Mostrando entradas con la etiqueta Padre de la Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Padre de la Iglesia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de agosto de 2019

San Agustín. Padre y Doctor de la Iglesia. Patrono de los que buscan a Dios (28 de agosto)

San Agustín. Padre y Doctor de la Iglesia. Patrono de los que buscan a Dios

san agustin de hipona padre y doctor de la iglesia patrono de los que buscan a dios doctor de la gracia

San Agustín es patrono de los que buscan a Dios. Combatió valientemente los errores y herejías de su tiempo e iluminó con sabiduría la fe

 
San Agustín de Hipona fue un sacerdote de la Iglesia Católica muy famoso por sus escritos y es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia latina. Es mejor conocido por sus escritos en el libro "Confesiones", que ha inspirado a grandes filósofos notables como al mismo Santo Tomás de Aquino. Él escribió sobre la guerra justificada, la existencia de mal y el pensamiento del intelecto. San Agustín es el santo patrón de los teólogos y filósofos, de las personas que buscan a Dios, de los cerveceros, impresores, enfermedades en los ojos, pestes, dolor en el pecho, y de varias ciudades en todo el mundo.

Fiesta: 28 de agosto

Martirologio romano: Memoria de San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia distinguido por su conversión a la fe católica después de una adolescencia inquieta en cuestiones doctrinales y libre de costumbres, fue bautizado por San Ambrosio en Milán, regresó a su casa, y se fue con algunos amigos a vivir una vida ascética, dedicada a Dios y al estudio de las Sagradas Escrituras. Fue elegido después obispo de Hipona en África (hoy en día Argelia), en donde enseñó con magníficos sermones y numerosos escritos, y con los que también luchó, con gran valentía, contra los errores de la herejía de su tiempo e iluminó con sabiduría la fe verdadera.

Biografía de San Agustín

San Agustín nació en Tagaste (Argelia moderna) en África. Su padre era un completo pagano que le hizo la vida imposible a su madre Santa Mónica, debido a su carácter agresivo e iracundo, y que luego terminó convirtiéndose en su lecho de muerte por la oración perseverante de Santa Mónica, quien era una mujer de mucha fe.
Agustín recibió una educación cristiana y en el año 370 se fue a la Universidad de Cartago para estudiar leyes con el fin de convertirse en un abogado.
San Agustín renunció a las leyes para dedicarse luego a las actividades literarias y fue abandonando poco a poco su fe cristiana, teniendo una amante (concubina) con quien vivió durante quince años y con quien tuvo un hijo en el año 372, llamado Adeodato, que en latín significa: regalo de Dios.
Después de investigar y experimentar con varias filosofías, San Agustín se hizo un fiel adepto del maniqueísmo durante varios años; enseñaba la gran lucha entre el bien y el mal, pero tenía un código moral muy flojo y acostumbrado a las pasiones del mundo.
Un resumen de sus pensamientos durante ese periodo de su vida, se resume en una frase que proviene de su famoso libro "Confesiones":
"Dios, dame castidad y continencia; pero no en este momento."

La conversión de San Agustín

En el año 383, San Agustín decide irse a Cartago, en Roma, y luego, un año más tarde se traslada a Milán, donde acepta el cargo como profesor de retórica. Allí conocería al obispo de la ciudad, San Ambrosio, quien lo recibió con una gran bondad y le enseñó a profundidad el hermoso arte de conocer las Sagradas Escrituras con mucha divinidad.
Poco a poco, mediante la oración insistente de su madre Santa Mónica y el interés inculcado por San Ambrosio, va renaciendo en San Agustín una pasión por conocer y practicar las bondades del Cielo de una manera correcta
La conversión de San Agustín se llevó a cabo a finales del verano de 386, unas semanas antes del comienzo de las vacaciones. La decisión de renunciar a su cargo se hizo más fácil por una molestia que sentía en el pecho que no era de gravedad, pero que desde hace algunos meses le hacía incapaz de trabajar.
Se retiró con varios compañeros a la finca de Casicíaco cerca de Milán, que le había sido prestado por un amigo, y luego de esto, anunció al obispo que quería bautizarse.

Dejando los malos hábitos

Sus opiniones religiosas aún no tenían mucha forma, e incluso sus malos hábitos no habían sido eliminados completamente de su vida
Durante este tiempo de profunda meditación interior, San Agustín rompió a sí mismo la mala costumbre de jurar en vano, y en muchas formas trató de disciplinar a su carácter y conducta para recibir adecuadamente el rito sagrado.
San Agustín recibió el bautismo en la siguiente Pascua, a la edad de 33 años, y junto con él también se bautizó su hijo Adeodato y su amigo Alipio, quienes fueron admitidos en la Iglesia.
Santa Mónica, su madre, al fin se regocijó en el cumplimiento de sus oraciones. En el relato de la conversación que tuvo con su madre antes de que ella muriese, (Confesiones. IX. X-xi, 23-28), su potencia literaria de Agustín se muestra en sus niveles más altos. Ella le diría:
"No sé lo que me queda por hacer o por qué todavía sigo aquí, todas mis esperanzas en este mundo han sido cumplidas. Lo único que deseaba era que yo pudiera verte como un católico y un hijo de los Cielos. Dios me concedió incluso más que esto haciéndote despreciar la felicidad terrenal y consagrándote a su servicio". (Santa Mónica)

Vida pastoral de San Agustín

A la muerte de su madre, San Agustín regresó a África, vendió su propiedad, y dio todas las ganancias a los pobres, fundó una especie de monasterio en Tagaste. Fue ordenado sacerdote en el año 390 y se trasladó a Hipona donde estableció una comunidad con varios de sus amigos que lo habían seguido.
Cinco años después, San Agustín fue consagrado obispo adjunto a Valerio, quien era el obispo de Hipona, y a quien Agustín sucedió en el año siguiente.
Agustín se convirtió en la figura dominante en los asuntos de la Iglesia de África y fue el líder en las amargas luchas contra el maniqueísmo, Donatismo, pelagianismo y otras herejías de su época
Hasta la fecha muchos de sus doscientos tratados, unos trescientos sermones son de gran importación en la teología y la filosofía.
Entre los trabajos más conocidos de San Agustín están sus "Confesiones"; "Ciudad de Dios", una magnífica exposición de una filosofía cristiana de la historia; De Trinitate; De Doctrina Christiana; Enchiridion; y sus tratados contra los maniqueos y los pelagianos. Su pensamiento más adelante se puede resumir en una línea de sus escritos:
"Nos has hecho para Ti, Señor, y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en Ti"
San Agustín murió el 28 de agosto en 430 en Hipona (la moderna ciudad de Annaba, en Argelia), donde había sido nombrado obispo treinta y cinco años antes.
Fue canonizado por reconocimiento popular y reconocido como Doctor de la Iglesia en el año 1303 por el Papa Bonifacio VIII. Su fiesta se celebra el 28 de agosto
También se le conoce como el Doctor de la Gracia, por ser uno de los más grandes Padres y Doctores de la Iglesia, y quizás es uno de los más grandes intelectuales, junto a Santo Tomás de Aquino, que ha tenido la Iglesia Católica
"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos" (Agustín de Hipona).

jueves, 2 de mayo de 2019

San Atanasio de Alejandría, obispo, Padre de la Iglesia.(2 de mayo)

San Atanasio de Alejandría, obispo, Padre de la Iglesia.

Del primer Doctor de la Iglesia.

TAGS:

La gloria de San Atanasio.
La gloria de San Atanasio.
San Atanasio de Alejandría, obispo, Padre de la Iglesia. 2 de mayo.
Infancia. El obispillo. El diácono.San Atanasio nació en Alejandría entre 295-297, en una familia de origen griego y cristiana. De su infancia se cuenta que un día, habiendo San Alejandro de Alejandría (26 de febrero) terminado las fiestas de la celebración del martirio de San Pedro I de Alejandría (8 y 9 de diciembre), se fue a comer con sus clérigos. Vio por su ventana a unos niños que remedaban ser sacerdotes y realizaban un bautismo. Fijándose en el que oficiaba de obispo y lo correcto de sus ceremonias, les llamó e interrogó, admirándose de que todo lo habían hecho conforme a las normas litúrgicas, y comprendió lo que valía aquel chico. Por tanto, se encargó de su educación. Según San Gregorio Nacianceno (1, Iglesia Siria, 2; 19, traslación de las reliquias, 25, traslación de las reliquias y 30, Sinaxys de los Tres Patriarcas, de enero; 9 de mayo; 11 de junio, traslación de las reliquias, y 23 de agosto, Iglesia de Georgia) "la primera educación de nuestro héroe le formo en las costumbres y en las ciencias divinas [y de las] ciencias profanas griegas y egipcias, que puso al servicio de su concienzudo estudio conjunto del Antiguo y del Nuevo Testamento (…) combinado con la práctica de la virtud, su vida guiaba su contemplación y su contemplación ponía el sello a su vida". 
En esta época se dieron duras persecuciones contra los cristianos, que marcaron su vivencia de la fe. En Egipto la persecución fue brutal, provocando esclarecidos mártires y conocidas deserciones, con los consabidos arrepentimientos posteriores a la persecución. Esta situación creó dos posturas enfrentadas en la Iglesia. Por un lado, los rigoristas que no querían conceder perdón a los apóstatas, los "melecianos" (seguidores del presbítero Melecio de Licópolis), y por otro lado, aquellos prelados que extendían la misericordia de Dios a los "lapsi", frente a los cuales estaba San Alejandro y por supuesto, Atanasio. Cuando era un joven instruido y piadoso, Alejandro lo ordenó de diácono sobre 320, y le eligió como su secretario. Sobre esta fecha vivió su primer retiro entre los monjes del desierto, donde conoció y se “enamoró” del gran San Antonio Abad (17 de enero) y se hizo su más ferviente discípulo. Probablemente fue durante esta etapa cuando escribió "Contra los Paganos" y "Sobre la Encarnación del Verbo".
El arrianismo. Primer Concilio de Nicea. Patriarca.
Cuando Arrio comienza la enseñanza de su doctrina herética, que negaba la divinidad de Cristo y su inferioridad con respecto al Padre, Alejandro reacciona pronto, escribe al papa San Silvestre (31 de diciembre) y a los obispos de Oriente. Alerta del peligro de la herejía y su rápida extensión por Oriente. Convoca un sínodo y, preventivamente, condena el error. El emperador Constantino toma cartas en el asunto y convoca el Concilio en Nicea, en 325. El Nacianceno dice que aun siendo diácono Atanasio destacó entre los demás padres conciliares, exponiendo la herejía y desarmando sus argumentos. San Cirilo de Alejandría(27 de junio) dirá que ya desde el Concilio, Atanasio se ganó la admiración y respeto de los católicos, y el odio profundo de los arrianos. El concilio, para evitar cualquier confusión en el futuro, añade al Credo la palabra "homomisios", o sea, que define a Cristo como Dios y consustancial al Padre.
En 328, muere Alejandro, y al cabo de unas semanas el pueblo católico proclamó a Atanasio como sucesor, siendo consagrado obispo el 8 de junio del mismo año. Su elección provoca que los cismáticos melecianos y los arrianos se corten un poco en sus acciones. En 329 visita todas las iglesias de la extensa sede alejandrina. En la Tebaida conoce al "padre de los cenobitas" San Pacomio (12 de mayo) y establece sólidos lazos con los monjes, que serán su ayuda y consuelo en las adversidades que le esperan. En los monjes hallará gran fidelidad a la verdad católica frente a las herejías. En este viaje los melecianos intentan despojarle de su sede, y los arrianos arrecian sus ataques, con calumnias sobre su "dudosa" elección y algunas prácticas pastorales incorrectas y normas económicas injustas. Todo calumnias. Pero la peor fue acusarle de conspirar contra Constantino, razón por la cual viajó a Nicomedia para justificarse ante el emperador, el cual aceptó sus explicaciones. Atanasio, confirmado por el emperador arremetió severamente contra los calumniadores, pero estos contraatacaron y le acusaron de asesinar a un obispo y de provocar la desunión de la Iglesia con sus ataques a los herejes.
Primer destierro.
Para más inri, en 334 Constantino citó a Arrio y este hizo una profesión de fe herética tan disfrazada, que al emperador le pareció correcta y mandó a Atanasio que volviera a admitir a Arrio en la comunión de la Iglesia. Atanasio protestó y en 335 Constantino convocó un concilio. Los arrianos no permitieron la entrada de los obispos católicos a dicha reunión y Atanasio tuvo que enfrentarse solo a las graves acusaciones que le imputaban. Tan grave se puso la cosa, que Atanasio tuvo que ser sacado del concilio por funcionarios imperiales que temían por su vida. Los arrianos y melecianos, contentos por aquello, depusieron a Atanasio y entregaron la sede a Juan Arkaf, obispo meleciano y laxo con los arrianos.

Nuestro santo fue a Constantinopla a defenderse ante el emperador, pero los usurpadores llegaron antes y le contaron mil falsedades a Constantino, principalmente le dejaron ver que Atanasio tenía demasiado poder ante el pueblo, cosa que el emperador temía más que nada: una sombra de su poder. Al llegar Atanasio, el emperador le desterró a Tréveris. San Antonio Abad escribió a Constantino para defender a Atanasio, pero nada logró. Desde el exilio, Atanasio siguió ocupándose de su iglesia local. Escribía, exhortaba y alentaba a los suyos, y al mismo tiempo, su presencia sirvió para consolidar la fe católica en la Galia, estando alerta ante el arrianismo y para promover la vida monástica y eremítica que ya florecía en el desierto.

En 337 murió el emperador Constantino. El imperio quedó dividido en tres. Constancio fue nombrado emperador de Oriente y como era fiel católico, permitió a Atanasio regresar a Alejandría, pues estaba convencido de su rectitud. Atanasio forzó la restitución de todos los obispos católicos a su sede, deponiendo a los herejes. En Alejandría ya gobernaba el obispo arriano Pismo, que reclamó al papa San Julio I (12 de abril) su legitimidad, pero esta vez Atanasio estuvo más ligero, convocó un sínodo en el que proclamaron la fe católica, contra los obispos usurpadores. Los herejes depusieron a Pismo para poner en su lugar a Gregorio de Capadocia, que se presentó ante el prefecto de Egipto, Filagrio, para reclamar su apoyo. Como este tampoco quería a Atanasio, apoyó a Gregorio y lo entronizó con la fuerza imperial, provocándose disturbios entre católicos, arrianos y melecianos, que causaron varios muertos.

Segundo destierro.
Ante esto, denunció ante toda la Iglesia la injusticia y se retiró al desierto. Pero solo para despistar, pues enseguida se fue a Roma donde el papa Julio convocó un sínodo entre 340 y 341, donde proclamó la inocencia de Atanasio y confirmarlo como obispo legítimo de Alejandría. En respuesta los arrianos convocaron otro, presentando tres alternativas del Credo niceno, y aún una cuarta, sin duda previendo ser condenados en una Concilio General que la Iglesia de Occidente reclamaba, al ver peligrar la unidad. Entretanto, Atanasio en Roma continuó promoviendo la vida monástica, introduciendo la experiencia de la Tebaida. San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) da testimonio de ello con admiración y afecto.

En 342, los emperadores Constante y Constancio, luego de la muerte de su hermano, convocaron un concilio en Sardica, Bulgaria, a medio camino entre Occidente y Oriente. Los obispos orientales asistieron, pero los que habían depuesto a Atanasio se negaron a participar en las sesiones. Todo parecía perdido, incluso se barajó la ida de Atanasio a España, lejos de Oriente, con tal que se reconociera su inocencia. Pero nada, se negaron a ello y públicamente reiteraron sus condenas y falsedades, para luego abandonar el concilio. Este apoyó a Atanasio, confirmándole como legítimo patriarca de Alejandría, y así lo escribieron a las iglesias orientales. Pero el emperador Constancio, que había apostado por el arrianismo y controlaba a los obispos herejes, desautorizó al concilio, por lo que el destierro de Atanasio aún continuó durante años, en los que misionó por la Galia, Asia Menor, y zonas de la península itálica. En todos los sitios dejaba la impresión de santidad y todos lamentaban su injusta situación.

En 344 Constante y Constancio acercaron sus posiciones en el tema y luego del obispo usurpador, Gregorio, Constancio prometió no perseguir más a los fieles católicos e invitó a Atanasio a retomar su sede. Este no se fiaba y se entrevistó con Constante, el que le aseguró que podía fiarse de su hermano. Antes quiso entrevistarse con Constancio, el cual le recibió con agrado y le dio cartas de apoyo para que presentase ante el prefecto de Alejandría. Atanasio llegó en 346, con gran júbilo de la iglesia fiel. Según San Gregorio Nacianceno, ni los emperadores habían sido recibido con tal muestras de cariño y fastos. Y eso que hizo su entrada en la ciudad sobre un borrico. Ya entronizado, Atanasio comenzó a reorganizar su iglesia. Impulsó y encauzó el monaquismo, adecentó el culto y reformó la vida de su clero. En esta época de paz escribe varias de sus obras teológicas, ordena obispo a San Frumencio (27 de octubre) y le envía a evangelizar Etiopía. Es el tiempo en el que muere su amigo San Pacomio en 347, y en 350 es asesinado su defensor, el emperador Constante, quedando Constancio como único emperador. También muere el papa Julio, sucediéndole San Liberio(25 de septiembre), que sería poco enérgico con los arrianos ante el emperador.

Tercer destierro.
Todas estas novedades trajeron para Atanasio nuevas persecusiones por parte de sus enemigos, a pesar de que el papa Liberio le apoyaba expresamente. El emperador Constancio que veía un enemigo en Atanasio, un opositor a su intención del total control de Egipto convocó un concilio en Aquileya, en 354. Constancio propuso a los conciliares un decreto de condena contra Atanasio, que acataron todos los obispos y legados de papa. Todos menos San Paulino de Tréveris (31 de agosto), amigo personal de Atanasio, quien fue desterrado de su sede. El papa Liberio convocó un nuevo concilio en Milán, en 355, donde Constancio igualmente obligó a los obispos a condenar a Atanasio. Nuevamente todos obedecieron, menos San Osio de Córdoba (27 de agosto), San Eusebio de Vercelli (2 de agosto), San Lucifer de Cagliari (20 de mayo) y San Dionisio de Milán (25 de mayo), y los tres fueron igualmente desterrados. El papa Liberio se negó a aquella injusticia, por lo que también fue perseguido y castigado con el destierro. Y al año siguiente lo padecieron también San Hilario de Poitiers (31 de enero) y San Rodanio de Tolosa (10 de abril), todos amigos de Atanasio y su causa. Todas estas "derrotas" de sus amigos y la muerte de su defensor, San Antonio Abad, precipitaron el tercer destierro del santo.

Asegurado Constancio de la sumisión de los obispos occidentales, tomó Alejandría en febrero de 357. Con 5000 hombres atacó a Atanasio, que fue defendido por sus fieles. Atanasio fue a la catedral, abarrotada de fieles, se sentó en su cátedra con todos sus ornamentos episcopales y mandó se cantara la liturgia del día. Los soldados irrumpieron en la iglesia y los fieles y clérigos corrían por donde podían, pero el santo obispo no se movió de su cátedra hasta que los soldados dejaron salir ilesos a todos los fieles y sacerdotes. Una vez salvado el pueblo, unos monjes rodearon a Atanasio y moviéndose en piña, lo sacaron a escondidas del templo. Aunque Constancio mandó buscarle por todos lados, los monjes crearon una red de encubrimiento y lo trasladaban de monasterio en monasterio, siempre oculto. Seis años duró su ocultamiento, pero los aprovechó para escribir cartas, exhortaciones, obras de apología de su persona y de la fe, y de teología. Escribió su "Historia de los arrianos", para dar a conocer el origen y errores de dicha herejía, previniendo a los monjes y las iglesias de este mal. Mientras, Alejandría era pasto de las hordas arrianas, cuyo obispo Jorge terminó escapando perseguido por su nefasto gobierno. El papa Liberio, cansado y débil, había cedido ante el emperador, que le permitió el regreso a Roma en 358. Los sínodos de Rimini, Seleucia y Constantinopla no solucionaron el cisma, sino que lo agravaron, pues los arrianos se veían sin casi oposición.

En 360 murió Constancio y Juliano subió al trono. Opuesto a las políticas del anterior emperador, decretó que todos los obispos católicos perseguidos y depuestos volvieran a sus sedes. Atanasio entró triunfalmente en Alejandría en 361. Pronto puso manos a la obra: confirmó la fe católica según el Credo de Nicea, convocó una reunión de obispos que habían padecido destierro, y por tanto fieles a la Verdad para tratar el cisma de Antioquía: católicos divididos entre “eustacianos” y “melecianos” (no confundir con los anteriores), y por otro lado los herejes arrianos. Para no apartarnos del tema, recomiendo leer este artículo. También se trató de una nueva controversia en la Iglesia sobre la divinidad del Espíritu Santo.

Cuarto destierro. El cisma de Antioquía.
Si al principio Juliano se había mostrado favorable a la Iglesia y resuelto el problema de los desterrados, pronto la cosa fue a peor. El emperador decidió volver a la implantación de las religiones paganas. No solo de tolerancia hacia ellas, sino como religión oficial del imperio, con las consabidas consecuencias de persecución a los cristianos. A Atanasio, un referente de la lucha por la fe católica, dirige sus más severos ataques. Escribe a su prefecto en Alejandría que expulse al santo obispo. Y Atanasio vuelve al destierro, en octubre de 362, hallando refugio y protección entre sus amigos los monjes. Tres años duró la persecución de Juliano, apellidado con razón "el Apóstata". En 363 moría y se proclamó emperador a Joviano, católico sin concesiones, y preocupado por la ortodoxia de la fe y la unidad de la Iglesia. Este mandó a Atanasio que volviera tranquilamente a su iglesia alejandrina. Atanasio volvió y su primera medida fue tender la mano a San Melecio (12 de febrero), para poner fin al cisma meleciano. Pero san Melecio fue displicente y no respondió a su mano tendida, por lo que Atanasio lo llamó rebelde, sospechoso de herejía y desobediente. Los católicos antioquenos, curiosamente, recibieron esta enemistad como algo bueno, pues la superioridad de la sede de Alejandría su sede de Antioquía, siendo las dos sedes apostólicas.

Quinto destierro. Ida al Padre.
En 364, murió Joviano, y nuevamente el imperio se dividia en dos: Valentiniano en Occidente y Valente en Oriente. Si bien Valentiniano era tolerante y poco dado a inmiscuirse en asuntos religiosos, Valente era un fervoroso ¡arriano!, por lo cual en 365 revocaba los decretos de Juliano y Joviano y ordenaba el destierro de todos los obispos de fe católica.
Nuevamente partió Atanasio al desierto, junto a sus queridos monjes. Pero esta vez su regreso su pronto, por orden del mismo Valente, que temeroso del poder y prestigio moral de Atanasio, quiso tenerle a recaudo para evitar revueltas contra su propio poder. Así que Atanasio pudo volver a su sede y dedicarse a la pacificación y, en definitiva, a la extensión del Evangelio. En esta etapa escribió numerosos sermones, comentarios bíblicos. Y su correspondencia se hizo más frecuente. Continuó defendiendo la fe ortodoxa, alentando a prelados y fieles, resolviendo y aconsejando en asuntos de las iglesias. Aplaudió la consagración de San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio), su "sucesor" en la defensa de la recta fe católica.

En plena vitalidad, la muerte le llegó a nuestro santo y adalid de Cristo, en la noche del 2 al 3 de mayo de 375. Toda la iglesia alejandrina lloró su muerte, y más allá, en las fronteras del imperio la noticia fue un mazazo, por perder a tan valioso obispo. San Gregorio Nacianceno celebró sus funerales, y le dedicó hermosos elogios, llamándole "pilar de la Iglesia", "padre de la ortodoxia", "confesor de la fe". El Concilio de Constantinopla en 553, se valió de sus obras para definir la fe católica, condenando toda herejía, y le llama "Doctor de la Iglesia", siendo el primero en recibir informalmente este título.

Fuente:
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 8. Editorial Edibesa, 2001.


Y no habría que terminar sin citar algunos textos suyos, para saborear nuestra doctrina católica:
"Por el Espíritu Santo participamos de Dios (…) Por la participación del Espíritu venimos a ser partícipes de la naturaleza divina (…) Por eso, aquellos en quienes habita el Espíritu están divinizados" Epístola a Serapión.
"Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal". Epístola a Serapión.
"Convenía que el Señor, al revestirse de carne humana, se revistiese con ella tan totalmente que tomase todas las afecciones que le eran propias, de suerte que así como decimos que tenía su propio cuerpo, así también se pudiera decir que eran suyas propias las afecciones de su cuerpo, aunque no las alcanzase su divinidad. Si el cuerpo hubiese sido de otro, sus afecciones serien también de aquel otro. Pero si la carne era del Verbo, pues ‘el Verbo se hizo carne’ (Jn 1, 14), necesariamente hay que atribuirle también las afecciones de la carne, pues suya es la carne. Y al mismo a quien se le atribuyen los padecimientos-como el ser condenado, azotado, tener sed, ser crucificado y morir-, a él se atribuye también la restauración y la gracia. Por esto se afirma de una manera lógica y coherente que tales sufrimientos son del Señor y no de otro, para que también la gracia sea de él, y no nos convirtamos en adoradores de otro, sino del verdadero Dios. No invocamos a creatura alguna, ni a hombre común alguno, sino al hijo verdadero y natural de Dios hecho hombre, el cual no por ello es menos Señor, Dios y Salvador". Contra los Arrianos.
"[El Verbo] se hizo hombre para que nosotros nos volviéramos Dios; se hizo visible corporalmente para que tuviéramos una idea del Padre invisible y soportó la violencia de los hombres para que heredásemos la incorruptibilidad". Sobre la Encarnación del Verbo.

sábado, 23 de febrero de 2019

San Policarpo. Padre de la Iglesia. Discípulo de San Juan Evangelista (23 de febrero)

San Policarpo. Padre de la Iglesia. Discípulo de San Juan Evangelista

san policarpo obispo martir discipulo de san juan evangelista

San Policarpo fue discípulo de san Juan y el último de los testigos de los tiempos apostólicos. Fue martirizado en la hoguera

 
San Policarpo fue un obispo de Esmirna y uno de los primeros Padres apostólicos de la Iglesia primitiva. Fue un discípulo de San Juan Evangelista, aquel apóstol que recostó su cabeza sobre el regazo del Señor.

Fiesta: 23 de febrero

Martirologio Romano: Memoria de san Policarpo, obispo y mártir, discípulo de san Juan y el último de los testigos de los tiempos apostólicos, que en tiempo de los emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio Cómodo, cuando contaba ya casi noventa años, fue quemado vivo en el anfiteatro de Esmirna, en Asia, en presencia del procónsul y del pueblo, mientras daba gracias a Dios Padre por haberle contado entre los mártires y dejado participar del cáliz de Cristo (c. 155)

Biografía de San Policarpo

San Policarpo, obispo de Esmirna, nació aproximadamente en el año 69 o 70 y recibió el bautismo en la infancia.
San Ireneo afirma que San Policarpo recibió las enseñanzas de los apóstoles, más escíficamente del Apóstol San Juan, y junto a todos los demás, lo consagraron obispo de Esmirna, hacia el año 110. San Ignacio reconoció a Policarpo como barón apostólico y le recomendó su rebaño.
San Policarpo fue de un temperamento suave y moderado, amigo de la paz y de la mansedumbre, y así debieron ser sus homilías al pueblo. Hay un solo pasaje en su carta en el que muestra dureza:
"El que niegue a Jesús, no lo admita en el testimonio de su cruz, y el que tergiverse sus palabras para satisfacer sus concupiscencias, procede del diablo y es el primogénito de Satanás".
San Policarpo remitió a la Iglesia de Filipos las cartas de San Ignacio y adjuntó la presente suya, de las cuales decía: "podréis sacar gran provecho, pues están llenas de fe, de paciencia y de toda edificación en nuestro Señor".
El gran San Policarpo citaba frecuentemente de las Escrituras. En su carta a los filipenses hizo referencia a Mateo, Hechos, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 1 Pedro y quizás a otras porciones de las Escrituras.
San Policarpo meditó muchísimas veces el Evangelio, las cartas de San Pablo, de San Juan, de San Pedro, y hasta leyó las de San Clemente de Roma, y con citas de todas ellas entretejió sus recomendaciones a los fieles de Filipos.
En la carta de San Policarpo a los filipenses hallamos la reafirmación de ciertas verdades bíblicas. Él distingue entre Dios y Cristo, el Padre y el Hijo, y dice que es "por la voluntad de Dios mediante Jesucristo" como alcanzamos la salvación.
Policarpo amonesta además contra el amor al dinero y recuerda a sus lectores que los fornicadores y los hombres que se acuestan con hombres no heredarán el Reino de Dios. (Compárese con 1 Timoteo 6,10; 1 Corintios 6,9-10)
San Policarpo, también exhortó a las esposas a amar a sus esposos, y a los ancianos a ser compasivos y misericordiosos. Insta a todos a ser celosos al ir tras lo bueno.
Finalmente, San Policarpo eleva una súplica al Cielo por todos:
"Que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y Jesucristo mismo, quien es el Hijo de Dios, y nuestro Sumo Sacerdote eterno, los edifiquen en la fe y en la verdad, en toda mansedumbre, amabilidad, gran paciencia, autodominio y pureza"

El martirio de San Policarpo

En el año 154, San Policarpo viajó a Roma para discutir con el Papa Aniceto sobre la fijación de la fecha de la pascua cristiana; y en la persecución del emperador Decio, fue arrestado y llevado ante el gobernador, y al serle ofrecida la libertad si maldecía a Cristo, contestó:
"Ochenta y seis años he servido a Cristo, y Él nada me ha hecho sino el bien, ¿Cómo pues, podría yo maldecirle a Él, mi Señor y Salvador?".
San Policarpo fue quemado vivo, y como las llamas lo lamían sin querer quemarlo, fue preciso apuñalarlo en la hoguera para terminar de darle muerte, el 23 de febrero del año 155.

jueves, 13 de septiembre de 2018

San Juan Crisóstomo. Patrono de los predicadores (13 de septiembre)

San Juan Crisóstomo. Patrono de los predicadores


san juan crisostomo patrono de los predicadores

San Juan Crisóstomo fue un gran predicador. Doctor y Padre de la Iglesia. es el más famoso predicador que ha tenido la Iglesia Católica

 
San Juan Crisóstomo es el más famoso orador que ha tenido la Iglesia. Su oratoria no ha sido superada después por ninguno de los demás predicadores. Fue el representante más importante de la Escuela de Antioquía y uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia en Oriente. San Juan Crisóstomo. Patrono de los predicadores

Fiesta: 13 de septiembre

Martirologio romano: Memoria de san Juan, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, antioqueño de nacimiento, que, ordenado presbítero, llegó a ser llamado "Crisóstomo" por su gran elocuencia. Gran pastor y maestro de la fe en la sede constantinopolitana, sufrió el destierro por la facción de sus enemigos, y al volver del exilio por decreto del papa san Inocencio I, como consecuencia de los maltratos recibidos de sus guardas durante el camino de regreso, entregó su alma a Dios en Comana, localidad del Ponto, el catorce de septiembre (407).

Biografía de San Juan Crisóstomo

San Juan Crisóstomo nació en Antioquía, probablemente en el año 347. Era hijo único de un gran militar y de una mujer virtuosísima, Antusa, que ha sido declarada santa también era una familia cristiana bien acomodada.
En los años juveniles llevó una vida monástica en su propia casa. Su madre quedó viuda a la edad de veinte años.
Fue en la misma Antioquía donde estudió filosofía y retórica y donde, a la edad de veintiún años, después de estar tres junto al obispo Melecio, y de recibir el bautismo, fue hecho lector. A pesar de la oposición de su madre vivió unos años como ermitaño en el desierto, de donde tuvo que regresar porque su salud empeoraba.
En todo este tiempo, San Juan Crisóstomo no había dejado el estudio de las letras sagradas, y al volver a Antioquía fue ordenado diácono por el obispo Melecio, en el año 381 y luego sacerdote por el obispo Flaviano en el año 386
El Obispo Flaviano le asignó inmediatamente la tarea de predicar en la principal iglesia de la ciudad, lo que cumplió con gran puntualidad durante los doce años que van hasta el 397, convirtiéndose en un celoso colaborador en el gobierno de la Iglesia de Antioquía.
La especialización pastoral de Juan era la predicación, en la que sobresalía por sus cualidades oratorias y su profunda cultura, de allí el sobrenombre de Crisóstomo, es decir "boca de oro", que le fue dado después por los bizantinos.
San Juan Crisóstomo fue llamado a suceder al patriarca Netario en la cátedra de Constantinopla. Emprendió inmediatamente una actividad pastoral y organizativa que suscitó admiración y desconcierto.
Juan Crisóstomo era un predicador insuperable, pero no era diplomático, y por eso no se cuidó de las intrigas de la corte bizantina.
Fue depuesto ilegalmente por un grupo de obispos dirigidos por Teófilo, obispo de Alejandría, y desterrado con la complicidad de la emperatriz Eudósia; inmediatamente después fue llamado por el emperador Arcadio, pero luego de dos meses fue nuevamente desterrado.

La muerte de Crisóstomo

Durante este ultimo viaje, el 14 de septiembre del año 407, San Juan Crisóstomo murió. De sus numerosos escritos, se tiene un pequeño volumen sobre el sacerdocio, que es una obra clásica de la espiritualidad sacerdotal.
Al año siguiente el cadáver del santo fue llevado solemnemente a Constantinopla y todo el pueblo, precedido por las más altas autoridades, salió a recibirlo cantando y rezando.
El Papa San Pío X nombró a San Juan Crisóstomo como Patrono de todos los predicadores católicos del mundo.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

San Juan Crisóstomo, 13 de septiembre

Translación de las reliquias de San Crisóstomo en la iglesia de los Santos Apóstoles. Miniatura del Menologion de Basilio II. (Wiki commos)

San Juan Crisóstomo, 13 de septiembre

Elocuente orador
«Padre de la Iglesia, un hombre de excelsa virtud y gran talento. Elocuente orador; por ello fue denominado ‘boca de oro’. Pío X lo proclamó patrón de los predicadores y Juan XXIII patrono del Concilio Vaticano II»
Es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia católica, aclamado por los ortodoxos como uno de los más insignes teólogos junto a san Basilio y a san Gregorio. Crisóstomo significa «boca de oro», sobrenombre que recibió por su excelsa forma de predicar, y que siglos más tarde indujo a san Pío X a proclamarle «patrón de los predicadores». Era originario de Antioquia de Siria donde nació hacia mediados del siglo IV. Su padre, oficial del ejército imperial, murió al poco de su nacimiento, y fue su piadosa madre Antusa la que se ocupó de educarle a él y a otra hija mayor. Andragatio y también Libanio, que ya era un prestigioso orador, le introdujeron en el conocimiento de la filosofía y de la retórica. Su elocuencia, que sin duda era un don natural, le hacía apto para aspirar a una exitosa carrera como abogado o político. Así lo consideró Libanio reconociendo que su formidable alumno le había aventajado. Pero Juan siguió otro camino invirtiendo esa gracia que Dios le había otorgado precisamente para darle la mayor gloria.
El año 368 recibió el bautismo de manos del obispo Melecio, conocido suyo, que influyó decisivamente en su vida. Él le nombró lector y se ocupó de instruirle dejándole preparado para el sacerdocio. Entretanto, el santo recibía clases del afamado Diodoro de Tarso, un brillante exégeta que impartía clases a un selecto grupo de jóvenes en Antioquía; algunos de ellos fueron prelados. En el 374, fallecida ya Antusa, Juan emprendió una experiencia eremítica en el monte Silpio, al sur de Antioquia. Fueron intensos años comunitarios, y uno de estricta soledad, acumulando vivencias de incalculable valor, acostumbrado a escuchar la voz de Dios en el silencio, empapándose de la Escritura, particularmente atrapado por las cartas paulinas. Entonces se hallaba en el ecuador de su vida. Por razones de salud sólo pudo soportar este tiempo de severa ascesis y penitencias. Era providencial. El veto que le impuso su organismo obligándole a abandonar la montaña el año 381 le abrió las puertas de su verdadera vocación. Poco tiempo después, Melecio le ordenó diácono. Y el año 386 recibió el sacramento del sacerdocio de manos del prelado Flaviano quien le designó predicador, misión que desempeñó admirablemente durante doce años.
Su rigurosa preparación y vasta cultura, unidas a su fe y entrega, impregnaban sus profundos comentarios a través de los cuales inducía a los fieles a vivir en conformidad con el Evangelio, lejos de la depravación y vicios morales. Muchos de ellos están recogidos en las Homilías;algunas las dedicó a los que derribaron las esculturas imperiales como medida de fuerza contra los gobernantes que no les dejaban respirar con abusivos impuestos. También es autor de numerosos tratados y cartas. El año 397, a la muerte de Nectario, patriarca de Constantinopla, fue proclamado sucesor suyo aún en contra de su voluntad. Tanto sintió su marcha Antioquia que tuvo que partir escoltado para evitar el tumulto de las gentes. Este virtuoso de la elocuencia se ganó al pueblo llano con sus encendidas exhortaciones a vivir la virtud. Luchó con denuedo contra los arrianos. Muchos pecadores y herejes se convertían al sentirse retratados en sus palabras con las que advertía de la gravedad de los vicios y errores en los que incurrían. Las dos horas largas que de ordinario duraban las homilías parecían un santiamén; en ellas exigía y denunciaba a la par que instruía. A las personas que no tenían doblez y mostraban disposición al arrepentimiento les decía: «Si habéis caído en el pecado más de una vez, y aún mil veces, venid a mí y yo os curaré». No seguía el mismo criterio con los impenitentes.
Tenía alma monástica; conocía los peligros de una contemplación puramente teórica cuando de lo que se trata es de encarnar a Cristo. Se preocupó de la formación de personas de todas las edades, denunció los abusos del clero y reformó sus costumbres. Apuntaba certero al corazón y alentaba la vida espiritual de la gente, especialmente de los pobres, a quienes ayudaba a paliar sus carencias materiales. Fundó hospitales, promovió comunidades entre mujeres de fe y también impulsó la evangelización de otras ciudades. Vivía la oración continua: «Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios… Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche». Estaba abrazado a la cruz. Su vibrante defensa de la verdad y abiertas críticas a la ostentación y a otros desmanes que detectaba en una parte del clero y en ciertos núcleos de poder le deparó muchos problemas.
La diplomacia no era uno de sus fuertes. Franco y directo se ganó opositores que albergaban intereses dispares a los evangélicos, huyendo de la exigencia que predicaba. En particular Teófilo, el patriarca de Alejandría, y la emperatriz Eudoxia, esposa de Arcadio, levantaron malévolas acusaciones de traición contra él, que no eran más que una burda venganza por las consecuencias de sus sermones que no les beneficiaban. El Sínodo de la Encina convocado el año 403 sancionó su caso, y un grupo de obispos capitaneados por Teófilo y la connivencia de Eudoxia acordaron su destierro. Tras su pronta reposición en la sede de Constantinopla por Arcadio, nuevamente sus advertencias pastorales a la emperatriz atrajeron su ira y fue enviado a Cucusa, cerca de Armenia. Desde allí continuó redactando valiosas cartas pastorales. El papa Inocencio I lo consoló y medió para que fuera restituido, pero sus gestiones no tuvieron eco. Juan nunca llegó a Pitionte que hubiera sido el final de su trayecto. En el transcurso del viaje que emprendió en Cucusa, hallándose en Comana, región del Ponto, falleció el 14 de septiembre del año 407, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, musitando: «Gloria a Dios por todo».

miércoles, 2 de mayo de 2018

San Atanasio. Obispo de Alejandría. Doctor y Padre de la Iglesia (2 de mayo)


San Atanasio. Obispo de Alejandría. Doctor y Padre de la Iglesia

san atanasio obispo de alejandria padre y doctor de la iglesia

San Atanasio luchó por mantener la fe y el misterio de la Trinidad. Sufrió de muchas conspiraciones. Escribió numerosas obras muy estimadas

 
San Atanasio de Alejandría, también conocido como Atanasio el Grande, Atanasio el Confesor o, sobre todo en la Iglesia Ortodoxa Copta, Atanasio el Apostólico, fue el vigésimo obispo de Alejandría (Atanasio I). Su episcopado duró 45 años (del 8 de junio de 328 al 2 de mayo de 373), dentro de los cuales, sufrió cinco exilios ordenados por cuatro emperadores romanos diferentes. San Atanasio fue un teólogo cristiano, un Padre de la Iglesia Católica, y uno de los principales defensores del trinitarismo contra el arianismo

Fiesta: 02 de mayo

Martirologio romano: Memoria de San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia, de gran santidad y doctrina, que en Alejandría, Egipto, desde la época del emperador Constantino, luchó valientemente por mantener la fe verdadera, y sufrió de muchas conspiraciones de los arrianos. Fue enviado al exilio en varias ocasiones; Finalmente regresó a la Santa Sede, después de haber luchado y sufrido mucho con una paciencia heroica. en el cuadragésimo sexto año de su sacerdocio descansó en la paz de Cristo.

Biografía de San Atanasio

San Atanasio nació en Egipto a finales del siglo III, y fue desde su juventud piadosa, aprendió, y profundamente versado en los escritos sagrados, como correspondía a aquel a quien Dios había escogido para ser el campeón y defensor de su Iglesia contra la herejía arriana .
San Atanasio recibió su formación filosófica y teológica de Alejandría; en el año 325.
Aunque sólo era un diácono, fue elegido por su obispo para que lo asistiera en el Concilio de Nicea, y atrajo la atención de todos por el aprendizaje y la habilidad con la que defendió la fe.
Por sus cualidades, San Atanasio fue el más apto de los candidatos para suceder a Alejandro cuando éste murió en el año 328. Los primeros años de su episcopado los dedicó a la visita de su extenso patriarcado, que incluía todo Egipto y Libia.
Durante este tiempo se establecieron importantes contactos con los monjes coptos de Egipto superior y su líder Pacomio.
Pronto, San Atanasio comenzó la lucha con los eclesiásticos imperialistas y arrianos que ocuparian gran parte de su vida. Él utilizó su enorme influencia en contra de los melecianos, seguidores del cismático obispo Melecio de Licópolis, que ya había hecho planes en Nicea para su reencuentro con la Iglesia; pero Atanasio refutó cargos de traición a los arrianos y melecianos que se negaban a reconocer el concilio general de la Iglesia.
Cuando ambas partes se reunieron el emperador, San Atanasio fue acusado de amenazar a interferir con el suministro de grano de Egipto, y sin ningún juicio formal fue exiliado a treveris.

El destierro de San Atanasio

San Atanasio fue desterrado cinco veces y cuando la autoridad civil quiso obligarlo a que recibiera de nuevo en el seno de la Iglesia a Arrio, excomulgado por el concilio de Nicea, Atanasio, cumpliendo con gran valor su deber, rechazó tal propuesta y perseveró en su negativa, a pesar de que el emperador Constantino, en 336, ya lo había desterrado por esto
Durante dos años permaneció San Atanasio en esta ciudad, al cabo de los cuales, al morir Constantino, pudo regresar a Alejandría entre el júbilo de la población. Inmediatamente renovó con energía la lucha contra los arrianos y por segunda vez, en 342, tuvo que emprender el camino del destierro que lo condujo a Roma.
Ocho años más tarde se encontraba de nuevo en Alejandría con la satisfacción de haber mantenido en alto la verdad de la doctrina católica. Pero llegó a tanto el encono de sus adversarios, que enviaron un batallón para prenderlo.
Providencialmente, San Atanasio logró escapar y refugiarse en el desierto de Egipto, donde le dieron asilo durante seis años los anacoretas, hasta que pudo volver a reintegrarse a su sede episcopal; pero a los cuatros meses tuvo que huir de nuevo.
Después de un cuarto retorno, se vio obligado, en el año 362, a huir por quinta vez. Finalmente, pasada aquella furia, pudo vivir en paz en su sede.
San Atanasio es el prototipo de la fortaleza cristiana. Falleció el 2 de mayo del año 373. Escribió numerosas obras muy estimadas. Él es honrado como uno de los más grandes de los Doctores de la Iglesia.
 
PildorasdeFe.net, Celebraciones y Fiestas de la Iglesia | Con aportes de: EWTN.com