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domingo, 10 de septiembre de 2023

Santos del día 11 de septiembre

 

Santos del día 11 de septiembre
Tertio Idus septembris
En Roma, en el cementerio de Basila, de la vía Salaria Antigua, sepultura de los santos mártires Proto y Jacinto, a quienes el papa san Dámaso, después de recuperar sus túmulos ocultos bajo tierra, dedicó unos versos, y donde, quince siglos más tarde, se encontró el sepulcro intacto de san Jacinto y su cuerpo abrasado. († s. III)
En la antigua ciudad de Turico, entre los helvecios, santos mártires Félix y Régula. († s. inc.)
Conmemoración de san Pafnucio, obispo en Egipto, que fue uno de aquellos confesores que en tiempo del emperador Galerio Maximino fueron torturados sacándoles el ojo derecho, desjarretándoles la panto-rrilla izquierda y condenados luego a las minas. A pesar de ello, pudo asistir después al Concilio de Nicea y no cejó de luchar denodadamente por la fe católica contra el arrianismo. († s. IV)
En Lyon, de la Galia, san Paciente, obispo, que, movido por la caridad, distribuyó gratuitamente alimentos por todas las ciudades a orillas del Ródano y del Saona, ayudando a los pueblos oprimidos por el hambre. Ejerció el apostolado por doquier, para conversion de herejes y cuidado de los necesitados. († c. 480)
En París, también en la Galia, tránsito de san Sacerdote, obispo de Lyon, que vivió en el amor y temor de Dios, y murió en aquella ciudad durante un concilio. († 552)
En la isla de Bardsey, en el litoral de Cambria septentrional, san Daniel, obispo y abad de Bangor. († c. 584)
En el monasterio de Luxeuil, en Burgundia, tránsito de san Adelfio, abad del monasterio de Remiremont, que lloró profusamente por una disensión de menor importancia. († c. 670)
En Toul, de Austrasia, san Leudino o Bodón, obispo, que estando casado se hizo monje, y después también su esposa Odila, aconsejada por él, abrazó la vida monástica. († a. 680)
En el monasterio de Aulinas, en la Calabria, san Elías, conocido con el sobrenombre de «Espeleota», insigne promotor de la vida eremítica y cenobítica. († 960)
En Nagasaki, en Japón, beatos Gaspar Koteda, catequista, y los niños Francisco Takeya y Pedro Shichiemon, mártires, cuyos padres habían sufrido igualmente el martirio el día anterior. Todos ellos, allí mismo y con igual firmeza, sufrieron por Cristo idéntico suplicio de decapitación. († 1622)
En Roma, beato Buenaventura de Barcelona (Miguel) Gran, religioso de la Orden de Hermanos Menores, que, amante de la observancia regular, instituyó conventos para retiros espirituales en muchos lugares del territorio romano, y mostró siempre máxima austeridad de vida y caridad para con los pobres. († 1684)
En el litoral de Francia, cerca de Rochefort, en una nave anclada en el mar, beato Francisco Mayaudon, presbítero y mártir, que, encarcelado en tiempo de la Revolución Francesa por ser sacerdote, murió finalmente en ese barco-prisión, consumido por agotamiento físico. († 1794)
En Wuchang, en la provincia de Hebei, en China, san Juan Gabriel Perboyre, presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, que, dedicado a la predicación del Evangelio según costumbre del lugar, durante una persecución sufrió prolongada cárcel, fue atormentado y, finalmente, colgado en una cruz y estrangulado. († 1840)
En Barcelona, en España, beato Pedro de Alcántara (Lorenzo) Villanueva Larráyoz, religioso de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios y mártir, que por su condición de religioso obtuvo el martirio durante la despiadada persecución religiosa de aquel tiempo. († 1936)
En la localidad de Genovés, de la provincia de Valencia, también en España, beato José María Segura Penadés, presbítero y mártir, que derramó su sangre por Cristo en la misma persecución. († 1936)
En Los Areneros, en Oviedo, Asturias, beato Antonio González Alonso, laico perteneciente a la Adoración Nocturna, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la contienda civil. († 1936)
En Sant Coloma de Gramenet, Barcelona, España, beato Joan Roig Diggle, mártir en la persecución religiosa que acompañó la guerra civil. († 1936)
En Pozo Cantavieja, en la provincia española de Almería, beato Fernando De Pablos Fernández, religioso de la Orden de Predicadores y mártir, víctima de la cruel persecusión religiosa que acompañó a la Guerra Civil Española. († 1936)
En Krasica, Croacia, beato Francisco Juan Bonifacio, presbítero y mártir. († 1946)

domingo, 31 de mayo de 2020

Visitación de la bienaventurada Virgen María (31 de mayo)

Visitación de la bienaventurada Virgen María

fecha: 31 de mayo
fecha en el calendario anterior: 2 de julio
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, con motivo de su viaje al encuentro de su prima Isabel, que estaba embarazada de un hijo en su ancianidad, y a la que saludó. Al encontrarse gozosas las dos futuras madres, el Redentor que venía al mundo santificó a su precursor, que aún estaba en el seno de Isabel, y al responder María al saludo de su prima, exultante de gozo en el Espíritu Santo, glorificó a Dios con el cántico de alabanza del Magníficat.
Oración: Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Los evangelios son catequesis, la catequesis de la primera Iglesia, fijada y puesta como norma de toda transmisión de la fe para los tiempos futuros, como son los nuestros. Si bien cabe la posibilidad de centrar nuestra atención en los detalles «biográficos» de la vida de Jesús y de los suyos, y para ello no tengamos otro remedio que leer los evangelios como recuerdos histórico-biográficos (ya que son nuestra única fuente primaria, o al menos la más completa en este punto), lo cierto es que leyéndolos así los desnaturalizamos y empequeñecemos. Y no porque la historia, «lo que pasó», no sea importante -¡en definitiva, somos seres históricos, heredamos historia, hacemos historia, y dejamos historia en herencia!-, sino porque en los evangelios, como catequesis que son, «lo que pasó» está al servicio de anunciar lo permanente, algo que no va a caducar ni cambiar (como lo hacen los hechos de la historia): la buena noticia de quién es Jesús.
Tal ocurre con esta escena de la Visitación. podríamos pasarnos horas y días tratando de reconstruir «lo que pasó», incluso podríamos partir de la historia de la Visitación para admirarnos de cómo «movida por la caridad, María no se detuvo ante las dificultades y peligros del viaje desde Nazaret de Galilea hasta el sur de las montañas de Judea...» (Butler) o ditirambos semejantes; pero, ¿le haríamos justicia a lo que san Lucas nos enseña en este pasaje? Y cuando la liturgia nos propone la Visitación como centro de la meditación orante de la Iglesia, ¿le hacemos justicia quedándonos en una vaga evocación biografista de lo singular que fue que la Virgen emprendiera semejante viaje?
A través del «elogio» de la fecha, el Martirologio (y con él la liturgia del día) pone su acento en lo que realmente estamos celebrando, en lo que de verdad evocamos en esta fecha:
Fiesta de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, con motivo de su viaje al encuentro de su prima Isabel, que estaba embarazada de un hijo en su ancianidad, y a la que saludó. Al encontrarse gozosas las dos futuras madres, el Redentor que venía al mundo santificó a su precursor, que aún estaba en el seno de Isabel, y al responder María al saludo de su prima, exultante de gozo en el Espíritu Santo, glorificó a Dios con el cántico de alabanza del Magníficat.
Ese «con motivo de» marca el tono peculiar de esta fiesta: no es el viaje como tal el centro, no es el esfuerzo de la Virgen, no es la lejanía del lugar, no es ni siquiera el encuentro de las dos mujeres el centro, sino que el centro está en que «al encontrarse gozosas ... el Redentor santificó a su precursor», y que «al responder María ... glorificó a Dios». El centro de toda esta fiesta está puesto en dos focos: el Redentor y Dios, rodeados, evocados, celebrados en María.
Los exégetas bíblicos están en general de acuerdo en que el modo como san Lucas narra esta escena no sólo no tiene ningún punto casual o meramente anecdótico, sino que cada pequeña expresión está al servicio de evocar algún aspecto del Antiguo Testamento, según el modo propio de la catequesis de la primera Iglesia, en la que el Antiguo Testamento mostraba el modelo (el «typos») de la actuación de Dios en la historia, y por lo tanto, comprender cualquier personaje, situación o significado de la Nueva Alianza -incluido al propio Jesús- equivalía a encontrar en el Antiguo Testamento un modelo para ello.
Y así, por ejemplo, el «Magnificat» es, si se me permite el retruécano, un magnífico cántico, pero lo es más todavía no por su originalidad, sino precisamente porque no es del todo original, sino que quiere ser una evocación de muchos textos del AT, pero principalmente del «Cántico de Ana» de 1Samuel 2,1-10. Es posiblemente difícil para nosotros, ávidos de novedad y que incluso juzgamos que algo tiene más valor precisamente y porque es «nuevo» y «original», vibrar con esta pasión de la Biblia por la «repetición»: ésa es, para la catequesis bíblica, la mejor garantía, el sello de Dios: que lo que ocurre ya ha ocurrido, y se realiza así en nuestra cambiante historia la permanencia de Dios. Por eso es tan difícil partir de la Biblia para conocer la historia, porque cuando nosotros nos preguntamos «qué pasó», en realidad queremos decir: «¿qué tuvo este hecho de diferente a todos los demás hechos de la historia?», mientras que la Biblia se empeña en mostrarnos lo que es, a través de y en el prisma de lo que fue una vez, y otra vez, y otra vez.
Podemos gozar mucho de lo que transmite la historia de la Visitación si la leemos, por ejemplo, a través del prisma de 2 Samuel 6. Posiblemente el versículo 9 de esa historia sea uno de los motores generadores de ésta. Se pregunta David: «¿Como voy a llevar a mi casa el arca de Yahveh?»; se pregunta Isabel: «¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?». No se trata de una mera repetición (incluso están invertidas, llevar-venir) sino de una repetición tipológica: en el arca de la Alianza la primera Iglesia vio anunciado el misterio de cómo Dios se presenta en medio de su pueblo, a la vez patente y oculto: Dios está, pero hay que hacer algo para poder verlo. «¡Bendita tú entre las mujeres!», dice Isabel; y con sólo esa frase, san Lucas abre un espejo en el cual contemplamos la densidad tipológica de María en el Antiguo Testamento; la misma frase la encontramos en Jueces 5,24 y sobre todo la alabanza de Judith (es decir, «la Judía» por antonomasia): «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, Creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos.» (Judit 13,18). «Cortar las cabezas», ¡qué feo suena!, pero de eso trata la Visitación, como nos lo anuncian sus relatos-espejo: en lo oculto de Jesús se ha dado ya el golpe mortal al poder y la soberbia, a la suficiencia que traen las riquezas, se ha inaugurado por fin el auténtico reinado de los pobres de Dios: en Jesús, oculto en María pero visible a los que se dejan inundar por el Espíritu, Dios «derribó a los poderosos de su trono».
Y concluye esta visita, para que no queden dudas de que comprender la Visitación consiste en escudriñar las promesas antiguas, con un festivo «...como había anunciado a nuestros padres, en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.». Y al igual que «El arca de Yahveh estuvo en casa de Obededom de Gat tres meses, y Yahveh bendijo a Obededom y a toda su casa» (2Samuel 6,11), así también María estuvo en casa de Isabel tres meses antes de volver a su tierra.
Bibliografía: lo mejor es sentarse con una buena Biblia que tenga referencias marginales (como Biblia de Jerusalén o cualquier otra similar) e ir siguiendo en el Antiguo Testamento los trazos de la escena. Se puede profundizar en el valor y los límites de la tipología de esta escena a través de, por ejemplo, «El nacimiento del Mesías», de Raymond Brown. Cualquier comentario bíblico a Lucas (el viejo o el nuevo «Comentario Bíblico san Jerónimo», por ejemplo) trata los puntos de contacto del Magnifiocat y de toda la escena con los libros de Samuel.
El cuadro es la «Visitación» de Max Reichlich, de 1511, que se encuentra en la Alte Pinakothek, de Munich.
Abel Della Costa
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viernes, 6 de marzo de 2020

Santos del día 6 de marzo

Santos del día 6 de marzo
Pridie Nonas martii
En Tortona, en el Piamonte, san Marciano, venerado como obispo y mártir.
En Nicomedia, de Bitinia, san Victorino, mártir.
En Tréveris, en la Galia Bélgica, san Quirico, presbítero.
Conmemoración de san Evagrio, obispo de Constantinopla, que, desterrado por el emperador Valente, descansó en el Señor como confesor eximio.
En Toledo, en Hispania, san Julián, obispo, que reunió tres concilios en esta ciudad y expuso con escritos la doctrina ortodoxa, dando muestras de caridad y celo por las almas.
En Säckingen, entre los helvecios, san Fridolino, abad, al cual, oriundo de Irlanda, peregrinó por Francia hasta que en esta localidad fundó un doble monasterio en honor de san Hilario.
En Metz, en Austrasia, san Crodegango, obispo, que dispuso que el clero viviese como tras los muros de un claustro, bajo una ejemplar regla de vida, y promovió de modo admirable el canto en la Iglesia.
En Siria, pasión de cuarenta y dos santos mártires, que, apresados en Amorío de Frigia y llevados al río Éufrates, recibieron en glorioso combate la palma del martirio.
En Barcelona, ciudad de Cataluña, en el Reino de Aragón, san Olegario, obispo, que asumió también la cátedra de Tarragona al ser esta antiquísima sede liberada del dominio de los musulmanes.
En Viterbo, en la Toscana, beata Rosa, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que, asidua en las obras de caridad, a los dieciocho años de edad consumó prontamente el breve curso de su vida.
En Gante, en Flandes, santa Coleta Boylet, virgen, quien durante tres años llevó una austerísima vida encerrada en una pequeña casa junto a la iglesia, y después, tras profesar en la Regla de san Francisco, recondujo muchos monasterios de Clarisas a la forma primitiva de vida, insistiendo principalmente en el espíritu de pobreza y de penitencia.
En Buenos Aires, Argentina, beata María Antonia de Paz y Figueroa, conocida popularmente como "Mama Antula", laica, incansable predicadora, fundadora de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales.