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miércoles, 18 de marzo de 2020

San Tetric de Langrés, obispo. (18 de marzo)

San Tetric de Langrés, obispo.

De raza de obispos.

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San Tetric de Langrés. Dijon.
San Tetric de Langrés. Dijon.
San Tetric de Langrés, obispo. 18 de marzo.

Fue hijo del obispo San Gregorio de Langrés (4 de enero) y de Armentaria. Su hermano Gregorio fue el padre de San Gregorio de Tours (17 de noviembre), que es quien da noticias de su abuelo y su tío, nuestro santo. Tetric fue casado con una mujer de la que no consta nombre, y su hijo fue San Gondulf (3 de septiembre), que a su vez será ascendiente de varios monarcas, obispos y santos emparentados entre sí. Sobre su infancia y juventud no sabemos casi nada, pues su sobrino retoma su biografía cuando es elegido obispo de Langrés para suceder a su padre, sobre 540.

Fue un obispo fiel, solícito pastor y defensor de sus fieles, evangelizador y caritativo. Gregorio de Tours nos cuenta que un domingo, estando celebrando la liturgia en la iglesia de San Juan, apareció Chramn, el hijo rebelde del rey Clotario, pidiendo consultar la Palabra de Dios para hallar la voluntad divina. Tetric puso sobre el altar tres libros sagrados: el Antiguo Testamento, los Evangelios y las Epístolas. Mientras el clero oraba, Chramn abrió el primer libro y leyó a Isaías 5, 4-5: "¿Qué más se puede hacer por mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Por qué, cuando esperaba que produjera uvas buenas, produjo uvas silvestres? Ahora pues, dejad que os diga lo que yo he de hacer a mi viña: quitaré su vallado y será consumida; derribaré su muro y será hollada". Luego abrió el joven el libro de las Epístolas y leyó I Tesalonicenses 5, 3: "cuando estén diciendo: Paz y seguridad, entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente, como dolores de parto a una mujer que está encinta, y no escaparán". Y finalmente, abrió el príncipe el Evangelio de San Mateo 7, 26-27 y se leyó que "todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción". Con semejantes oráculos, el príncipe rebelde se fue muy desanimado, huyendo a Aquitania, y de allí a Bretaña. Pero Clotario lo alcanzó, y encerrándole a él, a su mujer y a sus hijos en una choza, los quemó vivos a todos.

Y poco más sabemos sobre San Tetric, salvo que viendo la constante veneración del pueblo y los milagros que ocurrían ante la tumba de su padre, elevó las reliquias al centro del ábside de la basílica de San Juan, pudiendo comprobarse en dicha elevación que el cuerpo estaba incorrupto y el rostro mostraba gran felicidad. Tetric murió en 572. Fue sepultado junto a su padre, y en una fecha indeterminada sus reliquias se trasladaron al baptisterio de la abadía de San Benigno de Dijon, junto a su padre. En 1858, haciendo unas obras de reconstrucción en la iglesia las reliquias de ambos fueron halladas y trasladadas a la cripta de la misma abadía.
Fuentes:
-Ascent of the saints. BRIAN DANIEL STARR. 2010.
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

lunes, 27 de enero de 2020

Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia (28 de enero)


Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

fecha: 28 de enero
n.: c. 1225 - †: 1274 - país: Italia
canonización: 
C: Juan XXII 18 jul 1323
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Memoria de santo Tomás de Aquino, presbítero de la Orden de Predicadores y doctor de la Iglesia, que, dotado de gran inteligencia, con sus discursos y escritos comunicó a los demás una extraordinaria sabiduría. Llamado a participar en el II Concilio Ecuménico de Lyon por el papa beato Gregorio X, falleció durante el viaje en el monasterio de Fossanova, en el Lacio, el día siete de marzo, fecha en la que, años después, se trasladaron sus restos a la ciudad de Toulouse, en Francia.
Patronazgos: patrono de los intelectuales católicos, de las escuelas y universidades católicas, de los teólogos, filósofos, estudiantes, libreros y los fabricantes de lápices, protector contra los rayos, el tiempo severo y las tormentas, para pedir por la castidad y la pureza.

Oración: Creador inefable, que de los tesoros de tu sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles y con maravilloso orden las colocaste sobre el cielo empíreo, y distribuiste las partes del universo con suma elengancia.
Tú que eres la verdadera fuente de luz y sabiduría, y el soberano principio, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento un rayo de tu claridad, apartando de mí la doble oscuridad en que he nacido: el pecado y la ignorancia.
Tú, que haces elocuentes las lenguas de los niños, instruye mi lengua e infunde en mis labios la gracia de tu bendición.
Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar, y gracia copiosa para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar.
Amén.
(Oración DE santo Tomás para antes de estudiar)
La familia de los condes de Aquino descendía en línea directa de los lombardos. Landulfo, el padre de Tomás, era caballero; su madre, Teodora, era de ascendencia normanda. Por su físico, Tomás era más nórdico que meridional: estatura imponente, anchas espaldas y tez clara. No conocemos con exactitud el año de su nacimiento (debió ser hacia 1225), en el castillo de Rocca Secca, cuyas ruinas dominan todavía, desde un alto acantilado, la llanura de Campania Felice y el pueblecito de Aquino. Tomás era el más joven de los cuatro hijos. Tenía también algunas hermanas, la más joven de las cuales murió fulminada por un rayo en la misma habitación que ocupaba el santo; éste escapó ileso. Se dice que tuvo durante toda su vida mucho miedo a las lempestades y que acostumbraba refugiarse en alguna iglesia cuando caían rayos. De ahí nació la costumbre popular de venerar a santo Tomás como abogado contra las tempestades y la muerte repentina.
A unos cuantos kilómetros al sur de Rocca Secca, se yergue sobre una llanura, la abadía de Monte Cassino, cuna de la vida monástica y uno de los sitios más venerables de Europa. Allí estuvo santo Tomás como oblato, desde los cinco hasta los doce años (cf. cap. LIX de la Regla de San Benito), cuando era abad un pariente suyo, Landulfo Sinbaldo, y allí recibió la primera instrucción. Sus padres le sacaron de la abadía, probablemente debido a la turbulencia del momento, y le enviaron a la Universidad de Nápoles, donde estudió durante cinco años e hizo sus primeros discípulos. En Nápoles se sintió atraído por la Orden de Predicadores, a cuya iglesia iba con frecuencia. Sus amigos, los frailes, le vieron con frecuencia absorto en oración, con el rostro resplandeciente; uno de ellos, el P. de San Julián, exclamó en cierta ocasión: «El Señor te tiene reservado para nuestra orden». Santo Tomás confió al prior que tenía ardientes deseos de ingresar en el convento. Teniendo en cuenta la oposición de su familia, el prior le aconsejó que cultivase su vocación y esperase tres años. El tiempo no hizo más que confirmar la vocación de Tomás, quien tomó el hábito de Santo Domingo hacia los diecinueve años de edad.
La noticia causó gran indignación en Rocca Secca. Su madre no se habría opuesto a que entrase en la Orden de San Benito, pues probablemente le imaginaba ya abad de Monte Cassino, pero no podía aceptar que hubiese abrazado una orden de mendicantes. Así pues, partió hacia Nápoles con la intención de disuadir a su hijo, pero los frailes enviaron rápidamente a Tomás al convento de Santa Sabina de Roma y, cuando Teodora llegó, ya no encontró allí a su hijo. El superior general de la orden decidió que Tomás le acompañase a Bolonia junto con otros religiosos, pero Teodora no estaba dispuesta a verse burlada de ese modo y avisó a sus hijos mayores, que servían en el ejército del emperador en Toscana, para que impidieran la partida de Tomás. Cuando el joven religioso se hallaba descansando a la vera del camino de Aquapendente, cerca de Siena, sus hermanos se presentaron con un pelotón de soldados. En vano intentaron arrancarle el hábito, pero sí lo llevaron prisionero a Rocca Secca y después al castillo de Monte San Giovanni, a cuatro kilómetros de distancia, donde le encerraron, sin permitir más visitas que las de su hermana Marotta, que no era precisamente devota. Al principio, trataron de hacerle cambiar de ideas por todos los medios de convicción posibles; después, empezaron a mitigar poco a poco la severidad de la prisión. Santo Tomás aprovechó el cautiverio para estudiar las «Sentencias» de Pedro Lombardo y aprender de memoria gran parte de la Sagrada Escritura. Se dice que fue entonces cuando escribió un tratado sobre los sofismas de Aristóteles. Al ver fracasados todos sus intentos, los hermanos de Tomás concibieron el infame proyecto de introducir en su habitación a una mujer de mala vida. Pero el santo tomó una tea ardiente para echarla fuera. Se dice que inmediatamente después, se durmió y tuvo un sueño en el que vio a dos ángeles que le ciñeron el pecho con una cuerda que simbolizaba la castidad.
El cautiverio duró dos años, hasta 1245, cuando pudo volver al convento. Sus superiores determinaron enviarle a estudiar bajo la dirección de san Alberto Magno. Tomás partió con el superior general, Juan el Teutón, que iba a París y de ahí prosiguió el viaje a Colonia. Las universidades estaban entonces llenas de clérigos jóvenes, ansiosos de aprender y discutir. Ni los profesores, ni los otros estudiantes apreciaron al principio, en su justo valor, al humilde y tímido religioso. Su silencio en las discusiones y su gigantesca estatura, le valieron el apodo de «el buey silencioso». Un compañero bien intencionado, compadecido de la aparente estulticia de Tomás, le ofreció preparar con él las lecciones de cada día, lo que el santo aceptó con humildad y agradecimiento; pero, cuando se toparon con un pasaje difícil que el condiscípulo de Tomás no entendía, éste se lo explicó con una claridad que lo dejó atónito. Poco después, otro condiscípulo de Tomás mostró al maestro una hoja de los apuntes del santo y aquél no pudo menos de admirar su profundidad. Al día siguiente, San Alberto examinó públicamente a Santo Tomás y al fin exclamó: «Hasta ahora hemos llamado al hermano Tomás 'el buey silencioso'; pues bien, yo os aseguro que sus mugidos se oirán en todo el mundo». Pero todavía más grande que su ciencia era su piedad. La ordenación sacerdotal no hizo sino aumentar su unión con Dios. Su discípulo y biógrafo, Guillermo de Tocco, nos dice que pasaba horas enteras en oración, de día y de noche. «Al llegar en la misa al momento de la consagración, observó que Tomás, absorto en los divinos misterios y alimentado con sus frutos, se deshacía en lágrimas».
Es bastante incierta la cronología de la vida de santo Tomás en esta época. Sólo se sabe positivamente que en 1252, cuando no era todavía más que bachiller, enseñaba en la Universidad de París, a instancias de san Alberto y del cardenal Hugo de Saintcher. Se hace notar que el sistema de los grados académicos no era entonces el mismo que ahora; generalmente se conferían según los méritos alcanzados en la enseñanza. Santo Tomás comentó en París la Sagrada Escritura y el Líber Sententiarum de Pedro Lombardo. A este propósito escribió sus comentarios sobre el «Libro de las Sentencias», sobre Isaías y sobre el Evangelio de San Mateo. Cuatro años más tarde, se le confió la cátedra de doctor, encargado de enseñar, discutir y predicar. Hacia el fin de este período, empezó a escribir la Summa contra Gentiles. De 1259 a 1268, el santo, que era ya el profesor más popular de París, estuvo en Italia, donde se le nombró predicador general y profesor de la escuela de la corte pontifical para alumnos selectos. Santo Tomás recorrió toda Italia y tuvo ocasión de enseñar y predicar en muchas ciudades. Hacia 1266, empezó a escribir la más famosa de sus obras: la «Summa Theologiae» (Suma Teológica).
En 1269 volvió a París. San Luis de Francia le profesaba tanta estima, que le consultaba todos los asuntos de importancia. Pero nada puede darnos una idea más precisa de la fama del santo, que la decisión de la Universidad de atenerse a su opinión, sobre una cuestión muy debatida hasta entonces: si en el Santísimo Sacramento los accidentes permanecían realmente o sólo en apariencia. Santo Tomás, tras una ferviente oración, escribió su respuesta en forma de tratado y lo depositó sobre el altar, antes de darlo a la luz pública. La Universidad aceptó su decisión, que la Iglesia adoptó más tarde, y el tratado se conserva todavía. A lo que sabemos, ésta fue la primera ocasión en que el Señor manifestó sensiblemente a santo Tomás su aprobación por lo que había escrito, diciéndole en una aparición: «Has hablado bien del Sacramento de mi Cuerpo». Al oír esto, el santo entró en un éxtasis tan largo, que los frailes tuvieron tiempo de reunirse para verlo elevado sobre el suelo. Entonces se oyó una voz que venía del crucifijo y repetía: «Has hablado bien de mí, Tomás. ¿Qué quieres en premio de ello?» El santo respondió: «No quiero ningún otro premio fuera de Ti, Señor». Se cuenta también una historia muy diferente acaecida un día en que el santo fue invitado a comer con el rey san Luis. Durante la comida tuvo una inspiración repentina acerca de una cuestión sobre la que estaba escribiendo y, dando un puñetazo sobre la mesa, exclamó en voz alta: «¡Este es el fin de la herejía maniquea!» Al ver al santo absorto, el prior le tiró de la capa y le recordó que estaba comiendo con el rey; Tomás volvió en sí de su distracción y pidió perdón al monarca.
Durante los dos períodos de su enseñanza en París, la Universidad estuvo sacudida por diversas agitaciones. En 1272, estalló una especie de «huelga general» en las facultades. Justamente en ese momento, santo Tomás fue llamado a Italia y nombrado rector de la casa de estudios de Nápoles. Ese fue el último cargo que ocupó. Al año siguiente, cuando celebraba la misa de la fiesta de san Nicolás, tuvo una visión que le afectó tan profundamente, que cesó de escribir y enseñar, sin acabar siquiera la Summa Theologiae. A los ruegos del hermano Reginaldo, replicó el santo: «Ya no es tiempo de escribir. Todo lo que he escrito me parece que no es sino paja, en comparación de lo que se me ha revelado». Se hallaba ya enfermo cuando el papa Gregorio X le pidió que asistiese al Concilio ecuménico de Lyon para la reunión de las Iglesias griega y latina y que llevase consigo su tratado «Contra los errores de los griegos». Su enfermedad se agravó tanto durante el viaje, que sus acompañantes le transladaron a la abadía cisterciense de Fossa Nuova, cerca de Terracina, donde el abad le cedió su propia celda y los monjes se pusieron a su servicio. Cediendo a los ruegos de los religiosos, el santo empezó a explicarles el «Cantar de los Cantares», pero la muerte le sorprendió antes de terminar. Hizo la última confesión con el P. Reginaldo de Priverno y, al recibir de manos del abad el Santo Viático, pronunció las famosas palabras: «Ahora voy a recibirte a Ti, que eres el precio de la redención de mi alma. Todos mis estudios, vigilias y trabajos han sido por tu amor. He enseñado y escrito mucho sobre el Sagrado Cuerpo de Jesucristo. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y en la Santa Iglesia Católica, a cuyo juicio las ofrezco y someto todas». Dos días después entregó el alma a Dios, en la madrugada del 7 de marzo de 1274, cuando no tenía más de cincuenta y cinco años de edad. A san Alberto, que se hallaba en Colonia en ese momento, se le saltaron las lágrimas ante toda la comunidad y dijo: «El hermano Tomás de Aquino, mi hijo en Cristo, la lumbrera de la Iglesia, ha muerto. Dios me lo ha revelado».
Santo Tomás fue canonizado en 1323, pero su cuerpo no volvió a poder de los frailes de Santo Domingo, sino hasta 1368. Fue trasladado con gran pompa a la catedral de Toulouse, donde descansa hasta hoy, aunque hubo un nuevo traslado de reliquias, dentro mismo de Toulouse, el 22 de octubre de 1974. San Pío V confirió a santo Tomás el título de Doctor de la Iglesia en 1567, y en 1880 León XIII le declaró patrono de las universidades, colegios y escuelas. No podemos hablar aquí, en detalle, de los escritos filosóficos y teológicos del santo, que comprenden veinte gruesos volúmenes. Gran parte de su obra está formada por los comentarios de Aristóteles, de cuyos escritos se valió para construir una síntesis cristiana de la filosofía. Se ha dicho que su método consistía en aplicar la geometría a la teología, ya que primero expone el problema o teorema y después las dificultades. Abundan en sus escritos las citas de pasajes de la Sagrada Escritura, de la Tradición de la Iglesia, de las principales obras teológicas y la conclusión consiste siempre en una respuesta categórica a cada una de las objeciones enunciadas al principio. Santo Tomás escribió también disertaciones sobre el Padrenuestro, el Ave María y el Símbolo de los Apóstoles, además de los comentarios sobre numerosos libros de la Sagrada Escritura y de los tratados sobre las cuestiones que se le consultaban. La más importante de sus obras es la Summa Theologiae, que es una exposición muy completa de la doctrina teológica de su tiempo. Se trata indudablemente de uno de los monumentos teológicos más grandes de su época. De las tres obras que había sobre la mesa en el Concilio de Trento, una era la «Summa» de santo Tomás y las otras dos, la Biblia y los Decretos de los Papas. El tiempo que ha pasado hace muy difícil comprender la influencia que santo Tomás ejerció sobre la mentalidad teológica de sus contemporáneos y sus sucesores inmediatos. Por lo demás, los trabajos del santo no se limitaron solamente al dogma, la apologética y la filosofía. Cuando el papa Urbano IV decidió establecer la fiesta de Corpus Christi, movido por las visiones de la beata Juliana de Lieja, pidió a Santo Tomás que compusiera el oficio litúrgico y la misa del día. En ellos muestra el santo su extraordinario dominio de la lengua, no menos que su exactitud doctrinal y su ternura de sentimientos. Casi todos los católicos conocen los himnos «Verbum Supernum» y «Pange lingua» con sus estrofas finales, «0 Salutaris» y «Tantum ergo», que se cantan durante la bendición con el Santísimo Sacramento. También otros himnos del santo, particularmente el «Lauda Sion» y el «Adoro te devote», son muy conocidos.
Entre las cualidades sobresalientes de santo Tomás hay que mencionar el espíritu de oración y la humildad. Como él lo afirmaba constantemente, había aprendido más al pie del crucifijo que estudiando en los libros. El hermano Reginaldo escribe: «Su maravillosa ciencia provenía menos de su genio que de la eficacia de sus oraciones. Tomás oraba con muchas lágrimas para obtener de Dios la luz sobre Sus misterios y el Señor se la daba a raudales». La modestia con que santo Tomás consideraba su genio era extraordinaria. En cierta ocasión en que le preguntaron si tenía tentaciones de orgullo y vanagloria, replicó: «no». En seguida añadió que, las raras veces en que le venían tales pensamientos, el sentido común le demostraba inmediatamente cuán vanos eran. Por lo demás, tenía tendencia a considerar que los otros eran mejores que él. Exponía sus opiniones con increíble modestia; jamás se dejó llevar por la cólera en las discusiones, por mucho que le provocasen y nunca se le oyó decir alguna cosa que hubiese podido herir a un tercero.
No poseemos sobre la vida de santo Tomás una información tan completa como seria de desear, sobre todo acerca de sus primeros años. Sin embargo, existe una buena cantidad de documentos contemporáneos. Guillermo da Tocco, el autor de la biografía que se halla en Acta Sanctorum, fue discípulo suyo; también lo fue Ptolomeo de Lucca, quien le consagró muchas páginas de su Historia Eclesiástica. Se conservan y han sido publicados por los bolandistas, muchos de los testimonios recogidos con miras a la canonización. En las cartas y crónicas de la época, así como en la gran obra de Denifle, Chartularium Universitatis Parisiensis, se encuentran muchas informaciones complementarias. Ver G. K. Chesterton, Saint Thomas Aquinas (1933); A. Sertillanges, St. Thomas Aquinas and his Work (1933). La obra más equilibrada, en la que la unción se une con la erudición crítica, es la de Angelo Walz, St. Thomas Aquinas (1945). Otro relato de la vida del santo, junto con artículos a él referidos, y algunas de sus obras, en Mercabá. También la Catholic Encyclopedia tiene un extenso e interesante artículo (aquí la versión castellana, pero no parece completa). En la Biblioteca de ETF hay también material de y sobre el Aquinate, basta poner «Aquino» en el buscador interno. Una breve pero excelente introducción a su obra está incluida en «La Filosofía en la Edad Media», de E. Gilson (en la Biblioteca de ETF hay versión en portugués, en la cual ocupa las páginas 652 a 671). Hay muchas ediciones en línea de la obra de santo Tomás, la que parece mejor de la Suma Teológica en castellano es la de el sitio de Hernán.
Cuadros:
-Stefano di Giovanni Sassetta: Tomás ante la cruz, 1423, Museos Vaticanos, Roma.
-Vittore Carpaccio: Santo Tomás en el cielo, entre san Marcos y Luis de Toulouse, 1507, Galería Estatal, Stuttgart, Alemania.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_345

viernes, 27 de diciembre de 2019

Santos Teodoro y Teófanes, hermanos y monjes mártires. (27 de diciembre)

Santos Teodoro y Teófanes, hermanos y monjes mártires.

Los llamados "santos grabados"

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Santos Teodoro y Teófanes “los grabados”, hermanos y monjes mártires. 27 de diciembre.

Ambos hermanos eran monjes en las lauras de San Sabas (5 de diciembre) en Jerusalén, en el siglo IX. Siendo conocedores de la herejía iconoclasta, del martirio de tantos cristianos y de la destrucción de los iconos, se fueron a Constantinopla a enfrentarse a León V, para hacerle ver su error y crímenes. El emperador les desterró a Bitinia, donde fueron sometidos a trabajos forzados y castigos.

Al subir al trono el emperador Miguel, los santos hermanos escribieron composiciones poéticas y apologéticas sobre el culto a los iconos y su tradición venerable en la Iglesia. El emperador montó en cólera y mandó que les grabaran a cuchillo en su frente y rostro frases vejatorias. Los santos soportaron esta tortura con entereza, sin dar un paso atrás. Por eso se les llama “los grabados”. En 842 la emperatriz Santa Teodora (11 de febrero) nombró a Teófanes obispo de Nicea, pero este nunca llegó a ser consagrado ni ocupar su sede. Ambos hermanos fallecieron a causa de los trabajos y castigos en el exilio en Amapea, Teodoro entre los años 841 y 844, y Teófanes el 11 de octubre de 845, día en que consta su memoria litúrgica por separado, aunque suelen celebrarse juntos como mártires.


A 27 de febrero además se celebra a Santa Fabiola de Roma.

lunes, 2 de diciembre de 2019

San Tadec de Bretaña, abad y mártir. (2 de diciembre)

San Tadec de Bretaña, abad y mártir.

Martirio de San Tadec.
Martirio de San Tadec.

De un martirio fructífero en conversiones.

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San Tadec de Bretaña, abad y mártir. 2 de diciembre.

Floreció en Bretaña a finales del siglo V y durante algunos años fue ermitaño en la Baja Bretaña. Sobre los 40 años pasó a un monasterio de Cornualles, de donde fue elegido abad al poco tiempo. En estos tiempo el paganismo aún campeaba por sus anchas entre los fieros bretones, y muchos se resistían a convertirse a Cristo. Los monasterios eran focos de fe, cultura y caridad que poco a poco iban sembrando el Evangelio entre los fieles. Su lejanía de las ciudades les acercaba a las gentes rudas del campo, que a cuenta gotas se convertía.

Un día, Faou, señor de las tierras cercanas al monasterio de Tadec, sabiendo que había una catequesis para el pueblo, se lanzó en tromba con una escuadra de caballería contra la iglesia donde estaba reunido el santo y muchos fieles que le escuchaban. Y no se detuvo ante nadie, hasta que llegó al altar, donde el santo abad recién comenzaba la misa y decía las primeras palabras del “Confiteor”. Faoud se lanzó contra él y le enterró su sable en la cabeza, y el santo cayó desangrándose. Antes de morir pudo expresar palabras de perdón para su asesino. El pueblo huyó, pero los monjes que estaban en el coro fueron todos masacrados, y el abad San Judol de Landevennec (18 de diciembre), que se hallaba de visita, logró salir corriendo pero Faou le persiguió e igualmente le dio muerte.

La leyenda cuenta que al poco tiempo de este crimen, un monstruo terrible hizo presencia en la región, asolando los campos y matando a las personas. Todos, incluso Faoud lo vieron como un castigo del verdadero Dios por asesinar a sus siervos. Entonces llamaron a San Pol de Léon (12 de marzo, 13 de marzo, Todos sus Santos Compañeros, y tercer domingo de julio, en Léon) el cual ahuyentó a la bestia (no hay que confundir esta leyenda con la del dragón que dominó en la isla de Batz). Cuando el pueblo vio esto, todos se convirtieron a Cristo, incluido Faou, que donó tierras para la fundación de la abadía de Daoulas. Una vez más se demostró que "sanguinis martyrum, semen christianorum".

Algunas reliquias y vestigios de la devoción a San Tadec quedan aún en la antigua y campestre Bretaña.

Fuente:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
A 2 de diciembre además se celebra a Santa Bibiana de Roma, virgen y mártir.

viernes, 18 de octubre de 2019

Beato Tomás Hélye, presbítero. (19 de octubre)

Beato Tomás Hélye, presbítero.

Presbítero de corte y de pueblo.

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Beato Thomas Hélye.
Beato Thomas Hélye.
Beato Tomás Hélye, presbítero. 19 de octubre.

Nació sobre 1187 en Bibille, Normandía, y desde niño fue piadoso y caritativo. Estudió lo suficiente para comenzar una obra caritativa de enseñanza gratuita a los niños pobres. Pronto otras ciudades quisieron que diera clases en sus iglesias.

Llegó la noticia de su persona al obispo de Cherbourg, que le llamó, le interrogó y viendo sus virtudes, recta intención y saber, le propuso ordenarse presbítero. Tomás se negó en principio, pero luego de hacer oración unos días, aceptó. Fue ordenado diácono y continuó sus estudios. Peregrinó a Roma, visitando las tumbas de los apóstoles. Y luego fue andando hasta Santiago de Compostela. Una vez terminado su itinerario espiritual, volvió a París en cuya Universidad culminó los estudios teológicos. Recibió la ordenación sacerdotal y se dedicó a las misiones populares sobre todo en Coutances, Bayeux y Lisieux.

En 1250 entró a ser capellán de la corte de San Luis Rey de Francia (25 de agosto), aunque se negó a vivir en palacios y corte. Solo le consoló la vida penitente y sencilla que el mismo rey Luis IX vivía. Pero él deseaba más aún, así que pidió volver a la sencillez de los pueblos pequeños. Se fue a la parroquia de Saint-Maurice, en su tierra natal, donde vivió unos pocos años más como sacerdote. Cuando enfermó gravemente, fue llevado para asistirle en el castillo de Vauville, donde falleció santamente el 19 de octubre de 1257. Le enterraron en su pueblo, donde pronto tuvo devotos y siguió haciendo su labor sacerdotal, ahora desde el cielo, convirtiendo y consolando a los fieles.

Durante la Revolución Francesa, la iglesia de Bibille fue saqueada por los revolucionarios, que tomaron su sepulcro como una mesa de trabajo. Uno de los revolucionarios, apenado con la situación ayudó a unos católicos fieles a que se llevaran el cuerpo, fingiendo que dormía. Los devotos o escondieron en Virandeville, mientras que al revolucionario le castigaban por ello. Al fin de la persecución religiosa, las reliquias volvieron triunfalmente a Biville, donde se veneran. En 1859 el papa Beato Pío IX (7 de febrero) confirmó su culto, beatificándole.

A 19 de octubre además se celebra a San Verand de Cavaillon, obispo.

martes, 15 de octubre de 2019

Santa Teresa de Ávila. Virgen, Mística y Doctora de la Iglesia (15 de octubre)

Santa Teresa de Ávila. Virgen, Mística y Doctora de la Iglesia

santa teresa de avila doctora de la iglesia mistica y contemplativa

Santa Teresa de Ávila vio a un ángel que venía del trono de Dios, con una espada de oro que ardía al rojo vivo y clavó esa espada en su corazón

  
Santa Teresa de Ávila, también conocida como Santa Teresa de Jesús, fue una destacada mística española, santa católica, monja carmelita y autora durante la Contrarreforma. Teóloga de la vida contemplativa a través de la oración y la meditación.

Fiesta: 15 de Octubre de 2014

Martirologio romano: Memoria de Santa Teresa de Jesús, virgen y Doctora de la Iglesia, quien, nacida en Ávila, en España, ingresó a la Orden de los Carmelitas y se convirtió en madre y maestra con una observancia muy estricta, con el cual, concibió en su corazón, un plan de desarrollo espiritual en el aspecto de un aumento gradual del alma hacia Dios. La reforma de su Orden sufrió muchas tribulaciones, pero que superaron siempre con un coraje invencible. También escribió libros en los que mostró altas enseñanzas doctrinales, que fueron fruto de su profunda experiencia.

Biografía de Santa Teresa de Ávila

Santa Teresa de Ávila nació en Ávila, España, el 28 de marzo de 1515. Su nombre, Teresa de Cepeda y Ahumada, hija de Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila Ahumada.
En su casa eran 12 hijos. Tres del primer matrimonio de Don Alonso y nueve del segundo, entre estos últimos, Teresa. Escribe en su autobiografía:
"Por la gracia de Dios, todos mis hermanos y medios hermanos se asemejaban en la virtud a mis buenos padres, menos yo".
De niños, Santa Teresa de Ávila y Rodrigo, su hermano, eran muy aficionados a leer vidas de santos, y se emocionaron al saber que los que ofrecen su vida por amor a Cristo reciben un gran premio en el cielo.
Así que se dispusieron irse a tierras de mahometanos a declararse amigos de Jesús y así ser martirizados para conseguir un buen puesto en el cielo.
Afortunadamente, por el camino se encontraron con un tío suyo que los regresó a su hogar. Entonces dispusieronse construir una celda en el solar de la casa e irse a rezar allá de vez en cuando, sin que nadie los molestara ni los distrajese.
La mamá de Santa Teresa de Ávila murió cuando la joven tenía apenas 14 años. Ella misma cuenta en su autobiografía:
"Cuando empecé a caer en la cuenta de la pérdida tan grande que había tenido, comencé a entristecerme sobremanera. Entonces me arrodillé delante de una imagen de la Santísima Virgen y le rogué con muchas lágrimas que me aceptara como hija suya y que quisiera ser Ella mi madre en adelante. Y lo ha hecho maravillosamente bien".
Sigue diciendo ella:
"Por aquel tiempo me aficioné a leer novelas. Aquellas lecturas enfriaron mi fervor y me hicieron caer en otras faltas. Comencé a pintarme y a buscar a parecer y a ser coqueta. Ya no estaba contenta sino cuando tenía una novela entre mis manos. Pero esas lecturas me dejaban tristeza y desilusión".
Afortunadamente el papá se dio cuenta del cambio de su hija y la llevó a los 15 años, a estudiar interna en el colegio de hermanas Agustinas de Ávila. Allí, después de año y medio de estudios enfermó y tuvo que volver a casa.

Santa Teresa y su conversión

Providencialmente una persona piadosa puso en sus manos "Las Cartas de San Jerónimo", y allí supo por boca de tan grande santo, cuán peligrosa es la vida del mundo y cuán provechoso es para la santidad el retirarse a la vida religiosa en un convento. Desde entonces se propuso que un día sería religiosa.
Comunicó a su padre el deseo que tenía de entrar en un convento. Él, que la quería muchísimo, le respondió:
"Lo harás, pero cuando yo ya me haya muerto".
La joven sabía que el esperar mucho tiempo y quedarse en el mundo podría hacerla desistir de su propósito de hacerse religiosa. Y entonces se fugó de la casa. Dice en sus recuerdos:
"Aquel día, al abandonar mi hogar sentía tan terrible angustia, que llegué a pensar que la agonía y la muerte no podían ser peores de lo que experimentaba yo en aquel momento. El amor de Dios no era suficientemente grande en mí para ahogar el amor que profesaba a mi padre y a mis amigos".

Profesando su Fe

Santa Teresa de Ávila determinó quedarse de monja en el convento de Ávila. Su padre al verla tan resuelta a seguir su vocación, cesó de oponerse. Ella tenía 20 años. Un año más tarde hizo sus tres juramentos o votos de castidad, pobreza y obediencia y entró a pertenecer a la Comunidad de hermanas Carmelitas.
Poco después de empezar a pertenecer a la comunidad carmelitana, se agravó de un mal que la molestaba. Quizá una fiebre palúdica. Los médicos no lograban atajar el mal y éste se agravaba. Su padre la llevó a su casa y fue quedando casi paralizada. Pero esta enfermedad le consiguió un gran bien, y fue que tuvo oportunidad de leer un librito que iba a cambiar su vida.
Se llamaba "El alfabeto espiritual", por Osuna, y siguiendo las instrucciones de aquel librito empezó a practicar la oración mental y a meditar. Estas enseñanzas le van a ser de inmensa utilidad durante toda su vida.
Santa Teresa de Ávila decía después que si en este tiempo no hizo mayores progresos fue porque todavía no tenía un director espiritual, y sin esta ayuda no se puede llegar a verdaderas alturas en la oración.
A los tres años de estar enferma encomendó a San José que le consiguiera la gracia de la curación, y de la manera más inesperada recobró la salud. En adelante toda su vida será una gran propagadora de la devoción a San José, Y todos los conventos que fundará los consagrará a este gran santo.

Mística revelación a Santa Teresa de Ávila

Santa Teresa de Ávila le gustaban los Cristos bien chorreantes de sangre. Y un día al detenerse ante un crucifijo muy sangrante le preguntó: "Señor, ¿quién te puso así?", y le pareció que una voz le decía: "Tus charlas en la sala de visitas, esas fueron las que me pusieron así, Teresa". Ella se echó a llorar y quedó terriblemente impresionada.
Desde aquel día, Santa Teresa de Ávila ya no volvió a perder tiempo en charlas inútiles y en amistades que no llevaban a la santidad. Y Dios en cambio le concederá enormes progresos en la oración y unas amistades formidables que le ayudarán a llegar a la santidad.
Teresa tuvo dos ayudas formidables para crecer en santidad:
  1. Su gran inclinación a escuchar sermones, aunque fueran largos y cansones y
  2. Su devoción por grandes personajes celestiales.
Además de su inmensa devoción por la Santísima Virgen y su fe total en el poder de intercesión de san José, ella rezaba frecuentemente a dos grandes convertidos: San Agustín y María Magdalena.
Para imitar a esta santa que tanto amó a Jesús, se propuso meditar cada día en la Pasión y Muerte de Jesús, y esto la hizo crecer mucho en santidad. Y en honor de San Agustín leyó el libro más famoso del gran santo "las Confesiones", y su lectura le hizo enorme bien.
Como las sequedades de espíritu le hacían repugnante la oración y el enemigo del alma le aconsejaba que dejara de rezar y de meditar porque todo eso le producía aburrimiento, su confesor le avisó que dejar de rezar y de meditar sería entregarse incondicionalmente al poder de Satanás y un padre jesuita le recomendó que para orar con más amor y fervor eligiera como "maestro de oración" al Espíritu Santo y que rezara cada día el Himno "Ven Creador Espíritu".
Ella dirá después:
"El Espíritu Santo como fuerte huracán hace adelantar más en una hora la navecilla de nuestra alma hacia la santidad, que lo que nosotros habíamos conseguido en meses y años remando con nuestras solas fuerzas".
Y el Divino Espíritu empezó a concederle Visiones Celestiales. Al principio se asustó porque había oído hablar de varias mujeres a las cuales el demonio engañó con visiones imaginarias.
Pero hizo confesión general de toda su vida con un santo sacerdotes y le consultó el caso de sus visiones, y este le dijo que se trataba de gracias de Dios.

El Señor le aconseja en una visión:

"No te dediques tanto a hablar con gente de este mundo. Dedícate más bien a comunicarte con el mundo sobrenatural".
En algunos de sus éxtasis se elevaba hasta un metro por los aires. Cada visión le dejaba un intenso deseo de ir al cielo. Ella decía:
"Desde entonces dejé de tener medio a la muerte, cosa que antes me atormentaba mucho". Después de una de aquellas visiones escribió la bella poesía que dice: "Tan alta vida espero que muero porque no muero".
Teresa quería que los favores que Dios le concedía permanecieran en secreto, pero varias personas de las que la rodeaban empezaron a contar todo esto a la gente y las noticias corrían por la ciudad. Unos la creían loca y otros la acusaban de hipócrita, de orgullo y presunción.
San Pedro Alcántara, uno de los santos más famosos de ese tiempo, después de charlar con la famosa carmelita, declaró que el Espíritu de Dios guiaba a Teresa.

La transverberación de Santa Teresa de Ávila.

Esta palabra significa: atravesarlo a uno con una gran herida. Respecto a ello, dice ella:
"Vi a un ángel que venía del trono de Dios, con una espada de oro que ardía al rojo vivo como una brasa encendida, y clavó esa espada en mi corazón. Desde ese momento sentí en mi alma el más grande amor a Dios".
Desde entonces para Santa Teresa de Ávila ya no hay sino un solo motivo para vivir: demostrar a Dios con obras, palabras, sufrimientos y pensamientos que lo ama con todo su corazón. Y obtener que otros lo amen también
Más tarde, al hacer la autopsia del cadáver de la santa encontraron en su corazón una cicatriz larga y profunda
Para corresponder a esta gracia la santa hizo el voto o juramento de hacer siempre lo que más perfecto le pareciera y lo que creyera que le era más agradable a Dios. Y lo cumplió a la perfección. Un juramento de estos no lo pueden hacer sino personas extraordinariamente santas.

Fundación de la comunidad

Un día una sobrina de la santa le dijo:
"Lo mejor sería fundar una comunidad en que cada casa tuviera pocas hermanas".
Santa Teresa de Ávila consideró esta idea como venida del cielo y se propuso fundar un nuevo convento, con pocas hermanas pero bien fervorosas. Ella llevaba ya 25 años en el convento.
Una viuda rica le ofreció una pequeña casa para ello. San Pedro de Alcántara, San Luis Beltrán y el obispo de la ciudad apoyaron la idea. El Provincial de los Carmelitas concedió el permiso.
Sin embargo la noticia produjo el más terrible descontento general y el superior tuvo que retirar el permiso concedido. Pero Teresa no era mujer débil como para dejarse derrotar fácilmente.
Se consiguió amigos en el palacio del emperador y obtuvo una entrevista con Felipe II y este quedó encantado de la personalidad de la santa y de las ideas tan luminosas que ella tenía y ordenó que no la persiguieran más.
Y así fue llenando España de sus nuevos conventos de "Carmelitas Descalzas", poquitas y muy pobres en cada casa, pero fervorosas y dedicadas a conseguir la santidad propia y la de los demás.
Se ganó para su causa a San Juan de la Cruz, y con él fundó los Carmelitas descalzos. Las carmelitas descalzas son ahora 14,000 en 835 conventos en el mundo. Y los carmelitas descalzos son 3,800 en 490 conventos.
Por orden expresa de sus superiores Santa Teresa de Ávila escribió unas obras que se han hecho famosas. Su autobiografía titulada "El libro de la vida"; "El libro de las Moradas" o Castillo interior; texto importantísimo para poder llegar a la vida mística. Y "Las fundaciones: o historia de cómo fue creciendo su comunidad.
Estas obras las escribió en medio de mareos y dolores de cabeza. Va narrando con claridad impresionante sus experiencias espirituales. Tenía pocos libros para consultar y no había hecho estudios especiales.
Sin embrago sus escritos son considerados como textos clásicos en la literatura española y se han vuelto famosos en todo el mundo.

Su muerte

Santa Teresa de Ávila murió el 4 de octubre de 1582 y la enterraron al día siguiente, el 15 de octubre. ¿Por qué esto? Porque en ese día empezó a regir el cambio del calendario, cuando el Papa añadió 10 días al almanaque para corregir un error de cálculo en el mismo que llevaba arrastrándose ya por años.