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miércoles, 21 de julio de 2021

Teléfono de la Esperanza y de Prevención del Suicidio Aumentan un 52% las llamadas por crisis emocional durante la pandemia

 Teléfono de la Esperanza y de Prevención del Suicidio

Aumentan un 52% las llamadas por crisis emocional durante la pandemia

Teléfono de la Esperanza de la Fundación "La Caixa"
Teléfono de la Esperanza de la Fundación "La Caixa"

La Fundación Ajuda i Esperança, en colaboración con la Fundación ”la Caixa”, ha analizado los datos de las 55.498 llamadas atendidas durante el 2020 del Teléfono de la Esperanza y el Teléfono de Prevención del Suicidio

El estudio del Observatorio de la ESPERANZA pone de manifiesto el profundo malestar de unos colectivos sociales que recorren a una voz amiga para ser escuchados y apuesta por convertirse en un punto de encuentro, de reflexión y proposición para hacer frente a las problemáticas personales y sociales

En un año especialmente sobrecogedor, la Fundación Ajuda i Esperança ha estado sensible al malestar y al sufrimiento de las personas que necesitan ser escuchadas en un marco de seguridad, confidencialidad y anonimato. La Fundación ofrece orientación y acompañamiento emocional a través del Teléfono de la Esperanza (operativo desde 1969) y del Teléfono de Prevención del Suicidio activo desde el 6 de octubre de 2020 en convenio con el Ayuntamiento de Barcelona (900 92 55 55). 

De esta experiencia nace el proyecto del Observatorio de la Esperanza, iniciado con el soporte de la Fundación “la Caixa” durante el año 2020, con el objetivo de analizar la información recogida en los servicios del Teléfono de la Esperanza y del Teléfono de Prevención del Suicidio, sobre las personas atendidas y su problemática para contrastarla con el análisis de los fenómenos sociales actuales y generar una fuente de conocimiento que aporte reflexión y propuestas para mejorar la atención a las personas vulnerables. 

La publicación es el primer resultado del Observatorio que apuesta por convertirse en un punto de encuentro, de reflexión y proposición sobre cómo afrontar las tensiones emocionales de la población que generan las transformaciones sociales, económicas y culturales de nuestros tiempos, y de esta manera establecer las bases para el desarrollo de una sociedad de bienestar para toda la ciudadanía. 

Los relatos anónimos recogidos en los teléfonos de la Esperanza y de la Prevención del Suicidio ponen de manifiesto el profundo malestar de unos colectivos sociales que recorren a una voz amiga para ser escuchados. 

La Fundación Ajuda i Esperança ha estado sensible al malestar y al sufrimiento de las personas que necesitan ser escuchadas en un marco de seguridad, confidencialidad y anonimato.

El elevado número de llamadas recibidas durante el año 2020 en los dos teléfonos (55.948 llamadas), más de 150 diarias, que mayoritariamente proceden de Barcelona ciudad y alrededores, pero que van más allá de los límites de la ciudad, denota que la problemática no es menor. Más aún cuando, seguramente, los dos teléfonos solo detectan la punta de un iceberg de malestar mucho más extenso. 

Las problemáticas personales y sociales que se expresan a través de los dos teléfonos giran entorno a seis temáticas principales: la ideación suicida, las enfermedades mentales, los problemas relacionales, la soledad no deseada, la salud física y la pobreza económica. Cada una de ellas obedece a una dinámica propia, pero muy a menudo están interrelacionadas entre sí y se retroalimentan. Todas ellas se caracterizan por comportar un sufrimiento personal que cada persona afronta con sus capacidades personales y con los recursos que obtiene de las personas de su entorno y de los que la sociedad pone a su disposición. La experiencia acumulada en los dos teléfonos enseña que con estos recursos no hay suficiente o no son suficientes para contener a niveles soportables las tensiones del malestar. De hecho, los servicios de los dos teléfonos generan un nuevo recurso de una voz amiga anónima que ha demostrado su validez para apaciguar las tensiones emocionales y para evitar situaciones extremas. 

El anonimato en qué se basa la metodología de los teléfonos no permite conocer en profundidad las características de las personas que llaman, pero a grandes rasgos dibujan unos perfiles claros: en el caso del Teléfono de la Esperanza, las mujeres son mayoritarias, sobre todo entre las personas mayores. El colectivo mayoritario es el de los adultos, pero con dos grupos de edades significativos, el de los más jóvenes (18-39 años) y el de los de más de 65 años. Los dos colectivos de edad extremos, los menores de 18 años o los mayores de 80 años, son más minoritarios, lo cual no significa que su problemática sea menos importante, sino que se dirigen menos a este servicio. 

Son personas de todos los niveles sociales, por bien que casi la mitad tienen un nivel básico de estudios. En la mayoría de los casos son personas que viven solas, aunque una tercera parte viven en pareja o con otros familiares. La gran mayoría no son personas activas en el mercado laboral, ya sea por estar de baja, por jubilación o bien por no tener un trabajo remunerado. Casi todos han estado o están atendidos por los sistemas de salud o por los servicios sociales, aunque en algunos casos, el servicio del teléfono constituye el primer punto de contacto que después puede derivar en una atención médica o de servicios sociales. 

En el Teléfono de Prevención del Suicidio, los perfiles son similares. Una mayoría de llamadas corresponden a mujeres y esta mayoría se incrementa en el caso de mujeres con conducta suicida. En referencia a la edad, la mayoría son también de edades centrales, pero la proporción de jóvenes menores de 29 años es más elevada en este caso, casi un tercio, que en el Teléfono de la Esperanza. Son personas mayoritariamente solteras, la mitad de las cuales viven solas y la otra mitad con la familia u otras fórmulas. La soledad física no es tan prevalente como en el caso del Teléfono de la Esperanza. La mayoría no trabajan, aunque las personas con un trabajo remunerado son mas abundantes entre las llamadas al Teléfono de Prevención del Suicidio que en las llamadas del Teléfono de la Esperanza. La influencia territorial es similar. 

Voluntaria del Teléfono de la Esperanza

En el caso de la prevención del suicidio las problemáticas de salud mental son mucho más presentes que en el Teléfono de la Esperanza. 

Si este es el perfil anónimo de las personas que utilizan el teléfono de los dos servicios, la dimensión exacta de la totalidad del iceberg es más difícil de dibujar. Las problemáticas que recogen en sus conversaciones los/las escuchas y los orientadores y orientadoras de los servicios tienen un denominador común que es el malestar personal que no encuentra en su entorno personal o social, la confianza necesaria para expresarse y encontrar consuelo y sí que lo encuentra en la comunicación telefónica con una persona que solo conoce por la voz y que le ofrece comprensión y compañía. Un malestar personal, que puede ser de diferentes grados de intensidad, pero que siempre es vivido por la persona de forma suficientemente problemática como para coger el teléfono y explicar a otra persona que no conoce personalmente sus preocupaciones, aunque sea, como muy bien cuentan los voluntarios/as para escuchar su propia voz y apaciguar su incomunicación. “Cuando nos llaman saben perfectamente que somos personas anónimas, que nuca sabrán como somos, ni nosotros como son ellos. Pero lo que realmente actúa como bálsamo es escuchar su propia voz, verbalizar aquello que les angustia, y esta misma angustia brota, la ven, casi la tocan, porque la pueden sentir, y precisamente por esto, porque somos anónimos, pueden llegar a más, hasta todavía más profundamente de cómo lo harían en una conversación con una amistad o con cualquier otra persona más cercana. Y por supuesto, es soledad, mucha soledad” comenta Alicia, participante del focus group como escucha y orientadora. 

De esta manera, la experiencia de los servicios del Teléfono de la Esperanza y el de la Prevención del Suicidio aportan cinco elementos de reflexión: 

  • Ponen en valor el poder transformador de la conversación, aunque solo sea para ayudar a visualizar las tensiones y angustias de la persona que se expresa bajo la presión del malestar y, mucho más cuando contribuye a su elaboración racional, tal y como expresan con gran lucidez los voluntarios y voluntarias que participan. 
  • El carácter voluntario de la relación de los individuos con el servicio, tanto de sus usuarios/as como de los prestadores/as que aporta un clima de libertad altamente constructivo y enriquecedor por las conversaciones a establecer. Es una relación en que ambas partes salen ganando personalmente, unos porque descargan tensiones y los otros porque reciben más de lo que dan, parafraseando las declaraciones de algunos voluntarios. 
  • En el caso del Teléfono de la Esperanza, la iniciativa de la sociedad civil a través de la Fundación Ayuda y Esperanza contribuye a generar patrones y a difundir comportamientos alternativos de implicación comunitaria de las personas. Y en el caso del Teléfono de Prevención del Suicidio, la iniciativa pública de establecer una colaboración pública privada entre el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundación materializa una de las líneas más prometedoras para afrontar los retos de las sociedades avanzadas, hoy ampliamente reconocidas, pero de materialización todavía incipiente. 
  • La exigencia de una elevada profesionalización de los voluntarios de la escucha basada en un riguroso control metodológico de los procesos de las conversaciones que facilite la incorporación de toda la acumulación del saber y la inteligencia colectiva desarrollada por las ciencias humanas y sociales. 
  • El anonimato entre el usuario/a y el/la escucha o el orientador/a contribuye a generar un clima de confianza en un espacio de tiempo muy corto totalmente necesario para facilitar la rápida manifestación del malestar interno. El reto que plantea este recurso de urgencia es su articulación en un conjunto de recursos que faciliten la resolución de los factores desencadenantes del malestar. 

domingo, 30 de septiembre de 2018

La segunda causa de muerte juvenil es el suicidio: descubre algunas señales para prevenirlo 30092018

Series de televisión y algunos “juegos”·promueven lo promueves entre los adolentes

La segunda causa de muerte juvenil es el suicidio: descubre algunas señales para prevenirlo

Durante los últimos tiempos, asistimos en diversas partes del mundo y de una forma particular en España a un incremento del índice de suicidios, algo que es especialmente notable entre los jóvenes. A qué se debe esto, cuáles son las señales de alarma o qué debemos hacer ante la intuición de que alguien a nuestro alrededor quiere acabar con su vida son algunas de las cuestiones que debemos tener en cuenta para poder dar un giro inmediato a esta difícil situación. La periodista Marta Peñalver aborda este tema en la Revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
En todo el mundo los suicidios se cobran más vidas que las guerras y los homicidios juntos. En España representan la primera causa de muerte no natural, por encima de los accidentes de tráfico. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, 10 personas se suicidaron al día en España en 2016.
Estos datos son especialmente preocupantes cuando hablamos de los jóvenes, ya que el suicidio es la segunda causa de muerte, tras los tumores. La cultura del suicidio que se asienta al legalizar la eutanasia o el suicidio asistido añade más desconcierto en esta etapa que maximiza las emociones.
En los últimos años se han viralizado en internet retos como el de la Ballena Azul o el de Momo, que a través de pruebas e indicaciones de perfiles anónimos en redes sociales incitan a los adolescentes al suicidio.
Además, se han puesto de moda series como Por 13 razones que, según los expertos, inducen a los jóvenes a pensar que ante situaciones difíciles la única salida es acabar con su propia vida. Estos fenómenos sociales alientan la cultura del suicidio y contribuyen al efecto contagio.
Desde la Fundación Belén, que ayuda a padres con hijos con problemas, aseguran que hoy “el comportamiento suicida se promueve desde todas las vigencias sociales al imponer un materialismo que no puede llenar el ansia de absoluto de los jóvenes”. Y esto, unido a su incesante deseo de agradar a los demás, provoca en ocasiones un estado de ansiedad que lleva a muchos jóvenes a menospreciar su vida.
Algunos mitos
Ser capaz de reconocer los factores de riesgos y los síntomas característicos de este mal es clave para adelantarnos, en caso de que alguien a nuestro alrededor esté barajando acabar con su vida. Y en primer lugar, debemos desterrar ciertos mitos que se han extendido.
Según la Fundación Salud Mental de España para la prevención de los trastornos mentales y el suicidio, una de las creencias más comunes es que preguntando a una persona si está pensando en suicidarse, se puede incitarle a hacerlo. Al contrario, está demostrado que hablar sobre las intenciones o los pensamientos suicidas disminuye este riesgo.
Tampoco es cierto que la persona que habla sobre acabar con su vida nunca lo hará. De hecho, la mayor parte de las personas que han intentado suicidarse, previamente expresaron su intención con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta.
También existe la creencia de que solo las personas con problemas graves se suicidan, cuando realmente la magnitud de un problema depende en gran parte de la percepción de cada persona, y por lo tanto, lo que para uno es un problema mínimo para otra persona puede suponer un verdadero infierno.
Otro de los mitos es que solo se suicidan personas enfermas o con problemas mentales. Sin embargo, la mayoría de las personas que quieren acabar con su vida son personas en pleno uso de sus facultades, pero que se encuentran con situaciones de profundo sufrimiento, dolor o aflicción que no se ven capaces de superar.
Alertas a los síntomas
En cuanto a los factores de riesgo, se ha demostrado que entre los adolescentes lo que más afecta es su círculo más cercano: familia y amigos. Sentirse traicionado, minusvalorado o humillado por el grupo al que pertenecen (como se da por ejemplo con el bullying) puede desencadenar estos sentimientos.
También factores como la baja tolerancia a la frustración, típica de esta etapa, la ingesta de alcohol y otras sustancias, o haber sido víctima de un suceso traumático aumentan las posibilidades de que el adolescente desarrolle estos sentimientos suicidas.
Esto no es más que un cuadro previo, que en cada persona se puede manifestar de manera diferente. Por ello, además de estar atentos a los factores de riesgo es imprescindible detectar los síntomas que con mayor frecuencia podemos observar en los jóvenes que tienen intenciones suicidas.
Desde la Fundación Belén explican que estas personas experimentan “una tristeza profunda y en muchos casos una depresión”, y señalan que además “suele darse un abandono de todo cuidado corporal y espiritual (dejan de comer, de ducharse, de hablar, en ocasiones se autolastiman)”. Además, es común que surja en ellos un “deseo de soledad, con rechazo abierto a toda compañía”.
También son típicas las expresiones negativas sobre sí mismos o sobre su futuro: “No valgo para nada” o “esta situación no va a mejorar nunca”. Las frases de despedida o la verbalización expresa de sus intenciones suicidas son otra señal a tener en cuenta.
Buscar ayuda
Ante la sospecha de que nuestro hijo o allegado está pensando en el suicidio, desde la Fundación Belén no dudan: hay que “solicitar ayuda inmediata de un psiquiatra, un psicólogo o incluso un sacerdote”. De la mano de estas personas, y siempre con el apoyo de su entorno, el joven puede recuperar la ilusión por vivir y rechazar estas ideas que han surgido en su interior.
Y, sobre todo, es importante no caer en el “a mí esto no me va a pasar” o en “son cosas de adolescentes”. Ante un problema tan grave es fundamental estar atentos y actuar a tiempo para cuidar a quienes se encuentran en esta encrucijada.

 5 claves para prevenir el suicidio
1. Propiciar un entorno familiar que transmita confianza y seguridad.
2. Conocer y estar pendiente de las amistades de nuestros hijos, así como de su actividad en redes sociales.
3. Detectar el llamado síndrome pre-suicida, que se da cuando los síntomas son más claros. Una comunicación fluida te ayudará a reconocer esta etapa.
4. No desestimar las intenciones suicidas de tu hijo en caso de que haya manifestado esta intención verbalmente.
5. Además de expertos, es importante que si tu hijo está en esta situación, también se sienta comprendido por su familia e iguales.

¿Dónde encontrar ayuda en España?
Teléfono de la Esperanza: 717 003 717.
Fundación Salud Mental España para la prevención de los trastornos mentales y el suicidio: o 91 083 43 93.
Prevensuic: Prevención del Suicidio. La primera app en español para prevenir el suicidio: www.prevensuic.org

miércoles, 6 de abril de 2016

Joven se suicida tras no poder superar trauma del aborto 04042016

Joven se suicida tras no poder superar trauma del aborto

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Jade Rees. Foto: Facebook.
Jade Rees. Foto: Facebook.








LONDRES, 04 Abr. 16 / 09:19 pm (ACI).- Una joven madre soltera británica se suicidó casi un mes después de someterse a un aborto, “perseguida” por la decisión que tomó, según informa la prensa local.
Jade Rees, de 21 años, tenía un hijo de dos años, producto de una relación anterior. Comenzó un nuevo noviazgo a inicios de 2015 y quedó embarazada.
Sin embargo, su novio terminó la relación y ella, sola y sumida en la depresión, se sometió a un aborto en octubre del año pasado.
Alrededor de tres semanas después, el 3 de noviembre, la joven se suicidó ahorcándose en su habitación. En su teléfono celular sonaba la canción “Small bump” (“pequeño bulto”) de Ed Sheeran, que relata un caso de un aborto espontáneo.
En la canción de Sheeran se escuchan frases como “porque eras solo un pequeño bulto durante cuatro meses, luego arrancado de la vida. Quizás te necesitaban allá arriba pero nosotros aún no sabemos por qué”.
Según el diario británico The Daily Mail, tras el aborto Jade quedó “molesta y angustiada”. En una carta dirigida a sus padres y a su pequeño hijo, Jade explicó el sufrimiento que afrontaba tras someterse al aborto

jueves, 30 de julio de 2015

¿Por qué nadie quiere hablar del problema del suicidio de mujeres en China?

¿Por qué nadie quiere hablar del problema del suicidio de mujeres en China?

ROMA, 01 Jun. 15 / 02:22 pm (ACI).- Zhang Xihuan no sabe lo que pasaba por su mente cuando bebió un sorbo de pesticida que tenía guardado en su casa en la provincia rural de Shandong (China). Tal vez pensaba en sus vecinos que la habían condenado al ostracismo cuando le fue diagnosticado hepatitis B; o tal vez en las horas dedicadas a ganarse la vida recogiendo el carbón que caía en la carretera.
En cualquier caso, cuando Xihuan se llevó a los labios la botella de pesticida en mayo de 2009, hacía lo mismo que innumerables mujeres chinas han hecho y seguirán haciendo: quitarse la vida antes que enfrentar la dura realidad de su sociedad; con la diferencia de que Xihuan sobrevivió para contar su historia a la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según esta organización de las Naciones Unidas, China concentra el 26 por ciento de los suicidios en todo el mundo. El suicidio es la quinta causa principal de muerte en el país y la tasa de suicidio en mujeres es de un 25 por ciento más que en los hombres. Las jóvenes de las zonas rurales son las más propensas a quitarse la vida, escogiendo mayormente el pesticida.
Las razones
La fundadora y presidenta de la organización Derechos de la Mujer Sin Fronteras, Reggie Littlejohn, dijo a ACI Prensa que además de la violencia doméstica y la discriminación, las mujeres en China están traumatizadas por la aplicación brutal de la política del único hijo del Partido Comunista, iniciada hace 35 años y que ha matado a entre 360 y 400 millones de no nacidos.
Littlejohn cree que el Partido Comunista de China está utilizando su política del único hijo como medio de control social "disfrazado de control de la población". "Diría sin duda alguna que (el PCCh) está manteniendo su control de poder por medio del derramamiento de sangre de mujeres y niños inocentes", denunció.
Advirtió que esta política también está rompiendo relaciones y la confianza en la sociedad china a través de su sistema de informantes pagados que denuncian a las mujeres embarazadas “ilegalmente” y a sus familias. La infraestructura de la Política de Planificación Familiar de China aniquila cualquier forma de disidencia en el país, señaló.
Littlejohn pidió a la comunidad internacional que hablaran contra esta política, particularmente en el marco de los 35 años que tiene de vigor. Aseguró que ver que la comunidad internacional "está alzándose por sus derechos" daría a las mujeres mucha esperanza, "ya que las personas en China  no lo están haciendo", afirmó Littlejohn.
Dijo que aunque el Parlamento Europeo aprobó una resolución condenando el aborto forzado en China, un compromiso en el papel no es suficiente y los organismos gubernamentales deben tomar una posición más consistente en presionar a China para poner fin a la política del único hijo .
En ese sentido, pidió a la comunidad internacional recortar el financiamiento al Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA en sus siglas en inglés), porque ha estado trabajando "mano a mano" con el PCCh desde la creación de esa política.
El UNFPA "ha sido totalmente opaco en términos de sus actividades en China. Ellos sostienen que no hacen abortos forzados. ¿Qué están haciendo para contrarrestarlo? Si no están luchando activamente en contra de una atrocidad, de alguna manera y de forma muy reservada apoyan a una estructura que promueve el aborto forzado, son cómplices de eso", afirmó.
El 30 de abril de este año, Littlejohn se reunió con funcionarios del Vaticano para hablar de su audiencia en el Congreso sobre la política del único hijo en China. También se presentó en una conferencia del Pontificio Consejo  para la Justicia y la Paz sobre la mujer y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Traducido por: Bárbara Bustamante
 
 

viernes, 31 de octubre de 2014

Carta de un seminarista con cáncer terminal a la mujer con el mismo mal que planea suicidarse 28102014

Carta de un seminarista con cáncer terminal a la mujer con el mismo mal que planea suicidarse

 
Phillip Johnson. Foto: Diócesis de Raleigh.
Phillip Johnson. Foto: Diócesis de Raleigh.
 
WASHINGTON D.C., 28 Oct. 14 / 10:05 pm (ACI/EWTN Noticias).-

 Un seminarista espera ordenarse como diácono a comienzos de 2015 y como sacerdote en 2016, a pesar de que los médicos le pronosticaron apenas un año y medio de vida, en 2008. Ahora le envía un mensaje a una mujer que ha anunciado que se someterá al suicidio asistido el 1 de noviembre.
A Phillip Johnson, que tiene actualmente 30 años, le diagnosticaron cáncer cerebral de grado III, conocido como astrocitoma anaplásico, hace seis años, cuando servía como oficial de la marina estadounidense en el Golfo Pérsico.

"Recuerdo el momento en que vi las imágenes computarizadas de los escaneos cerebrales. Fui a la capilla de la base y caí al piso llorando. Le pregunté a Dios '¿por qué yo?'", escribió Johnson en una columna publicada el 22 de octubre, titulada "Querida Brittany: Nuestras vidas valen vivirlas, incluso con cáncer cerebral" para el sitio web de la Diócesis de Raleigh (Estados Unidos).

Johnson fue enviado a casa para radiación y quimioterapia y luego dado de alta de la marina, antes de entrar a formación para el sacerdocio, una llamada de la que dijo haberse dado cuenta desde los 19 años.

Incluso con tratamiento agresivo, la mayoría de investigación muestra que el promedio de tiempo de supervivencia para este tipo de cáncer es de 18 meses, dijo.

Citando a la mujer de 29 años que ha expresado en un video su decisión de morir por un suicidio asistido médico, Brittany Maynard, Johnson dijo que "que te digan que tienes ese tipo de línea de tiempo aún se siente como si fueras a morir mañana".

Después de consultar a sus médicos, Johnson entendió que "gradualmente perderé control de mis funciones corporales en una edad joven, desde parálisis a incontinencia, y es muy probable que mis facultades mentales también desaparecerán y me llevarán a confusión y alucinaciones antes de mi muerte".

Al igual que la mujer enferma terminal, él no quiere morir o "sufrir el probable resultado de esta enfermedad".

"Yo creo que nadie quiere morir de esta manera".

Sin embargo, Johnson cree que un sufrimiento así no disminuye su valor como persona. "Mi vida significa algo para mí, para Dios y para mi familia y amigos, y, salvo una recuperación milagrosa, continuará significando algo mucho después de que esté paralizado en una cama de hospital".

"Mi familia y amigos me aman por quien soy, no solo por los rasgos de personalidad que lentamente se irán si este tumor avanza y toma mi vida".
Johnson reconoce la tentación de Maynard de acabar con su vida "en sus propios términos". Él admitió que a veces deseó que el cáncer acabara con su vida rápidamente para terminar el sufrimiento, y que esperaba ser curado del cáncer por un milagro.

El haber recibido este tiempo adicional para vivir ha probado ahora ser un milagro en sí mismo, dijo Johnson. De hecho, ha "experimentado incontables milagros" a través de su enfermedad.

En su preparación para el sacerdocio, Johnson ha sido capaz de servir a otras personas con enfermedades terminales, y aprendió que "el sufrimiento y el dolor de corazón que es parte de la condición humana no tiene que ser desperdiciado e interrumpido por miedo o buscando control en una situación aparentemente incontrolable".

"Quizás este es el milagro más importante para mí".

Evitar el sufrimiento a todo costo, incluso a la expensa de la vida de uno, es una forma de tratar de ganar control "en medio de la confusión", pero ignora el valor redentor del sufrimiento.

"No buscamos el dolor por sí mismo, sino que nuestro sufrimiento puede tener gran significado si tratamos de unirlo a la Pasión de Cristo y ofrecerlo por la conversión o intenciones de otros".

Johnson dijo que al acabar su vida prematuramente, Maynard se perderá los "momentos más íntimos de su vida" a cambio de una opción más rápida "que se enfoca más en sí misma que en cualquier otro".

En su propia experiencia, el seminarista ha soportado tristeza, pero también ha experimentado periodos de "gran alegría".

"Aún me pongo triste. Aún lloro. Aún le ruego a Dios que me muestre Su voluntad a través de todo este sufrimiento y me permita ser Su sacerdote si es Su voluntad, pero sé que no estoy solo en mi sufrimiento", dijo, señalando el apoyo de su familia, amigos y de la Iglesia.

Johnson dijo que seguirá rezando por Maynard en su enfermedad, para que ella "entienda el amor que todos tenemos por ella antes de que acabe con su propia vida".

Si ella deja de lado la idea de suicidarse y escoge luchar contra la enfermedad, ella sería "un ejemplo increíble e inspiración para otros incontables en su situación".

"Ella ciertamente sería una inspiración para mí mientras continúo la lucha contra mi propio cáncer".