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sábado, 26 de septiembre de 2026

Frases muy ingeniosas del Beato Fulton Sheen

 

Frases muy ingeniosas del Beato Fulton Sheen

Evangelizar a través de lapidarios aforismos e ingeniosas paradojas

Fulton Sheen, obispo en EEUU, predicador en radio y TV, beatificado en 2026

Fulton Sheen, obispo en EEUU, predicador en radio y TV, beatificado en 2026Francesca

25.09.2026 | 07:14



 



Voy a estampar, en este escrito, una recopilación de citas de Fulton J. Sheen, quien ha pasado de ser reconocido como Venerable a Beato el 24 de septiembre. 

Este arzobispo estadounidense -además de teólogo, escritor, profesor e impulsor de misiones y de ayuda humanitaria- fue muy célebre en su tiempo, pues se caracterizó por predicar en radio y televisión hasta su defunción, acaecida en diciembre de 1979; e incluso llegó a ser galardonado con un Emmy en 1952.

Hecha esta reseña introductoria, cabe destacar que uno de sus talentos más descollantes fue el de evangelizar a través de lapidarios aforismos e ingeniosas paradojas; una destreza que me recuerda sobremanera al estilo literario de G.K. Chesterton, el archiconocido escritor inglés. Así pues, procedo a compartir con todos ustedes, mis venerables lectores, algunas de las citas del Beato Fulton Sheen.

La primera a la que he decidido hacer mención reza así: 

  • “Antes de la conversión, era el comportamiento el que, en gran medida, determinaba la creencia; tras la conversión, es la creencia la que determina el comportamiento”. 

A raíz de este aforismo, retorna a mi memoria el consabido dicho de “vive como piensas o acabarás pensando como vives”; o aquella cita mediante la cual Chesterton nos advirtió de que quien deja de creer en Dios, puede acabar creyendo en cualquier cosa; y, sobre todo, pone de relieve una de las máximas de Santo Tomás de Aquino, esa que nos revela que el entendimiento ha de ser previo a la voluntad, y la voluntad una necesaria prolongación del entendimiento. Por algo, nos recomendó, siglos más tarde, Santo Tomás Moro rezar antes de pensar y pensar antes de actuar.

La segunda de las citas en la que he optado por hacer hincapié es la siguiente: 

  • “En días más felices, los filósofos discutieron los problemas del hombre; ahora, ellos discuten al hombre como problema”. 

Aquí, queda acreditada la habilidad de Fulton Sheen para entretejer profundidad teológica, ingenio aforístico y sentido del humor en una sola frase; un cariz muy chestertoniano, huelga subrayar.

Otra cita de Fulton Sheen que es mordaz y, al mismo tiempo, desternillante sería la siguiente: 

  • “Nunca olvides que sólo hay dos filosofías para gobernar tu vida: la de la cruz, que comienza con el ayuno y termina con la fiesta; y la de Satanás, que comienza con la fiesta y termina con el dolor de cabeza”.

Más frases incisivas y, a su vez, de gran comicidad: 

  • “Debes recordar amar a la gente y usar las cosas, y no usar a la gente y amar las cosas”; 
  • “los egoístas están tan impresionados por su propia importancia que toman todo lo que les dieron como si se les debiera”.

En esta misma línea, he considerado oportuno traer a colación su siguiente aforismo: 

  • “La soberbia es una admisión de debilidad: secretamente teme toda competencia y teme a todos sus rivales”. 

No cabe duda de que la altanería, en reiteradas ocasiones, es una manera de ocultar, eclipsar o ensombrecer nuestras propias flaquezas, a base de sacarles brillo para disimular su podredumbre.

A esto, me gustaría añadir que la soberbia es de por sí, per se, debilidad, puesto que nos hace confiar más en nuestras propias fuerzas (de seres limitados) que en la fuerza del Señor (el Todopoderoso); lo cual es, a mi juicio, como ufanarse de lo buen nadador que es uno, para renunciar a unas aletas que te harían nadar muchísimo más lejos. 

De esto, se desprende el hecho de que el reconocimiento de nuestra propia debilidad nos haga más fuertes, siempre que confiemos y nos abandonemos en el poder de Dios, en su “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5).

De facto, al “sin mí no podéis hacer nada”, que brotó directamente de los labios de Jesús, es fundamental aparejarle otra cita de las Sagradas Escrituras, cuyo tenor literal es: “Te basta mi gracia, pues mi fuerza se hace perfecta en tu flaqueza” (2 Co 12, 9); algo que se ve nítidamente reverberado en las siguientes palabras de Santa Teresa de los Andes: 

  • “Veía su Grandeza infinita y cómo bajaba para unirse a mí, nada miserable. Él, la inmensidad, con la pequeñez; la Sabiduría, con la ignorancia; el Eterno, con la criatura limitada; pero, sobre todo, la Belleza, con la fealdad; la Santidad, con el pecado”.

En lo tocante a los criticones, este beato les da una cura de humildad digna de encomio y mención, a través de la siguiente cita: 

  • “No hay persona crítica en el mundo que no necesite críticas”. 

Esta cita, desde mi punto de vista, nos espolea a aumentar nuestra capacidad para perdonar los males ajenos y a los que nos ofenden, puesto que nos invita a mirar primero dentro de nosotros, véase lo alarmantemente necesitados que estamos de la misericordia de Dios. En palabras de Sir William Shakespeare, “si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado?”. A la sazón, si tú y yo seríamos azotados en caso de que se nos aplicase la justicia en toda su crudeza y desnudez, ¿tendríamos derecho a negarle el perdón alguien?

No olvidemos que Cristo se dejó crucificar por la redención de sus verdugos; y de la humanidad entera. 

Por ello, precisamente, el teólogo Jacques Philippe nos recuerda que Dios nos amó como perfecto hombre para que aprendiésemos a amar como Dios; y aquí es donde el perdón cobra todo su sentido, sentido que nos es literalmente transmitido en el Padrenuestro, cuando rezamos: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”; puesto que con la misma vara de medir con la que midamos a los demás seremos nosotros medidos, tal y como nos es revelado en las Sagradas Escrituras.

De hecho, Fulton Sheen incidió en la importancia nuclear de la humildad al sentenciar que “la divinidad es tan profunda que sólo puede captarse con los extremos de la sencillez y la sabiduría. Hay algo en común entre el sabio y el sencillo; y es la humildad”. 

Aquí, podemos vislumbrar la inabarcable hondura y belleza de las paradojas cristianas, donde dos contradicciones aparentes terminan convirtiéndose en correlatos indispensables, que siguen una secuencia lógica, coherente, y que, por consiguiente, dejan de ser contradictorias.

Así, lo entiendo yo: el pensamiento católico no hace síntesis modernas, fruto de una solución intermedia a la pelea entre una tesis y su antítesis (o su contrario), sino que armoniza ambas hasta el punto de erradicar toda contradicción y enemistad; es decir, las reconcilia, pero no mediante un tratado de paz, sino haciéndolas compatibles. 

Es más, el teólogo Charles Moeller nos enseñó que las paradojas cristianas son la culminación -y la depuración- de la sabiduría griega. Por algo, diría Chesterton aquello de que “la verdad es paradójica”. 

Incluso el ateo de Don Miguel de Unamuno se rindió ante el incalculable valor de las paradojas cristianas, algo que se hace explícito en el siguiente fragmento de su obra El Cristo de Velázquez: 

  • “Paradojas, parábolas y apólogos florecían lozanos de tu boca; no silogismos, no pedruscos lógicos al cuello de la mente cual collar”.

En lo concerniente a la religiosidad católica ejercida en la vida pública, Fulton Sheen puso de manifiesto que “las naciones no son asesinadas normalmente; más a menudo, se suicidan”; algo que guarda una íntima avenencia con las siguientes palabras de Will Durant: “Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro”. 

Un aspecto en el que veo cómo esta advertencia se materializa sería en la crisis de la natalidad que asola a Occidente, vertiginosamente espoleada por la pecaminosa tibieza de los fieles. Otro factor para tener en consideración sería esa disgregación de la unidad de espíritu trabada por el fundente de la Fe, para diluirse en una concomitancia de principios enemistados.

A la cita de Fulton Sheen estampada en el párrafo anterior, cabría agregarle la siguiente: 

  • “Se dice que Estados Unidos sufre de intolerancia; no es así. Sufre de tolerancia. Tolerancia del bien y del mal, de la verdad y el error, de la virtud y la maldad, de Cristo y el caos. Nuestro país no está tan lleno de fanáticos como de personas de mente demasiado abierta”.

Otra realidad que aborda sobre el catolicismo manifestado en la esfera pública sería ésta: 

  • “No hay ni cien personas en los Estados Unidos que odien a la Iglesia Católica, pero hay millones que odian lo que equivocadamente perciben que es la Iglesia Católica”.

En lo atinente a la calidad de nuestra entrega a Dios, este beato no se anduvo por las ramas, para sentenciar: “Nadie será coronado a menos que haya luchado y vencido”. 

A fuer de esto último, le imploramos a San Miguel Arcángel que nos defienda en la lucha, en aras de que nos proteja de las perversidades y asechanzas del demonio. Por esto, precisamente, le suplicamos a Dios en el Padrenuestro que no nos deje caer en la tentación, para, así, librarnos del mal. En palabras de Fulton Sheen, “a menos que haya un Viernes Santo en tu vida, no puede haber un Domingo de Resurrección”.

Por último, quería incidir en un renglón alumbrado por este Beato, en el que recalcó el insondable valor de las mujeres, de la feminidad bien entendida. Éste dice así: 

  • “En gran medida, el nivel de cualquier civilización es el nivel de sus mujeres. Cuando un hombre ama a una mujer, tiene que hacerse digno de ella. Cuanto mayor es la virtud de ella, cuanto más noble es su carácter y más dedicada está a la verdad, la justicia y la bondad, más tiene que aspirar el hombre a ser digno de ella. La historia de la civilización podría escribirse, de hecho, en términos del nivel de sus mujeres”.

viernes, 21 de julio de 2023

Iban a quemar la Virgen de Torreciudad con todos los enseres, pero vino un rescatador por la noche 20072023

 

Así se salvó la imagen que aún se venera y que tiene unos 900 años

Iban a quemar la Virgen de Torreciudad con todos los enseres, pero vino un rescatador por la noche

La ermita de Torreciudad con peregrinos en 1933
La ermita de Torreciudad con peregrinos en 1933, antes de la guerra civil

P.J.G./CariFilii

Martín Ibarra Benlloch, doctor en Historia, responsable del archivo del santuario mariano de Torreciudad (Huesca) y miembro de su Instituto Mariológico, difundió en el diario La Razón su investigación acerca de cómo se salvó la venerada imagen románica de la Virgen de la rabia destructora de la persecución anticatólica de 1936.

Según la tradición de los vecinos de la cercana población de Bolturina, la Virgen fue recuperada en la Edad Media, en el año 1084, una vez expulsada la guarnición musulmana de la torre que da nombre al lugar. Los expertos creen que por su estilo de románico arcaico puede ser perfectamente una obra del s.XI y ha recibido cuidados y veneración durante más de 9 siglos.

Virgen de Torreciudad, sin niño ni vestiduras
La Virgen de Torreciudad, románico arcaico, probablemente del s.XI (en esta foto sin el Niño)

Durante la persecución de 1936, en la que fueron asesinados casi 9 de cada 10 sacerdotes diocesanos de Barbastro, y numerosos claretianos, benedictinos y otros religiosos, llegaron anarquistas a la ermita de Torreciudad, la saquearon y amontonaron sus objetos en el exterior, con la idea de quemarlos al día siguiente.

Esa noche, Antonio Sesa, vecino de Bolturina, devoto de la Virgen y hermano de uno de los sacerdotes que morirían mártires, acudió con un borrico, tomó la imagen románica y la escondió en una cueva durante dos años. Es la misma imagen que, restaurada, hoy se venera.

Lo contaba con emoción en 2020 su nieto, Luis Sesa, cuando participó en la fiesta de la Virgen de Torreciudad momentos antes de cargar sobre sus hombros las andas para llevar precisamente en procesión la imagen peregrina de la Virgen, según recoge la web del santuario.

¿Por qué es una Virgen negra si su madera era clara? Lope de Vega tiene una respuesta muy espiritual que se explica en este vídeo

8 siglos de tradición

Durante 8 siglos los vecinos de la Ribagorza, Sobrarbe y Somontano de Barbastro habían acudido, a menudo con rebaños, al santuario de Torreciudad en agosto y septiembre. Pasaban el día con amigos y parientes, rezaban el rosario, se confesaban, asistían a misa y pedían a la Virgen ayuda. Se la consideraba especialmente eficaz contra los dolores de cabeza.

En los años previos a la guerra, quien les recibía era el prior del santuario, José Muzás Lalueza. Ibarra da más datos sobre Muzás en otro artículo reciente en La Razón, señalando que el prior (responsable del santuario) era considerado casi como el penitenciario o confesor de toda la comarca, porque muchos aprovechaban viajes o romerías al remoto santuario para confesarse.

Persecución contra los sacerdotes

Muzás nació en la cercana Secastilla en 1872. Le gustaba la vida solitaria y trató de ser cartujo, pero la cosa no fue bien y tuvo que reintegrarse como sacerdote diocesano, explica Ibarra. En una carta de 1932, con 60 años, explicaba al obispo de Barbastro que para él sería “la dicha más grande poder dedicar la vida que me queda al servicio de Nª Sª de Torreciudad”.

Virgen de Torreciudad revestida, hacia 1920
Virgen de Torreciudad hacia 1920

El 18 de julio de 1936 los anarquistas armados toman el control de la ciudad de Graus, y después de otras poblaciones. El párroco de Secastilla, Carlos Carlá, se escondió durante semanas en el bosque. Los anarquistas empezaron a quemar y saquear iglesias y ermitas.

José Muzás abandonó la ermita de Torreciudad y se escondió 5 días con unos parientes en Bolturina. Después pasó a una caseta abandonada donde le hacían llegar comida. Según declaró su sobrino Antonio Muzás Rausa en 1941, “después de estar oculto aproximadamente un mes, se presentó al comité de Graus, siendo detenido por los miembros del Comité y fusilado”.

La detención sucedió el 17 de agosto y el fusilamiento el 22, junto a otros sacerdotes, entre ellos Francisco Monclús, José Sesa y Victorián Tena. La diócesis de Barbastro está dando pasos para iniciar su proceso de beatificación como mártires.

Una pira para quemarlo todo en Torreciudad

Mientras tanto, en Torreciudad, los anarquistas habían saqueado la ermita-santuario y la casa anexa a ella, y habían preparado una pila con muebles, ornamentos y enseres sagrados, incluyendo la imagen de la Virgen.

Antonio Oliveras, que en 1936 era un sacerdote joven, escribió años después detalles de lo que sucedió.

“En día 23 de julio, día antes o después, se personó el párroco de Burceat, Dn. José Sesa, en su pueblo de Bolturina, (nativo) preguntó a su hermano Antonio, qué habían hecho de la Virgen de Torreciudad. Contestó: toda la ermita saqueada, solo queda en su Camarín la imagen. Le rogó fuera a ocultarla. Llegada la noche bajó a la Ermita, tomó la imagen, la envolvió con unos sacos, tomó un pozal de los que se usan para el agua, a 400 o 500 metros del Santuario, en unas rocas, difícil de penetrar, bien conocidas por el Antonio, por ser cazador, la ocultó”.

Antonio Sesa se jugaba la vida, tanto rescatando la imagen como escondiendo a su hermano sacerdote. De hecho, el 28 de julio llegaron los milicianos a su casa en Bolturina y se llevaron a su hermano, quien les dijo: “No tenían ustedes necesidad de molestarse, con una simple comunicación me hubiera yo mismo presentado. No temo a la muerte. Gustoso moriré por lo que siempre he enseñado y profesado. Ahora mismo marcho con ustedes”. Lo fusilaron junto a Muzás, el prior del santuario.

Antigua ermita junto a la torre en Torreciudad, antes del santuario moderno
La torre medieval y la ermita antigua, antes de la presa y el santuario moderno

Escondida cerca de la ermita entre unas rocas

María Teresa Sesa cuenta que su abuelo Antonio bajó con un borrico a por la Virgen y que la salvó del montón que había delante de la ermita, preparado para la hoguera del día siguiente, y que la escondió muy cerca de la ermita. Antonio Oliveras escribió que la escondió “a 400 o 500 metros del Santuario, en unas rocas, difícil de penetrar”.

Dos años después, al empezar la primavera de 1938, con la zona bajo control del bando nacional, Antonio Sesa sacó la imagen de su escondite y la llevó a su casa (Casa Fuster, en Bolturina) donde estuvo desde abril hasta agosto. Antonio Oliveras lo describió así: “bajó a buscarla, tal como la había dejado la encontró; la tomó entre sus brazos, la conduce a su casa. Se lo comunica al Párroco. Restaurado parte del Santuario, volvió a su Camarín, siendo una de las más importantes concentraciones que han existido”.

Fiesta en el pueblo

Muchos daban por destruida o quemada esta imagen tan amada por el pueblo. Por eso, causó mucha impresión y alegría saber que se había salvado. En unos meses se restauró la ermita profanada y quemada y se decidió que cada domingo posterior a la Asunción se celebraría su recuperación.

Una nota de agosto de 1938, aún en tiempos de guerra, invitaba así a la celebración: “¡Católicos!: la venerada imagen de Nuestra Señora de Torre-Ciudad, que por los años gloriosos de 1084 fue encontrada y entronizada por nuestros antepasados en la mezquita de los moros expulsados de su ciudad-torre, la imagen ante la cual nos presentaron nuestras madres; la que invocaron nuestros enfermos en su agonía, nuestros labradores en sus aflicciones, nuestros soldados en sus combates, ha sido de nuevo encontrada, por singular beneplácito divino que gobierna para sus fines las humanas voluntades y será solemnemente entronizada en su secular Basílica de Torre-Ciudad el domingo 21 de agosto”.

Joaquín Durán, un soldado que estaba en el frente, logró permiso para acudir a esa fiesta. Lo escribió así: “Ese domingo, todo eran mujeres y hombres de edad, porque los de veinte años estaban de servicio. La bajaron muchas mujeres, la Carmen Flores que ya ha muerto, iba Lolita Nacenta, que aún vive, de la Puebla iban algunas chicas. Y entonces, a mitad de camino se la tomé a estas chicas y la llevé algún rato, de vez en cuando nos íbamos turnando, y la pude bajar yo. Y desde aquel he estado en Torreciudad todos los años”.

200.000 peregrinos al año, cien mil en pandemia

España seguía en guerra, pero en Torreciudad llevaron la Virgen en procesión, le cantaron sus gozos, rezaron el Rosario… En 2019, el año antes de la pandemia, Torreciudad recibió 210.000 peregrinos, un 15% extranjeros, sobre todo de Francia, Portugal, Polonia y con la novedad de un número creciente de norteamericanos. Incluso en 2020, con la pandemia, recibió unos 100.000 visitantes.

La imagen de la Virgen les recibe, como en los 9 siglos anteriores.

Documental en Aragón TV en 2015, al cumplirse 40 años del santuario moderno

(Publicado originariamente en el portal de noticias marianas CariFilii.es en marzo de 2021)

sábado, 10 de junio de 2023

El plan de Alberoni para invadir Inglaterra: la Segunda Invencible española 09062023

 

El plan de Alberoni para invadir Inglaterra: la Segunda Invencible española

El plan de Alberoni para invadir Inglaterra: la Segunda Invencible española
El Cardenal Giulio Alberoni. José María Galván y Candela. Museo del Prado.

por En cuerpo y alma

 

 

            Con la firma, en 1713, del Tratado de Utrecht, que pone fin a la Guerra de Sucesión Española y consolida en el trono a la nueva dinastía de los Borbones, España pierde todas sus posesiones italianas, tanto en el norte (Milán), como en el centro (Cerdeña), como en el sur (Sicilia y Nápoles), y también las que aún le quedan en Flandes, -más o menos la actual Bélgica-, así como Gibraltar y Menorca. Se queda sin posesiones europeas más allá de las peninsulares, aunque con su vasto imperio afro-asio-americano sigue siendo la primera potencia del mundo, y aún seguirá siéndolo durante otro casi entero siglo por más que la Historiografía oficial se empeñe en que en Utrecht, pasa España a ser una potencia de segunda, y las grandes potencias son, desde ahora, Francia e Inglaterra. ¡Nanay!

             Eso sí, la herida supura, y se presenta como una urgencia recuperar el poder perdido. A ello se pone sin demora el valido de Felipe V, el Cardenal Giulio Alberoni, que tan pronto como 1717, ha recuperado ya las islas de Cerdeña y Sicilia.

             Envalentonado con los logros, en 1719 pone proa a una nueva isla, isla que no es otra que... ¡la mismísima Gran Bretaña! El plan es tan ingenioso como bien urdido: una tropa de trescientos infantes de marina del Regimiento Galicia debería entrar por Escocia y, con la ayuda de algunos clanes de las Highlands, conquistar la importante ciudad escocesa de Inverness. No es, en realidad, el verdadero objetivo de la operación, sino sólo una maniobra de distracción destinada a atraer el ejército británico hacia el norte. Porque mientras tanto, el inglés James Butler, II Duque de Ormonde, -que por cierto, había derrotado a los españoles en Rande en 1702-, al mando de cinco mil españoles, entraría en Inglaterra por el sudoeste, donde reclutaría un gran ejército con el que conquistar, ni más ni menos, que la gran capital londinense.

             ¿Por qué habría de hacer algo así el Duque de Ormonde? Pues bien, razones no le faltan. Muerta la reina Ana de Inglaterra sin sucesión, -a pesar de haber tenido ¡diecinueve hijos!, todos muertos-, la corona inglesa pasa a una nueva dinastía con escaso derecho, los Hannover, en la persona de Jorge I. Y todo, porque los ingleses se niegan a sentar en el trono al que es el legítimo propietario del mismo, Jacobo III Estuardo, hermano de Ana y también de María II (que había reinado antes que Ana). Todos los tres hijos de Jacobo II.

             ¿Y eso por qué? Pues por una sencilla y única razón: que Jacobo, hijo de la católica María de Módena, segunda esposa de Jacobo II, es católico, mientras que sus hermanas, hijas de Ana Hyde, primera esposa del rey inglés, no lo son.

             Pues bien, Ormonde es ferviente partidario de Jacobo. Así que el objetivo de la campaña no es, propiamente, conquistar Inglaterra, sino simplemente, cambiar el rey. El argumento pincha una neurona ¿verdad? Porque no es otro que el que algo más de un siglo antes había dado lugar al episodio de la Felicísima Armada, la Armada Española, la Gran Armada, la Armada Invencible, llámelo Vd. como quiera, será por falta de nombres… Su objetivo es tan el mismo, que en ambos casos consiste en sentar en el trono inglés a un Estuardo católico: en 1588, María de Escocia Estuardo en lugar de Isabel I Tudor; en éste, Jacobo III Estuardo en lugar de Jorge I Hannover.

             El 7 de marzo la flota, compuesta de cinco barcos de guerra, veintidós transportes, cinco mil soldados, y armas para 30.000 hombres, parte de Cádiz al mando del jefe de escuadra don Baltasar de Guevara, para recoger a Ormonde en La Coruña y continuar hacia tierras británicas. Pero –y como ya sucediera con la desdichada Armada “Invencible”, una vez más las similitudes-, se desata un fuerte temporal, -esta vez muy doméstico, en el mismo cabo de Finisterre-, el cual da al traste con la operación.

             Los que sí habían llegado, en cambio, a destino, son los 307 soldados españoles que habían partido en dos fragatas del puerto de Pasajes el 7 de marzo hacia Escocia, al mando del coronel Nicolás de Castro Bolaño, que, por supuesto, ni siquiera saben que la flota que debía entrar por el sur había sido desbaratada por “los elementos”. Al poco, llega el resto de los hombres de la misión: el Marqués de Tullibardine, que toma el mando de la operación, el Marqués de Seaforth, James Keith... De acuerdo con lo estipulado, los barcos son devueltos  a España.

             Acuartelados en el castillo de Eilean Donan, los escoceses en ningún momento se niegan a tomar Inverness según lo acordado, pero eso sí, no sin antes conocer a ciencia cierta que la flota española tan esperada ha desembarcado por el sudoeste. Entretanto esperan, el 9 de mayo cinco navíos británicos al mando del Comandante Boyle se presentan ante el castillo, que defienden apenas medio centenar de españoles, y lo toman fácilmente. Los prisioneros son trasladados a Edimburgo.

             La situación del resto del ejército, unos mil soldados de los que 250 españoles, no es mejor, habida cuenta de que los clanes escoceses, conocedores ahora sí de que no había habido desembarco en el sudoeste de Inglaterra, se niegan a unirse a la insurrección.

 

Batalla de Glenshiel. Peter Tillemans. 

 

            El General Wightman, al mando del destacamento de Inverness, se pone en marcha con su ejército, y el 10 de junio presenta batalla en Glenshiel. Los españoles del Coronel Bolaño resisten toda la noche, pero highlanders y jacobitas huyen, así que a la mañana siguiente los españoles se rinden. Serán trasladados a Inverness, y luego a Edimburgo. La espera no va a ser larga, pues en el mes de octubre se hallan ya todos de nuevo en casa, sanos y salvos.

             ¿Y Alberoni? ¿Qué pasa con el audaz Alberoni que con tanto afán se tomara la recuperación de España en el escenario europeo? Tampoco a él le sonríe la suerte por mucho tiempo. La derrota española, pocos días después, en la llamada Guerra de la Cuádruple Alianza que la enfrentaba a las principales potencias de Europa, Francia, Gran Bretaña, Países Bajos y Sacro Imperio, -un “todos contra uno” que, sin embargo, no será excesivamente gravoso para los intereses de España, que simplemente se queda como estaba al empezar la guerra, tal era todavía el poderío español-, llevará a Felipe V a prescindir de sus servicios y a desterrarlo.

             Y así, el 5 de diciembre del mismo año de 1719 pone rumbo a Italia, donde a pesar de no gozar de la simpatía del Papa, Clemente XI primero, Inocencio XIII después, participará, en su condición de cardenal, en hasta tres cónclaves (en uno de ellos incluso se halló entre los “papables”), mandará las tropas pontificias en la toma de San Marino en 1739, para terminar dirigiendo en Piacenza un hospital de leprosos, convertido luego en escuela para niños pobres. Todo un personaje.

             Y éstas son las aventuras y desventuras de la “Segunda Armada Invencible”, si me permiten Vds. el provocativo nombre. Tan parecida a la primera, si bien de distintas dimensiones, eso sí. Y tan desconocida. Pero bueno, ¿qué parte de la gloriosa historia de nuestra patria no lo es?

             Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

            Luis Antequera.