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viernes, 11 de mayo de 2018

Así nacieron Sisters of Life, las Hermanas por la Vida: una reflexión en Dachau y un anuncio 10052018

Cien religiosas volcadas en las embarazadas asustadas y sus bebés

Así nacieron Sisters of Life, las Hermanas por la Vida: una reflexión en Dachau y un anuncio

Así nacieron Sisters of Life, las Hermanas por la Vida: una reflexión en Dachau y un anuncio
Muchas Sisters of Life son jóvenes, pero como congregación acumulan años atendiendo embarazadas

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10 mayo 2018
Las Hermanas por la Vida (sistersoflife.org) fueron fundadas en 1991, en Nueva York, por el cardenal John O’Connor. Su carisma es proteger y reforzar el carácter sagrado de toda vida humana. El digital francés La Nef entrevista a sor Maria Emmanuelde esta congregación, en Nueva York. Cuentan con más de 100 hermanas y comunidades en Estados Unidos y Canadá.

– ¿Qué fue lo que llevó al cardenal John O’Connor, arzobispo de Nueva York, a fundar las Hermanas por la Vida?
– Con ocasión de una visita al campo de concentración nazi de Dachau, monseñor John O’Connor introdujo sus manos dentro del horno crematorio de ladrillos rojos y "sintió las cenizas mezcladas del judío y el cristiano, del rabino, el sacerdote y el pastor". Exclamó: "Dios mío, ¿cómo pueden unos seres humanos hacer esto a otros seres humanos?". En ese momento recibió una gracia particular y juró que haría todo lo posible para proteger y reforzar el carácter sagrado de toda vida humana, sobre todo de los más vulnerables.

»Posteriormente, como arzobispo de Nueva York, intentó comprender por qué decenios de esfuerzos de almas dedicadas al movimiento provida no habían conseguido los resultados esperados. Meditó sobre este pasaje del Evangelio: "Esta especie sólo puede salir con la oración" (Mc 9, 28). Esto le inspiró para escribir un articulo en el periódico diocesano titulado: "Pedimos ayuda: unas Hermanas por la Vida", esperando que una comunidad con el carisma de proteger la vida humana pudiera ser fundada. Con gran sorpresa por su parte, recibió muchas cartas de mujeres interesadas en unirse a esta comunidad aún inexistente. Fue así como nacieron las Hermanas por la Vida el 1 de junio de 1991.


Sor Maria Emanuel explica el origen y carisma de las Sisters of Life

- ¿Cuál es la vocación de las Hermanas por la Vida? ¿Qué actividades concretas realizan en favor de la vida?
- Como dijo nuestro fundador: "¿Qué harán las hermanas por la Vida? Amarán. Amarán. Amarán". El corazón de nuestra vida es una relación de amor con la Santísima Trinidad, cultivada en la oración. Una Hermana por la Vida quiere ser como Nuestra Señora, que concibió a Jesús y se apresuró a ayudar a su prima Isabel. Del mismo modo, la vida de Dios en nuestras almas nos empujar a atender con premura a los vulnerables y necesitados, proclamando el carácter sagrado de su vida. Y lo hacemos acompañando a mujeres embarazadas vulnerables, algunas de las cuales viven con nosotras, las hermanas, en un entorno espiritual. Difundimos, a través de nuestro ministerio de retiro espiritual y de sensibilización de los jóvenes, el mensaje de amor de Dios. "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda" (Jn 6, 12). Con estas palabras, el cardenal O’Connor guió a las Hermanas por la Vida hacia un ministerio de reconciliación y de respeto por las mujeres y los hombres que sufren por la tragedia del aborto. Por último, las Hermanas viajan para dar conferencias sobre la belleza de la vida humana y el amor. El apostolado de la oración de intercesión es la expresión más reciente de nuestro carisma en favor de la vida.



- ¿Dónde están ustedes presentes? ¿Tienen algún proyecto de desarrollo en marcha? ¿Tienen vocaciones?
- Actualmente hay unas 100 hermanas en la comunidad, con conventos en Nueva York, Connecticut y, desde hace dos años, en Pensilvania, Colorado y Washington DC. Tenemos también un convento en Toronto, en Canadá. En los últimos años, hemos recibido un gran numero de vocaciones del otro lado del océano: Irlanda, España y Oceanía, además de nuestras hermanas americanas y canadienses. ¡Aún estamos esperando nuestra primera vocación francesa! ¡Sólo Dios sabe dónde estaremos en el futuro, pero el mundo está lleno de posibilidades!

- ¿Cuál es el principal perfil de las mujeres que acuden a ustedes, y cuántas de ellas deciden seguir adelante con el embarazo?
- Las embarazadas que nos contactan abarcan todo el espectro socio-económico, étnico y religioso. Muchas de ellas proceden de ambientes marginales. Una gran parte de las mujeres que ayudamos en Nueva York son hispanas o afroamericanas; también hay muchas inmigrantes. Algunas son mujeres que trabajan o estudiantes diplomadas. Lo que todas estas mujeres tienen en común, es el deseo de ser escuchadas, de volver a encontrar la esperanza.  Cuando se sienten comprendidas, la esperanza aparece de nuevo. Sostenidas emocionalmente y en lo concreto, la mayoría de ellas (más del 90 %) elige la vida.



- ¿Qué es lo que, al final, tiene más peso y persuade a estas mujeres de seguir adelante con el embarazo y no abortar?
- El cardenal O’Connor dijo a nuestras hermanas: "El miedo es lo que nos empuja a elegir la muerte en lugar de la vida". Una mujer que quiere abortar, y los que la empujan a ello, están movidos por el miedo. Nosotras nos esforzamos por explicar las numerosas razones de esperar, razones a la vez prácticas y arraigadas en la fe, para que la confianza y la esperanza puedan sustituir al miedo. Lo pedimos en la oración: porque cuando esta mujer sigue la gracia de Dios y la verdad grabada en su corazón, es capaz de superar sus miedos y de elegir la vida.

- ¿Mantienen ustedes el contacto después del nacimiento del niño? ¿Realizan un "seguimiento" de estas mujeres después del parto?
- La relación que se ha entablado con estas mujeres durante su embarazo no cesa después del nacimiento de su hijo. Seguimos estando presentes en la vida de aquellas a quienes servimos. Es hermoso ver cómo muchas relaciones perduran a lo largo de los años. Nos consideramos sus madres espirituales, y amamos y cuidamos de estas mujeres que Dios nos confía como si fueran nuestras hijas, lo que de alguna manera las ayuda a sanar su propia vocación a la maternidad.

- Algunos laicos colaboran con ustedes. ¿Qué papel tienen y que formación reciben?
- Cuando comenzamos nuestro ministerio con mujeres embarazadas en 1998, mucha gente nos contactó, deseosa de ayudarnos en nuestro trabajo. Fue así cómo se formaron los colaboradores por la vida. Son laicos que ayudan a construir una comunidad de apoyo alrededor de las madres a las que nosotras servimos: mujeres que ofrecen su amistad a una madre embarazada; médicos y abogados de nuestra confianza que nos ayudan con su asesoramiento, hombres que transportan las cunas y los muebles a los apartamentos de las mujeres a las que ayudamos; voluntarios que preparan galletas para "nuestras mamás". Y muchos más. Con el tiempo hemos desarrollado un "programa de formación", con el que instruimos a los laicos a servir a las embarazadas "con el corazón de Cristo". También hay retiros anuales, desayunos mensuales con conferencias y tiempo de adoración del Santísimo Sacramento.



- ¿Tienen ustedes contacto con los cónyuges de las futuras madres que se preguntan si seguir con el embarazo o no? ¿Suelen tener un papel más favorable al aborto o a llevar a término el embarazo?
- El apoyo del padre del niño es a menudo crucial para ayudar a la madre a elegir la vida. Si una mujer se tiene que enfrentar a un embarazo en situación de crisis, necesita que se le diga: "Podemos hacerlo juntos. Estoy aquí por ti".

»Aunque es cierto que algunos padres asumen dignamente esta responsabilidad, muchos no tienen la madurez y el altruismo necesarios para hacerlo. Por desgracia, a menudo es el padre del niño el que ejerce mayor presión para que la mujer aborte. A pesar de todo, hay situaciones hermosas en las que ves a la gracia actuando en el corazón de los padres.

»He visto a padres cambiar radicalmente cuando sus hijos han nacido, alcanzado niveles de virtud imposibles para ellos antes, y que tal vez nunca habrían alcanzado si su hijo no hubiera nacido.

- ¿Qué apostolado llevan a cabo con las mujeres que han abortado? ¿Ven en ellas el trauma? ¿Cómo pueden sanar ?
- Las estadísticas indican que, actualmente, en los Estados Unidos una mujer de cada cuatro ha abortado. Vemos muchas "víctimas" del aborto en nuestro apostolado de la Esperanza y la Sanación. Muchas de estas mujeres han vivido durante años, decenios incluso, ocultando su vergüenza y culpabilidad.

»Creen que no tienen derecho a sufrir así porque han llevado a cabo un acto legal, totalmente aceptado, pero que las ha traumatizado. Ayudamos a las mujeres a reconocer la gravedad de lo que ha pasado y, seguidamente, a precipitarse en los brazos amorosos de Jesús, que acoge a sus hijas con una misericordia desbordante en la intimidad de la adoración y la confesión. Algunos de nuestros colaboradores provida, los más entregados, con la mayor capacidad de compasión hacia los otros, nos han conocido precisamente a través de este ministerio.

- ¿Cómo ven ustedes la situación del combate por la Vida en los Estados Unidos y en el resto del mundo?
- En Estados Unidos estamos bendecidos por la gracia de Dios, con numerosos islotes donde la fe cristiana es fuerte y atrae a los jóvenes. Esto da fuerza a movimientos como el de 40 Days for Life, a las vigilas de oración delante de las clínicas abortivas, que se desarrollan y se extienden incluso al extranjero. Cientos de miles de jóvenes participan cada año en Washington en ocasión de la Marcha por la Vida.

»Existen redes de centros de maternidad que proporcionan una ayuda práctica a las mujeres embarazadas que dudan si seguir adelante con el embarazo. En este país y en el resto del mundo, incluso cuando parece que la cultura de la muerte gana terreno, sabemos que hay esperanza. Como nos recuerda uno de nuestros sacerdotes profesor: "Cristo ha resucitado; el Cordero está en el trono; se ha alcanzado la victoria".

(Testimonio recogido por Christophe Geffroy, publicado en La Nef en francés; traducción de Helena Faccia Serrano)



 

domingo, 24 de enero de 2016

En los bebés nacidos o por nacer vemos al Niño Jesús: Card. Dolan en Vigilia por la Vida 23012016

En los bebés nacidos o por nacer vemos al Niño Jesús: Card. Dolan en Vigilia por la Vida
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23 de Enero de 2016 / 0 Comentarios
 
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Washington (Sábado, 23-01-2016, Gaudium Press) Basando su homilía en un hecho real ocurrido en una parroquia de Queens, el Cardenal Timothy Dolan, Arzobispo de Nueva York, predicó a los asistentes a la Vigilia por la Vida celebrada en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington el pasado 21 de enero. "En el pequeño bebé, nacido o por nacer, vemos al Niño Jesús", expresó el purpurado.

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Cardenal Timothy Dolan, Arzobispo de Nueva York, Estados Unidos. Foto: George Martell/Pilot New Media
Los hechos ocurrieron en la Parroquia del Santo Niño Jesús en el barrio de Queens, en Nueva York. En este lugar apareció un niño recién nacido que fue abandonado en el pesebre del templo y encontrado a causa de sus llantos. El Cardenal Dolan refirió la historia de su madre, contada posteriormente de forma anónima a la prensa. La mujer relató que guardó su embarazo en secreto y cuando dió a luz sola en casa de su tía, llevó al niño a la parroquia, segura de la bondad de los sacerdotes y los fieles, sabiendo que su hijo estaría en buenas manos.
"Dios bendiga ese bebé, de quien he oído está bien y se ha llamado José por el padre adoptivo de Jesús", exclamó el Arzobispo, quien también alabó que la madre no hubiera cedido a la cultura de la muerte y hubiera elegido dar la vida a su hijo a pesar de su angustia. "Que Dios bendiga a la Parroquia del Santo Niño Jesús en Queens, por irradiar un espíritu de acogida, alegría, calidez y alcance tal que nuestra madre mexicana espontáneamente supo su bebé estaría a salvo allí", agregó. "¡Qué Dios bendiga esta cultura de la vida!".
El Cardenal expuso su preocupación sobre lo que había sucedido si esta madre hubiera acudido a una institución promotora del aborto o si no hubiera encontrado acogida en su parroquia local. "¡Que todas las parroquias de nuestra nación sean la Parroquia del Santo Niño Jesús!". El Arzobispo pidió a todos los fieles estar atentos a las necesidades de los demás, especialmente de las madres en gestación. A un tiempo con la oración y el ayuno, el purpurado pidió imitar a la próxima Santa Teresa de Calcuta, quien afirmaba ayudar a los pobres "porque en ellos veo la faz de Jesús".
Con información de Blog personal del Cardenal Dolan.


Contenido publicado enes.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/76165#ixzz3yCe2sezy
Se autoriza su publicación desde que cite la fuente. 

viernes, 6 de noviembre de 2015

El cardenal Dolan recuerda que no se puede acompañar sin convertir y elogia a la minoría fiel 05112015

Ofrecemos el texto íntegro de su importante carta pastoral sobre el sínodo

El cardenal Dolan recuerda que no se puede acompañar sin convertir y elogia a la minoría fiel

El cardenal Dolan recuerda que no se puede acompañar sin convertir y elogia a la minoría fiel
El cardenal Timothy Dolan se ha distinguido antes, durante y después del sínodo por su defensa de la fe de la Iglesia.

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5 noviembre 2015
El cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente de la conferencia episcopal de Estados Unidos entre 2010 y 2013, ha sido una de las figuras relevantes del pasado sínodo, donde fue uno de los firmantes de la carta de trece cardenales al Papa sobre la forma en la que se estaba intentando predeterminar el resultado de la asamblea sinodal.

Al regresar a su diócesis, escribió una carta pastoral bajo el título Señor, ¿a quién nos tenemos que dirigir? donde fija su posición sobre algunas cuestiones que han sido sujeto de debate.

Respecto a la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar por lo civil, afirma que "no pueden acceder a ella mientras continúe la segunda unión conyugal", lo cual "es consecuencia necesaria de las enseñanzas de Jesús sobre el divorcio y un nuevo matrimonio y de lo que enseñó San Pablo el Apóstol sobre estar en un estado de gracia para recibir la Sagrada Comunión... La Iglesia, si quiere permanecer fiel a la enseñanza de Cristo, no pueden admitirles a la Comunión".

Además, tomando una imagen del cardenal arzobispo de Toronto, Thomas Collins, invita a abordar la relación de la Iglesia con los fieles en dificultades según el modelo de Jesucristo con los discípulos de Emaús tras su Resurrección: "Acercarnos, acompañar, preguntar, escuchar, reprochar la falta de fe, enseñar la verdad del Evangelio, revelar a Cristo, devolver la esperanza, convertir, hacer volver a la Iglesia".

Dolan hace especial hincapié en que es obligado predicar la conversión: "Si sólo acompañamos y no convertimos, lo que estamos haciendo es simplemente caminar al lado de las personas más profundamente en la noche, lejos de la comunidad de fe de Jerusalén. Si sólo preguntamos y escuchamos, estamos escondiendo a las personas la noticia de la Salvación que puede sanarlas".

Y recuerda que, junto a estas personas que caminan en la oscuridad, hay "una nueva minoría" que, "confiando en la gracia y misericordia de Dios, luchan por la virtud y la fidelidad… Esta gente maravillosa se siente a menudo, hoy, una minoría, ciertamente en la cultura, pero a veces ¡incluso en la Iglesia!". Y muestra, con el sínodo, su "estima, apoyo y ánimo para quienes tratan de hacer todo lo posible para vivir a la luz del Evangelio… ¡y que lo consiguen! Esta nueva minoría no sólo necesita aliento, sino que ¡nos dan valor a todos! ¡Les agradecemos su testimonio! Nos confirman que el Evangelio no ha perdido su fuerza".

A continuación ofrecemos el texto íntegro de la carta en español.

SEÑOR, ¿A QUIÉN NOS TENEMOS QUE DIRIGIR?
Es bonito estar de vuelta en Nueva York después de casi cuatro semanas de estancia en Roma para el Sínodo de los Obispos sobre la Familia. He escrito algunos posts para manteneros informados sobre el sínodo, pero ahora que ya estoy de nuevo aquí quiero compartir con vosotros un informe más detallado.

¡He echado de menos Nueva York, pero el sínodo ha sido una gracia! Mencionaré tres de sus bendiciones particulares.

El Santo Padre
Siempre es un regalo estar con el Santo Padre, y en el sínodo hemos estado con él cada día. Escucharle nos ha reafirmado, pero la mayor parte del tiempo era él quien nos escuchaba y nos ha dado un gran ejemplo. El Papa Francisco nos ha invitado a hablar con libertad y ha sido muy generoso con su tiempo pues lo ha dedicado a escuchar lo que los participantes en el sínodo teníamos qué decir. Sabéis la felicidad que supuso para nosotros tener al Papa Francisco dos días con nosotros en Nueva York el mes pasado. Pues bien, estar con el Santo Padre cada día ha sido una bendición que no tenemos que subestimar.

La Iglesia universal 
“Católico” significa universal. La Iglesia que Jesús estableció no es para un tiempo o un lugar. Ciertamente, la Iglesia está presente en Nueva York en el siglo XXI, ¡pero la Iglesia no es sólo ésta! La Iglesia es universal, para cada tiempo y en cada lugar. Con los hermanos obispos, los representantes ecuménicos, los teólogos y los matrimonios de todas partes del mundo, el sínodo ha sido una experiencia muy viva de esta universalidad. En una ciudad como Nueva York a veces podemos pensar que nuestras prioridades son prioridades globales. ¡Un sínodo es una buena lección de humildad! Pertenecemos a la Iglesia; no somos toda la Iglesia. Por ello, cuando la cobertura del sínodo volvía una y otra vez sobre las mismas pocas cuestiones, fue positivo que se nos recordara, sobre todo por parte de las Iglesias que sufren y de las Iglesias jóvenes, que debemos mirar más allá de nuestras pequeñas preocupaciones. Las circunstancias del matrimonio y de la familia no son iguales en todas partes y el sínodo nos recuerda que tenemos que aprender de la experiencia de los otros, en lugar de conformar sus experiencias a nuestras categorías. Le doy gracias a Dios por el testimonio de esos católicos de lugares donde la Iglesia es joven y vibrante, especialmente de África; por el heroico testimonio de las familias católicas de lugares donde la Iglesia está sufriendo, como Ucrania y Oriente Medio; y por la Iglesia de Europa central y oriental, aún reconstruyéndose después de décadas de opresión soviética.

El testimonio de la vida familiar católica 
Nuestra tradición católica habla de la familia como "iglesia doméstica". Los primeros cristianos celebraban el culto en las casas, que eran llamadas "iglesias en casa". Estás no fueron sólo el lugar donde empezó la fe en la historia; es también dónde mejor empieza hoy, en familias felices donde los niños son educados en la fe por sus padres. La fe católica es una fe familiar. Dios, al principio, nos creó hombre y mujer, para que los dos unidos fueran una sola carne. Él ordenó a nuestros primeros padres que crecieran y se multiplicaran. ¡Dios empieza con la familia! Después de que el pecado dañara la creación Él vino para redimirnos y lo hizo a través de la Sagrada Familia. Ciertamente, en el sínodo ha habido desacuerdos, pero no eran desacuerdos sobre la importancia absolutamente esencial de la familia y su centralidad en el plan de Dios para nuestra salvación.

En la Iglesia, a menudo damos las gracias a los sacerdotes que llevan adelante su tarea, a los religiosos y religiosas cercanos a nosotros, a los docentes que se sacrifican en nuestros colegios, a la gran cantidad de voluntarios que, con gran generosidad, hacen todo el trabajo que no se ve en nuestras parroquias. ¡Somos tan amables que de vez en cuando le damos incluso a otros obispos una palmada en la espada! El sínodo nos recuerda que necesitamos dar las gracias a las madres y los padres que dan su vida en las iglesias domésticas, a esas familias que son el primer lugar donde se entrega la fe. Tal vez no les damos suficientemente las gracias. Escuchar a los impresionantes matrimonios que han dado su testimonio en el sínodo me ha recordado que debo dar gracias a Dios por las familias de la Iglesia de Nueva York y que también debo expresarles a ellas mi agradecimiento. ¡Que Dios bendiga vuestra vida familiar y os recompense por la generosidad con la que vivís vuestra vocación como discípulos en un santo matrimonio, como padres y madres, como progenitores e hijos, como abuelos y padrinos, como tíos y tías, como hermanos y hermanas!

Dos desafíos para el Sínodo 
Esos han sido tres puntos importantes del sínodo. Permitidme que ahora resalte dos desafíos que nos ha presentado.

Al ser el sínodo sobre la familia y al ser ésta fundamental para la fe, pues toca todos los aspectos de la vida, los debates del sínodo han tocado el corazón de lo que significa ser un discípulo de Nuestro Señor Jesucristo. En el sínodo se ha hablado mucho de "viajar juntos". No se nos pide ser discípulos en soledad; se nos pide seguir a Jesús juntos, en la Iglesia, y esto es un viaje. No se nos pide permanecer dónde estamos, sino seguir a Jesucristo adonde Él quiera llevarnos, en última instancia al Cielo, para contemplar la santidad del Nuestro Padre en compañía de los santos para la eternidad, tal como recordaremos el fin de semana del 1 y 2 de noviembre, Fiesta de Todos los Santos y de Todos los Difuntos respectivamente. En el corazón del sínodo se planteaba una pregunta fundamental: por la gracia de Dios Padre, ¿seguimos siendo capaces de hacer esto?

Después de haber dedicado más de un año a rezar, pensar y debatir sobre la familia en dos sínodos de los obispos, quiero compartir con vosotros dos desafíos que, en mi opinión, resumen la situación a la que se enfrenta la Iglesia cuando anima a una vida familiar católica feliz, santa y saludable.

El desafío del camino total de Emaús 
En el sínodo sobre la familia del año pasado, varios padres propusieron el método de Jesús en el camino de Emaús como modelo para el acompañamiento de la Iglesia a la familia. ¿Os acordáis de la historia? Tal como relata el evangelio de Lucas, cap. 24, dos discípulos estaban abandonando Jerusalén la noche del Domingo de Pascua tras ser testigos de la crucifixión el Viernes Santo. Estaban desanimados. Habían perdido la esperanza. Habían oído a otros decir que Jesús había resucitado, pero consideraban la noticia demasiado absurda para ser verdad. Cristo Resucitado se acercó a ellos vestido como un viajero y les preguntó porqué estaban tan tristes. Luego les devolvió la esperanza tras abrirles los ojos con Su presencia en las Escrituras y en la Eucaristía.

Me ha entusiasmado oír, tanto el año pasado como éste, la referencia a Emaús. Cuando llegué a Nueva York, en la misa de investidura se leyó la historia evangélica de Emaús. En esa primera homilía en la catedral de San Patricio expresé mi deseo de que la Quinta Avenida se convirtiera en un camino de Emaús, en el que los discípulos pudieran encontrar a Jesús para que les devolvería la esperanza. No mucho tiempo después de mi llegada, el Consejo de Iglesias me dio una imagen del camino de Emaús haciendo su entrada en Manhattan. Guardo ese regalo como un tesoro.

Uno de los discursos más reveladores del sínodo ha sido el del cardenal Thomas Collins, de Toronto, hablando precisamente sobre Emaús. Así nos ha descrito el enfoque de nuestro Señor Jesucristo:

“Primero, Jesús se acercó y acompañó a sus apesadumbrados discípulos mientras caminaban en la dirección equivocada, hacia la noche. Empezó a plantearles preguntas sobre su disposición actual y les escuchaba, pero no se quedó en esto, sino que les desafió con la Palabra de Dios: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas’ (Lucas 24, 25). Su presentación de la visión objetiva de la Escritura atravesó el ensimismamiento subjetivo de los discípulos y, junto a Su amorosa presencia, les llevó de nuevo a la conversión. Los discípulos de Emaús aceptaron la Palabra de Dios que les había desafiado y… cambiaron de dirección. Y con corazones ardientes atravesaron corrieron la noche hacia Jerusalén para ser testigos gozosos con la comunidad allí reunida”.

El cardenal Collins ha sido una buena guía. Jesús se acerca, los acompaña con Su amorosa presencia y les pregunta sobre su situación. Él escucha su experiencia y les reprende por sus errores. Él les enseña la verdad sobre las Escrituras y se revela a Sí mismo en la Eucaristía. Así, Él restablece su esperanza y los guía hacia la conversión.

Ya conversos, los discípulos ¡vuelven corriendo a Jerusalén para ocupar su lugar con los otros discípulos en la Iglesia naciente! ¡Estaban "en el camino errado"! ¡Él "les hizo volver atrás"! 

"Estamos llamados a acompañar a la gente con una compasión que desafíe y que lleve a la conversión y a un corazón ardiente por Cristo", nos ha dicho el cardenal Collins. "Los pastores que diariamente acompañan a su grey en su lucha deben imitar a Jesús en el camino a Emaús y con claridad y caridad deben predicar la conversión, fundamento del mensaje liberador de Jesús: ‘Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado’ (Mateo 4, 17)".

¿Puedo proponer un desafío para la Iglesia de Nueva York después del sínodo para la familia?

¡Imitemos plenamente a Emaús!

Muchos de los desacuerdos en el sínodo sobre la atención pastoral de la familia han surgido porque hemos ofrecido una experiencia parcial de Emaús a quienes, desalentados, caminan en la noche. Pero Jesús no quiere un Emaús parcial para Su gente; no es lo que los pastores de la Iglesia estamos llamados a ofrecer. Si sólo acompañamos y no convertimos, lo que estamos haciendo es simplemente caminar al lado de las personas más profundamente en la noche, lejos de la comunidad de fe de Jerusalén. Si sólo preguntamos y escuchamos, estamos escondiendo a las personas la noticia de la Salvación que puede sanarlas. Si sólo reprochamos, entonces afligimos aún más a los que ya sufren. Si sólo enseñamos la verdad objetiva de las Escrituras, fracasamos en mostrar lo que es la buena nueva para cada alma en particular. Si llevamos a las personas a la Eucaristía sin primero prepararlas para la conversión que tendrá lugar a lo largo del camino, entonces no serán transformadas por la revelación de Cristo. No estoy diciendo que hacer todo lo que hizo Jesús en el camino de Emaús sea fácil; y puede suceder también que ofrecer una experiencia total de Emaús no sea bienvenida. Nuestro desafío es intentar hacer lo máximo. Esta es nuestra misión, como pastores y como discípulos: acercarnos, acompañar, preguntar, escuchar, reprochar la falta de fe, enseñar la verdad del Evangelio, revelar a Cristo, devolver la esperanza, convertir, hacer volver a la Iglesia.

Durante el sínodo, los medios de comunicación han prestado mucha atención al acceso a la comunión de las personas que tras contraer un matrimonio sacramental válido se divorcian y se vuelven a casar por lo civil. (Aunque en realidad este tema candente apenas ha dominado el Sínodo, contrariamente a lo que ha pasado en los medios de comunicación). La práctica de la Iglesia desde tiempos inmemoriales -confirmada recientemente y de manera clara por San Juan Pablo II tras el sínodo para la familia de 1980, y renovada por el Papa Benedicto XVI tras el sínodo para la Eucaristía en 2005-, es que no pueden acceder a ella mientras continúe la segunda unión conyugal. Es consecuencia necesaria de las enseñanzas de Jesús sobre el divorcio y un nuevo matrimonio y de lo que enseñó San Pablo el Apóstol sobre estar en un estado de gracia para recibir la Sagrada Comunión. Las propuestas finales del sínodo de los obispos no alteraron esta enseñanza.

Los católicos que están en este tipo de situación suelen cargar una cruz muy pesada y pueden sentirse como los discípulos tristes camino de Emaús. Pero la Iglesia, si quiere permanecer fiel a la enseñanza de Cristo, no pueden admitirles a la Comunión. El sínodo no ha cambiado nada de esto, a pesar de lo que se haya podido leer en informes descabellados. Pero al mismo tiempo, el sínodo ciertamente no les dejará vagabundeando en la noche y solos, sin la comunidad de los discípulos. Al contrario, necesitamos ofrecerles lo que Jesús les ofreció: el Emaús total, con la confianza de que ellos también serán capaces de convertirse, de que ardan sus corazones con la esperanza renovada, dispuestos a volver a la Iglesia reunida en el Piso de Arriba en Jerusalén. ¡Y acogiéndoles y dándoles la bienvenida!

El desafío del Piso de Arriba 
Debemos aprender de lo que Jesús hizo ese primera noche de Pascua. No sólo estaba en el camino de Emaús. En la gloria de Su cuerpo resucitado, primero se reveló a las mujeres que fueron a la tumba y después a Pedro, el primero de los apóstoles. Por la noche, Él también estaba con los discípulos que no entraron en la noche, que no abandonaron el Piso de Arriba. No eran perfectos, no entendían todo, tenías dudas y cometían errores, pero estaban donde se suponía que tenían que estar: juntos, esperando la confirmación de las asombrosas noticias traídas por Santa María Magdalena, ¡que el Señor había resucitado de verdad!

No todo el mundo está en el camino de Emaús, caminando hacia la noche. Hay algunos que intentan heroicamente permanecer con esa "pequeña Iglesia", incluso detrás de puertas cerradas por miedo a lo que puede significar ser conocido como un seguidor de Jesús en la ciudad. Hay algunos que, por gracia de Dios, no salen de Jerusalén sino que luchan por permanecer, a pesar de las muchas dificultades, en compañía de los santos, tal como los primeros cristianos se llamaban entre ellos. Jesús les acompañaba. Lo mismo debe hacer Su Iglesia.

Esta es la razón de mi post sobre la nueva minoría. El sínodo ha resaltado que tenemos que consolar a los afligidos. También nos ha recordado que tenemos que pensar en todos los que necesitan ser acompañados. Perdonen que cite lo que he escrito sobre la nueva minoría:

"Un tema muy vivo y consistente del sínodo ha sido el de la inclusión. La Iglesia, nuestra familia espiritual, acoge a todos, sobre todo a los que se sienten excluidos. Entre estos, según he oído comentar a algunos padres sinodales y observadores, están los solteros, los que sienten atracción hacia el mismo sexo, los divorciados, los viudos, los que acaban de llegar a un nuevo país, los minusválidos, los ancianos, los que están recluidos en casa, los minorías étnicas y raciales. Nosotros, en la familia de la Iglesia, los amamos, les damos la bienvenida, los necesitamos".

¿Puedo sugerir también que hoy hay una nueva minoría en el mundo, e incluso en la Iglesia? Estoy pensando en aquellos que, confiando en la gracia y misericordia de Dios, luchan por la virtud y la fidelidad: las parejas que, considerando el hecho de que en Norteamérica sólo la mitad de nuestra población se casa sacramentalmente, se acercan a la Iglesia para dicho sacramento; las parejas que, inspiradas por la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio para siempre, han perseverado a pesar de las pruebas; las parejas que dan la bienvenida a muchos hijos como dones de Dios; los hombres y las mujeres jóvenes que han decidido no vivir juntos hasta el matrimonio; los hombres y mujeres gay que quiere vivir en castidad; las parejas que han decidido que la esposa sacrifique una carrera profesional prometedora para quedarse en casa y educar a los hijos… Esta gente maravillosa se siente a menudo, hoy, una minoría, ciertamente en la cultura, pero a veces ¡incluso en la Iglesia! Creo que hay muchos más de los que pensamos, pero dada la presión ejercida hoy, a menudo se sienten excluidos.

¿De dónde reciben el apoyo y el valor? ¿De la televisión? ¿De las revistas y los periódicos? ¿De las películas? ¿De Broadway? ¿De sus contemporáneos? ¡Para nada!

Se dirigen a la Iglesia y a nosotros en busca de apoyo y valor, de un cálido sentimiento de inclusión. ¡No podemos abandonarles!

Me alegra de que el informe final del sínodo refleje una gran mejoría respecto alInstrumentum laboris, en parte porque expresa estima, apoyo y animo para quienes tratan de hacer todo lo posible para vivir a la luz del Evangelio… ¡y que lo consiguen! Esta nueva minoría no sólo necesita aliento, sino que ¡nos dan valor a todos! ¡Les agradecemos su testimonio! Nos confirman que el Evangelio no ha perdido su fuerza.

Uno de los encuentros más exitosos de la archidiócesis es el que tiene lugar los sábados por la noche en una parroquia en el centro de la ciudad: atrae a miles de jóvenes adultos que rezan antes de la Eucaristía, se confiesan, cantan y acompañan a otros con los quecomparten profundos valores católicos en una cultura y una ciudad que puede ser claramente antagonista. El nombre de sus reuniones es revelador: ¡Catholic Underground! ¡Esta es la nueva minoría que da a su obispo tanta esperanza! ¡Ojalá su tribu aumente!

Todos los Santos: la fiesta de la Santidad de la Familia
Escribo estas líneas unos días antes de que celebremos una de las grandes solemnidades del año litúrgico, la Festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Ese domingo celebraremos a un gran número de santos, imposibles de enumerar, que están en el cielo. No han sido canonizados oficialmente, pero son tan santos como María Magdalena o la Madre Teresa. Los conocemos íntimamente, pues entre ellos están nuestros abuelos y padres fallecidos, nuestros parientes y amigos, nuestros pastores y feligreses. Todos los Santos es la festividad de la santidad ordinaria y la gran mayoría de esos "santos ordinarios" son santos de la familia: matrimonios, madres y padres.

¿Puedo hacer una petición a todos los sacerdotes de la archidiócesis para el domingo que viene? Por favor, ¡elevad en vuestra oración la vocación por la santidad de la familia! Es una realidad en nuestras parroquias, no sólo en el pasado, sino en el presente. Hoy es posible porque Dios llama a las parejas casadas y a los hijos a la santidad en la vida familiar y cuando Dios llama también concede la gracia necesaria.

Queridas familias: haced que este domingo sea vuestra festividad, la fiesta de la santidad de la familia. ¡Podéis ser santos! La Iglesia confía en vosotras. ¡Ninguno de vosotros ha recibido un bautismo de segunda clase!

Ya estéis en el camino de Emaús o en el Piso de Arriba, sabed que el Resucitado está en medio de vosotros, que Él se une a vosotros en la mesa de Emaús, que entra por las puertas de vuestras casas, que Él está con vosotros hoy para que un día vosotros estéis con Él para siempre como santos en el cielo.

En el corazón del sínodo se planteó una pregunta que la Iglesia tiene que responder en cada época y en cada lugar. ¿Seguimos creyendo que lo que Jesús nos propone es posible? ¿Seguimos confiando que lo que recibieron de Dios los santos, los confesores de la fe y los mártires que nos precedieron -la capacidad de santidad heroica- es posible también para nosotros hoy? ¿Seguimos creyendo que la salvación ofrecida por el Resucitado es real? ¿Seguimos teniendo la capacidad de vivir la alegría del Evangelio?

Se habló mucho sobre misericordia y verdad en el sínodo. Misericordia y Verdad, ambas vienen de Dios, por lo que no pueden estar en conflicto. En la conclusión de su encíclica sobre la ley moral, Veritatis splendor, el Papa San Juan Pablo II vuelve la discusión hacia la misericordia. La vida moral y la experiencia de misericordia no se oponen. Como conclusión de este informe sobre el sínodo, quiero citar las palabras del gran Papa de la misericordia, San Juan Pablo II:

"A veces, en las discusiones sobre los nuevos y complejos problemas morales, puede parecer como si la moral cristiana fuese en sí misma demasiado difícil: ardua para ser comprendida y casi imposible de practicarse. Esto es falso, porque -en términos de sencillez evangélica- consiste fundamentalmente en el seguimiento de Jesucristo, en el abandonarse a Él, en el dejarse transformar por su gracia y ser renovados por su misericordia, que se alcanzan en la vida de comunión de su Iglesia" (119).

La sencillez del Evangelio; el discipulado; transformados en el camino a Emaús; vivir la comunión de la Iglesia en el Piso de Arriba; renovados por Su misericordia. ¡Todo esto es la historia del sínodo sobre la familia!

¡Rezad por nuestro Santo Padre, que ha guiado a la Iglesia a través del camino sinodal!

¡Rezad por mí y por todos los participantes al sínodo, para que seamos distribuidores de la gracia que recibimos en Roma con Pedro y bajo Pedro!

¡Rezad por las familias de la archidiócesis, cuyos miembros están llamados a ser los santos del siglo XXI!

¡Jesús, María y José, Sagrada Familia de Nazaret, rezad por nosotros!

¡Todos vosotros, hombres y mujeres, santos de Dios, rezad por nosotros!

Publicado en Catholic New York.
Traducción de Helena Faccia Serrano, diócesis de Alcalá de Henares.