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lunes, 27 de enero de 2020

Santa Ángela Merici, virgen y fundadora (27 de enero)


Santa Ángela Merici, virgen y fundadora

fecha: 27 de enero
fecha en el calendario anterior: 31 de mayo
n.: 1474 - †: 1540 - país: Italia
canonización: 
B: Clemente XIII 1768 - C: Pío VII 1807
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Santa Angela Merici, virgen, que vistió primero el hábito de la Tercera Orden Regular de San Francisco y reunió a varias jóvenes para instruirlas en obras de caridad. Más tarde, instituyó una orden de mujeres llamada de Santa Úrsula, con la finalidad de vivir una vida de perfección en el mundo y enseñar los caminos del Señor a las adolescentes. Murió en Brescia, ciudad de Lombardia.
Oración: Señor, que no deje de encomendarnos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
La fundadora de las Ursulinas, primera congregación femenina dedicada a la enseñanza, nació el 21 de marzo de 1470 o de 1474, en el pueblecito de Desenzano, a orillas del Lago de Garda, en Lombardía. Los padres de la santa, más piadosos que ricos, la educaron cristianamente. Ambos murieron cuando Ángela tenía diez años y dejaron a sus dos hijas y a su hijo al cuidado de un tío acomodado que vivía en Saló. Cuando Ángela tenía trece años, murió su hermana mayor, lo cual constituyó un rudo golpe; a la pena de verse separada de quien era para ella como una segunda madre, se añadía la incertidumbre acerca de su suerte eterna, ya que su hermana, una buena mujer, piadosa y de sólidos principios, no había podido recibir los últimos sacramentos. Ángela tuvo, por entonces, la primera de sus numerosas visiones, y en ella le fue revelado que su hermana se había salvado. Llena de gratitud, Ángela se consagró, con mayor ahinco que antes, al servicio de Dios y, poco después, tomó el hábito de terciaria franciscana. Llevaba una vida extremadamente austera. A imitación de san Francisco, no quería poseer nada, ni siquiera una cama y se alimentaba exclusivamente de pan, agua y algunas verduras. Ángela volvió a Desenzano después de la muerte de su tío, hacia los veintidós años de edad. En sus visitas a los vecinos, quedó sorprendida por la total ignorancia de los niños, a quienes sus padres no podían o no querían enseñar ni siquiera lo más elemental del catecismo. Poco a poco se sintió llamada a remediar ese estado de cosas y habló de ello con algunas amigas. La mayoría de ellas eran terciarias franciscanas o jóvenes de la clase social de Ángela, con poco dinero y menos influencia, pero dispuestas a seguir generosamente a la santa.
Ángela era de baja estatura, pero tenía todas las cualidades de un jefe y no carecía de belleza y encanto. Encabezadas por Ángela, las buenas mujeres empezaron a reunir a las niñas de la vecindad y a educarlas sistemáticamente. La obra, que había tenido comienzos tan humildes, prosperó rápidamente, y se invitó a Ángela a fundar, en Brescia, una escuela semejante. La santa aceptó y recibió cordial hospitalidad en la casa de un noble matrimonio al que había consolado en un momento de tribulación. Por medio de sus huéspedes, entró en contacto con las principales familias de Brescia y se convirtió en la inspiradora de un devoto círculo de hombres y mujeres. De cuando en cuando, hacía una peregrinación a algún santuario. Se hallaba en Mántua, a donde había ido para visitar la tumba de la beata Osanna, cuando aprovechó la oportunidad que se le ofreció para acompañar a Tierra Santa a una joven pariente. Antonio de Romanis, un mercader ya anciano, sufragó los gastos de Ángela. En Creta, la santa sufrió un ataque de ceguera. Sus compañeros le propusieron volver a Italia, pero ella se negó a hacerlo y visitó los Santos Lugares de Palestina con tanta devoción, como si los viese con los ojos del cuerpo. En el viaje de vuelta, cuando se hallaba orando exactamente en el mismo sitio en que había sido atacada por la enfermedad, recobró la vista.
El Año Santo de 1525, Ángela fue a Roma para ganar la indulgencia del jubileo y tuvo el privilegio de obtener una audiencia privada con el Papa. Clemente VII hubiese querido que se quedara en Roma a dirigir una congregación de religiosas hospitalarias, pero la santa declinó respetuosamente el honor, por humildad y por fidelidad a su verdadera vocación. Volvió, pues, a Brescia. Sin embargo, tuvo que abandonar pronto la ciudad, porque, cuando las tropas de Carlos V estaban a punto de tomarla, pareció conveniente evacuar el mayor número posible de civiles. Ángela se trasladó a Cremona con algunas de sus amigas y allí permaneció, hasta que se firmó la paz. Los habitantes de Brescia la recibieron jubilosamente a su regreso, pues admiraban su caridad, su don de profecía y su santidad. Se cuenta que, poco después, mientras asistía a la misa, fue arrebatada en éxtasis y estuvo largo tiempo suspendida en el aire, a la vista de numerosos testigos.
Algunos años antes, en Desenzano, santa Ángela había tenido una visión de un grupo de doncellas que subían al cielo por una escala luminosa y había oído una voz que le decía: «Ten buen ánimo, Ángela, porque antes de morir vas a fundar una compañía de doncellas como las que acabas de ver». Ahora había llegado el tiempo del cumplimiento de esa profecía. Según parece, hacia el año 1533 la santa empezó a formar a varias jóvenes selectas en una especie de noviciado informal. Doce de esas jóvenes se fueron a vivir con ella en una casa de las cercanías de la iglesia de Santa Afra, pero la mayor parte siguió en la casa de sus padres o de sus parientes. Dos años después, veintiocho jóvenes se consagraron al servicio de Dios. Ángela las puso bajo la protección de santa Ursula, la patrona de las universidades medievales, a la que el pueblo veneraba como guía del sexo femenino. Por ello, las hijas de santa Ángela han conservado hasta nuestros días el nombre de «Ursulinas». El 25 de noviembre de 1535 fue la fecha oficial de la fundación de la Orden de las Ursulinas. Sin embargo, en la época de la fundadora, se trataba más bien de una asociación piadosa, ya que sus miembros no llevaban hábito (aunque se les recomendaban los vestidos negros), no hacían votos y no vivían en comunidad. Las Ursulinas se reunían para la enseñanza y la oración, ejecutaban trabajos que se les encomendaban y procuraban llevar vida de perfección en la casa paterna. La idea de una orden femenina de enseñanza era tan nueva, que hacía falta tiempo para que la cristiandad se acostumbrase a ella.
Sin embargo, pese a los cambios y modificaciones que han sufrido, las Ursulinas conservan, hasta el día de hoy, la finalidad para la que fueron creadas: la educación de las niñas, sobre todo de las niñas pobres. En las primeras elecciones, santa Ángela fue nombrada superiora y ejerció ese cargo durante los cinco últimos años de su vida. A principios de enero de 1540, cayó enferma y murió el 27 del mismo mes. En 1544, una bula de Paulo III confirmó la Compañía de Santa Ursula y la reconoció como congregación. La fundadora fue canonizada en 1807.
Las fuentes sobre la vida de Santa Ángela pueden verse, en inglés, en la minuciosa obra de la hermana M. Mónica, Ángela Merici and Her Teaching Idea (1927). El P. Cozzano, secretario de la santa, nos dejó un manuscrito que contiene las reglas, el «testamento» y los consejos de la sierva de Dios. Un notario llamado G. B. Nazari escribió en 1560, la primera biografía de santa Ángela; puede verse en el apéndice de la obra de Giuditta Bertolotti, Storia di S. Ángela Merici (1923). La primera biografía que se publicó fue, probablemente, la de Ottavio Gondi (1600) que está plagada de datos legendarios. La biografía de Carlo Doneda, compuesta con miras a la canonización, vio la luz en 1768 y es un poco más fidedigna que la anterior. Ver la obra de Postel (1878), en dos volúmenes. En el Oficio de Lecturas del día de la santa se lee un fragmento de su Testamento Espiritual.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_331

martes, 29 de octubre de 2019

Beato Ángel de Acri, 30 de noviembre


Beato Ángel de Acri © Orden Franciscana Seglar de Avilés
Beato Ángel De Acri © Orden Franciscana Seglar De Avilés

Beato Ángel de Acri, 30 de noviembre

Apóstol de las calabrias, en Italia

«Este capuchino, denominado el predicador calabrés y el apóstol de las Calabrias, hasta en tres ocasiones tuvo que iniciar su noviciado. Las dudas se apoderaban de él, devolviéndole al mundo. Luego fue bendecido con numerosos dones»
Lucas Antonio Falcone nació en Acri, Cosenza, Italia, el 19 de octubre de 1669. Sus padres, el campesino Francisco Falcone, y Diana Enrico, panadera, le educaron en la fe. Diana era devota de la Virgen de los Dolores y de san Francisco de Asís, lo cual influyó en el pequeño Lucas que creció en un hogar de mínimos recursos, pero amasando una fortaleza que sería su mayor legado. Travieso, como son la mayoría de los niños, hallándose en la iglesia con su madre intentó descolgar la imagen de la Virgen, pero algo percibió en su mirada y desistió. Se hincó de rodillas colocando debajo unos granos de trigo y en un momento dado vio que la imagen resplandecía ante él «ceñida de rayos», hecho que le causó gran conmoción.
En 1689, mientras escuchaba el sermón del capuchino padre Antonio de Olivadi, creyó que tenía vocación para integrarse en su comunidad y fue admitido en ella ese mismo año. Contra el parecer de su madre, y de un tío sacerdote, ingresó en Dipignano. Al no hallar conformidad con la vida que se encontró, regresó con su familia. Pero íntimamente le parecía percibir una voz haciéndole ver que su lugar era otro. Volvió a las puertas del convento de los frailes, solo que en este caso eran las de Acri, confiando en que sería acogido y perdonado, como así fue. Por segunda vez reinició el noviciado en 1689, en esta ocasión en Belvedere. Le atenazaron las dudas, se dejó llevar de pensamientos mundanos, y nuevamente se marchó.
Parecía como si su reticencia para huir atrajese sobre él más gracia divina. A mediados de noviembre de 1690 por tercera vez se planteó la posibilidad de ser capuchino. Según confesó después, fue el diablo bajo una poderosa apariencia física, quien lo transportó permitiéndole atravesar de ese modo una peligrosa corriente; interpretó el hecho como un castigo divino impuesto al maligno que había influido en su voluntad en las dos ocasiones anteriores. Ángel llegó al convento de Belvedere tembloroso, cargado de humildad, pertrechado por su fe y el espíritu de un neófito. Los religiosos volvieron a dar pruebas de bondad y de caridad acogiéndole. Y el beato, decidido a todo por Cristo, en esta ocasión perseveró en la vivencia de las enseñanzas que fue recibiendo, entregado a la oración y a la penitencia. No obstante, tuvo que luchar contra las tentaciones de abandono que pugnaban por abrirse paso dentro de sí con inusitada fuerza. Por algo advierte Cristo que se debe ser fiel en las cosas pequeñas. Los resquicios que dejan las dudas no hacen más que aventar la indecisión. Si se le dan alas una vez, la vida espiritual comienza a derrapar por un peligroso desfiladero porque la debilidad se asienta cómodamente en el interior. En cambio, toda negativa a volver la vista atrás fortalece.
Ángel se había dejado llevar de sus temores en tres ocasiones, y la lucha se le presentaba más enconada. Así que, conocer la vida de fray Corleone, y su combate contra las tendencias humanas, le ayudó muchísimo. Casi desfallecido por la batalla que mantenía contra el envite del maligno, suplicó: «¡Ayúdame, Señor! No resisto más». Y escuchó esta respuesta: «Compórtate como fray Bernardo de Corleone». Entonces, tomó al fraile como modelo y, con la ayuda de su formador Juan de Orsomarso, que le animó en todo momento, profesó en 1691, habiendo encomendado su vocación a María. Lo encaminaron a la vida sacerdotal, cursó estudios teológicos y en 1700 fue ordenado sacerdote en la catedral de Cassano Jonio.
Destinado a predicar, supo llegar al corazón de las pobres gentes, campesinos y pastores en su mayoría, que malvivían trabajando de sol a sol, mientras los beneficios iban a parar a los señores. Les hablaba del amor de Dios con un mensaje sencillo, comprensible, despojado de retóricas y artificios, en conformidad con el espíritu franciscano. Obtuvo muchas conversiones. Fueron treinta y ocho años los que pasó predicando cuaresmas, ejercicios espirituales, misiones populares, etc., por muchas regiones de Italia, pasando por encima de penalidades y contratiempos. No se amilanaba a la hora de defender a los débiles. Denunciaba con pasión los abusos que cometían contra ellos lesionando sus derechos esenciales, y reclamaba a las autoridades civiles y a miembros de la nobleza el trato justo que merecían. Fue un gran confesor y pacificador. En el púlpito no le temblaba el pulso a la hora de condenar la gravedad de la conducta de los pecadores, aunque en el confesionario acogía a los penitentes con misericordia y piedad.
Hizo de su celda un centro de consulta para los que demandaban su consejo, que eran de todas las clases y condiciones sociales: la nobleza y el clero también acudía a él. Dirigió espiritualmente a religiosos y religiosas. Notable fue la atención que tuvo con el VIII príncipe de Bisignano, Giuseppe Leopoldo Sanseverino, siendo autorizado por Benedicto XIII para que residiera en el palacio a efecto de poder confortarle espiritualmente. Contando con la ayuda de Sanseverino, Ángel impulsó la construcción del convento de capuchinas en Acri, donde ingresaría la hija de este noble: sor María Ángela del Crucificado.
El beato aceptó por obediencia las misiones que se le encomendaron: maestro de novicios, guardián, visitador, definidor, ministro provincial y pro-visitador general. Fue un gran humanista y poeta, un excelso religioso agraciado con dones extraordinarios: milagros, profecía, bilocación, dirección y penetración de conciencias, éxtasis y curaciones. Murió en Acri el 30 de octubre de 1739. Fue beatificado por León XII el 18 de diciembre de 1825.

sábado, 2 de marzo de 2019

Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, virgen y fundadora (2 de marzo)


Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, virgen y fundadora

fecha: 2 de marzo
n.: 1846 - †: 1932 - país: España
canonización: 
B: Juan Pablo II 12 jul 1982 - C: Juan Pablo II 4 may 2003
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
Elogio: En Sevilla, en España, santa Ángela de la Cruz Guerrero González, virgen, fundadora del Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que no se reservó derecho ninguno para sí, sino que lo dejó todo para los pobres, a quienes acostumbraba a llamar sus «señores», sirviéndoles de verdad.
Nació en las afueras de Sevilla el día 30 de enero de 1846. Fue bautizada el 2 de febrero siguiente en la parroquia de Santa Lucía. Su padre, Francisco, era cocinero del convento de los Trinitarios, y su madre, Josefa, costurera allí mismo. Tuvieron catorce hijos, de los que solamente seis llegaron con vida a la mayoría de edad. Como tantas niñas pobres sevillanas de su tiempo, fue poco al colegio, aprendiendo a escribir, sin dominar la ortografía, algunas nociones de aritmética y catecismo. Su pobreza no le impedía, desde niña y adolescente, compartir con los más pobres los bienes que tenían en la familia, pues les llevaba mantas de su casa cuando no tenían ellos para todos.
En el hogar aprendió a rezar el rosario y las oraciones del mes de mayo dedicado a la Virgen María. Con su padre acudía al rosario de la aurora y su madre se prestaba a ser madrina de los niños del barrio que lo necesitaban. Hizo la primera comunión en 1854 y recibió la confirmación en 1855. A los doce años tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a su familia como aprendiz en la zapatería Maldonado, donde también se rezaba diariamente el rosario, y tuvo sus primeras experiencias místicas. Ella misma se puso a enseñar el oficio a otras niñas, como oficiala de primera, en una institución llamada «Las Arrepentidas», en aquella Sevilla que entonces tenía rango de Corte por la presencia en el palacio de San Telmo de los duques de Montpensier.
El canónigo que confesaba a Angelita, el padre Torres, le ayudó a encontrar lo que Dios le pedía: ser monja. En 1865, acompañada de su hermana Joaquina, llamó a las puertas del Carmelo que había fundado en Sevilla santa Teresa de Jesús, pero, a pesar de su gran capacidad para la vida contemplativa, no fue admitida porque no tenía suficiente salud para la vida tan austera del Carmelo. En 1868 entró como postulante en las Hijas de la Caridad del hospital central de Sevilla, pero por su salud quebrantada fue trasladada a Cuenca, por si le sentaba mejor aquel clima. En 1870 tuvo que dejar definitivamente a las Hijas de la Caridad, a pesar de su entrega y fidelidad generosa.
Resignada a vivir como «monja sin convento», volvió a su trabajo y se sometió en obediencia a su director espiritual, escribiendo todos los pensamientos y deseos de su alma, hasta que en 1875 vio durante la oración el monte Calvario con una cruz frente a la de Cristo crucificado: «Al ver a mi Señor crucificado deseaba con todas las veras de mi corazón imitarle; conocía con bastante claridad que en aquella otra cruz que estaba frente a la de mi Señor debía crucificarme, con toda la igualdad que es posible a una criatura...». En una ocasión, después de escuchar las quejas de los pobres que sufren, escribe al padre: «Si, para aconsejar a los pobres que sufran sin quejarse los trabajos de la pobreza, es preciso llevarla, vivirla, sentirse pobre... ¡qué hermoso sería un instituto que por amor a Dios abrazara la mayor pobreza!», recibiendo así la inspiración de fundar una «Compañía».
En sus Papeles íntimos, páginas asombrosas para una mujer iletrada, con faltas ortográficas pero con una identidad cristiana y eclesial admirable, redactó su proyecto de Compañía, con una dimensión caritativa y social a favor de los pobres y con un impacto enorme en la Iglesia y en la sociedad de Sevilla, por su identificación con los menesterosos: «Hacerse pobre con los pobres». No quería hacer la caridad «desde arriba» sino ayudar a los pobres «desde dentro». Escribía y lo vivía: «La primera pobre, yo...».
El día 2 de agosto de 1875 el padre Torres celebraba la Eucaristía en la iglesia del convento jerónimo de Santa Paula, a la que asistían, con Ángela, que era terciaria franciscana, otras tres mujeres, Juana, Josefa y otra Juana, dispuestas a desentrañar el misterio de la cruz en la oración y en el servicio a los pobres. Acabada la misa, se trasladaron a vivir a un cuarto alquilado en la calle de San Luis, n. 13, en el que había una mesa, unas sillas y unas esteras de junco que servían de colchón y de almohada, un crucifijo y un cuadro de la Virgen de los Dolores. Estaban naciendo las Hermanas de la Cruz.
La fundadora imprimió a su Compañía un ambiente de limpieza, de saludable alegría y de contenida belleza, de tal forma que sus conventos tendrían esplendor a base de cal, estropajo, dos esterillas y cinco macetas. Su estilo sería el de mujeres sencillas, verdaderamente populares, apartadas de la grandiosidad, impregnando de tal forma el aire de dulzura, que la gente agradecía aquel nuevo modo de querer a Dios y a los pobres. Luego pasaron a la calle Hombre de Piedra, junto a la parroquia de San Lorenzo, donde ejercía el ministerio Marcelo Spínola, quien llegaría a ser el arzobispo llamado «mendigo», recientemente beatificado. Empezaron a recoger niñas huérfanas de los enfermos a quienes atendían, por eso pasaron a otra casa más grande en la calle Lerena, donde ya pudieron contar con la presencia de la Eucaristía. Atendían a las personas que estaban solas y enfermas en sus casas. Con una mano pedían limosna y con la otra la repartían.
En 1879 el arzobispo fray Joaquín Lluch aprobó las primeras Constituciones de la Compañía de las Hermanas de la Cruz, en una síntesis de oración y austeridad, contemplación y alegría en el servicio a los pobres. Las Hermanas de la Cruz fueron extendiéndose por Andalucía y Extremadura, La Mancha, Castilla, Galicia, Valladolid, Valencia y Madrid, las Islas Canarias, Italia y América. En Sevilla se trasladarían a lo que después sería la casa madre en la calle de Los Alcázares. En 1894 sor Ángela, «madre Angelita» o simplemente «madre» como se le llamaba ya en Sevilla, viajó a Roma para asistir a la beatificación del maestro Juan de Ávila y fray Diego de Cádiz, pudiendo entrevistarse con el Papa León XIII, quien más tarde concedió el decreto inicial para la aprobación de la Compañía, que firmaría en 1904 san Pío X.
En 1907 sor Ángela asumió el gobierno y la responsabilidad de su instituto religioso como primera madre general, reelegida cuatro veces. Aunque tenía fama de «milagrera», destacaba por su naturalidad y sencillez. En 1928, a pesar de la exposición iberoamericana, en Sevilla continuaba habiendo pobres y necesidades; por eso las Hermanas de la Cruz rondaban por los barrios más pobres, santificándose especialmente con la virtud de la mortificación, al servicio de Dios en los pobres, haciéndose pobres como ellos. Sor Ángela aceptó la decisión del arzobispo y, al no continuar siendo madre general, se puso a disposición de la nueva, aconsejando a sus hermanas y a cuantas personas acudían a pedirle ayuda, atraídas por sus virtudes. Las Hermanas de la Cruz, de entonces y de ahora, siguen a rajatabla las normas de mortificación establecidas por sor Ángela: comen de «vigilia», duermen sobre una tarima de madera las noches que no les toca velar, duermen poquísimo, pues quieren estar «instaladas en la cruz», «enfrente y muy cerca de la cruz de Jesús», renunciando a los bienes de este mundo y acudiendo sin tardanza donde los pobres las necesiten.
El 7 de julio de 1931 la madre Ángela tuvo una trombosis cerebral que, nueve meses después, la llevaría a la muerte. Estuvo paralizada de medio cuerpo, pero continuó resplandeciendo en su virtud de la humildad, tratando de agradar y nunca molestar. Después de una larga agonía y de haber recibido los últimos sacramentos, murió en Sevilla, en su tarima de dormir, el 2 de marzo de 1932. Sevilla entera pasó durante tres días enteros por la capilla ardiente hasta que, por privilegio especial, fue sepultada en la cripta de la casa madre. Fue beatificada en Sevilla por el Papa Juan Pablo II el 5 de noviembre de 1982, y canonizada por el mismo en Madrid el 4 de mayo de 2003. Su cuerpo incorrupto reposa en su capilla de la casa madre y su memoria litúrgica se viene celebrando el día 5 de noviembre.
De L'Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, del 2 de mayo de 2003, que tomamos de Franciscanos.org
fuente: «L`Osservatore Romano»
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martes, 5 de febrero de 2019

Santa Águeda, virgen y mártir (5 de febrero)


Santa Águeda, virgen y mártir
fecha: 5 de febrero
†: c. 251 - país: Italia
otras formas del nombre: Ágata
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Memoria de santa Agueda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor.
Patronazgos: patrona de Catania (Italia) y Malta, de las enfermeras, pastoras, tejedores, mineros, trabajadores de hornos, orfebres, campaneros, cristaleros, protectora contra el hambre, la infecundidad, las enfermedades de las mamas, fiebres, para pedir por el mal tiempo, los terremotos y desastres naturales, y especialmente contra la erupción del Etna.
Tradiciones, refranes, devociones: Por santa Águeda el tiempo agrada.
Santa Águeda, todas las fiestas arrebata. (?)
Oración: Te rogamos, Señor, que la virgen santa Águeda nos alcance tu perdón, pues ella fue agradable a tus ojos por la fortaleza que mostró en su martirio y por el mérito de su castidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Las ciudades de Palermo y Catania, en Sicilia, se disputan el honor de haber sido el lugar de nacimiento de santa Águeda, pero el único dato cierto al que se ha llegado es que recibió la corona del martirio en Catania. Sus «Actas», que existen en latín y griego con muchas variantes y que no tienen valor histórico, declaran que perteneció a una familia rica e ilustre, y que habiendo sido consagrada a Dios desde sus primeros años, triunfó de los muchos asaltos a su pureza. Quinciano, un dignatario consular, pensó que podría llevar al cabo sus perversas intenciones hacia Águeda, por medio del edicto del emperador contra los cristianos. Con ese objeto, la hizo comparecer en su presencia. Viéndose en manos de sus perseguidores, oró de esta manera:
«Jesucristo, Señor de todas las cosas, tú ves mi corazón, tú conoces mis deseos. Sé tú dueño absoluto de todo lo que soy. Soy tu oveja: hazme digna de vencer al diablo.»
Quinciano ordenó que se la entregaran a Aphrodisia, una mujer perversa que con sus seis hijas tenía una casa de mala fama. En este lugar espantoso sufrió Águeda asaltos y acechanzas contra su honra, más terribles para ella que el tormento o la muerte, pero se mantuvo firme. Después de un mes, Quinciano trató de asustarla con amenazas, pero ella permaneció inconmovible y declaró que ser sierva de Jesucristo era estar en verdad libre. El juez, disgustado con sus firmes respuestas, mandó que fuera azotada y llevada a la prisión. Al día siguiente, le hicieron otro interrogatorio y ella aseguró que Jesucristo era su luz y su salvación. Entonces Quinciano ordenó que la estiraran en el potro, tormento que generalmente iba acompañado de azotes, desgarramiento de los costados con ganchos de hierro, y aplicación de antorchas ardiendo. El gobernador, enfurecido al ver que sufría todo esto con alegría, ordenó que le oprimieran brutalmente los pechos y después se los cortaran. Luego mandó que la enviaran de nuevo a la prisión, ordenando que no le dieran ni alimentos, ni atención médica. Pero Dios la confortó; se le apareció San Pedro en una visión que llenó su calabozo de una luz celestial, la consoló y la curó. Cuatro días después, Quinciano hizo que la rodaran desnuda sobre brasas ardiendo, mezcladas con cortantes fragmentos de vasijas. Al ser conducida de vuelta a la prisión, exclamó «Señor, Creador mío, desde la cuna me has protegido siempre; me has apartado del amor al mundo y me has dado paciencia para sufrir. Recibe ahora mi alma». Después de decir estas palabras, expiró.
Hay buen testimonio del primitivo culto a Santa Águeda. Su nombre aparece en el calendario de Cartago (c. 530), y en el Hieronymianum, y sus alabanzas las cantó Venancio Fortunato (Carmina 8:4), pero no podernos afirmar nada referente a su historia. Está representada en la procesión de los santos en Sant`Apollinare Nuovo en Ravena. En el arte la han representado sosteniendo un plato con los pechos que le cortaron. En la Edad Media éstos se confundieron a veces con panes, y de ahí parece que vino la costumbre de bendecir pan en la fiesta de Santa Águeda, el cual se lleva al altar en un plato. Como en Sicilia tenía la fama de poder detener las erupciones del Monte Etna, se la invoca contra cualquier brote de fuego. Ya sea porque cuando ocurre algún incendio se da aviso con un toque de campana, o porque el metal fundido para moldearla se asemeja a una corriente de lava, los gremios de fundidores de campanas tomaron a Santa Águeda por su patrona. En Roma hay dos iglesias del siglo sexto que están dedicadas en su honor, y se la nombra en el canon I de la misa.
Véase el Acta Sanctorum, febrero, vol. I, donde hay, una versión latina de un elogio atribuido a San Metodio de Constantinopla (o de Sicilia), muerto hacia el 847, sobre el cual véase Analecta Bollandiana, vol. LXVIII (1950) pp. 58 ss.; este elogio se utiliza como lectura patrística en la liturgia de las horas del día de la santa. Véase también a J.P. Kirsch en la Catholic Encyclopedia (vol. I, pp. 203-204); y para la santa en el arte, Künstle, Ikonographie der Heiligen (1926), pp. 37-39. Una obra sobre Santa Agueda en dos vols., por B. G. Consoli, apareció en 1951.
Imagen: mural en la iglesia de Santa Águeda en el monasterio de Ris en Vichy, en la región de Auvernia, siglo XV.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Santa Águeda. Abogada contra el cáncer de mama y de los partos difíciles (5 de febrero)

Santa Águeda. Abogada contra el cáncer de mama y de los partos difíciles

santa agueda virgen abogada contra el cancer de mama partos dificiles

Santa Águeda es patrona de las enfermeras. Se le invoca contra enfermedades de los senos, partos difíciles, problemas de lactancia

 
Santa Águeda fue una santa cristiana, virgen y que murió mártir en defensa de su pureza, recibió torturas de todo tipo y luego le cortaron los senos, siendo martirizada en aproximadamente en el año 251 . Es una de las siete mujeres que, junto con la Santísima Virgen María, son conmemoradas por su nombre en el Canon de la Misa. Santa Águeda es la patrona contra las enfermeras y considerada abogada contra el cáncer de mama

Fiesta: 05 de Febrero

Martirologio Romano: Memoria de santa Águeda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor (+251 dC). Sufrió el martirio en Catania (Sicilia), probablemente en la persecución de Decio. Ya desde la antigüedad se propagó su culto por toda la Iglesia y se introdujo su nombre en el Canon romano.

Biografía de Santa Águeda

Santa Águeda de Catania fue una virgen y mártir, una joven cristiana y enamorada fervientemente del Señor y cuya belleza cautivaba a todos los hombres.
En tiempos de persecuciones contra los cristianos, decretadas por el emperador Decio, el procónsul de Sicilia, llamado Quintianus, pretendía enamorar a la bella joven Santa Águeda, pero la Santa ya había ofrecido su virginidad a Jesucristo.
Como el proconsul no pudo disuadirla y hacerla renegar de su fe, en venganza, la envía a una casa de mujeres de la mala vida, donde la mujer que administraba esa casa, llamada Afrodisia, tampoco pudo lograr que Santa Agueda dejara atrás toda su entrega y pureza que había consagrado al Señor.
Nada ni nadie logra hacerla quebrantar el juramento sagrado de virginidad y de pureza que hizo Santa Águeda a Dios
Al enterarse de todo esto, el procónsul, se enfurece aún más, asú que ordena que le apliquen cuantas torturas existían para la época. Luego de esto, ordenó que le cortaran los senos. La respuesta de Agueda no era para menos lo que podía decir una Santa de Dios:
"Cruel tirano ¿no te da vergüenza torturar en una mujer, el mismo seno con el que de niño te alimentaste?"
Cuenta la tradición que, al siguiente día de la tortura, a Santa Agueda se le apareció San Pedro y este le curó sus heridas. Al otro día siguió siendo torturada y al ya no poder doblegar la voluntad de la Santa, fue arrojada sobre brasas ardientes al rojo vivo y revolcada en la ciudad de Catania, Sicilia (Italia).
Dicen que mientras su cuerpo virgen se quemaba, ella repetía exclamando con asombrosa valentía:
"Oh Señor, Creador mío: gracias porque desde la cuna me has protegido siempre. Gracias porque me has apartado del amor a lo mundano y de lo que es malo y dañino. Gracias por la paciencia que me has concedido para sufrir. Recibe ahora en tus brazos mi alma"
Santa Agueda lanzó un gran grito de alegría al expirar, dando gracias a Dios. Se cuenta que en ese mismo instante un terremoto sacude Catania
Cuenta la tradición, que el volcán Etna hizo erupción un año después de la muerte de Santa Águeda en el 252 y los pobladores de Catania pidieron su intervención logrando detener la lava a las puertas de la ciudad.
Desde entonces es patrona de Catania y de toda Sicilia y de los alrededores del volcán e invocada para prevenir los daños del fuego, rayos y volcanes. Se le invoca para la protección contra sismos.
a Santa Águeda se le invoca contra el cáncer de mama,enfermedades de los senos, partos difíciles, problemas con la lactancia y de la mujer en general
Santa Agueda es la patrona de las enfermeras y fue meritoria de la palma del martirio con la que se suele representar. Su fiesta se celebra el 5 de febrero.
 

Santa Águeda, virgen y mártir. (5 de febrero)

Santa Águeda, virgen y mártir.

Ni halagos ni amenazas, nada puede contra una Esposa de Cristo.

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Busto relicario de Santa Águeda. Catania.
Busto relicario de Santa Águeda. Catania.
Santa Águeda de Catania, virgen y mártir. 5 de febrero.
Es esta una de las mártires más famosas y veneradas de la cristiandad, no tanto porque se sepa en realidad quien fue, sino por su sensible patronato sobre los males de pechos de las mujeres. Su culto traspasa fronteras geográficas y temporales y se puede decir que tiene excelente salud y la tendrá por mucho tiempo. Donde su devoción está establecida permanece y se consolida. 

Lamentablemente, poco podemos decir certeramente de Águeda, salvo que fue martirizada en el siglo III, bajo Decio. La "passio" más antigua es del siglo V, y ha otras igualmente de antiguas en latín o griego, aunque difieren en detalles y concurren en aparecer escritas por testigos oculares, un mal endémico de la literatura hagiográfica. La primera versión que se hace famosa y que aún es la que hoy se conoce, es la de San Simeón Metafastre (27 de noviembre). Los escritores sagrados tampoco coinciden todos en algunos aspectos, por ejemplo el martiologio de San Beda (25 de mayo) la pone padeciendo bajo Diocleciano. Por suerte, en lo que coinciden tanto autores como testimonios del culto y, el más importante, el del sepulcro, es en hacerla oriunda de Catania, Sicilia.

Estas "vitae", dicen que Águeda era una joven que pertenecía a una noble familia siciliana, y era conocida de todos por su belleza y caridad. Había hecho un voto de virginidad, cosa que no sabía el gobernador Quinciano para requerirla en matrimonio. Para evitarle, Águeda se trasladó a Palermo donde estuvo un tiempo en paz. Esta estancia palermitana, narrada por el Metafrastres es probable que solo haya sido añadida por este para explicar la lejana reivindicación de Palermo por ser la patria de Águeda. Pero no le valió de mucho, enterado Quinciano que Águeda era cristiana, todo su amor se convirtió en odio, la mandó apresar, y que fuera trasladada a Catania. En este ínterín, Quinciano la lleva al lupanar de Afrodisia y sus siete hijas, para prostituirla como castigo a su voto de virginidad. No logró su objetivo, Águeda se mantuvo firme. al cabo de 33 días, la mandó llamar y ocurrió este interrogatorio, legendario, por supuesto:
Quinciano: "Pero tú, ¿de qué casta eres?"
Águeda: "Aunque soy de familia noble, mi alegría es ser sierva y esclava de Jesucristo". 
Q: "¿Cómo puedes llamarte libre cuando eres una sierva?"
A: "Yo soy sierva de Cristo, y su servicio es la perfecta libertad". 
Q: "Muda de actitud y jura a nuestros dioses, si no, vas a ser torturada. ¿No entiendes cuán ventajoso sería para ti el librarte de los suplicios?" 
A: "Tú eres quien tienes que mudar de vida si quieres librarte de los tormentos eternos". 

Tal resolución le encaminó a torturas diversas, como el potro, las antorchas en los costados, la flagelación, y el más conocido de todos: la amputación del seno. En el arte nos suelen presentar un pecho o dos cortados como quien corta la mortadella, pero el suplicio consistía en apretar el seno con una tenaza ardiente que, a la par de arrancar, cauterizaba la herida: la reo no tenía que morir, solo padecer hasta que se retractara. Del dolor causado, ya podéis imaginar, especialmente las mujeres. Luego de esta amputación, fue arrojada a una cárcel, donde se le apareció San Pedro (29 de junio, martirio; 18 de enero, cátedra de Roma; 22 de febrero, cátedra de Antioquía; 1 de agosto, "ad víncula", 16 de enero, "ad víncula" en la Iglesia oriental; 18 de noviembre, dedicación de su basílica) con un unguento celestial y la sanó. 

Al ver semejante protento, Quinciano mandó hacer una hoguera y arrojarla atada de manos y pies. En eso estaban cuando un terremoto asoló la ciudad, matando a sus principales verdugos, algo que leíamos hace poco de San Telesforo, papa y mártir (5 y 30 de enero). Muchos corrieron al palacio de Quinciano culpándole del terremoro, por torturar a la cristiana. Entonces mandó sacarla del fuego, la devolvieron a la celda, desnudaron y arrastraron sobre cristales rotos y brasas, extendidos por el suelo de la celda. A causas de estas heridas, falleció en la cárcel.

Culto, reliquias y patronatos.
Sus reliquias han sido veneradas desde muy antiguo y podrían tenerse por auténticas, las de Catania, claro, no todas las que por el mundo andan dispersas, pero... en 1126 fueron trasladadas a Constantinopla por miedo a las invasiones sarracenas, de donde regresaron a Catania tiempo después, y a saber... Lamentablemente aún en la misma Catania el cuerpo está desmembrado en varios relicarios, el principal en un busto bellamente decorado y muy venerado. Otras reliquias de dudosa procedencia hay en Kamp, Alemania, o en el monte Athos, donde dicen tener la cabeza. La reliquia más conocida no es del cuerpo, sino un supuesto velo con el cual, al año justo de su muerte, según San Gregorio Magno (3 de septiembre y 12 de marzo), los habitantes de Catania detuvieron una erupción del Etna, lo cual le ha valido a Santa Águeda el patronato sobre los terremotos, volcanes y demás catástrofes.
Además, es patrona de reinos, ciudades y pueblos, como San Marino, Malta. en Holanda, lo es de Zeeland, Amersfoort, Lisse y otros. Bélgica y Alemania la veneran muchísimo, y tienen un pan especial para comer en su día. En España es patrona de muchos pueblos. En Curgy, Francia, se le invoca para que las embarazadas tengan abundante leche materna, mientras que en Lorena, es patrona de solteronas y tías. También en Francia, en Arry-sur-Moselle, Vecoux y Thillot se bendicen unos lienzos en su día, que se aplican a los pechos de las mujeres enfermas de ellos. Es patrona de enfermeras, y ya que en sus imágenes, los pechos a veces parecen panes, espatrona de panaderos. Protectora de las fundiciones (semejanza con los volcanes), fundidores, metalúrgicos, mineros, orfebres, vidrieros, bomberos... en fin, de todo oficio relacionado con el fuego. Se le invoca contra los males de senos, úlceras, peste, cáncer, heridas de arma blanca, y contra las malas pasiones.
Su iconografía depende muchas veces de los sitios. Mientras que el norte prefiere ponerla con las tenazas y el fuego, en España y America, abunda la imagen con los pechos en una bandeja y la palma del martirio. La pintura se ha recreado sobre todo en su desnudez, en la curación por medio de San Pedro. Curiosamente, lo que no hizo el medioevo, lo hizo el puritano siglo XIX en ocasiones: sustituir los pechos de la bandeja por panes o puddings, como si un seno fuera algo más que eso: un seno.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-"Nuevo Año Cristiano". Tomo 8. Editorial Edibesa, 2001.
-"El Santo de cada día". EDELVIVES. Huesca, 1946.

domingo, 27 de enero de 2019

Santa Ángela de Mérici. Fundadora de las Ursulinas. Patrona de los enfermos (27 de enero)

Santa Ángela de Mérici. Fundadora de las Ursulinas. Patrona de los enfermos

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Santa Ángela de Mérici fundó la orden de mujeres conocida como las Ursulinas con la finalidad de vivir en austeridad y enseñar la fe

 
Santa Ángela de Mérici fue una religiosa italiana fundadora de la orden de las Ursulinas, la orden más antigua de mujeres en la Iglesia Católica dedicadas a la enseñanza. Santa Ángela de Mérici es patrona contra las enfermedades corporales, patrona de los enfermos, personas con discapacidad y los que ha sufrido la pérdida de los padres

Fiesta: 27 de noviembre

Martirologio Romano: Santa Ángela Merici, virgen, que vistió primero el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y reunió a varias jóvenes para instruirlas en obras de caridad. Más tarde, instituyó una orden de mujeres, llamada de Santa Úrsula, con la finalidad de vivir una vida austera y enseñar los caminos del Señor a las adolescentes. Murió en la ciudad de Brescia, en la Lombardía (hoy Italia)

Biografía de Santa Ángela de Mérici

Santa Ángela de Mérici nació en Desenzano, cerca de Brescia, norte de Italia, el 21 de Marzo de 1470 o 1474. Ella creció en el medio de muchas dificultades. Huérfana a los 10 años, Ángela, su hermana y hermano fueron criados por un tío rico, Biancozi, at Salo.
En su primera experiencia de éxtasis, a Santa Ángela de Merici se le apareció la Virgen Santísima con su hermana mayor quien había muerto de repente sin los sacramentos. Ella había estado preocupada por la salvación de esta hermana.
Santa Ángela se hizo terciaria franciscana a la edad de 13 años y vivió en gran austeridad, a veces comiendo solo pan y vegetales. Desde entonces no quiso poseer nada, ni siquiera una cama (porque el Hijo del Hombre no tenía donde recostar su cabeza)
Al morir su tío, Santa Ángela de Merici con 20 años, vuelve a su pueblo natal y da catecismo a los pobres.
Pequeña en estatura, pero muy grande en amor y entusiasmo por servir a Dios, Santa Ángela compartió con sus amigas su gran preocupación por la ignorancia religiosa de tantos niños. Pronto, con un grupo de terciarias organizó la formación de jovencitas. Una familia adinerada le invitó a abrir una escuela en Brescia.
Ángela tenía el don de recordar todo lo que leía. Hablaba bien en latín y conocía el significado de algunos de los pasajes mas difíciles de la Biblia. En Brescia conoció a las familias mas influyentes y comenzó un grupo de personas devotas.
En un viaje a la Tierra Santa, de repente perdió la vista en Creta. Continuó con devoción el viaje y en el regreso recuperó la vista en el mismo lugar que la había perdido.

La visión de Santa Ángela

En su visita a Roma para el año santo 1525, el Papa Clemente VII le pidió a Santa Ángela de Merici que se hiciese cargo de un grupo de hermanas enfermeras en Roma, pero ella le dijo de una visión que ella había tenido años antes de doncellas ascendiendo al cielo en una escalera de luz. Esta visión la inspiró a formar un noviciado informal.
En la visión, las santas vírgenes era acompañadas en la escalera por ángeles gloriosos que tocaban dulces melodías con arpas doradas. Todas llevaban preciosas coronas decoradas con piedras preciosas.
Después de un tiempo, la música paró y el Salvador en persona la llamó por su nombre para crear una sociedad de mujeres. El Santo Padre le dio permiso para formar la comunidad.
Poco tiempo después, se le apareció Santa Ursula, quien desde entonces fue la patrona de la comunidad. Un día Ángela cayó en éxtasis y se dice que levitó.
Poco después de su retorno a Brescia, tuvo que retirarse a Cremona por la guerra. Carlos V estaba a punto de hacerse con Brescia y los civiles debían abandonar la ciudad. Ángela mas tarde regresó para el gran gozo de la población que ya la tenía por santa y profeta.

La Compañía de las Ursulinas

En la Iglesia de San Afra en Brescia, el 25 de Noviembre de 1535, Santa Ángela y 28 compañeras mas jóvenes se unieron ante Dios para dedicarse el resto de sus vidas a su servicio, especialmente para la educación de niñas.
Santa Ángela de Merici puso al grupo bajo la protección de Santa Ursula, patrona de las universidades medievales y veneradas como lider de mujeres. Este fue el comienzo de la Compañía de las Ursulinas, la primera orden de mujeres dedicada a la enseñanza.
Esto era una idea novedosa que tomó tiempo en ser aceptada. Santa Ángela tenía una gran paciencia y amabilidad. Atendía con esmero a los pobres, enfermos e ignorantes. Pronto tuvo 150 hermanas.

Su muerte

Santa Ángela de Mérici no vio consolidar a su orden ya que murió cuatro años después de fundar. Murió en Brescia, el 27de enero de 1540; canonizada en 1807
La orden no usaba hábito (solo un sencillo vestido negro), no hacía votos, no tenía vida de clausura, ni votos ni vida comunitaria. Su trabajo era la educación religiosa de niñas, especialmente las pobres, y el cuidado de los enfermos.
Las Ursulinas fueron reconocidas formalmente por el Papa Pablo III cuatro años después de la muerte de Santa Ángela (1544) y se organizaron como Congregación en 1565. Al comienzo mucha de las enseñanzas la hacían en las casas de los niños.
Al momento de morir, rodeada de sus hermanas, un hermoso rayo de luz brilló sobre la santa. Murió pronunciando el nombre de Jesus suavemente en sus labios.
En 1568, San Carlos Borromeo llamó a las Ursulinas a Milán y las persuadió a entrar en la vida de clausura.
En un sínodo provincial dijo a sus obispos vecinos que no conocía mejor forma de reformar una diócesis que introducir a las Ursulinas en las comunidades muy pobladas.
"Si alguna persona, por su estado de vida, no puede vivir sin riquezas y posición, que al menos mantenga su corazón vacío del amor a éstas" (Santa Ángela Merici)
 

Santa Ángela Merici, virgen y fundadora (27 de enero)


Santa Ángela Merici, virgen y fundadora

fecha: 27 de enero
fecha en el calendario anterior: 31 de mayo
n.: 1474 - †: 1540 - país: Italia
canonización: 
B: Clemente XIII 1768 - C: Pío VII 1807
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Santa Angela Merici, virgen, que vistió primero el hábito de la Tercera Orden Regular de San Francisco y reunió a varias jóvenes para instruirlas en obras de caridad. Más tarde, instituyó una orden de mujeres llamada de Santa Úrsula, con la finalidad de vivir una vida de perfección en el mundo y enseñar los caminos del Señor a las adolescentes. Murió en Brescia, ciudad de Lombardia.
Oración: Señor, que no deje de encomendarnos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
La fundadora de las Ursulinas, primera congregación femenina dedicada a la enseñanza, nació el 21 de marzo de 1470 o de 1474, en el pueblecito de Desenzano, a orillas del Lago de Garda, en Lombardía. Los padres de la santa, más piadosos que ricos, la educaron cristianamente. Ambos murieron cuando Ángela tenía diez años y dejaron a sus dos hijas y a su hijo al cuidado de un tío acomodado que vivía en Saló. Cuando Ángela tenía trece años, murió su hermana mayor, lo cual constituyó un rudo golpe; a la pena de verse separada de quien era para ella como una segunda madre, se añadía la incertidumbre acerca de su suerte eterna, ya que su hermana, una buena mujer, piadosa y de sólidos principios, no había podido recibir los últimos sacramentos. Ángela tuvo, por entonces, la primera de sus numerosas visiones, y en ella le fue revelado que su hermana se había salvado. Llena de gratitud, Ángela se consagró, con mayor ahinco que antes, al servicio de Dios y, poco después, tomó el hábito de terciaria franciscana. Llevaba una vida extremadamente austera. A imitación de san Francisco, no quería poseer nada, ni siquiera una cama y se alimentaba exclusivamente de pan, agua y algunas verduras. Ángela volvió a Desenzano después de la muerte de su tío, hacia los veintidós años de edad. En sus visitas a los vecinos, quedó sorprendida por la total ignorancia de los niños, a quienes sus padres no podían o no querían enseñar ni siquiera lo más elemental del catecismo. Poco a poco se sintió llamada a remediar ese estado de cosas y habló de ello con algunas amigas. La mayoría de ellas eran terciarias franciscanas o jóvenes de la clase social de Ángela, con poco dinero y menos influencia, pero dispuestas a seguir generosamente a la santa.
Ángela era de baja estatura, pero tenía todas las cualidades de un jefe y no carecía de belleza y encanto. Encabezadas por Ángela, las buenas mujeres empezaron a reunir a las niñas de la vecindad y a educarlas sistemáticamente. La obra, que había tenido comienzos tan humildes, prosperó rápidamente, y se invitó a Ángela a fundar, en Brescia, una escuela semejante. La santa aceptó y recibió cordial hospitalidad en la casa de un noble matrimonio al que había consolado en un momento de tribulación. Por medio de sus huéspedes, entró en contacto con las principales familias de Brescia y se convirtió en la inspiradora de un devoto círculo de hombres y mujeres. De cuando en cuando, hacía una peregrinación a algún santuario. Se hallaba en Mántua, a donde había ido para visitar la tumba de la beata Osanna, cuando aprovechó la oportunidad que se le ofreció para acompañar a Tierra Santa a una joven pariente. Antonio de Romanis, un mercader ya anciano, sufragó los gastos de Ángela. En Creta, la santa sufrió un ataque de ceguera. Sus compañeros le propusieron volver a Italia, pero ella se negó a hacerlo y visitó los Santos Lugares de Palestina con tanta devoción, como si los viese con los ojos del cuerpo. En el viaje de vuelta, cuando se hallaba orando exactamente en el mismo sitio en que había sido atacada por la enfermedad, recobró la vista.
El Año Santo de 1525, Ángela fue a Roma para ganar la indulgencia del jubileo y tuvo el privilegio de obtener una audiencia privada con el Papa. Clemente VII hubiese querido que se quedara en Roma a dirigir una congregación de religiosas hospitalarias, pero la santa declinó respetuosamente el honor, por humildad y por fidelidad a su verdadera vocación. Volvió, pues, a Brescia. Sin embargo, tuvo que abandonar pronto la ciudad, porque, cuando las tropas de Carlos V estaban a punto de tomarla, pareció conveniente evacuar el mayor número posible de civiles. Ángela se trasladó a Cremona con algunas de sus amigas y allí permaneció, hasta que se firmó la paz. Los habitantes de Brescia la recibieron jubilosamente a su regreso, pues admiraban su caridad, su don de profecía y su santidad. Se cuenta que, poco después, mientras asistía a la misa, fue arrebatada en éxtasis y estuvo largo tiempo suspendida en el aire, a la vista de numerosos testigos.
Algunos años antes, en Desenzano, santa Ángela había tenido una visión de un grupo de doncellas que subían al cielo por una escala luminosa y había oído una voz que le decía: «Ten buen ánimo, Ángela, porque antes de morir vas a fundar una compañía de doncellas como las que acabas de ver». Ahora había llegado el tiempo del cumplimiento de esa profecía. Según parece, hacia el año 1533 la santa empezó a formar a varias jóvenes selectas en una especie de noviciado informal. Doce de esas jóvenes se fueron a vivir con ella en una casa de las cercanías de la iglesia de Santa Afra, pero la mayor parte siguió en la casa de sus padres o de sus parientes. Dos años después, veintiocho jóvenes se consagraron al servicio de Dios. Ángela las puso bajo la protección de santa Ursula, la patrona de las universidades medievales, a la que el pueblo veneraba como guía del sexo femenino. Por ello, las hijas de santa Ángela han conservado hasta nuestros días el nombre de «Ursulinas». El 25 de noviembre de 1535 fue la fecha oficial de la fundación de la Orden de las Ursulinas. Sin embargo, en la época de la fundadora, se trataba más bien de una asociación piadosa, ya que sus miembros no llevaban hábito (aunque se les recomendaban los vestidos negros), no hacían votos y no vivían en comunidad. Las Ursulinas se reunían para la enseñanza y la oración, ejecutaban trabajos que se les encomendaban y procuraban llevar vida de perfección en la casa paterna. La idea de una orden femenina de enseñanza era tan nueva, que hacía falta tiempo para que la cristiandad se acostumbrase a ella.
Sin embargo, pese a los cambios y modificaciones que han sufrido, las Ursulinas conservan, hasta el día de hoy, la finalidad para la que fueron creadas: la educación de las niñas, sobre todo de las niñas pobres. En las primeras elecciones, santa Ángela fue nombrada superiora y ejerció ese cargo durante los cinco últimos años de su vida. A principios de enero de 1540, cayó enferma y murió el 27 del mismo mes. En 1544, una bula de Paulo III confirmó la Compañía de Santa Ursula y la reconoció como congregación. La fundadora fue canonizada en 1807.
Las fuentes sobre la vida de Santa Ángela pueden verse, en inglés, en la minuciosa obra de la hermana M. Mónica, Ángela Merici and Her Teaching Idea (1927). El P. Cozzano, secretario de la santa, nos dejó un manuscrito que contiene las reglas, el «testamento» y los consejos de la sierva de Dios. Un notario llamado G. B. Nazari escribió en 1560, la primera biografía de santa Ángela; puede verse en el apéndice de la obra de Giuditta Bertolotti, Storia di S. Ángela Merici (1923). La primera biografía que se publicó fue, probablemente, la de Ottavio Gondi (1600) que está plagada de datos legendarios. La biografía de Carlo Doneda, compuesta con miras a la canonización, vio la luz en 1768 y es un poco más fidedigna que la anterior. Ver la obra de Postel (1878), en dos volúmenes. En el Oficio de Lecturas del día de la santa se lee un fragmento de su Testamento Espiritual.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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