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viernes, 27 de marzo de 2020

El Papa abraza a la humanidad con la bendición de Dios: Es “tiempo de elegir” 27032020


El Papa Bendice Al Mundo Con El Santísimo © Vatican Media

El Papa abraza a la humanidad con la bendición de Dios: Es “tiempo de elegir”

Oración especial por el fin de la pandemia

(zenit – 27 marzo 2020).- “Abrazar al Señor para abrazar la esperanza”: Esta es la invitación que nos hace el Papa Francisco para combatir el miedo en esta crisis causada por la pandemia del coronavirus. “Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza”.
En una tarde lluviosa, con la tenue luz del atardecer en Roma, el Papa Francisco ha llegado a las 18 horas, acompañado únicamente por Mons. Guido Marini, Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificales, para presidir la oración extraordinaria por el fin de la pandemia del coronavirus que ha contagiado ya a más de 536.280 personas en todo el mundo.
“No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio”, ha señalado el Papa, invocando al Padre. “El tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia Ti, Señor, y hacia los demás”.
¿Por qué tenéis miedo?”
¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” ha citado el Papa de la Biblia haciendo suyas las palabras en un momento sin precedentes. “Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar”.
“La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluasseguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades”, ha advertido Francisco, “nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad”.
El Papa exhorta a todo el mundo, teniendo en cuenta que el virus ha afectado a 188 países a abrazar la Cruz de Cristo, en la que “hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar”.
Adoración al Santísimo
Al concluir sus palabras, el Sucesor de Pedro se ha dirigido a pie, acompañado de Mons. Marini, hacia la entrada central de la Basílica Vaticana, donde se hallaban las imágenes de la Virgen Salus Populi Romani(Salvación del Pueblo Romano), normalmente ubicada en la Basílica de Santa María Mayor, y el Crucifijo milagroso, de la iglesia San Marcello al Corso, muy venerado en Roma tras la liberación de la “Gran Plaga” de 1552.
Después, el Santo Padre ha entrado en el corredor que hay a la entrada de la Basílica, donde ha tenido lugar la Exposición y Adoración al Santísimo, para finalmente bendecir Urbi et Orbi, con la posibilidad de recibir la Indulgencia plenaria, al mundo entero con la custodia del Santísimo Sacramento.
Señor, bendice al mundo”
“Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios”, ha pronunciado el Papa al final de su reflexión. “Señor, bendice al mundo,da salud a los cuerpos y consuela los corazones”.
Normalmente la bendición Urbi et Orbi, sobre la ciudad de Roma y sobre el mundo, se reserva para Navidad y Pascua, y para la elección de un nuevo Papa. Para recibir la indulgencia plenaria, presupone, entre otras cosas, la comunión eucarística y la confesión, la mayoría de las cuales actualmente sólo son posibles de manera “espiritual”.
A continuación, sigue la meditación completa, pronunciada por el Papa este viernes, 27 de marzo de 2020, en la plaza de San Pedro.
***
Meditación del Papa Francisco
“Al atardecer” (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador queparaliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada yfuriosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y conangustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.
Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca queprimero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?” (v. 40).
Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón.También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.
La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluasseguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestravida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.
Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.
¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por laprisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemoscontinuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”.
¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, “volved a mí de todo corazón” (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.
Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas ysostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.
Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: “Que todos sean uno” (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el serviciosilencioso son nuestras armas vencedoras.
¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación.No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros lasestrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.
El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio delaislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.
Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitirnuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.
¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice almundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fees débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: “No tengáis miedo” (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).
© Librería Editorial Vaticano

martes, 24 de marzo de 2020

El Papa dará Bendición Urbi et Orbi extraordinaria y se podrá ganar indulgencia plenaria 22032020


El Papa dará Bendición Urbi et Orbi extraordinaria y se podrá ganar indulgencia plenaria


El Papa Francisco en una Bendición Urbi et Orbi. Foto: Vatican Media
El Papa Francisco en una Bendición Urbi et Orbi. Foto: Vatican Media

Tras dirigir el rezo del Ángelus este domingo 22 de marzo, el Papa Francisco anunció que impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria con la plaza San Pedro vacía. Esta decisión ha sido tomada debido a la actual pandemia de coronavirus COVID-19 para permitir que puedan recibir la indulgencia plenaria quienes la seguirán a través de los medios de comunicación. 
En concreto, el próximo viernes 27 de marzo a las 6:00 p.m. (hora local) el Santo Padre dirigirá un momento de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro, tras el rezo con la Palabra de Dios, Adoración al Santísimo Sacramento, el Papa impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria. Esta especial Bendición suelen impartirla los Pontífices solamente dos veces al año, el 25 de diciembre y el Domingo de Pascua. 
“Presidiré un momento de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro. Con la plaza vacía. Desde ahora invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el cual al término daré la Bendición Urbi et Orbi y a la cual se añadirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”, indicó el Papa.
En esta línea, el Pontífice explicó: “queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, la compasión, la ternura. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas más solas y a quienes más sufren”.
Asimismo, Francisco expresó su cercanía a “los médicos, a los trabajadores sanitarios, enfermeros y enfermeras, voluntarios” y a las autoridades que “deben tomar medidas duras, pero para nuestro bien. Nuestra cercanía a los policías, a los soldados que en la calle intentan mantener siempre el orden para que se cumplan las cosas que el gobierno pide que hagamos por el bien de todos. Cercanía a todos”.
“En estos días de prueba, mientras la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, quisiera proponer a todos los cristianos de las diferentes confesiones que unan sus voces hacia el cielo”, exhortó el Papa.
Por su parte, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, señaló que de acuerdo con lo que afirmó el mismo Papa Francisco en el Ángelus de esta mañana, “en este tiempo de emergencia para la humanidad el Santo Padre invita a todos los católicos de todo el mundo a unirse espiritualmente en oración con él”.
“A todos los que se unirán espiritualmente a este momento de oración a través de los medios de comunicación será concedida la indulgencia plenaria de acuerdo las condiciones previstas en el reciente decreto de la Penitenciaría Apostólica”, añadió Bruni quien explicó también que “la oración del Santo Padre podrá ser seguida en directa a través los medios y se concluirá con la Bendición eucarística que será impartida ‘Urbi et orbi’ a través de los medios de comunicación”.

Un Padre Nuestro contra el coronavirus

En este sentido, el Santo Padre convocó también “a todos los jefes de las iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, junto a todos los cristianos de las diversas confesiones, a invocar al Altísimo, Dios omnipotente, rezando contemporáneamente la oración que Jesús Nuestro Señor nos ha enseñado”.
Por ello, el Papa invitó a todos a rezar el Padre Nuestro “varias veces al día, pero, todos juntos” y especialmente “a rezar el Padre Nuestro miércoles próximo 25 de marzo al mediodía (hora local), todos juntos”.
“Que en el día en que muchos cristianos recordamos el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo, pueda el Señor escuchar nuestra oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo Resucitado”, pidió el Papa.

Adoración Eucarística: “No permitas que nunca me separe de Ti” 24032020

Misa En Santa Marta, 23 Marzo 2020 © Vatican Media

Adoración Eucarística: “No permitas que nunca me separe de Ti”

 Oración de Papa para la Comunión espiritual
(zenit – 24 marzo 2020).- “Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como ya venido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que nunca me separe de Ti”, dijo el Papa Francisco frente al Santísimo Sacramento.
Desde la semana pasada, el Santo Padre termina la celebración de la Misa en la Casa de Santa Marta con la adoración y la bendición Eucarística, invitando a hacer la Comunión espiritual.
Doctores y sacerdotes fallecidos
En la Eucaristía de hoy, 24 de marzo de 2020, el Santo Padre rezó por el personal sanitario y los sacerdotes que atienden a los pacientes con coronavirus, poniendo sus vidas en riesgo: “Rezamos por ellos, por sus familias, y agradezco a Dios el ejemplo de heroicidad que nos dan en el sanar a los enfermos”.
Del mismo modo, en su homilía, el Papa advirtió sobre el pecado de la pereza, “que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas”.
A continuación la oración recitada por el Papa y ofrecida por Vatican News.
Oración del Papa Francisco
“Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma.
Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Como ya venido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que nunca me separe de Ti”.

Santa Marta: Francisco reza por doctores y sacerdotes fallecidos por servir a los enfermos 24032020

Misa En Santa Marta, 23 Marzo 2020 © Vatican Media

Santa Marta: Francisco reza por doctores y sacerdotes fallecidos por servir a los enfermos

“Ejemplo de herocidad”
(zenit – 24 marzo 2020).- “Recibí la noticia de que en estos días algunos médicos, sacerdotes, no sé si algunas enfermeras, se contagiaron, se llevaron el mal porque estaban sirviendo a los enfermos. Rezamos por ellos, por sus familias, y agradezco a Dios el ejemplo de heroicidad que nos dan en el sanar a los enfermos”.
Esta es la petición realizada por el Santo Padre hoy, 24 de marzo de 2020, en la Misa en Santa Marta, transmitida en directo.
Hasta la fecha, 24 médicos han muerto en su trabajo junto con los afectados por el coronavirus, casi cinco mil trabajadores de la salud están contagiados y cerca de 50 sacerdotes murieron como resultado de esta epidemia, indica Vatican News.
La piscina de Betesdá
En su homilía, Francisco reflexionó sobre el Evangelio (Jn 5:1-16) en el que Jesús curó a un enfermo en una piscina de Betesdá, destacando el peligro del pecado de la pereza.
El Papa comparó al enfermó de Betesdá con el ciego de nacimiento del domingo pasado, que acogió la sanación con alegría y decidió discutir con los doctores de la ley, mientras que el primero solo fue y les informó: “Sí, aquel”, “sin compromiso con la vida”.
La pereza, un veneno
De este modo, Francisco subrayó que la pereza “es un veneno, es una niebla que rodea el alma y no la hace vivir. Y también es una droga porque si la pruebas a menudo, te gusta. Y terminas siendo un “triste-adicto”, un “perezoso-adicto”… Es como el aire. Y este es un pecado bastante habitual entre nosotros: tristeza, pereza, no quiero decir melancolía, pero se acerca”.
El Pontífice recomendó leer este capítulo 5 de Juan “para ver cómo es esta enfermedad en la que podemos caer” e invita a pensar en el símbolo del agua de la piscina: “en esa agua que es un símbolo de nuestra fuerza, de nuestra vida, el agua que Jesús usó para regenerarnos, el Bautismo”.
Peligro de caer en la pereza
Igualmente, llamó a pensar “en nosotros, si uno de nosotros tiene el peligro de caer en esta pereza, en este pecado neutro: el pecado del neutro es éste, ni blanco ni negro, no se sabe qué es. Y este es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas”.
“Que el Señor nos ayude a entender lo feo y lo malo que es este pecado”, concluyó el Obispo de Roma.
Finalmente, el Papa concluyó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a  hacer la comunión espiritual.
A continuación, sigue la transcripción de la homilía del Papa ofrecida por Vatican News.
***
Homilía del Santo Padre
La liturgia de hoy nos hace reflexionar sobre el agua, el agua como símbolo de salvación, porque es un medio de salvación, pero el agua también es un medio de destrucción: pensemos en el Diluvio… Pero en estas lecturas, el agua es para la salvación. En la primera lectura, es agua que lleva a la vida, que cura las aguas del mar, un agua nueva que cura. Y en el Evangelio, la piscina, esa piscina donde iban los enfermos, llena de agua, para curarse, porque se decía que de vez en cuando las aguas se movían, como si fuera un río, porque un ángel bajaba del cielo para moverlas, y el primero, o los primeros, que se arrojaban al agua, se curaban.
Y muchos – como dice Jesús – muchos enfermos, “yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos”, allí, esperando la curación, que el agua se moviese. Había un hombre que había estado enfermo durante 38 años. 38 años allí, esperando la cura. Hace pensar, ¿no? Es un poco demasiado… porque un hombre que quiere curarse se las arregla para tener a alguien que le ayude, se mueve, es un poco rápido, incluso un poco astuto… pero éste, 38 años allí, hasta el punto de que no se sabe si está enfermo o muerto… Jesús, viéndolo yacer allí, y conociendo la realidad, que estaba allí desde hacía mucho tiempo, le dijo: “¿Quieres curarte?” Y la respuesta es interesante: no dice que sí, se lamenta. ¿De la enfermedad? No. El enfermo respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al momento el hombre quedó curado.
Nos hace pensar, la actitud de este hombre. ¿Estaba enfermo? Sí, tal vez tenía alguna parálisis, pero parece que podía caminar un poco. Pero estaba enfermo en su corazón, estaba enfermo en su alma, estaba enfermo de pesimismo, estaba enfermo de tristeza, estaba enfermo de pereza. Esta es la enfermedad de este hombre: “Sí, quiero vivir, pero…”, se quedaba allí. En cambio la respuesta es: “¡Sí, quiero curarme!” No, él se lamenta: “Los otros son los primeros, siempre los otros”. La respuesta a la oferta de Jesús de sanación es un lamento contra los demás. Y así, 38 años lamentándose de los demás. Y no haciendo nada para sanar.
Fue un sábado: oímos lo que hicieron los doctores de la Ley. Pero la clave es el encuentro con Jesús después. Lo encontró en el Templo y le dijo: “Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor”. El hombre estaba en pecado, pero no estaba allí porque había hecho uno grande, no. El pecado de sobrevivir y lamentarse de la vida de los demás: el pecado de la tristeza que es la semilla del diablo, de esa incapacidad de tomar una decisión sobre la propia vida, pero sí, mirando la vida de los demás para lamentarse. No para criticarlos: para lamentarse. “Ellos van primero, soy la víctima de esta vida”: los lamentos, respiran lamentos estas personas.
Si hacemos una comparación con el ciego de nacimiento que escuchamos el domingo pasado, el otro domingo: ¡con cuánta alegría, con cuánta decisión había acogido la sanación, y también con cuánta decisión fue a discutir con los doctores de la Ley! Sólo fue y les informó: “Sí, aquel”. Punto. Sin compromiso con la vida… Me hace pensar en tantos de nosotros, tantos cristianos que viven en este estado de pereza, incapaces de hacer nada más que quejarse de todo.
Y la pereza es un veneno, es una niebla que rodea el alma y no la hace vivir. Y también es una droga porque si la pruebas a menudo, te gusta. Y terminas siendo un “triste-adicto”, un “perezoso-adicto”… Es como el aire. Y este es un pecado bastante habitual entre nosotros: tristeza, pereza, no quiero decir melancolía, pero se acerca.
Nos hará bien releer este capítulo 5 de Juan para ver cómo es esta enfermedad en la que podemos caer. El agua está para salvarnos. “Pero no puedo salvarme a mí mismo”. “¿Por qué?” – “Porque otras personas tienen la culpa”. Y me quedo 38 años allí… Jesús me curó: ¿no ves la reacción de los demás que se curan, que toman la camilla y bailan, cantan, dan gracias, se lo dicen a todo el mundo? No: él sigue. Los otros le dicen que no debe hacerse, él dice: “Pero aquel que me curó me dijo que sí”, y sigue. Y entonces, en lugar de ir a Jesús, darle las gracias y todo, informa: “Fue aquel”. Una vida gris, pero gris de este espíritu maligno que es pereza, tristeza, melancolía.
Pensemos en el agua, en esa agua que es un símbolo de nuestra fuerza, de nuestra vida, el agua que Jesús usó para regenerarnos, el bautismo. Y pensemos también en nosotros, si uno de nosotros tiene el peligro de caer en esta pereza, en este pecado neutro: el pecado del neutro es éste, ni blanco ni negro, no se sabe qué es. Y este es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas.
Que el Señor nos ayude a entender lo feo y lo malo que es este pecado.

viernes, 20 de marzo de 2020

¿Necesitas confesarte y no puedes debido al aislamiento? El Papa te explica qué puedes hacer 20032020

¿Necesitas confesarte y no puedes debido al aislamiento? El Papa te explica qué puedes hacer


En su homilía Francisco habló de la dificultad que hay en estos momentos para acceder al sacramento de la confesión
En su homilía Francisco habló de la dificultad que hay en estos momentos para acceder al sacramento de la confesión
El Papa Francisco celebró este tercer viernes de Cuaresma la Eucaristía en la Casa Santa Marta y en su homilía habló de una inquietud que tienes muchos católicos que están ahora confinados en sus casas debido a la pandemia del coronavirus.
La Cuaresma es un tiempo de conversión y propicio para el sacramento de la Confesión. Sin embargo, muchas personas que necesitan confesar no pueden hacerlo. Y para ellos, el Papa ha tenido una palabra:
“Sé que muchos de ustedes, por Pascua, van a confesarse para encontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: ‘Pero padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, porque no puedo salir de casa? Y yo quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace, quiero que mi padre me abrace… ¿qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?”.
De este modo, Francisco ha recomendado hacer “lo que dice el Catecismo”. Es muy claro, agrega el Papa: “Si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: ‘Señor, he hecho esto, esto, esto… Perdóname’, y pídele perdón de todo corazón, con el Acto de Dolor y prométele: ‘Me confesaré después, pero perdóname ahora’. E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piensa en ello: ¡es el momento! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve”.
La homilía del Papa
Esta es la homilía íntegra del Papa de este viernes que recoge Vatican News:
Cuando leo o escucho este pasaje del profeta Oseas que hemos escuchado en la primera lectura [que dice]: "Vuelve Israel, al Señor, tu Dios, vuelve", cuando lo escucho, recuerdo una canción que cantaba Carlo Buti hace 75 años y que se escuchaba con tanto placer en las familias italianas de Buenos Aires: "Vuelve con tu papá". La canción de cuna todavía te cantará". Vuelve: pero es tu padre quien te dice que vuelvas. Dios es tu papá, no es el juez, es tu papá: "Ven a casa, escucha, ven". Y ese recuerdo – yo era un niño pequeño – me lleva inmediatamente al padre del capítulo 15 de Lucas, ese padre que dice: "Vio a su hijo venir desde lejos", ese hijo que se había ido con todo el dinero y lo malgastó. Pero, si lo vio de lejos, fue porque lo estaba esperando. Subía a la terraza – ¡Cuántas veces al día! – durante días y días, meses, años tal vez, esperando a su hijo. Lo vio de lejos. Vuelve con tu papá, vuelve con tu padre. Él te espera. Es la ternura de Dios la que nos habla, especialmente durante la Cuaresma. Es el tiempo de entrar en nosotros mismos y recordar al Padre o volver a tu padre.
"No, Padre, me avergüenzo de volver porque... Ya sabe Padre, he hecho cosas feas, he hecho muchas cosas feas...". ¿Qué dice el Señor? "Vuelve, yo te curaré de tu infidelidad, te amaré profundamente, porque mi ira se ha alejado. Seré como el rocío; tú florecerás como un lirio y echarás raíces como un árbol del Líbano". Vuelve con tu padre que te está esperando. El Dios de la ternura nos curará; nos curará de muchas, muchas heridas de la vida y de muchas cosas feas que hemos hecho. ¡Cada uno tiene lo suyo!
Pero pensar esto: volver a Dios es volver al abrazo, al abrazo de nuestro padre. Y pensar en esa otra promesa que hace Isaías: "Si tus pecados son tan feos como la escarlata, te haré blanco como la nieve". Él es capaz de transformarnos, Él es capaz de cambiar nuestros corazones, pero quiere que demos el primer paso: volver. No es ir a Dios, no: es volver a casa.
Y la Cuaresma siempre se centra en esta conversión del corazón que, en el hábito cristiano, toma forma en el sacramento de la Confesión. Es el momento para – no sé si para "ajustar las cuentas", no me gusta eso – dejar que Dios nos blanquee, que Dios nos purifique, que Dios nos abrace.
Sé que muchos de ustedes, por Pascua, van a confesarse para encontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: "Pero Padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, por qué no puedo salir de casa? Y yo quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace, quiero que mi padre me abrace... ¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?". Haz lo que dice el Catecismo. Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: "Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname", y pídele perdón de todo corazón, con el Acto de Dolor y prométele: "Me confesaré después, pero perdóname ahora". E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarse, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a la mano. Piensa en ello: ¡es el momento!  Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.
Sería bueno que hoy en nuestros oídos resonara este "vuelve", "vuelve a tu papá, vuelve a tu padre". Te espera y hará fiesta.

sábado, 14 de marzo de 2020

Esta es la oración que el Papa ha rezado y que anima a todos a rezar en esta situación del coronavirus



Esta es la oración que el Papa ha rezado y que anima a todos a rezar en esta situación
Oh María,
Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.
Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Contra el coronavirus, ¡la protección de la Virgen! El Papa pide a los católicos rezar esta oración 12032020

Francisco, desde el Vaticano, implora la protección de María, y anima a todos a rezar

Contra el coronavirus, ¡la protección de la Virgen! El Papa pide a los católicos rezar esta oración

El Papa reza ante una imagen de la Virgen desde el Vaticano. También a Francisco le afectan todas las restricciones provocadas por el coronavirus
El Papa reza ante una imagen de la Virgen desde el Vaticano. También a Francisco le afectan todas las restricciones provocadas por el coronavirus
El mundo entero y también la propia Iglesia viven una situación extraordinaria debido a la propagación del coronavirus que está poniendo en jaque los sistemas sanitarios de numerosos países y cobrándose la vida de numerosas personas.
Esta pandemia global es un enorme reto para los países, ya sean ricos o pobres, pero también una prueba de fe para los cristianos, sobre cómo afrontar una situación que muchos millones de personas nunca habían vivido.
La intercesión de María
En este momento de zozobra, incertidumbre y confusión, el Papa Francisco ha pedido la intercesión de la Virgen María como protectora. Y lo ha hecho a través de una oración destinada a todo el mundo, y que se emitió en primer lugar en la misa presidida por el cardenal vicario de Roma, Angelo de Donatis, en el santuario del Divino Amor en una jornada especial de ayuno y oración promovida por la Diócesis de Roma.
Cabe recordar que la propia Santa Sede ha tomado importantes precauciones con el Papa Francisco. Las misas que celebra son sin fieles, la Audiencia pública sin público e incluso el rezo del Ángelus del domingo lo realizó desde la Biblioteca del Palacio Apostólico. Por ello, esta oración a la Virgen como protectora ante el coronavirus la ha grabado en vídeo y ahora puede verse en todo el mundo.
“Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba”, reza el Papa Francisco en esta oración.
Además, el Santo Padre recordó la presencia de la Virgen María en nuestras vidas “como signo de salvación y esperanza”. Por ello, instó a encomendarse a la Madre de Jesús, “salud de los enfermos”, y también a la Salus Populi Romani (Salvación del Pueblo Romano), porque sabe “lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba”.
Francisco también se dirige a la Madre del Divino Amor, para que ayude “a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección”.
"Signo de salvación y esperanza"
En estos días de emergencia sanitaria, Francisco, Papa y obispo de Roma, confía “la ciudad, Italia y el mundo a la protección de la Madre de Dios como signo de salvación y esperanza”.
Tal y como informa el Vaticano, el Santo Padre participó espiritualmente a través de esta oración, con la cual se inició la celebración Eucarística, de la Jornada de oración y ayuno promovida por la diócesis de Roma. Oración a la Virgen del Divino Amor, al pie de la cual en 1944 Pío XII y los romanos imploraron la salvación de Roma durante la retirada de las tropas nazis. Después de 75 años otra emergencia, invisible e igualmente amenazante, llevó al Papa a dirigirse a la Madre Dios compartiendo los sentimientos del Cardenal Vicario de Roma.
Esta es la oración que el Papa ha rezado y que anima a todos a rezar en esta situación
Oh María,
Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del Pueblo Romano, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.
Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!