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martes, 4 de diciembre de 2018

«Salvad a James»: un niño de 6 años, abocado a un cambio de sexo por el divorcio de sus padres 04122018

Lanzan una campaña para evitar que dentro de dos años se inicie el proceso

«Salvad a James»: un niño de 6 años, abocado a un cambio de sexo por el divorcio de sus padres

Según parece probado, porque su padre tiene prohibido por el juez sugerirle nada, James se viste espontáneamente de chico y se comporta como tal.  (Foto de recurso, ajena al caso.)
Según parece probado, porque su padre tiene prohibido por el juez sugerirle nada, James se viste espontáneamente de chico y se comporta como tal. (Foto de recurso, ajena al caso.)
Al mismo tiempo que a un niño de 6 años le quieren cambiar de sexo como parte del conflicto entre sus padres, un hombre confiesa en el The New York Times -diario al que no podrá acusarse de hostilidad al lobby LGBT- que el tratamiento de cambio de sexo al que se ha sometido solo ha empeorado su situación. Benedetta Frigerio relaciona ambos casos en La Nuova Bussola Quotidiana:
"Queridos amigos, algunos de vosotros sabéis que nuestra familia se ha acercado mucho a una familia que está pasando un momento muy difícil, de gran prueba... hemos decidido compartir con vosotros esta historia pidiéndoos que recéis..." La petición de la familia Scott ha aparecido en los medios de comunicación estadounidenses gracias al blog que relata todos los aspectos de la historia del pequeño James, de 6 años, residente en Dallas (Texas). Save James es el lema de quienes se han unido a la batalla para salvar a este niño. Y esta vez no de una enfermedad o de un Estado que quiere decidir sobre su muerte, sino de una ideología cuyo objetivo es bombardearlo de hormonas para que sea una niña y así satisfacer el deseo materno.
Todo esto empezó cuando Anne Georgulas, la madre de James, empezó a llamarlo "Luna" y a vestirle de niña, pidiendo que se le quitara la patria potestad a su ex marido, Jeffrey Younger, que se negaba a considerar a su hijo una niña. De hecho, cuando el pequeño va a casa de su padre, sin que él le diga o le enseñe nada (se lo ha prohibido el tribunal so pena de quitarle el menor), el pequeño se viste de niño y se hace tratar como tal.
Lo confirma la propia familia Scott, que habla así de James y de su gemelo Jude: "Se parecen a nuestros hijos, tienen los mismos intereses y personalidades. Nunca dirías que en la vida diaria de estos dulces niños está sucediendo todo esto". También el pastor de la Christ Church de Carrollton, Bill Lovell, ha afirmado: "He pasado tiempo con él y diría que actúa y tiene el aspecto inconfundible de un niño de 6 años totalmente sano".
Pues bien, a pesar de que los maestros saben que el pequeño es niño, la madre les obliga a llamarlo "Luna", vistiéndolo de tal manera que sus compañeros de clase y sus familias no saben realmente cuál es su verdadera identidad. El examen psiquiátrico que la madre pidió para James, y cuyas conclusiones se presentaron ante el tribunal, es de "disforia de género". Aunque este diagnóstico tiene que respetar unos parámetros, como un comportamiento persistente y que no oscile hacia el sexo opuesto, algo que no se ve en este caso, al padre se le ha impedido solicitar un nuevo examen. Si cuando puede y no está obligado el pequeño elige libremente vestidos masculinos y quiere que le llamen James, está claro que el problema es otro.
Walt Heyer, quien vivió en primera persona el drama de cambiarse de sexo para luego comprender su error, ha escrito un completo artículo en The Federalist sobre el caso de James a partir de su propia experiencia. Ha escrito un libro, Trans Life Survivors[Supervivientes de una vida trans], sobre los casos de diagnóstico erróneo o precipitado de disforia de género y sus "terroríficas consecuencias" por los bloqueos hormonales e intervenciones quirúrgicas.
Sin embargo, la madre, una acaudalada pediatra, continúa su batalla legal para que el pequeño, dentro de dos años -cuando tenga ocho-, sea sometido a tratamiento hormonal, para así bloquear su desarrollo; de hecho, castrándolo para prepararlo a la extirpación de los genitales. The Federalist ha añadido que la madre quiere que sea el padre quien pague al psicólogo que defiende la terapia afirmativa y cuyo objetivo es el así llamado (porque no sucederá nunca) cambio de sexo. Hablando con el padre, el periódico ha explicado que cuando James está con él, rechaza con firmeza cualquier tipo de vestimenta femenina que el tribunal le obliga a presentarle como opción.
Pero entonces, ¿cuál es el problema de James? Sólo la presidenta del American College of Pediatricians, Michelle Cretella, ha tenido la valentía de romper el verdadero tabú indicando que el pequeño está viviendo una situación de profundo dolor, en la que quienes deberían, juntos, amarle y cuidarle, y sobre cuya unidad se funda su identidad y estabilidad, están en conflicto: "Lo mejor -ha explicado Cretella a CBN News- sería encontrar un terapeuta capaz de mirar con objetividad a James y a la difícil situación en la que se encuentra: una situación de divorcio. El hecho de que se comporte de manera distinta cuando está con la madre y cuando está con el padre da que pensar... no conozco personalmente a los padres, pero existen casos en los que las madres pueden vivir un luto por el sexo del hijo. Madres que deseaban desesperadamente una niña, pero no han dado a luz a una, pueden entrar en una profunda depresión. Depresión que se resuelve sólo cuando uno de los hijos actúa de manera femenina, o permite que su madre le vista de niña. Hay casos como estos en las publicaciones científicas".
La segunda verdad sobre el caso la ha revelado el progresista The New York Times a través del relato de un hombre que se está sometiendo a terapia hormonal con vistas a la operación quirúrgica para aparecer como mujer. El hombre reivindica su derecho a ser operado; de hecho, admite que la intervención quirúrgica en estas condiciones no sólo no mejora a quien sufre de disforia de género, sino que probablemente empeora (como también la terapia hormonal) su condición psicológica. Andrea Long Chu escribe: "La disforia es como sentirse incapaces de calentarse a pesar de los vestidos que lleves puestos. Como tener hambre sin tener apetito. Es como subir a un avión para volver a casa y darte cuenta, a mitad del viaje, de que te quedarás el resto de tu vida en ese avión". Es decir, es desear ser del sexo opuesto sin serlo nunca, más allá de cualquier tratamiento.
Andrea Long Chu se define en su perfil de Twitter como "una triste chica trans". El título de su artículo en The New York Times es "Mi nueva vagina no me hará feliz".
Pero la verdadera salida del armario, que demuestra la naturaleza perversa de esta ideología, la encontramos en estas palabras: "Obviamente me siento peor que cuando empecé la terapia hormonal... estoy lleno de remordimientos... luego me tomo estrógenos, que efectivamente, provocan tristeza", pero sobre todo, "antes de tomar hormonas no pensaba en el suicidio. Ahora lo hago a menudo". A pesar de todo, aclara Long Chu, "quiero seguir así. Quiero las lágrimas, quiero sentir el dolor. La transformación no debe hacerme feliz porque yo la quiera. Abandonadas a sí mismas, las personas raramente alcanzan lo que puede hacerlas felices a largo plazo. El deseo de algo y la felicidad son agentes independientes". Y, por último, tras haber admitido preferir el dolor a la felicidad, confirmando las autolesiones que están presentes en todas las dependencias y fijaciones que se desean a pesar de ser conscientes de que provocan sufrimiento: "Las pasiones negativas -el dolor, el odio hacia sí mismos, la vergüenza, el arrepentimiento-, son un derecho humano igual que la asistencia sanitaria universal y la comida".
Esta intervención y la de Cretella demuestran una verdad: que si hace tiempo el sueño inalcanzable, por irreal, de ser lo que no se es, o el de una madre de transformar a su hijo en la hija que no ha tenido, era tratado como una enfermedad que había que curar buscando sus causas, hoy se ha convertido en un derecho. Por lo que los médicos, los educadores y la sociedad están obligados a respaldar a quien se autolesiona o a quien lesiona a inocentes(como esta madre). Y los que pagan el precio son quienes aún defienden la inocencia o el derecho de médicos y educadores a hacer el bien respetando la realidad. Pero por lo menos, el New York Times ha salido del armario, quitándose la máscara del buenismo y sacando a la luz el mal que los comportamientos contra natura provocan en el hombre.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Víctimas de la ideología de género: ya se hacen mastectomías dobles a niñas sanas de 13 años 17092018

«Si en un futuro quieres pechos, te los pones», dice la directora del experimento

Víctimas de la ideología de género: ya se hacen mastectomías dobles a niñas sanas de 13 años

Los autores del experimento solo miden los efectos a cinco años y dicen que las chicas mutiladas «son felices»: las más pequeñas aún serán menores de edad pasado ese lapso. Los efectos a medio y largo plazo no forman parte de la investigación.
Los autores del experimento solo miden los efectos a cinco años y dicen que las chicas mutiladas «son felices»: las más pequeñas aún serán menores de edad pasado ese lapso. Los efectos a medio y largo plazo no forman parte de la investigación.
Médicos estadounidenses están realizando mastectomías dobles en niñas sanas. En el marco de una investigación pagada con dinero público con la finalidad de apoyar el transexualismo y la ideología de género, 33 menores de edad fueron sometidas a la operación, entre ellas dos de 13 años y cinco de 14 años. Jane Robbins explica en The Federalist la gravedad de estas prácticas que, por motivos ideológicos, mutilan de forma irrevesible a niños sin discernimiento:
Jane Robbis es licenciada en Derecho por las Universidades de Harvard y Clemson y miembro senior del American Principles Project en Washington, D.C.
Hay médicos en Estados Unidos que están realizando dobles mastectomías en niñas sanas de 13 años de edad. La justificación es la disforia de género ("transgenerismo"): las niñas se identifican como niños y quieren ser niños.
A veces esta disforia no aparece hasta la adolescencia, y lo más frecuente es que no se realice ningún tipo de evaluación psicológica -o la que se hace es insuficiente- para intentar determinar la causa subyacente tras el deseo de un adolescente de mutilar su cuerpo. Pero estos médicos están dispuestos a conceder al adolescente (en estos casos, la adolescente) lo que cree ser su deseo. Y el dinero de los impuestos federales está pagando una investigación cuya finalidad es convalidar a este espantoso tratamiento (ver aquí y aquí).
La gente razonable sentirá desconcierto, si no repulsión, ante las declaraciones y actuaciones de una destacada investigadora relacionadas con el tratamiento del transgenerismo. En un estudio financiado con 5,7 millones de dólares de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), se supone que los investigadores, entre ellos la doctora Johanna Olson, del Hospital infantil de Los Ángeles, están valorando el uso de bloqueantes de la pubertad y la terapia de sustitución hormonal en niños con disforia de género.
Como he escrito con otro autor, el estudio está totalmente orientado a las conclusiones deseadas por los activistas del transgenerismo: no incluye grupos de control de sujetos a quienes no se les administren esos fármacos y, además, expira a los cinco años, mucho antes de que puedan surgir efectos negativos.
Estos defectos en el diseño no son una sorpresa. Olson rechaza la posibilidad de que la disforia de género pueda ser causada por trastornos psicológicos, y declara que el "único problema de salud mental" relacionado con la disforia de género "es resultado de la respuesta del mundo exterior" a los jóvenes confusos. Afirma, como si se tratase de un dogma médico, que los jóvenes con disforia de género pasarán por una "pubertad equivocada" a no ser que ella y su equipo puedan medicarlos lo suficientemente pronto en sus vidas para que "pasen por la pubertad apropiada".
¿Qué probabilidades hay de que alguien con esta forma mentis comprenda que hay inconvenientes serios a la administración de bloqueadores de la pubertad y de hormonas potencialmente peligrosas? Ella minimiza, si no ignora, los riesgos físicos y psicológicos.
Otro estudio con el mismo enfoque financiado por el gobierno
Olson aporta su característica objetividad a un estudio relacionado, cuyo fin es determinar la eficacia de esa doble mastectomía. La apostilla al estudio declara que utilizó fondos públicos del NIH para investigar también este tema, si bien el protocolo de ayuda del gobierno parecía cubrir sólo los tratamientos hormonales y no la cirugía. Por lo tanto, no está claro si ha cumplido con los términos de la financiación.
Por la razón que sea, Olson optó por averiguar qué pensaban las niñas con disforia de género sobre la mastectomía. Al hacer referencia a la "disforia de pecho" y "reconstrucción de pecho" (aparentemente para evitar la palabra "seno" porque remite a la testaruda realidad biológica de ser mujer), se inventó una "escala de disforia de pecho", que utilizó con varias niñas con confusión de género.
Olson hizo que 68 chicas amputadas quirúrgicamente rellenaran, después de ser operadas (entre 1 y 5 años después) su "novedosa" escala (que ella reconoció que podía ser falsa). Treinta y tres de esas niñas tenían menos de 18 años cuando fueron operadas. Dos tenían sólo 13 años y cinco, 14 años. Si asumimos que estas mastectomías no fueron realizadas por un único médico muy ocupado, esto significaría que hay varios médicos que se prestan a mutilar a niñas menores de edad.
La conclusión que sacó Olson de la encuesta es que las niñas con disforia de género cuyos pechos sanos han sido extirpados quirúrgicamente son más felices que las que los mantienen. También concluye que casi ninguna se lamentaba de la decisión.
O, por lo menos, no demostraron lamentarlo durante unos cuantos años. Dado que la edad media de las participantes en el estudio era de 19 años -ninguna tenía más de 25-, un investigador prudente hubiera dudado en sacar conclusiones a largo plazo sobre la satisfacción. Pero las limitaciones temporales no detienen a Olson, que pregona con bombo y platillo el "resultado positivo de la cirugía de pecho".
"La destrucción de órganos sanos es una mutilación", afirma este meme puesto en Twitter por una mujer "destransicionada", es decir, que se cambió de sexo y luego quiso volver a su sexo biológico.
Ignorando las banderas rojas
Olson y sus colabores no se limitan a insistir que se realicen tratamientos médicos extremos en niños confundidos, sino que ignoran obstinadamente el ondear de las banderas rojas respecto a los trastornos psicológicos que motivan la demanda de estos tratamientos. Una de estas banderas rojas es el aumento en la "aparición repentina de la disforia de género" ["rapid onset gender dysphoria", ROGD por sus siglas en inglés]. ROGD significa una aparición repentina de la disforia de género durante o después de la pubertad en un paciente que no había tenido signos previos. En los últimos años, padres desesperados han informado de que sus hijos adolescentes, normalmente niñas, han anunciado de repente que son "trans" y han pedido ser tratados como tales, pidiendo además empezar el tratamiento de transición.
Anteriormente, cuando un niño normal de repente se pasaba a la identidad sexual opuesta siguiendo una moda, cualquier observador objetivo se preguntaba cuál había sido el detonante que había causado esta alteración. Uno de estos observadores objetivos es la doctora Lisa Littman, de la Brown University, que acaba de publicar un estudio sobre el ROGD. Littman ha examinado 256 respuestas a encuestas remitidas por padres de adolescentes recién diagnosticados de disforia de género, y ha revelado información inquietante sobre el ambiente que influye sobre estos adolescentes.
El importante artículo de Lisa Littman sobre la aparición repentina de disforia de género en adolescentes que, influidos por su entorno social o por el adoctrinamiento continuo de los medios, manifiestan así su rebeldía, ha descolocado al lobby LGBT. El estudio, que la doctora Littman se ha mostrado dispuesta a ampliar, muestra que la misma campaña transgénero está induciendo la disforia artificialmente en sujetos que no la padecían.
Estos padres han descrito "la aparición repentina de la disforia de género en grupos preexistentes de amigos, en los que varios, o incluso todos los miembros, han acabado afirmando que tienen disforia de género, identificándose como transgénero, según un patrón que, estadísticamente, es improbable". Los padres han dicho que estos brotes surgían después de que los adolescentes se hubieran dado un atracón de vídeos de transición en YouTube, y por el uso excesivo de otras redes sociales que afirman y defienden el transgenerismo.
En un caso, una niña que había sido objeto de burla por el tamaño de su pecho declaró que odiaba su cuerpo y, de repente, empezó a identificarse como un niño. En otro, cuatro niñas que estaban siendo entrenadas por un entrenador muy popular "salieron del armario" cuando el entrenador transgénero lo hizo.
Los médicos no estudiaron la salud psicológica de los niños
Aunque más del 60% de estos adolescentes habían sido diagnosticados previamente de un trastorno mental o de un problema de desarrollo neurológico, muchos padres informaron que "el médico [especialista en trastornos de género] no investigó para saber si había enfermedades mentales, traumas previos u otras causas alternativas a la disforia de género antes de proceder con la transición médica". Estos médicos parecían basarse fundamentalmente en los informes del propio paciente que pedía el tratamiento; pacientes que venían preparados, sabiendo los puntos que tenían que tocar, aprendidos de sus fuentes online (que aconsejan, por ejemplo, amenazar con el suicidio si no se acepta la petición de tratamiento).
Littman ha sacado dos conclusiones de su investigación. La primera es que "el contagio social es una clave determinante del ROGD". En otras palabras, la influencia de los amigos y de las redes sociales pueden implantar y, después, magnificar ciertas creencias que llevan a los adolescentes por el camino erróneo (en el transgenerismo como en otras patologías sociales de la adolescencia). Como dice Littman, la "'disforia de género' puede ser utilizada como una explicación para abarcar cualquier tipo de angustia, sufrimiento psicológico y malestar que afecte al adolescente, fomentando la transición como la solución que lo cura todo".
La segunda conclusión es que para estos adolescentes el "ROGD es un mecanismo para lidiar con el estrés". Esto significa que un paciente puede empezar a sufrir de disforia de género como "respuesta a un factor estresante cuyos síntomas pueden aliviarse de manera temporal, pero que no aborda las causas del problema y puede tener resultados adicionales negativos". Un mecanismo similar para lidiar con el estrés, afirma Littman, es la anorexia: el paciente lidia con sus problemas emocionales subyacentes a través de un control extremo de su peso. El paralelismo entre anorexia y la disforia de género, sobre todo el ROGD, es notable.
Hay que reprimir la investigación
El estudio de Littman ha causado la indignación inmediata de los activistas LGBT, cuya posición, por defecto, es que cualquier investigación que ellos consideren problemática debe ser reprimida. La Brown University ha demostrado su valentía eliminado el estudio de su página web y pidiendo perdón por transgredir la nueva ortodoxia político-sexual. Está claro que para Brown la verdad no es un valor. Joy Pullmann ha relatado con todo detalle este giro sórdido de los acontecimientos.
Desde luego, hay que incluir a Olson entre quienes niegan la verdadera ciencia. Para ellos, rechazar la realidad biológica de cada célula del cuerpo es una decisión perfectamente racional. La posibilidad de que haya influencias psicológicas subyacentes -una posibilidad más que evidente para cualquier observador objetivo-, no es admisible.
El estudio de Olson no tiene en cuenta otros datos, como los numerosos casos previos de mujeres con disforia de género que, o bien interrumpieron su transición, o tomaron medidas para revertirla. Por ejemplo, una breve investigación llevada a cabo a lo largo dos semanas en 2016 encontró que 203 mujeres de este tipo habían publicado sus historias en redes sociales como Tumblr y Facebook. Pueden ustedes ver algunas de estas historias en esta página web.
La conclusión que Olson saca de su propia y limitada "investigación" es que se debe permitir a los niños tener acceso a mutilaciones que alteran su cuerpo y su vida. En ningún momento menciona el consentimiento de los padres, si bien las directrices médicas estándar requieren su consentimiento para poder tratar a menores. Al rechazar las directrices de la (muy politizada) World Professional Association for Transgender Health (Asociación Profesional Mundial para la Salud Transgénero), que recomienda que los menores no sean candidatos a cirugía hasta que hayan completado por lo menos un año de terapia hormonal, Olson defiende la cirugía basada en la "necesidad individual", y no en la edad o en el tiempo pasado con terapia hormonal. No menciona la necesidad de prestar atención a los signos que advierten de la presencia del ROGD.
Los adolescentes saben perfectamente cuándo deben mutilarse
Haya presencia o no del ROGD, Olson niega rotundamente que un adolescente muy joven tenga menos capacidad de decisión que un adulto. Escuchen sus declaraciones en un congreso en California: "Por lo tanto, lo que sabemos es que los adolescentes tienen capacidad para tomar una decisión razonada y lógica".
He aquí otra de sus alucinantes afirmaciones: "De hecho, la gente se casa con menos de 20 años. De hecho, la gente elige a qué universidad ir. De hecho, la gente toma en la adolescencia decisiones que alterarán su vida para siempre. Siempre. Siempre. Y, la verdad, la mayoría de ellas son buenas decisiones".
Johanna Olson compara mutilarse los pechos con elegir carrera universitaria: "Y si en un futuro quieres pechos, te los pones".
En un impresionante rechazo a un posible arrepentimiento, Olson ha dicho: "Y he aquí otra cuestión sobre la cirugía de pecho: si en un futuro quieres pechos, vas y te los pones". Pues bien. Uno se pregunta si Olson tiene la misma actitud ante el arrepentimiento en relación a la esterilización permanente causada por la terapia de sustitución hormonal y la gonadectomía. Después de todo, si en un futuro quieres hijos, puedes "ir y conseguirlos" por otros medios.
Es asombroso que investigadores tan irresponsables tengan acceso a niños vulnerables. Y que haya tantos es trágico. Y que sus actividades sean financiadas con dinero público es escandaloso. Bienvenidos al nuevo mundo de una investigación dirigida por la agenda política. ¿Cuántas vidas se tienen que destruir antes de que vuelva la cordura?
Traducción de Elena Faccia Serrano.

lunes, 30 de octubre de 2017

Una clínica deja a los niños en un «limbo sexual» mediante hormonas hasta que decidan su género 30102017

El centro está desbordado, de 97 casos en 2009 a más de 2000 el pasado año

Una clínica deja a los niños en un «limbo sexual» mediante hormonas hasta que decidan su género

Una clínica deja a los niños en un «limbo sexual» mediante hormonas hasta que decidan su género
Avery Jackson es un niño transgénero que ha sido incluso portada de National Geographic

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30 octubre 2017
La implantación masiva de la ideología de género mediante la propaganda mediática, el adoctrinamiento, la corrección política, leyes favorables y la efectiva presión de los grupos LGTB está teniendo ya consecuencias muy visibles.

En el caso del Reino Unido preocupa sobremanera el boom de niños trans que se está produciendo. Tal es así que en Londres el Gender Identity Development Service, una clínica creada específicamente para niños con disforia de género está completamente desbordada.

En 2009 atendió 97 casos, en 2016, más de 2.000
En estos momentos reciben más de 50 niños a la semana y el pasado año atendieron a más de 2.000 niños que creían tener el “género” equivocado. Para este año, las previsiones es que se superen los 2.600 casos. El aumento se ve fulgurante si se comparan con cifras de 2009, cuando en todo el año tuvieron 97 casos. En la actualidad, en dos semanas ya habrían superado esa cifra.

Y es que el pasado año atendieron, por ejemplo, a dos niños de cuatro años, cuatro de cinco años y seis de seis años.

Desde la clínica reconocen que el ambiente favorable al movimiento LGTB y a la importante presencia de la ideología en los medios ha disparado el número de casos de niños trans. Aunque reconocen que no todos los niños que le llegan son en realidad transgéneros.


La doctora Stoppard apoya los tratamientos que se realizan en la clínica londinense

Reconocen los efectos de la propaganda LGTB
En declaraciones al Mirrorla doctora Stoppard admite sin problemas que está “segura de que la aceptación universal de los principios LGTBTQ ha ayudado a legitimar y publicitar la disforia de género y su tratamiento”.

Y utilizando uno de los principales argumentos de estos grupos, agrega que “ningún padre puede soportar que su hijo se quede atrapado en un género concreto, en tierra de nadie”. En su opinión, “este es un factor clave en el aumento de las cifras”.

"Eso es inhumano"
Sin embargo, un aspecto incluso más llamativo que el boom de niños que recibe esta clínica es el tratamiento “pionero” que ofrecen a los niños. El objetivo es que el niño no tenga que sufrir en la pubertad sobre la cuestión de su género.

La doctora  Stoppard lo justifica asegurando que es clave “entender la importancia de no dejar a alguien en un género que no es cuando pasen por la pubertad. Eso es inhumano”.

Ni caso a importantes estudios científicos
En este sentido, la doctora olvida citar los estudios científicos que recopilaron los doctores McHugh y Meller, expertos en la materia. "La mayor parte de los niños que se identifican con el sexo opuesto no persistirán en ese sentimiento y finalmente se identificarán con su sexo biológico": según estudios, la remisión espontánea se sitúa entre el 70% y el 98% para niños y entre el 50% y el 88% para niñas, una vez que pasa la adolescencia.

Pero la clínica apuesta por un tratamiento completamente opuesto a lo que dicen estos estudios y ofrece tratamientos hormonales a más del 40% de los niños que llegan a la clínica pues el resto de casos suelen ser de padres que acuden con dudas sobre la identidad sexual de su hijo.

Limbo sexual para los menores
Con el objetivo de no afrontar la pubertad sin un género decidido por ser “inhumano”, la clínica ha decidido postergar la pubertad mediante bloqueadores hormonales. De este modo, mediante estos fármacos el niño no se desarrollará en hombre ni mujer, sino que estará en una especie de limbo sexual hasta que decida qué género quiere tener.

Niño expulsado por ir vestido de princesa

Las etapas del tratamiento
Una vez decidido, llega la segunda fase con otro tratamiento hormonal con estrógenos o testosterona para adecuarlo al género deseado, donde los efectos ya empiezan a ser irreversibles. Y la tercera etapa pasaría por la intervención quirúrgica para eliminar órganos sexuales.

Uno de los aspectos más graves es que se desconocen las consecuencias reales de los bloqueadores hormonales que suministran a los niños en la primera fase, tanto en el aspecto físico como psicológico.

Pero además, dichos bloqueadores sólo pueden detener algunos caracteres físicos internos pero el niño debido a su genética ya es hombre o mujer, y esto afecta al cerebro y al resto de órganos.

El testimonio de una trans arrepentida
De este modo, Mirror publica en su reportaje el testimonio de una mujer, cuyo nombre ficticio es Kate, que empezó un tratamiento para pasar de hombre a mujer mediante un tratamiento hormonal y que en mitad del proceso se arrepintió.

Afirma que estos procedimientos pueden hacer mucho daño a los niños asegurando que “una persona joven puede ahora tomar hormonas o someterse a una operación y luego arrepentirse. Al dar estos tratamiento a los niños, podemos estar cometiendo un gran daño”.

Ella sufre los efectos de este tratamiento hormonal y dijo que su voz grave y su vello facial le recuerdan cada día lo “equivocada” que estaba.