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sábado, 26 de julio de 2014

"No sólo venimos a rezar a María, sino a rezar con María": homilía del cardenal Parolin en el Santuario de la Virgen de Guadalupe

"No sólo venimos a rezar a María, sino a rezar con María": homilía del cardenal Parolin en el Santuario de la Virgen de Guadalupe

2014-07-15 Radio Vaticana


(RV).- En el marco de su visita a México para participar en el coloquio “México-Santa Sede sobre Migración Internacional y Desarrollo", el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, celebró esta tarde la Santa Misa en el Santuario de Santa María de Guadalupe.
"En María podemos ver la manera cómo la Iglesia se hace presente, con la luz del Evangelio, en la vida de los pueblos, dijo Parolin en su homilía. "Santa María de Guadalupe -constató - es el modelo de una Iglesia peregrina que no se busca a sí misma, que camina con su pueblo”.

Texto completo de la homilía del cardenal Parolin en el Santuario de Guadalupe

Señor Cardenales,Señores Arzobispos y Obispos,
Queridos sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas,Hermanos y hermanas:

Es para mí motivo de profunda alegría poder celebrar esta eucaristía en el Santuario de la Virgen de Guadalupe. No podía faltar, en mi visita a este querido País, un momento en que la Madre me permitiese estar, como una sola familia, con todos ustedes en torno a su Hijo. Y sintiéndome parte de este pueblo que se acoge filialmente bajo su celestial amparo, vengo también yo a rendirle homenaje, como hacen tantos peregrinos, pero sobre todo vengo a pedirle insistentemente lo que Ella siempre nos ofrece, a su Hijo Jesucristo.
Hemos escuchado el evangelio de la Virgen peregrina que, premurosa, se dirigió a la montaña de Judea para acompañar a su pariente Isabel, que en su ancianidad estaba esperando un niño. También san Juan Diego corrió premuroso con su tilma cargada de rosas de Castilla ante el Obispo fray Juan de Zumárraga, rosas que había hecho florecer la Virgencita morena sobre la colina de Tepeyac en la inclemencia del invierno. La preciosa imagen que apareció milagrosamente impresa en su tilma era la prueba y la señal definitiva de la voluntad del Señor.Y entre estas dos santas mujeres, María e Isabel, se establece un diálogo orante, del que brotan dos de las oraciones marianas más conocidas: una con la que nosotros nos dirigimos a nuestra Señora (“Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”) y otra con la que Ella se dirige a Dios (“Proclama mi alma la grandeza del Señor”). Son dos tipos de bendición. La primera viene de Dios: el Señor ha bendecido a María, la ha llenado de su gracia para que sea la Madre del Hijo de Dios; la otra sube de la tierra al cielo: María, que ha experimentado la bondad divina, alaba a Dios, dándole gracias y ensalzándolo.

Las palabras de Isabel, junto a la salutación del Arcángel Gabriel, forman el “Avemaría”, seguramente la oración más repetida dentro de los muros de esta insigne Basílica. “Bendita tú entre todas las mujeres”, es la salutación de la madre de San Juan Bautista, del que Jesús dirá más tarde que es el más grande entre los nacidos de mujer y, sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él (cf. Mt 11,11). María es “bendita” porque se hizo “esclava” del Señor, pequeña al servicio del Reino de los cielos, donde los primeros son los últimos y los últimos primeros.
Y ahora Ella continúa colaborando como Madre con el designio amoroso de Dios, con su plan de redención. De ello es prueba este hermoso santuario, lugar donde se derrama abundantemente la ternura divina, lugar donde María sigue llevando a muchos a su Hijo. Así se lo prometió a San Juan Diego al pedirle una casita para “allí mostrárselo a Ustedes, engrandecerlo, entregárselo a Él, a Él que es todo mi amor, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación”.
Venir a rezar a María, diciéndole “Dichosa”, como Isabel, incluye también reconocerla como modelo de creyente (“Dichosa tú porque has creído”), y aprender a decir como Ella: “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38). La auténtica oración cristiana incluye siempre las palabras del Señor: “No se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22, 42), con las que expresamos la confianza en que todo lo que suceda en nuestra vida forma parte de su designio amoroso de Padre. Como creyente, María es la primera discípula, que recorrió con Jesús el camino de la vida, desde que, como joven gozosa, tuvo a su Niño recién nacido entre los brazos hasta que, como madre dolorosa, lloró abrazada al cuerpo sin vida de su Hijo crucificado. Aprendamos de la Virgen a seguir a Jesús, tanto en los momentos serenos como en medio de las pruebas. Como Ella, que nunca abandonó a su divino Hijo, aceptemos en nuestro corazón la voluntad de Dios, sean cuales sean las circunstancias por las que pasemos. Si estamos unidos a Él en el sufrimiento, Él nos hará llegar a la gloria de la resurrección.
Tenemos muchas cosas que pedir a María: por nosotros mismos, por la curación de un familiar, por los hijos, por los problemas económicos, sociales… Pero no se olviden nunca de pedirle aquello en lo que Nuestra Señora más destaca: la fidelidad a Cristo. Pidámosle el tesoro más grande que Ella tiene: su Hijo Jesucristo. Él es el único Salvador, el médico de los cuerpos y las almas, la fuente de la salud, el que nos reconcilia con Dios, el que nos envía al Espíritu Santo con todos sus dones. Supliquemos a María que nos regale a Cristo y, con Cristo en nuestro corazón, afrontemos la vida diaria, con sus alegrías y penas. Pidámosle a Nuestra Señora que su Hijo sea la luz de nuestra vida, la paz de nuestra alma, la razón que nos lleve a servir a los más postergados, la fuerza que nos aliente a no devolver mal por mal, a no mentir jamás. Y, presentándole nuestros anhelos, preocupaciones, sufrimientos y esperanzas…, Ella como Madre sabrá comprenderlos y llevarlos hasta su Hijo, y a nosotros nos dirá: “Hagan lo que él les diga” (Jn 2,5), para que sea su voluntad la que se cumpla en nuestras vidas.

Por otra parte, no sólo venimos a rezar a María, sino a rezar con María. Y el evangelio nos presentaba la oración con la que Ella, y nosotros con ella, nos dirigimos a Dios: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”. Una oración que consigue abrir las puertas de la gracia y conmover el corazón misericordioso de Dios y realizar obras grandes a través de Ella. No es Ella la importante, sino que es Dios el que obra. Como Juan el Precursor remite a Jesús, así María remite a su Señor. Como aquél decía: “Conviene que él crezca y yo disminuya” (Jn 3,30), así “el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey” (San Ildefonso, Libro de la perpetua virginidad de Santa María, XII).
La Iglesia ha aprendido de María que la verdadera evangelización consiste en “proclamar las grandezas del Señor”, anunciar y descubrir los frutos de la redención con un corazón renovado con el ardor del Evangelio. En Ella podemos ver la manera como la Iglesia se hace presente, con la luz del Evangelio, en la vida de los pueblos, en las transformaciones sociales, económicas, políticas. Santa María de Guadalupe es el modelo de una Iglesia peregrina, que no se busca a sí misma, que camina con su pueblo y no quiere quedarse fuera de sus retos y proyectos, de sus angustias y esperanzas. Por eso, forma parte de nuestra historia y la sentimos en lo más profundo de nuestro corazón.

viernes, 2 de mayo de 2014

‘Por México ¡Actuemos!’: los obispos ante las reformas legales en proceso 02052014

‘Por México ¡Actuemos!’: los obispos ante las reformas legales en proceso




(RV).- “Con ustedes y como ustedes sentimos una gran preocupación por el futuro de nuestro País”. En un comunicado difundido por la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) en el contexto de la Asamblea Plenaria que finaliza este viernes, 2 de mayo, los prelados dicen que es tarea y responsabilidad de todos actuar para hacer el bien y que “no podemos lamentar el mal sin actuar contra él”.

Por eso, ante las recientes Reformas Constitucionales aprobadas hacen suyas “las inquietudes del pueblo” y se preguntan de qué manera serán benéficas sobre todo para los que han estado permanentemente desfavorecidos, o si serán una nueva oportunidad para aquellos acostumbrados a depredar los bienes del País”.

Los Obispos mexicanos indican que “las reformas son necesarias para adecuarnos al presente en la búsqueda de un futuro mejor. ¡Pero no nos engañemos! Si no se reforma la mente y el corazón, si no se reforma la conciencia que genere una auténtica escala de valores y nuestra capacidad de encuentro y fraternidad solidaria no habrá reforma que nos ayude a superar las intolerables desigualdades e injusticias sociales” en el país.

Los obispos de México señalan que toda reforma debe adecuar el presente en la búsqueda de un futuro mejor. La dureza de este mensaje está en que esos cambios legales son como espejismos que ocultan las intolerables desigualdades e injusticias sociales “que nos impide ver el drama de los migrantes, el secuestro, la impunidad, la actividad del crimen organizado, la pobreza y la violencia, además de la indiferencia contra el valor de la vida y las propuestas para legalizar el mal como sería la aceptación de las drogas o transigir con el crimen”.

La CEM señala que los creyentes, y en particular los cristianos, saben que el camino para superar todo lo que destruya la vida o la dignidad humana, necesita siempre la entrega generosa de la propia vida”.
“La búsqueda personal y sincera del bien, la vida familiar como transmisora de valores y de comunicación armónica, los diversos grupos e iniciativas sociales que buscan el mejoramiento de la vida política, económica, cultural, familiar, social, laboral, etc. son espacios de participación. ¡Esa participación debe ser cada vez más consciente, organizada y oportuna! No dejemos que las decisiones queden en manos de unos pocos que miran a sus propios intereses. ¡Actuemos!”.

El mensaje de los obispos de México seguramente será presentado el viernes ante el Poder Ejecutivo. Es una voz necesaria para despertar las conciencias y advertir que, por muchas y escandalosas reformas, se hace necesaria la participación fundamental de actores que conocen el pulso exacto de la nación para mostrar la esperanza para todos.
La verdadera reforma de México está en la renovación de la mente y del corazón.
‘Por México ¡Actuemos!’ es el título del mensaje de los obispos mexicanos reunidos en asamblea plenaria, documento que cuestiona el beneficio de las reformas legales en proceso, si no se cumple con el mínimo de condiciones que permitan su aplicación.

ER RV



Texto completo del Mensaje de los obispos mexicanos y locución del mismo por el presidente del CEM José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara. (audio)
(audio) RealAudioMP3

Cuautitlán, Izcalli, Edo. de México, 30 de abril de 2014

POR MÉXICO ¡ACTUEMOS!
Mensaje de los Obispos de México
Con mucho cariño, a todas y a todos les hacemos llegar el saludo de Pascua con las motivantes y esperanzadoras palabras de Jesús resucitado, vencedor del mal y de la muerte: ¡La Paz sea con ustedes!

Con ustedes y como ustedes sentimos gran preocupación por el futuro de nuestro País. Por eso, ante las recientes Reformas Constitucionales aprobadas hacemos nuestras las inquietudes de nuestro pueblo y nos preguntamos de qué manera serán benéficas sobre todo para los que han estado permanentemente desfavorecidos, o si serán una nueva oportunidad para aquellos acostumbrados a depredar los bienes del País.
¿Qué garantizará que la Reforma Educativa impulse un verdadero desarrollo integral para todos; una reforma en la cual se reconozca el derecho fundamental de padres y madres de familia, y la sociedad en su conjunto asuma la responsabilidad que le corresponde; y no venga a alimentar una nueva estructura burocrática que sólo defienda sus propios intereses? ¡Sin educación de calidad no hay personas, ni pueblos libres!

¿Qué garantizará que la Reforma Fiscal fomente una contribución verdaderamente justa, equitativa, corresponsable, clara, sin complejidades y que sea utilizada con honestidad y transparencia para construir un país con menos desigualdades, que favorezca el empleo digno y bien remunerado y las inversiones productivas; o será una maraña en la que puedan evadirse o esconderse quienes se benefician de los recursos del pueblo de México? ¡Sin honestidad, veracidad y transparencia los recursos seguirán siendo botín de pocos!
¿Que garantizará que la Reforma Política consolide una auténtica democracia y una real participación ciudadana que supere las artimañas de los más habilidosos para lucrar con el poder? ¡Sin verdadero amor al prójimo, sólo habrá una búsqueda ambiciosa de pedazos de poder!
¿Qué garantizará que la Reforma Energética haga que los recursos del País se inviertan para superar los graves atrasos de gran parte de la sociedad mexicana, y que las inversiones públicas o privadas, nacionales o extranjeras sean promotoras de progreso social, humano y comunitario, y cuidadosas del medio ambiente, por encima de intereses particulares? ¡Si la persona humana no está por encima del dinero, el dinero le pondrá precio a cada persona!
¿Qué garantizará que la Reforma en Telecomunicaciones ponga al alcance de todos las ventajas de la tecnología, la calidad de los contenidos y el respeto a la dignidad y privacidad de los ciudadanos? ¡Sin verdad y sin justicia los monopolios sólo cambiarán de manos, la manipulación de la opinión pública y de los contenidos la definirán los intereses dominantes!
Las reformas son necesarias para adecuarnos al presente en la búsqueda de un futuro mejor. ¡Pero no nos engañemos! Si no se reforma la mente y el corazón, si no se reforma la conciencia que genere una auténtica escala de valores y nuestra capacidad de encuentro y fraternidad solidaria no habrá reforma que nos ayude a superar las intolerables desigualdades e injusticias sociales que nos llevan a estar más atentos por la vida privada de los artistas, que por el sufrimiento de los migrantes arrojados de un tren por no tener para pagar a los extorsionadores; o a ver como estadística y nota periodística los secuestros, la trata de personas, la impune actividad del crimen organizado, las cuotas forzadas, la violencia y los cadáveres decapitados en fosas clandestinas.
No podemos acostumbrarnos a tener en la pobreza a más de cincuenta millones de mexicanos, muchos de ellos en una miseria que les condena a morir sin atención médica. Esa indiferencia cómplice en contra del valor de la vida humana, es la que hace que se festeje que miles de niños en gestación sean sacados del vientre de la madre para ser arrojados a un bote de basura. ¡Nos falta una verdadera reforma interior para que el País sea mejor!
Aunque esta visión de la parte dolorosa de nuestra realidad podría llevarnos al fatalismo que nos vende la idea que ante el mal no hay solución; que es mejor legalizarlo en la droga o transar con él en el crimen, los creyentes, y en particular los cristianos, sabemos que el camino para superar todo lo que destruya la vida o la dignidad humana, necesita siempre la entrega generosa de la propia vida.
¡Cristo venció el mal y la muerte con el poder del bien y del amor! Él nos dice: "No tengan miedo, yo he vencido al mundo". En consecuencia los cristianos católicos no podemos rendirnos, ni sentirnos derrotados, sino urgidos a participar con la fuerza del Espíritu de Cristo Resucitado.

A todos nos urge ser positivos y propositivos. No podemos lamentar el mal sin actuar contra él. La búsqueda personal y sincera del bien, la vida familiar como transmisora de valores y de comunicación armónica, los diversos grupos e iniciativas sociales que buscan el mejoramiento de la vida política, económica, cultural, familiar, social, laboral, etc. son espacios de participación.
¡Esa participación debe ser cada vez más consciente, organizada y oportuna!
No dejemos que las decisiones queden en manos de unos pocos que miran a sus propios intereses. ¡Actuemos!
Nadie esta dispensado de actuar para hacer el bien. El País es de todos; y entre todos tenemos que sacarlo adelante haciéndonos más participativos. Sin participación social nos hundiremos.
Los recién proclamados santos, San Juan XXIII y San Juan Pablo II, trabajaron en medio de múltiples obstáculos por un mundo mejor para todos, por su fe en Jesucristo y amor al prójimo. Ellos son un referente para nuestra desafiante tarea. La Iglesia mexicana seguirá contribuyendo a generar paz y unidad en nombre de Dios.
Que Santa María de Guadalupe interceda por nosotros para que Dios nos conceda la inteligencia, la sabiduría y la valentía de construir juntos un México mejor.

Por los Obispos de México.

† José Francisco, Card. Robles Ortega
† Eugenio Lira Rugarcía
Presidente de la CEM Obispo Auxiliar de Puebla
Arzobispo de Guadalajara Secretario General de la CEM

sábado, 5 de abril de 2014

AMERICA/MEXICO - Todos involucrados en la búsqueda de diferentes mecanismos para poner fin a la violencia 04042014

AMERICA/MEXICO - Todos involucrados en la búsqueda de diferentes mecanismos para poner fin a la violencia

Monterrey – “Sabemos que quién tiene el verdadero poder es Dios y sabemos que los familiares se mueven, ellos solos empiezan a actuar para resolver su problemática. Pero todos estamos involucrados, tenemos que buscar que se establezcan los protocolos de búsqueda y de diferentes mecanismos que terminen con toda esta barbarie”. Son las palabras del obispo de la diócesis de Saltillo, Su Exc. Mons. Raúl Vera López, en la ceremonia por el 20 aniversario de la Asociación Ciudadanos en apoyo de los Derechos Humanos , llevada a cabo en Monterrey.
La nota recibida en la Agencia Fides por una fuente local refiere que Mons. Raúl Vera López, conocido en todo el país por su compromiso en favor de los migrantes, homosexuales o prostitutas, ha querido expresar una vez más su apoyo a las familias de las victimas y ha acusado de indiferencia al estado mexicano ante la violencia de los grupos del crimen organizado. Mons. Vera López ha señalado que la sociedad civil debe pedir al gobierno mexicano que ponga fin al clima de inseguridad en la que vive México, en especial el norte.En su diócesis de Saltillo, el Obispo escucha los testimonios de los migrantes y las familias de las víctimas de la inseguridad: “Vemos a criaturas que están sufriendo, pero también vemos personas con dignidad - concluye monseñor Vera - De ninguna manera asumimos una actitud paternalista, porque vemos en ellos los sujetos que mañana harán lo que haga falta por cambiar esta situación”.