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domingo, 22 de septiembre de 2019

Beata María Emilia Tavernier, viuda y fundadora (23 de septiembre)


Beata María Emilia Tavernier, viuda y fundadora

fecha: 23 de septiembre
n.: 1800 - †: 1851 - país: Canadá
canonización: 
B: Juan Pablo II 7 oct 2001
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, beata María Emilia Tavernier, religiosa, que, al perder al marido y a los hijos, se entregó a cuidar a los necesitados, para lo cual fundó la Congregación de Hermanas de la Divina Providencia, en favor de los huérfanos, ancianos y débiles mentales.
Émilie Tavernier nació en Montreal, Canadá, el 19 de febrero de 1800, de padres humildes, virtuosos y trabajadores. Ella es la última de quince hijos nacidos del matrimonio Tavernier-Maurice; sus padres fallecieron cuando ella era una niña, pero dejaron a sus hijos una educación cristiana marcada por la presencia de la Providencia en sus vidas. A la edad de 4 años, Emilia fue confiada a una tía paterna, que reconoció en la niña una sensible inclinación para con los pobres y desdichados. A los 18 años, parte para ayudar desinteresadamente a su hermano que ha quedado viudo. Lo único que solicita es tener siempre una mesa para servir comida a los mendigos que se presentan; mesa que ella nombra con cariño: «La Mesa del Rey».
En 1823, contrae enlace con Jean-Baptiste Gamelin, un profesional en el cultivo de manzanas. En él, ella encuentra a un amigo de los pobres que comparte sus mismas aspiraciones. De esta unión nacen tres hijos, pero muy pronto la tristeza invade este hogar con el fallecimiento de los hijos a quienes ella se había dedicado con amor y abnegación. También fallece su esposo, con quien ha vivido años felices y de fidelidad en el compromiso matrimonial. Emilia, en medio de todas estas pruebas no se repliega sobre sus sufrimientos, sino que encuentra en la Virgen de los Dolores al modelo que orientará toda su vida. Su oración y su contemplación de la Virgen al pie de la cruz abren su corazón a una caridad compasiva por todas las personas que sufren. ¡Desde hoy en adelante, ellas serán su esposo y sus hijos!
Un pobre deficiente mental y su anciana madre son los primeros de una larga lista de pobres, que se benefician, no solamente con los recursos que le dejara su esposo, sino además con su tiempo, su dedicación, su bienestar, sus diversiones y hasta su salud. Su propia casa llega a ser la casa de todos ellos y multiplica los refugios para albergarlos. Personas ancianas, huérfanos, presos, inmigrantes, desempleados, sordomudos, jóvenes o parejas con dificultades, impedidos físicos y enfermos mentales, todos conocen bien su casa, a la que dan espontáneamente el nombre de «Casa de la Providencia», porque ella misma es una «verdadera providencia».
Emilia es bien recibida tanto en los hogares como en la cárcel, entre los enfermos y entre los que están bien, porque lleva consuelo y asistencia. Ella es verdaderamente el Evangelio en acción: «Lo que haces al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo haces». Familiares y amigas se reúnen alrededor de ella para ayudarle; mientras que otros no logran entender semejante dedicación y al ver que se abre otro refugio comentan: «Madame Gamelin no tenía suficientes locas ¡Tuvo que buscarse otras!». Durante quince años multiplicará sus gestos heroicos de dedicación, bajo la mirada de reconocimiento y aprobación del obispo Jean-Jacques Lartigue, en un principio y luego de Mons. Ignace Bourget, el segundo obispo de Montréal, quien piensa que una vida tan preciosa para sus feligreses no puede desaparecer sin que alguien tome el relevo. En una estadía en París, en 1841, Mons. Bourget solicita el envío de Hijas de San Vicente de Paul para la atención de la obra de la Señora Gamelin, con el fin de establecer las bases para una comunidad religiosa. Al recibir una respuesta afirmativa, hace construir una casa nueva para acogerlas en Montreal. Pero a última hora, las religiosas cambian de parecer. La Providencia tiene otros planes.
¡La obra de Madame Gamelin sobrevive a todo esto! El obispo Bourget busca candidatas en su propia diócesis; ellas serán confiadas a Madame Gamelin quien las formará para la obra de caridad compasiva que ella realiza con tanta dedicación, y para la misión Providencia que proclama con actos que hablan aún más fuerte que las palabras. Las Hermanas de la Providencia nacen a partir de la Casa de la Providencia, en la Iglesia de Montreal. Emilia Tavernier-Gamelin se unirá a las primeras religiosas, primero como novicia y luego como su madre y su fundadora. La primera profesión religiosa se celebra el 29 de marzo de 1844. Las necesidades de los pobres, de los enfermos, de los inmigrantes, etc. no dejan de aumentar en esta ciudad, en esta sociedad en vías de desarrollo.
La Comunidad naciente conoce horas sombrías, cuando las hermanas disminuyen en número, debido a las epidemias mortales. Cuando el obispo Bourget duda de la buena voluntad de la superiora, influenciado por una religiosa muy negativa, la fundadora se mantiene de pie junto a la cruz, siguiendo el ejemplo de la Virgen de Dolores, su modelo a partir de las tristes horas de sus duelos. El mismo obispo Bourget reconocerá su grandeza de alma y su generosidad que llega al heroísmo. La nueva comunidad crece para responder a las necesidades del momento: las Hermanas de la Providencia se multiplican, son 50 en 1851, cuando hace solamente ocho años que ha nacido la comunidad y la fundadora misma fallece, siendo una víctima más de la epidemia de cólera. Sus hijas recibieron el último testamento de labios de su madre: humildad, simplicidad, caridad, sobre todo caridad. Fue beatificada el 7 de octubre de 2001.
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3460

miércoles, 3 de abril de 2019

San Luis Scrosoppi, presbítero y fundador (3 de abril)


San Luis Scrosoppi, presbítero y fundador

fecha: 3 de abril
n.: 1804 - †: 1884 - país: Italia
canonización: 
B: Juan Pablo II 4 oct 1981 - C: Juan Pablo II 10 jun 2001
Elogio: En Udine, en la región de Venecia, san Luis Scrosoppi, presbítero de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, que fundó la Congregación de Hermanas de la Divina Providencia, para la educación cristiana de la juventud femenina.
Nacido en Udine (Italia), el 4 de agosto de 1804, vivió en tiempos difíciles de guerras, epidemias y carestías. Pero su espíritu, forjado en un ambiente familiar de fe profunda, no se abatió frente a las diferentes dificultades sino que descubrió en ellas un llamado de Dios, para entregar toda su vida al servicio de los más necesitados.
Era el menor de tres hijos de una familia de posición económica holgada. A los 23 años es ordenado sacerdote y ya desde unos años antes había comenzado a ayudar a su hermano Carlos que era sacerdote, en una casa para niñas huérfanas. Poco a poco fue asumiendo más tareas de responsabilidad en esta obra, hasta el punto de vender todos sus bienes y hacerse mendigo con tal de proporcionar a aquellas criaturas en dificultad, lo que más necesitaran.
Nueve maestras componían el primer núcleo de educadoras de las niñas y jóvenes, las cuales, guiadas por el ejemplo y la formación espiritual del p. Luis, sintieron que también ellas deseaban dedicar toda su vida al servicio de los más necesitados. Nace así la congregación de las Hermanas de la Providencia, el 1º de febrero de 1937. El p. Luis, por su parte, siempre deseoso de dar algo más al Señor, entra en la congregación de los Padres del Oratorio de San Felipe Neri y permanecerá en ella aún después de que fuera suprimida en Udine en 1866, por las leyes del gobierno de aquella época.
Luego de toda una vida consumada por el bien de los demás, en la que se destaca también de forma especial su preocupación y ayuda material y espiritual a los seminaristas y sacerdotes pobres, muere el 3 de abril de 1884. Casi un siglo después, el 4 de octubre de 1981, el Papa Juan Pablo II lo proclama beato, presentándolo como ejemplo de virtudes entre las que sobresalieron en particular la humildad, la caridad y un total abandono en las manos de la Providencia. Y 20 años después, el 10 de junio de 2001, el mismo Papa lo proclamará santo en la Plaza de San Pedro de Roma.
De la homilía de SS Juan Pablo II en la misa de canonización:

«Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Rm 5, 1).
Como hemos escuchado en la segunda lectura, para el apóstol san Pablo la santidad es un don que el Padre nos comunica mediante Jesucristo. En efecto, la fe en él es principio de santificación. Por la fe el hombre entra en el orden de la gracia; por la fe espera participar en la gloria de Dios.
Esta esperanza no es un espejismo, sino fruto seguro de un camino ascético en medio de numerosas tribulaciones, afrontadas con paciencia y virtud probada.
Esta fue la experiencia de san Luis Scrosoppi, durante una vida gastada totalmente por amor a Cristo y a sus hermanos, especialmente los más débiles e indefensos.
«¡Caridad, caridad!»: esta exclamación brotó de su corazón en el momento de dejar el mundo para ir al cielo. Practicó la caridad de modo ejemplar, sobre todo con las muchachas huérfanas y abandonadas, implicando a un grupo de maestras, con las que fundó el instituto de las «Religiosas de la Divina Providencia».
La caridad fue el secreto de su largo e incansable apostolado, alimentado de su contacto constante con Cristo, contemplado e imitado en la humildad y en la pobreza de su nacimiento en Belén, en la sencillez de la vida laboriosa de Nazaret, en la total inmolación en el Calvario y en el silencio elocuente de la Eucaristía. Por este motivo, la Iglesia lo señala a los sacerdotes y a los fieles como modelo de síntesis profunda y eficaz entre la comunión con Dios y el servicio a los hermanos. En otras palabras, modelo de una existencia vivida en comunión intensa con la santísima Trinidad.
El texto biográfico fue tomado de la revista Umbrales, nº 118, año 2001, editada por los PP Dehonianos, Montevideo, Uruguay; la homilia puede leerse completa en el sitio del Vaticano.


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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1099

sábado, 22 de septiembre de 2018

Beata María Emilia Tavernier, viuda y fundadora (23 de septiembre)


Beata María Emilia Tavernier, viuda y fundadora

fecha: 23 de septiembre
n.: 1800 - †: 1851 - país: Canadá
canonización: 
B: Juan Pablo II 7 oct 2001
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, beata María Emilia Tavernier, religiosa, que, al perder al marido y a los hijos, se entregó a cuidar a los necesitados, para lo cual fundó la Congregación de Hermanas de la Divina Providencia, en favor de los huérfanos, ancianos y débiles mentales.
Émilie Tavernier nació en Montreal, Canadá, el 19 de febrero de 1800, de padres humildes, virtuosos y trabajadores. Ella es la última de quince hijos nacidos del matrimonio Tavernier-Maurice; sus padres fallecieron cuando ella era una niña, pero dejaron a sus hijos una educación cristiana marcada por la presencia de la Providencia en sus vidas. A la edad de 4 años, Emilia fue confiada a una tía paterna, que reconoció en la niña una sensible inclinación para con los pobres y desdichados. A los 18 años, parte para ayudar desinteresadamente a su hermano que ha quedado viudo. Lo único que solicita es tener siempre una mesa para servir comida a los mendigos que se presentan; mesa que ella nombra con cariño: «La Mesa del Rey».
En 1823, contrae enlace con Jean-Baptiste Gamelin, un profesional en el cultivo de manzanas. En él, ella encuentra a un amigo de los pobres que comparte sus mismas aspiraciones. De esta unión nacen tres hijos, pero muy pronto la tristeza invade este hogar con el fallecimiento de los hijos a quienes ella se había dedicado con amor y abnegación. También fallece su esposo, con quien ha vivido años felices y de fidelidad en el compromiso matrimonial. Emilia, en medio de todas estas pruebas no se repliega sobre sus sufrimientos, sino que encuentra en la Virgen de los Dolores al modelo que orientará toda su vida. Su oración y su contemplación de la Virgen al pie de la cruz abren su corazón a una caridad compasiva por todas las personas que sufren. ¡Desde hoy en adelante, ellas serán su esposo y sus hijos!
Un pobre deficiente mental y su anciana madre son los primeros de una larga lista de pobres, que se benefician, no solamente con los recursos que le dejara su esposo, sino además con su tiempo, su dedicación, su bienestar, sus diversiones y hasta su salud. Su propia casa llega a ser la casa de todos ellos y multiplica los refugios para albergarlos. Personas ancianas, huérfanos, presos, inmigrantes, desempleados, sordomudos, jóvenes o parejas con dificultades, impedidos físicos y enfermos mentales, todos conocen bien su casa, a la que dan espontáneamente el nombre de «Casa de la Providencia», porque ella misma es una «verdadera providencia».
Emilia es bien recibida tanto en los hogares como en la cárcel, entre los enfermos y entre los que están bien, porque lleva consuelo y asistencia. Ella es verdaderamente el Evangelio en acción: «Lo que haces al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo haces». Familiares y amigas se reúnen alrededor de ella para ayudarle; mientras que otros no logran entender semejante dedicación y al ver que se abre otro refugio comentan: «Madame Gamelin no tenía suficientes locas ¡Tuvo que buscarse otras!». Durante quince años multiplicará sus gestos heroicos de dedicación, bajo la mirada de reconocimiento y aprobación del obispo Jean-Jacques Lartigue, en un principio y luego de Mons. Ignace Bourget, el segundo obispo de Montréal, quien piensa que una vida tan preciosa para sus feligreses no puede desaparecer sin que alguien tome el relevo. En una estadía en París, en 1841, Mons. Bourget solicita el envío de Hijas de San Vicente de Paul para la atención de la obra de la Señora Gamelin, con el fin de establecer las bases para una comunidad religiosa. Al recibir una respuesta afirmativa, hace construir una casa nueva para acogerlas en Montreal. Pero a última hora, las religiosas cambian de parecer. La Providencia tiene otros planes.
¡La obra de Madame Gamelin sobrevive a todo esto! El obispo Bourget busca candidatas en su propia diócesis; ellas serán confiadas a Madame Gamelin quien las formará para la obra de caridad compasiva que ella realiza con tanta dedicación, y para la misión Providencia que proclama con actos que hablan aún más fuerte que las palabras. Las Hermanas de la Providencia nacen a partir de la Casa de la Providencia, en la Iglesia de Montreal. Emilia Tavernier-Gamelin se unirá a las primeras religiosas, primero como novicia y luego como su madre y su fundadora. La primera profesión religiosa se celebra el 29 de marzo de 1844. Las necesidades de los pobres, de los enfermos, de los inmigrantes, etc. no dejan de aumentar en esta ciudad, en esta sociedad en vías de desarrollo.
La Comunidad naciente conoce horas sombrías, cuando las hermanas disminuyen en número, debido a las epidemias mortales. Cuando el obispo Bourget duda de la buena voluntad de la superiora, influenciado por una religiosa muy negativa, la fundadora se mantiene de pie junto a la cruz, siguiendo el ejemplo de la Virgen de Dolores, su modelo a partir de las tristes horas de sus duelos. El mismo obispo Bourget reconocerá su grandeza de alma y su generosidad que llega al heroísmo. La nueva comunidad crece para responder a las necesidades del momento: las Hermanas de la Providencia se multiplican, son 50 en 1851, cuando hace solamente ocho años que ha nacido la comunidad y la fundadora misma fallece, siendo una víctima más de la epidemia de cólera. Sus hijas recibieron el último testamento de labios de su madre: humildad, simplicidad, caridad, sobre todo caridad. Fue beatificada el 7 de octubre de 2001.
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3460

martes, 3 de abril de 2018

San Luis Scrosoppi, presbítero y fundador (3 de abril)


San Luis Scrosoppi, presbítero y fundador

fecha: 3 de abril
n.: 1804 - †: 1884 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 4 oct 1981 - C: Juan Pablo II 10 jun 2001
Elogio: En Udine, en la región de Venecia, san Luis Scrosoppi, presbítero de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, que fundó la Congregación de Hermanas de la Divina Providencia, para la educación cristiana de la juventud femenina.
Nacido en Udine (Italia), el 4 de agosto de 1804, vivió en tiempos difíciles de guerras, epidemias y carestías. Pero su espíritu, forjado en un ambiente familiar de fe profunda, no se abatió frente a las diferentes dificultades sino que descubrió en ellas un llamado de Dios, para entregar toda su vida al servicio de los más necesitados.
Era el menor de tres hijos de una familia de posición económica holgada. A los 23 años es ordenado sacerdote y ya desde unos años antes había comenzado a ayudar a su hermano Carlos que era sacerdote, en una casa para niñas huérfanas. Poco a poco fue asumiendo más tareas de responsabilidad en esta obra, hasta el punto de vender todos sus bienes y hacerse mendigo con tal de proporcionar a aquellas criaturas en dificultad, lo que más necesitaran.
Nueve maestras componían el primer núcleo de educadoras de las niñas y jóvenes, las cuales, guiadas por el ejemplo y la formación espiritual del p. Luis, sintieron que también ellas deseaban dedicar toda su vida al servicio de los más necesitados. Nace así la congregación de las Hermanas de la Providencia, el 1º de febrero de 1937. El p. Luis, por su parte, siempre deseoso de dar algo más al Señor, entra en la congregación de los Padres del Oratorio de San Felipe Neri y permanecerá en ella aún después de que fuera suprimida en Udine en 1866, por las leyes del gobierno de aquella época.
Luego de toda una vida consumada por el bien de los demás, en la que se destaca también de forma especial su preocupación y ayuda material y espiritual a los seminaristas y sacerdotes pobres, muere el 3 de abril de 1884. Casi un siglo después, el 4 de octubre de 1981, el Papa Juan Pablo II lo proclama beato, presentándolo como ejemplo de virtudes entre las que sobresalieron en particular la humildad, la caridad y un total abandono en las manos de la Providencia. Y 20 años después, el 10 de junio de 2001, el mismo Papa lo proclamará santo en la Plaza de San Pedro de Roma.
De la homilía de SS Juan Pablo II en la misa de canonización:

«Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Rm 5, 1).
Como hemos escuchado en la segunda lectura, para el apóstol san Pablo la santidad es un don que el Padre nos comunica mediante Jesucristo. En efecto, la fe en él es principio de santificación. Por la fe el hombre entra en el orden de la gracia; por la fe espera participar en la gloria de Dios.
Esta esperanza no es un espejismo, sino fruto seguro de un camino ascético en medio de numerosas tribulaciones, afrontadas con paciencia y virtud probada.
Esta fue la experiencia de san Luis Scrosoppi, durante una vida gastada totalmente por amor a Cristo y a sus hermanos, especialmente los más débiles e indefensos.
«¡Caridad, caridad!»: esta exclamación brotó de su corazón en el momento de dejar el mundo para ir al cielo. Practicó la caridad de modo ejemplar, sobre todo con las muchachas huérfanas y abandonadas, implicando a un grupo de maestras, con las que fundó el instituto de las «Religiosas de la Divina Providencia».
La caridad fue el secreto de su largo e incansable apostolado, alimentado de su contacto constante con Cristo, contemplado e imitado en la humildad y en la pobreza de su nacimiento en Belén, en la sencillez de la vida laboriosa de Nazaret, en la total inmolación en el Calvario y en el silencio elocuente de la Eucaristía. Por este motivo, la Iglesia lo señala a los sacerdotes y a los fieles como modelo de síntesis profunda y eficaz entre la comunión con Dios y el servicio a los hermanos. En otras palabras, modelo de una existencia vivida en comunión intensa con la santísima Trinidad.
El texto biográfico fue tomado de la revista Umbrales, nº 118, año 2001, editada por los PP Dehonianos, Montevideo, Uruguay; la homilia puede leerse completa en el sitio del Vaticano.


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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_1099