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jueves, 15 de noviembre de 2018

La eutrapelia, una virtud olvidada (Temas actuales)

La eutrapelia, una virtud olvidada
La eutrapelia es una nota típíca del equilibro y madurez del cristiano


Por: cristiandad.org | 




¿Cuántos moralistas modernos o lectores podrían decir que es la eutrapelia? La eutrapelia, con todo, es la virtud que nos ubica en el justo medio entre el espíritu de relajación lúdica y el exceso en la seriedad. Propia del espírtu aristocrático, la eutrapelia es una nota típíca del equilibro y madurez del cristianismo, tras haber sido mal comprendida durante siglos.

Fue Aristóteles quien inició el tratamiento de esta virtud. Posteriormente pasó casi al olvido, quizás porque la palabra "eutrapelia" se confundió con la disipación y el espíritu payasesco. San Pablo empleó el vocablo en ese sentido peyorativo cuando en su carta a los efesios (5,4) los exhortaba a evitar "las conversaciones tontas o la bufonería (eutrapelia)", término que la Vulgata traduce por "scurrilitas". Los Padres de la Iglesia primitiva mantuvieron, por lo general, dicha tesitura, condenando la falta de seriedad, la propensión a la broma incesante. Es decir que en los primeros siglos del cristianismo se tendió a confundir la eutrapelia con lo que Aristóteles había fustigado como un exceso del espíritu lúdico.

Fue Santo Tomás quien al redescubrir a Aristóteles retomó, también aquí, la enseñanza del Estagirita, elaborando una doctrina de la eutrapelia plenamente integrada en la ética cristiana. Aristóteles había tratado el asunto principalmente en su Ética a Nicómaco, que el Aquinate comentó con gran penetración, desarrollando luego ese análisis en distintos lugares de la Summa Teológica, pero sobre todo en una cuestión dedicada toda ella al estudio de dicha virtud. Es principalmente en este último lugar donde nos ha dejado un análisis admirable que proporciona los grandes principios de lo que podría denominarse "la filosofía y teología del juego y de las diversiones". En la arquitectura de la moral tomista, la virtud de la eutrapelia encuentra su lugar como parte de la virtud de la modestia, y ésta, a su vez, como parte potencial de la virtud de la templanza (1). Expongamos, pues, la enseñanza aristotélico-tomista.

Para profundizar: Vida y obra de Santo Tomás de Aquino


1. El reposo del trabajo

En la Ética a Nicómaco comienza Aristóteles su inquisición preguntándose si al hombre culto y perteneciente a una civilización refinada le es lícito buscar descanso en la broma placentera y el juego. Y responde, sin dudar, por la afirmativa. Santo Tomás reforma su razonamiento: "Tiene el juego cierta razón de bien, en cuanto que es útil a la vida humana. Porque así como el hombre necesita a veces descansar de los trabajos corporales desistiendo de ellos, así también se necesita a veces que el alma del hombre descanse de la tensión del alma, con la que el hombre encara las cosas serias, lo que se hace por el juego" (2).

Tal sería su primera aproximación a la materia. El hombre tiene la experiencia del cansancio, sintiendo la necesidad de reposo, de distracción. El descanso del cuerpo lo obtiene suspendiendo el ejercicio corporal; la mente, en cambio, encuentra su solaz en la "diversión" (di-versio = apartamiento) de la atención hacia otros objetos agradables, distintos de los que integran su trabajo habitual.

En la Summa vuelve sobre lo mismo: "Así como la fatiga corporal se repone por el descanso orgánico, también la fatiga espiritual se restaura por el reposo espiritual. Sabiendo, pues, que el reposo del espíritu se halla en el placer, como hemos visto anteriormente, debemos buscar un placer apropiado que alivie la fatiga espiritual procurando una interrupción en la tensión del espíritu". Y trae aquí a cuento un relato que se conserva en la llamada "Colación de los Padres". Habiéndose escandalizado algunos de sorprender al evangelista San Juan jugando con sus discípulos, mandó éste a uno de ellos que arrojara una flecha. Lo hizo una vez, otra vez... "¿Podrías hacerlo continuamente?". "No, le respondió, porque se rompería el arco". "Eso mismo sucede al alma si se mantiene siempre en la misma tensión", concluyó San Juan. Y agrega Santo Tomás: "Esos dichos o hechos en que no se busca sino el placer del espíritu se denominan juegos y fiestas, y es preciso usarlos para descanso del alma" (3).


2. La elegancia del espíritu

Aristóteles nos ofrece una aproximación al "hombre eutrapélico": "Los que tienen gusto por el humor, moderado (moderate ludentes) se llaman eutrapelos, es decir, bien orientados (bene vertentes)". Básase el Estagirita en el origen semántico de la palabra eutrapelia, que significa bueno, pero también – y en nuestro caso – con facilidad, bien, convenientemente; trapelia se traduce movilidad, agilidad, sustantivo que proviene de dar vuelta y giro. Tras las huellas de Aristóteles, Santo Tomás se refiere tanto a la virtud como al que la encarna en los siguientes términos: "Todas estas cosas (los descansos, las diversiones, el juego) han de estar ponderadas por la razón. Y como todo hábito que obra en conformidad con la razón es virtud, síguese que acerca del juego puede darse también virtud, que el Filósofo llama "eutrapelia". Y al hombre que tiene la gracia de convertir en motivo de solaz las palabras y obras, le llaman "eutrapélico", palabra que viene de "buen giro" (bona versio)" (4).

Porque así como el cuerpo se vuelve hacia acá o hacia allá, según las necesidades, también el alma se comporta de manera semejante, orientándose en una u otra dirección. Muchas veces juzgamos a un hombre por los movimientos de su cuerpo, escribe Aristóteles; de manera análoga los movimientos del alma revelan la calidad de su espíritu. Santo Tomás retoma esa idea diciendo que las diversas actitudes que alguien puede tomar cuando está en un grupo – al inducir a la risa en exceso, o con defecto, o de manera moderada – son indicio de su disposición interior. "Porque así como por los movimientos corporales se disciernen las disposiciones interiores de los cuerpos, así por las obras exteriores se conocen las costumbres interiores".

La eutrapelia es, pues, la virtud del que "gira bien", del que sabe ubicarse como conviene al momento, una virtud aristocrática, propia de quien posee agilidad espiritual, por la que es capaz de "volverse" fácilmente a las cosas bellas, joviales y recreativas, sin lastimar por ello la elegancia espiritual del movimiento, sin perder la debida seriedad y su rectitud moral.


3. La gracia del hombre liberal

No nos referimos, por cierto, a lo que los políticos llaman "liberales", que por lo general suelen tener bastante poca gracia. Usamos este calificativo, tras Aristóteles y Santo Tomás, para designar al hombre desprendido, desapegado de los bienes materiales, a tal punto que se vuelve capaz de ser generoso, dadivoso..., liberal. Y así Aristóteles, luego de decir que la virtud de la eutrapelia consiste en un medio entre dos extremos viciosos, aquel que peca por exceso y aquel que falla por defecto, agrega: "El medio propio (de la eutrapelia) es el de la distinción. Es propio de la distinción decir y oír lo que conviene a un hombre liberal. Hay ciertas cosas que un hombre de bien puede decir y oír en el campo lúdico. El juego liberal (liberalis ludus) se diferencia del servil, como el disciplinado del indisciplinado" (5).

Santo Tomás interpreta este texto del Filósofo diciendo que hay un juego que conviene al hombre liberal, o sea, a aquel cuyo ánimo está libre de pasiones serviles: "El juego del hombre liberal, es decir, del que por propia voluntad intenta obrar bien, difiere del juego del hombre servil, que se ocupa de las cosas serviles. Y el juego del hombre disciplinado, es decir, del que está instruido de cómo deba jugar, difiere del juego del hombre indisciplinado, al que ninguna disciplina refrena en el juego" (6).


4. El juego y la felicidad

Por noble que sea el juego cuando se lo entiende como corresponde, sin embargo no parece que pueda ser considerado como el summum de la vida humana. Preguntándose Aristóteles si no será en el juego donde se encuentra la felicidad, responde: "La felicidad no consiste en el juego. Sería un absurdo que la diversión fuera el fin de la vida... Según Anacarsis parece recto divertirse para dedicarse después a asuntos serios. La diversión es una especie de reposo, y como no se puede trabajar sin descanso, el ocio es una necesidad. Pero este ocio, ciertamente, no es el fin de la vida, porque sólo tiene lugar en razón de la futura operación. La vida dichosa es la vida conforme a la virtud; ésta va con el gozo, pero no con el gozo del juego. Las cosas serias son mejores que las que mueven a risa y a chanza, y el acto de la mejor parte del hombre, o de lo mejor del hombre, se considera siempre como el acto más serio" (7).

Santo Tomás coincide con el Estagirita en su afirmación de que la felicidad radica en la vida virtuosa, no en el juego. Si el juego fuera la felicidad, sería el fin de toda la vida humana, de modo que el hombre trabajaría y haría todas las demás cosas sólo para jugar. Juzga, por consiguiente, acertado lo que afirmaba Anacarsis: "Los hombres, como no pueden trabajar continuamente, necesitan de descanso. Por donde se ve que el juego o el descanso no es el fin; porque el descanso es para el trabajo, es decir, para que después el hombre trabaje con más intensidad. Por lo que se ve que la felicidad no consiste en el juego" (8). ¿No se contrapone esto a lo que anteriormente dijimos, es a saber, que el juego se caracteriza por ser de alguna manera "inútil", no ordenado a ningún fin práctico? Nos parece que no, ya que si bien el juego no tiene en sí mismo finalidad alguna, con todo, la razón por la cual se lo lleva a cabo lo ordena de hecho extrínsecamente a un fin determinado, que es, en este caso, la recuperación de las fuerzas del alma y el ulterior trabajo.

Concluye Santo Tomás: "Algunos ponen la felicidad en el juego, por el deleite que hay en el juego. La felicidad tiene, es verdad, cierto deleite, porque es operación según la virtud, que existe con gozo. Pero no, sin embargo, con el gozo del juego. Porque siendo la felicidad el bien sumo del hombre, es preciso que consista en las cosas óptimas. Pues bien, decimos mejores a las cosas virtuosas, que se obran con seriedad, que a las risueñas, que se hacen con juego. Y esto es claro: porque la operación que es de la mejor parte del alma, y que es propia del hombre, es más virtuosa. Es claro que la operación que es de la mejor parte, es mejor, y por consiguiente más feliz" (9).

Tal es la doctrina aristotélico-tomista acerca de la virtud de la eutrapelia. No será el juego lo más elevado del hombre; con todo "el juego es necesario para el desarrollo de la vida humana" (10).

La virtud de aquellos que, al decir de Aristóteles, saben "desenvolverse bien", comportarse adecuadamente cuando están en grupo, ocupó un lugar importante en el sistema de virtudes del hombre culto tradicional. Fue en ese clima de eutrapelia donde se formó un alto ideal griego del hombre alegre y serio a la vez (11).

La eutrapelia, en última instancia, fue para el pensamiento antiguo la virtud que rige las relaciones de la amistad y la afabilidad (12).

Al asumir la enseñanza de Aristóteles e impregnarla con el espíritu del Evangelio, luego de siglos en que los autores se habían inclinado a confundir la eutrapelia con la bufonería, el Doctor Angélico puso las cosas en su punto. La ética cristiana heredó así el ideal del humanismo griego y lo llevó a su plenitud, cosa que sólo el cristiano era capaz de realizar perfectamente, porque sólo él tiene conciencia exacta de su situación entre el cielo y la tierra, entre Dios y el mundo, entre el espíritu y la carne, entre la esperanza y la desesperación. Sólo el cristiano que vive en gracia puede ser de manera plenaria un homo ludens; fundado en Dios, puede "orientarse" como corresponde, ser eutrapelos. Doctrina grandiosa, comenta Hugo Rahner; entonces el cristiano puede jugar y divertirse, entonces el sonreír y el reír pueden ser una virtud. "Acá se abren las puertas para la teología medieval del cristiano gozoso, capaz de percibir en todas las cosas creadas sus límites e insuficiencias, y por eso justamente puede reírse de todo, porque sabe de la santa seriedad de lo divino. El que no comprende esto pertenece al grupo para los cuales Santo Tomás acuñó la exquisita expresión de ´non molliuntur delectatione ludi´ (no se ablandan con el placer del juego)" (13).

De hecho, la doctrina tomista de la eutrapelia penetró el tejido social de la Edad Media, tan erróneamente considerada como una época triste y aburrida. Las llamadas risa paschalia; las escenas burlescas representadas en los bajorrelieves de numerosos templos y catedrales, como por ejemplo en la iglesia de Vézelay (14); las denominadas "fiestas de los locos", en que se festejaba una suerte de superación o abolición de la razón, en un espíritu semejante al que caracteriza a "los locos por Dios" del mundo eslavo; la "fiesta de los asnos", con sus rebuznos lanzados contra altos "dignatarios" no siempre tan dignos; la llamada "fiesta de los obispillos", donde un grupo de chicos se disfrazaban de obispos, tomando en chacota a las jerarquías locales; son otras tantas expresiones del humor medieval, libre y ocurrente (15).

Como dijimos al comienzo, la enseñanza moral de los últimos siglos fue olvidando más y más la doctrina del Angélico y el espíritu lúdico medieval. La virtud de la eutrapelia entró en un cono de sombra, no subsistiendo de ella sino una breve y seca definición en los manuales de teología moral. Quizás fue Kierkegaard el primer cristiano moderno que llamó la atención sobre la importancia del humor no sólo para la cultura del hombre sino también para el progreso mismo de su vida religiosa.

viernes, 15 de enero de 2016

La mística del Tiempo Ordinario (Tema actual)

La mística del Tiempo Ordinario
Ninguna lágrima ni sonrisa se pierden; por el contrario, humanizan la existencia


Por: Ángel Moreno de Buenafuente | Fuente: www.revistaecclesia.com 



La celebración reciente de la Navidad nos ha regalado las claves para vivir cada día la belleza de lo doméstico y cotidiano. Los adornos perecederos de los belenes, que nos han acompañado y transmitido un clima de hogar cálido, nos revelan cómo lo más ordinario tiene virtualidad para convertirse en referencia entrañable.
Si al levantarme cada mañana, en vez de sentir el tedio, la pereza, la desgana, la inercia, el miedo a una nueva jornada, el peso del trabajo, la dureza de las relaciones interpersonales, acierto a traer a la memoria el canto del salmista: “Oh Dios, Tú eres mi Dios, por ti madrugo”, todo será diferente, y alcanzará una posibilidad de ofrenda amorosa, agradecida, y la jornada se convertirá en oportunidad para construir, en colaboración con el Hacedor de todas las cosas, un mundo más habitable.
Si cada mañana, cuando te dispones a ir a trabajar, al poner los pies en la calle, según dónde vivas, ante el impacto del tráfico o de la soledad, del frío o del aire contaminado, te atreves a encarar la jornada como gesto solidario con tantos que quizá no pueden levantarse, o no tienen dónde poner sus manos y sentir la dignidad de quien ejerce una tarea profesional, sentirás la bendición que significa ganar el pan de cada día y te llenarás de compasión.
No te enfeudes en tus problemas, ni te evadas en tu individualismo; la humanidad necesita el mensaje de los que interpretan todo acontecimiento de manera trascendente y no perecen en la limitación material de los hechos, sino que todo los mueve a la solidaridad con los próximos y con los lejanos. Ninguna lágrima ni sonrisa se pierden; por el contrario, humanizan la existencia.
La esperanza es un regalo de la fe, y si lo ordinario puede introducirnos en una estancia sobria, discreta, cabe que hasta algo penosa, por la virtud teologal que se desprende del acontecimiento celebrado en Navidad -el Verbo de Dios hecho hombre-, todo queda abierto a la providencia y a la presencia del Misterio, hasta en lo más doméstico e íntimo que suceda.


La casa de Nazaret se convierte en este tiempo en escuela y en enseñanza para saber trascender el silencio, la soledad, el trabajo, la convivencia familiar, las relaciones sociales, el tiempo hacendoso, en proyecto fecundo, en crecimiento personal, en experiencia de madurez, en necesidad de misericordia, en sabiduría acrisolada.
Mira la naturaleza: ella te enseña a permanecer y a esperar el ciclo del retorno del tiempo de la flor y de la cosecha. Ahora es tiempo de siembra, y de espera agradecida. No sucumbas por dejarte conducir por los que solo valoran la historia de manera presentista, sin horizonte.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Alegría sin nostalgias (Tema actual)

Alegría sin nostalgias
¡Alegría, alegría para todos!

Pero ¿quién es capaz de odiar en Navidad? Habría que tener muy corrompido el corazón para hacerlo...


Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Días grandes de Jesús 



El mensaje en Navidad no puede ser otro que éste: Alegría, alegría, alegría.
- Alegría para los niños que acaban de nacer, y para los ancianos que en estos días se preguntan si llegarán a las navidades del año que viene.
- Alegría para los que tienen esperanza y para los que ya la han perdido.
- Alegría para los abandonados por todos y para las monjas de clausura que estas noches bailarán como si se hubieran vuelto repentinamente locas.
- Alegría para las madres de familia que en estos días estarán más cansadas de lo habitual y para esos hombres que a lo mejor en estos días se olvidan un poquito de ganar dinero y descubren que hay cosas mejores en el mundo.


- ¡Alegría, alegría para todos!
- Alegría, porque Dios se ha vuelto loco y ha plantado su tienda en medio de nosotros.
- Alegría, porque Él, en Navidad, trae alegría suficiente para todos.
Con frecuencia oigo a algunos amigos que me dicen que a ellos no les gusta la Navidad, que la Navidad les pone tristes. Y, mirada la cosa con ojos humanos, lo entiendo un poco. La Navidad es el tiempo de la ternura y la familia y, desgraciadamente, todos los que tenemos una cierta edad, vemos cómo en estos días sube a los recuerdos la imagen de los seres queridos que se fueron. Uno recuerda las navidades que pasó con sus padres, con sus hermanos, con los que se fueron, y parece que dolieran más esos huecos que hay en la mesa familiar.
Sin embargo, creo que mirando la Navidad con ojos cristianos son infinitamente más las razones para la alegría que esos rastros de tristeza que se nos meten por las rendijas del corazón. Por de pronto en Navidad descubrimos más que en otras épocas del año que Dios nos ama.
La verdad es que para descubrir ese amor de Dios hacia nosotros en cualquier fecha del año basta con tener los ojos limpios y el corazón abierto. Pero también es verdad que en Navidad el amor de Dios se vuelve tan apabullante que haría falta muchísima ceguera para no descubrirlo. Y es que en Navidad Dios deja la inmensidad de su gloria y se hace bebé para estar cerca de nosotros.
Se ha dicho que los hombres podemos admirar y adorar las cosas grandes, pero que amarlas, lo que se dice amarlas, sólo podemos amar aquello que podemos abrazar. Por eso al Dios de los cielos podemos adorarle, al pequeño Dios de Belén nos es fácil amarle, porque nos muestra lo mejor que Dios tiene, su pequeñez, su capacidad de hacerse pequeño por amor a los pequeños.
Y éste sí que es un motivo de alegría: un Dios hermano nuestro, un Dios digerible, un Dios vuelto calderilla, un hermoso tipo de Dios que los hombres nunca hubiéramos podido imaginar si Él mismo no nos lo hubiera revelado y descubierto. Y si en Navidad descubrimos que Dios nos ama y que podemos amarle, podemos también descubrir cómo podemos amarnos los unos a los otros.
Lo mejor de la Navidad es que en esos días todos nos volvemos un poco niños y, consiguientemente, se nos limpian a todos los ojos. Durante el resto del año todos miramos con los ojos cubiertos por las telarañas del egoísmo. Nuestros prójimos se vuelven nuestros competidores. Y vemos en ellos, no al hermano, sino al enemigo potencial o real.
Pero ¿quién es capaz de odiar en Navidad? Habría que tener muy corrompido el corazón para hacerlo. La Navidad nos achica, nos quita nuestras falsas importancias y, por lo mismo, nos acerca a los demás. ¿Y qué mayor alegría que redescubrir juntos la fraternidad?
Por eso, amigos míos, déjenme que les pida que en estos días no se refugien ustedes en la nostalgia. No miren hacia atrás. Contemplen el presente. Descubran que a su lado hay gente que les ama y que necesita su amor. Si lo hacen, el amor de Dios no será inútil. Y también en sus corazones será Navidad.

 

domingo, 14 de junio de 2015

Jesucristo ¿realmente presente en la Eucaristía? (Tema actual)

Jesucristo ¿realmente presente en la Eucaristía?
Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los no católicos son inadmisibles


Por: P. Jorge Loring, S.I. | Fuente: Catholic.net



Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía. El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave. Allí está Jesucristo, y por eso, al lado hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto.


Diferencia entre imágenes y Eucaristía, veneración y adoración

Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo. Las imágenes no se adoran, se veneran. A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría. Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía, que es de intercesión ante Dios.

La adoración sólo se tributa a Dios. El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia. La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa. Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona. La idolatría se dirige a la imagen misma. Dice el Concilio II de Nicea: el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella.

El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo la imagen visible del Dios invisible, como dice San Pablo, es lógico que lo representemos para darle culto. Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos. Ya no valen hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión y la pena de muerte para los adúlteros.

El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo. Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes. Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes. Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno : Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros. Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría. Esto es absurdo.


La Eucaristía, una Persona 

Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda. Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente. Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:

Señor:
Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.
Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.
Te amo sobre todas las cosas.
Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.
Te pido por todo por todas mis intenciones.
Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén.


No has tardado ni un minuto.

Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda. Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.


La Transubstanciación

En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo. Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental, que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde residir: como son el color, el olor y el sabor.

La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad. Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales. Jesucristo en razón de su única Persona está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

Por esto, las normas litúrgicas dicen que durante la consagración los fieles deben ponerse de rodillas, si no hay motivo razonable que lo impida. Y así lo han recordado varios obispos. En la elevación podrías decir en silencio: «Señor mío y Dios mío, que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que han de morir hoy. Amén».

La palabra griega «soma» en la antropología hebrea significa cuerpo en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra «aima» (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad. Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado «climático» muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

Jesucristo instituyó la Eucaristía para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y alimentar nuestras almas para la vida eterna. En su Última Cena, Jesucristo instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre. Jesús ofreció aquel día en el cenáculo el mismo sacrificio que iba a ofrecer pocas horas más tarde en el calvario: con anticipación, se entregó por todos los hombres bajo las apariencias de pan y vino.

Con las palabras «haced esto en memoria mía», Jesús dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho: convertir el pan y el vino, en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecer estos dones al Padre y darlos como manjar a los fieles.


Jesús presente en la Eucaristía

Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas, entero en cada una de ellas. Aunque sea muy pequeña. También un paisaje muy grande se puede encerrar en una fotografía muchísimo más pequeña. No es lo mismo; pero esta comparación puede ayudar a entenderlo.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es inextensa, es decir, todo en cada parte. Por eso al partir la Sagrada Forma, Jesucristo no se divide, sino que queda entero en cada parte, por pequeña que sea. Lo mismo que cuando uno habla y le escuchan dos, aunque vengan otros dos a escuchar, también oyen toda la voz. La voz se divide en doble número de oídos, pero sin perder nada. Esta comparación, que es de San Agustín, puede ayudar a entenderlo.

Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesucristo que, por ser Dios, lo puede todo. Lo mismo que, con su sola palabra hizo milagros así, con su sola palabra, convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre cuando dijo: «Esto es mi Cuerpo..., éste es el cáliz de mi Sangre...». En otra ocasión dijo: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida». Y los que oyeron estas palabras las entendieron en su auténtico sentido; por eso no pudieron contenerse y dijeron «dura es esta doctrina».

Los discípulos que las oyeron las entendieron de modo real, no simbólico. Por eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos, escandalizados, le abandonaron diciendo: esto es inaceptable. Les sonaba a antropofagia. Si lo hubieran entendido en plan simbólico no se hubieran escandalizado. El mismo San Pablo también las entendió así. Por eso después de relatar la institución de la Eucaristía añade rotundamente: «de manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere este cáliz indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor».

Por todo esto los católicos creemos firmemente que en la Eucaristía está el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo. Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los no católicos son inadmisibles. La presencia de Cristo en la Eucaristía es real y substancial.

El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro. Si Jesucristo hablara simbólicamente, habría que decir que sus palabras son engañosas. Hay circunstancias en las que no es posible admitir un lenguaje simbólico. ¿Qué dirías de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia y lo que luego te dejara fuera una fotografía de ella?. Si no queremos decir que Jesucristo nos engañó, no tenemos más remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan realmente lo que expresan.

La Biblia de los Testigos de Jehová traduce falsamente en el relato de la Cena: «esto significa mi Cuerpo». Sin embargo, todos los manuscritos y versiones, sin excepción, traducen «esto es mi Cuerpo». No es lo mismo el verbo «ser» que el verbo «significar». La bandera significa la Patria, pero no es la Patria.


La Eucaristía, un misterio

Es cierto que nosotros no podemos comprender cómo se convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; pero tampoco comprendemos cómo es posible que la fruta, el pan, un huevo, un tomate o una patata se conviertan en nuestra carne y en nuestra sangre, y sin embargo esto ocurre todos los días en nosotros mismos. Claro que la transformación que sufren los alimentos en nuestro estómago es del orden natural, en cambio la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es de orden sobrenatural y misterioso.

Este misterio se llama Santísimo Sacramento del Altar y también, la Sagrada Eucaristía.

La presencia de Cristo en la Eucaristía está confirmada por varios milagros eucarísticos que, ante las dudas del sacerdote celebrante u otras circunstancias, las especies sacramentales se convirtieron en carne y sangre humana, como consta por los exámenes científicos realizados en los milagros de Lanciano, Casia y otros.



 

miércoles, 15 de abril de 2015

¿Son necesarios los Sacramentos? (Tema actual)

¿Son necesarios los Sacramentos?
Resumen de los fundamentos sacramentales
Cada sacramento corresponde a todos los momentos y etapas importantes de la vida cristiana


Por: Miguel Ángel García Iglesias | Fuente: Cristiandad.org



Los sacramentos son SIGNOS eficaces de la gracia, que han sido instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por ellos alcanzamos la vida eterna.

Los ritos con los cuales celebramos el sacramento nos sirven para identificar la gracia que por medio de cada sacramento recibimos, ésta gracia es la misma del Espíritu Santo.

Los sacramentos suponen Fe, la fortalecen, alimentan y son un medio por el cual esta misma Fe se expresa. Ellos son necesarios para la salvación de cada uno de nosotros.

Los sacramentos de la Iglesia Católica son 7: Bautismo, Confirmación, Eucaristía (iniciación cristiana), Penitencia, Unción de Enfermos (curación), Orden Sacerdotal y Matrimonio (servicio a la comunidad). Cada sacramento corresponde a todos los momentos y etapas importantes de la vida cristiana. Los 3 primeros o de iniciación nos sirven para fundamentar nuestra vida cristiana.

1)Comenzar una nueva vida = Bautismo
2)Afianzar esa nueva vida = Confirmación
3)Alimentarnos para ser verdaderos discípulos = Eucaristía

El BAUTISMO es el fundamento de la vida cristiana, es la puerta a la vida espiritual y a los demás sacramentos. Por él somos liberados del pecado, nacemos a una vida nueva ( hijos de Dios ), somos miembros del cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia y nos convertimos en sacerdotes, profetas y reyes.

Bautismo significa sumergir, es decir, con este sacramento somos sepultados con Cristo y resucitados con él, con el renacemos por el agua y del espíritu para entrar en el reino de Dios (Jn 3,5 ).

Este sacramento imprime carácter, es decir, por él somos consagrados al culto de la religión cristiana católica, por lo tanto, sólo puede ser administrado una vez.

Algunas citas que avalan este sacramento (Mt 3,6.11.15.16; 28,19; Mc 10,38;16,15-16; Jn 1,33; 19,34; Hch 2,38; 8,35; 10,44-48; Rm 6,1-11).

La CONFIRMACIÓN es un sacramento que perfecciona la gracia recibida en el bautismo, por él recibimos al Espíritu Santo y fortalecemos los dones recibidos en el Bautismo. Tan bien imprime carácter y, por lo tanto, se administra una vez; esto se hace cuando el bautizado tiene uso de razón.

Este sacramento sólo lo administra el Obispo o algún delegado, en él renovamos nuestros compromisos bautismales. El principal texto que avala este sacramento es Hch 8,14-17.

La EUCARISTIA es "el sacramento de sacramentos", entorno gira la vida cristiana, es el corazón y cúlmen de toda la vida de la Iglesia. Es el memorial de la Pascua de Cristo, de la obra de salvación realizada por la vida, muerte y resurrección de Jesús; por medio de ellos los cristianos nos hacemos participes del sacrificio de alabanza y de acción de gracias que hace Cristo al Padre, es decir, Cristo es quien se ofrece y celebra esta alianza nueva y eterna, bajo las especies de vino y de pan. La Eucaristía es también ofrecida es también ofrecida para reparar nuestras fallas y la de los difuntos.

Al participar de ella dignamente reforzamos nuestra unidad con Jesús y fortalecemos al Cuerpo de Cristo: la Iglesia. Otros nombres que recibe son Cena del Señor, Fracción del Pan, Santa Misa, Asamblea Eucarística, Santo Sacrificio.

La celebración Eucarística comprende:

Ritos iniciales
Liturgia de la Palabra
Liturgia Eucarística
Santa Comunión
Despedida

Textos: Ex 12,1-15; Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,19-20; ICor 11,23-33; Jn 6,51-56.

La PENITENCIA es el sacramento por medio del cual nos reconciliamos con Dios y nos volvemos a unir al cuerpo de la Iglesia, ya que por el pecado rompemos la comunión con él. Para celebrarlo correctamente tenemos que seguir 5 pasos:

a) Examen de conciencia
b) Dolor de corazón
c) Propósito de enmienda
d) Decir los pecados al confesor
e) Cumplir la penitencia para reparar el daño causado por los pecados.

Los efectos que nos regala el sacramento son: Reconciliación con Dios, recuperación de la gracia, remisión por la pena merecida por los pecados, la paz y la serenidad de conciencia, el consuelo espiritual y el aumento de fuerzas para luchar contra el pecado. Sólo mediante la confesión y la absolución nos reconciliamos con Dios. El texto que nos muestra la institución de este sacramento es Jn 20,22-23.

La UNCIÓN DE LOS ENFERMOS tiene como finalidad conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades de una enfermedad grave o de la vejez; se puede recibir cada vez que sea necesario. Las gracias recibidas por este sacramento son: la unión del enfermo a la pasión de Cristo, para su bien y el de la Iglesia; el consuelo, la paz y el animo para soportar los sufrimientos. Ver St 5,14-15.

El sacramento del ORDEN tiene su fundamento en la participación del sacerdocio común recibido en el bautismo. Es un ministerio para servir en nombre y representación de Cristo a una comunidad. Existen 3 grados: Episcopal, Presbiteral y Diaconal; sin la presencia de los ministros no se puede hablar de Iglesia.

Este sacramento es conferido por la imposición de las manos seguido de una oración consacratoria solemne en donde se le pide a Dios las gracias del Espíritu Santo requeridas para el ministerio. La ordenación imprime carácter. Sólo los varones bautizados pueden ordenarse. Los textos base Hb 5,1; 7,11; Sal 110; Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22, 19-20.

UNCIÓN DE ENFERMOS. La enfermedad es un momento crítico en la vida de todo ser humano, el dolor que muchas veces viene a debilitar la mente y viene a continuación la desconfianza en uno mismo, y los demás y ¿por qué no decirlo?, la desconfianza en Dios. En un momento crítico Job dijo: "¿Por qué al salir del vientre de mi madre no morí y no perecí al salir de las entrañas?" (Jb 3,11). El enfermo llega a sentirse una "carga" para su familia; por eso debe ser ayudado por la comunidad por medio del sacramento de la unción de los enfermos. Jesús de hace presente junto a la cama del enfermo para fortalecerlo, para consolarlo, para curarlo.

Algunas personas dicen "Dios me mandó esta enfermedad". Pero esto es incorrecto: Dios no manda enfermedades. En el Evangelio muestra a Dios como un "papá" bueno. La enfermedad es le mal del mundo que se nos acerca; y en ese mal momento, el Señor está junto a sus hijos para fortalecerlos y ayudarlos a enfrentarse al mal.

Isaías ( el profeta ) expone las señales de las manifestación de Jesús: "Los ciegos ven, los cojos caminan, los sordos pueden oír" (Is 35,5-6). Cuando Jesús se presentó en la sinagoga, aseguró que "venía para curar los corazones oprimidos, para romper las cadenas" (Lc. 4,18-19). La presencia de Dios junto a nosotros es para luchar contra el mal.

Jesús exige fe a las personas que se acercan a él. En Mt encontramos el caso de un capitán que va a Jesús a pedir por su sirviente, que está gravísimo. Jesús le responde en una forma bastante rara: "Vete a tu casa y que se haga conforme a tu fe", puso una prueba de fe y la supero. (Mt 8,13). En Mc. Jesús baja de Monte Tabor, acompañado de tres apóstoles, y se encuentra con que los demás discípulos están en apuros: un papá les levó a su hijo epiléptico para que lo curaran, y los discípulos no lo pudieron curarlo. El papá enojado le dice a Jesús "Lo traje a tus discípulos y ellos no han podido". Jesús los reprochó diciéndoles: "Gente sin fe ¿hasta cuándo tendré que estar con ustedes?". El hombre le dijo a Jesús: "Si quieres, tu puedes sanarlo". Jesús le dijo: "¿Cómo que si puedo? Todo es posible al que tiene fe". Aquel hombre dijo: "Señor yo creo; ayúdame a creer". Es lo que debemos pedir a Dios: que nos ayude a creer.

Jesús quiso perpetuar su ministerio de sanación por medio de los discípulos "Sanen a los enfermos que haya y díganles: El reino de Dios está ya cerca de ustedes"(Lc,10). Jesús les dio un mandato expreso no fue un consejo. Mc "Salieron a predicar la conversión, sacaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban"(Mc 6,12). Santiago tiene un texto más específico, que la Iglesia lo ha insertado en el rito de la unción de enfermos "Si alguno esta enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y, en el nombre del Señor, le unjan con óleo, y cuando oren con fe, el enfermo sanará y si ha cometido pecados, le serán perdonados" (St. 5,13-15). Antes se le llamaba extremaunción.

Algunas personas, muy equivocadamente, en estos momentos críticos de los enfermos, dicen: "No llamen al padre porque va asustar el enfermo". Prejuicio sin sentido cristiano. Muchos por este prejuicio han dejado morir a sus enfermos sin el consuelo y los efectos de la oración de la fe. Hay que recordar que no hay que esperar a que llegue el sacerdote para orar por el enfermo, todo cristiano debe recordar que él mismo pertenece al pueblo de sacerdotes, que su oración en familia es de valor incalculable par la salud espiritual y física del enfermo.

ORDEN SACERDOTAL. Muchos cristianos ignoran que ellos también son sacerdotes; tal ves no han meditado detenidamente la primera carta de San Pedro: "Ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del Rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios, y esto es así para que anuncien las maravillas de Dios. El cual nos llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa" (1P 2,9). Dice Pedro que somos un "pueblo de sacerdotes". Sacerdote es quien esta consagrado para ofrecer sacrificios a Dios. ¿Cómo es que yo, soy sacerdote si no ofrezco sacrificios? Todo cristiano ofrece a Dios todas sus cosas; por eso pertenece a un pueblo de sacerdotes. San Pablo describió la Iglesia como un "cuerpo" del cual Jesús es la cabeza. En ese cuerpo todos tenemos distintos ministerios, encargos, oficios y dones. En la Iglesia todos "participamos" del sacerdocio de Jesús, que es el sumo y eterno sacerdote del N. T.

En este cuerpo místico de Jesús unos han sido específicamente "consagrados" para servir a la comunidad como sacerdotes; a estos se le llama el SACERDOCIO MINISTERIAL; los demás fieles tienen el "sacerdocio común". Todos somos sacerdotes.

San Lc. dice que Jesús pasó toda una noche en oración y que, al día siguiente, de entre todos los discípulos escogió a sólo doce (Lc 6,16-13). Estos lo siguen a todas partes, aprenden su doctrina, hasta sus gestos, para quedarse en lugar de él cuando Jesús ya no esté físicamente en el mundo. A ellos les da poderes especiales. "Reunió a los doce y les dio poder de expulsar toda clase de demonios y de curar enfermedades; los envió a anunciar el reino de Dios y a sanar enfermos" (Lc. 9,1). Mt. dice: "Todo lo que aten en la tierra será atado en el cielo y los que ustedes desaten en la tierra, será desatado en el cielo". Los términos de "atar y desatar", el el vocabulario de los judíos rabinos, equivalía a "prohibir o permitir". En la última cena sólo estaban los doce apóstoles, y sólo a ellos Jesús les ordeno: "Hagan esto en memoria mía". Jesús hacia referencia a "consagrar el pan y el vino". Después de la resurrección, se les apareció a los doce y les dijo: "A quines ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar" (Jn 20,23). Jesús explico a los doce: "Como el Padre me envió, así los envió Yo a ustedes".

Los apóstoles hicieron partícipes a otros del sacerdocio que ellos habían recibido de Jesús. Por que sabían que ellos no eran eternos, comenzaron hacer los mismo que Jesús había hecho con ellos. En Hch. 14 los apóstoles están designando "presbíteros" en varias Iglesias. Presbítero se llama el sacerdote. San Pablo les da algunos consejos (1P 5). También se indica como Pablo impone las manos a Timoteo y lo nombra presbítero de Creta.

El sacerdote es un hombre entre los hombres (Cfr. Heb 5); un día sintió que el Señor lo llamaba a su servicio, entonces acudió a un Seminario para meditar si de veras el llamado era de Dios; también para que sus superiores, maestros los observaran, y un día lo pudieran presentar al Obispo para que fuera ordenado sacerdote.

En la Iglesia católica se continúa la tradición de los primeros cristianos: es un Obispo, sucesor de los apóstoles, el que "impone la manos", símbolo del poder al que va ser ordenado de sacerdote; también se le entrega una patena, un cáliz y los ornamentos sagrados, puntualizando que su misión será "presentar" ofrendas, pan y vino, en nombre de todo el pueblo. También se le ungen las manos porque van a servir a la comunidad, y le repite las mismas palabras de Jesús a los doce: "A quines ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar" (Jn 20,23). Se le entrega la Biblia por que es enviado a proclamar la Buena Noticia. El verdadero sentido de su ministerio es ser un instrumento de Dios; por eso San Agustín decía: "Cuando el sacerdote bautiza, es Cristo quien bautiza por medio de él"; nosotros podemos añadir: "cuando el sacerdote celebra misa, es otro Jesús que vuelve a consagrar el pan y le vino para darlo a los fieles en alimento. Cuando el sacerdote confiesa, es Jesús que vuelve a levantar la mano par perdonar los pecados; cuando el sacerdote predica, es Jesús quien quiere servirse de ese instrumento para hacer llegar su palabra viva a la comunidad". No hay que entender que el sacerdote sea un ángel. Es un hombre entre los hombres. El sacerdote se le ha llamado "otro Cristo"; no porque sea un santo, sino porque esencialmente es un instrumento de Dios para llevarnos a Dios.

El MATRIMONIO es el sacramento en el que un varón y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida. Simboliza la unión de Cristo con la Iglesia. Otorga a los esposos la gracia de amarse igual que Jesucristo ama a la Iglesia, es decir, este sacramento perfecciona el amor humano y la gracia que procede de él reafirma su indisolubilidad y santifica el camino de la vida eterna. Su celebración debe ser pública. Sus propiedades son: la unidad, la indisolubilidad, y la apertura a la fecundidad.

Algunos textos son: Gn 1,27-28; 2,18-25; Mt 19,1-9; Mc 10,1-12; Lc 16,18; Jn 2,1-10; Ef 5,25-32 y ICor 7,1-ss.
Con frecuencia se escucha la broma de algunos que dicen que el matrimonio es como la "Divina Comedia" al revés. La Divina Comedia del poeta Dante tiene tres partes: infierno, purgatorio y cielo. Los bromistas afirman que el matrimonio comienza con un cielo, sigue un purgatorio y termina en un infierno. Esta broma denota algo trágico que está minando nuestra sociedad: la crisis en los matrimonios, que está dando por resultado un sinnúmero de personas frustradas y de hijos con serios traumas.

En el primer cap. del Gén, la Biblia nos dice cómo Dios creó al hombre; pero, apesar que lo rodeaban muchas cosas, había soledad en su corazón. "No está bien que el hombre esté sólo" -Dijo Dios-; y le regaló una compañera. Según las palabras de la Biblia, para que fuera una "ayuda adecuada". Vibró entonces el primer poema de amor en el mundo; Adán exclamó: "¡Esta sí que es carne de mi carne!". Añade la Biblia: "Hombre y mujer los creó; los bendijo y les dijo: Crezcan y multiplínquense". "Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y formar con ella un solo ser" (Cfr. Gén 1,27-28; 2, 18-24). Con esto nos revela la igualdad en la dignidad que tiene el hombre y la mujer y la complementariedad que hay entre ellos. La unión varón/mujer tiene los siguiente elementos:

Gn 1-2.
1º Ambos aparecen como creados a imagen de Dios Gn 1,27.
2º Aparecen como complemento uno del otro. Gn 2,21. (Se´la, costilla, parte, lado).
3º Aparecen en unidad perfecta. Gn 2,24. una sola carne (basar -sentido físico = amor conyugal. -sentido moral = unidad de voluntad y pensamiento).
4º La relación varón/mujer aparece más fuerte que la de padre/hijo, hermana/hermano. Gn 2,,24.
5º Aparecen en perfecto entendimiento. Gn 2,25. Había equilibrio emocional.
6º Ambos reciben la misión de dominar la creación. Gn 1,28.

Conclusión:
* Hombre/mujer tienen la misma identidad e igualdad de naturaleza.
* Se afirma implícitamente la monogamia y la indisolubilidad del matrimonio.
* Se excluye la poligamia y el divorcio.

Cuando la Iglesia celebra un matrimonio, pretende repetir la escena bíblica de la bendición de Dios para el hombre y la mujer. E/P: Cuando el sacerdote tiene en el altar un panecillo de harina -la hostia-; y llega el momento de la consagración, el sacerdote repite las mismas palabras de Jesús en la última cena; entonces el pan queda consagrado: es el cuerpo de Jesús. Con nuestra fe así lo creemos. Los novios llegan al pie del altar, hacen su voto matrimonial ante Dios, y, en ese momento, se convierten en "algo sagrado"; han consagrado su amor el uno al otro ante Dios para toda la vida. Por eso afirmamos que el matrimonio es un sacramento; la repetición de lo que Dios consagró en el principio.

El matrimonio, querido por Dios desde la creación del hombre, adquiere con la venida de Cristo, una elevación sobrenatural, fuente de grandes bendiciones. La máxima novedad del matrimonio cristiano, consiste en que la unión conyugal entre los bautizados representa la unión de Cristo con la Iglesia.

Hay algo particular en este sacramento con respecto a los demás. En el bautismo el ministro es un sacerdote, en la eucaristía es un sacerdote como en la reconciliación. En el matrimonio los ministros del sacramento son los novios. Son ellos los que "se casan"; el sacerdote no los casa; el sacerdote únicamente es representante de la Iglesia, un testigo. El compromiso se verifica de una manera muy sencilla, por medio de unas palabras un "SI", que ellos han venido repitiendo el uno al otro muchas veces.

En el Cap. 19, 1-9 de Mt. se conserva una curiosa entrevista que los fariseos la hicieron a Jesús acerca del divorcio "¿Puede uno separarse de su mujer por cualquier motivo? . Jesús se remite a Gén 1-2 (voluntad de Dios). Y les hace ver que Moisés se había visto presionado por las circunstancias de la época para conceder el divorcio (es decir por la dureza de corazón Esklerocardia = Esclerocardía); por la incapacidad de comprender los mandatos de Dios y la docilidad a la voluntad de Dios. Por que en los planes de Dios, el divorcio no entraba. Jesús hace su propio comentario "Por lo tanto lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". (Mt 9,6).

Para llegar al sacramento del matrimonio debe existir la base de un serio, período de conocimiento mutuo de los novios y de reflexión delante de Dios. Es muy importante que los novios tengan los mismo ideales (un mismo pensar y un mismo sentir 1P 3,8,9) sociales y los mismos sentimientos religiosos, porque muchas veces estas diferencias (entre otras) son causa de rupturas. Cuanto más desigualdad hay entre futuros esposos, tanto más hay que prolongar el noviazgo para acortar distancias. Hay que saber morir al propio egoísmo, saber perdonar día a día y no ir archivando en los profundo de lo subconsciente todo un sinnúmero de páginas negras y de malos recuerdos, que impiden amar y alejan a marido y mujer. Las relaciones sexuales durante el noviazgo son malas y dejan a los novios cada vez más frustrados, porque el estado provisional, pasajero en que viven no admiten de por sí una entrega total de persona a persona. Entregarse sin reserva quiere decir darse para siempre; y esto no se puede dar en el noviazgo. Como dijo Jesús "No se puede construir una casa sobre arena, sino sobre roca", es decir sobre sus mandamientos, su palabra.

Hoy en la actualidad se habla de la planificación familiar, debido a la explosión demográfica. Pero no todos le dan un mismo significado. En la mayoría de los casos lo que se busca es limitar el aumento de la población sin importar el cómo. La Iglesia promueve la planificación familiar usando métodos aprobados por la misma; el más conocido es el Método Billings. Los papás deben sentirse responsables de los hijos que traen al mundo, dándoles alimentación y educación adecuada.

Por ser el matrimonio indisoluble, no se admite el divorcio. Pero dadas las circunstancias graves, es posible, y a veces aconsejable, la separación. Naturalmente, los esposos bien casados, que viven separados, no pueden volverse a casar, mientras uno de ellos viva. La Iglesia ha estado siempre persuadida de que, conforme a la Palabra del Señor (Mt 19,6), no tiene poder para disolver el matrimonio correctamente celebrado.

Es distinto el caso cuando declara "nulo" el matrimonio. Es decir, después de estudiarlo bien, declara que realmente no hubo el matrimonio por alguna falla grave. Así es que disuelve un matrimonio (aparente) cuando una de las partes tenga los votos solemnes en una orden religiosa o sea sacerdote no se realizó matrimonio. La Iglesia disuelve también el matrimonio contraído entre dos no bautizados, cuando uno de ellos se convierte y se hace bautizar. Si para este último es problema vivir su nueva fe, le anula el anterior matrimonio y lo faculta para volverse a casar.

martes, 24 de marzo de 2015

Basta una cebolla (Tema actual)

Basta una cebolla
¿Conocen ustedes la fábula rusa de la cebolla? Cuentan los viejos cronicones ortodoxos que...


Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para vivir



¿Conocen ustedes la fábula rusa de la cebolla? Cuentan los viejos cronicones ortodoxos que un día se murió una mujer que no había hecho en toda su vida otra cosa que odiar a cuantos la rodeaban. Y que su pobre ángel de la guarda estaba consternado porque los demonios, sin esperar siquiera al juicio final, la habían arrojado a un lago de fuego en el que esperaban todas aquellas almas que estaban como predestinadas al infierno. ¿Cómo salvar a su protegida? ¿Qué argumentos presentar en el juicio que inclinasen la balanza hacia la salvación?

El ángel buscaba y rebuscaba en la vida de su protegida y no encontraba nada que llevar a su argumentación. Hasta que, por fin, rebuscando y rebuscando se acordó de que un día había dado una cebolla a un pobre. Y así se lo dijo a Dios, cuando empezaba el juicio. Y Dios le dijo: "Muy bien, busca esa cebolla, dile que se agarre a ella y, si así sale del lago, será salvada."

Voló precipitadamente el ángel, tendió a la mujer la vieja cebolla y ella se agarró a la planta con todas sus fuerzas. Y comenzó a salir a flote. Tiraba el ángel con toda delicadeza, no fuera su rabo a romperse. Y la mujer salía, salía. Pero fue entonces cuando otras almas, que también yacían en el lago, lo vieron. Y se agarraron a la mujer, a sus faldas, a sus piernas y brazos, y todas las almas salían, salían.

Pero a esta mujer, que nunca había sabido amar, comenzó a entrarle miedo, pensó que la cebolla no resistiría tanto peso y comenzó a patalear para liberarse de aquella carga inoportuna. Y, en sus esfuerzos, la cebolla se rompió. Y la mujer fue condenada.

Sí, basta una cebolla para salvar al mundo entero. Siempre que no la rompamos pataleando para salvarnos nosotros solitos.

viernes, 9 de enero de 2015

La vida cristiana como Epifanía (Temas actuales)

La vida cristiana como Epifanía
La vida cristiana como Epifanía
Epifanía es la liturgia y la vida cristiana


Por: Ramiro Pellitero | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es



En uno de sus libros evoca el cardenal Ravasi lo sucedido en el año 614, cuando el rey persa Cosroes cercó la basílica de Belén, que encierra en su cripta la gruta del Nacimiento, construida por Elena, madre de Constantino en el 330. Al ver en el frontal una representación de los Reyes Magos caracterizados como persas, desistió de su empeño. Y así los Magos salvaron la gruta.

Predicaba Benedicto XVI, en la Epifanía de 2012, que los Magos, por su corazón inquieto, vigilante y valiente fueron capaces no sólo de seguir la estrella sino de iluminar, con su actitud, el camino de los hombres hacia Cristo.

En la misma línea, el Papa Francisco, en su homilía de Epifanía dijo que el ejemplo de los Magos "nos ayuda a levantar la mirada hacia la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de ´pequeño cabotaje´, sino a dejarnos atraer siempre por lo que es bueno, verdadero, bello… por Dios, ¡que todo esto lo es de modo cada vez más grande!" (Homilía 6-I-2013). Para ello, y de acuerdo con la tradición cristiana, nos ha aconsejado contemplar "dos libros": el del Evangelio (escucharlo, leerlo y meditarlo) y el de la creación (el mundo creado por Dios y los acontecimientos de nuestra vida).

En otras ocasiones, reflexionando sobre las actitudes de los Magos, el Papa Ratzinger ponía de relieve la conexión entre la humildad, la adoración y la sabiduría.


El relato de la Epifanía

1. ¿Cuál es el significado de la Epifanía? En su libro sobre la Infancia de Jesucristo, dejando las elucubraciones científicas a los astrónomos, señala Joseph Ratzinger algunos puntos interesantes en el relato de los Evangelios sobre la Epifanía. Al ver la estrella los Magos se pusieron en camino. El cosmos habla de Cristo (aunque con frecuencia el hombre no sepa descifrarlo o se encierre en él y lo manipule); suscita la cuestión del Creador, la esperanza de su manifestación y la conciencia de que podemos y debemos salir a su encuentro. El relato nos habla, a la vez, de la insuficiencia de la ciencia y de la necesidad de la Sagrada Escritura, que comienza desmitificando a los astros (considerados antiguamente como divinidades) llamando al sol y a la luna "lumbreras" de la creación (cf. Gn 1, 16s). "Es el Niño el que guía la estrella" y no al contrario, decía Benedicto XVI.

También el relato de los Evangelios sobre los Magos sugiere el "misterio de la cruz", al preguntar por el "rey de los judíos" (cf. Mt 2, 2), inscripción que mandó poner Pilatos sobre Jesús crucificado, que declaraba con verdad la realeza de Jesús no sólo sobre los judíos sino sobre la humanidad.

La estrella que guía a los magos es, en palabras del Papa, "una estrella de esperanza". Y esa estrella, a la vez que ilumina, hace capaces, a los que se dejan iluminar por ella, de iluminar a otros. Ilumina acerca del poder de lo pequeño (un niño, unos pastores, un pequeño lugar…). Atrae hacia el amor y la ternura de ese pastor que nace en Belén (cf. Mt 2, 6).


La Epifanía en el Antiguo y en el Nuevo Testamento

2. Todo esto requiere de nuestra parte, ante todo –como señalaba Guardini en una de sus homilías– "saber mirar". En las bienaventuranzas se dice que los "limpios de corazón" son los que pueden ver a Dios (cf. Mat 5, 8). Y estos limpios son los que buscan la santidad. Requiere, al mismo tiempo, que sepamos vivir el misterio de la Epifanía a partir de su celebración en la liturgia cristiana.

El mismo Guardini dedicó, ya antes del Concilio Vaticano II, un ensayo sobre la relación entre la epifanía y la liturgia (La experiencia religiosa y la epifanía, recogido en su libro El talante simbólico de la liturgia, CPL, Barcelona 2001, pp. 22 ss.). Ahí muestra cómo, en el Antiguo Testamento, Epifanía es la manifestación de Dios, que se hace visible, por ejemplo, en la zarza ardiente a Moisés, audible en la vocación de Samuel y manifiesta su poder en muchos acontecimientos portentosos. Son Epifanías estos sucesos extraordinarios, pero Dios está presente y actúa igualmente, como testifican los salmos, tanto en la doctrina y en el culto como en toda la vida del Pueblo y de cada persona.

En el Nuevo Testamento, la Epifanía se hace plena en Cristo, que fue visto por los apóstoles, que también lo oyeron y tocaron. Y de tal manera era su plenitud que lo que en Cristo se manifestaba (en su rostro y su Palabra, su figura y sus acciones), traslucía la presencia y la acción del Dios vivo ("El que me ha visto, ha visto al Padre": Jn 14, 9). Solo posteriormente vendrán los conceptos teológicos a elaborar, interpretar y aclarar el significado de esa Epifanía.

Si esto es así, si la Epifanía es algo esencial a Cristo y a su misión –argumenta Guardini– deberá darse también en los cristianos. ¿Cómo y dónde? Cristo ha prometido que estará con nosotros hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20), sobre todo por medio de la acción del Espíritu Santo (cf. Jn 16, 14). Así se cumple a partir de san Esteban (los que lo vieron intuyeron en su rostro algo divino, y en sus palabras resonaron las de Cristo en la cruz: cf. Hch 6, 15; 7, 59). San Pablo, que estaba allí, dará luego una explicación, teniendo en cuenta su propia experiencia camino de Damasco: Cristo vive en los cristianos, en cada uno (cf. Ga 2, 20). San Pedro impresionará no solo por el contenido de sus palabras sino por su poder que acompaña sus palabras con los milagros que realiza (cf. Hch 2, 37).

¿No es esto –se pregunta Guardini– lo que se hace manifiesto en los santos? Así es, se responde, y Dios se sigue manifestando de muchos modos, incluso en los acontecimientos más sencillos. Pone el ejemplo de San Agustín, que se le quitó un fuerte dolor de muelas por la oración de sus amigos (cf. Confesiones 9, 14, 12). Todo ello es Epifanía, "signo, manifestación de la gloria invisible en la materia de la existencia", que se produce cuando Dios quiere ante los ojos del que está bien dispuesto para creer.


Epifanía es la liturgia y la vida cristiana

3. Pues bien, concluye el teólogo ítalo-alemán, la Epifanía es una ley de la liturgia y de la vida cristiana, especialmente a partir de las celebraciones sacramentales. Ahí se emplean signos que apelan a los sentidos; no solo a los sentidos externos sino a todos los sentidos humanos (los escolásticos hablaban de sentidos internos: la imaginación, la memoria, el sentido común y la estimativa o cogitativa, que viene a ser como el sentido del riesgo; son sentidos específicamente humanos, que conducen a lo espiritual).

A través de los gestos, palabras y actitudes de la liturgia, el hombre puede captar el "espíritu viviente", descubrir algo de la acción divina, y prepararse para la vida eterna definitiva. Por haber contemplado y hecho vida la liturgia y los sacramentos, el cristiano puede mostrar, en su conducta recta, un mundo que ha sido redimido por Cristo, "recreado" y santificado por Él. Y que ahora puede llegar a participar, con el hombre, de la imagen de Dios: manifestar su rostro, sus gestos, su Palabra. Esto –advierte Guardini– puede no ser fácil en un mundo que pierde la capacidad de contemplar, en el que nuestros sentidos están ocupados por tantas cosas que nos distraen; en el que hemos sustituido los símbolos y las imágenes por conceptos y máquinas, los manantiales por cañerías, el orden vital por un orden abstracto y utilitarista.

En consecuencia, escribía Guardini (¡en 1950!) necesitamos que se nos eduque en la liturgia, que aprendamos el significado de las formas no menos que las palabras. Pero vale la pena, porque en ello nos jugamos la verdad de la Encarnación y de la Resurrección de los cuerpos (la vida cristiana no es la de un espíritu separado del cuerpo). Todo ello es, sigue siendo actual, quizá más que cuando este autor lo escribió. Epifanía es manifestación de Cristo en la vida cristiana. Esta vida que, gracias a la celebración de los sacramentos, puede desarrollarse y comprenderse como una ofrenda y servicio a Dios, por medio de Cristo y del Espíritu Santo, y traducirse en ese servicio a los demás que se condensa en lo que el cristianismo llama caridad.

Enseñar y aprender, educar y vivir esto es el principal regalo de los Reyes. Y las familias tienen un papel central. "Pues si vosotros –dice el Evangelio según san Mateo– sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se lo pidan?" (Mt 7, 11).

Por eso cabe decir: los Reyes existen hoy, también a través de los padres y madres… (la costumbre española de regalar en la Epifanía). "El don de los dones es conocer a Cristo y amarle" (R. Guardini).

La estrella sigue resplandeciendo hoy, y continúa la manifestación del Salvador, particularmente a través de los cristianos.