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miércoles, 14 de febrero de 2018

Hacer amor; no "hacer el amor"

Hacer amor; no "hacer el amor"
Logrado por el milagro del matrimonio en su máxima manifestación de intimidad matrimonial y ahí en ese momento HACE AMOR


Por: Dr. Alberto Abdala | Fuente: Catholic.net 



¿Por qué se sigue usando "hacer el amor" para indicar la máxima entrega de los esposos? Se sigue enseñando con el ejemplo en T.V., películas, revistas, etc., lo estrictamente fisiológico... ¿donde quedó el hombre, el animal con espíritu... por qué orgullosamente nos decimos la única creatura con espíritu, con alma...?

En su máxima unión, en su máxima manifestación de trascendencia de lo orgánico a lo espiritual, al crear amor; no corregimos nuestros adjetivos y lo calificamos como corresponde y lo enseñamos a ser vivido y más aún a ser recordado como el paso "supremo" del hombre (con alma) a lo máximo espiritual y en ese momento evadido de la realidad casi toca el más allá, lo etéreo, lo espiritual, lo único, exclusivo humano; logrado por el milagro del matrimonio en su máxima manifestación de intimidad matrimonial y ahí en ese momento HACE AMOR.

Enseñar como meta no lo orgánico de las relaciones sexuales matrimoniales, que se cumplen según un patrón heredado, sino que mientras se va cumpliendo ese ciclo estereotipado, los esposos en cuerpo y alma buscan y logran su mayor intimidad, se contemplan, se elogian (la palabra contribuye a la máxima entrega): son esposos que HACEN AMOR; amor exclusivo de ese matrimonio y no "EL AMOR" genérico, sinónimo de relacionase sexuales. Hacen" el amor" como lo hacen todas las parejas del mundo, porque los instintos de especie son los mismos en todos los seres que a ella pertenecen. LOS ESPOSOS JAMAS PERMITIRÁN ESO. SE ELEVAN SOBRE SUS INSTINTOS Y SUS RELACIONES SON HUMANAS, SON MATRIMONIALES Y MAS AUN SON PERSONALES, PROPIAS DE ESE MATRIMONIO Y DE NADIE MAS.

Esto es muy repetido por su valor e importancia porque dignifica al matrimonio.

Los esposos, en sus relaciones sexuales, HACEN AMOR cuando cumplen con todos los detalles especificados en el capítulo de intimidad matrimonial. Los amantes, las parejas HACEN EL AMOR sinónimo de tener relaciones sexuales tipo extra-matrimoniales.

Cuando se pasa de lo físico a lo espiritual, es la etapa matrimonial, de esposos de las relaciones sexuales matrimoniales. Ahí sí no hay monotonía, nada estereotipado, porque lo psíquico y espiritual es inagotable y es personal por eso es íntimo. Es vivir ese momento exclusivo de muchas coincidencias: matrimonio normal en intimidad matrimonial normal con relaciones sexuales matrimoniales normales y con suficiente evolución para poder, elevándose sobre lo físico: clímax, orgasmo físico, vivir la plena intimidad de esposos buscando hacer una las dos interioridades, el orgasmo de conciencia.

Nunca el ser humano será tan libre, tan pleno, tan infinito.

Ese momento es distinto a cualquier otro momento, de duración efímera; pero los esposos gozarán sus beneficios perpetuándolo en la mente; disfrutarlo con gestos y palabras exaltando la perfección sexual matrimonial que así generó amor: HIZO AMOR.

Hacer amor es privilegio exclusivo de esposos que se esmeran en ello porque es el sustento del matrimonio; mientras que "hacer el amor" es simplemente tener relaciones sexuales con fines eróticos y placenteros que no requieren mas que la capacidad orgásmica de un hombre y una mujer o aún dos del mismo sexo.

Cuanta diferencia entre "hacer el amor" y "hacer amor" Los esposos cumpliendo todos los requisitos ya explicados hacen amor, es su privilegio y para ello deben estar en cuerpo y alma en su intimidad matrimonial mientras que parejas, amantes, homosexuales, prostitutas hacen el amor o sea tienen relaciones sexuales instintivas, eróticas.

La relación sexual matrimonial que "hace amor" se la debe buscar, procurar, lograr, etc. sino no sale de lo simplemente erótico aunque sea fisiológicamente normal (como las relaciones extra-matrimoniales.)

Hay que enseñar primero a humanizar las relaciones, luego hacerlas matrimoniales y por último hacerlas exclusivas de cada matrimonio. Vivido así ese momento, recordarlo, comentarlo entre los esposos para mejorarlo y para agradecerlo al matrimonio que es el único que da esa posibilidad.


HERMOSO Y GRATIFICANTE DESAFIO DEL MATRIMONIO.

Importantísimo:

1.- recordarlo, porque será en palabras tiernas, cálidas, llenas de amor conyugal.

2.- describirlo porque facilitara su repetición y se prolongará su recuerdo permitiendo modificar lo necesario para que sea cada vez más de ambos esposos.

3.- agradecerlo al matrimonio - único capaz de generarlo- porque dignifica, valoriza los esposos que lograron vivir ese momento, sintieron su impulso especial y la necesidad de volver a vivirlo en "cuerpo y alma".

Hicieron amor propio de ese matrimonio, no el "amor común" a otros matrimonios sino exclusivo de ellos. "Hacer el amor" es la expresión menos obscena para decir "relaciones sexuales". Cualquier pareja hace el amor; solo los esposos bien preparados con todos los requisitos y conocimientos necesarios, en intimidad matrimonial "hacen amor" que requiere concentración, pasión y amor conyugal sumado a todos los otros requisitos.

Tener orgasmo físico (que también se logra con simple masturbación) es "hacer el amor" sinónimo de tener relaciones sexuales; pero para "hacer amor" se necesita:

- esposos que se amen

- intimidad matrimonial normal

- preparación y conocimientos

- cumplir todo lo necesario que exigen las relaciones sexuales matrimoniales

- llegar al orgasmo físico que es solo un elemento más para llegar al orgasmo de conciencia

- elevarse al orgasmo de conciencia con intervención de "la palabra"

Así se HACE AMOR CONYUGAL.

¿Cuándo -ella y él- que acaban de conocerse, como se ve en las películas llenan esos requisitos? NUNCA, ello sí hacen el amor; solo los esposos tienen el privilegio de "hacer amor" porque lo necesitan para mantener su matrimonio; el resto como parejas, amantes, etc., hacen el amor o sea tienen relaciones sexuales.

Solo los esposos -repito- cumpliendo lo detallado "hacen amor" que mantiene vivo el matrimonio.

En matrimonio las relaciones sexuales matrimoniales no son solo descargar tensión, satisfacer un deseo, etc.,. El matrimonio exige más pero da todas las posibilidades para lograrlo, solo que hay que explicarlo, enseñarlo para que todos los esposos puedan vivirlo. ES EL MÁXIMO VINCULO DE UNIÓN MATRIMONIAL. Muchos matrimonios llegan a ese momento y no lo viven plenamente porque no saben interpretarlo.

Terminar una relación sexual matrimonial sin que la esposa logre el orgasmo y quedarse dormido no es de esposo. Los esposos deben saber vivir plenamente el momento de máxima intimidad que se alcanza en máxima entrega, en mutua contemplación, sin la ansiosa meta del orgasmo y donde el clímax que llega solo, indica que no habrá más excitación y ahí mirándose a los ojos con las palabras más tiernas de cariño viven plenamente su momento de esposos, HACEN AMOR.

Nadie se apresure a la crítica para defender su propia situación de pareja, amante, etc. porque solo el matrimonio sirve de ejemplo a los jóvenes, lo demás no es defendible y no porque a una pareja "le conviene" como vive es para generalizar ni es el mejor logro humano.

Sé que se criticará que también los amantes pueden hacer amor, etc., etc. pero nadie dejará de creer que matrimonio es la máxima demostración de amor y es lo máximo que un hombre puede ofrecer a la mujer que ama.

Nadie afirma que el matrimonio no es exigente en tiempo, conducta, conocimientos, etc., etc., todos los días y cada día. Pero llegar al matrimonio es una decisión personal en responsabilidad. El ser humano no tiene otra alternativa valida en su vida; la solución es estar bien preparado para semejante empresa -estar educado para el matrimonio con los conocimientos necesarios- Sabiendo como es el matrimonio el que no se anime a semejante o no se sienta capaz de ello que no contraiga matrimonio.

Comentarios al autor: [email protected]

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Matrimonio aburrido? 4 Claves para cambiarlo

¿Matrimonio aburrido? 4 Claves para cambiarlo
Para disfrutar del matrimonio hace falta estar enamorado y para estar enamorado hace falta estar dispuesto al sacrificio


Fuente: LaFamilia.info 



Si bien la lista de causas que llevan a las rupturas conyugales son variadas, se observa ahora que el aburrimiento está haciendo estragos en los matrimonios, provocando que el proyecto común sea cada vez menos duradero.

Aunque el aburrimiento en el matrimonio no es exclusivo de los tiempos modernos, sí hay una variación respecto a la forma de afrontarlo, que es precisamente el “no afrontarlo” y “sí evadirlo”. Pensamiento que podría tener explicación cuando vivimos en una civilización que insiste en el goce máximo a costa de cualquier cosa, motivando a las parejas a centrar sus expectativas en la inmediatez; de ahí que cuando apenas desaparece el encanto de los comienzos, echan mano de la primera solución: el divorcio.

El aburrimiento en el ser humano

El aburrimiento es un estado emocional negativo que se relaciona con la apatía, la insatisfacción y la falta de interés. Se puede decir que es también una actitud personal determinada por la pobreza de iniciativas para salir de una situación rutinaria. Asimismo, el aburrimiento nubla las perspectivas de futuro, causando un temible desinterés en los planes, en las personas y/o en la vida como tal.

Aníbal Cuevas, reconocido orientador familiar y escritor, señala: “La cuestión del aburrimiento tiene mucho que ver con la falta de ilusión y el olvido de los detalles. Normalmente llegan al aburrimiento quienes han perdido la capacidad de asombro y de ilusión por falta de práctica”.

Del mismo modo, Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, expone: “El aburrimiento, síntoma del vacío existencial, se ha convertido en la enfermedad colectiva de la cultura occidental”.

Pero el aburrimiento se puede evitar. Volvemos a la famosa regla de oro: dichas amenazas causarán más o menos estragos en función de la actitud con la que cada quien las enfrente.

Amenaza para los cónyuges
 El aburrimiento en el matrimonio es la raíz de otros males que lo aquejan. “Ocurre muchas veces que, sin palabras, se establece una especie de acuerdo para vivir aburridamente juntos el resto de sus vidas, que más que promesa de un alentador proyecto de vida, parece más una condena; alguno de los dos, o los dos, buscan fuera la novedad, los estímulos que les devuelven las ilusiones y las ganas de vivir. No tiene que ser un amante. A veces es el trabajo, otras serán nuevas amistades no compartidas con la pareja; nuevos o viejos pasatiempos individuales, aficiones o adicciones. Es como si se experimentase que la auténtica vida, al menos la más estimulante, está fuera de la pareja” explican desde el portal Apoyomatrimonial.com.
Por obvias razones, llegará un punto en que el tedio ya no se soportará más y sin necesidad de haberse producido una circunstancia extrema, la relación se disolverá. Por eso es tan importante evitar el aburrimiento antes de que llegue. Aunque si ya ha llegado, también se puede salir de él. 

4 Claves para combatir el aburrimiento en el matrimonio

1. Volver a ser novios
Detengámonos a pensar cuál es el comportamiento de un hombre y una mujer que recién se conocen y están comenzando una relación: comparten algunos hobbies, ponen especial cuidado a su aspecto físico, a los modales, a la forma de expresarse ante el otro, además son atentos entre sí, realizan planes diferentes, se ríen más tiempo de lo que discuten, se comunican; en fin, se conquistan día a día en las minucias. Volver a ser novios es una eficaz manera de combatir el aburrimiento conyugal.

2. Renovar el matrimonio
No cabe duda que es necesario renovar el matrimonio. Y esta renovación incluye el romanticismo y el cuidado de los pequeños detalles, aspectos que reciben tanta atención en los inicios de la relación.


3. Saber cambiar juntos
No nos vamos a quedar de 20 años para siempre, todo va cambiando a medida que se va avanzando en el camino. Por eso hay que descubrir y comprender cada etapa que vive esa mujer o ese hombre que está al lado, en vez de buscarse uno nuevo. Sabemos que las discusiones y las diferencias siempre van a existir, por eso hay que trabajar juntos –hombro a hombro- en la relación conyugal, y volver a sacar brillo al matrimonio.
4. Querer trabajar por el matrimonio
Aníbal Cuevas, autor citado al inicio, explica: “Para disfrutar del matrimonio hace falta estar enamorado y para estar enamorado hace falta estar dispuesto al sacrificio. De esta manera la felicidad es consecuencia del olvido de uno mismo y la entrega al otro en lo cotidiano de cada día. Si te lo propones, se pasa muy bien en el matrimonio.”

martes, 2 de diciembre de 2014

Porqué pongo a mi marido por delante de mis hijos (Amor y Comunicación)

Porqué pongo a mi marido por delante de mis hijos
Dar prioridad a las necesidades de mi marido disminuye las probabilidades de divorcio y aumenta la posibilidad de que nuestros hijos vivan en un hogar con dos progenitores


Por: Stephanie Jankowski | Fuente: http://www.sontushijos.org



Antes de tener hijos, me imaginaba el tipo de madre que esperaba ser: una pizca de Carol Brady de La tribu de los Brady por su paciencia, una parte de Claire de Modern Family por el sentido del humor, y una pincelada de Peg, de Matrimonio con hijos, por los dulces. Era consciente de que nunca podría llegar a ser la madre ideal; en mi ADN no entra eso de preparar la cena con lo que haya en la nevera todas las noches. Además, no tengo joyas con perlas.
Cuando mi marido y yo dimos la bienvenida a nuestro Bebé Número Uno en 2009, inmediatamente me puse expectativas realistas para mí como madre y para nosotros como pareja. Porque, ¿Qué sentido tiene ponerse objetivos inalcanzables? Obviamente, quería ser la mejor madre posible, pero no quería que mis hijos me absorbieran hasta el punto de separarme de mi marido. O de mí misma. Mientras luchaba por encontrar el equilibrio entre mi empeño y mi realidad, me topé con las expectativas predeterminadas que la sociedad, especialmente otras madres, había establecido para mí.
Desafiar las rancias nociones de lo que se supone que son las madres era el tema de un artículo escrito por Amber Doty titulado Putting Your Husband First [Poner a tu marido por delante de todo]. En esa pieza, Doty afirma rotunda que su marido es su prioridad número uno:
"Aunque entiendo... la posible transitoriedad del matrimonio frente a la unión indisoluble entre madre e hijo, considero mi inversión en mi relación con mi marido como algo beneficioso para nuestra familia en su conjunto. Dar prioridad a las necesidades de mi marido disminuye las probabilidades de divorcio y aumenta la posibilidad de que nuestros hijos vivan en un hogar con dos progenitores".
Cuando leí este pasaje, asentí en silencio con solidaridad. Ser padres es difícil y, sinceramente, no quiero tener que hacerlo yo sola. Traté de pensar en las veces en que había puesto las necesidades de mi marido por delante de las de nuestros hijos y -toma asiento- en las (escasas) ocasiones en las que había puesto mis propios intereses por delante de los de los demás. No cabe duda de que las cenas con amigos y las noches con mi marido contribuyen a calmar las turbulentas aguas del mar de la crianza.
El razonamiento de la autora, con la cual estoy de acuerdo, es que ella y su marido son un equipo, y que los equipos vencedores practican juntos y llevan a cabo una comunicación abierta. Está claro que conseguir esto último no siempre es fácil si los niños están constantemente interrumpiendo conversaciones (y momentos sensuales), por lo que los instantes robados lejos de los pequeños son imprescindibles. Lo siento, niños, pero a veces mamá preferiría acurrucarse en el sofá con papá en vez de jugar por enésima vez con vosotros en ese mismo día.
¿Esto nos convierte en malas madres?
Pues sí. Al menos, según los comentarios malvados publicados por varios lectores anónimos y sorprendentes. A muchos no les gustaba la idea de que una madre "ignorara a sus hijos de esa forma tan egoísta" "complaciendo a su marido". Otros simplemente se devanaban los sesos pensando en la razón por la que una mujer decidía tener hijos si no le iba a dar su atención absoluta.
Os lo voy a aclarar: si nuestros hijos son nuestra única razón de ser, crecerán y se convertirán en unos egocéntricos mimados que no comprenden el significado de dar o compartir su tiempo o sus cosas. ¿Acaso no tenemos ya suficientes personas así en nuestra sociedad?
Pedir a nuestros hijos que esperen un minuto o decirles que no no les va a herir su incipiente autoestima. Mostrar amor y aprecio por su otro progenitor no les va a dañar su delicada psique. De hecho, es más bien todo lo contrario. Al hacer de nuestra pareja, o de nosotros mismos a veces, nuestra prioridad, estamos enseñando a nuestros hijos a respetar a los demás y a respetarse a sí mismos. Presenciar el apoyo y el cariño que se dan sus padres puede que les inculque algo de paciencia y compasión. No veo qué hay de egoísta en eso. De hecho, me parece una excelente forma de crianza.
No hablo de coger el próximo vuelo a París o apuntarse a una clase de cocina mientras tu hijo está en el escenario del instituto el día de su graduación, pero, ¿Qué hay de malo en dejar a los niños con la abuela una noche? Eso no te convierte en un mal padre.
Valorar a nuestra pareja, querer a nuestros hijos y encontrar tiempo para nosotros mismos puede coexistir dentro de un matrimonio saludable y una familia feliz. Si queremos construir algo, necesitamos cimientos fuertes, y este es el motivo por el que sigo poniendo mi relación con mi marido por delante de nuestros hijos. Como padres, nuestros objetivos de futuro incluyen la felicidad, la salud y la independencia de nuestros hijos, y quizás también una casa en la playa. Como pareja, esperamos poder evitar los momentos en silencio mirándonos el uno al otro en la mesa de la cocina, sin apenas confianza con la persona con la que nos casamos hace 50 años. Y, como mujer, llevo con orgullo los títulos de Esposa y Madre, pero antes de casarme y de tener hijos, era Stephanie, y me niego a perderme de vista.
 
Stephanie Jankowski
Escritora.
Profesora de inglés.
Madre de tres niños.
 
 
 
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