Más de lo mismo. Mateo 7,12.
Comentario primero:
Domingo 26º del TO. Ciclo A (27.09.2026): Mateo 21,28-32.
El cuentaparábolas provocador. Lo medito y escribo CONTIGO,
Para este domingo, día 27 de septiembre, se nos propone la lectura de una nueva parábola en el texto de Mateo 21,28-32, la llamada ‘parábola de los dos hijos’. Si recuerdo bien, los dos domingos anteriores hemos leído, meditado y comentado dos parábolas de Jesús. Y les adelanto que en los dos domingos siguientes (días 4 y 11 de octubre) se nos leerán otras dos parábolas. Cinco en total y en cinco domingos seguidos. ¿Casualidad? ¿Programación precisa?
No puedo pensar que sea sólo una casualidad. Me digo que estos cinco domingos estamos de parábola en parábola sin atender demasiado a los distintos contextos en los que Mateo nos las dejó escritas en el ordenamiento de su narración sobre la persona de su Jesús de Nazaret. ¿Acaso es lo mismo contemplar a este Jesús en el camino que va desde Galilea a Jerusalén o dentro del Templo de esta ciudad donde se sabe espiado y perseguido?
En ninguna edición del Evangelio de Mateo el texto de 21,28-32 comienza con estas palabras que se nos leerán en este domingo del 27 de septiembre: “En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo”. No me hagan caso, pero no dejen de consultar el relato en su propia Biblia. Creo que merece la pena invertir tiempo en estas tareas.
Y ya que he propuesto este ejercicio me atrevo a sugerir que se lea, si se desea, Mateo 21,23-32 que comienza de esta manera tan sugerentemente provocativa: “Llegado Jesús al Templo, mientras enseñaba en él, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: ¿con qué autoridad haces todo cuanto has hecho en este Templo? ¿Quién te ha dado tal autoridad? Jesús les respondió: También yo os voy a preguntar una cosa... ¿el bautismo de Juan...”? (Mt 21,23-27). ¿Es ese el contexto en que debe leerse la parábola de los dos hijos? Sí.
En la meditación de esta parábola de los dos hijos se me despiertan los recuerdos de aquella parábola anterior de ‘los primeros y de los últimos’ en el trabajo por sembrar aquí eso que tanto se coloca en la boca y en las neuronas de Jesús: el reino, la viña del señor de la viña, valga la redundancia del sentido común. En el texto de nuestra parábola de ahora esta realidad del reino está presente en la pregunta central: “¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad del padre?” (Mt 21,31). Y también se trata de una viña, la viña del padre de la viña.
La viña del señor que es la viña del padre es el reino, el mismo reino del que se nos habló en el tercero de los discursos de este Jesús de Mateo, nuevo Moisés. Se le ha llamado el discurso de las parábolas del reino y se recordará que éstas fueron siete (Mateo 13): ¡La pizca de levadura!
También, una vez más, me dejo llevar por la melodía que este evangelizador Mateo nos dejó entre las neuronas como si se tratara de mantras humanizadores frente al poder de la tradición de las religiones: “Habéis oído que se dijo... En cambio yo os digo... Cuanto deseas que te hagan los demás, házselo a ellos. Esto que os digo, y no aquello que se os dijo, es toda la Ley y los Profetas” (primer discurso de Jesús en Mateo 5-7). Éste primer discurso de Jesús se proclamó en Galilea y para las gentes de Israel y de fuera de Israel. En cambio, la parábola de los dos hijos del padre de la viña se proclama en el Templo y para ¡desautorizar su autoridad!
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 27.09.2020. Y también en Madrid, 27.09.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12).
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 44ª página del Evangelio de Mateo 25,1-46.
El relato de Mateo 25,1-46 es la segunda parte del quinto discurso (Mt 24-25) que coloca este Evangelista en boca de su Jesús de Nazaret. Así lo adelantaba en el comentario anterior. Por esta razón se puede constatar que Mt 26,1 es una expresión, llamada catáfora, usada explícita y reiteradamente por su autor para marcar el final de cada uno de estos cinco discursos (Mt 7,28; 11,1; 13,53 y 19,1). Frente a la Ley de Moisés, la nueva Ley de Jesús. La alternativa.
En el texto se descubren con facilidad tres parábolas. Las tres muy conocidas. La parábola de las lámparas, encendidas o apagadas, es la primera (Mt 25,1-13). Con estas lámparas hay que ‘estar atentas y atentos’. Hay que impedir toda posible distracción, olvido o desinformación. La segunda parábola es, en apariencia, la de los talentos que se invierten para que rindan (Mt 25,14-30). En realidad, es la parábola del propietario aquel que, empapado por la confianza, decide repartir sus bienes, sus talentos, su patrimonio. La tercera parábola tiene todas las apariencias de un juicio (Mt 25,31-46). ¿Será la parábola del juicio final? La letra del texto no desautoriza tal interpretación. ¿Estamos ante el juicio que sólo admite, sin matices, que las personas seamos buenas o malas? ¿Y qué sucede con quienes a veces son más buenos que malos, sin dejar de ser lo uno y lo otro a partes desiguales? Del texto de esta tercera parábola me grita en mis adentros esta pregunta que brota de todos los vivientes: “Señor, ¿cuándo te vimos?...” (Mt 25,39 y 25,44).
Estas tres parábolas tienen como contexto un asunto muy explícito para el Evangelista y que nadie debemos olvidar: “Qué sucede con esto del Reino de los Cielos” (Mt 25,1 y 25,14). Se trata de un Reino o Reinado preparado desde el comienzo de todo, desde que el mundo es mundo (Mt 25,34). Y este Reino-Reinado, ¿no es el Reino-Reinado de las bienaventuranzas del discurso primero de este Jesús de Mateo?
¿Acaso no vino la Ley de Moisés y de su Yavé Dios para ser presencia viva de ese Reino-Reinado que se está preparando desde los orígenes? ¿Acaso no tiene todo viviente, todo hijo de hombre, lámpara y talento para despertar y cuidar la presencia de ese Reino-Reinado de los Cielos en la Tierra? ¿Acaso no ha vivido el hijo de hombre Jesús de Nazaret como lámpara encendida y talento invertido en sembrar y en enseñar a sembrar ese Reino-Reinado de los Cielos en su tierra de Galilea, de Israel y más allá de sus fronteras? ¿Acaso no ha venido ya?
¿Cuándo te vimos, cuándo te vimos...? Esa inquietadora pregunta para quienes piensan en el final empieza a tener su respuesta apropiada, al menos y así lo creo como leyente-oyente de este Jesús de Mateo, cuando acogemos la siembra -en nuestros adentros entrañables- de aquella semilla que se nos confía: Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. Ésta es toda la Ley y los Profetas (Mateo 7,12).
. ¿Quién llega para encender la lámpara? Él, tú, yo...: Cuanto deseas..., házselo a los demás.
. ¿Dónde invertir el talento? En ti, en él, en él...: Cuanto deseas..., házselo a los demás.
. ¿Cuándo te vimos? Cuanto deseas..., házselo a los demás. Así siempre... Y aquí.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 29.09.2019. Y también en Madrid, 27.09.2026.
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