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sábado, 25 de enero de 2020

Conversión de san Pablo, apóstol (25 de enero)


Conversión de san Pablo, apóstol

fecha: 25 de enero
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino y lo eligió para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.
refieren a este santo: Santos Pedro y Pablo

Oración: Señor, Dios nuestro, tú que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol san Pablo, concede a cuantos celebramos su conversión caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Hay muchos aspectos para meditar en la conversión de san Pablo: desde cosas tan ascépticas como los datos históricos que poseemos sobre el hecho, hasta la maravilla que representa que precisamente un verdugo de la fe se convierta en uno de los máximos exponentes del apostolado y como en prototipo de lo que debe ser un apóstol. Me conformo con ceñirme, en el contexto del santoral, a dos aspectos: esto de que celebramos una conversión, y en qué medida la conversión como tal -y no sólo la de san Pablo- forma parte de nuestra fe como uno de sus rasgos originales.
Porque si bien miramos, es común que los santos nos cuenten su «conversión», es decir, la reversión radical hacia Dios de todos los valores de la vida que llevaban hasta ese momento; por ejemplo, cuando pensamos en la palabra «conversión», a todos -casi con seguridad- se nos representa la célebre de san Agustín; sin embargo, sólo de san Pablo celebramos litúrgicamente la conversión. De ningún otro. Pienso que no es desmedido señalar que la conversión de san Pablo representó para toda la Iglesia una especie de refundación: esa Iglesia que se fundó en la Cena, que se fundó en la entrega del discípulo a la Madre, que se fundó en la palabra de envío del Resucitado, que se fundó en la venida del Espíritu Santo, renueva también su fundación en esta especie de última «vuelta de tuerca» que es capaz de extraer del mensaje de Jesús todo lo que quedaba en su fondo, difícil de aceptar y difícil de formular: nadie hay ante Dios que esté perdido de antemano, incluyendo como corolario natural que la fe deberá dirigirse también a los gentiles, a los que nunca ni oyeron hablar de Dios, a quienes ni siquiera están esperando una Alianza con Dios ni ninguna manifestación suya, a los que ni siquiera tienen «sed de Dios».
La conversión de san Pablo tiene algo de común con todas las conversiones, incluyendo la de cada uno de nosotros: se trata de una «metá-noia» (que es la palabra que usa el NT para hablar de conversión), de un «cambio [metá] de mentalidad [noia]»; nuevos criterios, nueva mirada, nueva perspectiva. Lo mismo que veíamos hasta ayer de una manera, lo vemos hoy con un significado diverso. De esa conversión no es ajeno ningún creyente, forma parte del «proceso de la fe»;
-es posible que alguien haya sido bautizado, le haya dado la espalda a Dios y vuelva: conversión;
-es posible que alguien haya sido bautizado y haya seguido practicando la fe sin desviarse de sus criterios, hasta que un buen día se da de narices contra sí mismo y su buen comportamiento y descubre que toda la fe había sido cosa de Dios más que sí mismo y su buen comportamiento: conversión;

-puede ser que alguien nunca haya querido saber nada de la fe cristiana, pero tiene en el estómago ese «vacío de absoluto», eso que el salmo 42 llama «sed de Dios», y un buen día siente -por los medios que sean: una predicación, una música, una liturgia- que es Cristo quien apaga esa sed, y nadie más: conversión;
-puede que ni siquiera tenga sed de Dios, tan sólo «la vieja llaga de la herida en el ser» -en palabras de Moravia-, y de repente descubre el poder sobre esa llaga que tiene la otra llaga, la de Cristo: conversión.
Es posible pensar abstractamente el cristianismo como una fe, sin implicar la conversión, pero no es posible vivir el cristianismo en concreto sin toparse con la conversión, e incluso con la necesidad «periódica» de convertirse, tal como lo celebramos cada año en el ciclo litúrgico. En cierto sentido la conversión de san Pablo tuvo que ver con eso: fue encontrado por Cristo y eso cambió su mentalidad, dio un vuelco de 180º. Le pasó a él, me pasó a mí, le pasó al lector de este escrito, y si no pasó aun, ya va a pasar.
Pero a la vez tiene algo de especial y único, algo que no ha vuelto a repetirse en la historia de la Iglesia: en la conversión de san Pablo toda la Iglesia se convierte a la novedad de una misión que hasta ese momento no había aparecido, y que incluso tardará décadas antes de que oficialmente la Iglesia acepte que la misión de san Pablo a los gentiles compromete a todos, no sólo a san Pablo y los suyos; que esa misión a los gentiles y entre los gentiles está en el fondo de la esencia de la Iglesia. La conversión de san Pablo obligará a toda la Iglesia a convertirse y tomar conciencia de que la fe cristiana no es un apéndice de la fe judía, aunque esa verdad tardará décadas en comenzar a dar sus frutos.
Nos hace bien celebrar cada año la conversión de san Pablo; somos seres en el tiempo y del tiempo, por eso para nosotros, los seres humanos, las grandes verdades no son nunca una cosa dicha de una vez y para siempre: requieren ser dichas y redichas, meditadas y remeditadas, comprendidas y recomprendidas. Es constante a lo largo de la historia la tendencia de los creyentes a convertir a la Iglesia no en un lugar de salvación sino en depósito de salvados, a aislarnos del mundo, a cercar y amurallar. Tal vez eso forme parte de la dinámica más profunda de nuestra fe: por eso mismo cada año la celebracíon litúrgica de la conversión de san Pablo nos recuerda que la misión de la Iglesia no estará terminada hasta que «todos los hombres» -sin excepción- «se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».
Cuadros:
-Conversión de san Pablo, Fra Angelico, iluminación sobre pergamino, 1430, Museo de San Marcos, Florencia.
-Conversión de san Pablo, Lorenzo Veneziano, panel de madera, 1370, Museo Estatal, Berlín.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_308

viernes, 25 de enero de 2019

La Conversión de San Pablo (25 de enero)

La Conversión de San Pablo

conversion de san pablo fiesta

Conversión de San Pablo: persiguiendo a los cristianos y a los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló a San Pablo

 
La Conversión de San Pablo se celebra cada año el 25 de enero, el día en que concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. San Pablo, con su conversión, llegó a ser un gran defensor de la unidad de los cristianos, para la cual él trabajaba sin descanso, y la Iglesia ahora recuerda cada año ese maravilloso evento

Fiesta: 25 de enero

Martirologio Romano: Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino, eligiéndole para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.

Historia de la Conversión de San Pablo

Saulo de Tarso, como se llamaba anteriormente, había pasado los primeros años de su vida estudiando en Jerusalén y persiguiendo a los cristianos porque predicaban en contra del templo.
Saulo, además, fue testigo de la lapidación de San Esteban, primer mártir de la Iglesia.
En algún momento alrededor del año 35 o 36 D.C., San Pablo se encontró con Cristo en su camino a Damasco de una forma completamente sorprendente y que le cambiaría su vida para siempre
Las Sagradas Escrituras, en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, narra la Conversión de San Pablo de la siguiente manera:
"Mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Él preguntó: "¿Quién eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco." (Hechos 9,3-8)
En ese momento, San Pablo fue cegado durante tres días, y se tuvo en Damasco, donde el Señor, en una visión, le dijo a Ananías, un discípulo, que fuese donde se encontraba Pablo para que lo sanara, diciéndole:
"Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre" (Hechos 9,15-16)
Cuando Ananías encontró a San Pablo, le impuso las manos, y en ese momento, "algo como escamas se cayeron de los ojos de Pablo" había sido sanado y se hizo bautizar, y comenzó entonces a predicar a Jesús en las sinagogas.
Su repentino cambio confunde los judíos, que posteriormente se enfadaron con él y trataban de matarlo por dondequiera que se lo encontrasen, e incluso, en una oportunidad, lograron capturarlo, lo lapidaron y lo creían muerto, pero el Espíritu de Dios lo protegió y le hizo permanecer con vida.
San Pablo, sin embargo, continuó predicando a los judíos, a pesar de las contrariedades que sufría, así como también predicaba a los gentiles, tratando de difundir el Evangelio a todo el mundo a cualquier precio.
La conversión de San Pablo y su arriesgada lucha en la predicación, tuvo un efecto enormemente positivo en la vida de los cristianos. San Pablo se convirtió en uno de los grandes evangelizadores de la Iglesia, ayudando a traer a muchas personas a ella.
Aunque la mayoría de los santos tienen fiestas en función de su fecha de fallecimiento, San Pablo es uno de los pocos santos que tiene un día de fiesta por conmemoración de su conversión.
La conversión de San Pablo demuestra que cualquiera puede ser perdonado y llevado a una vida con Cristo, aun de los que antes están del lado completamente opuesto del cristianismo.
Este es un hecho que la Iglesia quiere recordar y celebrar debido a su gran importancia para los cristianos de todo el mundo

Oración por la Fiesta de San Pablo

Dios todopoderoso y eterno, que por tu misericordia divina hiciste instruir a tu bendito apóstol San Pablo para cumplir con el propósito que le tenías asignado, lo llenaste con todo tu poder y la fuerza del Espíritu Santo para predicar, concedemos también a nosotros, por intermedio de su intercesión, que podamos servirte con temor y valentía, darte los frutos que te corresponden y así estar lleno de la comodidad de tu don celestial.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén
"Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo." (1 Cor 11,1)

jueves, 25 de enero de 2018

Fiesta de la Conversión de San Pablo (25 de enero)

Fiesta de la Conversión de San Pablo

conversion de san pablo fiesta

Conversión de San Pablo: persiguiendo a los cristianos y a los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló a San Pablo

 
La Fiesta de la Conversión de San Pablo se celebra cada año el 25 de enero, el día en que concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. San Pablo, con su conversión, llegó a ser un gran defensor de la unidad de los cristianos, para la cual él trabajaba sin descanso, y la Iglesia ahora recuerda cada año ese maravilloso evento

Fiesta: 25 de enero

Martirologio Romano: Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino, eligiéndole para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.

Historia de la Conversión de San Pablo

Saulo, como se llamaba anteriormente, había pasado los primeros años de su vida estudiando en Jerusalén y persiguiendo a los cristianos porque predicaban en contra del templo. Él, además, fue testigo de la lapidación de San Esteban, primer mártir de la Iglesia.
En algún momento alrededor del año 35 o 36 D.C., San Pablo se encontró con Cristo en su camino a Damasco de una forma completamente sorprendente y que le cambiaría su vida para siempre
Las Sagradas Escrituras, en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, narra la Conversión de San Pablo de la siguiente manera:
"Mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Él preguntó: "¿Quién eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco." (Hechos 9,3-8)
En ese momento, Pablo fue cegado durante tres días, y se tuvo en Damasco, donde el Señor, en una visión, le dijo a Ananías, un discípulo, que fuese donde se encontraba Pablo para que lo sanara, diciéndole:
"Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre" (Hechos 9,15-16)
Cuando Ananías encontró a San Pablo, le impuso las manos, y en ese momento, "algo como escamas se cayeron de los ojos de Pablo" había sido sanado y se hizo bautizar, y comenzó entonces a predicar a Jesús en las sinagogas.
Su repentino cambio confunde los judíos, que posteriormente se enfadaron con él y trataban de matarlo por dondequiera que se lo encontrasen, e incluso, en una oportunidad, lograron capturarlo, lo lapidaron y lo creían muerto, pero el Espíritu de Dios lo protegió y le hizo permanecer con vida.
Pablo, sin embargo, continuó predicando a los judíos, a pesar de las contrariedades que sufría, así como también predicaba a los gentiles, tratando de difundir el Evangelio a todo el mundo a cualquier precio.
La conversión de San Pablo y su arriesgada lucha en la predicación, tuvo un efecto enormemente positivo en la vida de los cristianos. San Pablo se convirtió en uno de los grandes evangelizadores de la Iglesia, ayudando a traer a muchas personas a ella.
Aunque la mayoría de los santos tienen fiestas en función de su fecha de fallecimiento, San Pablo es uno de los pocos santos que tiene un día de fiesta por conmemoración de su conversión.
La conversión de San Pablo demuestra que cualquiera puede ser perdonado y llevado a una vida con Cristo, aun de los que antes están del lado completamente opuesto del cristianismo.
Este es un hecho que la Iglesia quiere recordar y celebrar debido a su gran importancia para los cristianos de todo el mundo

Oración por la Fiesta de San Pablo

Dios todopoderoso y eterno, que por tu misericordia divina hiciste instruir a tu bendito apóstol San Pablo para cumplir con el propósito que le tenías asignado, lo llenaste con todo tu poder y la fuerza del Espíritu Santo para predicar, concedemos también a nosotros, por intermedio de su intercesión, que podamos servirte con temor y valentía, darte los frutos que te corresponden y así estar lleno de la comodidad de tu don celestial.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén
"Sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo." (1 Cor 11,1)
 
Redacción : PildorasdeFe.net | Biografía de Santos y Beatos

domingo, 25 de enero de 2015

Conversión de san Pablo 25012015

domingo 25 Enero 2015

Conversión de san Pablo



Conversión de san Pablo, apóstol
Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino y lo eligió para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.
Hay muchos aspectos para meditar en la conversión de san Pablo: desde cosas tan ascépticas como los datos históricos que poseemos sobre el hecho, hasta la maravilla que representa que precisamente un verdugo de la fe se convierta en uno de los máximos exponentes del apostolado y como en prototipo de lo que debe ser un apóstol. Me conformo con ceñirme, en el contexto del santoral, a dos aspectos: esto de que celebramos una conversión, y en qué medida la conversión como tal -y no sólo la de san Pablo- forma parte de nuestra fe como uno de sus rasgos originales.

Porque si bien miramos, es común que los santos nos cuenten su «conversión», es decir, la reversión radical hacia Dios de todos los valores de la vida que llevaban hasta ese momento; por ejemplo, cuando pensamos en la palabra «conversión», a todos -casi con seguridad- se nos representa la célebre de san Agustín; sin embargo, sólo de san Pablo celebramos litúrgicamente la conversión. De ningún otro. Pienso que no es desmedido señalar que la conversión de san Pablo representó para toda la Iglesia una especie de refundación: esa Iglesia que se fundó en la Cena, que se fundó en la entrega del discípulo a la Madre, que se fundó en la palabra de envío del Resucitado, que se fundó en la venida del Espíritu Santo, renueva también su fundación en esta especie de última «vuelta de tuerca» que es capaz de extraer del mensaje de Jesús todo lo que quedaba en su fondo, difícil de aceptar y difícil de formular: nadie hay ante Dios que esté perdido de antemano, incluyendo como corolario natural que la fe deberá dirigirse también a los gentiles, a los que nunca ni oyeron hablar de Dios, a quienes ni siquiera están esperando una Alianza con Dios ni ninguna manifestación suya, a los que ni siquiera tienen «sed de Dios».

La conversión de san Pablo tiene algo de común con todas las conversiones, incluyendo la de cada uno de nosotros: se trata de una «metá-noia» (que es la palabra que usa el NT para hablar de conversión), de un «cambio [metá] de mentalidad [noia]»; nuevos criterios, nueva mirada, nueva perspectiva. Lo mismo que veíamos hasta ayer de una manera, lo vemos hoy con un significado diverso. De esa conversión no es ajeno ningún creyente, forma parte del «proceso de la fe»;
-es posible que alguien haya sido bautizado, le haya dado la espalda a Dios y vuelva: conversión;
-es posible que alguien haya sido bautizado y haya seguido practicando la fe sin desviarse de sus criterios, hasta que un buen día se da de narices contra sí mismo y su buen comportamiento y descubre que toda la fe había sido cosa de Dios más que sí mismo y su buen comportamiento: conversión
-puede ser que alguien nunca haya querido saber nada de la fe cristiana, pero tiene en el estómago ese «vacío de absoluto», eso que el salmo 42 llama «sed de Dios», y un buen día siente -por los medios que sean: una predicación, una música, una liturgia- que es Cristo quien apaga esa sed, y nadie más: conversión;
-puede que ni siquiera tenga sed de Dios, tan sólo «la vieja llaga de la herida en el ser» -en palabras de Moravia-, y de repente descubre el poder sobre esa llaga que tiene la otra llaga, la de Cristo: conversión.
Es posible pensar abstractamente el cristianismo como una fe, sin implicar la conversión, pero no es posible vivir el cristianismo en concreto sin toparse con la conversión, e incluso con la necesidad «periódica» de convertirse, tal como lo celebramos cada año en el ciclo litúrgico. En cierto sentido la conversión de san Pablo tuvo que ver con eso: fue encontrado por Cristo y eso cambió su mentalidad, dio un vuelco de 180º. Le pasó a él, me pasó a mí, le pasó al lector de este escrito, y si no pasó aun, ya va a pasar.

Pero a la vez tiene algo de especial y único, algo que no ha vuelto a repetirse en la historia de la Iglesia: en la conversión de san Pablo toda la Iglesia se convierte a la novedad de una misión que hasta ese momento no había aparecido, y que incluso tardará décadas antes de que oficialmente la Iglesia acepte que la misión de san Pablo a los gentiles compromete a todos, no sólo a san Pablo y los suyos; que esa misión a los gentiles y entre los gentiles está en el fondo de la esencia de la Iglesia. La conversión de san Pablo obligará a toda la Iglesia a convertirse y tomar conciencia de que la fe cristiana no es un apéndice de la fe judía, aunque esa verdad tardará décadas en comenzar a dar sus frutos.

Nos hace bien celebrar cada año la conversión de san Pablo; somos seres en el tiempo y del tiempo, por eso para nosotros, los seres humanos, las grandes verdades no son nunca una cosa dicha de una vez y para siempre: requieren ser dichas y redichas, meditadas y remeditadas, comprendidas y recomprendidas. Es constante a lo largo de la historia la tendencia de los creyentes a convertir a la Iglesia no en un lugar de salvación sino en depósito de salvados, a aislarnos del mundo, a cercar y amurallar. Tal vez eso forme parte de la dinámica más profunda de nuestra fe: por eso mismo cada año la celebracíon litúrgica de la conversión de san Pablo nos recuerda que la misión de la Iglesia no estará terminada hasta que «todos los hombres» -sin excepción- «se salven y lleguen al conocimiento de la verdad».