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domingo, 27 de diciembre de 2015

Cuando José le contó a Jesús la triste historia del rey Herodes 28122015

Cuando José le contó a Jesús la triste historia del rey Herodes
Cuento de Navidad

El Niño dio un salto a las rodillas de su padre y José le contó todo lo sucedido con Herodes y los Magos...


Por: P. Ángel Llorente Martín | Fuente: Catholic.net 




Cuatro años antes de morir Herodes el Grande, sucedió el triste episodio conocido como "matanza de los niños inocentes" en la zona de Belén y Efrata. El rey se puso muy nervioso al conocer y comprobar por los sabios, la noticia que trajeron unos Magos de Oriente, sobre el nacimiento del Mesías o "Rey de los Judíos" anunciado por el profeta Miqueas y en otros pasajes bien conocidos de los libros sagrados. Guiado por su instinto asesino, concibió inmediatamente la idea de matarle.

¡Matar! esa era la obsesión de su mente. No se enfrentó jamás a los problemas políticos y humanos. Simplemente el que le lleva la contraria ya fuera hijo, esposa, secretario, amigo o adversario... lo mataba y se acabó el problema. Así fue como se fue afianzando y sosteniendo en el poder. Y las autoridades romanas de quien dependía ¿qué pensaban? ¡Nada! ¡Felices! Con tal de que no les llegaran los problemas de aquella gente arisca, rebelde e independiente como eran los judíos ¡ellos encantados!

Pero ¿cómo poder identificar a un niño recién nacido en la comarca de Belén? No es que fueran muchos los niños que habían nacido en ese año. Seguramente no pasarían de veinte. Muy sencillo. El astuto rey supo camelar a los Magos para que le informaran puntualmente sobre el Niño, so pretexto de que él, "el rey de los judíos" iría tambien a postrarse a sus pies llevándole magníficos regalos. ¿Cómo no se lo iban a creer los ingenuos, astrales y sabios Magos? Ellos no conocían los instintos asesinos que guiaban el corazón de aquel sádico.

Hay momentos en que se hace necesaria la intervención de Dios en este mundo para que la maldad humana no rebase sus planes. Este es uno de ellos. Dios no tuvo más remedio que actuar, aunque fuera en sueños, para que aquellos buenos magos no cayeran en la trampa de Herodes. El asesino burlado se enfureció tanto que mandó matar a todos (¿a todos?) los niños que tuvieran menos de dos años ¡¡¡Porque de mí no se ríe nadie!!! ¡Pobre Herodes! ¿Condenas al que quiere salvarte? ¡Oh, rey odiado! Al único que podía haberte engrandecido porque a todos ama... ¿tú quieres matarle?

¿Qué impresión habrá causado en el corazón de Jesús niño cuando su padre José le contó la triste historia de los inocentes?

Fue un día frío de invierno al caer el sol. El niño había estado jugando toda la tarde con los amigos del barrio. Entre el juego y sin enfado un niño se había dirigido a Jesús con el apelativo de "egipcio". A Jesús no le molestó pero se le quedó grabado. Al llegar a casa se lo dijo a su padre:

- Papá, un niño me ha llamado "egipcio". ¿Por qué habrá sido?

- Se lo habrá oído a su padre, hijo. A mí algunos amigos me llaman "el egipcio" con cariño, porque cuando tú eras muy pequeño tuvimos que vivir algunos años en Egipto. ¿No te lo ha contado ya tu madre? ¿Quieres que te cuente yo la historia? Pues prepárate y escucha que es larga...

- ¡Sí, sí papá! ¡Cuenta, cuenta!

El Niño dio un salto a las rodillas de su padre y José le contó todo lo sucedido con Herodes y los Magos. Jesús niño quedó tan marcado por aquel relato que, cuando se hizo mayor, nunca quiso visitar su tierra natal, Belén, donde ya no encontraría a nadie de su edad, sabiendo el por qué, seguro de que hallaría aún viva la pena de muchas de aquellas madres a las que no podría consolar porque sus hijos ya no existían ni podría resucitarles de inmediato.

Jesús pensaba: ¡Algún día les pagaré con creces! Llegará el día en que verán a sus hijos en el reino de los cielos muy cerca del trono del Cordero. Entonces comprenderán..

domingo, 8 de noviembre de 2015

Cuentos con moraleja: “Son cosas de mamá


Cuentos con moraleja: “Son cosas de mamá


La devoción a la Virgen María siempre fue para todo cristiano una de las principales fuentes de gracia y alegría. Desde bien pequeños se nos enseñaba a rezarle a María y a pedirle las gracias que necesitáramos, pues sabíamos que ella se preocuparía de obtenerlas de su Hijo para nosotros. No en vano decimos que María es “medianera de todas las gracias”.
El pueblo sencillo siempre encontró en María una aliada para sus necesidades y una consoladora en sus penas. Y es verdad, María, como buena madre siempre está cerca de todo aquél que le invoca. ¡En cuántas ocasiones María consiguió de su Hijo todo lo que quería! Y eso que a veces no estaba en los planes de Cristo; pero los ruegos de María siempre le conmovieron.
Hace unos días leía una sencilla y bella historia que refleja muy bien el cariño que María tiene por todos nosotros. No en vano, su propio Hijo la hizo madre nuestra en el momento de la cruz. Esta historia dice así…
Paseaba Santo Tomás por los jardines del cielo, cuando vio pasar un alma que no resplandecía tanto como las demás… y luego vio otra… y otra más… De inmediato fue a reclamarle a San Pedro.
-Oye, Pedro, ¿por qué andan por ahí algunas almas que luego se ve que no tienen tantas cualidades y virtudes como las demás?
Pedro le contestó:
-Dime por dónde, Tomás
-Por todos lados, indicó.
-Vamos a ver -dijo Pedro-.
Y saliendo de la portería se dirigieron a los jardines. En efecto, por doquier se veían almas que no resplandecían tanto. Sin embargo se veían felices de estar ahí.
-Pues mira, esos no han pasado por la puerta. Yo no los hubiera dejado entrar, puntualizó Pedro.
-Pues entonces aquí está pasando algo raro, y más nos vale que investiguemos -dijo Tomás.
Decidieron recorrer las vallas del Paraíso y encontraron un gran agujero en una de ellas, la que quedaba más cerca de la Tierra.
-¡Caramba! Es por aquí por donde se están colando -dijo Tomás-.
-El que hizo esto, lo va a pagar caro con nuestro Dios, que aunque bueno, es muy justo… sentenció Pedro.
Se acercaron ambos al agujero y con sorpresa descubrieron que había atado de ahí un inmenso rosario que llegaba hasta la Tierra, y muchas almas por ahí venían subiendo. Ambos apóstoles se giraron con cara de sorpresa y consternación.
Tras un silencio, Pedro dijo:
-María no ha cambiado nada. Desde que la conocí en Caná supe que era de esas personas que se saltan cualquier barrera si de ayudar se trata.
Tomás resignado dijo:
-Si ni su Hijo se le escapa. ¿Te acuerdas de que no quería hacer el milagro de las bodas de Caná y con una sola mirada de Ella accedió?
Pedro concluyó diciendo:
-Mira Tomás, tú y yo no hemos visto nada.
En eso que sonó una voz que los sobresaltó:
-¿Ustedes también?
Con cara de asustados se volvieron hacia el Señor y percibieron una grata sonrisa. Él les dijo:
-“No se preocupen, son cosas de Mamá”.
Este es un simple cuentecillo, pero que sin duda refleja una gran verdad. Una vida espiritual sólida debe tener como uno de sus elementos esenciales el rezo diario del Rosario. Es habitual escuchar frases como “Tengo mucho que hacer, no tengo tiempo para el Rosario”, etc. Nuestro principal deber es alcanzar la vida eterna… ¿De qué nos serviría ganar el mundo entero si perdemos nuestra alma?
………………………………..
Las quince promesas de la Virgen María a quienes recen el Santo Rosario
1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.
5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.
6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracia, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.
7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.
8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.
9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.
11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.
14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.
Recomendado por la Virgen en sus apariciones
A la Virgen María le encanta el  rosario,  pide que lo recemos en todas sus apariciones. Es la  oración de los sencillos y de los grandes. Es tan simple, que está al alcance de todos. Se puede rezar en cualquier parte y a cualquier  hora. El rosario honra a Dios y a la  Santísima Virgen de un modo especial. La Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le apareció a Bernardita en Lourdes.  Cuando se les apareció a los tres pastorcitos en Fátima, también tenía un rosario. Fue en Fátima  donde ella misma se identificó con  el título de “La Señora del  Rosario”.
En estos momentos de oscuridad acudamos a ella, pues es “consuelo de los afligidos”, “auxilio de los cristianos” y “causa de nuestra alegría”. Recuerda, María siempre tiene la puerta abierta para nosotros los pecadores, pues ella también es “refugio de los pecadores”.  Ella está junto a nosotros en los momentos difíciles de esta vida para ayudarnos y acompañarnos. Y también estará junto a nosotros cuando nos presentemos ante Dios para ser juzgados. Como hijos de María, ella siempre tendrá palabras que moverán a Dios a tener misericordia de nosotros. Y si San Pedro nos pone alguna pega, acudirá Jesús a decirle: “¡Permítele entrar, son cosas de mamá!”
Padre Lucas Prados

martes, 28 de julio de 2015

El poder de un Ave María

El poder de un Ave María
El Padre Hans comprendió entonces la razón de haber tomado dos partículas sin darse cuenta. ¡No fue un error!


Por: Redacción | Fuente: salvadmereina.co.cr 



Era una mañana soleada.
Las montañas del Tirol se mostraban especialmente bonitas en aquel día de primavera.
La nieve ya estaba casi toda derretida, pero los picos blancos centelleaban todavía bajo los rayos del sol.
El Padre Hans había terminado de celebrar su misa matutina y se preparaba para la catequesis de los niños.
Seleccionaba la materia, consultaba los libros y escogía algunas estampas para premiar a los niños más aplicados, momento que más agradaba a todos ellos en la clase. Encontró una linda estampa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y la separó para quien supiese responder a la pregunta más difícil.
En ese momento entró el sacristán, diciendo apesadumbrado:
— Padre Hans… Acaba de llegar la hija de la Sra. Binzer, con la noticia de que su madre está muy mal, tal vez en sus últimos momentos, y le pide que le lleve el Viático. Pero no puedo acompañarle porque hoy es el día libre del secretario de la parroquia, y alguien tiene que cuidar de la iglesia.
— No te preocupes, Rolf, ya he estado varias veces en la casa de la Sra. Binzer y conozco todos los atajos.
Saliendo ahora, conseguiré volver a tiempo al mediodía, si Dios quiere.
Sin demora, el buen párroco tomó los Santos Óleos y la teca con el Santísimo, montó a caballo y partió muy recogido. Iba adorando a Jesús Sacramento, que llevaba pendiente de su cuello, envuelto en una bolsa de seda bordada con las iniciales JHS: Jesús Hostia Santa.
¡El camino era bellísimo! Las flores ya se habían abierto, el arroyo fluía suavemente, haciendo cantar sus aguas cristalinas, y los árboles, de nuevo cubiertos con hojas, daban al aire de la primavera un frescor muy agradable. Los pájaros cantaban y las mariposas parecían bailar delante del caballo, convidando al sacerdote a un paseo a través de los pinares perfumados.
El Padre Hans observó un poco la belleza del paisaje, glorificando a Dios por esos dones dados al hombre, pero concentraba toda su atención en el Creador de esas maravillas, que llevaba apretado contra su pecho.
Así recogido, continuaba su camino en actitud de adoración. Apenas pensó:
— Hace tiempo que no disfruto del aire fresco de ese bosque. A la vuelta voy a aprovechar un poco, y creo que no me retrasaré en mi regreso…
Llegando a casa de la Sra. Binzer, encontró a la enferma muy mal.
Se trataba de una piadosa campesina, que siempre participaba en las actividades parroquiales, pero la edad y la enfermedad le habían consumido todas las fuerzas, y ahora preparaba su alma para presentarse ante Dios. Toda la familia estaba reunida alrededor de su cama. Algunos lloraban, y una de las hijas dirigía el rezo de los Misterios Dolorosos del Rosario.
El Padre Hans le administró la Unción de los Enfermos que recibió con plena conciencia y piedad. Pero al darle la Comunión, notó que por un error, había tomado dos partículas.
No era habitual en aquel tiempo consumir dos hostias al mismo tiempo, y además la pobre señora casi no las podría tragar. Eso contrarió un poco al sacerdote, pues tendría que devolver de nuevo a la iglesia el Santísimo Sacramento, por lo que debería regresar recogido, en oración, sin poder disfrutar de la primavera en el bosque.
Después de decir a la familia unas palabras de consuelo y esperanza, montó en su cabalgadura y se volvió rezando.
Mientras se acercaba al bosque, salió corriendo a su encuentro un joven leñador, gritando de lejos:
— ¡Un sacerdote! ¡Un sacerdote!
Llegando junto al caballo el muchacho le dijo:
— Señor Vicario, mi compañero de trabajo ha sufrido un accidente. Un árbol cayó sobre él. Se está muriendo y lo único que consigue hacer es pedir un sacerdote.
¡Venga pronto señor Vicario!
El Padre Hans comprendió entonces la razón de haber tomado dos partículas sin darse cuenta. ¡No fue un error! Fue la Divina Providencia que quería venir en ayuda de aquella alma en el momento supremo. El pobre muchacho se confesó con mucho esfuerzo, y recibió su última Comunión.
El sacerdote le preguntó, amablemente, si había hecho algo para merecer una gracia tan grande. El leñador respondió con la voz entrecortada:
— Oh, Padre… cada vez que pasaba un sacerdote llevando el Viático a alguien, rezaba un Ave María rogando a la Santísima Virgen la gracia de no morir sin confesarme y recibir la Sagrada Eucaristía en el último momento de mi vida. Y Ella, como madre que nunca deja de cumplir cualquier petición de sus hijos, me ha dado tal gracia. Que a usted también le ayude cuando llegue su hora.
Luego hizo una profunda inspiración y entregó su alma a Dios.
A la mañana siguiente el Padre Hans contó lo sucedido a los niños del catecismo, para enseñarles cual es el poder de un Ave María.
Y premió con una estampa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro a quién supo recitar de memoria esta hermosa parte de la oración de San Bernardo: “Acordaos oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido bajo vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos”…

jueves, 23 de julio de 2015

Diario de un penitente

Diario de un penitente
Un alma que, en lugar de desanimar al considerar su flaqueza, confió en la misericordia de Dios


Por: Redacción | Fuente: salvadmereina.co.cr 



En los países europeos, es muy común que las personas —desde las más elevadas, hasta simples campesinos— registren en un cuaderno los acontecimientos, las reflexiones o impresiones que más les llamaron la atención. Esos diarios constituyen, inclusive, una preciosa fuente de informaciones para los estudiosos, sobre todo los que se dedican a escribir lo que los franceses llaman de la petite histoire (la pequeña historia).
Hace más de diez años, oí de un ilustre conferencista brasileño la narración del hecho abajo transcrito, leída por él en un libro de un escritor francés.
Como turista inteligente, caminaba tranquilamente ese escritor por las calles de Roma, la “Ciudad Eterna”, sin un plan preconcebido, “sintiendo” los lugares densos en cultura y tradiciones, analizando los grandiosos monumentos, las pintorescas calles y plazas. Caminando, por así decir, sin rumbo, pasó por una de las innumerables iglesias de la ciudad pontificia y notó al acaso, grabada en la piedra, una inscripción que le despertó la curiosidad.
“¿Será el memorial del arquitecto que construyó el sagrado edificio? ¿O será obra de algún vándalo?” —pensó él.
Se aproximó, y desde el primer momento notó el detalle de la letra artísticamente diseñada. Leyó la primera frase:
“Hoy, 25 de agosto, pequé. Pero, gracias a Dios, ya me confesé”. Emocionado, el escritor constató que la inscripción era el “diario espiritual” de un pecador arrepentido y decidido a marcar en la piedra, para todos los siglos, su testimonio de lucha, humildad y gratitud. Seguía un igual gemido del alma: “Hoy, 26 de agosto, volví a pecar. Pero ya me confesé, gracias a Dios”.
Se sucedían así las frases, siempre iguales en la sustancia, con ligeras variaciones en la forma. Pero con un detalle importante: a medida que pasaba el tiempo, iba quedando mayor el período entre una caída y otra. De casi cotidianas al principio, pasaron a ser semanales, mensuales. Después, varios meses sin pecar. Por fin, nuestro turista-escritor llegó a su última frase, un verdadero grito de victoria y gratitud: “Hoy, 13 de marzo, hace un año que no peco. ¡Alabado sea Dios!”.
Conmovido hasta las lágrimas, tuvo él deseos de arrodillarse y besar aquella reliquia de un alma que, en lugar de desanimar al considerar su flaqueza, confió en la misericordia de Dios, perseveró en la oración, por la cual obtuvo las gracias abundantes para luchar con éxito hasta alcanzar la victoria completa. Bendito, ciertamente, es la sangre de los mártires derramada en el Coliseo y en tantos otros lugares de la Tierra.
Benditas también las confesiones grabadas en ese “diario” de piedra, las cuales nos traen vivamente a la memoria el libro “Confesiones”, del gran Doctor de la Iglesia, San Agustín.

lunes, 6 de julio de 2015

El perro y el conejo (Cuentos con moraleja)


Cuentos con moraleja: El perro y el conejo

Un señor les compró un conejo a sus hijos. A su vez, los hijos del vecino le pidieron una mascota a su padre. El hombre les compró un cachorro pastor alemán.
El vecino exclamó:
– ¡Pero el perro se comerá a mi conejo!
– De ninguna manera, mi pastor es cachorro. Crecerán juntos y serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. Ten por seguro que no habrá problemas.
Y parece que el dueño tenía razón. El perro y el conejo crecieron juntos y se hicieron amigos. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés.
Un viernes, el dueño del conejo se fue a pasar un fin de semana a la playa con su familia. El domingo por la tarde el dueño del perro y su familia estaban merendando, cuando entró el perro a la cocina. Traía al conejo entre los dientes, sucio de sangre y tierra, y además muerto. Le dieron tantos palos al perro que casi lo matan.
Decía el hombre:
– El vecino tenía razón, ¿y ahora qué haremos?
La primera reacción fue echar al animal de la casa como castigo, además de los golpes que ya le habían dado. Los vecinos volverían en unas horas de la playa y se encontrarían el desastre. Todos se miraban, como preguntándose qué hacer. Mientras, el perro lamía las heridas que le habían hecho sus amos de tantos palos.
Uno de ellos tuvo la siguiente idea:
– Bañemos al conejo, lo dejamos bien limpito, lo secamos con el secador y lo ponemos en su madriguera en el patio.
Así lo hicieron. ¡Qué bien había quedado! ¡Parecía vivo!, decían los niños.
Y lo llevaron al patio y lo pusieron a la entrada de su pequeña madriguera con las piernas cruzadas.
En esto que llegan los vecinos, y al poco se oyen unos gritos de sus niños. No habían pasado ni cinco minutos cuando el dueño del conejo toca la puerta de su vecino, algo extrañado.
– ¿Qué pasa? ¿Por qué tanto grito?, le dijo su vecino.
– El conejo murió.
– ¿Murió? –Pregunta, haciéndose el inocente.
– Sí, murió el viernes.
– ¿Murió el viernes?
– Sí, fue antes de que viajáramos a la playa. Mis hijos lo enterraron en el fondo del jardín, pero cuando hemos llegado de vuelta se lo han encontrado recostado a la entrada de su madriguera…
El gran personaje de ésta historia es el perro. Imagínate al pobrecito, desde el viernes buscando en vano por su amigo de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él? Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo.
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El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin verificar lo que ocurrió realmente. ¿Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones? Pensemos dos veces antes de emitir un juicio; y nunca saquemos conclusiones movidos por las apariencias.
El Señor hace dos afirmaciones que aparentemente son contradictorias; por un lado nos dice “no juzguéis y no seréis juzgados” (Lc 6:37); pero por otro lado también nos dice: “por sus obras los conoceréis” (Mt 7:20). En el fondo lo que el Señor nos quiere enseñar es que no hemos de ser precipitados en el juicio; sino que intentemos conocer bien todos los aspectos antes de pensar mal de una persona. Si sólo juzgamos por las apariencias, cometeremos muchos errores; y entonces, tendremos que pedir perdón en muchas ocasiones.
Padre Lucas Prados
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