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lunes, 1 de enero de 2018

Fabrice Hadjadj: «Estamos llegando a la consumación de los siglos. Nuestro sistema es muy frágil» 31122017

El filósofo francés, judío converso, se confiesa «muy apocalíptico»

Fabrice Hadjadj: «Estamos llegando a la consumación de los siglos. Nuestro sistema es muy frágil»

Fabrice Hadjadj: «Estamos llegando a la consumación de los siglos. Nuestro sistema es muy frágil»
Nuestra época, sostiene Hadjadj, es la primera que avizora no el fin de una civilización, sino de la humanidad misma.

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31 diciembre 2017
Fabrice Hadjadj acaba de publicar Dernières nouvelles de l'homme (et de la femm aussi)[Últimas noticias del hombre (y también de la mujer)], una antología de crónicas en las que mezcla reflexiones inspiradas en la vida cotidiana sobre el sexo, la religión, la técnica y el trabajo. A medias entre Houellebecq Chesterton, nos ofrece una deliciosa crítica de nuestro tiempo. Y nos recuerda el sentido del misterio de la Navidad. Así lo expresó en entrevista concedida a Eugénie Bastié para Le Figaro:


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-En su libro, Dernières nouvelles de l'homme (et de la femme aussi), usted hace una crónica del futuro de nuestra humanidad, amenazada por el desarrollo, cada vez mayor, de la técnica. ¿Es usted tecnófobo o, peor, "decadentista"? 
-La verdad, soy absolutamente tecnófilo. El desafío, en mi opinión, es incluso salvar la técnica, porque nunca ha estado tan en retroceso como ahora. Un personaje como Houellebecq, en Las partículas elementales, confiesa: "Mis competencias técnicas son muy inferiores a las de un hombre de Neardental". Hasta hace relativamente poco, el hombre tenía unas manos, órganos muy espirituales, receptivas más que aprehensivas, que parecían flores animadas capaces de hacer florecer al mundo, estrellas de carne que podían saludar, construir, ofrecer, resplandecer sobre las cosas. Pero la organización tecnológico-comercial nos ha dejado mancos.

»El progreso tecnológico es, la mayoría de las veces, una regresión técnica. En lugar de tocar un instrumento musical, clicamos una playlist. En lugar de hacer cosas, las compramos, gracias al sueldo ganado al crear tablas Excel o presentaciones en PowerPoint. La innovación no me necesita para ser criticada, porque ya presupone la obsolescencia de sus maravillas. Para tenernos en vilo y que olvidemos nuestras manos, no cesa de destruirse a sí misma.

»Supongamos que me adhiero plenamente a la idea de que el iPhone X es realmente lo último en dispositivos electrónicos con su aplicación Face ID, que permite convertir nuestro rostro en medio de pago: Apple me impedirá hacerlo, porque después saldrá el iPhone XI, el XII, por lo que tendré que eliminar el iPhone X. En resumen, un martillo tiene más futuro que cualquier smartphone. Yo tengo un martillo y una guitarra que pertenecían a mi padre, que en cambio no me dejó en herencia su Blackberry 5790.



»Por lo tanto, la hegemonía tecnológica es lo que favorece la decadencia humana. Nada es más decadente que las esperanzas del transhumanismo: ¿acaso su proyecto no es desencarnarnos, remplazar el logos por el software y la destreza por la impresora 3D?

»Por consiguiente, no se trata sólo de trazar un límite entre la buena y la mala tecnología, sino de comprender que la tecnología es buena sólo si se pone al servicio de la técnica. Es bueno, por ejemplo, mirar un vídeo en YouTube para redescubrir la cocina de las abuelas, hacer un potaje, hacerse un vestido o restaurar un mueble…

-Usted recomienda la vuelta a una vida simple, el gusto por el hogar y la reducción del consumo. ¿Qué responde a esas personas que le acusan de querer volver a las velas o de querer vivir como un amish?
-Me gustan los amish, lo confieso. Tengo la ingenuidad de pensar que cultivar la tierra, desplazarse a caballo y leer la Biblia en familia es mejor que hacer HFT [High Frequency Trading, operaciones financieras ultrarrápidas de compraventa], coger los RER [Réseau Express Régional, trenes de cercanías de París] o conectarse con Netflix.


Único testigo [Witness] (1985), de Peter Weir, con Harrison Ford y Kelly McGillis: la película que dio a conocer a millones de espectadores la existencia de las comunidades amish.

»Sin embargo, no recomiendo ningún tipo de "vuelta atrás". No quiero abandonar mi posición. Si la Providencia me ha hecho nacer en esta época, es para que permanezca en ella. Marx demostró claramente que las "robinsonadas" son cómplices de la lógica capitalista: se pretende volver a la naturaleza, rehacer el mundo en una isla desierta con algunos viejos utensilios, pero ignorando que el hombre es, por naturaleza, heredero de una historia, reforzando así el fantasma de un hombre hecho a sí mismo.

»Una vida sencilla... sí, claro, ¿quién no desearía, en el fondo, una vida sencilla? Pero no se llega a ella sin drama, sin estructura; sin modus vivendi. Mi tono es, además, menos prescriptivo que descriptivo. Nunca grito: "¡Viva el menor consumo!". Sencillamente observo que el consumo de mercancías nos hace perder la práctica de las cosas. Si tuviera que vincularme a alguna corriente política, lo haría al movimiento Arts and Crafts de William Morris (1834-1896) y, sobre todo, al distributismo de Chesterton (ambos admirados también por Houellebecq).


Un característico diseño de William Morris para tela.

»Situados los dos a una distancia equitativa del socialismo y el capitalismo, y sus correspondientes monopolios de estado o multinacionales, ambos preconizaban, no una mejor repartición de las rentas (lo que no refuta la supremacía monetaria o comercial), sino una justa distribución de los medios de producción, elogio de la pequeña propiedad familiar.

»A decir verdad, es una historia antigua, que se encuentra ya en el Génesis. Cuando Labán le propone a Jacob un salario mejor, éste le responde: "Ahora bien, ¿cuándo voy a hacer yo también algo por mi propia casa?" (Gén, 30, 30).

-Usted es un gran defensor de la diferencia de los sexos. En un momento en que el deseo está siendo criminalizado por un feminismo puritano o caricaturizado por un universo mercantil, ¿que opinión tiene sobre las relaciones hombre-mujer? 
-No soy un defensor de los sexos; simplemente observo que tengo uno, bastante caprichoso por otra parte, y que no es el otro. ¡Ojalá estuviéramos aún en la guerra de los sexos, tipo Lisístrata! Pero no, ahora estamos en la disputa victimaria y el contencioso contractual.

»Me explico. Debemos denunciar el acoso, la violación y hacer justicia; pero el modo de denuncia actual tiene bases neo-liberales, que no tienen nada que ver con los sexos. Queremos negar la oscuridad del deseo, pretendemos que todas las relaciones se desarrollen como un contrato entre dos agentes racionales, cuyas intenciones tienen que ser perfectamente transparentes. Para evitar futuras acusaciones, los maridos tienen que tener la prudencia de obtener un consentimiento firmado de sus esposas y, eventualmente, pagarlas por su "trabajo emocional". Pero esto no funciona así. Nunca lo hace.

»La polaridad sexual no podrá reducirse jamás a un acuerdo entre dos partes contratantes. Emmanuel Lévinas decía que tenía siempre una parte de adoración y otra de profanación. Por lo tanto, hay que luchar -primero consigo mismo- contra la violencia hecha a las mujeres, pero es necesario también admitir que el deseo que impulsa a un hombre hacia una mujer -y recíprocamente- no tiene nada que ver con la ficción del agente racional inventado por la teoría económica moderna.


Los nuevos puritanos buscan la deshumanización, por racionalización pura, del amor y del deseo (Robin Williams y Embeth Davidtz en una escena de El hombre bicentenario [1999], de Chris Columbus).

-En una de sus crónicas, usted vincula el terrorismo con el tecnocapitalismo… En su opinión, ¿la difusión de la ideología yihadista encuentra terreno favorable en la mundialización espectacular y comercial? 
-El enfrentamiento entre consumismo e islamismo es sólo superficial: es la misma forma mentisEn ambos casos, se trata de llegar al paraíso apretando un botón. Estado Islámico no tiene nada de retorno a unas supuestas tinieblas medievales: es un movimiento postmoderno, formado por individuos desarraigados, reclutados por internet, que se hacen selfies con Kalachnikov y salen en videos de degüellos con puestas en escena que parecen series de televisión y que subsisten gracias a los petrodólares. Su "Dios" no se hizo carne. No es carpintero ni talmudista, lo que le habría dado, además del sentido de lo concreto, un cierto sentido del humor. El yihadismo es, tal vez, una reacción al vacío occidental, a su ausencia de sentido o de transcendencia, pero es también una extensión de ese vacío, una pérdida radical de la tierra, de la cultura, de la historia.

-Usted termina su antología con un "cuento de Navidad". En un momento en el que el consumo prima sobre el rito, ¿qué sentido puede aún tener esta fiesta cristiana?
-Estamos llegando a la consumación de los siglos. Nuestro sistema es muy frágil. La colapsología es una ciencia que está muy en boga. El pavo con castañas puede engordar hasta taparnos la vista, pero el hecho es éste: el alcaudón real de vientre rosa ha desaparecido del territorio francés.

»Estamos sólo al principio de la desaparición de las especies y de los enormes flujos migratorios, resultado del calentamiento climático. El black-out que apagará todas las grandes arterias comerciales no está lejos: ¡tendrán suerte los que aún tengan velas! En lo que atañe a los cíborgs, que nos presentan como inmortales, no encontrarán ningún lugar donde recargar sus prótesis o cambiar sus piezas, por lo que se quedarán averiados. De hecho, no soy ni decadentista ni progresista. Soy, sencillamente, muy apocalíptico.

»Somos las primeras generaciones a las que nos han asegurado, no sólo que "las civilizaciones son mortales", como decía Valéry, sino que la especie humana está condenada a la extinción, a medio o largo plazo. ¿Cuál es el sentido de esta certeza? ¿Por qué continuar, entonces, esta aventura humana? Será necesario, cuando las pantallas se apaguen, plantearse en serio la cuestión. Entonces nos percibiremos, tal vez, la estrella que hay encima del establo de Belén: ese bebé judío que apareció en medio de la noche, entre su madre, su padre, el buey y el asno, la adoración de los pastores y de los reyes, es lo Eterno que nos dice que es bueno ser humano, tener un cuerpo, trabajar con nuestras propias manos, hablar del cielo a través de las cosas sencillas de la tierra; y que incluso si el mundo desapareciera mañana -la figura de este mundo pasa, dice San Pablo-, sería necesario seguir manteniendo nuestra posición en él, plantando árboles, criando a nuestros hijos, transmitiéndoles la poesia de la alabanza y de la súplica. 

»Este misterio de la Encarnación será el último salvavidas contra el transhumanismo, el islamismo, el animalismo, el espiritualismo y todas las demás formas contemporáneas de desesperanza.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

domingo, 22 de noviembre de 2015

El filósofo francés reflexiona sobre los atentados de París Fabrice Hadjadj: «Demasiada buena conciencia y ceguera están preparando el suicidio de Europa» 22112015

El filósofo francés reflexiona sobre los atentados de París

Fabrice Hadjadj: «Demasiada buena conciencia y ceguera están preparando el suicidio de Europa»

Fabrice Hadjadj: «Demasiada buena conciencia y ceguera están preparando el suicidio de Europa»
El filósofo Fabrice Hadjadj cree que la maternidad es la primera línea de defensa contra la deshumanización tecnocrática... gracias a las madres los niños se gestan, no se producen

¿Qué movió a tres jóvenes «perfectamente integrados» a cometer los ataques islamistas de hace un mes en Francia? Es una de las preguntas a las que intentó responder el filósofo y novelista Fabrice Hadjadj hace unos días en la Fundación De Gasperi, de Roma.

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22 noviembre 2015
En su conferencia, titulada Los yihadistas, el 11 de enero y la Europa del vacío, explicó que los movimientos islamistas, «en realidad, son movimientos posteriores a las Luces. Saben que las utopías humanistas, que habían sustituido a la fe religiosa, se han derrumbado». Por ello ofrecen otra respuesta a los jóvenes, una razón para dar la vida que Europa no da.

«Demasiada buena conciencia y la ceguera ideológica están preparando para muy pronto, si no la guerra civil, por lo menos el suicidio de Europa». Ofrecemos la versión de la conferencia publicada en Le Figaro:

Los yihadistas, el 11 de enero y la Europa del vacío
«Queridos yihadistas es el título de una carta abierta publicada por Philippe Muray -uno de nuestros grandes polemistas franceses- poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Esta carta termina con una serie de advertencias a los terroristas islámicos, pero en realidad a quien apunta, de rebote y con ironía, es a los Occidentales fanáticos del confort y el supermercado. Les cito un pasaje cuyo feliz y mordaz sarcasmo van a captar inmediatamente. «[Queridos yihadistas], ¡temed la ira del consumidor, del turista, del veraneante que baja de su autocaravana! ¿Nos imagináis repantingados en las diversiones que nos han ablandado? Pues lucharemos como leones para proteger nuestro ablandamiento. […] Lucharemos por todo, por las palabras que ya no tienen sentido y por la vida que las acompaña».Y hoy podemos añadir: ¡lucharemos por Charlie Hébdo, periódico ayer moribundo, y que no tenía ningún espíritu crítico -pues criticar es discernir, y “Charlie” metía en el mismo saco a los yihadistas, los rabinos, los policías, los católicos,los franceses medios…- pero del que haremos el emblema de la nada y la confusión que nos animan!

»He aquí, más o menos, el estado del Estado francés. En lugar de dejarse interpelar por los acontecimientos, insiste, y aprovecha para aliviar su conciencia, ganar puntos en las encuestas, alinearse con las víctimas inocentes, la libertad abofeteada, la moralidad ultrajada, con tal de no reconocer el vacío humano de una política que se viene aplicando desde hace décadas ni el error de un cierto modelo eurocéntrico según el cual el mundo evolucionaría fatalmente hacia la secularización mientras asistimos en todas partes, por lo menos desde 1979, al retorno de lo religioso en la esfera pública. Pero hete aquí que demasiada buena conciencia y la ceguera ideológica están preparando para muy pronto, si no la guerra civil, por lo menos el suicidio de Europa.

Terroristas franceses
Lo primero que hay que constatar es que los terroristas de los recientes atentados de París son franceses, han crecido en Francia y no son ni accidentes ni monstruos, sinoproducto de la integración a la francesa, auténticos retoños de la República actual, con toda la revuelta que tal descendencia puede inducir. En 2009, Amedy Coulibaly, autor de los atentados de Montrouge y del supermercado kosher de Saint-Mandé, fue recibido por Nicolas Sarkozy en el Palacio del Elíseo junto a otros nueve jóvenes elegidos por sus empleadores para dar testimonio de las virtudes de la formación por alternancia:trabajaba entonces bajo contrato de profesionalización en la fábrica que Coca Cola tiene en Gagny, su ciudad natal.

»Los hermanos Kouachi [autores de la matanza de Charlie Hebdo, N. d. T.], huérfanos procedentes de la inmigración, fueron acogidos en un centro educativo sito en Corrèze [provincia del centro de Francia y feudo electoral de los presidentes Jacques Chirac y François Hollande, N. d. T], y perteneciente a la Fundación Claude-Pompidou.

«Estaban perfectamente integrados»
Al día siguiente de la matanza en la sede de Charlie Hébdo, el director del centro educativo sentía estupor: «A todos nos choca este asunto porque conocíamos a estos jóvenes. Nos cuesta imaginar que estos chavales que estaban perfectamente integrados (jugaban el fútbol en los equipos locales) hayan sido capaces de matar de forma deliberada. Nos cuesta creerlo. Mientras estuvieron con nosotros, su comportamiento no fue nada problemático. Said Kouachí […] estaba preparado para entrar en la vida socioprofesional». Unas declaraciones que recuerdan a las del alcalde de Lunel -pequeña ciudad del sur de Francia- que se extrañaba porque diez jóvenes de su municipio se unieran a la Yihad en Siria, justo cuando acababa de renovar una magnífica pista de skate board en mitad de su barrio. ¡Qué ingratitud!

Colmando sus aspiraciones...
»¿Cómo es que estos jóvenes no han tenido la impresión de haber podido colmar sus aspiraciones más profundas trabajando en Coca Cola, practicando el skate board o jugando en el equipo local de fútbol? ¿Cómo es que su deseo de heroicidad, de contemplación y de libertad no ha sido colmado por esa oferta tan generosa que consiste en poder elegir entre dos platos congelados, mirar una serie americana o de abstenerse en las elecciones? ¿Cómo es que sus esperanzas de pensamiento y de amor no han podido cumplirse al ver todos los progresos que están en marcha, como el matrimonio gay o la legalización de la eutanasia?

»Y es que, precisamente, el debate que interesaba al Gobierno francés justo antes de los atentados: la República estaba completamente centrada en esa gran conquista humana, sin duda la última, y que es el derecho de ser asistido en el propio suicidio o rematado por verdugos cuya delicadeza está garantizada por un diploma en Medicina…¿Hay razones en Europa para dar la vida?

»Entiéndanme: los Kouachis y Coulibalys estaban «perfectamente integrados», pero integrados en la nada, integrados en la negación de cualquier impulso espiritual, y es por eso por lo que acabaron sometiéndose a un islamismo que no era solo una reacción a este vacío sino también una continuidad con ese vacío, a través de su logística de desarraigo planetario, de pérdida de la transmisión familiar y de mejora técnica de los cuerpos para convertirlos en super instrumentos conectados a un dispositivo sin alma…Un joven no busca sólo razones para vivir; también y sobre todo -porque no podemos vivir eternamente- busca razones para dar su vida. Ahora bien, ¿todavía hay razones en Europa para dar su vida? ¿La libertad de expresión? De acuerdo. ¿Pero qué cosa importante tenemos que expresar? ¿Qué Buena Nueva tenemos aún que anunciar al mundo?

»Este asunto de saber si Europa es todavía capaz de ser portadora de una trascendenciaque dé un sentido a nuestros actos; este asunto, digo, ya que es el más espiritual de todos, es asimismo el más carnal. No solo se trata de dar su vida, sino también de dar la vida. De forma curiosa, o providencial, durante su audiencia del 7 de enero, el mismo día de los atentados, el Papa Francisco citaba una homilía de Óscar Romero que demostraba el vínculo existente entre el martirio y la maternidad, entre el hecho de estar dispuesto a dar su vida y el hecho de estar dispuesto a dar la vida.

Debilidad espiritual
»Es una evidencia ineludible: nuestra debilidad espiritual repercute sobre la demografía; nos guste o no, la fecundidad biológica siempre es un signo de esperanza vivida (aunque esa esperanza sea desordenada, como en el natalismo nacionalista o imperialista). Si adoptamos un punto de vista completamente darwiniano, tenemos que admitir que el darwinismo no es una ventaja selectiva. Creer que el hombre es el resultado mortal de un apaño azaroso de la evolución no ayuda, no nos anima en absoluto a tener hijos. Mejor tener un gato o un caniche. O tal vez uno o dos sapiens sapiens, por inercia, por convencionalismo, pero, a fin de cuentas, menos como niños que como juguetes sobre los cuales ejercer vuestro despotismo y distraeros de vuestra angustia (antes de agravarla de forma radical).

«La procreación es el yihad de las mujeres»
»Así pues, el éxito teórico del darwinismo solo puede desembocar en el éxito práctico de los fundamentalistas que niegan esta teoría, pero que tienen muchos hijos. Annie Laurent, una amiga islamóloga, me dijo unas palabras muy clarividentes: «La procreación es el yihad de las mujeres». 

La dominación de las mujeres con burqa
»Antaño, lo que impulsó al general de Gaulle a otorgar la independencia a Argelia fue, precisamente, la cuestión demográfica. Conservar la Argelia francesa de forma justa equivalía a conceder la ciudadanía a todos, pero al estar la democracia francesa sometida a la ley de la mayoría, y por lo tanto a la demografía, acabaría sometiéndose a la ley coránica. El 5 de marzo de 1959, De Gaulle confiaba a Alain Peyrefitte [ministro, confidente y memorialista del general N. d. T.]: «¿Cree usted que el cuerpo francés puede absorber a diez millones de musulmanes, que mañana serán veinte millones y pasado mañana cuarenta? Si hacemos la integración, si todos los árabes y bereberes de Argelia fuesen considerados como franceses ¿cómo se les impediría instalarse en la metrópoli donde el nivel de vida es mucho más elevado? Mi pueblo ya no se llamaría Colombey-les-Deux-Églises [Iglesias] sino Colombey-les-Deux-Mosquées [Mezquitas]».

»Es cierto que se ha producido una liberación de la mujer de la que podemos estar orgullosos. Sin embargo, cuando esta liberación desemboca en un militantismo contraceptivo y abortivo -ya que la paternidad se concibe de ahora en adelante como cargas insoportables para individuos que han olvidado que son antes de todo hijos e hijas- sólo puede ceder el paso, tras unas generaciones, a la dominación masiva de las mujeres con burqa, puesto que las mujeres en minifalda se reproducen mucho menos.

Un movimiento posterior a la Ilustración
»Por mucho que protestemos «Oh, el burqa. ¡Qué costumbres más bárbaras!», ésta y otras costumbres bárbaras hacen funcionar a nuestra civilización del futuro; bueno, de un futuro sin posteridad…En el fondo, los yihadistas cometen un grave error estratégico: al provocar reacciones indignadas, lo único que logran es ralentizar la islamización suave de Europa, la que presenta Michel Houellebecq en su última novela -que también salió a la venta el 7 de enero-, y que se pone en marcha gracias a nuestra doble astenia religiosa y sexual. A menos que nuestra insistencia en «no generar confusiones», en decir que el islam no tiene nada que ver con el islamismo (cuando tanto el presidente egipcio Al-Sissi como los Hermanos Musulmanes nos dicen lo contrario) y en sentirnos culpables de nuestro pasado colonial nos entreguen con más obsequiosidad, si cabe, al proceso en curso.

»Sea como fuere, hay una vanidad que debemos perder: la que consiste en creer que los movimientos islamistas son movimientos previos a las Luces y bárbaros -como lo apuntaba más arriba-, que se templarán tan pronto como conozcan el esplendor del consumismo. En realidad, son movimientos posteriores a las Luces. Saben que las utopías humanistas, que habían sustituido a la fe religiosa, se han derrumbado.¿Para qué Europa estamos dispuestos a dar la vida?

»De ahí que nos hagamos la pregunta de si el islam no es el término dialéctico en una Europa tecno-liberal que rechaza sus raíces grecolatinas y sus alas judía y cristiana: esta Europa no puede vivir demasiado tiempo sin Dios ni madres, pero, como niña mimada que es, tampoco será capaz de volver a su Madre Iglesia, y al final consiente a entregarse a un monoteísmo fácil en el que la relación con la riqueza está desdramatizada, la moral sexual es más relajada y la posmodernidad hi-tech edifica ciudades tan radiantes como las de Catar. Dios + el capitalismo, las huris de harén + los ratones de ordenador ¿Por qué no sería el último compromiso, el verdadero final de la Historia? Una cosa me parece cierta: lo bueno que hay en el siglo de las Luces ya no puede subsistir sin la Luz de los siglos. Pero, ¿seremos capaces de reconocer que esta Luz es la Verbo que se hizo carne, del Dios hecho hombre, es decir, de una divinidad que no aplasta lo humano sino que lo asume en su libertad y en su debilidad?

»Os hago una última pregunta: sois romanos, pero ¿tenéis motivos sólidos para evitar que la Basílica de San Pedro no acabe como la Catedral de Santa-Sofía? Sois italianos pero ¿seréis capaces de luchar por la Divina Comedia? ¿O bien os avergonzáis porque Dante tuvo la osadía, en el Cántico XVIII de su Infierno, de hablar de Mahoma en el noveno Fraudulento del octavo círculo?

»Para terminar: somos europeos. Pero ¿estamos orgullosos de nuestra bandera con doce estrellas? ¿Nos acordamos del sentido mismo de esas doce estrellas que nos reenvían al Apocalipsis de San Juan y a la fe de Schuman y de De Gasperi? El tiempo del confort se ha terminado. Ahora tenemos que contestar, o estaremos muertos: ¿para qué Europa estamos dispuestos a dar la vida?».

Traducción de J.M. Ballester para el semanario Alfa y Omega