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sábado, 6 de junio de 2020

San Norberto de Magdeburgo, obispo y fundador (6 de junio)



San Norberto de Magdeburgo, obispo y fundador

fecha: 6 de junio
n.: c. 1080 - †: 1134 - país: Alemania
otras formas del nombre: Norberto de Prémontré
canonización: 
C: Gregorio XIII 1582
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: San Norberto, obispo, hombre de austeras costumbres y totalmente dedicado a la unión con Dios y a la predicación del Evangelio, que instituyó, cerca de Laon, en Francia, la Orden Premonstratense de Canónigos Regulares, y luego, designado obispo de Magdeburgo, en Sajonia, se mostró pastor eximio en la renovación de la vida cristiana y en la difusión de la fe entre las poblaciones vecinas.
Patronazgos: patrono de la región de Bohemia, de Magdeburgo, y protector para un parto seguro.
Oración: Señor, tú hiciste del obispo san Norberto un pastor admirable de tu Iglesia por su espíritu de oración y su celo apostólico; te rogamos que, por su intercesión, tu pueblo encuentre siempre pastores ejemplares que lo conduzcan a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).


El lugar de nacimiento de san Norberto fue la ciudad de Xanten, en el ducado de Cléves. Su padre, Heriberto, conde de Gennep, estaba emparentado con el emperador; su madre, Eduviges de Guisa, descendía de la noble casa de Lorena. No obstante que el noble jovencito parecía no ambicionar nada más que una vida de diversiones y placeres, decidió de pronto abrazar la vida religiosa, recibió las órdenes menores, incluyendo el subdiaconato, y se le dio una canonjía en la iglesia de San Víctor, en Xanten, así como otros beneficios. En la corte del emperador Enrique V, quien le nombró su limosnero, Norberto participó en las diversiones, pero ya con cierto desgano, como si le preocuparan otros asuntos más serios. Cierto día, cuando cabalgaba a campo traviesa, en las proximidades de la aldea de Wreden, en la Westfalia, fue sorprendido por una tempestad violentísima. El caballo, asustado por el fulgor de un rayo, hizo caer a su jinete y Norberto quedó tirado, sin conocimiento, durante casi una hora. Las primeras palabras que pronunció al volver en sí, fueron las de San Pablo en el camino a Damasco: «¡Señor! ¿Qué quieres que yo haga?» A esta pregunta respondió una voz interior: «Apártate del mal y haz el bien: busca la paz y persigúela».
La conversión fue tan repentina y absoluta como la del gran Apóstol de las Gentes. Norberto se retiró inmediatamente a Xanten para entregarse a la oración, el ayuno, la meditación y el examen de su vida pasada. Después, hizo un retiro en la abadía de Siegburg, en Colonia, donde quedó bajo la benéfica influencia del abad Conon. Estaba entonces en la etapa de preparación para recibir las órdenes sacerdotales, las que hasta entonces se había mostrado rehacio a tomar, pese a su canonjía. Frederick, el arzobispo de Colonia, le confirió el sacerdocio y el diaconado en 1115. En esa ocasión apareció vestido con una zalea atada a la cintura con una cuerda, a fin de manifestar públicamente su determinación de renunciar a las vanidades del mundo. Al cabo de otros cuarenta días de retiro, regresó a Xanten, decidido a no apartarse ni un ápice de la vida evangélica. La forma vigorosa que usaba en sus exhortaciones, sumada a ciertas aparentes excentricidades en su comportamiento, le crearon enemigos y, durante el Concilio de Fritzlar, en 1118, fue denunciado ante el delegado del Papa, como un hipócrita y un reformador, llegándosele a acusar de haberse dedicado a predicar sin tener licencia y sin que nadie le hubiese asignado esa misión. La actitud que asumió entonces Norberto, debe haber disipado todas las dudas respecto a su sinceridad. Vendió todas sus propiedades en casas, campos y terrenos; el producto de la venta, junto con el resto de sus bienes, lo distribuyó entre los pobres y no reservó para sí más que cuarenta marcos de plata, una mula (que murió pronto), un misal, las vestiduras indispensables, un cáliz y una patena. Entonces, en compañía de dos asistentes, servidores suyos que se habían negado a abandonarle, viajó a pie y descalzo hasta Saint Guilles, en el Languedoc, donde residía el exilado pontífice Gelasio II. A los pies del Vicario de Cristo hizo una confesión general de sus errores e irregularidades y ofreció cumplir cualquier penitencia que se le impusiera. En respuesta a su solicitud, el Papa le autorizó a predicar el Evangelio en cualquier parte que eligiese. Provisto de su licencia, san Norberto reanudó su marcha, descalzo sobre la nieve, puesto que era pleno invierno, e insensible, al parecer, a las inclemencias del tiempo. Al llegar a Valenciennes, sus dos compañeros cayeron enfermos y murieron. Pero no por eso Norberto quedó solo; aún se hallaba en Valenciennes cuando recibió la visita de Burchardo, arzobispo de Cambrai y su joven capellán, el beato Hugo de Fosses. El arzobispo se mostró asombrado ante el cambio que se había operado en el hombre a quien conoció como un cortesano frivolo, mientras que la impresión de Hugo fue tan profunda, que en aquel momento decidió seguir a Norberto. Con el correr del tiempo, llegó a ser el discípulo más fiel del santo y, eventualmente, le sucedió como superior de su orden.
En 1119, cuando el Papa Calixto II ocupó el puesto que dejó vacante Gelasio II, San Norberto fue a Reims, donde el Pontífice asistía a un concilio, para obtener una renovación de las sanciones recibidas del Papa anterior. A pesar de que el santo no llegó a realizar los propósitos que perseguía, Bartolomé, el obispo de Laon, obtuvo permiso para retener al misionero en su diócesis, a fin de que le ayudara a reformar al grupo de canónigos regulares de San Martín, en Laon. Pero como los canónigos no se mostraban bien dispuestos a aceptar las estrictas reglas impuestas por san Norberto, el obispo ofreció a la elección del santo varios sitios en los que podía fundar su propia comunidad religiosa. Norberto escogió un valle solitario, llamado de Prémontré, enclavado en el bosque de Coucy, que había sido abandonado antes por los monjes de San Vicente de Laon, a causa de la infertilidad del suelo. Ahí empezó con trece discípulos, pero el número creció rápidamente y fueron cuarenta los que hicieron su profesión el día de Navidad de 1121. Llevaban hábito blanco y seguían la regla de san Agustín, con algunos reglamentos adicionales. Su manera de vivir era extremadamente austera, pero en realidad, su institución no era tanto una nueva orden religiosa, como una reforma a los cánones regulares. Con extraordinaria prontitud se extendió la institución a otros países, y muchas personas distinguidas de ambos sexos se ofrecieron como postulantes e hicieron donaciones de terrenos para nuevas fundaciones. Cuando la nueva organización contaba con ocho abadías y uno o dos conventos de monjas, san Norberto manifestó el deseo de asegurar una aprobación más formal de sus constituciones. Con este propósito, emprendió un viaje a Roma, en 1125 y obtuvo todo lo que pidió del Papa Honorio II. Los canónigos de San Martín, en Laon, que no habían querido someterse antes a las reglas, se colocaron voluntariamente bajo el mando de san Norberto, lo mismo que los monjes de la abadía de Vervins.
Otro hombre de grandes riquezas y calidad, Teobaldo, conde de Champagne, aspiraba a ingresar en la Orden, pero san Norberto, al comprobar que le faltaba la vocación, le disuadió, instándole en cambio a que se casara y continuase cumpliendo con los deberes de su alta posición. Al mismo tiempo, le entregó un pequeño escapulario blanco para que lo llevara siempre al cuello y le impuso la obligación de cumplir con ciertas reglas y devociones. Esta fue, al parecer, la primera ocasión en que una orden religiosa reconoció la afiliación de un laico que habría de seguir viviendo en el mundo exterior, y se cree que la idea de crear terciarios seculares proviene de los Premonstratenses de Santo Domingo. Cuando el conde partió a Alemania para casarse, en 1126, se llevó al santo consigo. Los viajeros visitaron, de paso, la ciudad de Speyer, donde el emperador Lotario realizaba una dieta y, al mismo tiempo que ellos, llegaron los miembros de una delegación de Magdeburgo para solicitar al monarca que nombrase un obispo para su sede vacante.
Lotario eligió a san Norberto. Los mismos delegados lo condujeron a Magdeburgo, y el nuevo prelado entró a la ciudad descalzo y tan pobremente vestido que, según se cuenta, el portero de la residencia episcopal le impidió la entrada y le mandó a colocarse en la fila de los mendigos que aguardaban su limosna. «¡Pero si este hombre es nuestro obispo! -clamaron indignados algunos de los que acompañaban al santo-. Es verdad; pero no te preocupes -explicó Norberto al azorado portero-. Tú, querido hermano, me has juzgado mejor que aquellos que me trajeron aquí».
En su nueva dignidad conservó las prácticas austeras del monje, y la residencia episcopal adoptó el severo aspecto de un claustro. Pero si bien en lo personal mantenía su humildad y no pedía más que lo estrictamente necesario para vivir, se mostró exigente e inflexible en sus resoluciones para resistir y combatir cualquier intento de despojar a la Iglesia de sus derechos. Muchos laicos poderosos y magnates locales habían aprovechado la debilidad de las anteriores autoridades eclesiásticas para adueñarse de gran parte de las propiedades de la Iglesia. San Norberto no vaciló en emprender una enérgica campaña contra ellos, considerándolos como ladrones comunes. Buen número de clérigos llevaban una existencia disipada y a veces escandalosa, dejando abandonadas sus parroquias y desentendiéndose de su obligación de mantenerse célibes. Cuando no querían entender por razones, el obispo recurría a métodos enérgicos, imponía castigos a algunos y expulsaba a otros, y a éstos los reemplazaba, a veces, con sus canónigos premonstratenses.
Como siempre, sus reformas tuvieron muchos enemigos; sus opositores unieron sus fuerzas para desacreditarlo y para instigar al pueblo a atacarlo. En dos o tres ocasiones, el obispo estuvo a punto de perecer asesinado y, una vez, la plebe le atacó mientras oficiaba en su catedral. La rebelión llegó a tal extremo, que el santo decidió alejarse de la ciudad y dejar a las gentes que se las arreglaran como mejor pudieran. La medida resultó acertada, porque el pueblo se encontró de pronto bajo la censura eclesiástica y, en poco tiempo, una delegación de ciudadanos fue a pedir a san Norberto que regresara, no sin haberse comprometido a mostrar mayor sumisión a sus mandatos en el futuro. Antes de que terminaran los días de san Norberto, ya había conseguido realizar con éxito la mayor parte de sus proyectadas reformas. Durante todo el tiempo, no cesó de dirigir sus casas premonstratenses, con la ayuda de su fiel discípulo, el beato Hugo y, durante varios años antes de su muerte, desempeñó un papel de importancia en la política de la Santa Sede y del Imperio.
Al morir el Papa Honorio II, un infortunado cisma dividió a la Iglesia. Parte del Colegio de Cardenales había elegido al cardenal Gregorio Papareschi, quien adoptó el nombre de Inocencio II, mientras que el resto escogió al cardenal Pierleone. Este último, que se hizo llamar Anacleto II, contaba con las simpatías de los romanos, de manera que Inocencio se vio obligado a huir a Francia. Ahí se le aceptó como al Pontífice legal, gracias a los esfuerzos de san Bernardo y san Hugo de Grénoble. Al concilio que este Papa convocó en Reims asistió san Norberto, quien abrazó la causa del Pontífice desterrado y le conquistó tantos partidarios en Alemania, como San Bernardo le había conseguido en Francia. Fue Norberto quien convenció al emperador para que declarase su apoyo a Inocencio. A pesar de que tanto Francia como Alemania, Inglaterra y España, reconocían al Papa exilado, era imposible enviarlo a Roma sin el respaldo de las fuerzas armadas; fue entonces cuando, por influencia directa de san Norberto, el emperador Lotario consintió en conducir un ejército hacia Italia. En mayo de 1133, el emperador y el Papa Inocencio II entraron a la Santa Sede, acompañados por san Norberto y san Bernardo.
Como una muestra de reconocimiento a sus notables servicios, san Norberto recibió el palio, pero ya para entonces sus actividades iban a cesar definitivamente. Al regresar a Alemania, tras el triunfo en Italia, el emperador Lotario rogó al santo, con más insistencia que nunca, que asintiera en ser su canciller, pero Norberto persistió en su negativa, y el emperador ya no le instó, puesto que evidentemente su salud declinaba con alarmante rapidez. En los veinte años que habían transcurrido después de su ordenación había acumulado el trabajo de toda una vida y ya era un moribundo cuando llegó a Magdeburgo. Expiró el 6 de junio de 1134, a los cincuenta y tres años de edad. En 1627, el emperador Fernando II trasladó sus reliquias a la abadía Premonstratense de Strahov, en Bohemia. El Papa Gregorio XIII lo reconoció oficialmente como santo en 1582.
Las biografías modernas son muy numerosas, especialmente las escritas en alemán y en flamenco; tal vez la mejor sea la de A. Zak, Der Heilige Norbert (1930). En francés se recomienda la de E. Maire (1922) y la de E. Madelaine (1930). Véase también a C. F. Kirkflet, History of S. Norbert (1916); F. Petit La Spiritualité des Prémontrés aux XII et XIII siécles (1947).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1918

sábado, 7 de diciembre de 2019

Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán, 8 de diciembre

Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán
Santa Narcisa De Jesús Martillo Morán

Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán, 8 de diciembre

Gran penitente ecuatoriana
«Gran penitente ecuatoriana que valoró la importancia de la dirección espiritual para su vida de perfección. Imitó a la beata Mariana de Jesús y fue compañera de la también beata Mercedes de Jesús Molina y Ayala»
Hoy, festividad de la Inmaculada Concepción de María, la Iglesia celebra también la vida de esta santa ecuatoriana. Es conocida como la «Violeta de Nobol», porque nació en la hacienda San José perteneciente al cantón de Nobol, cercano a Guayaquil, Ecuador, el 29 de octubre de 1832, festividad de san Narciso. Era la séptima de nueve hermanos y perdió a su madre cuando tenía 6 años, quedando bajo el cuidado de una de sus hermanas; luego ella sería como una madre para los hermanos más pequeños, aunque entre todos sembró paz y alegría. No podía ser menos, ya que sobre los juegos infantiles priorizaba la oración que realizaba bien en su aposento o bajo la sombra de un guayabo de la hacienda. Además, tenía dotes para el canto y gracia para tocar la guitarra.
Aunque sus padres eran campesinos que tuvieron posibilidad de haberle dado estudios porque su economía era buena, simplemente aprendió a leer y a escribir, y es que ellos eran iletrados y seguramente no apreciaban el valor de la formación. Eso sí eran trabajadores ejemplares, y el padre, Pedro Martillo Mosquera, hombre sagaz para los negocios, fue durante un tiempo teniente corregidor de Nobol y teniente de San José. En septiembre de 1839 Narcisa recibió la confirmación y hasta que cumplió 15 años no tuvo otro trabajo que el doméstico. A esa edad aprendió a coser y fue costurera de las gentes del entorno.
Cayó en sus manos la vida de la beata Mariana de Jesús y la tomó como modelo. Para asemejarse a ella en su abrazo a la cruz, inició un itinerario de mortificaciones y renuncias, infligiéndose cilicios y otras severas penitencias corporales que irían minando su salud, a pesar de su fuerte naturaleza. Siempre se destacó en ella su amor a la Eucaristía y su devoción por la Virgen. Fue una de las fundadoras de las Hijas de María y se caracterizó también por dedicar muchas horas diarias a la oración. Destinó al efecto un recinto dentro de su hogar convirtiéndolo en una especie de oratorio. Y ante una imagen de la Divina Infancia se pasaba horas y horas. Cuando le preguntaban con quién conversaba, ella respondía: «con Él, con Él», guardando en su corazón los sobrenaturales coloquios que mantenía. Era devotísima del Santísimo Sacramento, del Corazón de Jesús y de la Virgen, Madre de Misericordia. Sus libros de cabecera fueron las Sagradas Escrituras y «El ejercicio de la perfección y virtudes cristianas» de san Alonso Rodríguez.
Se ve que no tenía más ambición que la de ser santa porque al perder a su padre a la edad de 18 años, no reclamó la parte de su herencia, legado que dejó en manos de sus hermanos. Fue una mujer humilde, sencilla y con un visible espíritu de pobreza. El sustento lo obtenía enseñando religión a los niños de haciendas vecinas. Se estableció en Guayaquil en 1851 y además de ejercer su único oficio, el de costurera, se ocupaba de atender a su sobrina Chepita Hernández. El lugar donde moraban era un modesto y diminuto altillo. Espiritualmente comenzó otra vía que juzgaba esencial para la santificación como es la dirección espiritual. El padre Luís de Tola y Avilés, que sería designado más tarde obispo de Portoviejo, fue su primer director.
En la estancia que ocupaban Chepita y ella comenzó a experimentar éxtasis y otros favores místicos, que se producían en presencia de su sobrina; también fueron testigos otras personas cuando estos arrobamientos le sobrevenían en misa, tras haber recibido la Sagrada Comunión. Por ese motivo su vida y conducta comenzó a estar en boca de la gente. En 1858 dejó el altillo para ocupar nueva minúscula habitación que había debajo de la escalera de la vivienda de otra conocida, situada frente a la iglesia de San Francisco; allí permaneció hasta 1860. Entre tanto, ejercía el apostolado con niños a los que impartía catequesis, visitas a enfermos y moribundos, y se ocupó de atender a jóvenes sin hogar que moraban en la «Casa de las Recogidas», vistiendo un hábito negro. Después del padre Tola tuvo varios confesores. Para asistir a uno de ellos, monseñor Amadeo Millán, aquejado de tuberculosis, se trasladó a Cuenca, y cuando falleció regresó a Guayaquil.
La que sería beata Mercedes de Jesús Molina y Ayala era también hija espiritual del presbítero. Ambas, Narcisa y ella sintonizaron tanto espiritualmente que siguieron caminos muy parejos en sus penitencias. Las compartieron mientras convivían en una casa que fue denominada «Casa de las beatas». En esa época Narcisa siguió enseñando a coser a niñas huérfanas. En 1868 se estableció en Lima para ser dirigida por el franciscano, padre Pedro Gual. Se alojó en el beaterío de Nuestra Señora del Patrocinio, de las dominicanas, sito en la Alameda de los Descalzos, costeándose sus necesidades con su propio trabajo y la ayuda económica que el padre Gual obtuvo de una persona pudiente. La dirigió hasta que abandonó Lima. Entonces la dejó en manos de otro confesor. Narcisa intensificó sus penitencias. Eran de tal calibre que los cercanos vivían con zozobra las consecuencias que podían tener para su salud. Con tan crudas mortificaciones daba lance al demonio que andaba tras ella. No tenía más objetivo que conquistar la santidad, y si alguien le exponía sus temores respecto a los estragos que su conducta podía reportarle, respondía: «para sufrir he venido al mundo».
Y así vivió, consumida en el amor divino, y abrazada a la cruz para obtener la misericordia divina por los pecadores hasta que murió en Lima el 8 de diciembre de 1869 a los 37 años, aunque con la apariencia de una anciana. Dios quiso que falleciese en esa festividad de la Inmaculada Concepción, tan amada por ella. A Él le había hecho ofrenda de sus sufrimientos por los frutos del Concilio Vaticano I que justamente inauguraba en la misma fecha el papa Pío IX. Fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992. Y canonizada por Benedicto XVI el 12 de octubre de 2008.

viernes, 6 de diciembre de 2019

San Nicolás de Mira, obispo (6 de diciembre)


San Nicolás de Mira, obispo
fecha: 6 de diciembre
†: s. IV - país: Turquía
otras formas del nombre: Nicolás de Myra, Nicolás de Bari, Papá Noël, Santa Klaus
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: San Nicolás, obispo de Mira, en Licia, famoso por su santidad y por su intercesión ante el trono de la divina gracia.
Patronazgos: patrono de decenas de oficios, profesiones y estados, sólo se mencionan aquí algunos: boticarios y farmacéuticos, arqueros, panaderos, toneleros, barqueros, fabricantes de cerveza, novias, novios y recién casados, cautivos, niños, jueces, pescadores, portuarios, harineros, estibadores, comerciantes, asesinos arrepentidos, perfumeros, solteronas, prestamistas, pobres, encarcelados, viajeros. Y de muchísimos países, territorios y ciudades; sólo de países, mencionamos Países Bajos, Grecia, Rusia; en Italia no lo es oficialmente del país, pero casi no hay región o ciudad donde no sea patrono o copatrono. Llamado también "San Nicolás de Bari" por su especial patronazgo de esa ciudad. Patrono de la Universidad de París. Protector contra la pena de prisión, contra robos y ladrones, pérdidas injustas.
Tradiciones, refranes, devociones: Su presencia en las tradiciones populares es, sencillamente, imposible de reseñar: se trata de mismísimo «Papá Noël», Santa Klaus, San Nicolás (o solamente «Santa» en los países anglos, y a través de ellos en casi todo el mundo).
No es reciente ni un invento comercial, sino que la asociación de san Nicolás con la gratuita Providencia divina (que se significa especialmente en los regalos navideños y su asociación simbólica con el árbol apocalíptico que da frutos en todo tiempo) es tan antigua como el personaje mismo, y se trata de tradiciones tan cristianas como el Belén o los Reyes Magos, con el mismo nivel de ingenuidad y el mismo peligro de materialismo que cualquier otra de las tradiciones navideñas.
En las áreas católicas de las regiones germanas o su influencia, se sale la noche del 5 de diciembre a la «caza de San Nicolás»; es una fiesta muy popular, donde participan mucho los niños: lo buscan con linternas de papel muy vistosas, hasta que finalmente aparece san Nicolás, con lo que da «oficialmente» inicio el tiempo de Navidad.
Refrán meteorológico (de España): «Por san Nicolás, la nieve en lo llano.»
La gran veneración que se ha profesado al santo durante tantas generaciones y el número de iglesias y altares que se le han dedicado en todas partes, son el mejor testimonio de su santidad y de la gloria de que goza con Dios. Según se dice, nació en Patara de Licia, una antigua provincia del Asia Menor. La capital, Mira, próxima al mar, era una sede episcopal. Cuando quedó vacante, Nicolás fue elegido obispo y allí se hizo famoso por su extraordinaria piedad, su celo y sus sorprendentes y numerosos milagros. Los relatos griegos sobre su vida afirman que estuvo encarcelado por la fe y la confesó gloriosamente, al fin de la persecución de Diocleciano. San Nicolás asistió al Concilio de Nicea, donde se condenó al arrianismo. El silencio que guardan algunos autores sobre estos datos los hacen sospechosos. El santo murió en Mira y fue sepultado en su catedral.
Este conciso resumen de Alban Butler nos dice cuanto se sabe sobre la vida de san Nicolás y poco más. En realidad, lo único que parece seguro es que fue obispo de Mira en el siglo IV. Sin embargo, no escasean los materiales biográficos, como la biografía que se atribuye a san Metodio, patriarca de Constantinopla, quien murió el año 847. Pero el biógrafo afirma que «hasta el presente, la vida de este distinguido pastor ha sido desconocida para la mayoría de los fieles» y, en consecuencia, trata de llenar esa laguna, casi cinco siglos después de la muerte del santo. Dicha biografía es la más fidedigna de las fuentes «biográficas», sobre las que se ha escrito mucho, desde el punto de vista crítico y desde el expositivo. La fama de que ha disfrutado san Nicolás durante tantos siglos, exige que hablemos sobre estas leyendas.
Se dice que desde la más tierna infancia Nicolás sólo comía los miércoles y los viernes por la tarde, según los cánones. «Sus padres le educaron extraordinariamente bien, y el niño siguió el ejemplo que ellos le daban. La Iglesia le cuidó con la solicitud con que la tórtola cuida a sus polluelos, de suerte que conservó intacta la inocencia de su corazón». A los cinco años de edad, empezó a estudiar las ciencias sagradas: «día tras día, la doctrina de la Iglesia iluminó su inteligencia y despertó su ansia de conocer la verdadera religión». Sus padres murieron cuando él era todavía joven y le dejaron una herencia considerable. Nicolás decidió consagrarla a obras de caridad. Pronto se le presentó la oportunidad: un habitante de Patara había perdido toda su fortuna y tenía que mantener a sus tres hijas, pues éstas no podían casarse sin dote. El pobre hombre pensaba ya en dedicar a sus hijas a la prostitución para poder comer. Cuando Nicolás se enteró de ello, tomó una bolsa con monedas de oro y, al amparo de la oscuridad de la noche, la arrojó por la ventana en la casa de aquel hombre. Con ese dinero, se casó la hija mayor. San Nicolás hizo lo mismo por las otras dos. El padre de las jóvenes se puso al acecho en la ventana, descubrió a su bienhechor y Ie agradeció expresivamente su caridad. Según parece, con el tiempo, los artistas confundieron las tres bolsas de oro con tres cabezas de niño; de allí nació la absurda leyenda de que el santo había resucitado a tres niños a los que un posadero había asesinado y sepultado en un montón de sal. San Nicolás llegó a la ciudad de Mira precisamente cuando el clero y el pueblo celebraban una reunión para elegir obispo. Dios hizo comprender a los electores que san Nicolás era el hombre indicado para el cargo. Era por entonces el principio del siglo IV, cuando se desencadenaron las persecuciones; «como. Nicolás era el principal sacerdote de los cristianos en esa ciudad y predicaba con toda libertad las verdades de la fe, fue arrestado por los magistrados, quienes le mandaron torturar y le arrojaron cargado de cadenas en la prisión, con otros muchos cristianos. Pero cuando el grande y religioso Constantino, elegido por Dios, fue coronado con la diadema imperial de los romanos, los prisioneros fueron puestos en libertad. También el ilustre Nicolás recobró la libertad y pudo regresar a Mira». San Metodio afirma que «gracias a las enseñanzas de Nicolás, la metrópolis de Mira fue la única que no se contaminó con la herejía arriana y la rechazó firmemente, como si fuese un veneno mortal». Pero dicho autor no dice que el santo haya asistido al Concilio de Nicea el año 325. Según otras tradiciones, san Nicolás no sólo asistió al Concilio, sino que dio a Arrio una bofetada en pleno rostro. En visto de ello, los Padres conciliares le privaron de sus insignias episcopales y le encarcelaron. Pero el Señor y su Santísima Madre se le aparecieron allí, le pusieron en libertad y le restituyeron a su sede. San Nicolás tomó también medidas muy severas contra el paganismo y lo combatió incansablemente. Destruyó, entre otros, el templo de Artemisa, que era el principal de la provincia, y los malos espíritus salieron huyendo ante él. El santo protegió también a su pueblo en lo temporal: el gobernador Eustacio había sido sobornado para que condenase a muerte a tres inocentes. En el momento de la ejecución, Nicolás se presentó, detuvo al verdugo y puso en libertad a los prisioneros. En seguida, se volvió a Eustacio y le reprendió, hasta que éste reconoció su crimen y se arrepintió. En esa ocasión estuvieron presentes tres oficiales del imperio que iban de camino a Frigia. Cuando dichos oficiales volvieron a Constantinopla, el prefecto Ablavio, que les tenía envidia, los mandó encarcelar por falsos cargos y consiguió que el emperador Constantino los condenase a muerte. Al saberlo, los tres oficiales, recordando el amor de la justicia de que había dado muestras el poderoso obispo de Mira, pidieron a Dios que los salvase de la muerte por sus méritos e intercesión. Esa misma noche, san Nicolás se apareció en sueños a Constantino y le ordenó que pusiese en libertad a los tres inocentes. También se apareció a Ablavio. A la mañana siguiente el emperador y el prefecto tuvieron una conferencia, mandaron llamar a los tres oficiales, y los interrogaron. Cuando Constantino supo que habían invocado a san Nicolás, los puso en libertad y les envió al santo obispo con una carta en la que le rogaba que no volviese a amenazarle y que orase por la paz del mundo. Durante mucho tiempo, ése fue el milagro más famoso de san Nicolás, y prácticamente lo único que se sabía sobre él en la época de san Metodio.
Todos los relatos afirman unánimemente que san Nicolás murió y fue sepultado en Mira. En la época de Justiniano (s. VI), se construyó en Constantinopla una basílica en honor del santo. Un autor griego anónimo del siglo X dice que «el Oriente y el Occidente le aclaman unánimes. Su nombre se venera y se construyen iglesias en su honor en dondequiera que hay seres humanos: en la ciudad y en el campo, en los pueblos, en las islas y en los extremos de la tierra. En todas partes hay imágenes suyas, se predican panegíricos en su honor y se celebran fiestas. Todos los cristianos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, niños y niñas, respetan su memoria e imploran su protección. Y el santo derrama beneficios sin límite a través de las generaciones, entre los escitas, los indios, los bárbaros, los africanos y los italianos». Cuando Mira y su santuario cayeron en manos de los sarracenos, varias ciudades italianas se disputaron el honor de rescatar las reliquias del santo. La rivalidad se manifestó particularmente entre Venecia y Bari y, finalmente, ganó esta última. Las reliquias, robadas bajo las narices de los guardias griegos y mahometanos, llegaron a Bari el 9 de mayo de 1087. En su honor se construyó una iglesia, y el Papa Urbano II asistió a la consagración. La devoción de San Nicolás existía en el Occidente desde mucho antes de la translación de sus reliquias, pero este acontecimiento contribuyó naturalmente a popularizar la devoción, y en Europa comenzó a hablarse de los milagros del santo tanto como en Asia. En Mira, se decía que «el venerable cuerpo del obispo, embalsamado en el aceite de la virtud, sudaba una suave mirra que le preservaba de la corrupción y curaba a los enfermos, para gloria de aquél que había glorificado a Jesucristo, nuestro verdadero Dios». El fenómeno no se interrumpió con la translación de los restos; según se dice, el «maná de San Nicolás» sigue brotando en nuestros días, y ello constituye uno de los atractivos principales para los peregrinos que acuden de toda Europa.
La imagen de san Nicolás aparece más frecuentemente que ninguna otra en los sellos bizantinos. Al fin de la Edad Media, había en Inglaterra más de 400 iglesias dedicadas al santo. Se dice que, después de la Santísima Virgen, San Nicolás es el santo al que los artistas cristianos han representado con más frecuencia. En el Oriente se le venera entre otras cosas, como patrono de los marineros; en el Occidente, como patrono de los niños. Probablemente, el primero de esos patrocinios se originó en la leyenda que afirma que san Nicolás se apareció durante su vida a unos marineros que le habían invocado en una tempestad, frente a las costas de Licia y los llevó sanos y salvos al puerto. Los navegantes del mar Egeo y los del Jónico, siguiendo la costumbre de Oriente, tienen una «estrella de San Nicolás» y se desean buen viaje con estas palabras: «Que san Nicolás lleve el timón». De la leyenda de los tres niños se deriva el patrocinio de san Nicolás sobre los niños y muchas otras prácticas, así eclesiásticas como seculares, relacionadas con ese incidente; tales, por ejemplo, el «niño-obispo» y la costumbre de hacer regalos en la Navidad, originariamente tan común en Alemania, Suiza y los Países Bajos, en lugar de la más latina de hacerlos por Epifanía. Dicha costumbre fue popularizada en los Estados Unidos por los protestantes holandeses de Nueva Amsterdam, que convirtieron al santo «papista» en un mago nórdico (Santa Claus, Sint Klaes, San Nicolás). La liberación de los tres oficiales imperiales hace que los prisioneros invoquen a san Nicolás. A este propósito se contaban muchos milagros del santo en la Edad Media.
Por curioso que parezca, en Rusia, san Nicolás es todavía más popular que en los países del Mediterráneo oriental y el noroeste de Europa. En efecto, san Andrés Apóstol y san Nicolás son los dos patronos de Rusia, y la Iglesia ortodoxa rusa celebra la fiesta de la traslación de las reliquias. Antes de la Revolución rusa, había tantos peregrinos rusos en Bari, que su gobierno mantenía en dicha ciudad una iglesia, un hospital y un albergue. El santo es también patrono de Grecia, Apulia, Sicilia y Lorena, así como de innumerables diócesis, ciudades e iglesias. La basílica romana de San Nicolás in Carcere fue construida entre el fin del siglo VI y el comienzo del VII. El nombre del santo figura en la preparación de la misa bizantina. Al final del siglo XX, la basílica de San Nicolás de Bari, confiada por el papa Pío XII a los dominicos, es lugar de reunión entre las Iglesias de Oriente y Occidente, y funciona allí el Instituto Ecuménico de Teología San Nicolás.
Durante el siglo XX se han publicado dos estudios muy buenos sobre el santo y su culto: el primero es el de G. Anrich, Hagios Nikolaos... in der griechischen Kirche (2 vols, 1917), en él se encontrarán todos los textos griegos de algún interés, mucho mejor editados que en Falconius o Migne, con introducción y notas muy copiosas; el segundo estudio es el de K. Meisen. Nikolauskult und Nikolausbrauch im Abendlande (1931), en el que hay muchas ilustraciones. Véase sobre este último Analecta Bollandiana, vol. I (1932), pp. 178-181, donde se hace notar que uno de los textos publicados por Meisen está tomado de un manuscrito del siglo IX, lo cual prueba que la leyenda de san Nicolás era conocida en Occidente dos siglos antes de la translación de las reliquias a Bari. Acerca del emblema de San Nicolás, y su figura en el arte, cf. Künstle, Ikonographie, vol. II.
Las imágenes muestran sólo unos pocos ejemplos de la vastísima iconografía de san Nicolás, no sólo en el arte sino también en sellos postales, envoltorios de chocolatinas navideñas, estampitas devocionales, etc.
La última imagen, que agregamos en julio del 2010, reproduce un ícono de san Nicolás de fines del XVI o principio del XVII, que estaba en la Torre de San Nicolás, en el Kremlim de Moscú, y que al llegar la revolución de 1917 algún alma piadosa tapó con estuco, para evitar su destrucción. Aunque deteriorado, fue redescubierto en julio del 2010; ésta es la primera foto que publicaron los periódicos.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Nicolás. El verdadero Santa Claus. Patrono de niños, mineros y marineros (6 de diciembre)

San Nicolás. El verdadero Santa Claus. Patrono de niños, mineros y marineros

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San Nicolás es conocido como el santo patrono de los marineros, mercantes, panaderos, niños y viajeros. San Nicolás, ruega por nosotros

  
San Nicolás de Bari, llamado también como, San Nicolás de Mira, fue un obispo santo católico que se destacó por su ayuda generosa hacia los pobres y los niños. Es bien conocido debido a los muchos milagros atribuidos a su poderosa intercesión. San Nicolás es el santo patrono de los marineros, los mineros, mercaderes, arqueros, ladrones arrepentidos, niños, cerveceros, panaderos, viajeros y estudiantes. Su hermoso hábito de dar regalos secretos a los pobres dio lugar a un modelo tergiversado de su figura denominado Santa Claus.

Fiesta: 06 de Diciembre

Martirologio Romano: San Nicolás, obispo de Mira, en Licia, famoso por su santidad y por su intercesión ante el trono de la divina gracia. Murió a mediados del siglo IV y fue venerado por toda la Iglesia, sobre todo desde el siglo. Por su increíble y amorosa caridad dio origen al personaje conocido como ´Santa Claus´

Biografía de San Nicolás de Bari.

En la actualidad, son muy pocas las personas que conocen la verdadera historia y origen cristiano de San Nicolás a quien hoy se le conoce con el nombre de Santa Claus (Saint Nikolaus).
Ya es tiempo de que les enseñemos a todos los niños y a los adultos en general de dónde sale este personaje de barba blanca y traje rojo que aparece en Navidad.
San Nicolás de Mira (como se le denomina en oriente) o San Nicolás de Bari (occidente) nació en el año 310 después de Cristo en Parara de Licia, en un tiempo de persecución, donde la enseñanza de la doctrina de Jesús suponía estar en contra del Imperio Romano.
Sus padres murieron atendiendo enfermos de una epidemia que azotó el poblado donde, y él quedó entonces, como heredero de una gran fortuna. ¿Qué hizo con ella?, lo que todo gran santo haría: repartió sus riquezas entre los pobres y se fue a un monasterio en donde se hizo monje.
San Nicolás contaba también con la gracia de tener un tío que era obispo y este, al ver las virtudes que tenía su sobrino, lo llevó por los caminos del Señor y luego de un breve periodo lo consagró como sacerdote.

San Nicolás, Obispo por gracia de Dios.

San nicolás, sientiendo el ardor deseo de visitar las tierras donde vivió y murió nuestro Señor Jesús, emprendió un peregrinaje a Tierra Santa, y luego de regresar a la ciudad de Mira (en Turquía) se encontró con que los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, ya que recién se había muerto el anterior.
Los obispos, después de mucho discutir y no llegar a ningún acuerdo, se dijeron entre si:
"Elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo".
Y en ese preciso instante, sin saber nada de esto, entró San Nicolás por esa puerta, los Obispos sintieron que esto era obra del Espíritu Santo y por aclamación unánime fue elegido obispo. Por eso se le conoce también por el nombre de San Nicolás de Mira
Posiblemente San Nicolás participó en el Concilio de Nicea en el año 325, donde se condenó la herejía arriana que ponía en duda la divinidad de Jesucristo y se instituyó el credo Nicenciano.
Por otra parte, su nombre no aparece en las antiguas listas de los obispos que participaron en el concilio. San Metodio afirma:
"Gracias a las enseñanzas de Nicolás, la metrópolis de Mira fue la única que no se contaminó con la herejía arriana la cual rechazó firmemente, como si fuese un veneno mortal".

San Nicolás y su celo por la justicia.

Cuando el gobernador Eustacio había sido sobornado para condenar a tres inocentes, Nicolás se presentó en el momento de la ejecución, detuvo al verdugo y puso en libertad a los prisioneros. Reprendió entonces a Eustacio, hasta que éste reconoció su crimen y se arrepintió.
En esa ocasión habían presentes tres oficiales que mas tarde, al verse ellos mismos en peligro de muerte le rezaron a San Nicolás.
Esa misma noche el santo se apareció en sueños a Constantino y le ordenó que pusiese en libertad a los tres inocentes.
Constantino interrogó a los tres y al darse cuenta por ellos de que habían invocado a San Nicolás, los envió libres al santo obispo con una carta en la que le rogaba que orase por la paz del mundo. Durante mucho tiempo ese fue el milagro mas famoso de San Nicolás.

Muerte y devoción a San Nicolás.

Después de su muerte el 6 de diciembre, de 345 o 352, creció su devoción y aumentaron los reportes de sus milagros. Se convirtió en el patrón de los niños y marineros.
En el siglo VI, el emperador Justiniano construyó una Iglesia en Constantinopla en su honor. Fue nombrado también patrono de Rusia y, gracias a los zares, su devoción aumentó hasta tener mas iglesias dedicadas a su nombre en Rusia que ningún otro santo fuera de la Virgen María.

Leyenda de San Nicolás y los tres niños.

Estaba San Nicolás de camino de Nicea para asistir al concilio acompañado de Eudemo, obispo de Pátara, y tres sacerdotes más, se detuvieron al caer de la tarde en una posada donde determinaron pasar la noche. Al servirles la cena el dueño de la posada puso sobre la mesa una fuente con tajadas de carne en salmuera.
En el momento en que San Nicolás fue a echar la bendición, se le reveló que aquellas viandas no eran de otra cosa que de carne humana.
El dueño de la posada era un asesino que, de vez en cuando, mataba a un huésped y salaba la carne, que ofrecía después a viajeros.
Las últimas víctimas habían sido tres niños, que se encontraban despedazados en una cuba.
San Nicolás acusó al asesino de su horrendo crimen y, como el mal hombre lo negó todo, el Santo invitó a todos los que se encontraban allí a que le acompañasen a la bodega, donde, se puso en oración frente a una cuba sellada, y luego salieron de ella los tres niños vivos y completamente sanos, saltaron de alegría dando gracias al Santo por su intercesión.

Leyenda de los marineros.

Durante una hambruna, el santo pidió que se organice una flota para llevar grano a un pueblo que sufría hambre. La flota sobrevivió una terrible tormenta gracias a la bendición del obispo.
En otra oportunidad estaban unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a rezar a Dios diciendo:
"Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos".
Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció.

Leyenda de las tres doncellas.

Se cuenta que en la diócesis de Mira un vecino de San Nicolás se encontraba en tal pobreza que se decidió a exponer a sus tres hijas vírgenes a la prostitución para sacar de ese vil mercado el sustento para él y para ellas... Sin dinero no podían pagar la dote de una, por lo que ninguna se podía casar.
Para evitar eso, San Nicolás tomó una bolsa con monedas de oro y, al amparo de la oscuridad de la noche, la arrojó por la chimenea de la casa de aquel hombre.
Con el dinero se casó la hija mayor. Luego de un tiempo, hizo lo mismo para favorecer a las otras dos hermanas y al fina las tres se pudieron casar
En diferentes lugares a San Nicolás se le conoce como el patrón de marineros, mercantes, panaderos, niños y viajeros.
Los marineros tienen una estrella llamada "la estrella de San Nicolás" y se desean buen viaje con estas palabras: "que San Nicolás lleve tu timón". Su imagen se representa en el arte en diferentes formas según sus milagros.
Además, San Nicolás es el Santo Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor.
San Nicolás, ruega por nosotros.

jueves, 14 de noviembre de 2019

San Nicolás Tavelic y compañeros mártires franciscanos. (14 de noviembre)

San Nicolás Tavelic y compañeros mártires franciscanos.

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San Nicolás Tavelic es el primer croata canonizado. San Nicolás predicó a los musulmanes el Evangelio de Cristo.

  
San Nicolás Tavelic perteneció a la tercera orden de los frailes menores capuchinos y es el primer croata canonizado. La figura de San Nicolás Tavelic se destaca grandemente en el ambiente de su tiempo

Fiesta: 14 de Noviembre

Martirologio romano: En Jerusalén, santos Nicolás Tavelic, Deodato Aribert, Esteban de Cúneo y Pedro de Narbone, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores y mártires, que por predicar libremente en la plaza pública la religión cristiana a los sarracenos y confesar constantemente a Cristo como Hijo de Dios, fueron quemados vivos (1391).

Biografía de San Nicolás Tavelic

San Nicolás Tavelic nació hacia el año 1340, en la ciudad dálmata de Sebenic. San Nicolás era el hijo de una familia noble y rica de. Sus ilustres padres le dieron una buena educación, y su progreso en el aprendizaje fue maravilloso, pero no menos maravilloso fue su progreso en la virtud de la santidad y de la fe.
Cuando San Nicolás Tavelic terminó sus estudios, un futuro brillante le sonrió. Todo lo que el mundo podía dar estaba a sus órdenes y esperaba gustoso por él. Sin embargo, San Nicolás decidió abandonar el mundo e ingresar a la Orden de San Francisco
Ingresó adolescente en la Orden de los hermanos Menores y luego fue ordenado sacerdote.

San Nicolás Tavelic y su llamado misionero.

En el año 1372, el vicario general fray Bartolomé de la Verna había lanzado una llamada a los religiosos para participar en una singular cruzada misionera en Bosnia.
Gregorio XI, en una bula con fecha 22 de junio del mismo año presentaba buenas perspectivas para el avance de la verdadera fe en aquellas zonas devastadas por la herejía de los bogomiles, secta de marcado carácter maniqueo, que unía a sus errores dogmáticos una rígida austeridad de vida.

Dios los unió

A la llamada respondieron fray Nicolás, y también fray Deodato de Rusticinio o de Rodez, sacerdote de la provincia franciscana de Aquitania. Ambos trabajaron juntos, unidos por una íntima y fraternal amistad, soportando doce años de dificultades y fatigas interminables.
La relación "Sibinicensis" describe tanto la expedición apostólica en Bosnia como la relación del martirio en Jerusalén.
En 1384, San Nicolás Tavelic y Deodato se embarcaron rumbo a Palestina, y se instalaron en el convento de San Salvador de Jerusalén, donde se encontraron con los hermanos Pedro de Narbona y Esteban de Cúneo.
Esteban pertenecía a la provincia franciscana de Liguria, profesó la regla franciscana en Génova y había trabajado ocho años en la isla de Córcega, antes de embarcarse para Tierra Santa.
Pedro, perteneciente a la provincia de Narbona, procedía de los primeros eremitorios umbros fundados esos mismos años por el beato Paoluccio Trinci, iniciador de la Observancia franciscana.

San Nicolás Tavelic y la evangelización atrevida.

Los cuatro permanecieron en Jerusalén, dedicados al estudio y la oración, hasta que, después de mucho sopesarlo, Nicolás, en el espíritu de san Francisco, llevado por el celo de la fe y el deseo del martirio, proyectó una evangelización audaz: anunciar públicamente en Jerusalén, ante los principales dirigentes de la ciudad, la doctrina de Cristo, demostrando que el islamismo no es la verdadera religión, y que Jesucristo, Dios y hombre, era el verdadero enviado de Dios para salvar al mundo, y no Mahoma.
Previa consulta con dos teólogos, se prepararon un buen discurso, en el que exponían la doctrina cristiana y refutaban el islamismo. El 11 de noviembre de 1391 salieron a la calle, decididos a realizar su descabellado proyecto.
Cada uno llevaba un pliego escrito en latín y en árabe. Trataron de entrar en la mezquita, pero les impidieron el paso. Al ser interrogados respondieron que querían ver al Cadí, "para decirle cosas muy útiles y saludables para su alma". Les respondieron que el Cadí no vivía allí, y los condujeron hasta su palacio.
Una vez en presencia del Cadí o Juez islámico de la ciudad, y de muchos musulmanes, expusieron sus escritos, y presentaron sus razones con gran firmeza y valentía, hablando extensamente del mensaje de Cristo.
La turba de mahometanos los escucharon primero con asombro, luego irritados y, al final, abiertamente hostiles, pues jamás habían escuchado semejantes afirmaciones contra el Corán y contra su religión.
El Cadí, visiblemente airado, los interrogó acerca de si eran conscientes de lo que decían, o lo hacían en un momento de exaltado fanatismo, sin control de la razón, como tontos o locos.
También les preguntó los enviaba el Papa o alguno de sus reyes. Mas ellos respondieron que ellos iban enviados por Dios, y que si no creían en Jesucristo y no se bautizaban en su nombre, no tendrían la vida eterna.
Al ver que no se retractaban de sus afirmaciones, fueron condenados a morir ejecutados el 14 de noviembre.

El martirio de San Nicolás Tavelic.

Tres días permanecieron en prisión, soportando toda clase de torturas. Por fin, el día señalado los llevaron a la plaza pública, donde se les dio otra vez la oportunidad de retractarse. Mas, como ellos se negaran, se les aplicó la condena de muerte.
Sus cuerpos fueron despedazados y quemados. Los musulmanes hicieron desaparecer sus restos, para evitar que fuesen venerados por los cristianos.
Su muerte fue descrita en una relación del Custodio de Tierra Santa, el padre Geraldo Calveti, dos meses después del martirio.
El culto de los cuatro mártires en la orden franciscana se remonta al siglo XV.
En 1889, el papa León XIII confirmó solamente el culto de Nicolás, que era muy venerado en Croacia.
Pablo VI confirmó el culto de los otros tres mártires en 1966, fijando su fecha en el 17 de septiembre, aunque en martirologio franciscano se mantiene el 14 de noviembre, fecha de su martirio. Por último, el 21 de junio de 1970 fueron canonizados por el mismo papa.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

San Nicolás I, papa (13 de noviembre)


San Nicolás I, papa

fecha: 13 de noviembre
†: 867 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la basílica de San Pedro, de Roma, san Nicolás I, papa, que sobresalió por su energía apostólica al reafirmar la autoridad del Romano Pontífice en toda la Iglesia.
refieren a este santo: San Adón de Vienne

Cuando Nicolás I murió, el 13 de noviembre del año 867, después de nueve años de pontificado, todos los hombres de buena voluntad le lloraron. Los romanos consideraron los aguaceros que cayeron entonces sobre Roma como una señal de la pena del cielo, porque el difunto Papa había merecido realmente los títulos de «santo» y «grande» que las futuras generaciones habían de darle. Uno de sus contemporáneos escribía: «Desde la época del bienaventurado Gregorio (el Grande), no había ocupado la cátedra pontificia ninguno que pudiera comparársele. Nicolás daba órdenes a los reyes y señores como si fuese el amo del mundo. Era amable, bondadoso y modesto con los obispos y sacerdotes buenos y con los buenos cristianos; en cambio, era duro y terrible con los malvados. Puede decirse con verdad que Dios nos dio en él a un segundo Elías».
En efecto, Nicolás I fue el papa más grande entre Gregorio I y Gregorio VII (Hildebrando). Pertenecía a una distinguida familia romana, y Sergio II le tomó a su servicio. San León IV y Benedicto III le emplearon también. Cuando murió este último, el año 858, Nicolás, que no era más que diácono, fue elegido Papa. Su primer problema fue hacer frente a la delicada situación de Constantinopla, que era la segunda sede de la cristiandad. En el artículo sobre san Ignacio de Constantinopla relatamos la forma en que Bardas César y el emperador Miguel III desposeyeron de su sede al patriarca y pusieron a Focio en su lugar. Sobrevinieron otras complicaciones y todo el pontificado de san Nicolás se resintió por la dificultad en las relaciones entre Roma y Constantinopla. A ese propósito, san Nicolás I recibió una carta del monarca búlgaro, Boris, recientemente bautizado, quien le hacía diversas preguntas. La respuesta de san Nicolás fue «una obra maestra de prudencia pastoral que constituye uno de los más bellos documentos de la historia del pasado». El santo reprochó a Boris la crueldad con que trataba a los paganos y le prohibió tratar de convertirlos por la fuerza. Igualmente, incitó a los búlgaros a ser menos supersticiosos, menos crueles en la guerra y a no emplear la tortura. Naturalmente, san Nicolás hubiese querido que esa nueva porción de la cristiandad se sometiese a su autoridad; pero Boris eligió finalmente la autoridad de Constantinopla.
San Nicolás I fue un valiente defensor de la integridad del matrimonio, de los débiles y oprimidos, y de la igualdad de todos los hombres ante la ley de Dios. No sólo tuvo que defender el sacramento del matrimonio contra el rey Lotario de Lorena, sino también contra los obispos complacientes que habían aprobado el divorcio de éste y su nuevo matrimonio. Cuando Carlos el Calvo, de Borgoña, consiguió que Ios obispos francos excomulgasen a su hija Judit por haber contraído matrimonio con Balduino de Flandes sin permiso de su padre, Nicolás intervino en favor de la libertad del matrimonio, recomendó a los obispos que en adelante se mostrasen menos severos y pidió a Hincmaro de Reims que tratase de reconciliar a Carlos con su hija.
Hincmaro fue sin duda una figura preclara entre los obispos de la Edad Media, pero era un hombre soberbio y ambicioso. Con motivo de la apelación a la Santa Sede, hecha por uno de los sufragáneos de Hincmaro contra la sentencia de su metropolitano, san Nicolás I, lo mismo que otros papas, tuvo que obligar a éste a reconocer el derecho de la Santa Sede a intervenir en los asuntos de importancia. San Nicolás excomulgó también por dos veces al arzobispo Juan de Ravena, a causa de la intolerancia con que trataba a sus sufragáneos y a otros miembros del clero y también, porque se oponía abiertamente a las decisiones de Roma. Por su actitud, adquirió el Papa la fama de ser un juez justo y firme y mucha gente de todas las clases sociales y de todos los puntos de Europa, acudió a él en demanda de justicia.
Con la caída del imperio de Carlomagno, la situación de la Iglesia de Occidente era muy delicada. Cuando Nicolás I ascendió al trono pontificio, los nobles concedían y arrebataban a su gusto las sedes episcopales y, con frecuencia, las ponían en manos de obispos jóvenes, inexpertos y aun viciosos. El arma de la excomunión se empleaba constantemente sin la menor discreción (y así se hizo durante mucho tiempo). El desprecio con que se miraba a algunos miembros del clero, se había transformado en desprecio por los cargos que ocupaban. Finalmente, las prácticas penitenciales habían degenerado o caído en el olvido, con lo que se había producido una gran corrupción de costumbres. San Nicolás hizo cuanto pudo por oponerse a esos abusos durante su breve pontificado y combatió infatigablemente la maldad y la injusticia, lo mismo entre el alto y el bajo clero que entre los laicos. Ciertamente que san Nicolás no carecía de ambición, pero su objetivo consistía en colocar a la Santa Sede en una situación privilegiada para que pudiese hacer mayor bien a las almas. Se ha acusado a Nicolás I de haber empleado las «Falsas Decretales» sabiendo que eran falsas. En realidad, las usó muy poco y sin saber que eran falsas, pues nadie sabía eso antes del siglo XV. Las Falsas Decretales -colección mezcla de documentos falsos y auténticos de los primeros siglos de la Iglesia, fueron compuestas en Francia, de donde pasaron a Italia, y se usaron para afirmar la autoridad de las sedes episcopales frente a los reyes. El anglicano Milman escribió a este propósito: «Si Nicolás I trató despectivamente a los reyes de Francia, debemos reconocer que el poder real se había ganado el desprecio del mundo entero. Cierto que Nicolás anuló un decreto de un sínodo nacional, constituido por los más distinguidos prelados de la Galia, pero el sínodo había sido ya condenado por todos aquéllos que estaban en favor de la justicia y la inocencia». Cuando surgía un escándalo o un desorden, el Pontífice «no dejaba descanso a su cuerpo ni reposo a sus miembros» hasta que hubiese hecho todo lo posible por poner el remedio.
San Nicolás se mostró especialmente solícito en los asuntos de su diócesis, sin descuidar por ello los asuntos de toda la cristiandad. Por ejemplo, tenía una lista de todos los inválidos de Roma, a los que enviaba diariamente la comida a sus casas. Además, en el palacio del Pontífice se repartían víveres a los pobres que no estaban postrados; cada uno recibía una especie de talón en el que estaba marcado el día de la semana en que debía presentarse a recoger las provisiones. La salud de san Nicolás no era muy fuerte, y la energía con que trabajaba acabó por arruinarla. «Nuestro Padre celestial, escribió el Pontífice, se ha complacido en visitarme con tan fuertes dolores, que no sólo no me dejan responder personalmente a vuestras preguntas, pero ni siquiera dictar mis respuestas». La muerte le sobrevino en Roma, el 13 de noviembre de 867. San Nicolás el Grande, cuya fiesta se celebra todos los años en Roma, fue un hombre «paciente y moderado, humilde y casto, de rostro hermoso y agradable presencia. Se expresaba con gran sabiduría y modestia, como si ignorase la grandeza de sus actos. Fue muy penitente y amante de los Sagrados Misterios, amigo de las viudas y los huérfanos y paladín de toda la cristiandad», dice el Liber Pontificalis. Cuando san Nicolás yacía inconsciente en su lecho de muerte, uno de sus servidores le robó el dinero que había reunido para los pobres.
La figura de san Nicolás pertenece a la historia general de la Iglesia. No existe ninguna biografía primitiva que trate de sus virtudes personales. El relato del Liber Pontificales (edic. Duchesne, vol. II, pp. 151-172), debido probablemente a la pluma de Anastasio el Bibliotecario, tiene menos carácter de inventario que otras noticias biográficas anteriores. Es excelente la biografía que se encuentran en Mann, Lives of the Popes, vol. III (1906), pp. 1-148; hay allí una lista de las principales fuentes y obras que merecen consultarse. Pero desde entonces han visto la luz otros documentos importantes. La correspondencia de Nicolás I puede verse en Migne, PL., vol. CXIX, y en Monumenta Germaniae Historica, Epistolae, vol. VI. Acerca de la cuestión de las falsas Decretales, véase a P. Fournier y G. Le Bras, en Histoire des Collections canoniques en Occident, vol. I (1931), pp. 127-233; y J. Haller, Nikolaus I und Pseudo-Isidor (1936). Sobre el período en general puede consultarse en castellano H. Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, Tomo III, sección tercera, pág 124ss., Herder, 1980.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4148