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miércoles, 29 de abril de 2020

Santos Jasón, Sosipatres, Cercyra, y compañeros mártires.(29 de abril)

Santos Jasón, Sosipatres, Cercyra, y compañeros mártires.

Santos Jasón y Sosipatres.
Santos Jasón y Sosipatres.

De varios en un grupo.

Santos Jasón, Sosipatres, Cercyra y compañeros mártires. 29 de abril.

Jasón y Sosipatres fueron los apóstoles de Corfú, donde habían dedicado la primera iglesia, en honor a San Esteban Protomártir (26 y 27 de diciembre; 2 de agosto, traslación de las reliquias de Jerusalén a Constantinopla; 7 de mayo, traslación de las reliquias de Constantinopla a Roma; 3 de agosto, Invención de las reliquias; y 20 de abril, con San Lorenzo, en Roma). Cuando fueron arrestados, hallaron en la prisión a siete ladrones llamados Saturnino, Iniscol, Faustiano, Genaro, Massal, Eufrasio y Mammio, que estaban allí por sus crímenes Los dos santos predicaron a Cristo a los ladrones, que se convirtieron a la fe, pidiendo perdón por sus muchos crímenes. Fueron bautizados y alcanzaron la palma del martirio por no cejar en su nueva fe, siendo metidos vivos en agua hirviendo.

Cuando torturaban a Jasón y Sosipatres, la princesa de la isla, llamada Cercyra vio desde su ventana la constancia en la fe y la alegría de los dos santos, y quiso ser cristiana también. Su padre entonces la encerró en una torre y le prendió fuego, pero ella salió ilesa, lo cual convirtió a muchos a Jesucristo. La ató el padre entonces a un árbol y mandó que la asaetearan, alcanzando la santa virgen el martirio. Los que se habían convertido por su testimonio escaparon a una isla vecina, pero el rey les persiguió, aunque su barco se hundió en el mar. Su sucesor fue benévolo con los cristianos y Jasón y Sosipatres pudieron predicar el cristianismo en paz, hasta los días de su vejez. Pero luego de su paso al cielo, la persecución se desató de nuevo y muchos padecieron el martirio, entre ellos los cristianos Zenón, Eusebio, Neón y Vital.

En la tradición griega, estos Jasón y Sosipatres son los mencionados en Romanos 16, 12; Hch 17, 5, y Hch 20, 4., y que serían discípulos de Jesucristo y parientes de San Pablo. En las diversas iglesias son celebrados a 28 de abril, 10 de noviembre o 4 de enero. Lo más probable es que aunque todos estos mártires estén agrupados en una sola historia, pertenezcan a diversos tiempos y persecusiones. En cuanto a la historia de la princesa mártir, los estudiosos creen que es una alegoría de la conversión de la isla de Corfú que, adivinen, en origen se llamaba así: Cercyra. El tiempo y la leyenda la habrían personificado convirtiéndola en una mártir.

Fuente:
http://www.orthodox.net

A 29 de abril además se celebra a
San Gombert de Avenay, duque, monje y mártir.
Santa Endelienta, eremita y mártir.

lunes, 20 de abril de 2020

San Servan de Culross, obispo. (20 de abril)

San Servan de Culross, obispo.

Apóstol de Armórica.

TAGS:
San Servan. Iglesia de San Malo, Bretaña.
San Servan. Iglesia de San Malo, Bretaña.
San Servan de Culross, obispo. 20 de abril, 1 de julio (en Escocia), y Domingo de la Ascensión.
Vivió en el siglo V y fue duque de la región de Fife, Escocia, y fue ordenado obispo de Culross por San Paladio (7 de julio), luego que el papa San Celestino I (6; 8, Iglesia Oriental; 9 de abril y 27 de julio) enviara a este último a evangelizar Gran Bretaña e Irlanda. Fue un gran apóstol, convirtiendo a muchos paganos a la fe de Cristo, estableciendo iglesias y santuarios. Una leyenda le hace maestro de San Kentigern Mungo (13 de enero), pero este en realidad vivió en el siglo siguiente. Otra leyenda le hace un príncipe judío, hijo de un rey de Canaán, que convertido al cristianismo, llegó a Armórica para predicar la fe de Cristo, pero esto es una confusión con la leyenda de San Servacio (13 de mayo). Su culto está establecido en algunas regiones de Bretaña y Escocia.

A 20 de abril además se celebra a
Santa Hildegundis de Shönau, virgen cisterciense.
San Teodoro Trichinas, ermitaño.

martes, 10 de marzo de 2020

San Simplicio, papa (10 de marzo)


San Simplicio, papa

fecha: 10 de marzo
†: 483 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, san Simplicio, papa, el cual, mientras los bárbaros devastaban Italia y la Urbe, confortó a los afligidos y fortaleció la unidad y la fe de la Iglesia.

San Simplicio, sucesor de San Hilario en el trono pontificio, gobernó a la Iglesia desde el año 468, durante un período especialmente difícil. Todas las provincias occidentales, excepto Italia, habían caído ya en manos de los bárbaros, que eran en su mayoría paganos y, durante el pontificado de san Simplicio, Roma estuvo ocupada por Odoacro, rey de los hérulos y el imperio de Occidente dejó de existir. El pueblo, abrumado por los impuestos de sus gobernantes romanos y despojado por las incursiones de los bárbaros, opuso apenas resistencia a los conquistadores que, por lo menos, tenían el mérito de no cargarle de tributos. San Simplicio hizo cuanto pudo por remediar la miseria de la población y por sembrar entre los bárbaros la semilla de la fe.
Por otra parte, tuvo que hacer frente en el Oriente a la influencia de la herejía monofisita. El santo Pontífice reivindicó el valor de los decretos del Concilio de Calcedonia contra los que querían suprimirlos y trabajó con todas sus fuerzas por mantener viva la fe. Intervino con firmeza frente a las pretensiones de la sede de Constantinopla, que quería limitar la primacía de Roma sólo a Occidente, y disminuir la importancia de los otros patriarcados, dejando a Constantinopla como primada del Oriente, en base al Canon 28 del Concilio -que ya el Papa León había rechazado-, que la Sede Romana no ratificó.
Murió el año 483 y fue sepultado en San Pedro. Podrían escribirse muchas páginas sobre la vida de san Simplicio, ya que su influencia se dejó sentir tanto en los asuntos de la Iglesia, como en los de la política de la época; pero sobre su vida personal, sólo sabemos algunas generalidades. Por otra parte, apenas hay pruebas de que se le haya tributado culto.
Ver Líber Pontificális (Duchesne), vol. I pp. 249-251; Hefele-Leclercq, Conciles, vol. II pp. 912-930; y el excelente artículo de J. P. Kirsch en Catholic Encyclopedia; hay una buena traducción castellana del artículo de Kirsch. Artículo del Butler con el agregado de algunos datos tomados de Mathieu-Rosay, Historia de los Papas, Rialp, pág 82.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedido 2057 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_832

sábado, 1 de febrero de 2020

San Sigeberto III, rey (1 de febrero)


San Sigeberto III, rey
fecha: 1 de febrero
n.: c. 630 - †: 656 - país: Francia
canonización: culto local
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Metz, en Austrasia, el santo rey Sigeberto III, que fundó los monasterios de Stavelot y Malmedy, así como muchos otros, y se distinguió por su liberalidad en hacer limosnas a las iglesias y a los pobres.
refieren a este santo: San Amando de Maastricht

Nace hacia el 630 del rey de los francos Dagoberto I (600-639) y de la reina Regintrude. Por motivos políticos de la época, Dagoberto I entregó al hijo, un niño de cuatro años, la corona del reino de Austrasia en el 634, con Metz como capital, confiando la custodia y educación al obispo san Cuniberto de Colonia Agrippina -es decir Colonia- y al duque Adalgiso.
Unos decenios antes, en el 613, el reino Merovingio había comenzado su decadencia con la subdivisión en los cuatro reinos de Burgundia, Neustria, Aquitania y Austrasia, enfrentados entre sí. Y aun en el 641, a los 11 años, Sigeberto III se vio envuelto en una desafortunada guerra contra Turingia, mientras que desde el 643 vio crecer el poder del mayordomo de palacio Grimoaldo. Los mayordomos eran, en época merovingia, los maestros de palacio con funciones de primer ministro, y en la práctica eran quienes gobernaban, siendo los reyes en realidad «rois fainéants» (reyes no-hace-nada).
En este contexto histórico, poco se sabe de Sigeberto III. Estuvo casado con Inechilde, con quien tuvo una hija, Blethilde, y un hijo, Dagoberto II, su sucesor. Siempre apareció como rey ensombrecido, sin poder efectivo, dedicado sobre todo a obras de piedad y beneficiencia. De los documentos que han llegado hasta nosotros se recoge con certeza que fue fundador de los monasterios de Cugnon, Stavelot-Malmédy, y San Martín en Metz, aunque la tradición habla de que fue fundador de doce monasterios.
Bajo su reinado el cristianismo se difundió profundamente en Austrasia, y él mismo protegió y favoreció las actividades de los santos obispos Amando y Remaclo. En una carta escrita al obispo de Cahors, Desiderio, Sigeberto le cuenta que la paz es estable en su reino, y que su mirada estaba puesta en una vida vivida en gracia de Dios, en la paz de su pueblo, y en la santidad. El papa Martín I pidió a Sigeberto ayuda contra la herejía monotelita que venía de Bizancio.
El santo rey murió con apenas 26 años, el 1 de febrero del 656 en Metz, y fue sepultado en el monasterio de San Martín que él mismo había fundado. Su culto surgió cuando en 1063 sus reliquias fueron recuperadas en el mismo monasterio a causa del derrumbamiento de la cripta, pero fue un siglo más tarde, en el 1170, cuando las reliquias fueron "elevadas", es decir, depositadas en un altar, y por tanto consideradas oficialmente (en las costumbres de la época) como de un santo.
Con la definitiva destrucción del monasterio, en 1552, las reliquias fueron llevadas al convento de San Jorge, en Nancy. Luego los duques de Lorena, que se consideraban sucesores del santo rey, fomentaron su culto, nombrándolo en 1742 patrono del Ducado, y trasladando sus reliquias a la catedral de Nancy, ciudad de la que es patrono hasta hoy. Sin embargo buena parte de estas reliquias fueron quemadas en 1797, en la Revolución, y las que sobrevivieron se dispersaron por distintas ciudades francesas. Es invocado para la resolución de conflictos políticos y contra el mal tiempo.
Artículo traducido para ETF -con algunos cambios- de uno de Antonio Borrelli.
fuente: Santi e Beati
accedido 1762 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_404

sábado, 7 de diciembre de 2019

Santas Elfriede, Edith y Sabina de Caëstre, princesas mártires. (8 de diciembre)

Santas Elfriede, Edith y Sabina de Caëstre, princesas mártires.

Las Santas Princesas.
Las Santas Princesas.

Varias leyendas, pero una certeza: mártires de Cristo.

Santas Elfriede, Edith y Sabina de Caëstre, princesas mártires. 8 de diciembre.

Su leyenda es bastante confusa, pues existen al menos dos versiones de esta. La primera dice que eran tres hermanas, hijas de un rey escocés. Fueron en una peregrinación a Roma y cuando regresaban fueron sorprendidas por los vikingos en Caëstre, la actual Francia, lindando con la actual Bélgica, donde fueron asesinadas por ser cristianas, en 819.

La segunda versión cuenta que las tres princesas eran inglesas, pero hijas de reyes distintos de Britania, en la que aún había siete reinos. Mientras ellas eran conversas a la fe de Cristo, sus padres aún eran paganos. Las tres tenían comunicación entre sí y habían convenido mantener su virginidad y consagrarse a Cristo juntas en un monasterio, pero sus respectivos padres les buscaron esposo a cada una. Sin embargo, las muchachas huyeron y tomaron el velo en un monasterio, del que huyeron cuando supieron que sus pretendientes las buscaban para hacerlas regresar. Cruzaron el mar y se internaron en los bosques del norte de Francia, construyendo una ermita en la dicha ciudad de Caëstre. Pero allí las encontraron los príncipes, y como no pudieron hacerles renegar de su fe ni hacerlas volver para casarse, las decapitaron.

Los cuerpos quedaron abandonados, pero la Santísima Virgen se apareció a un caballero ciego, revelándole lo ocurrido y encargándole enterrara y diera culto a las tres mártires. El caballero siguió la voz de la Virgen, encontró los santos cuerpos, tocó sus ojos manchados de la sangre martirial y recuperó la visión. Enterró a las mártires en su ermita y comenzó a venerarlas. Desde el siglo IX sí que consta una capilla, hoy iglesia parroquial, dedicada a su memoria en dicho sitio y donde se veneran algunas de sus reliquias.

Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
A 8 de diciembre además se celebra a Santos Cazarie, reclusa, y Valente, obispo; esposos.

jueves, 5 de diciembre de 2019

San Sabas. Cada año hacía el ayuno de Jesús de 40 días en el desierto (5 de diciembre)

San Sabas. Cada año hacía el ayuno de Jesús de 40 días en el desierto

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San Sabas se hizo monje a los 18 años. En repetidas ocasiones, San Sabas pasó 40 días ayunando en el desierto donde ayunó Jesús

  
San Sabás, también conocido como San Sabas el Santificado, fue un monje Capadocio-Sirio, sacerdote y santo que vivió principalmente en Palaestina Prima y fue el fundador de varios monasterios, especialmente el conocido como Mar Saba, así como también construyó dos hospitales.

Fiesta: 05 de Diciembre

Martirologio romano: San Sabas Godo, se hizo monje a los 18 años y a los 50 años fue ordenado Sacerdote (año 519) y nombrado jefe de todos los monjes de Tierra Santa, destacando por su radical oposición al monofisismo y al origenismo

Biografía de San Sabas.

San Sabas nació en Turquía en el año 439. Su padre era comandante del ejército, quien partió a lejanas tierras y lo dejó confiado a un tío. Pero este lo trataba muy mal y el niño de ocho años se fue donde otro tío. Mas el segundo peleó con el primero exigiendo que le debían pasar a él la herencia del niño si querían que lo educara. Entonces, el joven Sabas, amigo de la paz, se fue a un monasterio.
Luego de un tiempo allí, se fue a Jerusalén para ser discípulo de los monjes anacoretas. A varios kilómetros de Jerusalén se hizo una celda, cerca de otros monjes y se dedicó a una vida de oración y penitencia.
El más estricto y santo de los monjes de los alrededores, San Eutimio, lo invitó a irse a pasar los 40 días de la cuaresma en el desierto donde ayunó Jesús, y a dedicarse allí a ayunar ellos también.
San Sabas empezó con gran fervor, pero a los pocos días cayó desvanecido de tanta sed, a cause del intenso calor. San Eutimio oró con fe, y apareció por allí cerca un nacedero de agua y así logró no morir de deshidratación.
Después de muerto San Eutimio, Sabas repitió muchas veces en su vida, la práctica de pasar los 40 días anteriores a la Semana Santa, ayunando en el desierto donde ayunó Jesús. Es una terrible penitencia que sólo resisten quienes tienen una gran resistencia física.
San Sabas pasó cuatro años seguidos en el desierto sin hablar con nadie. Pero luego empezaron a llegar monjes a pedirle que los dirigiera hacia la santidad y se dedicó a ayudarles a conseguir la perfección.
Llegó a guiar a 150 monjes en la proximidad del Mar Muerto. Como por allí faltaba el agua, un día el santo, al observar los movimientos de un asno, mandó excavar en ese sitio y apareció una fuente de agua que dio de beber a muchas gentes por siglos.
Cuando tenía 50 años, San Sabas fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de Jerusalén y nombrado jefe de todos los monjes de Tierra Santa.

San Sabas construyó dos hospitales.

San Sabas, a pesar de su predilección por el total aislamiento del mundo, no rehuyó sus compromisos sacerdotales.
Fundó otros monasterios, entre ellos uno en Emaús, y tomó parte activa en la lucha contra la herejía de los monofisitas, llegando al punto de movilizar a todos sus monjes en una expedición para oponerse a la toma de posesión de un obispo hereje, enviado a Jerusalén por el emperador Anastasio.
Ante el emperador de Constantinopla, San Sabas puso en escena una representación de mímicas para demostrar con la evidencia de las imágenes coreográficas la triste condición del pueblo palestino agobiado por pesados impuestos y uno en particular, que perjudicaba a los comerciantes, pero sobre todo al pueblo.
San Sabas llegó a dirigir personalmente a muchísimos monjes y entre sus dirigidos hay cinco santos canonizados (San Juan Damasceno, San Teodoro y otros más).
A los noventa y cuatro años de edad, siendo famoso en todo Oriente, y habiendo gastado gran parte de su vida en oración, meditación y dirección espiritual, murió el 5 de diciembre del año 532.
Cuando murió, toda la región quiso honrarlo con espléndidos funerales. En Roma, en el siglo VII, por obra de los monjes griegos surgieron sobre el monte Aventino un monasterio y una basílica dedicados a su memoria, del que toma el nombre el barrio.

San Sabas, Abad. (5 de diciembre)

San Sabas, Abad.

Abad, taumaturgo y martillo de herejes.

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San Sabas.
San Sabas.
San Sabas, Abad. 5 de diciembre.

Nació el santo en 439, en Mutalasca, Cesarea de Capadocia. Sus padres, Juan y Sofía eran nobles y virtuosos. Cuando Sabas tenía 5 años su padre, que era oficial del emperador Valentiniano III, hubo de ir a Alejandría a sofocar una revuelta, y su mujer le siguió. Dejaron al pequeño Sabas con Hezmias, su tío materno, el cual tenía una mujer insoportable y que hizo sufrir mucho al niño. Así pasaron tres años, hasta que Sabas escapó de casa de su tío y se fue a Escandes, donde vivía Gregorio, su tío paterno. Esto provocó una pelea entre las dos familias, no por cuidar del niño, sino por administrar sus bienes. Viéndose Sabas en medio de todo aquello, con solo 10 años comprendió la vanidad del mundo, sus lazos y ambiciones y se escapó al monasterio de Flaviano, cerca de su aldea natal. Aunque era pequeño, los monjes vieron en él un porte inocente y una sencillez que les hizo admitirle al monasterio y sin darle el hábito aún, accedieron a educarle. Pasó el tiempo y sus tíos se reconciliaron, y quisieron que saliera del monasterio. Pero Sabas quiso completar su educación, y además, cuando llegó a la juventud manifestó que quería dedicarse a la oración y la penitencia como monje.

A los 18 años Sabas pidió permiso a su abad para visitar los Santos Lugares. El abad, que sabía que aquello no venía de la vana curiosidad y confiaba en la integridad de Sabas, le permitió hacer el viaje. En 457 llegó a Jerusalén, donde vivió en el monasterio de San Pasarion, donde mucho le quisieron e intentaron que se quedara con ellos. Visitó a San Eutimio el Grande (20 de enero), donde este santo abad le tomó mucho cariño y le recomendó que visitara a San Teoctisto (4 de enero) en su monasterio y allá se fue Sabas. A Sabas le gustaba el recinto, pues era un monasterio donde cada monje vivía separado por completo, y solo se compartía la oración. Este era un monasterio donde se vivía la Regla con total observancia, el trabajo en silencio, la oración en común y en privado, la comida era frugalísima. Así que Sabas quiso vivir allí un tiempo, y todos encantados. Pronto fue el primero de todos en la observancia y en la caridad con los hermanos, sobre todo con los ancianos.

Allí vivió el santo durante casi 5 años, en esa paz que da el servicio divino cuando sucedió que le nombraron compañero de un monje en un viaje a Alejandría. En la ciudad encontró a sus padres, que le reconocieron a pesar de los años y lo macilento de su rostro, por la austeridad y penitencias. Su madre hizo todo lo posible para volverle al mundo, prometiéndole amor, bienes, honor y algún ventajoso matrimonio. Ruegos, lágrimas y amenazas… nada pudo doblegarle. Y aún dijo el santo a su padre: "Si las leyes de la guerra castigan con tanto rigor a los desertores, ¿qué castigo no ha de esperar de Dios el que abandonaba su servicio?". Con esta respuesta sus padres quedaron muy edificados y conscientes de que su hijo era un santo, se encomendaron a sus oraciones y le dejaron servir a Dios.

En 469 murió Teoctisto y Eutimio aconsejó a Sabas que se retirase a una soledad más estricta aún. Así que Sabas se alejó de los monjes y vivía en una cueva durante cinco días tejiendo cestos y orando. Solo dormía tres horas, para volver a la oración. El sábado llevaba sus cestos a los monjes, estaba con ellos por la tarde y el domingo oraban todos juntos. Cada año San Eutimio lo llevaba consigo al desierto de Ruban, donde se creía que Cristo había pasado sus cuarenta días de desierto. Partían el 14 de enero y allí estaban hasta el Domingo de Ramos, cuando volvían luego de pasar una austerísima cuaresma en ayuno casi total y penitencia extrema.

En unos años la relajación hizo presencia en el monasterio de San Teoctisto y Sabas, que ya tenía 35 años, se alejó de allí enseguida, yéndose al desierto, cerca del monasterio de San Gerásimo (4 y 20 de marzo, Iglesias Griegas), donde se retiró a una cueva. Allí le atacó el demonio sin piedad, tentándole, golpeándole, apareciéndose en formas horribles, haciendo ruidos para que no durmiese lo poco que lo hacía. Pero Sabas le vencía una y otra vez a fuerza de oración y penitencia. En 478 Sabas buscó aún una soledad mayor, y la halló entre las rocas del monte donde antes había vivido San Teodosio el Cenobiarca (11 de enero). Solo se elimentaba de las raíces que hallaba entre los riscos y bebía agua de una fuente que estaba a dos leguas. Se descolgaba diariamente por una cuerda que había trenzado iba a la fuente, bebía y volvía a su retiro. Un día unos transeúntes vieron la cuerda, subieron por ella y le hallaron en oración, y admirados de su penitencia, comenzaron a visitarle frecuentemente. Al poco tiempo ya eran cientos los que le pedían consejo, oraciones y escuchaban sus palabras santificantes.

Y comenzó a tener discípulos, a pesar de sus deseos de soledad, y cuando comprendió era voluntad divina fundase monasterio, consintió en levantar una capilla en medio de las cuevas, con un altar en ella para que los domingos un sacerdote subiera a cantarles misa. Porque entre ellos no había sacerdote alguno. Es que Sabas tenía un alto concepto del sacerdocio y por eso no se consideraba digno de serlo, y además, tampoco quería lo fuesen sus monjes, a los que quería como simples siervos de Cristo y no como presbíteros con cargos y dignidades. Algunos discípulos se quejaron ante San Salustio de Jerusalén (3 de marzo), el obispo, el cual les citó a todos para tomar cartas en el asunto. Los monjes díscolos pensaban que el obispo iba a destituir a Sabas como superior, pero el obispo lo que hizo fue ¡ordenar presbítero al santo!, juzgando, con razón, que en aquellas soledades, al menos un sacerdote debían tener. Y dijo a los monjes: "este es vuestro Superior: no han sido los hombres, sino Dios quien lo ha puesto en este oficio. Yo no he hecho otra cosa, que pres tar mis manos al Espíritu Santo para conferirle el Sacerdocio. Honradlo como a vuestro padre, y obedecedle como a vuestro Superior". Esto fue en 491.

Entre los que fueron sus discípulos más fieles estuvo San Juan Silenciario (13 de mayo), el cual fue guiado a las lauras de Sabas por una misteriosa luz. Sabas le recibió, pero antes de armitirle en el monasterio, le encomendó los trabajos más penosos, como tirar las inmundicias, servir a los enfermos y besarles las llagas, acarrear piedras y cubas de agua, lo que hacía Juan siempre sin quejarse. Fue Juan mayordomo o provisor del monasterio, y a los cuatro años de su llegada quiso Sabas ordenarle presbítero también. Pero el santo se negó rotundamente, pues él era nada menos que obispo de Culoaia, de donde había escapado. Dios reveló a Sabas el por qué no podía ser ordenado presbítero, pues ya lo era, y Sabas se postró a los pies de Juan llamándole padre y prometiéndole no revelar su secreto.

Tuvo el santo la dicha de ver a su madre unos años después, cuando esta, ya viuda y anciana, fue a visitarle a su monasterio. Murió en sus brazos la santa mujer y Sabas, con el dinero que su madre le había dejado, edificó una hospedería para los monjes de paso y un hospital a los pies del monte, para los peregrinos. Además, fundó otra laura para educar a los jóvenes que se preparaban para ser religiosos, la cual podría decirse fue la primera Casa Noviciado conocida. Como la fama de Sabas crecía entre los monjes, muchos querían aprender de él y muchos monasterios querían seguir su modo de vida, el obispo Elías de Jerusalén le nombró Exarca, o superior de todos anacoretas que habitaban los desiertos. Algunos no aceptaron aquella tutela, que no entraba en el gobierno interno de los monasterios, y promovieron litigios. Sabas entonces se retiró a un alejado desierto, donde tenía por techo únicamente una palmera. Allí esperaba no lo hallasen y no le volviesen a hablar de mandatos y prioratos, pero le hallaron y le devolvieron a su monasterio. Una segunda huida, y de nuevo al monasterio. Entonces, para acabar con los problemas, aceptó que los monjes y anacoretas rebeldes fundasen su propio monasterio, fuera de su exarquía, para lo cual él les proveyó de lugar y algunos bienes. Y todos en paz.

En estos años se desató la herejía nestoriana, por lo que Sabas estaba alerta permanentemente, no fuera que la herejía inficionase alguno de sus monasterios. Por esta razón visitaba frecuentemente los recintos bajo su exarquía. Y efectivamente, en algunos de esos viajes convirtió a algunos nestorianos o eutiquianos que hallaba por el camino. Y aunque amaba el retiro y detestaba los asuntos del mundo, hasta dos veces viajó a Constantinopla para enfrentarse al emperador Anastasio, que favorecía a los herejes y llegó a desterrar al obispo Elías de Jerusalén. Con solo su presencia redujo la necedad imperial, contuvo a los eutiquianos y animó a los católicos a permanecer firmes en la verdadera fe.

Una tercera vez viajaría, esta vez a Cesarea de Palestina, para poner por obra en los monasterios y las iglesias los edictos del Concilio de Constantinopla, y eso a pesar de que tenía 80 años y estaba muy debilitado por las penitencias. Y aún en 529, con 90 años, viajó por tercera vez a Constantinopla a defender a los católicos de Palestina, que habían sido calumniados ante el emperador Justiniano. Este quedó satisfecho y se prendó de la santidad de Sabas, accediendo a su ruegos de edificar un hospital en Jerusalén, que reparase algunas iglesias y edificar una muralla alrededor de su laura, para que los eremitas estuvieran a salvo de forajidos. Una anécdota dice que, estando en una reunión con el emperador, tocaron a Tercia y Sabas se levantó sin más para ir a la oración. El monje que le acompañaba le preguntó discretamente si pensaba dejar al emperador plantado en medio de la audiencia. Y Sabas le respondió en voz alta: "lo que pienso es que es hora de Tercia, y que Dios me quiere más en otra parte que aquí". Y salió tranquilamente rumbo a la iglesia.

De su vida monástica se cuentan muchas anécdotas que resaltan su amor a la Regla, a la caridad, su extrema obediencia, penitencia y ascetismo. Una narra que, habiendo un día tomado una manzana del huerto común, le dio tanta vergüenza haberlo hecho, que no solo no la comió, sino que jamás volvió a probar fruta alguna. Era sobrio en todo. Comer, dormir, hablar… todo su día era una oración constante, incluso cuando trabajaba, como enseñan las costumbres monásticas. Otra anécdota, con ese sabor de la sabiduría de los Padres, cuenta que yendo con un monje de camino, al pasar junto al río Jordán, vio venir a dos mujeres. Desde su juventud Sabas jamás había mirado a mujer alguna al rostro, imponiéndose siempre la mortificación de mirar al suelo. Queriendo saber si su compañero igualmente cuidaba su pureza, le dijo: "Que pena de señorita esa. Tan joven y le falta un ojo". El monje replicó: "la he mirado al pasar y está perfecta, no le falta ojo alguno". Y Sabas le reprendió acerca de lo importante de cuidar la modestia para preservar la inocencia, y para que la ejercitase, le envió a un desierto solitario, para que se acostumbrara a ello. Sabido es que Dios le concedió al santo el don de milagros, pues más de una vez multiplicó el pan para los pobres y para los monjes. En una ocasión en que no tenían ni para celebrar misa, San Juan Silenciario, a la sazón ecónomo suyo, le advirtió que no podían celebrarla, y Sabas levantó los ojos al cielo y clamó al cielo. En ese instante una recua de treinta mulas llegaron al monasterio cargadas de pan.

Finalmente, en 531, con 92 años, Sabas supo por revelación que su fin estaba cercano. El patriarca de Jerusalén le llevó consigo, para cuidarle bien, pero una vez que obedeció, Sabas quiso regresar a su celdita, donde no tenía nada de distracción, y se dispuso a morir, o mejor dicho, a vivir para siempre. Subió al cielo el 5 de diciembre del mismo año, y se le sepultó en medio del monasterio, luego de sentidos funerales al que asistieron muchos obispos, presbíteros y fieles. Su cuerpo se venera en la iglesia principal de su laura. En el siglo XII los cruzados se trajeron algunas reliquias a Venecia, donde aún se veneran, y otras reliquias se veneran en la iglesia que el santo tiene dedicada en Roma.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo XV. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

A 5 de diciembre además se celebra a San Gerbold de Bayeux, obispo.

lunes, 2 de diciembre de 2019

San Silverio, papa mártir (2 de diciembre)


San Silverio, papa mártir

fecha: 2 de diciembre
fecha en el calendario anterior: 20 de junio
†: 537 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la isla de Palmarola, de la Liguria, tránsito de san Silverio, papa y mártir, el cual, al no querer rehabilitar a Antimo, obispo herético de Constantinopla depuesto por su predecesor san Agapito, por orden de la emperatriz Teodora fue privado de su sede y enviado al destierro, donde murió agotado por los sufrimientos.
Silverio, hijo del papa san Hormisdas (pero que no gobernó inmediatamente después de él), no era más que un subdiácono el 22 de abril del año 536, día de la muerte del pontífice san Agapito I, en Constantinopla; pero en aquella fecha, Teodato, el rey ostrogodo de Italia, que temía la aparición de un candidato bizantino, le obligó a ocupar el cargo de Obispo de Roma. A pesar de semejante imposición, el clero romano aceptó de buen grado a Silverio, después de su consagración. La emperatriz Teodora le escribió inmediatamente para pedirle que reconociese a los monofisitas Antino y Severo como patriarcas de Constantinopla y Antioquía respectivamente; el Papa Silverio repuso con una rotunda negativa, aunque expresada con gentil lenguaje diplomático, y se afirma que, al sellar el sobre con la carta de respuesta, declaró que acababa de firmar su sentencia de muerte. Estaba en lo cierto: Teodora era una mujer implacable que no toleraba la oposición; aunque sí sabía aguardar una oportunidad para castigarla.
El general ostrogodo Vitiges, en su intento por tomar Roma, llegó hasta los suburbios y los arrasó; en la ciudad, el Papa y los miembros del senado, para evitar la catástrofe, abrieron sus puertas a un enemigo de los ostrogodos, el guerrero bizantino Belisario; y entonces se le presentó a Teodora su oportunidad. Primero se valió de la astucia: fraguó una carta en la que el Papa Silverio aparecía como un traidor en tratos con los godos y la hizo circular. Sin embargo, aquella estratagema fracasó y, entonces, la emperatriz recurrió a la violencia: el papa Silverio fue secuestrado y conducido hasta Patara de Licia, en el Asia Menor. Durante el día siguiente al del rapto, el bizantino Belisario, presionado por su esposa Antonina, proclamó Papa al diácono Vigilio, el candidato designado por la emperatriz Teodora. Así dio principio un período funesto para el papado.
En apariencia, se había mantenido en la ignorancia al emperador Justiniano de lo que sucedía en Roma; pero en cuanto el obispo de Patara le entrevistó para informarle con lujo de detalles, no pudo por menos que tomar cartas en el asunto: mandó que se hiciera una investigación y que Silverio partiese inmediatamente a Roma para hacerse cargo de la sede. Tan pronto como el Papa tocó tierras de Italia, los partidarios de Vigilio le cerraron el paso y lo capturaron. Antonina, la esposa de Belisario, ansiosa por halagar a Teodora, convenció a su marido para que ordenase a los captores del Papa que hicieran lo que buenamente les pareciera con el cautivo. En consecuencia, Silverio, vejado y golpeado por la soldadesca, fue escoltado hasta la solitaria isla de Palmarola, en el Mar Tirreno, frente a Nápoles y abandonado allí a su suerte. Pocos días más tarde, en aquella isla, o quizá en la vecina de Ponza, murió el papa a causa de los malos tratos recibidos y la falta de recursos en aquella soledad. De acuerdo con Liberato, quien escribió lo que había oído decir, murió de hambre; pero Procopio, un cronista contemporáneo de Silverio, asegura que el papa fue asesinado al llegar a la isla por uno de los soldados, que llevaba instrucciones de Antonina en este sentido. Como quiera que haya sido, a san Silverio se le conmemora como mártir.
No se ha puesto en claro cómo fue regularizado el nombramiento de Vigilio a la Sede Pontificia; pero sí se sabe que, tan pronto como ocupó el trono de San Pedro, su protectora, la emperatriz, dejó de favorecerlo, en vista de que se mostraba reacio a apoyar sus intrigas en favor de los monofisitas, se proclamó partidario de la ortodoxia e hizo todo lo que podía esperarse de un papa.
Véase el Liber Pontificalis (ed. Duchesne), vol. I, pp. 290-295, donde el editor, en su introducción (pp. 36-38), señala que hay una curiosa diferencia de tono, entre la parte más antigua y la posterior de ese escrito. Duchesne saca la conclusión de que fue recopilado por dos escritores distintos y que el primero era hostil a Silverio y el segundo le tenía simpatía. Las otras fuentes de información tienen una notable escasez de datos, pero a falta de algún material mejor, no son despreciables: el Breviarium, de Liberato; el De Bello Gothico, de Procopio; y los documentos de Vigilio en el libro de Mansi, Concilio, vol. IX. Ver también «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pág. 93, reproducida aquí. Otra biografía, con cita de fuentes, puede leerse en el artículo de J.P. Kisrsch en la Catholic Encyclopedia, que puede leerse traducido.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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