sábado, 2 de mayo de 2026

Mes de mayo Día 2: Un gran susto (oración y reflexión)

  DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Día 2: Un gran susto

Un chaval, mientras está dándose un chapuzón en la playa de Pientzia, es arrastrado por una corriente de remolino; en cuanto se ve en peligro, grita: ¡mamá, mamá! Agita los brazos como puede, pidiendo auxilio desesperadamente. Con dificultad, de vez en cuando, logra sacar la cabeza y puede ver en la orilla a su madre, que pacíficamente broncea su piel en una hamaca. Su única esperanza es que su madre le oiga y haga lo que sea por rescatarle. Vocea más y más; por fin, su madre oye los gritos que la llaman. Se incorpora y ve las circunstancias de su hijo, y se vuelve a tumbar mientras piensa: ¡con lo fría que está el agua, yo no me meto ni loca! ¡Otra vez -si es que sale de ésta- que no se meta tan adentro!

¡Increíble!, pensará quien lea este suceso; ¡no puede ser verdad! ¡Eso no es una madre, es un monstruo! Es tan increíble, efectivamente, que no es verdad. Pero si no es posible que una madre se porte así, menos posible es que grites interiormente a María: ¡Madre mía, ayúdame!, y que Ella pase de ti.

    Madre mía, perdona todas las veces que te he tratado con desconfianza, o como si no me escuchases; o, lo que es lo mismo, como si pasases de mí, como si no fueses realmente mi madre. Sé que basta con que te diga una sola vez ¡Madre mía! para que no pares hasta conseguirme lo que necesito. Y si no me lo consigues es que claramente, de momento, no me conviene.

Ahora es el momento importante en el que tú hablas a Santa María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Cuando lo hayas hecho, termina con la oración final.

Mes de mayo Día 1: Mi Compañera (Oración y reflexión).

 DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén



Día 1: Mi Compañera

"Nuestra Señora -decía Teresa de Calcuta- me acompaña en todos los viajes; la llamo mi Compañera desde que un día, en Berhampur, le dije al capellán de las Hermanas que me regalase una imagen de María Milagrosa con las manos abiertas, derramando gracias sobre el mundo. Aceptó encantado, embaló la imagen y la llevó a la estación. Era una imagen muy grande, casi de tamaño natural, así que el jefe de estación quería que la facturase y pagase la correspondiente tarifa. Pero yo tenía un pase en los ferrocarriles para mí y una compañera, así que le dije: "ésta es mi compañera..." y me dejó viajar con la imagen sin pagar nada por ello. Desde entonces, la Virgen me acompaña siempre en mis desplazamientos. Nunca viajo sola"

Es ahora cuando puedes hablar con Santa María. Si quieres puedes empezar diciéndole lo escrito a continuación; luego comenta algo más con Ella.

María, siempre, pero de modo muy especial en este mes de mayo, necesito que me acompañes, que estés conmigo todo el día. Me gustaría darme más cuenta de que realmente te tengo a mi lado en todo momento; aprovecharé -si me ayudas- cada imagen tuya que vea para decirte algo, recordarlo y contar contigo. Gracias, "Compañera".

Santos del día 2 de mayo

                                                        Santos del día 2 de mayo


Memoria de san Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia, el cual, preclaro por su santidad y doctrina, en Alejandría de Egipto defendió con valentía la fe católica desde el tiempo del emperador Constantino hasta Valente, por lo cual tuvo que soportar numerosas asechanzas por parte de los arrianos y ser desterrado en varias ocasiones. Finalmente, regresó a la Iglesia que se le había confiado, donde, después de haber luchado y sufrido mucho con heroica paciencia, descansó en la paz de Cristo en el cuadragésimo sexto aniversario de su ordenación episcopal. († 373)

En Attalia, en la región de Panfilia, santos Héspero y su esposa Zoe, junto con sus hijos Ciríaco y Teódulo, mártires. Todos ellos, según la tradición, en tiempo del emperador Adriano eran esclavos al servicio de un pagano, y por orden de su mismo amo fueron primero azotados a causa de su libre confesión de la fe cristiana, luego brutalmente atormentados y finalmente arrojados a un horno encendido, en donde entregaron sus almas a Dios. († s. II)
En la ciudad de Hispalis (hoy Sevilla), en la Hispania Bética, san Félix, diácono y mártir. († s. IV)
Conmemoración de los santos mártires Vindemial, obispo de Gafsa, en Numidia, y Longinos, obispo de Pamaria, en Mauritania, ambos decapitados por orden de Hunerico, rey de los vándalos, después de haberse enfrentado a los arrianos en el concilio de Cartago. († 483)
En el monasterio de Luxeuil, en Burgundia, san Waldeberto, abad. († 665/670)
En el territorio de Saint Gallen, en Helvecia, santa Viborada, virgen y mártir, que vivió encerrada en una celda junto a la iglesia de San Magno, desde donde atendía al pueblo. A causa de su fe y de sus votos religiosos, arrostró la muerte a manos de invasores húngaros. († 926)
En Linkóping, en Suecia, beato Nicolás Hermansson, obispo, el cual, exigente consigo mismo, se entregó por completo a su Iglesia y a los pobres, y recibió la custodia de las reliquias de Santa Brígida. († 1391)
En Florencia, en la región de Toscana, en Italia, san Antonino, obispo, que después de llevar a cabo una labor de reforma en la Orden de Predicadores, se consagró con diligencia al ministerio pastoral de su diócesis, donde resplandeció por su santidad y por su provechosa y constante predicación. († 1459)
En Clonmel, en Irlanda, beato Guillermo Tirry, presbítero de la Orden de San Agustín, mártir bajo el régimen de Oliverio Cromwell por mantenerse fiel a la Iglesia de Roma. († 1654)
En la ciudad de Vinh Long, en Cochinchina, san José Nguyén Van Luu, mártir, que, agricultor y catequista, se ofreció voluntariamente en lugar del presbítero Pedro Luu, que era buscado por los soldados, y murió en la cárcel en tiempo del emperador Tu Duc. († 1854)
En la ciudad de Aranjuez, en la región española de Castilla la Nueva, san José María Rubio Peralta, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús, que se significó por su atención a los penitentes en la confesión sacramental, por la predicación de ejercicios espirituales y por sus visitas a los pobres en los suburbios de Madrid. († 1929)
En el campo de concentración de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, beato Boleslao Strzelecki, presbítero y mártir, el cual, al estallar la guerra, fue encarcelado por su fe, y alcanzó la corona de la gloria por las torturas recibidas. († 1941)
En Krzydlina Wielka, Wolów, Polonia, beata Maria Acutina Goldberg, religiosa de las Hermanas de Santa Isabel y mártir, que, a pesar de ser consciente de la violencia cometida por los soldados del Ejército Rojo, decidió permanecer cerca de las personas a las que cuidaba, los ancianos y los enfermos que no podían escapar. († 1945)
En Bolonia, Italia, beata Sandra Sabattini, joven laica que en su corta vida supo traducir su amor por Cristo en servicio a los más necesitados. († 1984)

02 de mayo: Nuestra Señora de Araceli

 02 de mayo: Nuestra Señora de Araceli

Roma es la cuna de la devoción aracelitana. En la cumbre del Capitolio, una de las famosas siete colinas de la Ciudad Eterna, se encuentra la bellísima basílica de Santa Maria "in Ara Coeli". En este antiguo templo, regido por la Orden Franciscana desde el año 1250, es venerado por los romanos el icono, -una imagen pintada sobre una tabla- de origen probablemente bizantino, de la que es Copatrona de la ciudad, la "Madonna d'Ara Coeli".

 Relata la tradición que a principios del año de 1562, don Luis Fernández de Córdova y Pacheco, alcaide de los Donceles, marqués de Comares y señor de Lucena, estando en misión diplomática en Roma, quedó prendado de la belleza de este nombre de tal modo que decidió regresar a la cabecera de su señorío con una imagen advocada a Araceli: Altar del Cielo.

La escultura tiene una altura de 160 cms. y muestra a Nuestra Señora vestida con una hermosa túnica de color carmesí, posando sus pies sobre una nube con cabezas de querubines. Desde el siglo XVII y siguiendo la moda de aquella época la imagen se viene vistiendo con ricos mantos y adornos.

Embarcado con la imagen de Nuestra Señora en el puerto de Civitavecchia, arribó a las playas españolas de Alicante a mediados del mes de abril del referido año de 1562.

Narra el historiador lucentino don Jerónimo Roldán y Cárdenas que aproximándose el cortejo del Marqués a Lucena por el viejo camino de Granada, al llegar al lugar donde hoy se halla la Primera Cruz, se desencadenó una terrible tormenta que dispersó a la comitiva, perdiéndose en la espesura de la Sierra de Aras la caballería que portaba la caja en donde se guardaba la imagen de la Virgen. El hallazgo del animal al día siguiente, echado en la cima del monte, en el lugar donde hoy se encuentran las tres cruces, justifica -según la tradición- el emplazamiento del Santuario en aquel lugar.

La primera noticia documental de la presencia de la imagen de María Santísima de Araceli en Lucena corresponde a un acta municipal de fecha 27 de abril de 1562, en la que consta el acuerdo de que se preparen los tambores para el recibimiento de Nuestra Señora. Aquel mismo año, no más de tres de meses después, se anota el regreso de la Virgen a su santa Casa.

En 1563 ya se había constituido la Cofradía, celebrando en el Santuario la fiesta de Nuestra Señora, siempre el primer domingo de mayo de cada año.

La Virgen se hallaba entonces -según antiguas memorias de los capellanes aracelitanos- en una pequeña ermita situada donde en la actualidad se encuentran las tres cruces de piedra, culminación de la vía sacra que se inicia en la Primera Cruz.

La devoción a tan bellísima Señora arraigó tempranamente entre los habitantes de Lucena y de la amplísima comarca que tiene como centro la cumbre de la Sierra de Aras. En documentos conservados desde el siglo XVI constan las frecuentes rogativas y funciones de acción de gracias a la ya desde entonces proclamada como Patrona y Abogada de Lucena, a la que recurrían en sus penalidades las gentes del campo andaluz.

Junto a la figura del capellán, con que siempre contó este Santuario para la atención del culto a María Santísima, aparecen a lo largo de los siglos y hasta tiempos recientes, las de los hermanos sirvientes de la Virgen, ermitaños que colaboraban con los mencionados clérigos capellanes y que realizaron una importantísima labor de difusión de la devoción aracelitana y de recogida de limosnas para los cultos y la mejora del Santuario. En este sentido cabe señalar que en 1600, ante el incremento de los devotos y lo multitudinario de las peregrinaciones, se iniciaron las obras de construcción del actual Santuario en el lugar donde se emplazaba una vieja atalaya militar desde donde se controló durante siglos la próxima frontera con el Reino de Granada.

En 1613 su Santidad Paulo V concedió a los cofrades de Nuestra Señora de Araceli bula de indulgencias, ratificada y ampliada por posteriores pontífices. La extensión de la devoción aracelitana corrió paralela a las mejoras artísticas y estructurales del Santuario a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

Deseosos de alcanzar de las autoridades el reconocimiento del Patronato sobre la ciudad de Lucena -evidente desde los primeros tiempos de la llegada de la bendita imagen-, en 1792 el Ayuntamiento, el Clero y el pueblo solicitaron y lograron del diocesano de Córdoba, don Antonio Caballero y Góngora la ratificación del mismo: la del Rey, don Carlos IV, se logró poco después, en 1808; pero las acontecimientos en que se vio envuelta España prácticamente durante la mitad del siglo XIX dilataron el logro de la ratificación del Patronato por parte del Romano Pontífice, lo que se alcanzó de S.S. Pío IX el 14 de marzo de 1851, sancionando mediante su autoridad apostólica este Patronato, siendo desde entonces Patrona Única de la ciudad de Lucena.

Ya en el siglo presente, a partir de 1910 se iniciaron las gestiones tendentes a lograr de la Santa Sede la Coronación Canónica de la venerada Imagen. Muy avanzados los trámites, y ya elaborados las coronas de la Virgen y su Bendito Hijo, así como el manto blanco, la Guerra Civil impidió la culminación del proceso. Este se reinició hacia 1945 alcanzándose del Papa Pío XII la implorada gracia de la Coronación el 7 de marzo de 1947. Así, el 2 de mayo de 1948, con grandiosa solemnidad, presidiendo el cardenal Segura, arzobispo de Sevilla, con la asistencia del arzobispo de Granada y los obispos de Córdoba, Cádiz y Jaén, y representando al Jefe del Estado el ministro de Agricultura, fueron coronados el Niño Jesús y María Santísima de Araceli.

Haciéndose eco de los deseos de los labradores, el entonces obispo de Córdoba, fray Albino Menéndez-Reigada la proclamó en 1954 Patrona del Campo Andaluz, sobre el que Maria Santísima de Araceli ejerce desde hace siglos su benéfico patrocinio.


Acontecimientos

La devoción a María en la imagen y bajo la advocación de Araceli ha constituido en Lucena, a lo largo de más de cuatro siglos de existencia, un fenómeno de importancia capital para la formación del ser propio, la personalidad y la esencia de lo lucentino.

Reclamada innumerables veces por el pueblo creyente como socorro providencial e infalible en las necesidades y aflicciones; recordada también y siempre aclamada en todos los momentos cruciales, no necesariamente de carácter religioso, de la historia de Lucena; generadora de anchos y hondos sentimientos populares; acaso también protagonista de muchas otras menudas "historias" personales, ancladas en las más hondas intimidades y que sólo es posible percibir profundizando en el sentir del pueblo; fuente de inspiración directa o indirecta del Arte y de todas las artes; símbolo, en fin, aceptado y reconocido como auténtico y diferenciador de Lucena, Nuestra Señora de Araceli forma parte inseparable de lo lucentino, no con una presencia inmóvil y ajena a las mujeres y hombres que han construido y habitado este pueblo, sino formando parte palpitante de sus vidas.

- 1562: Llegada de la imagen de María Santísima de Araceli a Lucena

Según la tradición, la imagen de la Virgen de Araceli llegó a Lucena desde Roma en 1562, año en que don Luis Fernández de Córdoba, VIII alcaide de los Donceles y II Marqués de Comares viajó hasta allí junto al hidalgo Juan de Onieva. Habiéndose quedado prendado de la madonna de Aracoeli, que los franciscanos veneran en la basílica capitolina del mismo nombre, encargó una imagen para traerla a Lucena, cabecera de su señorío.

Embarcó en Civitavecchia a primeros de abril, arribando a Alicante el día 12 del mismo mes. Con fecha 25 de abril, el cortejo que portaba la imagen de la Virgen entró en tierras lucentinas. A llegar al lugar conocido como "Primera Cruz", se desencadenó una terrible tormenta. Las caballerías se dispersaron, perdiéndose en la espesura de la sierra de Aras, entre ellas la que llevaba la imagen de Nuestra Señora, siendo encontrada al día siguiente por los criados del marqués, en la cima del monte, en el lugar donde se halla emplazado el calvario que sirve de culminación al viacrucis de jalona la subida al Santuario. Entendiéndose en estas circunstancias un designio divino, se construyó allí una pequeña ermita en la que inmediatamente comenzó a recibir culto la venerada imagen.

En el Archivo Histórico Municipal de Lucena, en un libro de actas capitulares, se anotan los preparativos para recibir a la Virgen de Araceli:

"En Lucena 27 de abril de 1562 años se juntaron a Cabildo el muy magnífico Señor licenciado Antonio Cavero Balderrávano, Alcalde mayor, y los Señores Antón Ramírez de Burgos y Gonzalo Fernández de Miguel y Diego Fernández Rando y Juan Ramírez y el Jurado Lope de Porras, y así juntados se proveyó lo siguiente: (Entraron Pedro Márquez, regidor y Gaspar Hurtado jurado, y Lázaro Martín, regidor). Cajas de tambores: Que Fernando Santaella, Mayordomo, dé las cajas de tambores aderezados como convenga para el recibimiento de Araceli".

- 1563: Fundación de la cofradía de Nuestra Señora de Araceli

En relación con la fundación de la cofradía aracelitana, en su obra "Tardes divertidas..." el historiador lucentino don Fernando Ramírez de Luque escribe: "que en un libro muy viejo donde están anotadas las primitivas memorias de misas y fiestas de la Parroquia de San Mateo y se guarda en el archivo de la comunidad de curas en cuya primera hoja se lee la lista de cofradías más antiguas de esta ciudad con la fecha de su fundación, a la de Araceli se le pone la fecha 20 de abril de 1563".

A partir de esta fecha se constata la celebración de la festividad de Nuestra Señora de Araceli el primer domingo de mayo.

- 1589: Primeras rogativas por causa de la sequía

El día 2 de abril de 1589, como consecuencia de la gran necesidad de agua, y en rogativa para que Nuestro Señor la enviase por mediación de su intercesora, la Virgen de Araceli, en sesión municipal el ayuntamiento de Lucena "acordó el postrero día de pascua se vaya por Nuestra Señora de Araceli y se traiga en procesión y se ponga en la iglesia del Señor San Mateo de esta villa y se le hagan nueve fiestas".

A dicha procesión de recibimiento se invitó a las comunidades de frailes dominicos y franciscanos, y a las cofradías del Santísimo Sacramento, de Nuestra Señora de la Asunción, de la Caridad, de la Nuestra Señora de la Cabeza; la de Nuestra Señora de la Paz, de la Inmaculada Concepción, de las Benditas Ánimas del Purgatorio, de la Virgen de la O, de Nuestra Señora de la Soledad y del Dulce Nombre de Jesús.

- 1603: La construcción del nuevo Santuario

Juan Moyano, regidor de la entonces villa de Lucena, en unas curiosas anotaciones que se conservan, escribe que el año de 1600 empezaron las obras de construcción de un nuevo Santuario, más capaz para la cada vez mayor devoción de los fieles a Nuestra Señora, que se construyó en el punto culminante del monte, en el lugar donde durante siglos estuvo emplazada una atalaya militar construida para controlar la frontera entre el reino cristiano de Castilla y el musulmán de Granada. El 8 de septiembre de 1603 se inauguró el nuevo templo con una solemne función religiosa.

- 1613: Bula de indulgencias para los cofrades de María Santísima de Araceli

El 5 de agosto de 1613, el papa Paulo V concedió "indulgencias plenarias y perdón de los pecados a todos los fieles de Cristo, de uno u otro sexo, que verdaderamente arrepentidos entrasen en dicha cofradía si en el día primero de su entrada recibieren el Santísimo Sacramento y a los cofrades de esta hermandad que verdaderamente arrepentidos , confesados y comulgados, visiten el oratorio y capilla de esta Hermandad en la primera domínica de mayo."

para más información, visitar www.virgendearaceli.com