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jueves, 2 de enero de 2025

PREPARACIÓN PARA LA NAVIDAD (La fe como aventura y como celebración)1- 9 P. Antonio Oliver


PREPARACIÓN PARA LA NAVIDAD  (La fe como aventura y como  celebración)


                                                             https://youtu.be/rzjdRvDohi8    

    

Ser cristiano es una actitud, un talante vital, un estilo de vida que parte de la celebración. La fe como una aventura y como una celebración. La fe no da ninguna seguridad y y esto se celebra. La celebración es no tener casa. Se celebra lo que se espera. Dios llega infante y niño, todo es futuro. Dios vino por lo femenino. La largueza y la generosidad vivas. El Reino de Dios está en el interior de cada uno.

domingo, 17 de diciembre de 2023

El futuro de la Humanidad - Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo (P. Antonio Oliver)


El futuro de la Humanidad - Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo


 

https://youtu.be/FXZBR5JbscA


El futuro de la Humanidad - Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo (P. Antonio Oliver).

De Cristianismo para el 2º milenio Lección 5 - Navidad

Magnificat

domingo, 25 de diciembre de 2022

¿Quién quiso asesinar a la Navidad? Tres intentos fallidos y tres resurrecciones gloriosas

 

Siempre encontró en su defensa grandes valedores: escritores, reyes, pueblo llano...

¿Quién quiso asesinar a la Navidad? Tres intentos fallidos y tres resurrecciones gloriosas

George Scott como Mr. Scrooge.
En 1984, George Scott interpretó a Mr. Scrooge en la película para televisión 'Un cuento de Navidad [A Christmas Carol]', dirigida por Clive Donner.

Jorge Soley / ACdP*

Afortunadamente aún no es muy frecuente en nuestro país, pero ya no es imposible cruzarse con alguien malhumorado que proclama que la Navidad es horrorosa, deprimente, un periodo del año a evitar en lo posible. Pero antes de la aparición de estos malajes, antes incluso de los “Scrooge” que reducen la Navidad a meras “paparruchas”, hubo un gobierno que se atrevió a prohibir la Navidad.

El ataque de los «Cabezas redondas»

Si la celebración de la Navidad ha tenido altibajos a lo largo de la historia, sin duda la Inglaterra de mediados del siglo XVII tocó fondo. ¿Los responsables? Los puritanos inspirados en las ideas de Calvino y liderados por Oliver Cromwell. Para aquellos puritanos los doce días de festividades navideñas eran un despilfarro inaceptable y, sobre todo, un lamentable residuo de papismo para el que no había suficiente base bíblica: el calendario litúrgico medieval era considerado demasiado católico y una distracción respecto de lo único importante, la «sola Biblia».

Fue en 1647 cuando el Parlamento, controlado Cromwell y sus seguidores, los llamados “Roundheads”, en plena guerra civil contra el rey Carlos I, decretó la prohibición de lo que ellos llamaban el “Día del Jolgorio de los Paganos”, es decir, de la Navidad. Se decretó que las tiendas debían permanecer abiertas durante esos días y se prohibió también la asistencia a celebraciones religiosas vinculadas a la Navidad, la exhibición de decoraciones navideñas, las fiestas, los villancicos, el intercambio de regalos, el consumo de alcohol e incluso la fabricación de los tradicionales mince pies, un dulce típico de la Navidad británica a base de hojaldre relleno de frutas, pasas, almendras, especias y licor. De hecho, en el decreto se podía leer que: “habiéndose juzgado la celebración de la Navidad un Sacrilegio, el intercambio de regalos y felicitaciones, el vestir con ropas bonitas, las fiestas y otras prácticas satánicas similares quedan prohibidas”. Para dar ejemplo, el propio Parlamento celebró sesión en el mismo día de Navidad desde el año 1644 hasta 1656.

Cartel prohibiendo la Navidad en Boston en 1659.

Este cartel prohibiendo la Navidad corresponde a 1659 en Boston, entonces bajo dominio británico. Prohíbe la celebración de la Navidad por considerarla "sacrílega" y sus prácticas "satánicas".

Asegurar el cumplimiento de estas medidas no fue tarea fácil. Se produjeron disturbios y enfrentamientos en muchas ciudades, especialmente sonados en Canterbury y en todo el condado de Kent. Incluso en el propio Westminster, en la iglesia de Santa Margarita, varias personas fueron arrestadas al participar en una celebración y el alcalde de Londres fue agredido mientras intentaba arrancar adornos navideños. Pero donde la situación tomó tintes de mayor dramatismo fue en Norwich: en los disturbios que enfrentaron a vecinos con hombres armados que querían hacer cumplir la ley, explotó el almacén de municiones de la ciudad causando la muerte de al menos 40 personas. Pero a pesar de todos los enfrentamientos, lo cierto es que durante 13 años en Inglaterra no se pudo entonar un villancico, colocar una guirnalda o preparar un copioso festín para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. Una prohibición que se mantuvo hasta dos años después del fallecimiento de Cromwell, cuando en 1660, nada más asumir el poder, el rey Carlos II reinstauró la celebración de la Navidad en todo su esplendor.

Cuando Dickens desbarató la ofensiva de la Revolución Industrial

Dos siglos después tuvo lugar un nuevo ataque contra la Navidad, esta vez en el contexto de la Revolución Industrial, aunque recuperando alguno de los argumentos de los puritanos, como que dejar de trabajar con ocasión de la Navidad era un despilfarro inadmisible en el siglo de la productividad. Pero en esta ocasión la Navidad tuvo un paladín que la defendió con una obra cuya popularidad se ha mantenido hasta nuestros días: nos referimos a Charles Dickens y su Cuento de Navidad.

Dickens era muy consciente de que la Navidad estaba desapareciendo en su país a causa del impacto social de la industrialización. Miles de personas abandonaban sus pueblos para ir a trabajar a las grandes ciudades fabriles, abandonando también sus tradiciones por el camino. En muchas fábricas eran reacios a dar días festivos, y aún menos retribuidos, mientras que las largas jornadas, los salarios bajos y las míseras condiciones de vida de quienes estaban engrosando las filas de lo que se llamaría “proletariado” hacían que la celebración de la Navidad fuera quedando arrinconada. Un viaje de Dickens a Manchester en octubre de 1843, donde contempló de primera mano las condiciones de vida de las familias obreras (algunas, quizás, empleadas en durísimas condiciones por Ermer & Engels, la fábrica copropiedad de la familia de Engels de la que vivieron tan ricamente Carlos Marx y el propio Federico Engels, los firmantes del Manifiesto Comunista), le decidió a escribir un relato que iba a rescatar y dar nuevo vigor a la Navidad.

Charles Dickens, en una lectura pública de sus obras.

Charles Dickens, en una lectura pública de sus obras.

El Cuento de Navidad fue publicado el 19 de diciembre de 1843 y los 6.000 ejemplares de la primera edición se vendieron en solo cuatro días. Hubo reimpresiones varias, se hicieron versiones dramáticas y el mismo Dickens realizó lecturas públicas de la obra ante aforos repletos. Pronto llegarían las traducciones y el efecto Cuento de Navidad se extendió por Europa y América en lo que fue una auténtica fiebre navideña. Una moda, si se quiere, que volvió a situar la Navidad como una fiesta principal en el calendario y que la asoció definitivamente a las reuniones familiares, con buena comida y villancicos, y a la generosidad hacia los pobres. Dickens no inventó nada de esto, pero sí lo recuperó y popularizó.

¿A qué se debe el inmenso éxito de esta obra? Probablemente a que en el nuevo y a menudo desalmado mundo de la primera Revolución industrial eran muchos quienes anhelaban recuperar algo de humanidad. Además, Dickens lo bordó, con un relato que combina suspense, fantasmas, humor y buenos sentimientos y unos personajes creíbles e inolvidables. Un relato que expone también algunas ideas brillantes. Como que lo que les ocurre a los demás también es responsabilidad nuestra: cuando Scrooge le dice al fantasma de su antiguo socio, Jacob Marley, que mientras había estado con vida había sido un buen hombre de negocios, éste le responde: “¡Negocios!, la humanidad era mi negocio. El bienestar común era mi negocio; la caridad, la misericordia, la tolerancia y la benevolencia eran, todas, mi negocio. Los negocios de mi comercio no eran más que una gota de agua en el amplio océano de mi negocio”.

O como el proceso de conversión del propio Scrooge, que nos muestra primero el camino por el que se convirtió en el ser egoísta que ha llegado a ser al inicio del relato, alguien que prefiere la seguridad del dinero al más arriesgado amor de su novia, transformando su corazón en un témpano de hielo. Es interesante notar que Dickens, más allá de los accidentes de la vida de Scrooge, responsabiliza de su corrupción a esa ideología que considera que no hay que apiadarse de los pobres porque se lo tienen merecido. Por eso nos pone ante una escena, al inicio de la obra, en la que dos caballeros le piden una aportación para obras caritativas: Scrooge responde con cajas destempladas sugiriendo que los pobres lo mejor que pueden hacer es morirse, “reduciendo así la sobrepoblación”.

Una expresión que se pudo escucharen público y en la vida real un par de años después de la publicación de la obra de Dickens, cuando en 1845 se desató la Gran Hambruna en Irlanda en la que murió alrededor de un millón de personas y otro millón hubo de emigrar. Puro maltusianismo, vigente aún hoy en día en muchos ambientes, que no es más que una excusa para justificar la codicia y falta de compasión hacia los pobres. Eso sí, la transformación de Scrooge al final de la obra es total… pero imposible sin la intervención de lo sobrenatural, una gracia que le ha hecho enfrentarse a la verdad sin remilgos y le ha cambiado hasta el punto de hacerlo irreconocible.

Chesterton, paladín de la Navidad

Vayamos ahora hasta el día de Navidad de 1931. Dickens había pasado de moda y el ateísmo “científico” era el último grito. La Navidad había pasado a ser algo propio de mentes infantiles, supersticiosas, poco sofisticadas. La gente a la última despreciaba las viejas historias de abuelas sobre un niño nacido en Belén y Dickens era considerado un trasnochado sentimental. Pero aquel día, miles de hogares en Estados Unidos sintonizaron la radio y oyeron estas palabras: “Me han pedido que les hable durante un cuarto de hora sobre Dickens y la Navidad”. ¿Quién podía ser el responsable de algo tan provocador y en apariencia demodé?

Chesterton, 'El espíritu de la Navidad'.

'El espíritu de la Navidad' recoge la forma en la que Chesterton entendía el misterio del nacimiento del Niño Dios.

Un entusiasta de ambos: el gran Gilbert Keith Chesterton, quien tras los pasados embates del puritanismo y el utilitarismo, defendió con su voz y con su pluma a la Navidad de las arremetidas del ateísmo del siglo XX, ese que nos promete placeres sin fin en una vida definitivamente liberada de toda atadura religiosa. No es casualidad que Chesterton fuera también responsable de la renovada popularidad de Dickens, causante de que se reeditaran libros que llevaban años agotados: ambos gigantes de la literatura compartían una visión del hombre y de la vida con muchos puntos en común.

En su breve charla radiofónica Chesterton defendió que la Navidad es insustituible. Ninguna nueva religión, incluyendo las políticas, ha creado una nueva fiesta no ya que se le parezca, sino que le llegue a la suela de los zapatos. Ninguna nueva filosofía ha sido lo suficientemente popular como para crear una fiesta tan popular. Aquellos que se supone que viven en búsqueda del último placer, en realidad son gente profundamente triste, infeliz. Algunos les acusan de ser paganos, Chesterton responde que eso es injusto… para los paganos.

“Los dioses y poetas paganos del pasado -afirma Chesterton - nunca fueron tan ordinarios, de décima división, como las ofertas rápidas y los que se las dan de inteligentes del presente. Venus nunca fue tan vulgar como lo que ahora llaman Sex Appeal. Cupido nunca fue tan burdo y ordinario como una novela realista moderna. Los antiguos paganos eran imaginativos y creativos; hacían cosas y construían cosas. De alguna manera ese hábito desapareció del mundo... Los paganos modernos son simplemente ateos que no adoran nada y por lo tanto no crean nada. No podrían, por ejemplo, ni siquiera hacer un sustituto del Día de Acción de Gracias. Porque la mitad de ellos son pesimistas que dicen no tener nada que agradecer, y la otra mitad son ateos que no tienen a nadie a quien agradecer”.

Frente a esta fría tristeza, Chesterton lee con fervor a Dickens porque escribe sobre la felicidad, porque incluso “Dickens sigue siendo el único hombre que exagera la felicidad”. Algo inaudito en una literatura moderna cuyos autores de más fama “si algo exageran, es la desesperación, el espíritu de la muerte”. Frente a este espíritu, el Niño Jesús lleva consigo precisamente “esa misteriosa revelación que trajo la alegría al mundo”.

Es ésta una idea muy nuclear en Chesterton, que ya se encuentra en el artículo que publicó en The Illustrated London News el 9 de enero de 1909 (recogido en la recopilación de artículos recientemente publicada bajo el título La amenaza de los peluqueros) y que le hace escribir que “El mundo moderno tendrá que encajar con la Navidad o morir”.

Chesterton, 'La amenaza de los peluqueros'.

Por ello puede escribir en El hombre eterno (recogido en ese tesoro de citas chestertonianas que es Un buen puñado de ideas) que “cualquier agnóstico o ateo que haya conocido de niño una auténtica Navidad tendrá después y para siempre, le guste o no, una asociación en su mente que la mayoría de la humanidad debe considerar como remota: la idea de un recién nacido y la idea de una fuerza desconocida que sostiene las estrellas”. Lo más poderoso y lo más frágil y vulnerable, algo que concebimos de manera natural como polos opuestos, es en Navidad lo mismo. Una vez expuestos a esta idea, ya nunca miraremos igual, ni a los potentados, ni a los miserables. El pasmo, la admiración, se repetirán por generaciones: “Un sinfín de leyendas y literatura, que aumenta y no terminará nunca, ha repetido y repite variaciones sobre esa única paradoja: que las manos que habían hecho el sol y las estrellas eran demasiado pequeñas para alcanzar las enormes cabezas del buey y la mula”.

La Navidad pervive contra cualquier intento de hacerla desaparecer porque es el milagro sobre el que se fundan nuestras vidas. Frente a puritanos, utilitaristas, ateos y lo que esté por venir, siempre aparecerán adalides como Dickens o Chesterton para clamar que está más viva que cualquier moda aparentemente incontenible. Como explicaba Chesterton en un pasaje que sigue resonando en nuestro tiempo, “si un hombre quiere adorar a la Fuerza Vital por el mero hecho de que es una Fuerza, puede adorarla muy naturalmente en la batería eléctrica. Estoy tentado de decir que le servirá de algo si finalmente adora a la fuerza vital en la silla eléctrica. Pero si quiere adorar la vida porque está viva, no encontrará nada en la historia tan vivo como esa pequeña vida que comenzó en la gruta de Belén y que ahora vive, visiblemente, para siempre”.

*Este artículo se publicó originalmente en el primer número de La Antorcha, la nueva revista gratuita impulsada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) para ofrecer una mirada cristiana para iluminar la realidad.

martes, 21 de diciembre de 2021

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver (y del futuro de la humanidad 9/9)

 


https://youtu.be/jCbzWflV6-8

y del futuro de la humanidad 9/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver (Autora del Magnificat 8/9)

 


https://youtu.be/uSplSLQh61g

Autora del Magnificat 8/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver (Madre de la infancia de la humanidad 7/9)

 


https://youtu.be/IPsIu-GKkis

Madre de la infancia de la humanidad 7/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver (Dios viene por la mujer 6/9)

 


https://youtu.be/R40n4MSIcwA

Dios viene por la mujer 6/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver ( y encontrar la niñez 5/9)

 


https://youtu.be/UaC7jjO9LhI

y encontrar la niñez 5/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver (para liberarse de estructuras 4/9)

 


https://youtu.be/HdHclNMUx-Q

para liberarse de estructuras 4/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver ( Hacerse niño 3/9)

 


https://youtu.be/_wTkcCzEn9k


Hacerse niño 3/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver ( Dios en pañales 2/9)

 



https://youtu.be/l3s2GVteLJE


Dios en pañales 2/9

Navidad (Ser cristiano celebrar la vida) Curso del P. Antonio Oliver (Una religion sorprendente 1/9)

 Esta es la última lección referente a la Navidad que impartió el P. Antonio Oliver, antes de su fallecimiento. Como homenaje a su ilusión por la Navidad, vuelvo a subir esa lección 4 (última de diciembre de 1993) del Curso incompleto de Ser cristiano celebrar la vida.

La lección está dividida en 9 partes.

Una religion sorprendente 1/9

miércoles, 23 de diciembre de 2020

La Navidad de Jesús y nuestra Navidad bajo la COVID-19 (Leonardo Boff) 24122020

 

La Navidad de Jesús y nuestra Navidad bajo la COVID-19

2020-12-24

 

                La Navidad del año 2020 tal vez sea la más parecida al verdadero nacimiento de Jesús bajo el emperador romano César Augusto.

                Este emperador había mandado hacer un censo de todo el imperio. La intención no era sólo, como entre nosotros, contabilizar cuantos habitantes había. Era esto, pero con el propósito de cobrar un impuesto a cada habitante, que sumado al de todas las provincias se destinaba a mantener encendida la pira de fuego permanentemente y a sustentar los sacrificios de animales al emperador, que se presentaba y así era venerado, como dios. Tal imposición a todos los habitantes del imperio provocó revueltas entre los judíos. 

                Este hecho fue usado más tarde por los fariseos para tender una trampa Jesús: ¿debía pagar o no el impuesto al César? No se trataba del impuesto común, sino de aquel que cada persona del imperio debía pagar para alimentar los sacrificios al emperador-dios. 

                Para los judíos esto significaba un escándalo pues adoraban a un único Dios, Yavé; ¿cómo iban a poder pagar un impuesto para venerar a un falso dios, el emperador de Roma? Jesús se dio cuenta de la celada. Si aceptaba pagar el impuesto sería cómplice de adoración a un dios humano y falso, el emperador. Si se negaba, se indispondría con las autoridades imperiales al negarse a pagar el tributo en homenaje al emperador-dios. 

                Jesús dio una respuesta sabia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En otras palabras, dad al César –un hombre mortal y un falso dios– lo que es de César: el impuesto para los sacrificios; y a Dios –el único verdadero– lo que es de Dios: la adoración. No se trata de la separación entre la Iglesia y el Estado, como comúnmente se interpreta. La cuestión es otra: ¿cuál es el Dios verdadero? Denle a él lo que le corresponde, la adoración. Y al Cesar, el falso dios, lo que es del César: la moneda del impuesto. No mezclen a dios con Dios. 

                Pero volvamos al tema: La Navidad de 2020 se asemeja a la navidad de Jesús, como nunca antes en la historia. La familia de José y María encinta, es hija de la pobreza como la mayoría de nuestro pueblo. Las hospederías estaban llenas, como aquí los hospitales están llenos de gente contaminada por el virus. Como pobres, José y María tal vez no eran capaces de pagar los gastos, así como entre nosotros quien no es atendido por el SUS (Sistema Único de Saúde) no tiene cómo pagar los costes de un hospital particular. María estaba a punto de dar a luz. A la pareja no le quedó otra solución que refugiarse en un establo de animales, como hacen hoy tantos pobres que no tienen dónde dormir y se acuestan bajo las marquesinas o en un rincón de cualquier ciudad. Jesús nació fuera de la comunidad humana, entre animales, como tantos de nuestros hermanos y hermanas menores nacen en las periferias de las ciudades, fuera de los hospitales, en sus pobres casas. 

                Después de su nacimiento, el Niño fue amenazado muy pronto de muerte. Un genocida, el rey Herodes, mandó matar a todos los niños menores de dos años. ¿Cuántos niños en nuestro contexto son muertos por los nuevos Herodes vestidos de policías que matan a niños sentados a la puerta de sus casas? El llanto de las madres es el eco del llanto de Raquel en uno de los textos más conmovedores de todas las Escrituras: “En la Baixada (en Ramá) se oyó una voz, mucho llanto y muchos gemidos: es la madre llora a sus hijos muertos y no quiere ser consolada porque los perdió para siempre” (cf.Mt 2,18). 

                Por temor a ser descubierto y muerto, José tomó a María y al niño, atravesaron el desierto y se refugiaron en Egipto. Cuántos hoy, bajo amenaza de muerte por las guerras y por el hambre, tratan de entrar en Europa y en Estados Unidos. Muchos mueren ahogados, la mayoría es rechazada, como en la catoliquísima Polonia, y son discriminados; se llega a arrancar a los niños de sus padres, y se los encierra en jaulas, como pequeños animales. ¿Quién les enjugará las lágrimas? ¿Quién les quitará la saudade de sus padres queridos? Nuestra cultura se muestra cruel con los inocentes y con los inmigrantes forzados. 

                Después que murió el genocida Herodes, José tomó a María y al Niño y fueron a esconderse en un pueblecito, Nazaret, tan insignificante que ni siquiera consta en la Biblia. Allí el Niño “crecía y se fortalecía lleno de sabiduría” (Lc 2,40). Aprendió la profesión del padre, José, un fac-totum constructor de tejados y cosas de la casa, un carpintero. Era también un campesino que trabajaba el campo y aprendía a observar la naturaleza. Allí estuvo escondido hasta cumplir treinta años, cuando sintió el impulso de salir de casa y empezar la predicación de una revolución absoluta: “El tiempo de espera acabó. El gran cambio (Reino) está llegando. Cambien de vida y crean en la buena noticia” (cf.Mc 1,14): una transformación total de todas las relaciones entre los humanos y con la propia naturaleza. 

                Conocemos su fin trágico. Pasó por el mundo haciendo el bien (Mc 7,37; Hechos 10,39), curando a unos, devolviendo la vista a los ciegos, dando de comer a las multitudes y compadeciéndose siempre del pueblo pobre y sin rumbo en la vida. Los religiosos, confabulados con los políticos, lo prendieron, lo torturaron y lo asesinaron, crucificándolo. 

                Salgamos de estas “densas sombras” como dice el Papa Francisco en la Fratelli tutti. Volvamos la mirada clara al nacimiento de Jesús. Él nos muestra la forma como Dios quiso entrar en nuestra historia: anónimo y escondido. La presencia de Jesús no apareció en la crónica de Jerusalén ni mucho menos en la de Roma. Debemos aceptar esta forma escogida por Dios. Se realizó la lógica inversa a la nuestra: “todo niño quiere ser hombre; todo hombre quiere ser grande; todo grande quiere ser rey. Solo Dios quiso ser niño”. Y así sucedió. 

                Aquí resuenan los bellos versos del poeta portugués Fernando Pessoa: 

Es el Eterno Niño, el Dios que faltaba. 
Es tan humano que es natural.
Es lo divino que ríe y juega. 
Es un niño tan humano que es divino 

                Tales pensamientos traen a mi memoria a una persona de excepcional calidad espiritual. Fue ateo, marxista, de la Legión Extranjera. De repente sintió una conmoción profunda y se convirtió. Escogió el camino de Jesús, en medio de los pobres. Se hizo Hermanito de Jesús. Llegó a una profunda intimidad con Dios y lo llamaba siempre “el Amigo”. Vivía la fe según el código de la encarnación y decía: “Si Dios se hizo gente en Jesús, gente como nosotros, entonces hacía pipí... lloriqueaba pidiendo el pecho, hacía pucheros si tenía el pañal mojado”... Al principio le habría gustado más María, y después, crecidito, más José, cosa que los psicólogos explican en el proceso de la realización humana.

                Fue creciendo como nuestros niños, observaba a las hormigas, tiraba piedras a los burros y, travieso, levantaba el vestidito a las niñas para molestarles, como imaginó irreverentemente Fernando Pessoa en su bello poema sobre Jesús Niño. 

                               Ese hombre, amigo del Amigo, “imaginaba a María acunando a Jesús para que durmiera porque de tanto jugar fuera se excitaba mucho y le costaba cerrar los ojos; lavaba los pañales en el balde; cocinaba la papa para el Niño y comidas más fuertes para el trabajador, el buen José”. 

                Ese hombre espiritual italiano que vivió, muchas veces amenazado de muerte, en tantos países de América Latina y varios años en Brasil, Arturo Paoli, se alegraba interiormente con tales cavilaciones, porque las sentía y vivía como conmoción del corazón, de pura espiritualidad. Y lloraba con frecuencia de alegría interior. Era amigo del Papa que lo mandó a buscar con un coche a su pequeña ciudad a unos 70 km de Roma para pasar la tarde juntos y hablar de la liberación de los pobres y de la misericordia divina. Murió a los 103 años como un sabio y un santo. 

                No olvidemos el mensaje principal de Navidad: Dios está entre nosotros,  asumiendo nuestra condition humaine, alegre y triste. Es un niño quien nos va a juzgar, no un juez severo. Y este niño sólo quiere jugar con nosotros y no rechazarnos nunca. Finalmente, el sentido más profundo de la Navidad es éste: nuestra humanidad, un día asumida por el Verbo de la vida, pertenece a Dios. Y Dios, por malos que seamos, sabe que venimos del polvo, y tiene con nosotros una misericordia infinita. Él nunca puede perder, ni va a permitir, que un hijo o una hija suya se pierdan. Así que a pesar de la Covid-19 podemos vivir una discreta alegría en la celebración familiar. Que la Navidad nos dé un poco de felicidad y mantenga en nosotros la esperanza del triunfo de la vida sobre la Covid-19.            

Página de Boff en Koinonía 

 

Página de Leonardo Boff

domingo, 5 de enero de 2020

La navidad de los Herodes de hoy (Leonardo Boff) 21122019


La navidad de los Herodes de hoy

2019-12-21


            La Navidad tiene siempre su idilio. No puede haber tristeza cuando nace la vida, especialmente cuando viene al mundo el puer aeternus, el Niño Divino, Jesús. Hay ángeles que cantan, la estrella de Belén que brilla, los pastores que velan por la noche su rebaño. Pero allí están principalmente María, el buen José y el Niño acostado en un pesebre, “porque no había sitio para ellos en la posada”. Y he aquí que aparecieron, también venidos de Oriente, unos sabios, llamados magos, que abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra, símbolos misteriosos. Pero había también un rey malo, Herodes, cruelísimo hasta el punto de ejecutar a toda su familia. Oyó que había nacido en la ciudad de David, Belén, un niño que sería el Salvador. Temiendo perder el trono, mandó matar en Belén y sus alrededores a todos los niños menores de dos años. Los textos sagrados conservan un lamento de los más lacerantes de todo el Nuevo Testamento: ”En Ramá se oyó una voz, muchos llantos y muchos gemidos. Es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere ser consolada, porque ya no existen" (Mateo 2,18).
            La Navidad de este año nos trae a la mente a los Herodes actuales que están diezmando a nuestros niños y jóvenes. Entre 2007-2019, 57 niños y jóvenes menores de 14 años murieron en Brasil por balas perdidas en acciones policiales. Sólo en este año de 2019, en Rio de Janeiro, perdieron la vida 6 niños y 19 adolescentes en acciones policiales, informa la Plataforma Fuego Cruzado. En la región metropolitana de Rio ha habido 6.058 tiroteos con armas de fuego, con 2.301 personas baleadas, de las cuales 1.213 fueron muertas, y 1.088 gravemente heridas. El caso más clamoroso fue el de la niña de 8 años, Agatha Félix, muerta por un disparo de fusil en la espalda cuando se encontraba dentro de una furgoneta kombi yendo para casa con su madre. Sus nombres merecen ser mencionados. Con pocos años más, tuvieron el mismo destino de los muertos por Herodes: Jenifer Gomes,11 años; Kauan Peixoto, 12 años; Kauã Rozário, 11 años; Kauê dos Santos, 12 años; Agatha Félix, 8 años; Ketellen Gomes, 5 años. El gobernador de Rio de Janeiro, con su policía feroz, está siendo acusado de crímenes contra la humanidad, pues manda atacar a las comunidades con helicópteros y drones, aterrorizando a la población. El alcalde Marcelo Crivella confesó que en las 436 escuelas instaladas en las comunidades, debido a los operativos policiales, los niños perdieron 7000 horas de aula. 
            Junto con la madre de Agatha Félix, Vanessa Francisco Sales, que llevaba en el entierro la muñeca de su hijita, se hacen oír las mismas voces que las de la Raquel bíblica: las madres del Morro do Alemão, de Jacarezinho, de la Chatuba de Mesquita, de la Vila Moretti de Bangu, del Complejo de Chapadão, de Duque de Caxias, de Vila Cruzeiro en el Complexo de Penha, de Maricá. Escuchemos sus lamentos: 
            “Se oyen muchas voces, muchos llantos y muchos gemidos. Las madres lloran a sus hijos queridos, muertos por balas perdidas; no quieren consolarse, porque han perdido a sus niños para siempre. Piden una respuesta que no viene de ninguna parte. Entre lágrimas y muchas lamentaciones suplican: paren de matar a nuestros niños. Paren, por el amor de Dios. Queremos a nuestros hijos vivos. Queremos justicia".
            Este es el contexto de esta Navidad de 2019, agravado por una política oficial que usa los medios perversos de la mentira, de las fake news, de mucha rabia y odio visceral. Jesús nació pobre y vivió pobre toda su vida. Y surge un presidente que tiene frecuentemente a Jesús en sus labios, pero no en su corazón, porque difunde ofensas a homoafectivos, a negros, a indígenas, a quilombolas (afros habitantes de los quilombos) y a mujeres. 
            Dice abiertamente que no le gustan los pobres, es decir, no le gustan aquellos de los cuales Jesús dijo: “bienaventurados los pobres” y los llamó “mis hermanos y hermanas menores”, y que en el ocaso de la vida serán nuestros jueces (Mateo 25,40). Que no le gusten los pobres significa que no quiere gobernar para la mayoría de los brasileros, que son pobres, y hasta miserables, para los cuales debería gobernar primeramente y cuidarlos. 
            A pesar de todo eso, hay que celebrar la Navidad. Está oscuro, pero festejamos la humanidad y la jovialidad de nuestro Dios. Él se hizo niño indefenso. Qué felicidad saber que seremos juzgados por un niño que sólo quiere jugar, recibir y dar cariño. 
            Que la Navidad nos conceda un poco de aquella luz que viene de la Estrella que llenó de alegría a los pastores de los campos de Belén y que orientó a los sabios-magos hacia la gruta. "Su luz ilumina a todas las personas que vienen a este mundo” (Jn 1,9), a ti y a mí, a todos, no sólo a los bautizados". Feliz Navidad.        


jueves, 26 de diciembre de 2019

José y María miraban a Jesús con «lágrimas de alegría»: la visión de la Navidad de la beata Emmerich 25122019

 «Al cabo de un largo rato vi que el niño rebullía y lo oí llorar»

José y María miraban a Jesús con «lágrimas de alegría»: la visión de la Navidad de la beata Emmerich



La beata Emmerich cuenta con detalle todo lo que rodeó al nacimiento de Cristo
La beata Emmerich cuenta con detalle todo lo que rodeó al nacimiento de Cristo
“El resplandor en torno a la Santísima Virgen se hacía cada vez mayor y ya no se veía la luz de la lámpara que había encendido José. La Santísima Virgen estaba vuelta a Oriente y arrodillada sobre su colcha de dormir, con su amplio vestido suelto y extendido en torno a ella”.

Este fue el momento justamente previo a que la Virgen María diera a luz a Cristo, el Salvador, tal y como lo relató la beata Ana Catalina Emmerich, que recibió el don especial para revelar cómo fue la vida de Jesús y la propia María a través de lo que ella llamaba “cuadros”, una especie de fotogramas que veía al mismo tiempo que se producían estos acontecimientos históricos.
Las visiones de una beata que tuvo los estigmas de la Pasión
Esta religiosa alemana, declarada beata, sufrió los estigmas de Jesús y se alimentaba únicamente de la Eucaristía. Esta humilde mujer nació a finales de siglo XVIII y aunque sus visiones no son dogma de fe, la Iglesia considera particulares de gran valor para acercarse, en este caso, a la figura de la Virgen. Durante un largo tiempo el escritor Clemente Brentano fue recogiendo de boca de la Emmerich estas visiones y que ahora están publicadas en libros como La vida oculta de la Virgen María y La Amarga Pasión de Cristo.

En su relato, la monja agustina explica con detalle todo lo que vio de este momento clave para la humanidad. Así, recuerda que “a las doce de la noche (la Virgen) se quedó arrobada en oración: la vi elevarse sobre la tierra de modo que podía verse  el suelo debajo (…)  Entonces ya no vi más el techo de la gruta, y una vía de luz se abrió entre María y lo más alto del Cielo con un resplandor cada vez más alto”.

Coros de espíritus celestiales
Según explicaba la beata, “en esta vía de luz apareció un maravilloso movimiento de glorias que se interpretaban y se acercaban perceptiblemente en forma de coros de espíritus celestiales”.

Y entonces se produjo el Nacimiento del Mesías, el Señor, pues “la Santísima Virgen, que levitaba en éxtasis, rezaba ahora mirando hacia abajo, al suelo, a su Dios en cuya madre se había convertido, que yacía ante ella en el suelo como un recién nacido desvalido”.

Así vio Ana Catalina Emmerich a Jesús recién nacido: “Vi a Nuestro Salvador como un niño muy pequeño y refulgente cuya luz sobrepasaba la del esplendor circundante, acostado en la manta delante de las rodillas de la Santísima Virgen. Para mí era como si fuera muy pequeñito y se fuera haciendo más grande ante mis ojos. Pero todo esto solo era un movimiento del otro resplandor tan grande, que no puedo decir con seguridad cómo lo he visto”.
El niño, sostenido en brazos por María
Siguiendo con esta visión en la gruta de Belén, cuenta que la Virgen “estuvo así arrobada todavía un rato y vi que le puso al niño un paño, pero no lo tomó en brazos ni lo levantó. Al cabo de un largo rato vi que el niño rebullía y lo oí llorar, y entonces fue como si María volviera en sí: levantó al niñito de la alfombra y lo envolvió en el pañal que le había puesto encima y lo sostuvo en brazos junto a su pecho. Luego se sentó y envolvió completamente al niño en su velo: creo que María daba de mamar al Salvador. Entonces vi en torno a ella ángeles de figura totalmente humana adorando con el rostro en el suelo”.


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Un poco después  recuerda la humilde monja, a la que gracias a sus indicaciones se hallaron los restos de la casa de la Virgen en Éfeso, que “ya habría pasado más de una hora desde el nacimiento cuando María llamó a José, que todavía estaba en oración. Cuando se acercó, se postró sobre su rostro con fervor, alegría y humildad, y sólo se levantó cuando María le pidió varias veces que lo apretara contra su corazón y diera gracias alegremente por el sagrado regalo del Altísimo. Entonces José se incorporó, recibió en sus brazos al niño Jesús y alabó a Dios con lágrimas de gozo”.
Sumidos en la contemplación
A continuación, prosigue la beata con su visión, “la Santísima Virgen envolvió al niño en pañales. En este momento no recuerdo la forma de envolverlo en pañales, sólo sé que uno era rojo, y sobre él una envoltura blanca hasta debajo de los bracitos y otro pañalito más por arriba hasta la cabecita. María solamente tenía cuatro pañales”.

"Luego vi a María y José sentados en el suelo desnudo con las piernas cruzadas uno junto a otro. No hablaban y parecían sumidos en contemplación. Sobre la alfombra delante de María yacía envuelto como un bebé, Jesús recién nacido, hermoso y radiante como un relámpago. ¡Ay!, pensé, este lugar contiene la salvación del mundo entero y nadie tiene ni la menor idea”, recogía Brentano de labios de la monja alemana.

Después de esto colocaron al Niño en el pesebre, que según Emmerich, “estaba lleno de juncos y hierbas finas y revestido con un cobertor que colgaba por los costados. El pesebre estaba encima del abrevadero de piedra que había a la derecha de la entrada de la cueva”.
María y José lloraban de alegría
Una vez que María y José dejaron ahí al niño, “los dos se quedaron de pie a su lado cantando himnos entre lágrimas de alegría”.

El gozo de la Creación
El Nacimiento de Cristo recorrió el mundo: “Vi que los corazones de muchas buenas gentes se llenaron de jubiloso anhelo, y los corazones de los malos de gran temor. Muchos animales se movían alegremente, y en muchos lugares vi que las flores se enderezaban y que las hierbas, árboles y arbustos expandían aromas y destilaban bálsamos. Muchas fuentes se hinchieron y brotaron, y en la cueva de la loma al sur de la Cueva del Pesebre brotó una caudalosa fuente a la hora que nació Jesús, que a la mañana siguiente San José enmarcó y la preparó un cauce”.
La llegada de los pastores
A la mañana siguiente llegaron tres mayorales de los pastores a los que el Ángel se les había aparecido aquella noche. “Cuando llamaron tímidamente a la Cueva del Pesebre, San José salió a recibirlos cordialmente. Ellos le dijeron lo que les había anunciado esa noche el ángel, y que venían a adorar al Niño de la Promesa y a regalarle sus pobres dones. José aceptó sus regalos con humilde gratitud e hizo que llevaran los animales a la cueva cuya entrada estaba junto a la puerta Sur de la Cueva del Pesebre, adonde los acompañó”.

Ana Catalina Emmerich prosigue asegurando que José “luego llevó a los tres mayorales a ver a la Santísima Virgen, que estaba junto al pesebre sentada en el suelo encima de una manta con el Niño Jesús en el regazo. Los pastores, con sus cayados en la mano, se hincaron de rodillas humildemente delante de Jesús. Lloraban de alegría y permanecieron mucho rato con gran dulzura y sin palabras. Luego cantaron el himno de alabanza que los ángeles habían cantado esa noche y un salmo que he olvidado. Cuando quisieron despedirse, la Santísima Virgen les puso a uno tras otro el Niño Jesús en brazos. Se lo devolvieron con lágrimas y abandonaron la cueva”.
Artículo publicado originariamente en ReL el 25 de diciembre de 2017

sábado, 29 de diciembre de 2018

Llenar de sentido la Navidad 22122018

Llenar de sentido la Navidad

Olvidémonos por un momento de todas las cosas que solemos asociar con la navidad: el arbolito, los regalos, Papá Noel… pero también ignoremos todo aquello vinculado al nacimiento del niño Jesús: el pesebre, los villancicos, y hasta la misma natividad.
Si despojamos a estas fiestas de todas aquellas cosas que se han ido sumando a lo largo de los siglos, ¿qué nos queda?
En rigor de verdad, la navidad es la denominación cristiana del “solsticio de invierno” (de verano en el hemisferio austral), un hito cósmico que tiene al Sol como protagonista, el cual renace en medio de las tinieblas invernales para llenar el planeta de Luz, Vida y Calor.
Los antiguos, en perfecta comunión con la naturaleza, celebraron de formas diversas este triunfo de la vida sobre la muerte, comprendiendo que la oscuridad no existe por sí misma sino que es solamente la ausencia de la luz.
En esta línea de pensamiento, el sol siempre fue considerado un símbolo evidente de la magnificencia divina, la imagen visible de una realidad invisible, y todos los pueblos lo veneraron aunque como representación de “otra cosa”.
Sobre esto, el búlgaro Omraam Mikhael Aivanhov decía que “el sol debe ser solamente un intermediario que nos permita encontrar a Dios, a nuestro Sol interior. (…) Algunas personas, según parece, temen que tomemos al sol como Dios mismo. No, que se tranquilicen, no es cuestión de confundir a Dios con el sol. Dios es inconcebible, inexpresable, y nunca podríamos tener una idea exacta de lo que Él es. Nosotros no adoramos al sol, únicamente adoramos a Dios. Pero si profundizamos en la imagen del sol en tanto que símbolo, nos vemos obligados a reconocer que es, para los humanos, la mejor imagen de Dios. Eso es todo. Esta es nuestra convicción absoluta. Y ello signifca que hay que aprender a encontrar al sol interior” (1).
Para los cristianos, ese Sol que aparece en el medio de la noche más oscura es Jesús el Cristo, que -a imagen y semejanza del Sol- llega a la Tierra para llenarla de Luz, de Vida y de Amor.
Los profanos -aquellos que solamente pueden ver la superficie de las cosas- al encontrar similitudes entre Jesús y otros personajes míticos terminaron por confirmar sus prejuicios sobre el salvador cristiano, concluyendo que éste es un plagio, una imitación de algo anterior, aunque en verdad -desde una perspectiva iniciática- estas semejanzas no son otra cosa que la confirmación de una verdad arquetípica.
Dicho de otro modo, que el Cristo sea comparado con Mitra, Horus, Attis y otras divinidades no lo niega sino que termina por confirmar que -detrás de un ser humano mortal conocido como Jesús de Nazareth que nació, vivió y murió- existió “otro ser” inmortal y que llamamos “Cristo”.
Mientras que Jesús representa la naturaleza física y humana de cada uno de nosotros, el Cristo simboliza nuestro Yo más alto, metafísico y divino. Uno es la cruz, el otro la rosa que debe nacer en el corazón del hombre.
Por eso, mientras los historiadores siguen discutiendo sobre la historicidad de un personaje llamado Jesús que existió (o no) hace más de 2.000 años, nosotros deberíamos poner el foco en otro lado: en el Cristo-semilla latente en nosotros, en nuestra propia naturaleza crística que tendrá que manifestarse tarde o temprano.
Entonces: despojemos -por un instante al menos- a la navidad de todos sus agregados y recuperemos lo esencial: el Sol en nosotros, el Cristo vivo, la rosa aromática que perfuma la cruz. 
¡Feliz navidad!


Palabras de Antonio Medrano

“Cristo, Sol eterno, Luz del mundo, nace para que despertemos, para que salgamos del sueño en que nos hallamos sumidos, para que nos sacudamos la ignorancia o ceguera espiritual que nos tiene aprisionados. Su Luz redentora, renovadora y liberadora quiere abrirse paso hasta lo más profundo de nuestro ser para que recobremos la memoria, nuestra más alta memoria, que nos permitirá salir de la amnesia en que vivimos y recordar nuestra verdadera naturaleza, nuestro destino, nuestro origen y nuestro fin último.
Cristo, Sol de Justicia, nace para iluminar mi mente, para rescatarme de mi torpor y de la oscuridad que me oprime. Nace para reconducirme a mi ser (o mejor, a mi Ser, a mi Esencia divina), para recordarme quién soy, de dónde vengo y adónde voy, hacia dónde debo encaminarme, qué o quién estoy llamado a ser. El Sol eterno nace para que yo nazca de nuevo, para que yo nazca en verdad saliendo de la semivida, infravida, no-vida o muerte en vida en la que languidezco y me arrastro sin pena ni gloria, de forma tan lamentable como miserable”.

Notas del texto

(1) Aivanhov, Omraam Mikhaël: “Sois dioses”