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miércoles, 8 de agosto de 2018

Una abadesa resistió el embate luterano y mantuvo fieles a sus sesenta monjas hasta morir la última 07082018

HEMEROTECA Sor Caritas Pirckheimer, una epopeya de fe

Una abadesa resistió el embate luterano y mantuvo fieles a sus sesenta monjas hasta morir la última

Este retrato de mujer de Alberto Durero, aunque no atribuido por el artista, se considera dedicado a Sor Caritas Pirckheimer.
Este retrato de mujer de Alberto Durero, aunque no atribuido por el artista, se considera dedicado a Sor Caritas Pirckheimer.
Muchos religiosos en Alemania se adaptaron a la naciente herejía luterana, pero hubo conventos que se mantuvieron fieles hasta el final. Es el caso de las clarisas de Núremberg, a cuyo frente Sor Caritas Pirckheimer se plantó ante todas las pretensiones y presiones de las autoridades civiles pasadas al luteranismo.

Eran sesenta monjas al inicio de la epopeya, y todas conservaron la fe incluso más de medio siglo después de fallecida la abadesa. El convento permaneció católico hasta su última monja. Ésta es la historia, contada por Cristina Siccardi en Corrispondenza Romana:

En Alemania, cuando Lutero sembró su doctrina herética, surgió en Núremberg una monja que tuvo el coraje y la fuerza de no seguirlo. Se llamaba Sor Caritas Pirckheimer(14671532), una figura para redescubrir en nuestros días.


 
El prestigio y la preparación de la abadesa Caritas hizo que el monasterio de las clarisas de Núremberg fuera el intérprete de una encendida disputa en el interior de la ciudad. Las enclaustradas perseguidas han dejado registro de sí mismas en una puntual crónica, bajo el título Hechos memorables, un documento de inestimable valor histórico y espiritual, que expone los eventos desde 1524 a 1528, enfocados en la defensa de la fe y de la Iglesia católica.

Comienza con un informe de la Madre Abadesa: «La doctrina de Lutero ha sido la causa de muchas ruinas; crueles discordias han desagarrado la cristiandad, las ceremonias de las iglesias resultaron mutiladas y en muchos lugares han de repente abandonado el propio estado, porque se predicaba la supuesta libertad cristiana, se repetía que las leyes de la Iglesia y los votos no obligaban a nadie más. La consecuencia de tal argumentación fue que un buen número de monjes y monjas usaron esta libertad para abandonar el claustro y dejar sus hábitos; muchos incluso se casaron y, en una palabra, no actuaron sino siguiendo su propia fantasía».
 
Bárbara Pirckheimer, la mayor de doce hijos, nacida en una familia importante y erudita de Núremberg, recibió una educación humanística, sobresaliendo en el latín, y a los 16 años entró en las clarisas tomando el nombre de Caritas. El monasterio, conocido por su vasta biblioteca y su scriptorium -habitación reservada para escribir manuscritos- abrigaba a cerca de 60 monjas, todas ellas provenientes de las familias más prestigiosas de Núremberg. Muchos estudiosos tomaron conocimiento de su existencia a causa de su hermano Willibald, que había estudiado en Italia y que se convirtió en uno de los más importantes humanistas alemanes.

Las ideas de Martín Lutero fueron debatidas en Núremberg ya en 1517 y Willibald fue uno de sus primeros admiradores. Sor Caritas se opuso desde el principio. Pero cuando en 1524 la ciudad de Núremberg comenzó a actuar contra las Clarisas, Willlibald tomó su defensa.
 
Día tras día poderosas y temibles personalidades llevaban a las autoridades civiles que habían asumido el poder religioso a visitar a las hermanas “rebeldes”: intentaban enseñarles las doctrinas de Lutero, en un vano intento de convencerlas de desistir de su propio estado, por cuanto la vida religiosa no era vista por el luteranismo como una consagración por amor de Dios y deseo de vivir su amorosa presencia, sino como una forma de regateo: la salvación eterna a cambio de una vida de privaciones.

Así, numerosas familias, influenciadas por estas discordias, intentaban llevarse a sus hijas, sus hermanas y sobrinas monjas. Durante toda la Cuaresma del 1525 hubo un continuo debate en la ciudad entre aquellos que adherían a la nueva doctrina y sacerdotes o religiosos, y en todas las ocasiones los secuaces de Lutero guardaban mayor consenso. Los miembros del Consejo anunciaron la intención de retirar a las hermanas del servicio espiritual de los sacerdotes papistas, substituyéndolas por pastores de la nueva generación alemana: «Desde este día nosotras fuimos privadas de la confesión, de la comunión y de todos los sacramentos inclusive en peligro de muerte».

La abadesa y sus hijas fueron obligadas a aceptar a los predicadores del Consejo local, pero rechazaron a los confesores, prefiriendo privarse de los sacramentos antes que ceder a los errores. Frente al mismo Consejo la Madre Caritas declaró: «El Consejo recordará ciertamente que nosotros le hemos siempre obedecido en las cosas temporales, pero en lo que dice respecto a nuestras almas no obedecemos sino a nuestra conciencia».

Se intentó hacer un verdadero y real lavado de cerebro para intentar atraer a las clarisas a las redes de luteranismo. Pero nada pudo vencer la fe de ese monasterio. Con frecuencia los predicadores usaron un tono bastante agresivo, sin embargo las monjas no cayeron: escucharon 111 prédicas, pero ninguna de ellas tuvo efecto y no lograron cansarlas pero sí al Consejo, que no mandó más delegados.


Homenaje a Sor Caritas en el antiguo convento de clarisas de Núremberg.

Se llegó así a las privaciones económicas y a las amenazas. Fue en la Semana Santa de 1525: «Cuando al Curador vio que nunca llegaría a vencer mi resistencia cambió de tema y me habló de un levantamiento de campesinos que se habían rebelado, en un número muy considerable, para saquear los conventos y expulsar o sentenciar a muerte a todos los religiosos y las religiosas. Y que no debía permanecer una sola clarisa en el convento de aquella ciudad; y que haríamos bien en reflexionar y no dar motivo, al volver, a una gran masacre».
 
El día después de Pascua se prohibió todo culto católico en toda la ciudad. A continuación los agustinos («¡que eran la fuente de todas estas desgracia!»), los carmelitas, los cartujos… abandonaron sus hábitos, no rezaron más maitines y celebraron los oficios de acuerdo a su subjetiva voluntad. Muchos tomaron mujer. Las presiones sobre las clarisas eran estresantes: cotidianamente las intimidaban con sacarlas, con demoler el claustro, con destruirlo hasta los cimientos. «Nos convertimos para todos, grandes y pequeños, en objeto de desprecio […]. Somos objeto de mayor desprecio que las mujeres públicas y se nos dice que verdaderamente valemos menos que ellas. […] No quieren que nadie llame más ‘claustros’ a nuestros conventos sino ‘hospicios’ ni que las hermanas se llamen ‘canonesas’, la abadesa y la priora se deben llamar ‘directoras’: no debe existir distinción alguna entre los clérigos y los laicos».
 
Las disputas que mantuvieron la abadesa y los delegados revolucionarios -fielmente descritas en el documento histórico- demostraron la teológica y doctrinal preparación de la heroica e iluminada Caritas, la cual reunió a las hermanas en el capítulo de aquel 1525 y pidió su parecer sobre la conducta a seguir: «Las encontré a todas con el mismo sentimiento y me han respondido que nunca iban a dejarse convertir a la nueva doctrina a través de ningún sufrimiento; que nunca se iban a separar de la santa Iglesia y que no serían capaces de arrastrarlas fuera de la vida monástica. Rechazaron la dirección de los sacerdotes apóstatas prefiriendo quedar largo tiempo sin confesión y privadas de la santa Comunión. […] Escribí la súplica […] que la comunidad aprobó por unanimidad después de haber oído la lectura. Cada una solicitó firmar; todas queríamos la propia parte de responsabilidad en la desgracia de la cual pudiera ser para nosotras la fuente».

Felipe Melanchton -amigo de Lutero y uno de los mayores protagonistas de la revolución protestante- fue personalmente a visitar a las Clarisas, pero se quedó admirado frente a la abadesa y se despidió amistosamente. Así, no obstante muchas privaciones y sufrimientos, el monasterio se mantuvo con vida.


Sello emitido por el Vaticano en 2017, con las imágenes de Lutero y Melanchton, para conmemorar el quinto centenario de la Reforma Luterana.
 
En 1530 Willibald, el fiel patrocinador, muere, mientras Caritas desaparece dos años después. Su hermana Clara le sucede, luego la sigue su sobrina Catalina. Las clarisas, a las cuales les es prohibido categóricamente acoger novicias, permanecen sólidamente ancladas a la Iglesia de Roma, hasta la última monja, sor Felicita, que se apaga en el año 1591 a la edad de 91 años: conforme a los pactos asumidos, el Consejo de la ciudad debía esperar su muerte para tomar posesión del convento.

Entretanto, todos los monasterios de todas las órdenes existentes bajo la jurisdicción luterana, desaparecieron. La historiografía nunca podrá colmar el gran vacío de información acerca del desarrollo de la clausura de los claustros, porque la mayor parte de los archivos conventuales ha sido deliberadamente destruida. Sin embargo, las valiosas memorias de las Clarisas de Núremberg nos hacen comprender bien el sistema coercitivo y violento de los luteranos y la respuesta de las esposas de Cristo que, grabada para siempre, es aquella de los santos: «La Iglesia fue gobernada hasta ahora por el Espíritu Santo, según la promesa de Cristo. Nada nos va a separar de ella. Nosotros sufriremos aquello que quiera Dios enviarnos, es mejor sufrir por causa del mal que consentir a hacer el mal».
Artículo publicado en ReL el 30 de marzo de 2018.

miércoles, 5 de abril de 2017

Diez reformas católicas en la Iglesia en el siglo anterior a Lutero: la protestante fue innecesaria 03042017

Un repaso de Ramon Corts Blay, doctor en Historia Eclesiástica

Diez reformas católicas en la Iglesia en el siglo anterior a Lutero: la protestante fue innecesaria

Diez reformas católicas en la Iglesia en el siglo anterior a Lutero: la protestante fue innecesaria
Lutero, ante Carlos V, se niega a retractarse o buscar otra vía - escena de Carlos Rey Emperador, la teleserie de RTVE

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3 abril 2017
Este año de 2017 se conmemoran 500 años del inicio de la llamada "Reforma Protestante", que significó la ruptura de la Cristiandad en Occidente, con la aparición de países protestantes y la división de los cristianos en numerosas comunidades de doctrinas contradictorias entre sí, lo que alimentó muchos años de guerras de religión (que a su vez tenían numerosas motivaciones políticas añadidas).

En ambientes protestantes (más en los populares que en los académicos) se suele explicar que la Iglesia en el siglo XVI era especialmente corrupta en sus costumbres y doctrina y que era necesario "reformarla" o "renovarla" para que fuera más virtuosa y santa. Pero los historiadores no ven que en el siglo XVI en la Iglesia hubiera necesariamente más corrupción que en cualquier otra época y en cuanto a su capacidad de renovación detectan que era grande sin necesidad de llegar a la ruptura que desencadenó Lutero acompañado de los poderosos príncipes alemanes ansiosos de confiscar propiedades eclesiásticas.

En el I Simposio Internacional Reforma y Reformas en la Iglesia, organizado en Barcelona los pasados días 15 y 16 de marzo por el Ateneo Sant Pacià (www.edusantpacia.cat), el sacerdote Ramon Corts Blay, doctor en Historia Eclesiástica por la Universidad Gregoriana y profesor de esta materia, repasó 10 casos de renovación eclesial en los 150 años previos a Lutero que demuestran que la Iglesia occidental tenía una gran capacidad de reforma y renovación sin necesidad de llegar a la ruptura, el cisma y las guerras de religión. Son casos de "reformas católicas" que tenían éxito en distintas regiones y ambientes culturales.


 El doctor en Historia Eclesiastica
Ramon Corts Blay 


10 REFORMAS CATÓLICAS EN AÑOS PREVIOS A LUTERO

1. Las asociaciones laicas de caridad 
En el siglo XV en las ciudades de toda Europa se multiplicaron las asociaciones de laicos que se comprometían a servir con caridad a los pobres y los enfermos de los hospitales, tratando con ellos en persona, lavándolos, velándolos, etc... Tenían un gran anhelo de reforma espiritual y se comprometían a una vida espiritual intensa, con compromisos de confesarse cada mes y comulgar 4 veces al año (en esa época se comulgaba mucho menos). Los laicos eran muy activos en esos ámbitos, a menudo ligados a las cofradías y gremios.

2. Las reformas en multitud de órdenes religiosas
Benedictinos, jerónimos, canónicos regulares... en numerosas regiones viejas órdenes religiosas se reformaban y creaban nuevas congregaciones más fervorosas y entusiastas. Los cartujos, que siempre presumieron de que "la cartuja nunca fue reformada” porque se mantenía fiel a su espíritu original, se extendían en el s.XIV por Europa central y Escocia. Los benedictinos a finales del siglo XIV empezaron una reforma, con 23 abadías reformadas en pocos años en Baviera. Los olivetanos, una reforma benedictina impulsada por San Bernardo Tolomei en 1319 desde Italia enseguida contó con 43 monasterios. Hacia el año 1400 la oblata benedictina Santa Francisca Romana avivaba esta renovación benedictina. También los jerónimos crearon distintas ramas reformadas. Los monjes mínimos, fundados en 1435 por San Francisco de Paula, se extienden por Italia, Francia, España, Alemania, y llegan a tener 12.000 miembros antes de Lutero. En Venecia se reforman los canónigos regulares. Todo el siglo XV es un siglo de reformas en las órdenes.

3. La gran reforma benedictina
Desde la provincia de Valladolid (que incluía Montserrat, en Cataluña) los benedictinos se vuelcan en reformar la vida y espiritualidad en 79 monasterios en una primera ola, y otros 95 después. Se extendía la “devotio moderna” que había nacido en Países Bajos en el siglo XIV: cristocéntrica, agustiniana, antiespeculativa. "La Imitación de Cristo", de Tomás Kempis era su gran libro. Se reforman también los cistercienses desde Toledo en el siglo XV. Luego los camaldulenses, que se reformaron como monásticos eremitas. Por Castilla, en el siglo XV y principios del XVI se extiende el fenómeno de los "descalzos", conventos que buscan más rigor y fervor.

4. Las reformas de las órdenes mendicantes
Los franciscanos y dominicos, nacidos en el s.XIII, ven nacer ramas reformadoras en su interior en el siglo XV. Los franciscanos observantes italianos surgen en 1450 y se extienden por toda Europa. Nacen dominicos reformados en todo el continente. San Antonino de Florencia crea una congregación nueva de dominicos, más austera, de la que a finales de siglo saldría el predicador puritano y rigorista Savonarola. También los carmelitas se empezaban a reformar en Italia y algunos sitios de Inglaterra. Los carmelitas de Mantua contaban con más de 30 conventos reformados.  Los agustinos empiezan su reforma en 1370 en Italia, que luego saltará a Alemania. El mismo Lutero fue uno de estos agustinos reformados. Los servitas se reforman en 1404, con toda una provincia renovada. A toda esta reforma en esa época se le llamaba "la observancia": era religiosos "observantes", que buscaban ser cumplidores y devotos en sus compromisos.

5. La devotio moderna: meditar el amor de Dios
La devotio moderna era un tipo de oración y espiritualidad, también para laicos y familias, nacida en Flandes en el siglo XIV, que se extiende por buena parte de Europa en el siglo XV. Crea comunidades de vida común no monásticas para las obras de caridad. En 1450 tenían 400 casas de devoción, muchas de las cuales duraron hasta la Revolución Francesa. También cultivaban la vida intectual. Por allí pasaron Erasmo, Ignacio de Loyola y Calvino. Fue una renovación espiritual real que llegó a muchos miles de europeos, e influyó en el cardenal Cisneros en España.

6. Los obispos con esfuerzos reformadores
Muchos obispos intentaron reformar el clero secular, convocando sínodos diocesanos, con más predicación y más formación del clero. Nicolás de Cusa, obispo, cardenal, humanista, científico, intentó la reforma en Baviera y Europa del Norte. En Roma y en Francia se crean colegios para sacerdotes: son los "antepasados" de los seminarios que creará Trento. En España, los obispos de Isabel la Católica reformarán la Iglesia: Pedro González de Mendoza, Hernando de Talavera en Granada, Cisneros en Toledo... Nombraron buenos obispos, crearon universidades que eran casi seminarios y semilleros de obispos. Se implanta en España la obligación de que el obispo viva en su sede episcopal, que no la tenga solo como una fuente de impuestos. Nace la universidad de Alcalá, la Biblia complutense, la traducción del Kempis… Cuando Ignacio de Loyola llega a Montserrat, su abad Cisneros (sobrino del cardenal) ya ha reformado la abadía y su espiritualidad, haciéndola más meditativa.


  Cisneros en la teleserie Isabel, de RTVE; dejó su carrera eclesiástica para ser monje franciscano observante, austero, pero la Reina Isabel le ordenó acudir a la corte como confesor y acabaría siendo cardenal y un gran reformador de la Iglesia 

7. La universidad y la prensa fueron incorporando reformas 
A finales del siglo XV la Cristiandad se llenaba de estudiantes universitarios. Había 17.000 universitarios en Francia y 12.000 en Alemania. En España hay figuras teológicas e intelectuales como Francisco de Vitoria, Melcior Cano y un tomismo serio. La imprenta sirvió a la reforma católica antes que a la protestante. Se imprimían numerosas ediciones de la Imitación de Cristo de Kempis, vademécums de predicación, teología de Padres de la Iglesia. Erasmo, en Rotterdam, publicaba a clásicos cristianos como Orígenes, Jerónimo, Ambrosio…

8. La reforma desde la Curia…
La Curia vaticana y los cardenales en Roma también entendían que era necesaria una reforma. Se convocó en 1512 el V Concilio Lateranense, que acabó en 1517. Los camaldulenses venecianos presentaron un alegato lleno de exigencias reformistas en lo que respecta a lo monástico, la unión con Oriente, las misiones en el nuevo mundo, la liturgia… "Esas peticiones pueden considerarse más valientes que las de Lutero", señala Corts. "Pero no se pensó en ese concilio en el fuego alemán. El concilio acabó en marzo…. y en octubre Lutero lanzaba sus tesis".

9. El servicio a los pobres
Hemos visto que los laicos en el siglo XV se organizan en muchas cofradías de asistencia caritativa y espiritual. Es también un siglo en el que se construyen los grandes hospitales monumentales y los hospitales de iglesia. Ya antes había hermanos “hospitalarios” de distintos tipos (monjes fosores, que entierran; monjes mercedarios en España, por ejemplo). En el siglo XV se crean los montes de piedad, sobre todo de grano y comida para ayudar en hambrunas. Darán origen a muchas iniciativas sociales eficaces.

10. El teatro religioso y la reforma de las artes
Por último, el ardor por las cosas de Dios en 1400 y 1500 llevaron a una creatividad artística, pictórica, musical y, especialmente, al teatro religioso, que acercaban a miles y miles de europeos las ideas emanadas de la fe.


  Lutero en la teleserie de RTVE Carlos Rey Emperador

Lutero, el antiacadémico
"Lutero protestaba contra la academia y es cierto que la escolástica en muchos sitios era un formalismo vacío o ockhamismo y que había teología con poca claridad respecto a muchos temas", constata Corts. Había precedentes en el siglo XV de mala filosofía y teología que habían llevado a guerras de religión, como Huss y Wyclif que hablaban de la iglesia invisible y confundían la transubstanciación. "A Lutero le afectó el nominalismo, que presentaba a Dios como mero concepto lógico-aristotélico y creaba mucho escepticismo hacia la fe, o a adoptar lo contrario, el fideísmo. Lutero reaccionaba contra esto. Los agustinos que conocía él eran ortodoxos, pero insistían en el tema de la concupiscencia tras el bautismo. Lutero valoraba a los místicos alemanes, algo angustiados, a veces incluso desesperados, que despreciaban las obras externas para la salvación, menospreciaban la razón. Y había una corriente humanista con cierta crítica al culto popular a los santos. Todos estos puntos podían reformarse o equilibrarse sin salir del catolicismo", considera Corts.

La reforma católica fue, pues, anterior a Lutero, se mantuvo con Lutero y creció más con Trento, y nacía de una espiritualidad auténtica. Lutero quería reformar “la iglesia papista” y decía que no se creía hereje, hasta 1520. A partir de 1520 Lutero deja de pedir solo cambios de moral y disciplina: pide ya cambiar los dogmas y cambiar todo el sistema doctrinal.

La reforma eficaz: que participe el pueblo y no sea muy lenta
Corts apunta que la Historia señala que "si la reforma es demasiado lenta puede dar muchos problemas". Recomienda el libro de Yves Congar “Falsas y verdaderas reformas en la Iglesia”. Apunta que Trento tardó 27 años en convocarse y duró 18 años. ¿Qué se podía y debía reformar? No era fácil de responder.

"Otra conclusión que vemos en la Historia es que la Iglesia tiene gran capacidad de reforma; funciona bien si participa la base y la cúspida. La Iglesia se renueva siempre, renace siempre y el futuro es de Dios", afirma este doctor en Historia Eclesiástica.


(Sobre Lutero ReL recomienda el libro La verdad sobre Lutero, de Angela Pellicciari, aquí en la librería digital OcioHispano)