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lunes, 25 de diciembre de 2017

Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide paz en Tierra Santa, diálogo en Venezuela y por los niños 25122017

Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide paz en Tierra Santa, diálogo en Venezuela y por los niños

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25 diciembre 2017
Bendición «Urbi et Orbi»: el Papa pide paz en Tierra Santa, diálogo en Venezuela y por los niños
El Papa dirigió el mensaje al mundo desde la logia central de la basílica de San Pedro
"Que nuestros corazones no estén cerrados como las casas de Belén": fue la exhortación del Papa Francisco en su mensaje dirigido a la ciudad de Roma y al mundo, conocido como Urbi et Orbi recordando que “Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido y la dificultad de no tener un lugar donde reclinar la cabeza” .
Desde el balcón central de la Basilica de San Pedro, Francisco se dirigió a  los numerosos peregrinos reunidos en una soleada plaza de San Pedro recordando que los primeros que vieron la “humilde gloria del Salvador” después de María y José fueron “los pastores de Belén” y recalcó que ellos “no se escandalizaron de su pobreza” sino que ellos, como María, confiaron en la palabra de Dios y contemplaron su gloria con mirada sencilla”.
Con esta premisa y ante un mundo azotado por vientos de guerra y degradación humana, el Papa aseveró que “la Navidad invita a recordar la señal del Niño” y a reconocerlo “en los rostros de los niños, especialmente de aquellos para los que como Jesús no hay sitio en la posada”.
Paz en Tierra Santa
El pensamiento del Papa fue entonces a los niños de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos.



“En este día de fiesta, invoquemos al Señor pidiendo la paz para Jerusalén y para toda la Tierra Santa; recemos para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados dentro de unas fronteras acordadas entre ellos y reconocidas a nivel internacional”
El Santo Padre pidió también para que el Señor sostenga "el esfuerzo de todos aquellos miembros de la Comunidad internacional que, movidos de buena voluntad, desean ayudar a esa tierra martirizada a encontrar, a pesar de los graves obstáculos, la armonía, la justicia y la seguridad que anhelan desde hace tanto tiempo”.
Los niños sirios, de Irak y de toda África
“Vemos a Jesús en los rostros de los niños sirios marcados aún por la guerra”
 – subrayó el Papa -  “en los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años”; “en los niños de Yemen, donde existe un conflicto olvidado” ; en los niños de África, “especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria”.
Corea y Venezuela
En el pensamiento del Pontífice también la península coreana por la que invitó a rezar para que se superen los antagonismos; y  Venezuela, confiada al Niño Jesús “para que se pueda retomar un dialogo sereno entre los diversos compontes sociales”. Y también los niños que sufren la violencia del conflicto en Ucrania o los niños cuyos padres no tienen trabajo  o que están obligados a trabajar desde una edad temprana. “Vemos a Jesús en tantos niños obligados a abandonar sus países” - insistió el Papa - en cuyos ojos vemos el drama de tantos “emigrantes forzosos”. Sin olvidar a los niños encontrados en su último viaje a Myanmar y Bangladesh: “espero que la comunidad internacional – afirmó – no deje de trabajar para que se tutele adecuadamente la dignidad de las minorías que habitan en la Región”.
Acojamos en el Niño Jesús el amor de Dios hecho hombre por nosotros - pidió finalmente el Obispo de Roma - y esforcémonos, con su gracia, para hacer que nuestro mundo sea más humano, más digno para los niños de hoy y de mañana.

Noticia publicada originariamente en Vatican News

domingo, 25 de diciembre de 2016

Papa: Sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos 25122016

Papa: Sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos

En su Mensaje de Navidad el Santo Padre invitó a acoger al Príncipe de la Paz. - AP
25/12/2016 12:02
 
(RV).- En la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, el Papa Francisco dirigió su Mensaje navideño e impartió su Bendición Urbi et Orbi, es decir a la ciudad de Roma y al mundo entero.
Al felicitar a los miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro el Papa Bergoglio dijo que en este día de alegría “todos estamos llamados a contemplar al Niño Jesús, que devuelve la esperanza a cada hombre sobre la faz de la tierra”. Y con su gracia – dijo – “demos voz y cuerpo a esta esperanza, testimoniando la solidaridad y la paz. Feliz Navidad a todos”.
Tras recordar que en esta ocasión la Iglesia revive el asombro de la Virgen María, de San José y de los pastores de Belén, contemplando al Niño que ha nacido, a Jesús, el Salvador, el Pontífice explicó que el poder de este Niño, Hijo de Dios, no es el poder de este mundo, basado en la fuerza y en la riqueza, sino en el poder del amor, que es “poder de servicio que instaura en el mundo su reino de justicia y de paz”.
Al destacar que el anuncio del nacimiento de Jesús estuvo acompañado por el canto de los ángeles, el Papa dijo que este anuncio – “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama” – hoy recorre toda la tierra, con el deseo de llegar a todos los pueblos, especialmente a los que se ven afectados por la guerra y los conflictos, y que sienten con fuerza este deseo de paz.
De ahí que haya pedido: Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, sobre todo en la ciudad de Alepo; paz para Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios son su deseo de que puedan recobrar unidad y concordia IrakLibia y Yemen. Paz para las diferentes regiones de África, de modo especial para Nigeria.  Paz para Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Paz para quienes sufren aún a causa del conflicto en Ucraniaoriental.
Asimismo, el Papa pidió concordia para el querido pueblo colombiano y la amada Venezuela. Paz para todos los que afrontan sufrimientos en el mundo, a causa de peligros e injusticias, con su mirada hacia Myanmar
El Santo Padre también invocó la paz para quienes han perdido a algún ser querido a causa del terrorismo. Paz  de manera eficaz y concreta para quienes están abandonados y excluidos, para los que sufren hambre; para los prófugos, los emigrantes y refugiados, sin olvidar a quienes son objeto de la trata de personas.
Paz para los pueblos que sufren por las ambiciones económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a la esclavitud. Paz para quienes están marcados por el malestar social y económico, y para los que sufren las consecuencias de los terremotos u otras catástrofes naturales.
Antes de impartir su bendición, el Santo Padre Francisco pidió paz para los niños – precisamente en el día en que Dios se hace niño – y paz sobre la tierra a todos los hombres de buena voluntad, que cada día trabajan, con discreción y paciencia, en la familia y en la sociedad, para construir un mundo más humano y justo, sostenidos por la convicción de que sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
Texto y audio del Mensaje de Navidad Urbi et Orbi del Santo Padre Francisco:
 
Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad.
Hoy la Iglesia revive el asombro de la Virgen María, de san José y de los pastores de Belén, contemplando al Niño que ha nacido y que está acostado en el pesebre: Jesús, el Salvador.
En este día lleno de luz, resuena el anuncio del Profeta:
«Un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado, y es su nombre:
Maravilla del Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz» (Is 9, 5).
El poder de un Niño, Hijo de Dios y de María, no es el poder de este mundo, basado en la fuerza y en la riqueza, es el poder del amor. Es el poder que creó el cielo y la tierra, que da vida a cada criatura: a los minerales, a las plantas, a los animales; es la fuerza que atrae al hombre y a la mujer, y hace de ellos una sola carne, una sola existencia; es el poder que regenera la vida, que perdona las culpas, reconcilia a los enemigos, transforma el mal en bien. Es el poder de Dios. Este poder del amor ha llevado a Jesucristo a despojarse de su gloria y a hacerse hombre; y lo conducirá a dar la vida en la cruz y a resucitar de entre los muertos. Es el poder del servicio, que instaura en el mundo el reino de Dios, reino de justicia y de paz.
Por esto el nacimiento de Jesús está acompañado por el canto de los ángeles que anuncian:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama» (Lc 2,14).
Hoy este anuncio recorre toda la tierra y quiere llegar a todos los pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y por conflictos violentos, y que sienten fuertemente el deseo de la paz.
Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, donde demasiada sangre ha sido derramada. Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario, en las últimas semanas, de una de las batallas más atroces, es muy urgente que, respetando el derecho humanitario, se garanticen asistencia y consolación a la extenuada población civil, que se encuentra aún en una situación desesperada y de gran sufrimiento y miseria. Es hora de que las armas callen definitivamente y la comunidad internacional se comprometa activamente para que se logre una solución negociable y se restablezca la convivencia civil en el País.
Paz para las mujeres y para los hombres de la amada Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios. Que los Israelís y los Palestinos tengan la valentía y la determinación de escribir una nueva página de la historia, en la que el odio y la venganza cedan el lugar a la voluntad de construir conjuntamente un futuro de recíproca comprensión y armonía. Que puedan recobrar unidad y concordia Irak, Libia y Yemen, donde las poblaciones sufren la guerra y brutales acciones terroristas.
Paz a los hombres y mujeres en las diferentes regiones de África, particularmente en Nigeria, donde el terrorismo fundamentalista explota también a los niños para perpetrar el horror y la muerte. Paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo, para que se curen las divisiones y para que todos las personas de buena voluntad se esfuercen para iniciar nuevos caminos de desarrollo y de compartir, prefiriendo la cultura del diálogo a la lógica del enfrentamiento.
Paz a las mujeres y hombres que todavía padecen las consecuencias del conflicto en Ucrania oriental, donde es urgente una voluntad común para llevar alivio a la población y poner en práctica los compromisos asumidos.
Pedimos concordia para el querido pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de diálogo y de reconciliación. Dicha valentía anime también la amada Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera.
Paz a todos los que, en varias zonas, están afrontando sufrimiento a causa de peligros constantes e injusticias persistentes. Que Myanmar pueda consolidar los esfuerzos para favorecer la convivencia pacífica y, con la ayuda de la comunidad internacional, pueda dar la necesaria protección y asistencia humanitaria a los que tienen necesidad extrema y urgente. Que pueda la península coreana ver superadas las tensiones que atraviesan en un renovado espíritu de colaboración.
Paz a quien está herido o ha perdido a un ser querido debido a viles actos de terrorismo que han sembrado miedo y muerte en el corazón de tantos países y ciudades. Paz – no de palabra, sino eficaz y concreta – a nuestros hermanos y hermanas que están abandonados y excluidos, a los que sufren hambre y los que son víctimas de violencia. Paz a los prófugos, a los emigrantes y refugiados, a los que hoy son objeto de la trata de personas. Paz a los pueblos que sufren por las ambiciones económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a la esclavitud. Paz a los que están marcados por el malestar social y económico, y a los que sufren las consecuencias de los terremotos u otras catástrofes naturales.
Y paz a los niños, en este día especial en el que Dios se hace niño, sobre todo a los privados de la alegría de la infancia a causa del hambre, de las guerras y del egoísmo de los adultos.
Paz sobre la tierra a todos los hombres de buena voluntad, que cada día trabajan, con discreción y paciencia, en la familia y en la sociedad para construir un mundo más humano y más justo, sostenidos por la convicción de que sólo con la paz es posible un futuro más próspero para todos.
Queridos hermanos y hermanas:
«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado»: es el «Príncipe de la paz». Acojámoslo.
Después de la Bendición:
Les dirijo mi felicitación a ustedes, queridos hermanos y hermanas, que están en esta plaza provenientes de todas las partes del mundo, y también a los que de diferentes países están conectados a través de la radio, la televisión y por otros medios de comunicación.
En este día de alegría, todos estamos llamados a contemplar al Niño Jesús, que devuelve la esperanza a cada hombre sobre la faz de la tierra. Con su gracia, demos voz y cuerpo a esta esperanza, testimoniando la solidaridad y la paz. Feliz Navidad a todos.