paz mientras justificamos determinadas acciones espurias con discursos de discriminación y de odio?
Estoy convencido de que la paz no es más que un “sonido de palabras” si no se funda en la verdad, si no se construye de acuerdo con la justicia, si no está vivificada y completada por la caridad, y si no se realiza en la libertad (cf. S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 37).
La construcción de la paz en la verdad y en la justicia significa reconocer que «son muchas y muy grandes las diferencias entre los hombres en ciencia, virtud, inteligencia y bienes materiales» (ibíd., 87), lo cual jamás puede justificar el propósito de imponer a los demás los propios intereses particulares. Por el contrario, todo esto constituye una fuente de mayor responsabilidad y respeto.
Asimismo, las comunidades políticas, que legítimamente pueden diferir entre sí en términos de cultura o desarrollo económico, están llamadas a comprometerse a trabajar «por el progreso común», por el bien de todos (ibíd., 88).
De hecho, si realmente queremos construir una sociedad más justa y segura, debemos dejar que las armas caigan de nuestras manos: «No es posible amar con armas ofensivas en las manos» (S. Pablo VI, Discurso a las Naciones Unidas, 4 octubre 1965, 10). Cuando nos entregamos a la lógica de las armas y nos alejamos del ejercicio del diálogo, nos olvidamos trágicamente de que las armas, antes incluso de causar víctimas y ruinas, tienen la capacidad de provocar pesadillas, «exigen enormes gastos, detienen los proyectos de solidaridad y de trabajo útil, alteran la psicología de los pueblos» (ibíd.). ¿Cómo podemos proponer la paz si frecuentamos la intimidación bélica nuclear como recurso legítimo para la resolución de los conflictos? Que este abismo de dolor evoque los límites que jamás se pueden atravesar. La verdadera paz sólo puede ser una paz desarmada. Además, «la paz no es la mera ausencia de la guerra […]; sino un perpetuo quehacer» (Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 78). Es fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia.
Recordar, caminar juntos, proteger. Estos son tres imperativos morales que, precisamente aquí en Hiroshima, adquieren un significado aún más fuerte y universal, y tienen la capacidad de abrir un camino de paz. Por lo tanto, no podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno; un recuerdo expansivo capaz de despertar las conciencias de todos los hombres y mujeres, especialmente de aquellos que hoy desempeñan un papel especial en el destino de las naciones; una memoria viva que nos ayude a decir de generación en generación: ¡nunca más!
Precisamente por eso estamos llamados a caminar juntos, con una mirada de comprensión y de perdón, abriendo el horizonte a la esperanza y trayendo un rayo de luz en medio de las numerosas nubes que hoy ensombrecen el cielo. Abrámonos a la esperanza, convirtiéndonos en instrumentos de reconciliación y de paz. Esto será siempre posible si somos capaces de protegernos y sabernos hermanados en un destino común. Nuestro mundo, interconectado no sólo por la globalización sino desde siempre por una tierra común, reclama más que en otras épocas la postergación de intereses exclusivos de determinados grupos o sectores, para alcanzar la grandeza de aquellos que luchan corresponsablemente para garantizar un futuro común.
En una sola súplica abierta a Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en nombre de todas las víctimas de los bombardeos y experimentos atómicos, y de todos los conflictos, desde el corazón, elevemos conjuntamente un grito: ¡Nunca más la guerra, nunca más el rugido de las armas, nunca más tanto sufrimiento! Que venga la paz en nuestros días, en este mundo nuestro. Dios, tú nos lo has prometido: «La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo» (Sal 84,11-12).
Ven, Señor, que es tarde y donde sobreabundó la destrucción que hoy  también pueda sobreabundar la esperanza de que es posible escribir y realizar una historia diferente. ¡Ven, Señor, Príncipe de la paz, haznos instrumentos y ecos de tu paz!
«Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: La paz contigo» (Sal 122,8).
© Librería Editorial Vaticana

Misa del Papa en Nagasaki: “Cristo está vivo y actúa en medio nuestro” 24112019


Francisco Celebra La Misa En Nagasaki © Vatican Media

Misa del Papa en Nagasaki: “Cristo está vivo y actúa en medio nuestro”

Homilía del Pontífice

(ZENIT – 24 nov. 2019).- “Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida”, así ha exhortado el Papa Francisco a más 35.000 personas que han asistido a la Misa en Nagasaki, Japón.
“Él está vivo y nos quiere vivos, es nuestra esperanza”, ha asegurado el Pontífice, en el marco de la visita a Japón, cuyo lema es Proteger toda vida. “Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor”.
A las 13:20 hora local (5:20 horas en Roma), el Papa ha dejado el Arzobispado de Nagasaki, donde ha almorzado. Tras saludar a 16 personas empleadas por la Curia, se ha dirigido en coche al Estadio de Baseball de la misma ciudad para celebrar la Santa Misa. Aquí, se ha montado en el papamóvil y ha pasado entre los fieles para saludarlos antes de presidir la Eucaristía, que ha comenzado a las 14 (6 hora de Roma).
En este último domingo del año litúrgico, solemnidad de Cristo Rey, Francisco ha hecho una reflexión en torno a la figura del buen ladrón: “Unimos nuestras voces a la del malhechor que, crucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey”.
El Papa ha recordado a los japoneses en Nagasaki: “Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano”. Por eso, como el buen ladrón, ha dicho, “queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente”.
“Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso'”.
Asimismo, el Santo Padre no ha dejado de mencionar a san Pablo Miki y sus compañeros mártires: “Sobre sus huellas queremos caminar, sobre sus pasos queremos andar para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión”.
A continuación sigue la homilía:
***
Homilía del Papa Francisco
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23,42).
En este último domingo del año litúrgico unimos nuestras voces a la del malhechor que, crucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey. Allí, en el momento menos triunfal y glorioso, bajo los gritos de burlas y humillación, el bandido fue capaz de alzar la voz y realizar su profesión de fe. Son las últimas palabras que Jesús escucha y, a su vez, son las últimas palabras que Él dirige antes de entregarse a su Padre: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23,43). El pasado tortuoso del ladrón parece, por un instante, cobrar un nuevo sentido: acompañar de cerca el suplicio del Señor; y este instante no hace más que corroborar la vida del Señor: ofrecer siempre y en todas partes la salvación. El calvario, lugar de desconcierto e injusticia, donde la impotencia y la incomprensión se encuentran acompañadas por el murmullo y cuchicheo indiferente y justificador de los burlones de turno ante la muerte del inocente, se transforma, gracias a la actitud del buen ladrón, en una palabra de esperanza para toda la humanidad. Las burlas y los gritos de ¡sálvate a ti mismo! frente al inocente sufriente no serán la última palabra; es más, despertarán la voz de aquellos que se dejen tocar el corazón y se decidan por la compasión como auténtica forma para construir la historia.
Hoy aquí queremos renovar nuestra fe y nuestro compromiso; conocemos bien la historia de nuestras faltas, pecados y limitaciones, al igual que el buen ladrón, pero no queremos que eso sea lo que determine o defina nuestro presente y futuro. Sabemos que no son pocas las veces que podemos caer en la atmósfera comodona del grito fácil e indiferente del “sálvate a ti mismo”, y perder la memoria de lo que significa cargar con el sufrimiento de tantos inocentes. Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano. Por eso, como el buen ladrón, queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente. Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».
Salvación y certeza que testimoniaron valientemente con su vida san Pablo Miki y sus compañeros, así como los miles de mártires que jalonan vuestro patrimonio espiritual. Sobre sus huellas queremos caminar, sobre sus pasos queremos andar para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión; es capaz de vencer sobre todo pesimismo inoperante o bienestar narcotizante, que termina por paralizar cualquier buena acción y elección. Nos lo recordaba el Concilio Vaticano II, lejos están de la verdad quienes sabiendo que nosotros no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, piensan que por ello podemos descuidar nuestros deberes terrenos, no advirtiendo que, precisamente, por esa misma fe profesada estamos obligados a realizarlos de una manera tal que den cuenta y transparenten la nobleza de la vocación con la que hemos sido llamados (cf. Const. past. Gaudium et spes, 43).
Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida. Él está vivo y nos quiere vivos, es nuestra esperanza (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 1). Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor. Y al hacerlo queremos también que nuestra vida y nuestras acciones se vuelvan una alabanza. Si nuestra misión como discípulos misioneros es la de ser testigos y heraldos de lo que vendrá, no podemos resignarnos ante el mal y los males, sino que nos impulsa a ser levadura de su Reino dondequiera que estemos: familia, trabajo, sociedad; ser una pequeña abertura en la que el Espíritu siga soplando esperanza entre los pueblos. El Reino de los cielos es nuestra meta común, una meta que no puede ser sólo para el mañana, sino que la imploramos y la comenzamos a vivir hoy, al lado de la indiferencia que rodea y silencia tantas veces a nuestros enfermos y discapacitados, a los ancianos y abandonados, a los refugiados y trabajadores extranjeros: todos ellos sacramento vivo de Cristo, nuestro Rey (cf. Mt 25,31-46); porque «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 49).
En el Calvario, muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe. Está en cada uno de nosotros la decisión de callar, burlar o profetizar. Queridos hermanos: Nagasaki lleva en su alma una herida difícil de curar, signo del sufrimiento inexplicable de tantos inocentes; víctimas atropelladas por las guerras de ayer pero que siguen sufriendo hoy en esta tercera guerra mundial a pedazos. Alcemos nuestras voces aquí en una plegaria común por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz1.
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  • Misal Romano, Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Tailandia: Al grito de “¡Viva el Papa!”, 60.000 personas se unen a Francisco en la Misa 21112019

Estadio Nacional De Bangkok, En Tailandia © Zenit/Deborah Castellano

Tailandia: Al grito de “¡Viva el Papa!”, 60.000 personas se unen a Francisco en la Misa

En el Estadio Nacional de Bangkok
(ZENIT – 21 nov. 2019).- En memoria de la fiesta litúrgica de la Presentación de la Beata Virgen María, y ante 60.000 personas, el Papa Francisco ha celebrado por primera vez la Eucaristía en Tailandia, un país de mayoría budista, convirtiéndose en el segundo pontífice que lo hace, después de Juan Pablo II en 1984.
Minutos antes de las 18 horas en el Sudeste asiático (12 horas en Roma), el Pontífice ha llegado al estadio nacional Rajamangala, y después de haber hecho el cambio de coche, ha pasado en papamóvil entre los fieles por el estadio, acogido con alegría entre vítores que decían en español: “¡Viva el Papa!”.
350 aniversario de la fundación católica 
Con motivo del creación del Vicariato Apostólico de Siam (1669-2019), “signo del abrazo familiar producido en estas tierras”, el Santo Padre visita este país del Sudeste asiático, antes de ir a Japón. Siam es el nombre del antiguo reino de Tailandia.
El Santo Padre ha animado en su homilía a seguir “en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical”.
90% de budistas
A pesar de la poca población católica que hay en Tailandia –el 0,59% de la población–, la acogida al Santo Padre ha sido muy participativa y alegre por la mayoría. En el país, el 90% de los habitantes practican el budismo y un 5% son musulmanes.
Numerosos peregrinos de los países vecinos, como Camboya o Vietnam, han participado en esta histórica celebración eucarística. La oración de los fieles se ha hecho en tailandés y en paquistaní.
Las lecturas del Evangelio han sido las de Zacarías 2, 14-17 y Mateo 2, 46-50. Asimismo, los fieles han cantado el salmo: “Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Aleluya”.
El delicado coro que ha acompañado la liturgia eucarística estaba formado por cientos de personas, perfectamente armonizadas e integradas.
Amarillo, color de la sabiduría 
En Tailandia el color amarillo representa la enseñanza, la sabiduría y el desarrollo espiritual y mental. También es el color de la realeza, ya que el rey Rama X nació un lunes, día dedicado a este color.
Las ofrendas han sido llevadas al Santo Padre por familias con ancianos, jóvenes y niños vestidos con atuendos tradicionales, vestidos de sedas y colores, y otros trajes típicos de otras zonas del país.
Agradecimiento del arzobispo 
El cardenal Francisco Javier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok, ha agradecido al Obispo de Roma su visita: “El Señor ha otorgado el don del amor de Cristo a todos los cristianos tailandeses”, ha expresado al Papa. “Es una gracia más allá de nuestras expectativas, algo que no estaba incluido en los planes de los primeros misioneros de aquel tiempo”.
Así, recordando el motivo de la visita apostólica, ha observado que desde ese tiempo en adelante, “la iglesia católica en Tailandia se ha ido desarrollando y progresando bajo el patrocinio real hasta nuestros días”.
“Muchísimas gracias, Santidad, desde el fondo de nuestros corazones, por su constante testimonio que nos empuja a encarnar el misericordioso amor de Cristo para todos los hombres y mujeres, y para toda la humanidad siguiendo su ejemplo”, ha pronunciado.
Finalmente, terminada la celebración eucarística, decenas de niñas tailandesas han bailado para el Papa Francisco, ataviadas con tradicionales vestidos y ornamentos florales y paraguas.

Tailandia: Los jóvenes, “peregrinos de la fe”, el “ahora” de Dios 22112019


Misa Con Los Jóvenes En Bangkok, 22 Nov. 2019 © Vatican Media

Tailandia: Los jóvenes, “peregrinos de la fe”, el “ahora” de Dios

Última Misa con el Papa en el país

(ZENIT – 22 nov. 2019).- En la última Misa del Papa en Tailandia, el cardenal Kovithavanij, arzobispo de Bangkok ha resaltado cómo “Su Santidad guarda en su corazón a estos jóvenes, ‘peregrinos de la fe’, pues ellos son el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad humana”.
Hoy, 22 de noviembre de 2019, en torno a las 16:40, hora local, (10:40 h. en Roma), el Papa presidió la Eucaristía con los jóvenes en la catedral de la Asunción en Bangkok.
Francisco se encuentra en el último día de su visita a Tailandia, que forma parte de la primera etapa de su viaje apostólico a Asia, en curso del 19 al 26 de noviembre y en el que también visitará Japón.
Además de los 700 jóvenes reunidos dentro de la catedral, los medios locales reportan que unos 10.000 jóvenes se encontraban congregados fuera de la misma.
Catedral de la Asunción
La construcción de la catedral de la  Asunción se debe a la iniciativa del padre y misionero francés Pascal. Concluida en 1821, posee un estilo neorrománico con ladrillo rojo y una estructura rectangular.
Durante la II Guerra Mundial, los bombardeos provocaron diversos daños, de manera que fueron necesarias restauraciones en el templo. En los años ’80 y ’90 se realizaron otras remodelaciones para reestructurarlo.
La catedral de la Asunción es considerada el corazón de la archidiócesis de Bangkok y de la evangelización en el país, ya que constituyó el centro neurálgico para los misioneros cristianos. Fue visitada por Juan Pablo II el 11 de mayo de 1984, con ocasión del viaje apostólico a Corea, Papua Nueva Guinea, Islas Salomón y Tailandia.
Iglesia Católica en Tailandia
Aunque Tailandia es un país mayoritariamente budista (95%), la comunidad cristiana supone un millón de personas, de los cuales unos 300.000 son católicos (menos de 1%).
Las relaciones entre cristianos y budistas son el resultado de un diálogo que se viene manteniendo desde hace cientos de años. Hasta la fecha hay once diócesis y archidiócesis católicas en el país.
Arquidiócesis de Bangkok
La arquidiócesis de Bangkok ostenta 121.039 fieles católicos, su arzobispo es el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij.
En ella hay 55 parroquias, dos iglesias, 148 sacerdotes regulares diocesanos, 10 seminaristas. Los institutos religiosos masculinos tienen 251 miembros y los femeninos 424. Además, existen 134 institutos de educación, 40 de beneficencia y en el último año la cifra de bautizados ha sido de 1.284 personas.
El “plan” de Dios
La Misa, que contaba con los ornamentos en color rojo, en honor al martirio de santa Cecilia, cuya memoria se celebraba hoy, ha sido acompañada por los cantos de un coro.
Durante su homilía, el Papa Francisco invitó a los jóvenes tailandeses a dar la bienvenida a Cristo “con inmensa alegría y amor”, y les habló sobre el “plan” que Dios tiene para ellos: “El Señor sabe que por medio de ustedes, jóvenes, entra el futuro en estas tierras y en el mundo, y con ustedes cuenta para llevar adelante su misión hoy”.
Asimismo, les animó a “mantener viva la alegría y a no tener miedo de mirar el futuro con confianza”.
Participación de los jóvenes
Las lecturas, (Os. 2,16b.17b. 21-22: “Te haré mi esposa para siempre y Mt. 25, 1-13: “¡Aquí está el esposo! Salid al encuentro!”) han sido realizadas por 2 chicas jóvenes en tailandés.
La oración de los fieles, por su parte, ha sido llevada a cabo por 5 chicos y chicas, ataviados con trajes tradicionales, en tailandés y en akka.
En cuanto a las ofrendas, un grupo numeroso de jóvenes todos ellos vestidos con trajes típicos y coloridos que representan a las diferentes etnias y grupos de la sociedad tailandesa, han hecho entrega de las mismas al Santo Padre.
350 aniversario de la misión de Siam
En el 350 aniversario del establecimiento del Vicariato Apostólico de Siam en Tailandia, erigido en 1669, esta Misa con los jóvenes, junto con todas actividades del viaje del Pontífice a este país, se enmarca dentro de las iniciativas organizadas con motivo de la celebración del mismo y para relanzar la evangelización en la región.
La juventud católica tailandesa se ha preparado para ello bajo el lema “Los discípulos de Cristo viven una nueva Evangelización”, reconociendo así que suponen el motor principal para el anuncio de la Buena Noticia.
Agradecimientos
Antes de la bendición final, el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, en “nombre de todos los fieles católicos, religiosos, sacerdotes, obispos y de toda la gente de buena voluntad de Tailandia” ha agradecido esta visita del Papa.
Igualmente, confirmó el compromiso de la Iglesia tailandesa para “formarles como líderes” de la Nueva Evangelización.
Finalmente, el Papa Francisco también pronunció un mensaje de agradecimiento destinado a todos los que han hecho posible su visita a Tailandia y a los que la han preparado. Al rey, al Gobierno, a las autoridades del país, así como a los obispos, al cardenal Kovithavanij, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los fieles laicos, a los voluntarios y a todos los que le han acompañado con su oración y sacrificios, en modo especial a los enfermos y a los encarcelados.