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miércoles, 1 de febrero de 2023

«El gigante cántabro»: primer «futbolista» español... y martirizado por los indios en La Florida 01022023

 

Fray Beráscola llegó a América en 1595, dos años después, los semínola lloraron su muerte

«El gigante cántabro»: primer «futbolista» español... y martirizado por los indios en La Florida

juego pelota
Fray Francisco de Beráscola y sus once compañeros franciscanos viajaron en 1595 al nuevo continente. Allí vivirían en primera persona una de las empresas civilizadoras más importantes de la historia. Compartiendo las costumbres de los indios y practicando algunos de sus juegos más tradicionales.

J. Cadarso

El palacio del gobernador español de La Florida, Diego Martínez de Avendaño, luce de gala para la ocasión. Soldados, criados y funcionarios visten los mejores trajes. Es un día de 1595 y está a punto de llegar a puerto el navío San Francisco con un grupo de soldados... y doce jóvenes franciscanos
 
Este es un capítulo más de una de las grandes empresas civilizadoras de la historia de la humanidad: la evangelización de América. Un fornido y joven vizcaíno, nacido en la localidad de Gordejuela, se adentrará en las costumbres de los indios semínola llegando a ser, por qué no, el primer "futbolista" español del que se tenga constancia. 
 
El libro Dios es deportista (Eunsa), de Javier Trigo, recoge esta apasionante historia de aventura y, sobre todo, de celo por llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra (puedes adquirirlo entrando en este enlace).
 
Los soldados desfilan de uno en uno mientras saludan la enseña española que preside el patio del palacio del gobernador. Frailes y soldados acaban de llegar a territorio americano. A los doce jóvenes franciscanos, la tonsura en sus cabezas, la barba y el hábito marrón, propio de la orden, les hace parecer mayores de lo que realmente son. Proceden de diferentes partes de España: son vascos, extremeños y castellanos.
 

En tierras extrañas 

Al ser presentados al gobernador, este, en un detalle de sencillez por su parte, se arrodilla y les pide la bendición a los nuevos misioneros. Los doce jóvenes recién llegados, junto a su obispo, forman un círculo, extienden sus manos sobre la cabeza del Martínez de Avendaño  y recitan una bendición en latín.
 
En la recepción posterior, hay representantes de diferentes poblados indígenas, en su mayoría son indios semínola. Fueron evangelizados hace algunos años y, junto con la fe, han aprendido la lengua castellana. Eso sí, sus atuendos les delatan.
 
Portada
Aquí puedes adquirir el libro 'Dios es deportista' (Eunsa), de Javier Trigo.
 
Los hombres llevan largas túnicas de llamativos colores y gruesos cinturones sobre el pecho. Todos lucen cintas en sus cabezas de las que salen largas plumas de aves tropicales. Por su parte, las mujeres portan adornos tatuados en sus frentes y visten elegantes camisas y faldas largas.
 
La convivencia entre indígenas y españoles en la Florida atraviesa por momentos de tranquilidad. El gobernador es una persona dialogante, le gusta comunicar sus decisiones personalmente a los jefes de las tribus, y estos, a veces, le hacen cambiar de opinión en determinados temas.
 
Un par de carros traslada a los frailes a la misión de Saint Simón, lugar en donde está el convento en el que vivirán hasta que se acostumbren. Es su primer día en el nuevo continente, y tienen una reunión de comunidad. Fray Juan comenta que deben hacerse cargo de las dos escuelas, del dispensario médico, de los equipos de catequistas en diferentes poblados y de la iglesia en la que se atienden a los fieles diariamente.
 

Una idea loca

Pero, cuando va acabar la reunión, Fray Asís de Alcántara pide la palabra para exponer una idea que le venía rondando la cabeza desde hace tiempo: introducirse en una de las actividades más populares de los indígenas. Nunca, ningún misionero se ha atrevido a participar en el juego de pelota india. Los frailes se miran con cara de asombro; los viejos, conocen el juego y saben que no es cosa para ellos; y los nuevos, no se imaginan que los indios puedan practicar juegos de equipo. 
 
Fray Asís desborda entusiasmo, está convencido de que es algo bueno. "Si fuéramos capaces de participar con ellos en ese juego, podríamos conseguir atraerlos más fácilmente a la Iglesia de Cristo", dice con ilusión. El padre Escobedo, más realista, advierte de que se requiere una fuerza y agilidad que ellos no tienen.  
 
Y, entonces, con humildad pero con decisión, pide la palabra uno de los nuevos frailes. Se llama Francisco de Beráscola. Es un joven vizcaíno, nacido en la localidad de Gordejuela, y destaca por su gran capacidad física y su aspecto atlético.
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Beráscola fue bautizado en la iglesia vizcaína de San Juan de Molinar (Gordejuela).
 
"Con el debido respeto, he de decir que en mi pueblo he destacado en el juego de la pelota, en el levantamiento de piedra y en el lanzamiento de la barra. Me divierte participar en esos torneos y creo que podría ser una buena forma de conocer a futuros cristianos", propone. 
 
Apodado "el gigante cántabro", tiene mucha fuerza y es capaz de levantar pesadas cargas sin queja alguna. Al día siguiente, van a ver el juego y por la tarde decidirán si es buena idea participar.
 
A las afueras del poblado, entorno a un palo coronado con un aro, se desarrolla el partido. La pelota es de caucho, cada equipo tiene 20 jugadores, van medio desnudos, y el objetivo es pasar la bola por el aro sin tocarla nunca con la mano. Están permitidos los agarrones y empujones, y el ganador tiene que conseguir 50 tantos. Los partidos duran no menos de dos semanas, a veces incluso un mes
 

El momento soñado  

Los indios son fuertes y ágiles, y en todos los partidos hay jugadores con algún hueso roto. Cuando un jugador se retira lesionado puede ser sustituido por otro. Mientras los frailes ven el partido, crecen las ganas de poder participar. Un indio, en perfecto castellano, les propone que jueguen con ellos. Pero, deben pedir permiso a sus superiores. Ya de vuelta en el convento, obtienen el plácet. Será la primera vez que un español tome parte en el juego de la pelota india.
 
Y, llega el esperado día. Todos los frailes del convento acompañan a Beráscola al campo de juego. El vizcaíno ha sustituido sus hábitos franciscanos por un pantalón ancho y una camisa blanca de manga corta. Con su larga barba negra tiene un aspecto de forzudo de feria. Al gigante cántabro le cuesta un poco engancharse y nada más empezar recibe un empujón que le tira al suelo.
 
Sin embargo, Beráscola es bueno en los bloqueos y es capaz de pasarse la pelota de un pie a otro. Los indios de su equipo le jalean constantemente. Fray Francisco, por su parte, no pierde la oportunidad de animarlos cuando hacen una buena jugada. El sol desaparece y el jefe de la tribu da por terminada la jornada. Llevan siete días de partido y el resultado es de empate a 28 tantos.
 
Esa misma noche, los frailes organizan una gran cena de hermanamiento con los indios. Se acaba de producir un hecho histórico. Comen alrededor de una gran fogata, y no faltan los cantos. Los franciscanos se han ganado el respeto y la admiración de muchos semínola. Desde este día, el juego de la pelota se convierte en una costumbre más para los frailes.
 
juego
"El vizcaíno ha sustituido sus hábitos franciscanos por un pantalón ancho y una camisa blanca de manga corta. Con su larga barba negra tiene un aspecto de forzudo de feria".
 
Tras las largas jornadas de pelota, los frailes echan ungüentos indios en las heridas de los jugadores y procuran fomentar el cariño y la amistad con los indígenas. Fray Francisco de Beráscola enseña a los indios algunos juegos de su tierra, como levantar piedras o tirar la barra. Incluso fabrica una pelota con resina para jugar al frontón en la trasera de la Iglesia.
 
El guión se interrumpe cuando el obispo pide voluntarios para viajar a San Agustín, para extender el Evangelio, y Beráscola se ofrece. Las lágrimas de los indios con los que jugaba a la pelota presuponen un final trágico. Estando ya en su nuevo destino, el fraile español es apresado por un grupo de indios descontentos con el nuevo gobernador de La Florida. Muere asaeteado, apedreado y atado a un árbol. Su cuerpo no se consiguió nunca recuperar.
 
Cuando la noticia de la muerte llegó a la misión de Saint Simón, indios y frailes organizaron un partido de pelota en honor al primer español en jugar a este deporte tan singular. Un joven franciscano cuyo buen hacer sirvió para hermanarse más con los habitantes de La Florida y, sobre todo, para que muchos indios llegaran a conocer el Evangelio.

viernes, 25 de noviembre de 2022

Agente comunista, quiso infiltrar a mil hombres en la Iglesia... el obispo Sheen cambió sus planes 25112022

 

Bella Dodd se propuso destruir la fe católica: «Descubrí que estábamos de rodillas ante la Virgen»

Agente comunista, quiso infiltrar a mil hombres en la Iglesia... el obispo Sheen cambió sus planes

Bella Dodd
'El diablo y Bella Dodd' cuenta la historia de cómo, mientras el Partido Comunista de EE.UU. intentaba infiltrarse en la Iglesia Católica, su principal agente se convertía al cristianismo. Bella Dodd (1904-1969), miembro del comité ejecutivo nacional comunista, quiso infiltrarse con más de mil hombres en los seminarios católicos. Sin embargo, Dios se infiltró en su corazón y Sheen la trajo a la Iglesia.

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El obispo Fulton Sheen fue uno de los primeros telepredicadores católicos del mundo. De hecho, en su autobiografía, el Venerable Sheen recuerda haber emitido su primer mensaje de radio en 1932 y ser el primero en presentar un programa de televisión religioso en Nueva York. Ya en la década de 1950, millones de estadounidenses vieron su inspirador programa de televisión Vale la pena vivir.

La voz melodiosa de Sheen lo convirtieron en un atractivo portavoz del catolicismo estadounidense. Sin embargo, también destacó por ser un enemigo declarado del comunismo, "una ideología atea que buscaba destruir la religión". "El régimen anti Dios es siempre el régimen anti humano", dijo en una ocasión Fulton Sheen. Un obispo que contó en vida con muchos seguidores y con un puñado de conversos gracias a su ejemplo.

Una activa dirigente

En un libro publicado recientemente titulado El diablo y Bella Dodd (The Devil and Bella Dodd), del que habla Catholic Register, se cuenta la historia de cómo, mientras el Partido Comunista de EE.UU. intentaba infiltrarse en la Iglesia Católica, su principal agente se convertía al cristianismo. Bella Dodd (1904-1969), miembro del comité ejecutivo nacional comunista, quiso infiltrarse "con más de mil hombres" en los seminarios católicos. Sin embargo, Dios se infiltró en su corazón y Sheen la trajo a la Iglesia.

"Sheen me dejó llorar, y luego, sin darme cuenta, descubrí que ambos estábamos de rodillas ante la Santísima Madre en una pequeña capilla", recuerda Dodd en el libro. El arzobispo le dijo: "Bella, si quieres proteger a las personas a las que dices que amas, a la gente de este país y a todos los seres humanos del mundo, debes saber algo sobre el cristianismo. Sheen le entregó un rosario y la dejó marchar".

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Dodd fue expulsada del Partido Comunista en una purga interna.

Bella Dodd (19041969) había nacido en Italia, y emigró de pequeña con sus padres a Estados Unidos. Se graduó en Leyes en la Universidad de Nueva York, en una época en la que ya se reconocía como militantemente agnóstica. En 1932 era ya una de las más activas dirigentes del Partido Comunista, y acabó formando parte de su comité de dirección.

En 1949, sin embargo, fue expulsada. El partido alegó que en su labor como abogada, había defendido en un pleito a un propietario frente a un rentista, contraviniendo las normas de la organización contra la propiedad privada. En realidad era víctima de una de las clásicas purgas internas de los partidos comunistas, en pleno auge del estalinismo. La noticia de su expulsión, dada su notoriedad, salió en todos los periódicos.

Rechazo al materialismo

Bella lamentó que muchos de sus compañeros aceptaran las consignas del partido que la acusaba de "fascista". Por aquel tiempo Dodd conoció a Fulton Sheen, quien había llegado en 1951 a Nueva York como obispo auxiliar. Desencantada al comprobar en carne propia la falsedad del comunismo como mero aparato de poder, siguió una evolución filosófica que le llevó a rechazar el materialismo dialéctico, y quiso ingresarse en la Iglesia.

Como no se pudo comprobar si había sido bautizada al nacer, en la Vigilia Pascual de 1952 fue bautizada por Sheen en la catedral de San Patricio. En 1954 escribió un libro, School of darkness (Escuela de oscuridad), denunciando los poderes económicos que estaban financiando en Estados Unidos, y en otros países, a los partidos comunistas para controlar al hombre común y destruir la civilización cristiana.

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El obispo Fulton Sheen, auxiliar de Nueva York, fue uno de los primeros católicos en predicar a través de la radio y la televisión en EE.UU.

Y denunció algo más: "En los años 30 introdujimos a once hombres en el sacerdocio con la misión de destruir a la Iglesia desde dentro. Ahora están en lugares elevados, desde donde trabajan para debilitar la actitud de la Iglesia contra el comunismo". En 1969, un año antes de morir, entendiendo que sus advertencias se estaban cumpliendo, hizo un intento por volver a la política con un pequeño partido, pero apenas obtuvo un 3% de votos.

"Este nuevo libro trata de conversión, de esperanza y redención. Se trata de vencer el mal, de buscar un destello de fe más allá de los fríos muros de la oscuridad", escriben los autores en la introducción. El demonio y Bella Dodd  tampoco rehuye la política. Hace referencia, por ejemplo, a la tan actual 'cultura de cancelación' al recordar que algunos la llamaron 'racista' y 'fascista' por convertirse al catolicismo.

Los tres ganaron

"Bella Dodd es una figura fundamental de la Guerra Fría, una valiente mujer estadounidense que luchó sin miedo contra el comunismo ateo", escribe sobre el libro Sebastian Gorka, presentador de un programa de entrevistas. "Ella no debe ser olvidada. Por fin, gracias a este trabajo, ya no lo estará", añade.

La socióloga Anne Hendershott, profesora de la Universidad Franciscana de Steubenville en Ohio apunta que: "La propia Dodd reconoció que su objetivo demoníaco más importante era destruir la fe del pueblo católico mediante la promoción de una pseudorreligión de 'justicia social' que se parecía al catolicismo pero que claramente no lo era".

Aquí puedes ver una de las catequesis del obispo Fulton Sheen. 

Al final del libro, los autores ofrecen este resumen: "En el enfrentamiento entre el diablo y Bella Dodd, Lucifer tuvo sus pequeñas victorias, pero al final, Dodd prevaleció. Ella ganó, el obispo Sheen ganó y su Iglesia ganó".

lunes, 25 de julio de 2022

¿El Opus Dei es una secta? 23072022

 

¿El Opus Dei es una secta?


Tras conocerse una serie de nuevas disposiciones del Papa Francisco para el Opus Dei, resurge en algunos la pregunta sobre si esta institución es una secta de la Iglesia Católica.

La Real Academia Española define secta como “doctrina religiosa o ideológica que se aparta de lo que se considera ortodoxo” o correcto, o su “conjunto de seguidores”.

También la define como una “comunidad cerrada, que promueve o aparenta promover fines de carácter espiritual, en la que los maestros ejercen un poder absoluto sobre los adeptos”.

El Cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena (Austria), escribió hace algunos años un trabajo titulado “Reflexiones sobre el concepto de secta y respuesta a algunas acusaciones dirigidas a grupos católicos”.

En él explica que al separarse de la Iglesia, una secta “se caracteriza sobre todo por el abandono de la verdad bíblico-apostólica común y de los contenidos centrales de la fe. Por eso, a juicio de la Iglesia, la secta siempre está vinculada con la herejía y el cisma”.

Este no es el caso de los sacerdotes y miembros del Opus Dei, que suelen destacarse por su ortodoxia, es decir por su fidelidad a la doctrina de la Iglesia Católica.

El Purpurado destacó que “no se necesita haber estudiado teología para reconocer la contradicción fundamental que implica el eslogan: ‘sectas intraeclesiales’”.

“La presunta existencia de sectas dentro de la Iglesia conlleva indirectamente también un reproche al Papa y a los obispos, que tiene la responsabilidad de examinar las asociaciones eclesiales para ver si su doctrina y sus actividades van de acuerdo con la fe de la Iglesia”, indicó.

Entonces, ¿es el Opus Dei una secta?

El sitio web del Opus Dei responde a la pregunta con dos artículos, uno publicado en 2005 y otro de 2021, que es una actualización del primero.

Los artículos responden a las acusaciones planteadas por Dan Brown en el libro el Código da Vinci, que luego se convertiría en una película; y en la que no solo se intenta mostrar al Opus Dei como una secta sino como una mafia con monjes asesinos, algo muy lejano a la verdad.

“¿Es el Opus Dei conservador o extremista? Como afirma el propio Brown, las personas del Opus Dei tratan de seguir los consejos del Santo Padre y las indicaciones que la Iglesia hace a todos los cristianos”, indica el texto de 2021.

“¿Es extremista un jugador de fútbol que sigue las indicaciones de su entrenador? ¿Practica un fútbol radical? ¿Carece de personalidad?”, cuestiona.

El texto recuerda además que “el Opus Dei es una institución reconocida por la Iglesia Católica desde 1943. Su fundador ha sido canonizado, por lo que se le ha propuesto como modelo de vida a todos los católicos del mundo”.

A la ceremonia, presidida por el Papa San Juan Pablo II en octubre de 2002, “acudieron a la plaza de san Pedro varios cientos de miles personas de todo el mundo. Si fuera una organización secreta, sería difícil esconder a sus miembros y simpatizantes”.

En resumen, el Opus Dei no es una secta.

El Cardenal Schönborn indica en su texto que “las comunidades eclesiales reconocidas se mantienen en contacto continuo con los responsables en la Iglesia. Sus estatutos y su estilo de vida son examinados”.

Por ello, advierte, “no es justo que ciertas instituciones, personas o medios de comunicación tachen de sectas a comunidades reconocidas por la Iglesia, o incluso que llamen ‘prácticas sectarias’ al estilo de vida” que les es propio.

domingo, 16 de enero de 2022

El «Wall Street Journal» constata que América deja de ser católica: los carismáticos frenan la caída 16012022

 

El «Wall Street Journal» constata que América deja de ser católica: los carismáticos frenan la caída

Reunión de Cançao Nova en Brasil.
Casi una cuarta parte de los católicos iberoamericanos son carismáticos, una fuerza que está frenando la caída de fieles. En la foto, una congregación católica de Cançao Nova en Brasil, en 2017.

C. L. / ReL

La Iglesia católica ya no es mayoritaria desde hace años en Uruguay y en toda América Central salvo Costa Rica. Según el Latinobarómetro, eso mismo ocurrirá a lo largo de este año 2022 en Brasil, el país con mayor número de católicos del mundo.

Este declive inexorable, del que son beneficiaros principalmente los grupos pentecostales, adquiere una dimensión histórica que ha llamado la atención del Wall Street Journal, que publicaba este martes un amplio reportaje al respecto.

Saciar la sed de Dios

Señala diversas causas, pero una sobre todo: "El auge de la teología de la liberación en los años 60 y 70. En esa época la Iglesia católica en Latinoamérica insistió cada vez más en que su misión era la justicia social, acabando en algunos casos en ideas marxistas, y no consiguió oponerse al atractivo de las comunidades protestantes".

Porcentaje de católicos por países entre 1995 y 2018. Fuente: Latinobarómetro. Infografía: Wall Street Journal.

Porcentaje de católicos por países entre 1995 y 2018. Infografía: Wall Street Journal.

Cita como resumen una frase ya icónica: "La Iglesia católica hizo su opción preferencial por los pobres y los pobres hicieron su opción preferencial por los pentecostales". Los hombres necesitan que alguien sacie su sed de Dios. Es el caso de la Amazonia, donde ya hay un 46% de no católicos, mientras el sínodo amazónico de 2019 "dedicó más atención a los problemas medioambientales".

Interrogado al respecto uno de los participantes en ese sínodo, el salesiano uruguayo Martín Lasarte -quien se distinguió en él por su defensa del celibato-, concuerda en el análisis sobre el error de la sociologización católica, en la que "falta el sentido existencial de la alegría de vivir el Evangelio, el encuentro personal que ofrecen tantas iglesias pentecostales".

Razones del abandono

En buena medida se trata aún de un declive por abandono. En 2014  solo el 69% de los latinoamericanos se declaraban católicos, pero el 84% habían sido bautizados en la Iglesia. En el otro lado, del 19% de quienes se declaraban protestantes, el 65% eran pentecostales.

El declive de la Iglesia en las últimas décadas. Fuente: Latinobarómetro. Infografía: Wall Street Journal.

El declive de la Iglesia en las últimas décadas. Infografía: Wall Street Journal.

Esta deserción masiva tiene lugar a partir de los años 60. En los cincuenta años que transcurren entre 1970 y 2020, los pentecostales brasileños se multiplicaron casi por 7, pasando de 6,8 millones a 46,7 millones. En un país como Guatemala el crecimiento fue aún mayor: de 196.000 a 2,9 millones, se multiplicaron por 15.

Según los estudios sociológicos que cita Wall Street Journal, las razones principales por las cuales tantos católicos dejan la Iglesia por otras comunidades son "una mayor conexión personal con Dios" (81%) y una mayor ayuda a sus miembros (60%).

Una característica importante de ese compromiso es la asistencia al lugar de culto: según una encuesta realizada en Brasil en 2007, los miembros de las comunidades pentecostales que acuden al templo más de una vez a la semana son el 60%, por un 16% de los católicos.

La esperanza

El Wall Street Journal solo señala dos fuerzas que frenan la sangría de pérdida de fieles de la Iglesia. 

Por un lado, grupos católicos conservadores que "reviven la misa tradicional" y "fortalecen la apologética en defensa de la doctrina católica". Cita el caso del gran éxito del sacerdote brasileño Paulo Ricardo.

Pero, sobre todo, el catolicismo carismático, que desde los años 70 "mantiene dentro de la Iglesia a muchos católicos atraídos por el pentecostalismo". En 2020, el 22,8% de los católicos latinoamericanos eran carismáticos.

jueves, 3 de enero de 2019

Antonio Aradillas: "El machismo de la Iglesia es inmoral" 01012019

"EN LA IGLESIA HAY MÁS MACHISMO QUE EN CUALQUIER OTRA INSTITUCIÓN"

Antonio Aradillas: "El machismo de la Iglesia es inmoral"

"Animo al papa Francisco a que se dé mucha más prisa en 'feminizar' la Iglesia"
Antonio Aradillas, 01 de enero de 2019 a las 18:43



El machismo de la Iglesia fue siempre inmoral. En la actualidad vigente y creciente es además tonto, ininteligible, contrario y opuesto a la razón, vejestorio, decrépito, sin sentido y además, sin futuro,
(Antonio Aradillas).- Es posible que en estos, como en otros temas, poner por testigo y tutor al diccionario de la RAE resulte lo más congruente y certero. Recurrir a los manuales de Teología Moral, con sus diversas escuelas y procedencias filosóficas, embrollaría y complicaría incomprensiblemente más, que limitarse a hacer uso de la terminología del pueblo registrada con autoridad y vigencia en los diccionarios.
Los términos claves en mi reflexión son estos: "Machismo" ("actitud o tendencia discriminatoria que considera al hombre superior a la mujer"); "Iglesia" ("comunidad formada por todos los que viven la fe de Jesucristo") con prevalente mención para su jerarquía constituida por el papa, sacerdotes y obispos, y no también por seglares; "Inmoralidad" ("disconformidad con los valores establecidos y de las acciones, con los caracteres humanos respecto a su bondad o maldad, o relacionados con ellos").
Desde tal perspectiva someramente semántica y gramatical, me limito a conquistar- reconquistar, entre otras, estas reflexiones:
En la Iglesia, y más en la católica, apostólica y romana, se registran notables cantidades de machismo. Muchas más que en cualquier otra institución de carácter civil, profesional, laboral, político y convivencial, sin olvidar que, por su condición de Iglesia y por cristiana, el relieve y la importancia son siempre superiores.
El mismo léxico común, a la vez que el eclesiástico, oficial y litúrgico es sistemáticamente discriminatorio, siempre en inequívoco perjuicio de lo femenino. Y además, y sobre todo, con las bendiciones, indulgencias, plácemes y satisfacciones sagrados.
De la simple y literal lectura de los Libros Sagrados, así como de tantas interpretaciones de carácter teológico-"dogmático", y de las normas -gestos y signos- litúrgicos-, solemnes o no tanto, la mujer equivale y es considerada "pecado" u "ocasión de pecado", por lo que su condición "vocacional" no es otra que la del rechazo ético-moral, sierva y servidora del hombre a perpetuidad.
 
En este contexto elementalmente "religioso", repetidamente se les pasa por la mente y el corazón a las mujeres la duda de que ellas -por mujeres- sean y ejerzan de verdad como personas aún dentro de la institución eclesiástica, limitándose a ser y a ejercer de madre, esposa, hija, o "amiga", por decirlo de piadosa-impiadosa manera.
Ni aún la condición vocacional de monja de clausura o de las otras, las libra de la servidumbre y marginación de que, por mujeres, son portadoras, con aportación de argumentos bíblicos, y de los "Santos Padres", de doctos teólogos y severos célibes canonistas, con consciente eliminación en no pocos casos de comportamientos hipócritas, que contradicen sus prédicas, los artículos de la fe y los sagrados mandamientos.
La afirmación constatada, comprobada y padecida por las propias mujeres y algunos hombres dentro y fuera de la Iglesia, lleva consigo terribles y aterradoras consecuencias por ejemplo, en relación con la educación, al contar con tantos colegios "religiosos" y algunos privilegios. Disponen además de los actos de culto, catequesis y adoctrinamientos en los que potencian al máximo el enaltecimiento "inmoral", del hombre por varón, en el trato -también sexual- que le es aplicado a la mujer, por el hecho de serlo.
Idéntica reflexión es preciso efectuar acerca de los medios de comunicación social en general de los que son propietaria la Iglesia y sus instituciones, así como los de aquellos otros en los que ejercen su influencia directa o indirectamente. Tanto o más "inmorales" en la relación machismo-Iglesia son los medios de propiedad eclesiástica o tutelados por ella, que los de instituciones y empresas agnósticas, ateas o ambivalentes.
El machismo de la Iglesia fue siempre inmoral. En la actualidad vigente y creciente es además tonto, ininteligible, contrario y opuesto a la razón, vejestorio, decrépito, sin sentido y además, sin futuro, que es la peor de las condecoraciones a las que habrán de aspirar las personas y las instituciones, como acontece en los aledaños enseñoreados por influencias que se dicen, y consideran religiosas.
En la Iglesia, todas las mujeres han de ser y ejercer de personas. Hasta el presente, muchas no son personas y otras lo son solo a medias, deficientes o semi-personas. Insisto en que el machismo es ciertamente inmoral dentro y fuera de la Iglesia, por mucha benevolencia con la que se juzgue el tema.
Precisamente por eso es digno de elogio y alabanza el gesto reciente de un obispo católico norteamericano quien, por su cuenta y riesgo, ha decidido nombrar responsable de una parroquia a una mujer, con todas sus consecuencias pastorales y ministeriales. Es posible que cunda el ejemplo y que este audaz obispo abra caminos que otros aún no se atrevieron a hacerlo.
El tiempo tiene la palabra, y es de esperar que lo que hoy no es "moral" del todo, con criterios canónicos, con el evangelio en la mano y la experiencia feliz, resulte cristiano de verdad y, en su día, litúrgico. A expertos e inexpertos, les sería provechoso recordar que "feminismo -del latín "fémina" o mujer hembra-, es la doctrina social favorable a la mujer, a quien se le reconoce y concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres".
Desde las alturas recién conquistadas, por poner un ejemplo, el 54 por ciento de las mujeres juezas- magistradas de España, contemplan a las vocacionadas al sacerdocio y a las responsabilidades eclesiásticas, con rubor, con conmiseración, con pena y con el riesgo de perder la fe que todavía les quede...
Con devoción y libertad reverencial animo al papa Francisco a que se dé muchas más prisas en "feminizar" la Iglesia, con el convencimiento riguroso de que, de no hacerlo pronto y valientemente, ella -la Iglesia- perderá -perdió ya en parte-, el tren de la historia.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Apóstatas: crónica de un desamor 16092018

Apóstatas: crónica de un desamor

16 de sep de 2018
Con sus altibajos, la apostasía es un fenómeno creciente, sobre todo, en las sociedades desarrolladas. “Apostaté al ver el énfasis público de la Iglesia en la defensa de la moral sexual contra algunos partidos y su apoyo a iniciativas contrarias al Evangelio”.
Ya es más que un simple sarpullido anticlerical. Buena parte de las sociedades occidentales reaccionan ante los escándalos que sacuden a la Iglesia tratando de librarse ellas mismas de lo que consideran un peso excesivo en su vida, en su moral, y también en la organización de los propios Estados. El último brote de esta desafección lo acabamos de ver este pasado mes de agosto en Argentina, con grupos de personas haciendo cola en las calles de Buenos Aires para participar en lo que denominaron “apostasía masiva”, un movimiento de rechazo que ha ido germinando en los últimos años y que ha acabado por erupcionar simbólicamente durante el debate que ha vivido el país austral sobre la legalización del aborto, proyecto finalmente rechazado en el Senado.
El ideal en el que se miran ahora quienes se sienten, de una u otra forma, asfixiados por el catolicismo, es Irlanda, donde la influencia de la Iglesia ha caído en picado desde 2010, vaciando parroquias y seminarios tras los graves escándalos de abusos sexuales, de poder y de conciencia, como los calificó Francisco en su reciente y dolorosa estancia en un país cuyas heridas tardarán en cicatrizar.
Como no acaban de cerrar las de décadas de nacionalcatolicismo en España, que se traducen en cíclicas reacciones anticlericales con más o menos fundamento. Aunque la inflamación ha bajado un tanto, también aquí hubo campañas para apostatar y se crearon webs para facilitar los trámites. No hay cifras al respecto, pero Sergio fue uno de los que dijo basta y quiso ser consecuente con su falta de fe, y eso que la había recibido en su familia, por lo menos por la materna. No quiere que revelemos su verdadero nombre, y solo la conciencia de que su testimonio también puede hacer bien torció su determinación de no dejarse fotografiar “ni de espaldas”. Tampoco quiere hacer daño a nadie. Ya se lo hizo, en su momento, a su madre, que rompió a llorar preguntándose qué había hecho mal cuando, hace algo más de una década, en uno de los momentos más álgidos de las campañas a favor de la apostasía en nuestro país, aquel joven quiso formalizar su salida de la Iglesia y apostató.
¿Qué les lleva a cumplir los trámites?
Pero, ¿qué le llevó en concreto a cumplir los trámites burocráticos para abandonar de manera pública la religión en la que había sido inscrito tras su bautismo? “Había visto buenos sentimientos en la vida religiosa inmediata, pero también falta de profundidad, falta de anclaje en la realidad práctica y, a veces, también lamentablemente incoherencias en personas concretas y sus consideraciones sociales y políticas. Por otra parte, en una visión más general, dolía especialmente ver énfasis político, público y manifiesto, en la defensa de la moral sexual contra determinados partidos políticos, y ausencia de ese mismo énfasis cuando se trataban asuntos de economía y de condiciones sociales y laborales de vida. Dolía escuchar determinados posicionamientos contrarios al Evangelio y apoyo a iniciativas bélicas de dudosa finalidad, incluidas en medios de comunicación de notoria popularidad vinculados a la Iglesia. Fue por aquella época, aproximadamente en 2004-2005, cuando tomé la decisión”, señala.
Sergio no quiso sumarse sin más a la legión de bautizados que practican la “apostasía silenciosa” y hoy nutren ese estado que se ha dado en llamar “indiferencia”. Y, así, en “una decisión impulsiva” que traía, sin embargo, una reflexión de fondo, dio el paso. “Junto a una pasión juvenil y militante evidente, había en mi decisión un punto de coherencia. Lo contrario, el no tener fe, formar parte de una Iglesia a la que no reconocía autoridad espiritual o moral, y pasar puntualmente por la tradicional liturgia sacramental –bodas, bautizos y comuniones– como si fuesen meros acontecimientos sociales y familiares, me resultaba una forma tibia e hipócrita de vivir”.
Con ese primer paso se le cayó también el primer tópico. “Contrariamente a lo que me habían dicho en mis círculos cercanos, esto es, que me pondrían problemas y no permitirían la apostasía, recibí pronto una respuesta del arzobispado a mi carta, indicándome cómo proceder formalmente, detallándome qué perdía con la apostasía y ofreciéndome un diálogo que no acepté en mi resuelta determinación. Consecuentemente, cuando cumplí con las formalidades, se realizó la anotación correspondiente en la partida de bautismo”.
Camino de vuelta
Así fue como este madrileño, a conciencia, dio un portazo a la Iglesia, aunque había un nosequé que se quedó muy dentro de él. Con los años y la formación académica (empezó a interesarse por la filosofía, la antropología, la historia de las religiones…), aquello comenzó a avivarse y le llevó a un retiro en un monasterio trapense, al que le condujo también “un cúmulo de decepciones personales”.
Por el camino, como señala, se topó, con un grupo de nuevas amistades interesadas en aquellas mismas materias que ahora llamaban su atención y le ayudaron a “reconducir” el enfoque sobre el hecho religioso. “Era todavía un Dios únicamente metafísico, impersonal, abstracto, sin rostro, desposeído de cualidades, accesible a la razón natural, al que quizás no tendría mucho sentido dedicarle ritos y oraciones. Todavía un Dios que solo está ‘allá arriba’, como Idea, y no estaba realmente presente ‘aquí abajo’”.
Acabaron de concretárselo a principios de esta década quien hoy es su esposa y un gran amigo. “Ella, mostrándome la vida comunitaria de la parroquia, su ejemplo de amor y entrega por los demás, sus conocimientos como catequista, y siendo mi compañía en el camino y mis viajes de descubrimiento; y él, ayudándome a descubrir la fe en un Dios vivo y personal, presente en la manifestación, hecho carne, que vive en el centro de todos nosotros, y ayudándome a profundizar en el conocimiento de esa fe con paciencia, sentido del humor y afecto”.
Reclaman más Evangelio y menos moral
Hace unos cuatro años “volvió” a la Iglesia. “No fue un arrebato dramático; más bien un viaje de retorno al punto de partida, pero con más conocimiento. Encontré, además, gran aliciente e ilusión en darle a mi madre una alegría, que bien tenía merecida. Y me sentí recibido con mucho afecto. Me abrieron las puertas de par en par con los brazos abiertos, como al hijo pródigo del Evangelio. Justo este año he recibido la Confirmación y me he casado por la Iglesia, y puedo decir que somos muy felices por haber tomado esta decisión, con el compromiso firme dar a nuestros hijos una educación católica”.
Sergio está convencido de que casos como el suyo no son únicos. Y cree que habrá más en el futuro. “No es algo que suceda todos los días y a todas las personas, pero existen conocidos precedentes de conversiones en los que mirarse. Y creo que en toda persona late potencialmente la necesidad de búsqueda de sentido, de verdad, el sano deseo de plenitud, de Dios”.
De todas formas, también es consciente de que muchas otras seguirán viendo a la institución como él mismo la veía. Por eso, “y sin que piense que la Iglesia debe jugar a adaptarse a los valores de su tiempo, quizás haga falta articular más y mejores argumentarios de forma colectiva para hacerlos valer de forma pedagógica”. Y es que en su opinión, “creo que muchas personas querrían ver posicionamientos públicos más sistemáticos y exhaustivos, no únicamente centrados en cuestiones de moral sexual. Probablemente muchas personas hoy reacias, encontrarían interesante conocer la Doctrina Social de la Iglesia y sentirían nuevas simpatías si encontraran en la Iglesia un colaborador cercano en iniciativas públicas –también en manifestaciones– en defensa de los servicios públicos, de la mejora de las condiciones de los trabajadores, de las pensiones, etc. Muchos de ellos encuentran loables labores como las de Cáritas o las de las misiones, pero no dejan de ver en ello un ámbito asistencial que no solventa los problemas que ocasiona el ámbito político. Colaborar no significa confundirse, y quizás el hecho de darse la mano con extraños haga que algunos se planteen qué es lo que subyace en la acción social de la Iglesia y qué la vincula con los valores morales que defiende”.
Iglesia a la escucha
José María Avendaño espera en las humildes escaleras que dan acceso al Obispado de Getafe. Es el mismo lugar al que baja a recibir –desde su despacho de vicario general en la primera planta– a quienes han pedido iniciar los trámites para apostatar. Allí los recibe y hasta allí los acompaña cuando se despide. Pero no es el único sitio en el que trata con ellos, desde que hace 14 años se hiciera cargo de estos casos en esta joven y poblada diócesis madrileña. La cafetería de la Estación Central de Getafe, a la que algunos llaman “la de los apóstatas”, es cómplice de muchos encuentros donde este sacerdote pregunta y escucha a esos hombres y mujeres que han llegados heridos hasta su despacho y donde, también, “les hablo de por qué en mi vida me ha enamorado y cautivado estar con Jesucristo”.
En estos casi cinco lustros, hasta el Obispado han llegado unas 300 peticiones de apostasía. Todas se han cursado. Algunos, pasado el tiempo, han hecho el camino de retorno a casa. Otros, tras su entrevista, le han pedido que deje reposar el expediente, que se lo van a pensar –“tengo varios ahí esperando”, dice en un despacho por el que entra luz a raudales–. Pero otros piden la documentación y no quieren saber nada más porque, señala, en alguna web se advierte que no se vaya a la diócesis de Getafe a apostatar, “que te convencen”.