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domingo, 30 de diciembre de 2018

Testimonio de un cura sexólico: "Hay esperanza para salir de este infierno" 28122018

"HAY SALIDA PARA LOS QUE ESTÁN ATRAPADOS", CUENTA EL BENEFICIADO DE 'SEXÓLICOS ANÓNIMOS'

Testimonio de un cura sexólico: "Hay esperanza para salir de este infierno"

"He dejado que la luz entre en mí y empiece a iluminar todo aquello que necesitaba ser sanado"
RD, 28 de diciembre de 2018 a las 20:13

Los curas y el sexo

Dios ha entrado en mi existencia de una forma distinta a como lo ha hecho la lujuria: siendo paciente, esperándome, queriéndome en cada momento, perdonándome
(RD).- No hay que avergonzarse de la adicción al sexo; se puede superar. Gracias a la ayuda de redes de apoyo como Sexólicos Anónimos, cuyo terapueta nos cuenta que gracias al "trabajo en grupo o fraternidad y el camino de los 12 pasos", estas personas pueden "salir del anonimato y el aislamiento en el que muchas viven y que en ocasiones puede ser caldo de cultivo de no pocos casos que vamos conociendo de abusos sexuales".
Existe la luz: testimonio de un cura sexólico
Cuántas veces he vivido creyendo que vivía en la luz, pero acostumbrándome en la práctica a alejarme de todo lo que ella quería iluminar. Criticaba a los demás por lo que hacían, me quejaba por cómo me sucedían los más simples acontecimientos, discutía continuamente con la gente, juzgaba a los demás, mentía asiduamente, hacía las cosas movido únicamente por el interés personal,... y en mi interior creía que era bueno, que hacía las cosas bien, que el problema lo tenían los demás, que todo lo hacían mal, que yo iba por buen camino, que no había mucho que cambiar en mí, y ante los demás fingía una falsa humildad: "todavía tengo que seguir creciendo", pero no había actos que demostraran tal cambio.
Mis tinieblas
Me llamo Aquiles y soy sexólico, y desde que supe que podía tener un problema me aferraba a mi aislamiento. No quería tocar aquellas cosas que habían sido dolorosas en mi pasado. Las saqué en momentos puntuales, cuando fue necesario hacer actos de gran sinceridad para dar pasos en mi opción de vida, pero no las quise trabajar a fondo.
Son mis heridas afectivas. Momentos de la infancia en los que fui maltratado y abusado por los mismos compañeros del colegio. Daba vergüenza contar esos hechos, quería que siguiesen en la oscuridad de mi silencio. No tenía confianza para decírselo a mis padres porque también ellos estaban enfrascados en una difícil situación matrimonial.
Así que todo se quedó dentro de mí para ir pudriéndose poco a poco. Con falta de comprensión y de confianza en el hogar, la violencia que respiraba en la tele y los videojuegos, y la ausencia de cariño y ternura, todo estaba preparado para explotar en la adolescencia.

Mi impotencia
Llegó la edad en que descubrí que la masturbación me daba lo que no tenía. Momentos de placer, de satisfacción, de autocomplacencia. Pero no me daba cuenta de que la buscaba huyendo de momentos de dolor en los que había sido castigado duramente por mis padres, en momentos de soledad, de aburrimiento, ...
Más tarde descubrí las revistas pornográficas; éstas suscitaban gran curiosidad en mí. Poco después el cine erótico en la televisión y cuando comenzó a utilizarse internet, mis padres me pusieron un ordenador en mi habitación. Fue la ocasión para perderme durante horas navegando en busca de un estímulo cada vez mayor. No era consciente de que no podía vivir ya cada día sin la pornografía y la masturbación. Las necesitaba a modo de droga. Cuando no las tenía, entraban en mí la ansiedad, la compulsión y la obsesión.
Mi desesperación
En un encuentro juvenil tuve una gran experiencia de Dios. Quería vivir con la alegría que veía en los demás y que yo no tenía. Me sentía que aparentaba ser feliz sin serlo por dentro. No sabía qué camino debía de tomar.
Siendo acompañado por un sacerdote, descubrí la vocación al sacerdocio. Experimentando gran alegría por el camino que había tomado también comenzó la gran lucha para intentar superar el problema que sufría. Conseguí atenuar y distanciar mis caídas, pero me daba cuenta que no tenía fuerzas para superar la tentación cuando ésta se presentaba.
Los consejos que recibía me parecían insuficientes porque no terminaban de ayudarme a superar la adicción. Un gran esfuerzo en los últimos cursos del seminario hizo que me creyera que ya estaba todo superado. Y así me ordenaron. Pero a los pocos meses de ordenado caí en lo que parecía que había quedado atrás definitivamente. La tristeza me embargó, la ansiedad, la sensación de vivir una doble vida me agobiaba por no ser capaz de vivir con coherencia, la oración se volvía insípida, buscaba hacer cosas que me llenaran, pero al final me planteé abandonar el sacerdocio; estaba vacío, roto, deshecho, ...
Mi búsqueda
En una peregrinación a un santuario mariano le pedí a la Virgen María que me ayudara a salir de la esclavitud de la lujuria. Me sentía como el zorro que ha quedado atrapado en una trampa.
Recibí misteriosamente fuerzas para emprender desesperadamente otra batalla antes de sucumbir. Empecé a buscar a personas que me pudieran echar una mano en esta difícil tarea de escapar de mi trampa. En esa búsqueda, la providencia del buen Dios me hizo conocer a una persona que trabaja de terapeuta sanando heridas, y al que me abrí por entero.
Aquello me ayudó mucho. No me daba cuenta de que estaba tratando de apartar el pico del iceberg para que no me molestara en mi paso por el lugar donde quería avanzar, pero sin tocar el iceberg que no se veía y que no me dejaba seguir: era mi pasado. Esta persona, llena de honestidad y honradez, me dijo que había un lugar que podía ofrecerme mucho más de lo que él me estaba dando.
La luz me visitó
Me habló de la fraternidad de Sexólicos Anónimos. Hombres y mujeres que comparten su mismo problema: la adicción al sexo en sus múltiples formas. Y juntos se ofrecen a sí mismos una recuperación real a su enfermedad viviendo en sobriedad; han aceptado que el sexo se les ha escapado de las manos y se abren para recibir ayuda de otros y, sobre todo, para dejar que Dios (como cada cual lo concibe) los sane desde la raíz.
Una vergüenza absurda
Sin decírselo abiertamente le ponía excusas para acudir pues me abrumaba el hecho de entrar en ese grupo por la vergüenza de ser sacerdote. Pero al ver que no podía hacer nada contra la adicción por mis solas fuerzas, acabé por aceptar su ofrecimiento. ¡Qué extraño!: tenía más vergüenza por conocer a gente que se estaba recuperando que por seguir anclado a la que me tenía esclavizado, y que podía hacer que en cualquier momento todo saliera a la luz con cualquier escándalo... ¡que paradójicas son las incongruencias de la enfermedad!
En mi admiración, me encontré a gente normal: jóvenes y adultos, hombres y mujeres que también han vivido el mismo calvario que yo y que pueden decir en sus reuniones que viven sobrios de la lujuria. No me he sentido extraño en ningún momento y el anonimato se respeta rigurosamente para que se dé un espacio seguro donde reine un clima de confianza y serenidad. Se reza, se asiste a reuniones y se trabajan doce pasos, acompañado por tu padrino, en un programa que quiere ir a la causa de nuestros males: el pasado, los traumas, los resentimientos, los miedos, los temores... Increíblemente se ofrecía una solución real para la lujuria.
Puedo vivir feliz
Puedo decir que es una solución real porque yo también estoy viviendo una sobriedad como nunca antes la había vivido. Dios y mis hermanos han hecho posible en mí lo que yo nunca he podido hacer con mis solas fuerzas.
He comprobado en mi vida que es cierto lo que se ofrece en SA. Hay esperanza para salir de este infierno. He dejado que la luz entre en mí y empiece a iluminar todo aquello que necesitaba ser sanado. Hay salida para los que están atrapados, existe la luz y está esperando entrar en las tinieblas de nuestra vida para curarlo todo.
Dios ha entrado en mi existencia de una forma distinta a como lo ha hecho la lujuria: siendo paciente, esperándome, queriéndome en cada momento, perdonándome. He podido experimentar un verdadero despertar espiritual. Me ha conquistado su amor que ha abrazado mi miseria. La seducción que utiliza la lujuria es distinta a la que utiliza Dios. La lujuria te lo da todo para después quitártelo todo. Dios lo pide todo para después regalártelo todo.

domingo, 20 de mayo de 2018

12 peligrosos presos arrodillados junto al sacerdote: la oración que produjo la curación de un joven 19052018


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El capellán cuenta cómo se produjo esta emotiva historia

12 peligrosos presos arrodillados junto al sacerdote: la oración que produjo la curación de un joven

12 peligrosos presos arrodillados junto al sacerdote: la oración que produjo la curación de un joven
Dios escucha la oración de aquellos que sufren, y obra milagros

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19 mayo 2018
Los presos son los miembros de la sociedad más olvidados, especialmente aquellos que cumplen sentencia en las cárceles de máxima seguridad por haber cometido terribles crímenes. Se piensa que no tienen nada que ofrecer. Sin embargo, doce presidiarios de Missouri, Estados Unidos, han demostrado que, aun habiendo realizado actos deplorables, pueden hacer cosas maravillosas.
Un día, según explica Catholic Digest, el padre Phil Luebbert, revestido para celebrar misa, habló a los presos congregados para la celebración: “Chicos, tengo malas noticias. Un joven ha tenido un accidente de coche muy grave. No hay esperanzas de que se recupere. Sé que rezáis mucho y con insistencia, así que quiero ofrecer esta misa por él”.


Padre Phil Luebbert
Había sido el diácono concelebrante quién, unos momentos antes, había hablado al sacerdote de este joven. “La familia del chico se ha rendido. Piensan que morirá”, le dijo al padre Luebbert. “Ya han empezado a hacer los preparativos del funeral”.

Una llamada tardía
Casi todos los miércoles, Luebbert celebra misa en el centro correccional Crossroads. Fue ordenado en 2006, a la avanzada edad de 60 años. Cuando fue enviado a su parroquia, en Missouri, se comprometió a seguir el ministerio que su predecesor realizaba en el correccional.

Luebbert ya conocía estos ambientes. En 1999, antes de ser sacerdote, había trabajado durante un año en un centro penitenciario. Esta experiencia le impactó, y le hizo darse cuenta de las necesidades espirituales que tenían los presos, especialmente los católicos por los Sacramentos.
Orando con los prisioneros
Luebbert miró a los 12 presos presos que se encontraban allí. “Por favor, ofreced vuestras mejores oraciones al Señor, y pedidle que ayude al joven a tener una oportunidad de recuperarse”. Todos los presidiarios asintieron solenmemente.
El padre Luebbert continuó con la misa. “Después de la Comunión, todos se arrodillaron, cerraron los ojos y comenzaron a rezar en silencio durante varios minutos”, recuerda Luebbert. “Había una unción tremenda”.
Para el sacerdote, aquellos doce hombres arrodillados eran una imagen de los Apóstoles. Pronto comenzó a notar que la oración surtía efecto. “Yo notaba en mi corazón como Jesús había escuchado la oración de estos hombres. Le había gustado, e iba a dar resultado”, rememora Luebbert.
Un poder inesperado
La oración de un criminal dista mucho de ser considerada como “eficaz”. ¿Cómo les va a escuchar Dios si han hechos malas acciones? La gente suele olvidar la Misericordia de Dios y el poder transformador de los Sacramentos de la Confesión y la Eucaristía.


Además, Dios escuha especialmente la oración de los que sufren, y no hay duda de que la mayoría de los presidiarios sufren mucho. Este sufrimiento se santifica cuando se une al de Cristo. “Este concepto se llama ‘sufrimiento de redención’ porque está unido al de Cristo”, explica Luebbert. “Por ello, la oración del que sufre es aún más potente si cabe”.
Semana tras semana
El siguiente miércoles, cuando el padre Luebbert fue a celebrar misa a la prisión, el diácono le recibió con buenas noticias. La condición del joven accidentado había mejorado de manera totalmente inesperada. Los doctores habían diagnosticado que había una ligera posibilidad de que el chico sobreviviera.
Los presos rezaron por él otra vez esa semana, y la siguiente, y la siguiente… Y cada semana les llegaban noticias de que el joven mejoraba. “Un día el diácono nos dijo que el joven iba a iniciar la terapia para volver a caminar”, recuerda Luebbert. “Al chico le quedarían secuelas para el resto de su vida, pero ya estaba casi completamente recuperado”.
Los internos se alegraron mucho. Sus oraciones habían ayudado al chico a recuperarse.
El padre Luebbert cree que fue un milagro. “Jesús ha escuchado la sincera oración de hombres internos en una prisión de máxima seguridad”, dice. “Esta ha sido una de las experiencias más maravillosas de mi servicio como sacerdote y de mi vida en general”.

jueves, 3 de agosto de 2017

La princesa de Dios

La princesa de Dios
Un impresionante testimonio de curación


Por: Vicky Patiño | Fuente: PadreSam.com 



Me ha tomado un tiempo decidirme en escribir, soy una persona muy reservada, pero un sacerdote muy querido me dijo un día, usted tiene que dar testimonio de lo que el Señor hace en su vida.
En el año 2014, en el mes de marzo, un domingo por la mañana, inicié con un dolor muy fuerte en la parte abdominal derecha, mi esposo que es médico me dijo“mañana debe realizarse un ultrasonido para revisar la vesícula”, pero no hice caso y me fui a trabajar, el dolor no aminoraba y el día miércoles decidí realizarme el ultrasonido con una doctora que tiene un muy especial carisma para tratar a sus pacientes. Recuerdo que ella me dijo: “esto no le debe de doler” y le pregunté qué cosa. La doctora. no quería decirme hasta que estuviera el informe, pero como soy muy necia le insistí y me dijo que tenia un nódulo en el hígado, cuando ella me dijo eso yo sabia lo que podía estar pasando, salgo del consultorio para esperar el resultado, mi mamá y mi hijo que en ese tiempo tenía 5 años  me estaban esperando afuera pero no soporté y lloré, pensaba que si moría mi hijo cómo quedaría.
Por la tarde visitamos un compañero de mi esposo y me mando a realizarme exámenes especiales (como el Marcador Tumoral CA 19-9), me realice el examen y recuerdo que el día sábado lo entregaban. Mi esposo se bajó a traerlo y cuando se subió al carro le miré la cara desencajada, él me dijo “vamos donde un amigo” que también es médico y me platicaron con mucho cariño que según todos los exámenes realizados indicaban que tenia Cáncer.
Esa tarde fue muy difícil, lloré como nunca lo había hecho y le comunicamos a mi familia. El domingo, mi esposo me dice “iremos a misa a Los Dolores”, recuerdo que la segunda Lectura en la eucaristía fue de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos:“¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?. Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”.
La homilía de ese día la sentí que era para mí, era Dios hablándome a través de su siervo, el Padre Alex Franklin. Era la preparación para iniciar un camino de sanación y de misericordia.

Esa misma semana, mi esposo me llevó a la Casa de la Virgen de la Renovación Carismática Católica, hablé con una hermana que ha luchado con múltiples cáncer, una mujer llena de paz, de fortaleza; oraron por mí, ese día le di gracias al Señor por mi enfermedad, por lo que estaba pasando.
Durante el año 2015 fue de control, de tomografías, de ultrasonidos, de Marcador Tumoral, etc. No negaré que hubo días difíciles, especialmente cuando me entregaban el Marcador tumoral, pero mi esposo siempre me decía “el Señor tiene un propósito”, tengamos fe, él siempre me animaba, además que tenia que aguantar una canción de Martin Valverde que la escuchaba hasta que me sentía mejor, esta canción es muy especial para mí porque me ha acompañado “Cuando débil soy”.
Sanación
En la universidad (donde trabajo) siempre realizan retiros nacionales e invitaron al Padre Joselito. Para finalizar el retiro, el Santísimo fue expuesto e inició una oración de sanación, me puse de rodillas y le empecé a pedir al Señor que si era su voluntad que me sanara, sentí un viento fuerte que me empujaba y al final sentí una paz inmensa, como que me hubieran quitado todo el peso que estaba cargando, regresamos a casa y mi esposo sin saber me dice: “no vamos a salir corriendo a hacerte los exámenes, los haremos cuando correspondan”, y dentro de mí dije: “pero quería hacérmelos”… me hice los exámenes cuando correspondían y me volvieron a salir alterados, fue duro pero mi esposo me dijo: “el Señor quiere sanar lo principal tu alma, recuerda que el tiene un propósito”. Somos seres humanos y no había comprendido que la sanación que el Señor Jesús me había regalado ese día era en mi interior, y solo me enfoqué en que ese nódulo ya no estuviera.
Fui remitida con un Oncólogo Clínico, con mi esposo orábamos pidiendo que nos pusiera al médico indicado, me remitieron con el Dr. Flores Conde, el día que tenía la cita,  entré a su consultorio y lo primero que vi fue la bendición Papal, me lleno de confianza un médico que tiene a Dios y a nuestra Madre en su corazón, al conocer su consultorio (el tiene bastantes Santos en la cabecera de la camilla), me sentía más cuidada, más consentida, más amada.


El Dr. Flores Conde en noviembre del 2016 decide remitirme para realizar un procedimiento, le dije a mi esposo “pasaremos Adviento y Navidad en familia, tranquilos, y en enero hablamos”.
En enero me hice la desentendida pero es que realidad no quería, teníamos temor de que fuera efecto panal, que se propagara, y oramos con mi esposo para que el Señor y nuestra Madre nos indicara el mejor camino, hablé con una persona muy entregada a Dios y a nuestra Madre , con una fe inmensa que había pasado por una situación de cáncer y al escucharla me dio más confianza y decidimos hacerlo. La primera vez que la programaron, el Dr. la canceló, la segunda vez me enfermé de las vías respiratorias, por lo que no podían anestesiarme. Fue hasta el 01 de junio, el día que el Señor tenia escogido. Pero antes me llevo a un retiro SAS (Soldados adoradores del Santisimo) y el Señor de nuevo pone en mi camino al Padre Joselito. En esos días andaba media encaprichada, le dije al Señor: “tú sabes lo que tengo, tú sabes lo que harás con tu hija pero ya no pediré más por mi salud”. El Padre inicia una oración de sanación con el Santísimo Expuesto y empieza a caminar, pero empecé a pedir  en la oración por otras personas, estaba de rodillas con mis ojos cerrados pero ALGO PASA: abro los ojos y tenía al padre Joselito sosteniendo la custodia con  Jesús Sacramentado mirándome de frente, fue una mirada de amor, una mirada de misericordia que jamás había sentido y luego Nuestro Señor Jesús, a través del Padre Joselito dice: “Aquí hay dos personas que serán intervenidas por un tumor  maligno, pero el Señor hoy les dice que ya no esta, que lo que era malo ya no esta”. Para Gloria y Honra de Dios, me realizaron el procedimiento el día 1 de junio, me dieron los resultados reportando tejido hepático levemente inflamado, negativo por malignidad, cumpliendo la promesa de Dios “LO QUE ERA MALO YA NO ESTÁ”.
Ahora tenemos que seguir adelante, pendiente de la cita médica para el cuidado de mi hígado…. Pero ya mas tranquila.
Se preguntarán ¿porque “la Princesa de Dios”?. Resulta que una estudiante que escuchó de mi problema me dijo: “usted es una princesa guerrera de Dios”, pero además el Señor durante este tiempo me ha dado muchos regalos, pude pedir perdón, he podido perdonar, he conocido personas como Nicole, sobreviviente de Cáncer, he sentido cómo las oraciones de todos me han dado fortaleza y han sido escuchadas.
Todo para honra y gloria y honra de Dios.