Mostrando entradas con la etiqueta Santiago apóstol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago apóstol. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de enero de 2020

Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago en España 02 de enero

02 de enero: Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago en España

En la noche del 2 de enero del año 40, cuando la Virgen María aún estaba viva se produjo su primera aparición; Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”.

Fue así que surgió la Advocación de la Virgen del Pilar en España, y posteriormente, sus milagros y su tumba fueron los artífices del Camino de Santiago.

Jacob (llamado Santiago el Mayor o Santiago el de Zebedeo, para distinguir del otro apóstol llamado Jacob, Santiago el de Alfeo o Santiago el Menor), apóstol de Jesús de Nazaret, nacido en Betsaida (Galilea) y muerto en Jerusalén, en el siglo I. También es conocido como San Jaime, San Diego, San Yago.

Hijo de Zebedeo y Salomé. Era el hermano mayor de Juan el Apóstol. Su maestro Jesús les puso el sobrenombre de «hermanos boanergués» («hijos del trueno»). Su nombre en hebreo es Jacob (????), pero con el tiempo se ha ido deformando.

Fue uno de los primeros que recibieron la llamada de Jesucristo, cuando estaba pescando en el lago de Genesaret junto a su hermano. Tuvo un papel especial en el desarrollo del milagro de la hija de Jairo (Marcos 5, 21-43) y fue uno de los discípulos más apreciados por Jesucristo, de tal manera que estuvo presente en dos de los momentos más importantes de su ministerio -la Transfiguración en el monte Tabor (Lucas, 9) y la oración en el Huerto de los Olivos- junto a Simón Pedro y a su hermano Juan.

Fuera de los Evangelios, sólo aparece nombrado en los Hechos de los Apóstoles (Hc 12, 2), cuando, tras una prédica, es martirizado en Jerusalén (es uno de los primeros mártires cristianos).

Según se cree, tras el Pentecostés (hacia 33 d. C.), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Mediterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal).

La tradición que sitúa a Santiago el Mayor en Jerusalén, poco antes de su martirio, la recogen diversos apócrifos neotestamentarios (El libro de la Dormición de María, etc.), todos ellos anteriores al “descubrimiento” de la Tumba del Apóstol. Según estos relatos, cuando María ve cerca su muerte, recibe la visita de Jesucristo resucitado. Ella le pide que quiere estar rodeada por los apóstoles en el día de su muerte, pero que todos ellos están dispersos por el mundo. Jesucristo se lo concede y permite que sea la misma María, por medio de aparición milagrosa, quien avisara a sus discípulos.

Entonces él habría hecho todo el viaje de vuelta desde España hasta Jerusalén para encontrar a la Virgen (ya que ella se encontraba viva allí, en la capital de Judea) antes de su dormición, y entonces habría encontrado la muerte en el martirio. La leyenda se cierra con que sus discípulos habrían llevado su cuerpo (conservado de alguna manera) por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra y habrían costeado el Atlántico nuevamente hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia, donde el obispo Teodomiro lo halló.

Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo, que se considera la tumba de Santiago.

El rey Alfonso y sus descendientes convierten al apóstol en un símbolo del combate contra el islam, naciendo así la imagen de Santiago Matamoros, que se prodigó a lo largo de la ruta jacobea. En el año 859, el rey Ordoño I dijo haber obtenido la victoria sobre los moros (musulmanes) porque se le apareció el apóstol Santiago Matamoros.


LA APARICIÓN DE MARÍA

Por los años 40, unos siete años después de la muerte y resurrección de Jesucristo, salió de Roma el Apóstol Santiago, quien ya había recorrido la Palestina, Tiro, Sidón, Grecia e Italia, predicando el Evangelio. Desde Roma se dirigió a España, la más importante y rica región de la Bética, embarcó para Sevilla, a donde llegó e inició su evangelización.

La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie, y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez.

Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.


LOS DISCÍPULOS DE SANTIAGO

Santiago nombró por jefe y Obispo a un hombre honesto y misericordioso, a quien por su piedad bautizó con el nombre de Pío. Este Pío era de profesión escultor, y había nacido en Massia, un puertecillo de pescadores en la orilla del río, entre los pueblos que hoy llamamos Puebla del Río y Coria del Río.

Este hombre era buen artista y se ganaba bien la vida haciendo esculturas para el adorno de los suntuosos edificios que se construían en Hispalis o Sevilla, y en su vecina Itálica. Seguramente si se estudian las firmas o marcas de las esculturas romanas que hay en los museos de Itálica y Sevilla, podrá hallarse alguna de ellas la firma de Pío, escultor y primer Obispo de Sevilla.

Este Obispo/ escultor fue quien realizó la primera imagen de la Virgen del Pilar por encargo del Apóstol Santiago.

Esta imagen fue llevada a la casa donde se reunían secretamente los cristianos, o sea, la primera iglesia Sevillana, que estaba situada a espaldas del circo de la ciudad. Dado que hoy por las excavaciones que se hicieron para construir la Av. de la Cruz Roja, sabemos que los cimientos del circo llegan desde el Hospital de la Cruz Roja hasta la calle Fray Isidoro de Sevilla, puede casi asegurarse que dicha primera iglesia cristiana estaba en la calle Fray Isidoro de Sevilla, o en la plaza que hay ante el “Grupo Escolar Queipo de Llano”, vulgarmente llamado “El colegio de los moros”.


CONDENA Y PRODIGIOS DE SANTIAGO

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado y la visitó en Éfeso. La Madre de Dios le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero y llevado al monte Calvario.

Durante el recorrido aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”.

Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras, le vendaron los ojos y le decapitaron. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, sus discípulos tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado).

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el “Camino de Santiago” que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.


SANTIAGO Y LA VIRGEN MARÍA

Santiago preparó el camino para la Virgen María en España y también su llegada al “Nuevo Mundo”. Es el Apóstol de la Virgen María, también conocido como el Apóstol de la Paz.

En 1519, Hernán Cortés llegó a Veracruz, y en Lantigua construyó la primera iglesia dedicada a Santiago en el continente Americano.

También en 1521, cuando México fue conquistada, Cortés construyó una iglesia en las ruinas de los Aztecas que al igual fue dedicada a Santiago Apóstol. A este templo se dirigía san Juan Diego el 9 de diciembre de 1531, para recibir clases de catecismo y oír la Santa Misa, ya que era la fiesta de la Inmaculada Concepción.

En 1981, se reportó el comienzo de las apariciones de Nuestra Señora en Medjugorie bajo el titulo “Reina de la Paz”. Unos años antes, se había construido una iglesia en ese lugar dedicada a Santiago Apóstol.

Santiago ha preparado el camino para que el mundo reconozca a la Virgen Santísima como “Pilar” de nuestra Iglesia.

(fuente: forosdelavirgen.org)

domingo, 28 de julio de 2019

SANTIAGO APÓSTOL (25 de julio)

SANTIAGO APÓSTOL

Santiago ApóstolEl 25 de Julio se celebra la fiesta de Santiago Apóstol, patrón de España.
El apóstol Santiago, primer apóstol martir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.
Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.
Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le prometió: "permaneceré en este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".
María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó la primera iglesia dedicada a la Virgen María, lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron sobre el templo no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.
Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.
Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: "Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua". Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: "Ven tú hacia mí y dame tu mano". El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.
Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: "Tú serás bautizado en tu propia sangre". Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.
En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.
Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.
El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.
En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el "Camino de Santiago" que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.

Ciudades de las que Santiago Apóstol es patrón

  • Santiago de Compostela (España)
  • Santiago de Chile
  • Caracas, Venezuela (la cual fue fundada el 25 de julio de 1567 con el nombre de Santiago de León de Caracas).
  • Santiago de Guayaquil (Ecuador).
  • Santiago de Cuba
  • Santiago de Querétaro (México)
  • Montevideo (Uruguay)
  • Santiago de Cali, (Colombia)
  • Santiago de Guatemala
  • Santiago de Veraguas (Panamá)
  • Santiago de Chiuitos (Bolivia)
  • Santiago de los Caballeros (Rep. Dominicana)
  • Provincia de Santiago de México
  • Saltillo Coahuila (México)
  • Santiago de Sesimbra (Portugal)
  • Alanje (Panamá)
  • Santiago del Estero (Argentina)
  • Baradero (Argentina)
  • Provincia de Mendoza (Argentina)
  • Santiago Tuxtla, Veracruz (México)
  • Sahuayo, Michoacán, México
  • Santiago Apóstol de Tenjo (Colombia)
  • Santiago de los Caballeros de León (Nicaragua)

Himno de laudes del día de Santiago Apóstol

Al celebrar tu memoria,
Santo Apóstol peregrino,
guíanos por el camino
al Pórtico de la Gloria.
Camino de Compostela,
va un romero caminando
y es el camino de estrellas
polvareda de sus pasos.
En el pecho las vieiras,
y el alto bordón en la mano,
sembrando por la vereda
las canciones y los salmos.
Llévale, romerico,
llévale a Santiago,
llévale, romerico,
llévale un abrazo.
Llegó al corazón de España
por el monte y por el llano;
en los anchos horizontes
cielo y tierra se abrazaron.
Sube hasta el monte del Gozo
y allí, de hinojos postrado,
las altas torres de ensueño
casi toca con las manos.
Llévale, romerico,
llévale a Santiago,
llévale, romerico,
llévale un abrazo.
Romeros, sólo romeros,
dile que peregrinamos
con la mirada en el cielo
desde la aurora al ocaso.
Camino de Compostela,
todos los hombres, hermanos,
construyendo un mundo nuevo
en el amor cimentado.
Llévale, romerico,
llévale a Santiago,
llévale, romerico,
llévale un abrazo.
Ven, Santiago, con nosotros,
que tu bordón es un báculo,
el cayado del pastor
para guiar el rebaño.
¡Santo Apóstol peregrino,
llévanos tú de la mano
para ir contigo hasta Cristo,
Santiago el Mayor, Santiago!
Llévale, romerico,
llévale a Santiago,
llévale, romerico,
llévale un abrazo.
El 25 de julio, celebran su santo los Santiagos, Jaimes y Jacobos. ¡¡ Muchas felicidades a todos !!
Javier López
Web Católico de Javier
http://webcatolicodejavier.org

miércoles, 22 de mayo de 2019

La Aparición de Santiago Apóstol. (23 de mayo)

La Aparición de Santiago Apóstol.

¡Por Santiago! De grito de guerra a grito de paz.

TAGS:
santiago
santiago
La Aparición de Santiago Apóstol. 23 de mayo.

El 23 de mayo celebraba la Iglesia española una memoria litúrgica en honor al Apóstol Santiago, además de la solemnidad del 25 de julio y la traslación de las reliquias a 30 de diciembre. Era la memoria de la aparición del santo en la batalla de Clavijo.

Leyenda.
Según esta, a finales del siglo IX la situación en las tierras españolas había llegado a "un estado de infelicidad y de impotencia, igual al de soberbia y de poder a que había subido la dominación de los sarracenos". Los cristianos, desmoralizados desde tiempo atrás, por el duro sometimiento, la escasa libertad y la pérdida del valor cristiano, se habían conformado con dicha dominación. Se contentaban los cristianos con sobrevivir y colaborar con los musulmanes, plegándose a sus impuestos, costumbres y sobre todo a sus abusos. La desidia en la fe, la escasa moral y la falta de amor patrio habían llevado a esa situación. En tiempos de Abderramán II, este exigía a los cristianos, a cambio de la paz, el tributo anual de "cien doncellas casaderas, que se sorteaban entre las más nobles y hermosas, para servir a la incontinencia de los bárbaros". Este tributo, pactado en 783 por Mauregato de Asturias y Abderramán I, mantenía a los hispanos en un martirio constante, pues perdían a sus mejores hijas, a las que amaban y cuidaban con el temor de que un día se las quitasen, para caer "como inocentes corderas en las garras de lobos carniceros". Nada lograba que los musulmanes desistieran de semejante abuso de poder. Ni lágrimas, ni suicidios, ni los ruegos de piedad por parte de las madres.

Llegó el punto que el rey Ramiro I de Asturias, cansado de aquel desmán, se negó a permitir que los cristianos tolerasen por más tiempo aquella humillación, aunque con ello se provocase la guerra, cosa que, por otro lado, era deseo de los musulmanes, para completar la conquista de la tierra ibérica. Llegó el tiempo del tributo y Ramiro no entregó a las muchachas, por lo que Abderramán envió sus embajadores ante el rey cristiano, exigiendo las cien doncellas pactadas, a la par que renovaba sus amenazas contra los cristianos. Ramiro, como dije, estaba harto de aquello, y aún sabiendo los contratiempos de su decisión, decidió por el honor cristiano, despedir a los enviados sin el tributo, amenazándoles con quitarles la vida si no fueran solo enviados.
Una vez que estos se fueron, Ramiro, sabiendo que la guerra ya estaba declarada, consultó a sus consejeros y caballeros y estos admiraron su valor y que defendiese de una vez el honor de los cristianos. Y juraron darlo todo por la fe y la libertad de sus familias y reinos. Ramiro ordenó levas en todo el reino, conminando a que todo hombre en edad de manejar armas acudiese a alistarse. Solo niños, mujeres y muy ancianos se librarían, y a estos se les pedía mantuviesen la retaguardia manteniendo el cultivo de los campos. Juntó el sabio rey su ejército, lo disciplinó y cuando estuvo listo, salió al frente de todos contra los moros, encomendándose a Dios. Monjes y obispos acompañaban las tropas para que, con sus oraciones y disciplinas, alcanzaran la victoria a los cristianos, dando humillación a los infieles.
Por su parte, Abderramán no estaba de brazos cruzados, sino que viendo su oportunidad de completar la conquista, preparó un gran ejército, haciéndose traer hombres, caballos, provisiones  y armas desde África con la intención de “dejarse caer como un rayo sobre los cristianos, y hacerles pagar el infame tributo”. Avanzaban los dos ejércitos, con deseos de encontrarse, hasta que finalmente, cerca de la fortaleza de Albelda, se avistaron ambos. Los cristianos estaban en franca desventaja, tanto por su menor número como por las escasas provisiones, y sobre todo por la prisa del reclutamiento, que no había permitido que la destreza de los reclutados fuera la mejor. Pero su fe cristiana y el deseo de justicia eran armas poderosas. Comenzó la batalla y pronto se hizo notar que ambos ejércitos luchaban encarnizadamente y con gran valentía. 

Hasta la noche no comenzó a notarse la superioridad de los infieles y solamente la gran oscuridad nocturna privó a estos de la victoria. Se retiraron los cristianos, y parecía que se deban por vencido. El rey, desalentado, hizo curar a los heridos y se retiró a implorar misericordia a Dios y a su Madre Santísima. Así en oración y exhausto, se durmió Ramiro y tuvo un sueño, en el cual el apóstol Santiago le animaba a batallar contra los infieles, y además le aseguró la victoria. Al día siguiente arengó Ramiro a las huestes, dándoles a conocer su visión y con ella la seguridad de que Dios les daría la victoria en su Nombre.

Los soldados, llenos de coraje se lanzaron a la batalla, y "sorprendiéronse los sarracenos al ver el ímpetu y valor con que los acometían unos enemigos a quienes contaban por vencidos". Con el grito de "¡Santiago!" avanzaban los cristianos cuando de pronto se produjo el milagro: apareció Santiago Apóstol en un caballo blanquísimo. En una mano portaba un estandarte con una cruz y en la otra una espada con la cual a la velocidad de un rayo fulminaba a los infieles. Puesto al frente de las tropas cristianas, estas acrecentaron su arrojo, mientras que los musulmanes huyeron despavoridos, perdiendo lo menos 70.000 hombres  y además, territorios que dominaban entre Albelda y Calahorra. Acaeció esta batalla el 23 de mayo de 844. Los cristianos dieron rendidas gracias a Dios e hicieron un voto al santo apóstol, de entregar al santo en su sepulcro de Compostela, un diezmo especial de trigo. Con el botín capturado, además,  Ramiro hizo construir en Oviedo una iglesia dedicada a la Madre de Dios y y otra a San Miguel Arcángel.

Historia.
La primera redacción de esta batalla no ocurre hasta hacia 1243, de manos del arzobispo de Toledo, Don Rodrigo Jiménez de Rada. Esto ya hace bastante sospechoso el asunto, pues un acontecimiento de tal magnitud es imposible que no quedara constatado durante 400 años, siendo que hay testimonios históricos de menor calado que están perfectamente reseñados. Sobre el "Tributo de las Cien Doncellas" no hay constancia alguna hasta el siglo X, y su origen está en leyendas orientales. No existió tal tributo en tierras hispanas. Sí que ocurrieron dos batallas de reconquista en Albelda, la primera en 852 y la segunda en 859. Fechas que, como vemos, se alejan de la supuesta batalla de Clavijo. 

La verdad es que la historia desmiente esta leyenda. Ya desde inicios del siglo XVIII los historiadores serios la ponen en duda, y hoy ya nadie le da crédito. En 1771 el Duque de Arcos escribe una memorial dedicado a Carlos III contra el "Voto de Santiago", que considera un abuso de la iglesia compostelana. En el XIX varios sacerdotes intentan compaginar la leyenda con la historia, incluso presentan "pruebas" arqueológicas de la presencia de Santiago en Clavijo.

La "aparición" de Santiago al rey, su participación en la batalla a lomos de blanco corcel y la liberación del tributo de las cien doncellas, son de los más bellos episodios de la historia mágica de España: Ante el avance musulmán, se creó esta figura de Santiago Matamoros, que se expandió rápidamente gracias a la influencia los monjes cluniacenses: Era un llamado del cielo a los cristianos laxos, que sadaban ganancias del comercio con los musulmanes. La guerra como instrumento para sacudirse la dominación era un hecho que pocos consideraban, y el pragmatismo de la frase "si no puedes con tu enemigo, únete a él", se extendía en los reinos cristianos. Santiago Matamoros y su leyenda del siglo XIII fue un solplo de moral, responsabilidad y deseo de luchar por lo propio que daría vitalidad a la reconquista de los dos siguientes siglos, hasta terminarla en 1492. El voto de Santiago, suprimido por las Cortes de Cádiz, fue rehabilitado por Franco y aún se realiza con el nombre de "Ofrenda al Apóstol".

Curiosamente, no es Santiago Apóstol el único santo del que se cuenta fue visto en una batalla sobre un caballo blanco y defendiendo las justas causas. Lo mismo se dice San Andrés Corsini (9 de enero; 4 de febrero, traslación de las reliquias, y segundo domingo de junio, en Florencia), Santos Marcelino y Pedro (2 de junio), San Jorge (23 de abril), San Casimiro de Polonia (4 de marzo), San Isidoro de Sevilla (4 y 26 de abril), San Juan Evangelista (4 de enero, Iglesia Oriental, synaxis de los apóstoles; 6 de mayo, Ante Portam Latinam; 8 de mayo y 26 de septiembre, Iglesia Oriental; 27 de diciembre) y San Felipe Apóstol (3 de mayo). 

Culto a Santiago Matamoros.
En el caso de Santiago, su epopeya tomaría otro rumbo, y su nuevo escenario sería la conquista de Ámérica. Santiago en su versión "matamoros" está presente en numerosas ciudades americanas dedicadas al Apóstol: Chile, República Dominicana, Caracas, México, Cuba y otros países.Es curioso que mientras en España esta imagen (cultural, teológica e iconográfica) del "matamoros" ha ido a menos, en América se conserva perdectamente y probablemente sean más las imágenes del "matamoros" que del "peregrino".  

Sobre todo el México más indígena, conserva su devoción al "señor Santiago". Muchas leyendas se cuentan sobre él, durante la evangelización los religiosos se quejaban de que los indios cuando iban a ofrecerle veladoras a Santiago llevaban tres una para el apóstol, una para el caballo y otra para el moro. Aunque esto fue corregido por los frailes, aun hoy hay quienes llevan veladoras para el santo y alfalfa para el caballo. También hay varias leyendas sobre el moro pues, aunque no existiendo por mucho tiempo moros, no se entendía muy bien a ese personaje por lo cual algunos le identificaban con el demonio. Otros le veían como un santo más y le ponían nombre propio, y nunca faltaba quien le ofrecía veladoras al moro pensando que servía para hacer daño a la gente.

Este culto al apóstol Santiago como Matamoros en México especialmente se debe a que entre las leyendas se narran varias apariciones del apóstol similares a la de España: En 1520 mientras los aztecas celebraban en el Templo Mayor la fiesta de Toxcatl dedicada a Hitxilopochtli, que según nos dice Bernardino de Sahagún era muy similar a la Pascua de Resurrección y se celebraba una semana después de que los cristianos celebraban esta, Habiéndose ausentado Cortés dejó a cargo a Pedro de Alvarado, cuando en el momento cumbre de la fiesta este ordenó asesinar cruelmente a los indígenas que estaban en dicha celebración. Según cuentan las crónicas en el fragor de la batalla se apareció Santiago Ápóstol, como "un caballero muy grande y vestido de blanco, en un caballo blanco, con espada en la mano, peleaba sin ser herido y su caballo con la boca, pies y manos, hacia tanto mal, como el caballero con su espada" según narra fray Juan de Torquemada. Parece bastante increíble que un Santo estuviera de acuerdo en participar en una matanza tan injusta como fue la del Templo Mayor y con un hombre tan sanguinario como fue Pedro de Alvarado. Pero tal son las leyendas que los mismos españoles se encargaban de difundir, pues otra leyenda dice que también le auxiliaría después en Guatemala.

Algo similar sucedió el 25 de julio de 1531 en el cerro del Sangremal, Querétaro, donde se dice que antes de la batalla contra los indios en el cielo apareció una cruz luminosa acompañada del apóstol Santiago a caballo, lo que provocó que los chichimecas se rindieran y convirtieran al cristianismo.

Un culto de especial particularidad es el que se le da a una imagen de Santiago Matamoros en el pueblo de Halachó, Yucatán, donde se dice que el apóstol cabalga cotidianamente para realizar prodigios y visitas en su pueblo. Se cuenta que en un cerro cercano, donde se encuentran tres cruces en la cima, cotidianamente al medio día llega cabalgando Santiago para hacer oración. La gente afirma que en la roca se ven las marcas de los cascos del caballo del Santo. También se narra que en una ocasión cuando el Santo salió a ayudar a sus fieles se le cayó el sombrero, el cual quedó marcado en una piedra.

Otra de las narraciones cuenta que un zapatero del vecino pueblo de Tekax llegó en días cercanos al 25 de julio a Halachó a entregar un par de zapatos, que le habían sido encargados unas semanas antes en su taller. El zapatero desconocía el nombre de su cliente, pero tenía bien grabado en la mente el rostro del hombre, el cual le había dicho que preguntara por él en el centro del pueblo, donde todos lo conocían. El zapatero, cansado de buscar a su cliente, decidió entrar a la iglesia parroquial a descansar y su sorpresa fue mayúscula al percatarse que aquel hombre que le había encargado un par de zapatos ¡no era otro que el apóstol Santiago de aquel templo! El zapatero se acercó a la imagen del santo, le colocó los zapatos, que le quedaron exactos. 
 
Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Mayo. P. Jean CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.

lunes, 25 de julio de 2016

Santiago Apóstol. Corren malos tiempos para celebrar al patrón 25072016


Inicio / Blog

Santiago Apóstol. Corren malos tiempos para celebrar al patrón

Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Goglle+ Añadir a Linkedin
25 julio 2016
 
 
            Un año más, henos aquí a 25 de julio, Santiago Apóstol. Muchas son las ciudades y pueblos de España que celebrarán veraniegas parrandas en fecha tan señalada, y pocas serán las que, haciéndolo, renuncien a ello… que en habiendo cerveza y calamares, este país nuestro no perdona ni media: ¡curioso que sean la caña y la tapa los que con más intensidad cada vez nos identifiquen hoy día ante el mundo!
 
            Ahora bien, ¿quién se acuerda de que Santiago es, además de la fecha en la que el vino se enseñorea de las calles de muchos pueblos y ciudades españoles, el patrón de nuestra patria desde tiempos inmemoriales, como así certifican, sólo a modo de ejemplo, testimonios tan insignes como los de Cervantes o Quevedo (pinche aquí para conocer mejor el tema), además de oficializarlo en modo tal el Papa Urbano VIII en 1630?
 
            Este año, sólo cinco de las diecisiete comunidades autónomas que componen el colorido y variopinto mapa regional español recogerán la fiesta patronal como festiva en sus calendarios, y una de ellas, Galicia, no lo hará como patrón de la nación sino de la región(1), hasta el punto de que con creciente intensidad, Santiago más se nos presenta como patrón de Galicia que de España.
 
            Se supone que el Gobierno hoy día en el poder -que al fin y al cabo es el Gobierno quien decide las fiestas de ámbito estatal- es, de todos los posibles en este país nuestro ingobernable, el más propicio y afecto a la idea de la unidad nacional… pues bien, ni siquiera él ha tenido lo que hay que tener, -si es que marcar una festividad requiriera de “tener” algo especial- para hacer extensiva a todo el territorio patrio la fiesta de nuestro común patrón nacional, el que no sólo apadrinó la recuperación de España cuando ésta se perdía, sino también, después, la apertura de la Hispanidad al mundo (compruebe aquí cuánto eso es así).
 
            Y es que amigos, reconozcámoslo como es: corren malos tiempos para la celebración del santo patrón de España. Por una parte, un mal-llamado laicismo que en realidad no es, por desgracia, sino retranca del rancio y casposo anticlericalismo hispano recuperado después de tres cuartos de siglo de provisional hibernación, arrincona, o lo intenta, todo lo que tenga que ver con la presencia del cristianismo en España, aunque se trate de las más arraigadas e inveteradas tradiciones.

            Por otra, una España que no se acepta a sí misma, que no se reconoce ni en el tiempo ni en el espacio, que ni siquiera sabe qué es y qué no es, dónde empieza y dónde acaba, no anda para celebraciones de algo “tan comprometido” como un patrón de todos.

            Dicho todo lo cual, he ahí el desdichado resultado: ni para establecer una fiesta en el país de la “fiesta” (uno de nuestros vocablos más internacionales), somos hoy los españoles capaces de ponernos de acuerdo. ¡España y los españoles somos así, qué se le va a hacer!
 
            Y bien amigos, una vez más les dejo, deseándoles, como siempre, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Y desde luego, con un muy especial “¡Viva España!” hoy, y un no menos sentido “¡Viva Santiago apóstol, patrón de España!” que les invito a corear conmigo.
 
 
 
 
  1. Elevado, por cierto, a la categoría de “Día nacional de Galicia”, según establece el decreto 103/2015 de la Consellería de Trabajo y Bienestar de la Junta de Galicia.
 
 
Dedicado a mi hermano Alejandro, que me animó a escribir sobre el tema.
 

viernes, 25 de julio de 2014

Santiago «el mayor» 25072014

viernes 25 Julio 2014

Santiago «el mayor»



Santiago «el mayor», apóstol

Solemnidad del apóstol Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de san Juan Evangelista, que con Pedro y Juan fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. Decapitado poco antes de la fiesta de Pascua por Herodes Agripa, fue el primero de los apóstoles que recibió la corona del martirio.
Con Santiago «el mayor» no tenemos los problema de identidad que nos plantea el otro Santiago apóstol; aunque no abundan en el Nuevo Testamento datos sobre él (como sobre ninguno de sus personajes), hay, sin embargo, los suficientes como para hacernos una composición de su vida y su relación con Jesús.
 
Si comparamos las listas de Los Doce tal como aparecen en el NT (Mt, Mc, Lc, Hech), veremos que dividen al conjunto en tres grupos de cuatro apóstoles: dentro de cada conjunto la posición que ocupa cada apóstol varía, pero no así el subgrupo al que pertenece. Santiago «el mayor» pertenece al primer grupo, y ocupa el segundo (Mc) o tercer (Mt, Lc, Hech) puesto. Ese orden parece estar dado por su importancia, ya que forma el grupo de los tres apóstoles -junto con Pedro y Juan- que fueron testigos directos de la transfiguración y de Getsemaní. Fue también el primer apóstol en dar testimonio (martyrion, en griego) cruento de Jesús, y murió muy tempranamente, cuando la Iglesia recién se iniciaba, como veremos luego.
 
Su nombre era muy común entre los judíos, se llamaba Iaacov, es decir, Jacob, de donde sale más tarde, por fusión del título «sant'» con el nombre «Iacob» la forma castellana Santiago, que en otras lenguas es Iakobus, James, Jaques, etc, de donde en castellano da también Jaime y Jacobo, que no son sino variantes del mismo nombre. Nos indican Mateo, Marcos y Lucas que era hermano de Juan (al que algunas tradiciones del siglo II identifican con el autor del Cuarto Evangelio o del Apocalipsis, o de ambos), y a su vez los dos eran hijos de Zebedeo, pescadores galileos. San Lucas afirma además -pero es un dato exclusivo de él- que trabajaban con Simón y Andrés (Lc 5,10), es decir, que se conocían con los otros dos miembros del grupo de antes de ser llamados por Jesús. Mateo y Marcos no dicen nada al respecto (ni lo afirman ni lo niegan), sino que presentan así la cuestión: «Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: "Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres." Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.» (Mc 1,16-20, y casi idéntico en Mateo)
 
Parecen ser pescadores de una cierta posición, ya que, con su padre, son dueños de su barco y faena, y no jornaleros. No hay por qué imaginar -como se ha hecho en cierta apologética- que eran «unos pobres pescadores ignorantes»; «en todo caso, -agregamos con Meier- ni la tradición marcana ni la lucana presentan a los hijos de Zebedeo como desesperadamente pobres. Conviene recordar que esa actividad pesquera en el mar de Galilea era intensa; también próspera, al menos para los que la dirigían como propietarios. La idea romántica de que Jesús llamaba al discipulado sólo a los pobres no se confirma en el caso de los hijos de Zebedeo; tampoco en el de Pedro, con su casa y su familia en Cafarnaún, ni en el de Leví, recaudador de impuestos en esa misma localidad.» (Un judío marginal, III, p. 232). Pescar era su oficio, pero no por ello dejarían de estar al tanto de las cuestiones, especialmente religiosas, que agitaban a los judíos de la época, tanto a los de Judá como a los, un poco despreciados por el establishment pero no menos inquietos, de Galilea.
 
Según Marcos 3,17, Santiago, junto con su hermano Juan, son llamados por Jesús «Boanerges», lo que Marcos explica indicando que significa «Hijos del trueno». La etimología no es griega: la relación entre «boanerges» y «'uioi brontés» (hijos del trueno) es inexistente; pero tampoco es sencillo trazar la posible etimología aramea, y hay más o menos un par de hipótesis por especialista... Tan difícil como explicar qué quería decir para Jesús ese título (y si realmente usó esa palabra o algo parecido que pasó de boca a oreja deformándose de manera irreconocible), es tratar de entender a qué «trueno» se refiere. La verdad es que no hay ninguna clase de acuerdo en esto. La explicación tradicional, psicológica, que relaciona el trueno con el carácter fogoso de los hermanos está lejos de conformar, pero aun sigue siendo válida si la relacionamos con pasajes como Mc 9,38, en el que Juan le avisa a Jesús que vio a uno intentando echar demonios en nombre de Jesús y trató de impedírselo, o Lc 9,54 en el que los dos hermanos le preguntan a Jesús si le parece que hagan descender fuiego del cielo para castigar a un pueblo que no quiso recibirle. Hay que reconocer que Jesús actuaba realmente como un «nuevo Elías», así que la propuesta de los hermanos, aunque Jesús la rechaza, no es nada descabellada, ni habrá sonado tan «atronadora» como nos parece a nosotros.
Formó, con su hermano Juan y con Pedro, una terna que tuvo una relación especial con Jesús en señalados momentos:
-son testigos de la resurrección de la hija de Jairo: « Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.» (Mc 5,37).
-Son testigos privilegiadísimos de la transfiguración: «... toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos...» (Mc 9; también en Mt 17 y Lc 9, pero sólo Marcos destaca «a ellos solos»).
-En Marcos y Mateo, son testigos especiales de la agonía en Getsemaní, aunque también estaban los demás (Mc 14,33; Mt 26,37). También son ellos tres los mismos a los que Jesús cambió el nombre, lo que en la tradición profética podía significar una especial misión que debían cumplir (aunque ya hemos visto que la cuestión del nombre de los dos hermanos no aparece clara para nosotros hoy, no así la del cambio de nombre de Cefas). Esta terna «Pedro, Santiago, Juan» no debe confundirse con la terna de los mismos nombres que es llamada la de las «columnas de Jerusalén» en Ga 2,9, en relación al llamado «Concilio de Jerusalén» (Hechos 15), ya que el Santiago que allí menciona es el pariente del Señor y no ninguno de los dos apóstoles del mismo nombre, en especial no Santiago «el mayor», que ya había muerto.
 
Es el único de los Doce de los que tenemos una afirmación en el Nuevo Testamento que indica explícitamente que murió mártir: Hechos 12,1-2. Por supuesto, también otros murieron mártires, pero lo sabemos por tradición posterior, no por el NT, que no menciona como mártir -dentro de los Doce- más que a este Santiago. El hecho ocurrió muy tempranamente, hacia el 44, y quizás se vio en ello el cumplimiento de una profecía de Jesús que declaraba que Juan y Santiago beberían «el mismo cáliz» que bebió Jesús (Mc 10,29), aunque lamentablemente Hechos no nos cuenta nada de si se cumplió esa profecía en Juan, y las tradiciones posteriores en torno a él aportan más confusión que claridad.
 
Mención aparte merece la cuestión de «Santiago y España», cuestión espinosa porque, más que regirse por criterios históricos, parece que hay que usar para evaluarla criterios nacionales. Lo cierto e indubitable es que no hay ni una sola tradición anterior al siglo VII que relacione a Santiago con España; parece bastante imposible que alguien que murió en Jerusalén cuando apenas había pasado poco más que una década de la Pascua de Jesús, haya tenido tiempo de evangelizar España, e incluso Romanos 15 (21-24) habla explícitamente de España como tierras donde aun no se ha anunciado a Cristo... y es una carta escrita en torno al año 60. Pero en definitiva, sería inaceptable para cualquier cuestión histórica aceptar como histórico un hecho para el que la mención más cercana está separada seis siglos de ese hecho; como ya lo señalara en el propio siglo VII san Julián de Toledo, la evangelización de España por Santiago no pasa de ser una fábula.
Cuestión distinta es si las reliquias del santo llegaron o no a España; ésa es una cuestión independiente a la anterior, difícil de probar, pero no imposible de aceptar. Según una tradición cuya primera mención es el 830, las reliquias del santo fueron trasladadas primero a Iria Flavia (actualmente Padrón, en Galicia), y más tarde a Compostela, en torno a las cuales surgió el santuario que -junto con san Pedro y los Santos Lugares- iluminó la vida religiosa europea en el Medievo, y aun irradia. No obstante, entre el traslado de la ubicación original a Compostela, las reliquias estuvieron un tiempo perdidas, por lo que es difícil asegurarse de la identidad material entre unas y otras. La cuestión parece que debe quedar abierta, y hay tantas opiniones -españolas- que afirman a rajatabla esa identidad, como opiniones -generalmente no españolas- que la niegan. Hay una bula de SS León XIII, del 1 de noviembre de 1884 (puede leerse en Actae Sanctae Sedis 17, pp 262-270) en la que el pontífice le asegura al Obispo de Compostela la identidad de las reliquias que hay allí con Santiago Apóstol «y sus discípulos Atanasio y Teodoro». Debería estar demás decir -aunque no lo está frente a tanto fundamentalismo magisteriológico, tan pernicioso como el escriturístico, que hay dando vueltas- que la cuestión de la identidad de unas reliquias con una persona es una cuestión estrictamente histórica y documental, no objeto de la clase de cuestiones que puede establecer el Papa con su poder magisterial, así que el contenido de la Bula no pasa de ser una opinión autorizada emitida en un momento determinado del saber histórico sobre el tema.
 
Santiago resultó ser un eficaz símbolo y vínculo de unión de los diversos grupos hispánicos en su lucha contra los musulmanes, sobre todo en relación a la -considerada generalmente como una ficción histórica- «batalla del Clavijo», en la que Santiago el mayor, en su advocación de Santiago «Matamoros», combatió junto a las fuerzas cristianas de Ramiro I de Asturias. Esta advocación y el santuario de Compostela como polo de atracción fueron fuerzas espirituales poderosísimas que ayudaron decisivamente a la formación de España. La imagen de Santiago Matamoros es característica en muchas iglesias españolas, aunque su índole particularista y vindicativa es bastante cuestionable en relación al mensaje del evangelio, incluso habiendo servido en un momento concreto de la historia de un pueblo.
 
Sobre los Doce, un panorama esquemático pero bien expuesto se encuentra en Comentario Bíblico San Jerónimo, tomo V, pp 752 y ss. Más completo y actualizado, Meier, «Un judío marginal», tomo III, especialmente la sección dedicada a Santiago y Juan, Tomo III, pág 230-238, pero en el mismo tomo se desarrollan en general las cuestiones relativas a Los Doce como conjunto. Sobre la relación de Santiago con España he seguido de cerca la exposición del Butler-Guinea, Tomo III, día 25 de julio, donde hay bibliografía específica sobre las reliquias, si bien no muy actualizada, pero sí muy fundamental.