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jueves, 6 de diciembre de 2018

Mons. Felipe Arizmendi: Nuestra aportación al nuevo gobierno 05122018

Andrés Manuel López Obrador © lopezobrador.org.mx
Andrés Manuel López Obrador © Lopezobrador.Org.Mx

Mons. Felipe Arizmendi: Nuestra aportación al nuevo gobierno

Nuevo periodo presidencial en México
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Hemos iniciado un nuevo periodo presidencial en el país. En el discurso inaugural, ¡cuántas promesas, cuántos proyectos! Llevarlos a la práctica, siempre por el bien común, no depende sólo del deseo o de decretos del Presidente, aunque diga que tiene el poder en la mano.
Dios es enemigo de robar, de mentir, de desear los bienes ajenos, de la corrupción. Así nos lo tiene señalado en el Decálogo, pero respeta nuestra libertad para seguir este camino, o hacer lo contrario. Dios no se impone. Jesucristo no tolera la corrupción; sin embargo, entre sus colaboradores había corrupción. ¡Y eso que es Dios! La mayoría nos declaramos creyentes, pero la corrupción puede estar en ti y en mí, a pesar de leyes humanas y divinas. Si no cooperamos todos, no se podrá extirpar.
Todos sufrimos la violencia y la inseguridad; acabar con ella no depende sólo de los buenos consejos de mamás santas, ni de una reorganización policíaca, o de nuevas leyes. Dios nos ordena no matar, sino hacer siempre el bien; sin embargo, ¿cuántos no le hacen caso? Se necesita rescatar las familias, respetar la vida intrauterina, cambiar el corazón, hacerle caso a Dios, para que haya armonía social. Sin esto, no se alcanza la anhelada transformación.
Vencer por siempre la pobreza, que es un anhelo profundo del mismo Dios, no depende de dádivas generalizadas, ni sólo de programas de desarrollo regional. Dios podría hacernos ricos a todos, pero no lo quiere hacer él solo sin nosotros; por ello, es necesario aprender a trabajar, desde una familia bien integrada, buscar creativamente fuentes de ingresos, no malgastar el dinero en cosas no indispensables, y todo esto depende de cada ciudadano. Jóvenes eternamente dependientes, no conocen la dignidad del trabajo.
PENSAR
¿Qué podemos aportar al nuevo gobierno? Ciertamente nuestra oración, pero no a las fuerzas de la naturaleza, a los cuatro rumbos del universo, a los espíritus de los ancestros, sino al Creador de la madre tierra, a nuestro Padre del Cielo, generador de toda vida, y a nuestra Madre de Guadalupe, como lo hicieron dos indígenas en el ritual del Zócalo, una invocando a la Virgen y otro entregando un Crucifijo al nuevo Presidente.
Recordamos lo que el Papa Francisco, en su visita a México, dijo a las autoridades civiles en Palacio Nacional: “A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales. Le aseguro, señor Presidente que, en este esfuerzo, el Gobierno mexicano puede contar con la colaboración de la Iglesia católica, que ha acompañado la vida de esta Nación y que renueva su compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: la edificación de la civilización del amor” (13-II-2016).
Los obispos mexicanos, en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, hicimos la opción de ser una Iglesia comprometida con la paz y las causas sociales; y en este campo, estamos dispuestos a colaborar con autoridades de toda índole y con la sociedad civil:
“La necesidad inaplazable por construir una paz firme y duradera en nuestro país, reclama que la Iglesia pueda sentarse a la mesa con muchos otros invitados: organizaciones ciudadanas, confesiones religiosas, autoridades civiles, entidades educativas, sectores políticos y medios de comunicación, entre otros, para que juntos, y aportando lo que le es propio a cada uno, podamos reconstruir el tejido social de nuestro país. Creemos que es urgente trabajar por la paz de nuestros pueblos y llegar a compromisos concretos. Como sociedad mexicana es necesario combatir todas aquellas situaciones de corrupción, impunidad e ilegalidad que generan violencia y restablecer las condiciones de justicia, igualdad y solidaridad que construyen la paz. 
Todo el Pueblo de Dios en su conjunto, estamos llamados, por el bautismo, a trabajar por la reconstrucción de la paz, a ejercer nuestro sentido profético ante esta situación, no sólo al anunciar con el testimonio el proyecto de Dios, sino denunciando con valor las injusticias y atropellos que se cometen, dejando de lado temores y egoísmos, muchas veces aún a costa de la propia vida, como ha sucedido con periodistas, defensores de los derechos humanos, líderes sociales, laicos y sacerdotes” (Nos. 175-176).
ACTUAR
¿Qué podemos hacer tú y yo, para que los buenos proyectos del nuevo Presidente se hagan realidad? El no tiene una varita mágica para enderezar el país. Hagamos lo que nos corresponde, sobre todo educando para el bien actuar desde nuestra familia.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Mons. Felipe Arizmendi: “Confianza en la Iglesia” 28112018

Catedral de Guadalajara, México. Wikimedia Commons/ Elias Garcia-Ortiz
Catedral De Guadalajara, México. Wikimedia Commons/ Elias Garcia-Ortiz

Mons. Felipe Arizmendi: “Confianza en la Iglesia”

Entre las 3 primeras instituciones en México
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Pareciera que ha decaído mucho la confianza en nuestra Iglesia, sobre todo por los variados casos de pederastia clerical, por las fallas morales, por las divisiones internas, por los malos manejos económicos, por el mal trato que a veces reciben los fieles. Hay quienes se consideran católicos, pero despotrican contra su Madre la Iglesia, fijándose sólo en nuestras deficiencias, que son reales.
Un sacerdote que dejó el ministerio tiene tal inquina contra su arzobispo, que pareciera que no descansará hasta verlo refundido en la cárcel, o en el desprestigio total. Eso no es anhelo de justicia y de verdad, sino odio y mal corazón, indigno de un cristiano.
A pesar de esto, que es escandaloso, la confianza en la institución eclesial se mantiene entre las más altas, porque la sostiene Jesucristo y porque hay muchos ministros santos, que deshilachan su vida en el servicio a la comunidad.
Una empresa especializada en encuestas, Consulta Mitofsky, muy seria y confiable, acaba de publicar los resultados de su investigación en ambientes rurales, urbanos y universitarios, entre jóvenes y adultos, hombres y mujeres, sobre confianza del pueblo en 18 instituciones, comparando los datos de 2008 a 2018, con una escala de calificación del 0 al 10.
Las tres que gozan de la confianza más alta somos: Las universidades (7.4), la Iglesia (7.2) y el Ejército (7.0). Cierto que no llegamos a 8 de calificación, menos a 9 ó 10, pues, además de nuestras fallas, el sentimiento antisistémico y antiinstitucional es ya casi una cultura global. El que nosotros alcancemos sólo un 7.2, nos debe forzar a un proceso de conversión permanente.
En el polo más bajo de confianza, están la Policía (5.5), los Sindicatos (5.4), los Senadores (5.3), la Presidencia de la República (5.1), los Diputados (5.1) y los Partidos Políticos (5.1). ¡Y éstos son los que tienen más poder, y los que se consideran a sí mismos como los líderes que nos van a sacar adelante! Son resultados de octubre reciente, cuando ya ha empezado el cambio de régimen.
Las instituciones que gozan de una confianza media son: medios de comunicación (6.9), estaciones de radio (6.9), Comisión Nacional de Derechos Humanos (6.7), Instituto Nacional Electoral (6.5), empresarios (6.4), bancos (6.3), canales de televisión (6.3) y Suprema Corte de Justicia de la Nación (6.1). Esta última cifra es muy indicativa y preocupante. ¿Cómo es que la Suprema Corte goza de tan poca confianza, si sus ministros son la última palabra que define la marcha del país?
PENSAR
La encuesta habla de la Iglesia, y entre nosotros este término se refiere a la Católica. Y por Iglesia, muchos siguen entendiendo a obispos y sacerdotes, siendo que el término abarca a todos los fieles. Por ello, es interesante lo que los obispos mexicanos, en nuestro Proyecto Global Pastoral 2031+2033, expresamos: “Vemos con gratitud a Dios que su pueblo valora la persona y el trabajo de los presbíteros, que en la riqueza ministerial de toda la comunidad cristiana, son los principales colaboradores del obispo en su misión de enseñar, santificar y guiar a la Iglesia. Son muchos los testimonios de presbíteros que lejos de los reflectores ejercen de manera callada, generosa y fiel su ministerio, muchas veces opacados por los escándalos provocados por los mismos ministros que se apartan de su verdadera misión. A lo largo de la historia de nuestros pueblos han sido fundamentales para su progreso la presencia y la acción de los presbíteros, muchos de ellos dejando y marcando de manera indeleble su vida, en campos como la cultura, el desarrollo humano, el deporte, etc., pero de manera especial en el conocimiento y vivencia de su fe” (No. 70). 
ACTUAR
Sintámonos legítimamente contentos y casi orgullosos por la alta confianza que el pueblo mexicano tiene a su Iglesia, a pesar de todo. Los ministros, sigamos esforzándonos por ser buenos pastores, al estilo de Jesús, servidores humildes y sacrificados por la comunidad, fieles a nuestros compromisos hechos en la ordenación. Y los fieles, ayúdennos con su oración, su consejo y su corrección fraterna, cuando la mundanidad se nos pegue. Ustedes también, que son Iglesia, procuren ser santos en la vida diaria, en el amor y la justicia.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Mons. Felipe Arizmendi: “Lo que diga el pueblo…” (Mons. Felipe Arizmendi Esquivel) 21112018

Campaña electoral México © Yradiamos
Campaña Electoral México © Yradiamos

Mons. Felipe Arizmendi: “Lo que diga el pueblo…”

Responder a las consultas que se hacen es contribuir al bien común
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristobal de Las Casas
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En la Iglesia y en la sociedad, es fundamental escuchar al pueblo. Pero hay que saber discernir, es decir, cernir dos veces, para captar realmente la voz comunitaria, las necesidades verdaderas, la voluntad de una mayoría que busca sinceramente el bien común y no tanto sus propios intereses, porque hay manipuladores que dicen hablar en nombre del pueblo, y sólo representan a unos cuantos y su beneficio egoísta. El hecho de que el 53% de los electores haya apoyado una opción partidista, no justifica despreciar y no tomar en cuenta al 47% restante que tiene otras preferencias, y que también es pueblo. No es democracia adulta legitimar una decisión ya predeterminada, diciendo que es la voluntad popular. Ni una mayoría de votos significa automáticamente la mejor opción. Veamos los casos de Estados Unidos, Venezuela y Brasil.
En algunas comunidades indígenas, aún no contaminadas por los partidos, la decisión no depende de mayorías, sino que se procura llegar a un consenso. Sus asambleas duran mucho tiempo, pues se intenta tomar en cuenta todas las opiniones, ya que todos forman el pueblo. Los procesos para decidir son lentos, porque se trata de escuchar las razones de las diferentes propuestas.
Es tarea, por cierto muy desgastante, de quien tiene la autoridad bien constituida, sopesar las distintas opciones de los contrastantes sectores de la sociedad, para tratar de armonizar las diferencias. Esa es la sabiduría es un gobernante. Lo contrario, es oportunismo convenenciero, como el de Pilato, que a pesar de estar convencido de la inocencia de Jesús, tomó una decisión en sentido contrario sólo porque una multitud manipulada se lo pidió. No todo lo que una mayoría de votos expresa, es justo y adecuado. Muchos gritaron exigiendo la crucifixión de Jesús, y se hicieron responsables de una injusticia. Aunque una mayoría expresara, por ejemplo, que el aborto es legítimo, no por eso es verdadero y justo, pues el asesinato de un inocente e indefenso es la mayor injusticia que se puede cometer, aunque muchos lo aprobaran en una posible consulta. Pilato se lavó las manos, escudándose en el griterío de muchas personas, pero él fue responsable de una injusticia.
La Iglesia no es una democracia, pero sí una comunidad donde también se deben escuchar las voces del pueblo. Para ello tenemos varios canales de consulta en las parroquias y diócesis, y si, por ejemplo, para erigir una nueva parroquia, el obispo no consultara a su Consejo Presbiteral, su decisión sería nula jurídicamente. Sin embargo, las decisiones más transcendentes no se toman por mayoría de votos, sino por responsabilidad de quien tiene la autoridad legítima en cualquier instancia. Para ello hay estatutos, reglamentos y cánones. Como cuando un grupo, más o menos numeroso, pide y exige al obispo cambio de párroco, no por ello se debe acatar su petición, sino que el obispo, en consulta con sus asesores, debe analizar las razones de tal exigencia y proceder en conciencia. No es el voto mayoritario lo que rige la vida de la Iglesia, sino principios evangélicos superiores. El obispo, o el párroco, deben asumir su responsabilidad pastoral en las decisiones. Es el servicio desgastante de ser autoridad. No es cuestión de quedar bien con todos, ni lavarse las manos, escudándose dizque en el pueblo.
PENSAR
Los obispos mexicanos, en nuestro Proyecto Global Pastoral 2031+2033, expresamos:
“Nuestra forma de gobierno ha ido avanzando lentamente. Una participación ciudadana cada vez más madura y organizada da señales de la toma de conciencia de que los asuntos públicos son responsabilidad de todos. Numerosos grupos sociales y ciudadanos se organizan cada vez mejor para expresar, manifestar y defender sus ideas en los más diversos campos, así como para exigir la rendición de cuentas y el respeto por sus derechos” (No. 61).
En nuestro documento Educar para una nueva sociedad (octubre de 2012), dijimos: “Las instancias gubernamentales han de programar todas sus acciones pensando prioritariamente en los ciudadanos y abriéndoles espacios de partici­pación” (No. 68).
Ya antes, en el documento Que en Cristo, nuestra Paz, México tenga vida digna(15 febrero 2009), constatábamos que es muy difícil el diálogo entre los actores de la vida política, quienes ante los graves problemas de México, muchas veces se encierran en posiciones irreductibles, no se escuchan, se ofenden y descalifican, niegan sistemáticamente al adversario rechazando irreflexivamente sus propuestas, con la consiguiente dificultad para lograr acuerdos viables y consensos que capitalicen la buena voluntad de la mayoría de los ciudadanos para alcanzar el bien común de toda lanación” (40).
Ante esta realidad, nos comprometimos a: “Apoyar,mediante la animación, acompañamiento y formación, la organización comunitaria para que las comunidades participen en la construcción del bien común y sean capaces de dialogar con quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones y obtener nuevos marcos normativos o legislativos o para tener acceso a la rendición de cuentas” (213 e).“Animar a las comunidades a participar en la toma de las decisiones que afectan a su vida comunitaria y a la de la nación, interviniendo en los procesos locales, regionales, nacionales; analizando sus proyectos y propuestas; identificar los niveles de toma de decisiones y los responsables políticos, para dialogar y gestionar proyectos en forma democrática, por medio de estrategias de comunicación y participación” (214 e).
ACTUAR
Hay muchas formas de participar en la construcción del bien común. Una de ellas es respondiendo a las consultas que se hacen. Sobre todo cuando tengan sustento legal y efecto vinculante, nuestra conciencia nos orientará para colaborar en la toma de decisiones que afecten la vida, la familia, la justicia, el desarrollo y la paz.

jueves, 11 de enero de 2018

Mons. Felipe Arizmendi: Fin de una etapa episcopal 10012018

Mons. Felipe Arizmendi: Fin de una etapa episcopal

27 años Chiapas, 9 en Tapachula y 17 en S. Cristóbal de Las Casas
Mons. Arizmendi (Foto ZENIT cc)
Mons. Arizmendi (Foto ZENIT Cc)
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC
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Ha concluido mi servicio como obispo en Chiapas, que duró 27 años: un poco más de 9 en Tapachula y 17 y medio en San Cristóbal de Las Casas. Regreso a mi diócesis de origen, Toluca, donde me dedicaré, mientras Dios me conceda salud y vida, a escuchar a las personas en confesión y en asesoría espiritual, de acuerdo con el obispo diocesano y la comunidad presbiteral y laical. Mi sucesor es Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, hermano, amigo y pastor de plena confianza.
Regreso contento, porque Dios me ha concedido ver muchos buenos frutos. Es un regalo inmerecido e impensado. En comunión eclesial y en un trabajo pastoral muy de conjunto, con un hermoso espíritu sinodal, entre todos los integrantes de la diócesis procuramos continuar la línea marcada en el III Sínodo Diocesano, aprobado por mi antecesor Mons. Samuel Ruiz García, de ser una Iglesia autóctona, liberadora, evangelizadora, servidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu. En sintonía con este Sínodo y tomando en cuenta los retos actuales, hicimos el primero y el segundo Plan Diocesano de Pastoral.
Con nuestras innegables diferencias humanas, psicológicas, eclesiales, teológicas y sociales, fuimos creando un ambiente de fraternidad y de respeto entre las diferentes tendencias eclesiales que hay en la diócesis y en la misma sociedad. Una de mis preocupaciones fundamentales fue promover la unidad en la diversidad.
Avanzamos en la consolidación de una Iglesia autóctona. Todos los diáconos permanentes, las y los catequistas son chiapanecos, la mayoría indígenas; casi todos los servidores son nativos de estas tierras; aumentan las religiosas originarias de aquí; casi todos los seminaristas son locales, y más de la mitad indígenas; aumentan los sacerdotes procedentes de parroquias nuestras, y ya son 12 los sacerdotes indígenas, algunos de los cuales ocupan cargos de dimensión diocesana. El proceso del diaconado permanente en ambiente indígena recibió la aprobación de la Congregación para el Clero.
Hemos caminado hacia una inculturación como pide la Iglesia, en comunión con Roma y con la Conferencia Episcopal, tanto en las celebraciones litúrgicas como en las traducciones bíblicas y litúrgicas.
El Seminario Diocesano se ha consolidado, sobre todo por el aumento de vocaciones. En este curso, empezamos con 71 alumnos: 24 en Teología, 11 en Filosofía, 14 en el Curso Introductorio y 22 en el Menor. La pastoral juvenil y vocacional da sus frutos.
Hay muchísimos fieles laicos en los diferentes servicios parroquiales y diocesanos, con el protagonismo apostólico que la Iglesia reclama para ellos. Se ha continuado apoyando la promoción de la mujer, así como la defensa y promoción de los indígenas, para que ocupen su lugar en la sociedad y en la Iglesia.
Nos esforzamos por dar una debida atención integral a los miles de migrantes que pasan por nuestro territorio, construyendo varios albergues para ellos. Se promovió una pastoral integral de la Madre Tierra, para proteger la Casa Común.
La diócesis ha acompañado los procesos de los pueblos, para lograr el respeto a sus tierras y a sus derechos, promoviendo su participación activa en peregrinaciones, ayunos, oraciones y denuncias oportunas contra el alcoholismo, la indebida explotación minera y forestal, las cárceles injustas, etc.
Se avanzó en un sano ecumenismo con personas de otras confesiones cristianas.
Sin embargo, persisten muchas situaciones de pobreza y marginación, y falta mucho por hacer para su promoción integral, tanto por parte de los gobiernos, como de la sociedad y de la misma Iglesia. Persisten también, en algunos sectores de la sociedad, actitudes de no aceptación de corazón hacia los indígenas y no comprensión de sus culturas. Todavía hay racismos y discriminaciones. Se van perdiendo idiomas y buenas costumbres. La nueva cultura mediática invade y desequilibra toda su vida personal y familiar.
Nos duele el desplazamiento de cientos de indígenas pobres del municipio de Chalchihuitán, así como las divisiones políticas en varias partes. Hay un deterioro de la democracia, con luchas implacables por el poder; se degeneran las campañas en oferta de dádivas y en promesas difíciles de cumplir.
Muchas familias se están desintegrando y muchos adolescentes y jóvenes vagan sin rumbo de vida, lo que los orilla a frecuentes casos de suicidio. El alcoholismo y la drogadicción tienen campo abierto, sin normas eficaces que regulen su uso y venta. Aún persiste marginación hacia la mujer, en particular hacia las indígenas, con casos de violencia intrafamiliar.
PENSAR
El Papa Francisco ha dicho: “Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos buscar título de honor, de autoridad o de supremacía. Yo os digo que a mí personalmente me duele ver a personas que psicológicamente viven corriendo detrás de la vanidad de las condecoraciones. Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos hacer esto, ya que entre nosotros debe haber una actitud sencilla y fraterna. Todos somos hermanos y no debemos, de ninguna manera, dominar a los otros y mirarlos desde arriba. No. Todos somos hermanos. Si hemos recibido cualidades del Padre celeste, debemos ponerlas al servicio de los hermanos, y no aprovecharnos para nuestra satisfacción e interés personal. No debemos considerarnos superiores a los otros; la modestia es esencial para una existencia que quiere ser conforme a la enseñanza de Jesús, que es manso y humilde de corazón y ha venido no para ser servido sino para servir” (5-XI-2017).
ACTUAR
Me encomiendo a sus oraciones, para que pueda dar un buen servicio en esta otra etapa de mi ministerio episcopal, y me pongo a sus órdenes en lo que pueda servirles. Viviré en una casa de la diócesis, junto al Seminario y a la Casa de la Sagrada Familia.
NOTA: Este es mi último artículo semanal. En adelante, ofreceré este servicio evangelizador sólo en forma ocasional.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Mons. Felipe Arizmendi: “Renuncia no, jubilación” 08112017

Mons. Felipe Arizmendi: “Renuncia no, jubilación”

“La vocación es ser llamados por Otro, es decir, no poseerse más”
La vocación de San Mateo, Caravaggio
La Vocación De San Mateo, Caravaggio
RENUNCIA, NO JUBILACIÓN
 + Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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Desde el 1 de mayo de 2015, al cumplir 75 años de edad, presenté al Papa Francisco mi renuncia a la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, como indica el Código de Derecho Canónico: “Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco años de edad, se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice, el cual proveerá teniendo en cuenta todas las circunstancias” (c 401,1). Me fue aceptada el pasado 3 de noviembre.
Doy gracias a Dios por haberme llamado a este ministerio, y a las dos diócesis de Chiapas que me recibieron. El 7 de marzo de 1991, fui ordenado obispo en Tapachula, donde permanecí hasta el 30 de abril del año 2000. A partir del 1 de mayo del 2000, he servido en la diócesis actual. El Papa me nombró Administrador Apostólico, hasta que llegue mi sucesor, Mons. Rodrigo Aguilar Martínez, el 3 de enero de 2018. Son casi 27 años de mi vida episcopal, toda en Chiapas.
Me siento tranquilo, sereno y en paz. Como dice Jesús: “Cuando hayan hecho todo lo que Dios les manda, digan: Somos servidores a los que nada hay que agradecer, porque no hicimos más que cumplir con nuestra obligación” (Lc 17,10). En efecto, no faltan quienes hagan un balance de lo que se ha hecho, hacen comparaciones, elucubran cómo será el sucesor. Soy consciente de mis limitaciones, pero me he esforzado por vivir este ministerio como Jesús y la Iglesia nos indican. Sólo Dios y la historia eclesial nos juzgarán.
Regresaré a mi diócesis de origen, Toluca, y me dedicaré, mientras Dios me conceda vida y salud, a atender a personas en confesión y en asesoría espiritual. Por tanto, no voy a descansar, a jubilarme, sino a cambiar de estilo de servicio; ya no al frente de una diócesis, sino con mi tiempo dedicado a atender a tantas personas que tienen hambre de ser escuchadas y de recibir una orientación según Dios.
PENSAR
El papa Francisco ha dicho: “El verdadero pastor sabe dejar su cargo en la Iglesia cuando es el debido momento, porque sabe que el rebaño no es su propiedad y él no es el centro de la historia. Un pastor que no aprendió a despedirse, es porque tuvo alguna relación equivocada con el rebaño, una relación que no está purificada por la cruz de Jesús. Una de las cosas que dará paz al pastor cuando se retira, es recordarse que nunca fue un pastor de compromisos. Obedece al Espíritu, porque el pastor sabe que está en camino. No se jubila, sino que va a servir a otras Iglesias, siempre con el corazón abierto a la voz de Dios: dejo esto; veré que me pide el Señor. Recemos por nuestros pastores, por los párrocos, obispos, por el Papa, para que su vida sea una vida sin compromisos, una vida en camino, y una vida en la que ellos no crean que están en el centro de la historia y así aprendan a despedirse” (30-V- 2017).
“Tengo miedo de los cristianos que no caminan y se encierran en su nicho. Es mejor proceder cojeando, a veces cayendo, pero siempre confiando en la misericordia de Dios, que ser unos cristianos de museo que temen los cambios y que, habiendo recibido un carisma o vocación, en lugar de ponerse al servicio de la eterna novedad del Evangelio, se defienden a sí mismos y defienden sus roles.
La vocación es ser llamados por Otro, es decir, no poseerse más, salir de sí mismo y ponerse al servicio de un proyecto más grande. Nos convertimos, entonces, con humildad, en colaboradores de la viña del Señor, renunciando a todo espíritu de posesión y de vana gloria. ¡Qué triste es ver que, a veces, precisamente nosotros, hombres de la Iglesia, no sabemos ceder nuestro puesto, no conseguimos despedirnos de nuestros deberes con serenidad, y nos cuesta dejar en manos de otros las obras que el Señor nos ha confiado!
Siempre adelante, con valor, con creatividad y con audacia. Sin miedo de renovar vuestras estructuras y sin permitir que el precioso camino recorrido pierda el empuje de la novedad. ¡Siempre adelante! Adelante en la esperanza, adelante con vuestra misión, mirando más allá, abriendo horizontes, dejando espacio a los jóvenes y preparando el futuro” (23-VI-2017).
ACTUAR
Me encomiendo a sus oraciones. Y oremos por el nuevo obispo que vendrá a esta diócesis, con la confianza de que es el Espíritu Santo quien guía a su Iglesia. Espero que la familia diocesana demuestre su madurez recibiéndolo con apertura de mente y de corazón, con una colaboración crítica, pero leal y entusiasta, con una disponibilidad humilde y dócil a la vez.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Mons. Felipe Arizmendi: La buena política 01112017

Mons. Felipe Arizmendi: La buena política

La política, “ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora”
Wikimedia Commons
Wikimedia Commons
LA BUENA POLÍTICA
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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Ya estamos en plenas precampañas electorales, tanto para renovar la presidencia de la república, como varias gubernaturas, diputaciones y presidencias municipales. Una gran parte de la opinión pública del país ha expresado su rechazo y desconfianza hacia los actuales partidos políticos y hacia la forma como se maneja nuestra democracia. Escuchamos todo tipo de propuestas, de alternativas, de ofrecimientos, pero mucha gente ya no sabe a quién creerle. Las propagandas se esfuerzan por ser muy creativas, para atraer simpatizantes, pero, lamentablemente, hay quienes sólo piensan en su futuro inmediato, en un puesto seguro con cualquier partido que parezca el que tiene más probabilidades de ganar, no tanto por su ideología o por su amor a la patria. Pareciera que la política es más una lucha por el poder y el dinero, que un servicio leal y generoso a la comunidad.
Cuando hay mítines de los candidatos, hay personas que sólo acuden para ver qué les dan, o qué beneficios pueden obtener. Otros apoyan acríticamente a quienes son contrarios al sistema, no importa que prometan cosas que no se pueden cumplir; lo que les interesa es demostrarse a sí mismos, y a otros, que son antisistémicos. No faltan quienes apoyan, como dicen, al menos malo, al menos corrupto, sin analizar a cuantos le rodean en su equipo.
PENSAR
El papa Francisco, en su visita pastoral a Bolonia, en el centro de Italia, describió la que llamó buena política: “No la que es sierva de las ambiciones individuales o de la prepotencia de grupos o centros de poder. Una política que no sea ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora; no temerosa o imprudente, sino responsable y por lo mismo valiente y prudente al mismo tiempo; que aumente la participación de las personas, su inclusión y participación progresiva; que no deje al margen a determinadas categorías; que no saquee ni contamine los recursos naturales, que no son un pozo sin fondo, sino un tesoro que Dios nos da, para que lo usemos con respeto e inteligencia. Una política que pueda armonizar las aspiraciones legítimas de individuos y grupos, manteniendo el timón firme en el interés de toda la ciudadanía.
Os invito a exigir de los protagonistas de la vida pública coherencia de compromiso, preparación, rectitud moral, iniciativa, longanimidad, paciencia y fortaleza para afrontar los desafíos de hoy, sin pretender, sin embargo, una perfección imposible. Y cuando el político se equivoca, que tenga la grandeza de ánimo para decir: ‘Me he equivocado, perdonen; sigamos adelante’. ¡Esto es noble!
Los acontecimientos humanos e históricos y la complejidad de los problemas no permiten que se resuelva todo y de inmediato. La varita mágica no funciona en la política. Un realismo saludable sabe que incluso la mejor clase dirigente no puede resolver todos los problemas en un instante. Para darse cuenta, es suficiente tratar de actuar personalmente en lugar de mirar y criticar el trabajo de los demás desde el balcón. Es un defecto, cuando las críticas no son constructivas. Si el político se equivoca, díselo, a través de la prensa, de la radio. Pero decirlo constructivamente. Y no mirar desde el balcón esperando a que fracase. No, así no se construye la civilización. Incluso con la ayuda de Dios y la colaboración de los hombres, en cualquier caso, cometeremos errores. Todos nos equivocamos.
Es crucial poner en marcha iniciativas generando amplias colaboraciones, en lugar de concentrarse en la ocupación de puestos.
En los últimos años, la política parece retroceder frente a la agresión y la omnipresencia de otras formas de poder, como la financiera y la mediática. Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su independencia, su capacidad específica de servir al bien público, de actuar de tal manera que disminuya las desigualdades, promueva el bienestar de las familias con medidas concretas, de proporcionar un marco sólido de derechos y deberes -equilibrar unos y otros- y de hacerlos eficaces para todos. Oremos al Señor para que suscite buenos políticos que realmente se preocupen por la sociedad, el pueblo y el bien de los pobres” (1 de octubre de 2017). 
ACTUAR
Seamos críticos ante la multiplicidad de candidatos a diversos puestos. Analicemos su persona, su historia, su familia, sus convicciones, su experiencia en cargos anteriores, su honestidad, su coherencia de vida, su fe; en una palabra, su vida entera. No nos dejemos embaucar por la propaganda.

jueves, 26 de octubre de 2017

“Equidad de género”, por Mons Felipe Arizmendi

“Equidad de género”, por Mons Felipe Arizmendi

“Ellas son protagonistas en la Iglesia latinoamericana” dice el Papa
Testimonio de una señora colombiana en la vigilia de la Divina Misericordia
Testimonio De Una Señora Colombiana En La Vigilia De La Divina Misericordia (Foto CTV- Osservatore Romano)
EQUIDAD DE GÉNERO
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
VER
Dedicamos a este tema el curso anual que tenemos en la diócesis para la formación permanente de religiosas, sacerdotes y laicas comprometidas a tiempo completo en la pastoral. No fue sobre ideología de género, como si hubiera tantos géneros cuantas tendencias sexuales, sino sobre la relación, el trato, la comunicación, la interacción entre varones y mujeres, para que en la vida y en la pastoral cada quien ocupe su lugar conforme al plan de Dios. Recordamos que a ambos géneros Dios nos hizo a su imagen y semejanza, con la misma dignidad; no idénticos, sino diferenciados, y no sólo biológicamente, sino en todos los demás aspectos de la persona. Es hermoso y fecundo contar, en la diócesis, con equipos pastorales integrados por ellas y ellos, pues ni los presbíteros podemos aportar lo que es muy femenino y que enriquece mucho a la Iglesia, ni las mujeres han de prescindir de la jerarquía eclesial, sólo por ser varones. Nos complementamos y nos necesitamos. Persisten, sin embargo, desconfianzas y rechazos que no corresponden al estilo de Jesús, y nuestro curso nos ayudó a avanzar en esta interrelación madura y fecunda.
En la sociedad, aún hay subculturas que no dan a la mujer la dignidad que le corresponde. Hay también mujeres que intentan perder su femineidad y equipararse en todo a los varones, como si con ello valieran más. En algunos pueblos originarios, permanece el criterio de que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los varones para poseer tierras. No les permiten casarse con personas de otras culturas. No les dan iguales oportunidades para estudiar. Son discriminadas a la hora de repartir herencias. No las toman en cuenta para vender una gallina o un cerdo, siendo que ellas son las que cuidan los animales de casa. Persiste la violencia intrafamiliar. Antes, el varón escogía a la mujer que quería como esposa, sin ser novios, ni conocerse siquiera, y los papás hacían los tratos matrimoniales sin consultar a la mujer. Esto ha cambiado mucho, porque ahora las adolescentes y jóvenes salen a estudiar y a trabajar, exponiéndose a múltiples peligros. Se han liberado de unas esclavitudes familiares, pero pueden caer en otras esclavitudes morales y sociales.
PENSAR
El Papa Francisco nos dijo, en Bogotá, a los obispos miembros del CELAM: “La esperanza en América Latina tiene un rostro femenino. No es necesario que me alargue para hablar del rol de la mujer en nuestro continente y en nuestra Iglesia. De sus labios hemos aprendido la fe; casi con la leche de sus senos hemos adquirido los rasgos de nuestra alma mestiza y la inmunidad frente a cualquier desesperación. Pienso en las madres indígenas o morenas, pienso en las mujeres de la ciudad con su triple turno de trabajo, pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas artesanas del bien. Sin las mujeres la Iglesia del continente perdería la fuerza de renacer continuamente. Son las mujeres que, con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. Es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuanto realizan. Acompañaron a Jesús misionero; no se retiraron del pie de la cruz; en soledad esperaron que la noche de la muerte devolviese al Señor de la vida; inundaron el mundo con su presencia resucitada. Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la obtendremos sin las mujeres. Por favor, no pueden ser reducidas a siervas de nuestro recalcitrante clericalismo; ellas son, en cambio, protagonistas en la Iglesia latinoamericana; en su salir con Jesús; en su perseverar, aun en el sufrimiento de su Pueblo; en su aferrarse a la esperanza que vence a la muerte; en su alegre modo de anunciar al mundo que Cristo está vivo, y ha resucitado.
La esperanza en América Latina pasa a través del corazón, la mente y los brazos de los laicos. Quisiera reiterar: Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los fieles laicos y empobrece la identidad de los ministros ordenados” (7-IX-2017).
ACTUAR
Hemos de superar los residuos de machismo que nos quedan, así como los feminismos extremistas, y no excluirnos ni rechazarnos entre nosotros mismos por luchas mundanas de poder. Apreciemos el aporte específico de hombres y mujeres, sin perder nuestra identidad, para que seamos la sociedad y la Iglesia que Dios quiere.

viernes, 20 de octubre de 2017

“La objeción de conciencia”, por Mons. Felipe Arizmendi (19102017)

“La objeción de conciencia”, por Mons. Felipe Arizmendi

Mons. Arizmendi es Obispo de San Cristóbal de Las Casas, México
Médico - Pixabay
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas, México
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El 10 de octubre, la Cámara de Diputados aprobó una reforma a la Ley General de Salud, para que médicos y enfermeras puedan negarse a dar servicios de salud a pacientes, cuando consideren que ese servicio es contrario a su creencia religiosa. Por ejemplo, si se niegan a practicar un aborto, a colaborar en una eutanasia, a operar a una persona para que ya no pueda tener hijos, cuando no hay razones graves de salud. Otro ejemplo: Los seguidores de una religión no aceptan una transfusión de sangre. Podemos estar en desacuerdo con ellos, pues su interpretación de textos bíblicos está fuera de contexto histórico, pero un médico de ellos puede aducir razones religiosas para no hacer dicha transfusión.
Esto es un avance notable, pues antes de esta reforma, los médicos se exponían a perder su trabajo y ser multados, si se negaban a practicar un aborto. Ahora se protege su libertad religiosa. En medio de la marabunta de las precampañas electorales, que trae inquietos a todos los legisladores, es de alabar que hayan aprobado este cambio. Felicito particularmente a los legisladores que promovieron esa iniciativa. Dan testimonio de su fe, no la esconden como otros legisladores, y quieren iluminar la política con el Evangelio. Afortunadamente hubo mayoría en el Congreso que les apoyó, pues las razones que sostienen la objeción de conciencia no son sólo religiosas, sino sociales, psicológicas, antropológicas y culturales. En muchos países se reconoce este derecho, y nuestro país se había retardado en asumirlo.
Como era de esperar, de inmediato se levantaron voces que dicen que esta reforma va en detrimento de los “derechos sexuales y reproductivos” de las mujeres, y que les orillaría a buscar servicios ilegales para acceder a una interrupción del embarazo. Habría que aclarar que, así como hay que defender los derechos de las mujeres, con la misma determinación habría que defender el derecho a la vida de los concebidos y que aún están en el seno materno. Son personas, a partir de la concepción. Y si las mujeres tienen derechos, también los médicos y las enfermeras tienen derechos que se deben proteger; con más razón los más indefensos e inocentes, los aún no nacidos.
PENSAR
Dice el Papa Francisco en su Exhortación La alegría del amor: “No puedo dejar de decir que, si la familia es el santuario de la vida, el lugar donde la vida es engendrada y cuidada, constituye una contradicción lacerante que se convierta en el lugar donde la vida es negada y destrozada. Es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser un objeto de dominio de otro ser humano. La familia protege la vida en todas sus etapas y también en su ocaso. Por eso, a quienes trabajan en las estructuras sanitarias se les recuerda la obligación moral de la objeción de conciencia. Del mismo modo, la Iglesia no sólo siente la urgencia de afirmar el derecho a la muerte natural, evitando el ensañamiento terapéutico y la eutanasia, sino también rechaza con firmeza la pena de muerte” (No. 83). “Hay que afirmar decididamente la libertad de la Iglesia de enseñar la propia doctrina y el derecho a la objeción de conciencia”(No. 279).
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa” (1782).
Aunque en otro número el Catecismo habla del derecho a no usar armas, la afirmación fundamental es la misma: “Los poderes públicos atenderán equitativamente al caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana” (2311).
ACTUAR
Ojalá que nuestros legisladores se atrevan a presentar otras iniciativas que amplíen el derecho a la libertad religiosa, pues aún tiene restricciones en la legislación. Y que los médicos y enfermeras no ayuden a matar indefensos en el seno materno, sino que sean valientes y defiendan el derecho a la vida.

domingo, 15 de octubre de 2017

Misa en náhuatl: “Somos herederos de cuanto Dios sembró en nuestras culturas” (Mons. Felipe Arizmendi Esquivel) 14102017

Misa en náhuatl: “Somos herederos de cuanto Dios sembró en nuestras culturas”

Homilía en la Basílica de la Virgen de Guadalupe, 13 de octubre de 2017
Nuestra Señora de Guadalupe
Wiki Commons
“Somos hermanos en Cristo. Somos herederos de cuanto Dios sembró en nuestras culturas, mestizas e indígenas. Afiancémonos en Cristo Jesús, el Hijo de la Virgen María, la piedra fundamental de la Iglesia”, extracto de la homilía
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
Responsable de Doctrina de la Fe en la CEM
Nos alegra encontrarnos aquí, como hermanas y hermanos en Cristo, procedentes de varias regiones del país, para celebrar el amor misericordioso de nuestro Padre Dios, para confirmarnos en nuestra fe, para resaltar y fortalecer la cultura náhuatl, tan cercana al corazón de nuestra Madre de Guadalupe. Sean bienvenidas y bienvenidos todos, de cualquier cultura, unidos hoy por tercer año consecutivo para esta Santa Misa en náhuatl.
Estuvimos dudando si llevábamos a cabo esta celebración, pues nuestro pueblo está herido por los recientes terremotos, tanto en esta ciudad, como en varios Estados del país. Analizamos si era oportuno reunirnos aquí, junto a la Madre, o si era mejor quedarnos en nuestras casas, rezando y enviando algo más a los damnificados. Quien de una forma, quien de otra, ya les hemos expresado nuestra solidaridad. Sin embargo, prevaleció el criterio de venir aquí, a las plantas de nuestra Señora del Tepeyac, para dar gracias porque nos ha conservado la vida, para pedir perdón por las faltas que han agravado los desastres, sobre todo por la corrupción que no falta, y sobre todo para suplicar el descanso eterno de quienes fallecieron y apoyar la pronta ayuda para quienes perdieron todo o mucho de lo que habían logrado. Por ello, al reunirnos aquí, lo hacemos en nombre de todo nuestro pueblo y en comunión con sus dolores y sus esperanzas.
En la primera lectura de la Misa, tomada del libro Sirácide o Eclesiástico, escuchamos algo que se refiere a la sabiduría de Dios, y que se aplica perfectamente a nuestra Madre de Guadalupe: Yo soy la madre del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza. En mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud. Vengan a mí, ustedes, los que me aman y aliméntense de mis frutos. Eso es precisamente lo que ella le decía a Juan Diego y nos dice a nosotros: ¿Por qué te preocupas tanto? ¿Que no estoy yo aquí que soy tu Madre?
A eso hemos venido: A alentar nuestra esperanza, a alimentarnos del amor de Dios y de nuestra Madre, a fortalecer el camino y la verdad que Jesucristo nos ha manifestado. Esta fe es la que da esperanza, seguridad y fortaleza a los pueblos de cultura náhuatl, ante los embates del mundo moderno, que quiere imponer un solo estilo de vida, que globaliza el individualismo y el consumismo, que destruye las familias, que desprecia a los sencillos, que prescinde de Dios, para divinizar el dinero, el poder y el placer. Nuestros pueblos resisten estos embates, pero corren el peligro de diluirse en la cultura dominante. Están amenazados de perder sus raíces y sus ricos tesoros de sabiduría.
Hermanas y hermanos de cultura náhuatl: No permitan que se pierda su cultura. Aprecien los grandes valores de humanismo, de familia, de pueblo, de vida comunitaria, de fe sencilla, de resistencia, de trascendencia. No les crean a los que dicen que sería mejor que los pueblos originarios desaparecieran, como si fueran un lastre para el progreso del país. Es todo lo contrario. Ustedes pueden aportar sus tradiciones, su manera de vivir en familia, sus consensos para llegar a acuerdos, su solidaridad comunitaria. Esto es lo que el mundo actual necesita. Ustedes lo tienen. No lo pierdan.
Nuestra Madre de Guadalupe, así como se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, según dice el Evangelio, para estar cerca de su prima Isabel, que pasaba por necesidades propias del embarazo de una anciana, así se hizo presente en la montaña del Tepeyac, para estar cerca de este pueblo, para hablarle al corazón en su propio idioma, para devolverle la esperanza cuando se sentía derrotado y sin valor, para decirle que es el hijo más pequeño, a quien lleva en los pliegues de su túnica y en sus brazos, para cuidarlo y protegerlo. Eso que dijo a Juan Diego, nos lo sigue diciendo a todos los mexicanos, en particular a los descendientes del pueblo náhuatl.
Hermanas y hermanos de este pueblo náhuatl: La Virgen María nos ha enseñado a quererlos, a respetarlos, a valorarlos, a darles su lugar en la Iglesia y en la sociedad. No son basura, como decía Juan Diego de sí mismo; no son cola, no son escalera para que otros suban, no son sobrantes en el país. Son hijas e hijos de Dios y de la Virgen; por tanto, valen mucho y son muy dignos de confianza. Aunque algunos los sigan menospreciando, Dios y la Virgen les aman. Aunque no faltan ministros de nuestra Iglesia que se resisten a darles el lugar que les corresponde, que menosprecian su idioma y su cultura, que los relegan, que se niegan a celebrarles los sacramentos en su idioma y les imponen el castellano, sepan que el Papa les valora; sepan que obispos, sacerdotes, religiosas y otros agentes de pastoral estamos haciendo el esfuerzo por darles su lugar, por rescatar su idioma, por tener traducciones litúrgicas y bíblicas en náhuatl, por promoverlos a los diferentes ministerios eclesiales, sobre todo a la vida consagrada, al diaconado y al sacerdocio. Esperamos que no tarde mucho en que tengamos también obispos de esta cultura, así como de otras culturas indígenas. Inviten a sus hijas e hijos a consagrar su vida al Señor y al servicio de su Iglesia, para salvar a nuestra patria.
En la segunda lectura, escuchamos lo que nos dice San Pablo: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos. Puesto que ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: “¡Abbá!”, es decir, ¡Padre! Así que ya no eres siervo, sino hijo; y siendo hijo, eres también heredero por voluntad de Dios. 
Hermanas y hermanos todos, de la cultura náhuatl y de otras culturas: Ya no somos esclavos, ya no somos lo último de la sociedad, ya no somos atraso y vergüenza del país. Somos hijas e hijos de Dios. Somos hermanos en Cristo. Somos herederos de cuanto Dios sembró en nuestras culturas, mestizas e indígenas. Afiancémonos en Cristo Jesús, el Hijo de la Virgen María, la piedra fundamental de la Iglesia. Él nos sostiene y nos impulsa. Con Cristo, por Él y en Él, hay esperanza, hay vida, hay futuro. Alimentémonos de su Palabra y de su Eucaristía, y seremos piedras vivas que construyen el nuevo México que anhelamos. Que así sea y que nuestra Madre de Guadalupe nos asista.

sábado, 14 de octubre de 2017

Mons. Arizmendi: Propuestas realistas, pasión por el bien de la comunidad 13102017

Mons. Arizmendi: Propuestas realistas, pasión por el bien de la comunidad

“La fe ilumina la política”
Wikimedia Commons
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LA VIDA POLITICA SE CONVULSIONA
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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Estamos ya en progresivas definiciones hacia las elecciones del 2018, en que se renuevan la Presidencia de la República, las Cámaras de Diputados y Senadores, varias gubernaturas y diputaciones locales, y muchísimas presidencias municipales. Poco a poco se van dejando de lado los desastres de los sismos pasados y de las inundaciones recientes, para centrarse en las aspiraciones a estos puestos. ¡Ya no importan tanto los hermanos en desgracia, sino colocarse oportunamente con quienes tienen más perspectivas de ganar! La contagiosa solidaridad del pueblo mexicano está a punto de pasar a segundo lugar, con el peligro de contaminar el apoyo a los damnificados con intereses partidistas.
Los partidos se recomponen; las alianzas estratégicas se afinan; las propagandas se incrementan; las luchas se van haciendo más encarnizadas. Vamos a ser testigos de mutuas descalificaciones, intentando demostrar que los otros son la peor opción. Los dueños de los grandes capitales analizan a quién apoyar, para asegurar sus propios intereses. Los medios masivos de comunicación se esfuerzan por aparecer imparciales, pero también están decidiendo a quién impulsar, que les afiance en su porvenir económico y político.
Los ministros de la Iglesia no somos indiferentes ante este proceso. Somos parte del país y mal haríamos en encerrarnos en nuestras sacristías. La fe ilumina la política, no para casarse con un partido, sino para ofrecer luces que ennoblezcan la vocación política. No debemos hacer campaña a favor de una persona o de un partido, pero nuestra misión profética nos exige ofrecer algunos criterios morales para este importante momento histórico. 
PENSAR
El papa Francisco, en su visita pastoral a Bolonia, en el centro de Italia, dijo:
“Esta plaza recuerda la necesidad para la vida de la comunidad de la buena política; no de la que es sierva de las ambiciones individuales o de la prepotencia de grupos o centros de interés. Una política que no sea ni sierva ni patrona, sino amiga y colaboradora; no temerosa o imprudente, sino responsable y por lo tanto valiente y prudente al mismo tiempo; que aumente la participación de las personas, su inclusión y participación progresiva; que no deje al margen a determinadas categorías, que no saquee ni contamine los recursos naturales, que no son un pozo sin fondo, sino un tesoro que Dios nos da, para que lo usemos con respeto e inteligencia. Una política que pueda armonizar las aspiraciones legítimas de individuos y grupos, manteniendo el timón firme en el interés de toda la ciudadanía.
Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser: un servicio invalorable al bien de toda la comunidad. Y por eso la doctrina social de la Iglesia la considera como una noble forma de caridad. Por lo tanto, invito a los jóvenes y a los menos jóvenes a que se preparen de manera adecuada y a esforzarse personalmente en este campo, asumiendo desde el principio la perspectiva del bien común y rechazando cualquier forma, por muy mínima que sea, de corrupción. La corrupción es la polilla de la vocación política. La corrupción no deja que crezca la civilización. Y el buen político lleva su propia cruz cuando quiere ser bueno, porque debe dejar tantas veces sus ideas personales para tomar las iniciativas de los demás y armonizarlas, acomunarlas, para que efectivamente sea el bien común el que salga adelante. En este sentido el buen político acaba siempre por ser un “mártir” del servicio, porque deja sus ideas pero no las abandona, las pone en discusión con todos para ir hacia el bien común, y esto es muy hermoso. 
Desde esta plaza os invito a considerar la nobleza de la acción política en nombre y en favor del pueblo, que se reconoce en una historia y en los valores compartidos, y pide tranquilidad de vida y desarrollo ordenado” (1 de octubre de 2017). 
ACTUAR
Seamos analíticos y críticos, para ir definiendo nuestras propias opciones. No nos dejemos embaucar por la demagogia, por las promesas irreales, por los ofrecimientos imposibles de cumplir. No nos inclinemos por el candidato que regala dinero o más cosas, como si nos dejáramos comprar por quien tiene más recursos económicos. Valemos mucho más que unas láminas, que una torta, un refresco, una gorra y una playera.
Y que los candidatos a puestos públicos ennoblezcan la lucha política con propuestas realistas, con honestidad transparente, con pasión por el bien de la comunidad.