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lunes, 1 de agosto de 2016

Pío XII a Rafael Gil: «Con tus películas haces más por la fe que muchos sacerdotes desde el púlpito» 02082016

EMEROTECA Filmó varias obras maestras del cine religioso

Pío XII a Rafael Gil: «Con tus películas haces más por la fe que muchos sacerdotes desde el púlpito»

Pío XII a Rafael Gil: «Con tus películas haces más por la fe que muchos sacerdotes desde el púlpito»
Fernando Rey en La Duda, de Rafael Gil.

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1 agosto 2016
El espacio de cine y debate que dirigía Juan Manuel de Prada en Intereconomía TV emitió en mayo de 2013 la película La duda (1972), dirigida por Rafael Gil (1913-1986) e interpretada por Fernando Rey y Analía Gadé y dirigida por quien algunos consideran como el mejor director de cine español de todos los tiempos.
  
Fernando Alonso Barahona.
Era el séptimo film de Gil que programaba Prada, mostrando una clara preferencia. Hay muchas razones cinematográficas para esa preferencia y para el homenaje (se aproximaba el centenario de su nacimiento), pero entre ellas están que Rafael Gil dirigió todo un ciclo de sobresalientes películas religiosas de éxito nacional e internacional, sobre las que preguntamos al críticoFernando Alonso Barahona, uno de los grandes especialistas en la vida y filmografía del maestro en cuanto autor de tres libros sobre él: Rafael Gil. Director de cine(1998), Rafael Gil. Escritor de cine (2004) y Rafael Gil y Cifesa (1940-1947). El cine que marcó una época (2007).

En la tertulia que presentaban Prada y María Cárcaba, Barahona acompañó al críticoCarlos Pumares, al director Juan Pinzás y a Rafael Gil, hijo del cineasta.

-¿Cuáles son las grandes películas religiosas de Rafael Gil?
-La etapa de cine religioso de Rafael Gil se corresponde con los años de su asociación con Vicente Escrivá en la productora Aspa Films. Previamente encontramos un título de similar temática: La fe (1948), una adaptación de Armando Palacio Valdés con Rafael Durán en el personaje de un sacerdote que ha de resistir el asalto sentimental de una mujer de mundo (Amparo Rivelles).
  
En plena faena.
-Pero ¿con cuál arrancó el ciclo propiamente dicho?
-Con La señora de Fátima (1951), sobre las apariciones de la Virgen María en la pequeña localidad portuguesa. Continúa con títulos importantes como La guerra de Dios (1953), en la que un sacerdote que ha de ejercer su misión en un pueblo minero lleno de odios y conflicto social. Hay que destacar también El beso de Judas (1954), con Rafael Rivelles, donde la Pasión de Cristo es vista desde el prisma de Judas Iscariote, una autentica superproducción. Luego Sor Intrépida(1952), los avatares de una monja misionera en África. Y, finalmente, El canto del gallo(1956), con Francisco Rabal y Gerard Tichy: un sacerdote prisionero de una dictadura comunista que ha proscrito la fe y el mismo nombre de Dios.

-¿Luego ya no hizo más?
-Años despues, en 1977, Gil firmó La boda del señor cura, adaptación de la novela de Fernando Vizcaíno Casas sobre la caída moral y vital de un sacerdote en la confusa década de los setenta del siglo pasado.
  
Rafael Gil.
-Esa abundancia de cine religioso en su producción, ¿respondía a una convicción personal o al gusto de la época?
-Rafael Gil era un hombre católico practicante que en varias ocasiones hizo profesión explícita de su fe, añadiendo que se sentía especialmente orgulloso de sus películas religiosas en Aspa Films. Y todo ello en años posteriores, en los que cierto sector de la crítica le reprochó el tono de aquellas películas que, junto a la religiosidad, aportaban una visión fuertemente anticomunista, sobre todo La señora de Fátima y El canto del gallo.

-¿Fueron éxitos de taquilla?
-La Señora de Fátima alcanzó un éxito espectacular no sólo en España, sino en numerosos países hispanoamericanos y europeos, Italia y Portugal en primer término. Su repercusión fue tal que el Papa Pio XII concedió una audiencia privada a Rafael Gil. En ella, el Sumo Pontífice felicitó al cineasta y le dijo que con esa película había hecho más por la fe que muchos teólogos y sacerdotes desde los púlpitos. La guerra de Dios obtuvo también un relevante resultado comercial, amén del Primer Premio del Festival de San Sebastián en su primera edición.

-¡Un auténtico fabricante de clásicos...!
-El beso de Judas se convirtió en un título habitual de las programaciones de Semana Santa años antes de que llegaran a las pantallas películas míticas como Los Diez Mandamientos de Cecil B. De Mille y Ben Hur (1959) de William Wyler.

-¿Fue el cine religioso una peculiaridad de la España "franquista"?
-En absoluto se puede afirmar que el cine religioso sea peculiar o exclusivo del franquismo. El cine de Hollywood, sin ir más lejos, fue generoso en su producción, e incluso la historia del milagro de Fátima fue objeto de una interesante película: El milagro de Nuestra Señora de Fátima (1952), dirigida por John Brahm. Pero hasta llegar a Los Diez Mandamientos de De Mille en 1956 ("el mayor intento por plasmar la Palabra de Dios en la pantalla", en certera frase del padre C.M. Staehlin), podemos citar Siguiendo mi camino(1944) y Las campanas de Santa María (1945) de Leo McCarey, Las llaves del reino (1944) de John M. Stahl o la impresionante El fugitivo (1947) de John Ford –adaptación de Graham Greene-, todas ellas obras de primera línea.

-¿Y en Europa?
-En el cine europeo Roberto Rossellini llevó al cine Las florecillas de San Francisco(Francisco, juglar de Dios, 1950) y el francés Léo Joannon puso en pie la compleja El renegado (1954), sobre un sacerdote en una situación límite, y Robert Bresson la adaptación de Georges Bernanos: Diario de un cura rural (1951). Y todo ello sin contar la serie de Don Camilo o las películas de inspiración biblica o épica como La túnica sagrada (1953) de Henry Koster y Quo Vadis (1951) de Mervyn LeRoy.
  
La Señora de Fátima.
-¿Cuál es la mejor película religiosa de Rafael Gil?
-Dos en primer término. La Señora de Fatima, por la emoción de sus imágenes. Sobre todo, el desenlace con el milagro de la última aparición, o ese plano inolvidable de José Nieto contemplando a su hija que acaba de recobrar la vista. Vistas una y cien veces, continúan impresionando como la primera vez y arrancan lágrimas en los ojos.

-¿Y la otra?
-La guerra de Dios: es un film duro y sorprendente para la época. El papel del sacerdote protagonista fue para Claude Laydu, el mismo que hiciera un personaje semejante en el film de Bresson que decía antes. La historia cuenta con todas sus aristas el conflicto social en la mina, el egoísmo de algunos patronos y la solidaridad como nexo de unión entre las gentes y sus problemas. Sin duda son dos films sobresalientes, no sólo por su soberbia factura técnica –que demuestra el alto nivel que podía alcanzar la industria española–, sino por su contenido y su puesta en escena.

-¿Y cuál tuvo mayor repercusión internacional?
-Sin duda, La Señora de Fátima. Tambien La guerra de Dios gozó de relevancia, pero fue en circuitos más reducidos. En cambio la primera se convirtió en todo un éxito popular que pocos años después sería refrendado –y superado– por Marcelino Pan y Vino (1954) de Ladislao Vajda, otra película también de contenido religioso que llegó a ser, seguramente, el film español más popular en el mundo, dando la vuelta a los cinco continentes.

-¿Es un cine religioso pasado de moda?
-El buen cine no está nunca pasado de moda, aunque como es lógico cada obra ha de contemplarse y juzgarse no sólo desde el presente sino desde las coordenadas de su tiempo.
Todas las películas del ciclo mantienen su interés, porque se trata de obras bien realizadas. El beso de Judas, con influencias de De Mille y del Julien Duvivier de Gólgota(1953), sorprende por su gran calidad de producción, hasta el punto de que hoy sería casi imposible su remake por motivos de coste. Y los temas de La Señora de Fátima y La guerra de Dios son eternos: la fe, la esperanza, la caridad, la solidaridad, el amor...

-También tienen vertiente política...
-Incluso la vertiente política de las dos citadas o la muy explícita de El canto del gallo (una obra con claras influencias de El fugitivo de Ford y su novela original, El poder y la gloria, de Graham Greene) han recobrado actualidad con la caída del muro de Berlín. Hay que recordar que el cine anticomunista fue tambien casi un subgénero en el Hollywood de los años cincuenta: Traición (Edgar G. Ulmer, 1948), Casada con un comunista (Robert Stevenson, 1949), Mi hijo John (Leo McCarey, 1952), Invasores de Marte (William Cameron Menzies, 1953), Fugitivos del terror rojo (Elia Kazan, 1953), Decisión a medianoche(Nunnally Johnson, 1954), Corredor hacia China (Samuel Fuller, 1957)...
  
Francisco Rabal protagonizó «Murió hace quince años», probablemente la película más militantemente anticomunista de la historia del cine español.
-¿Y faltó Gil a esa cita?
-Rafael Gil rodó una obra muy interesante:Murió hace quince años (1954), en la que Francisco Rabal daba vida a un agente comunista infiltrado en España con la misión de asesinar a un alto cargo español (Rafael Rivelles). Y el dilema moral aparece cuando se descubre que esa persona es su propio padre.

-Así que a principios del siglo XXI el cine religioso español de los cincuenta no ha perdido capacidad evangelizadora...
-La capacidad evangelizadora del mundo de la cultura puede llegar a ser muy variopinta y compleja. Pero desde luego la fortaleza interior del sacerdote de La guerra de Dios o la mirada pura de Inés Orsini en La Señora de Fátima continúan –como dijera Pio XII– haciendo más por la evangelización que muchos discursos.

-¿De dónde extraía Rafael Gil las ideas?
-Rafael Gil es el director del cine literario por excelencia en la cinematografía europea. Su obra abarca casi toda la historia de la literatura española de varios siglos. El ciclo religioso no se basa en novelas previas (como sí lo hicieron, por ejemplo, Ford o Bresson), pero Gil es fiel a su estilo fílmico: imágenes cuidadas, guión literario profundo, diálogos medidos. Y junto a ello, una escenografía eficaz y unos medios técnicos de primer orden (fotografía, música, montaje).

-¿Qué quería transmitir con su cine religioso? 
-Emoción y veracidad, personajes humanos. El Judas mismo es un ser de carne y hueso, con dudas y tormentos, que pudo elegir la santidad pero no tuvo el valor de aceptar la corona de espinas. En eso reside el valor de las películas, en su autenticidad. Por eso siguen atrayendo a cualquier espectador sensible y preocupado.

-¿No rompe esa tónica la problematicidad de La boda del señor cura, un retrato humorístico, pero a la vez nostálgico y crítico de dos épocas de la Iglesia?
-Hay una operación curiosa y muy interesante con esta película. Y es contemplarla como una degeneración del personaje protagonista, el cura que encarna Pepe Sancho, comparándolo con lo que le pasaría al cura de La guerra de Dios décadas después si abandonara su fe. Claude Laydu en La guerra de Dios es devoto, esforzado, valiente y comprometido. Laydu se enfrenta a crisis graves, a la incomprensión de sus superiores, a la vista directa de la injusticia... pero se refugia en su fe y le salvan el amor a la Iglesia y la gracia de los sacramentos. No pierde el camino.
  
El recientemente fallecido Pepe Sancho, en «La boda del señor cura»: su personaje acabará perdiendo la fe.
-Todo lo contrario que en La boda del señor cura...
-El personaje de Pepe Sancho comienza a vacilar. Primero son dudas razonables de una rebeldía en principio positiva, pero luego va abandonando los dogmas, los pone en cuestión... y termina aceptando formar parte de células comunistas y en el colmo del caos contrae matrimonio civil con una stripper. Es la escena más amarga de la película, el triste y desolador desenlace de una caída.

-Vizcaíno y Gil apuntaban a historias que se estaban viviendo en España en aquella época...
-La boda del señor cura relata la decadencia de una parte de la Compañía de Jesús y el auge de la Teología de la Liberación, y alcanza su instante más doloroso cuando unos curas jóvenes piden perdón a antiguos alumnos del colegio por haber inculcado de forma excesiva la devoción a la Virgen María. Todo ello ante la mirada atónita de un viejo jesuita retirado, el magistral José Bódalo. Al escuchar esta enormidad, uno de los hombres que estudiaron en aquel colegio (Juan Luis Galiardo) no puede aguantar más y estalla.

-Estalla ¿cómo?
-Proclama que él en realidad es descreído y no ha vivido de acuerdo a las enseñanzas que recibió, pero que tal vez una de las pocas cosas hermosas que le quedan es el recuerdo de aquella devoción mariana. ¿Cómo pueden ahora echarla por tierra los mismos que la proclamaron?

-Es curioso el dramatismo de esta última película de Rafael Gil comparándola con la primera...
-La boda del señor cura es una comedia, pero a la vez una película amarga, sarcástica y con instantes demoledores, aunque en última instancia la necesidad de esa fe recia y limpia (la de los títulos de los años cincuenta) permanezca incólume. Ésa era la fe personal, además, del Rafael Gil persona y director de cine.

martes, 8 de marzo de 2016

Pío XII apoyó tres complots para derrocar a Hitler... lo revelan grabaciones inéditas con el Papa 07032016

Mark Riebling publica un libro con nuevos documentos

Pío XII apoyó tres complots para derrocar a Hitler... lo revelan grabaciones inéditas con el Papa

Pío XII apoyó tres complots para derrocar a Hitler... lo revelan grabaciones inéditas con el Papa
La película Operación Valquiria, de 2008, recoge otro de los episodios de militares alemanes opuestos a la locura hitleriana

Un nuevo libro del periodista Mark Riebling aporta pruebas de que Pío XII no era el «Papa de Hitler»

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7 marzo 2016
Los documentos son contundentes en demostrar la labor de Pío XII en ayudar a los judíos. Cada vez son más abrumadores las pruebas que confirman que Pío XII no era el "Papa de Hitler", como cierta propaganda anticatólica ha querido lanzar a la opinión pública en las últimas décadas.

El libro de Mark Riebling «Iglesia de Espías. La guerra secreta de Pio XII contra Hitler», que presentó el escritor personalmente al Papa Francisco la semana pasada en la plaza de San Pedro, es un testimonio importante que reconoce el trabajo del pontífice en pro de los judíos.

El propio Mark Riebling aporta hasta 10 documentos inéditos que demuestran como Pío XII apoyó tres complots para derrocar a Adolf Hitler y liberar así a Alemania y al mundo de la locura nazi.

Reproducimos íntegro el reportaje publicado en el diario español ABC, en una crónica firmada por su corresponsal en Roma Juan Vicente Boo:

Un experto en contraterrorismo
Mark Riebling es un experto en inteligencia y contraterrorismo, uno de los organizadores del servicio antiterrorista de la Policía de Nueva York después del atentado contra las Torres Gemelas, trabajando con el antiguo jefe de antiterrorismo de la Casa Blanca,Richard A. Clarke.

Pero su vocación académica es la de historiador de los servicios de inteligencia, sobre los que había escrito dos libros antes de atentado del 11 de septiembre del 2001.


Mark Riebling muestra su libro sobre Pío XII al Papa Francisco
La guerra secreta del Pio XII contra Hitler
En una larga conversación con ABC, poco después de haber entregado al Papa Francisco una copia de su último libro «Iglesia de Espías. La guerra secreta del Pio XII contra Hitler», Riebling comenta que «trabajando en libros anteriores descubrí que en 1945 el espionaje norteamericano intentaba infiltrarse en el Vaticano, y encontré 10 documentos importantes que demostraban que Pio XII había intentado derrocar a Hitler. Eran “pistolas humeantes”: ¡Pio XII no era el Papa de Hitler!».

Francisco le agradeció el libro y le pidió que rezase por él. Para el Papa no es un tema cualquiera.

Papa Francisco en defensa de Pío XII
Hace un par de años en una entrevista con Henrique Cymerman, Francisco lamentó lo sucedido desde 1963 con «el Papa que lideró la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial. Al pobre Pío XII le han tirado encima de todo. Pero hay que recordar que antes se lo veía como el gran defensor de los judíos».


Pío XII usó las ondas radiofónicas para hacer oír su voz en años de totalitarismo, guerra y odios irracionales

«Escondió a judíos en los conventos de Roma»
En 1944, «la primera persona que acusó a Pío XII de conspirar con la resistencia alemanafue Stalin»

Francisco recordó que Pío XII «escondió a muchos judíos en los conventos de Roma y de otras ciudades italianas, y también en la residencia estival de Castel Gandolfo. Allí, en la habitación del Papa, en su propia cama, nacieron 42 nenes, hijos de los judíos y otros perseguidos. No quiero decir que Pío XII no haya cometido errores –yo mismo cometo muchos–, pero su papel hay que leerlo en el contexto de la época. ¿Era mejor, por ejemplo, que no hablara para que no mataran más judíos, o que lo hiciera?». Francisco no sabía en ese momento lo que ahora publica Riebling.

Pío XII mantenía su silencio en público a petición de grupos judíos, de grupos antinazis y de los aliados.

Pero, al mismo tiempo, realizaba desde 1939 una intensa actividad clandestina en apoyo de la resistencia alemana –incluidos altos jefes militares, cuyo enlace exterior como intermediario con los aliados era el Papa-, y de tres intentos de asesinar a Hitler.

Pío XII instaló un sistema de grabación magnetofónica de las reuniones en su oficina en 1939, tres décadas antes de las cintas de Nixon en el escándalo Watergate.

Riebling había visto una referencia a esas grabaciones, pero no estaba seguro de que hubieran existido, «hasta que un día le pregunté al padre Peter Gumpel, historiador jesuita, y me dijo que era cierto. El Vaticano las hacía como medida de precaución por si alguien falseaba después el contenido de conversaciones sensibles con el Papa».

Las primeras grabaciones y transcripciones son de una reunión de Pio XII, en su quinto día como Papa, con los cardenales de las grandes ciudades del Reich, que habían venido al Cónclave.

Era el 6 de marzo de 1939, y se abordó la estrategia clandestina de contención de Hitler. Pio XII no podía ser demasiado explícito, pues uno de los cardenales, Theodor Innitzer, el de Viena, había dicho el año anterior, cuando Hitler invadió su país, que la Iglesia apoyaba a los nazis. Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado, había tenido que llamarle al Vaticano y obligarle a firmar una retractación.

El pilar de la resistencia frente a Hitler era el cardenal de Múnich, Michael von Faulhaber, y el personaje clave en las tramas sería un corpulento abogado de esa ciudad, Josef Müller, amigo de Eugenio Pacelli desde sus tiempos de nuncio en Baviera, Alemana y Prusia.

Conjuras para derrocar a Hitler
Müller formaba parte de las conjuras militares para asesinar a Hitler y actuaba de enlace con el Papa gracias a docenas de vuelos clandestinos en su avioneta.

La organización de enlace civil se apoyaba sobre todo en valerosos jesuitas alemanes, pues los obispados estaban infiltrados por los nazis.

Riebling encontró los interrogatorios de Josef Müller por un agente de la OSS, antecesora de la CIA, que interrogaba generales alemanes prisioneros al acabar la guerra y que, posteriormente, como profesor de historia en la Universidad de Minnesota, siguió manteniendo y grabando durante 15 años largas conversaciones con Müller que han terminado en este libro.

Otra gran ayuda fue la de Ray Rocca, uno de los agentes americanos que trabajaba con el legendario James Jesus Angleton en la tarea de espiar a la Santa Sede.

Riebling ha utilizado todos esos datos «para hacer una cronología diaria de cada personaje. Y después lo he escrito con la narrativa cinematográfica propia de un ‘thriller’. ¡Porque la historia no debe ser aburrida!».

Cómo acabar con Hitler
Su libro documenta la planificación de tres intentos de asesinato de Hitler. El primero desde octubre de 1939 hasta mayo de 1940, el segundo desde 1942 a la primavera de 1943, y el tercero, muchísimo más conocido, el 20 de julio de 1944.

El atentado del coronel Claus von Stauffenberg con una maleta explosiva terminó en el arresto y la ejecución de todos los conspiradores, desde el almirante Wilhelm Canaris, jefe de la inteligencia militar, y varios jesuitas alemanes, hasta el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer.

El objetivo era matar a Hitler y enseguida dejar que se desplomase el frente del Oeste, de modo que Alemania fuese invadida por americanos, británicos y franceses, para evitar una ocupación soviética comunista.

Según Riebling, «la primera persona que acusó a Pío XII de conspirar con la resistencia alemana y con los aliados contra la URSS fue Stalin: en 1944 en la agencia TASS, y en 1946 en una publicación checa. Es una fuente sólida».



Grabaciones de Pío XII: carta a Hitler y red secreta
Encuentros con los cardenales del Reich: Faulhaber de Múnich, Bertram de Breslau, Schulte de Colonia e Innitzer de Viena

6 de marzo de 1939

El Papa les lee un borrador de carta a Hitler y les pregunta:

Pío XII: «¿Consideran que este documento es apropiado, o se debería agregar o cambiar algo?»

Faulhaber: «¿Tiene que ser en latín? Teniendo en cuenta la aversión del Führer por las lenguas no germánicas, tal vez sería mejor que no tuviese que recurrir a un teólogo»

Pío XII: «Podemos escribirlo en alemán. Debemos pensar en lo mejor para la Iglesia en Alemania. Para mí esta es la cuestión más importante»

(…)

Faulhaber: «Ellos (los nazis) se asemejan tanto a los combatientes que da la impresión de que buscan razones para luchar. ¡Particularmente si la lucha es contra la Iglesia! (…)»

Pío XII: «Si quieren pelea, no tengamos miedo. Pero aún queda por ver si es posible de alguna manera llegar a una solución pacifica… Cuando lo hayamos intentado todo y ellos sigan queriendo realmente la guerra, presentaremos batalla. Si rehúsan (la paz), debemos luchar».

9 de marzo de 1939

Pío XII: «La primera cuestión es el servicio de correos entre la Santa Sede y los obispos alemanes. El asunto es de vital importancia, puesto que el sistema de enlace es la única manera de obtener los mensajes secretos»

(Discuten dos opciones de enlace clandestino)

Pío XII: «Se trata de un mensajero que no pertenezca oficialmente a la Santa Sede, pero que sea de mucha confianza. Esa persona viajará una vez por semana…»

Faulhaber: «En Baviera los cambiamos con frecuencia, para evitar que la policía los pille»

(sigue el debate)

Pío XII: «No debemos perder el temple. Sencillamente, no podemos ceder ni rendirnos».
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