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miércoles, 30 de octubre de 2019

San Marcelo el centurión. Patrono de España y de militares cristianos (30 de octubre)

San Marcelo el centurión. Patrono de España y de militares cristianos

san marcelo el centurion patrono de espana y de la milicia cristiana

San Marcelo renunció a su compañía militar y a ídolos paganos para declarar su fe y amor a Dios. San Marcelo es patrono de España

  
San Marcelo fue un centurión cristiano y capitán de la legión de Trajano que comenzó a sentir el amor de Dios y el rechazo a las celebraciones paganas del emperador Maximiano Hércules, en el año 298. Para no contaminarse participando de esas abominaciones, San Marcelo abandonó su compañía, declarando en voz alta que era un soldado de Jesucristo. Fue puesto prisionero y llevado ante un juez y luego fue llevado inmediatamente a ejecución, y decapitado el 30 de octubre. Es el Santo patrono de la ciudad de León, de España y de los militares cristianos

Fiesta: 30 de octubre

Martirologio romano: En Tánger, en Marruecos, San Marcelo, centurión, quién, por amor y fe en Jesucristo, soportó el martirio al ser decapitado bajo el vice-prefecto Aureliano Agrícolas, en tiempos del emperador Diocleciano.

Biografía de San Marcelo

De vuelta en el antiguo Imperio Romano, algunos cristianos se negaron a servir en los ejércitos imperiales. Ellos pensaban que no podían hacerlo con una conciencia cristiana pura.
Si ser un soldado significaba realizar ritos paganos, que se hacían en algunas ocasiones, obviamente, ningún cristiano por muy soldado que fuese, podía servir a dos amos.
San Marcelo, era un fiel Centurión de la armada romana, después de algunos años de servicio militar, y de mucha meditación en la fe, llegó a la conclusión de que el mundo en el que se desenvolvía, no estaba bien, al menos de acuerdo a su conciencia cristiana

Una profunda conversión a la fe católica

Un día, en el año 298, durante el reinado del emperador Diocleciano, San Marcelo, quien pertenecía a la unidad en el norte de África, estaba celebrando el cumpleaños de Maximiano en una fiesta pagana.
De repente, San Marcelo, tal vez como resultado de mucho reflexionar, tal vez en una impulso interno de repulsión hacia lo que veían, se levantó ante los comensales y denunció todas las abominaciones paganas que se estaban haciendo.
Entonces, se despojó de todas sus insignias militares, y gritó fuertemente:
"Yo sirvo a Jesucristo, el Rey eterno. Ya no voy a servir a sus emperadores y yo desprecio adorar a sus dioses de madera y piedra, que son ídolos sordomudos".
San Marcelo fue arrestado de inmediato por violación de la disciplina. En el juicio (de los cuales se tiene un registro completo), admitió que él había dicho y hecho eso de todo lo que se le acusaba.
No era cuestión de ser obligados a adorar a dioses paganos. Su motivo para renunciar fue, como lo había declarado, que "no es adecuado, para un hombre cristiano, que sirve al Señor Cristo, servir a los ejércitos del mundo."
Debido a su posición, San Marcelo fue sentenciado y ejecutado. Murió en una gran tranquilidad, pidiendo a Dios que bendijera el juez que lo había condenado. Por su muerte, en nombre de la conciencia, la Iglesia primitiva lo considera un mártir.

Sus hijos también fueron leales a su fe

Los hijos de San Marcelo imitaron su constancia, y todos perdieron sus vidas por la defensa del evangelio; tres de los chicos fueron ahorcados y luego decapitados en León.
Su piadosa madre regresó y compró sus cuerpos con dinero y luego los enterró secretamente; fueron trasladados más tarde a una iglesia construida en su honor en la ciudad de León.
Que la disposición de San Marcelo a sufrir por amor a Dios, en lugar de servir a los ejércitos mundanos, nos haga permanecer firmes en el amor y la fe a nuestro Señor.
Tal como lo dijo el Papa Pío XII, "Nada se pierde con la paz; todo está perdido por la guerra
"Porque es preferible para nosotros morir en el combate que ver las desgracias de nuestra nación y del Santuario" [1 Macabeos 3,59]

martes, 27 de agosto de 2019

Santos Marcelo, Mammia y compañeros mártires. (27 de agosto)

Santos Marcelo, Mammia y compañeros mártires.

"¡Lejos de nosotros negar el nombre de nuestro Señor y Dios Jesucristo!"

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Santos Marcelo, Mammia y compañeros mártires. 27 de agosto.

Imperando Diocleciano y Maximiano, fueron apresados los cristianos Marcelo, tribuno Mammia, su mujer, Juan y Babilás, sus hijos; Pedro, soldado; Ciro, Amón y Serapión, funcionarios; Miletio, obispo; Atenógenes, Aristeo, Festo, Víctor, Susana, Zoilo, Domnino y Memmon. Fueron acusados por ser cristianos, delatados por unos tales Hierón y Acacio diciendo: "Estos son los únicos en la ciudad de Oxirrinco que contradicen el precepto imperial, y son impíos ante la religión de los dioses, y ante tu tribunal, al no obedecer tus órdenes".
Fueron llevados cargados de cadenas ante Cultiano, gobernador de Egipto. Este trató de hacerles sacrificar a los dioses, según la ley, pero ellos se negaron y les condenó a ser despedazados por las fieras. Al otro día les metieron en el anfiteatro y antes de arrojarles a las bestias, volvió Cultiano a intentar que apostataran: "¿No es necedad acaso adorar a un hombre que fue ejecutado y enterrado hace años por orden de Poncio Pilato, cuyas actas, como he oído, aún existen?" Respondió el obispo Miletio: "¡Lejos de nosotros negar el nombre de nuestro Señor y Dios Jesucristo, la Palabra Viva que existía antes de la constitución del mundo, de la misma naturaleza del Padre, que da fuerzas a nuestra frágil naturaleza y restaura la ruina causada por tu padre el diablo! Si tú buscas nuestra muerte, peor para ti, pero no estamos dispuestos a prestarte oído".
Entonces Cultianus ordenó que soltaran cuatro osas hambrientas que, sin embargo, solo se pasearon torpemente por el circo, sin prestar atención a los cristianos. Cultiano clamó que estaban embrujadas las osas y mandó que les quemaran vivos sin más. Pero o la leña estaba verde o el viento era demasiado, que el fuego no se encendía. Entonces Cultiano mandó fueran decapitados. Era la sexta de las calendas de septiembre, 27 de agosto de 303.
Estas Actas sobrias y fuera de toda duda, fueron trasmitidas por el presbítero Julián, que fue testigo y firma la copia hecha por su hijo Estelectio, pues es muy anciano y no puede escribir. Las entregó, según su misma rúbrica, a la diaconisa Yssicia, para que fuese conocido el testimonio en la Iglesia. La fecha de la redacción se desconoce, pero ciertamente es posterior a 325, por la expresión "de la misma naturaleza del Padre" empleada para aseverar la divinidad de Cristo y que fue acuñada por el Concilio de Nicea en dicho año. La mención de las "Actas de Pilato", perdidas hoy en día, también prueba su veracidad. Estas "Actas" eran una supuesta copia del juicio de Cristo, lleno de blasfemias y falsedades sobre Jesús cuyo origen serían los informes que el mismo Pilato debía enviar a Tiberio sobre su gestión, entre los cuales estaría el proceso de Jesús.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.