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viernes, 23 de octubre de 2020

Asesinó a religiosa en ritual satánico: Sor María Mainetti pidió a Cristo por nosotras 22102020


 

22 de octubre de 2020 - 5:16 AM

Asesinó a religiosa en ritual satánico: Sor María Mainetti pidió a Cristo por nosotras

Redacción ACI Prensa



Sor María Laura Mainetti. Crédito: Diócesis de Como

Mientras la matábamos “ella nos perdonaba”, es el testimonio de Milena, la entonces adolescente que con otras dos jóvenes asesinó en un ritual satánico a Sor María Laura Mainetti hace 20 años.

La religiosa fue asesinada de 19 cuchilladas la noche del 6 al 7 de junio de 2000 en Chiavenna por tres muchachas, dos de 17 años y una de 16, durante un rito satánico.

Mientras moría, encontró fuerzas para rezar por las jóvenes y perdonarlas. Este dato se pudo conocer en los interrogatorios realizados a las asesinas, quienes contaron que Sor Maria Laura dijo antes de morir: "Señor, perdónalas".

La idea primera del asesinato no eran 19 cuchilladas sino 18, seis cada una por el “número de la bestia” (666) del que habla el libro del Apocalipsis.

Originalmente el objetivo del ritual satánico era un sacerdote, Mons. Ambrogio Balatti, que era arcipreste de Chiavenna San Lorenzo. Las muchachas desistieron de matarlo porque vieron que era corpulento y eso las complicaría. Por ello finalmente decidieron matar a la religiosa a la que vigilaron durante varios meses, según informó un medio local.

El 6 de junio de 2000, la religiosa recibió una llamada telefónica al convento alrededor de las 11:50 p.m. en la que una joven le pedía ayuda. Sor María Laura informó al arcipreste, Mons. Ambrogio, que iba a encontrar a la chica.

Según describió otro diario local, el ataque comenzó con un golpe de ladrillo en la cabeza de Sor María Laura y durante el homicidio sonaban algunas canciones de Marilyn Manson, un polémico músico estadounidense que tiene entre sus álbumes uno titulado “Anticristo Superstar”.

Las jóvenes acuchillaron a la religiosa con un cuchillo de cocina, después de pasar varias horas bebiendo cerveza en un pequeño bar de la población.

Ambra Gianasso, Milena De Giambattista y Verónica Pietrobelli fueron halladas culpables de la muerte y sentenciadas a prisión.

Algunos años después salieron de la cárcel y participaron en programas de servicio comunitario. Ahora, con nuevas identidades, han podido rehacer sus vidas. 

Ambra estudió derecho en la universidad, Verónica coordina una guardería, está casada y tiene dos hijos y Milena estuvo en una comunidad para personas con adicciones coordinada por el P. Antonio Mazzi.

De hecho, el P. Mazzi dijo que Milena “es plenamente consciente de lo que hizo y que al mismo tiempo está arrepentida y convencida de poder renacer y recuperarse”.

De acuerdo con los medios locales, Milena fue la única de las tres jóvenes que regresó en una ocasión a Chiavenna para ser testigo en el matrimonio de su hermana, hecho que levantó muchas polémicas.

Por su parte, los sobrinos de Sor María Laura, Stefano y Marcellina Mainetti, destacaron que la próxima beata perdonó a sus asesinas y dijeron que se unen “a la oración y al recuerdo de quienes la amaron”.

“El vacío que dejó en nuestra familia sigue siendo infranqueable hoy. El recuerdo de ella sigue vivo en nuestros corazones. Fue una persona acogedora y devota, se dedicó sin reservas a los demás. Dejó una huella imborrable en la vida de todos los que la conocieron” señalaron los hijos del hermano de Sor María Laura, Giovanni.

Además, el Obispo de Como, Mons. Alessandro Maggiolini destacó que “la gente sencilla ha percibido ya un aura de santidad” y añadió que “no es casualidad que se encomienden a Dios por intercesión de esta víctima y que adornen con flores frescas el lugar del crimen”.

Así lo indicó Mons. Maggiolini en el prólogo del volumen “Maria Laura Mainetti. La Hermana de Chiavenna” escrito en 2005 por Sor Beniamina Mariani, y que recoge varios testimonios, como el de Milena.

Milena escribió también a la comunidad de las religiosas de Chiavenna y reconoció que “la engañamos tendiéndole una trampa y después la matamos y mientras hacíamos esto, ella nos perdonaba”.

“No puedo más que guardar de ella un recuerdo de amor. Además, esto me ha permitido creer en algo que no es ni Dios ni Satanás, sino que era una simple mujer que ha vencido al mal”, señaló Milena y añadió que “ahora encuentro en ella consuelo y la gracia para soportar todo. Rezo siempre y estoy segura de que ella me ayudará a ser una persona mejor”.

Por su parte, la superiora general de la congregación, sor Ketty Hiriart-Urruty, dijo en una carta enviada a todas las hermanas de la congregación para anunciar la muerte de Sor María Laura que “de la vida de esta hermana brota un manantial, un chorro de vida evangélica” y agregó que “este manantial nos habla de nuestra consagración, de nuestra vida ofrecida a la Trinidad, de nuestro deseo de identificación con Jesucristo, de nuestra opción por los más pobres, de las heridas de la vida”.

“Esto conduce a los orígenes de la Congregación. Ha demostrado que nuestro carisma está vivo y es muy actual… Con este estilo de amor y de entrega se ha dado ella misma a manos llenas, sin cálculo, exactamente como quien sabe que todo lo que tiene es don de amor, que hay que compartir y hacer fructificar”, advirtió Sor Ketty Hiriart-Urruty.

Entre los testimonios de las religiosas de su Congregación, Sor Beniamina Mariani subrayó que “alimentaba una predilección particular por los jóvenes. Con ellos se sentía a gusto y le gustaba y se recreaba tanto en los encuentros programados como en los casuales”. “¡Sólo Dios puede saber cuánto se ha sacrificado por los jóvenes!

Encuentros, coloquios, campamentos, jornadas mundiales de la juventud, catequesis, acompañamiento individual”.

En uno de sus escritos, Sor Maria Laura Manietti rezó: “Dame tus sentimientos, Jesús, los sentimientos de las Bienaventuranzas: el pobre que se fía, se abandona, el niño que se siente amado, la aflicción que es participación en la de Cristo y es salvación, la Misericordia, la benevolencia, la Pureza de cuerpo y de corazón, la humildad”.

Sor Maria Laura, cuyo nombre de pila era Teresina, nació en Colico, Lecco (Italia), el 20 de agosto de 1939.

En el momento de su muerte era superiora de la Comunidad de las Hijas de la Cruz, en el Instituto María Inmaculada de Chiavenna.

La Santa Sede promulgó el decreto de beatificación el pasado 19 de junio.

Etiquetas: religiosareligiosas asesinadasMaría Laura Mainetti

sábado, 28 de enero de 2017

Asesinan a joven misionera polaca en Bolivia 26012017

Asesinan a joven misionera polaca en Bolivia

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Helena Agnieszka / Foto: Wolontariat Misyjny Salvator
Helena Agnieszka / Foto: Wolontariat Misyjny Salvator








LA PAZ, 26 Ene. 17 / 11:16 am (ACI).- La joven misionera Helena Agnieszka Kmiec, de 26 años de edad y originaria de Polonia, fue encontrada muerta la madrugada del martes 24 en la localidad de Pacata, en Cochabamba (Bolivia), donde hacía labor de voluntariado.
La joven había llegado desde su país natal los primeros días de enero para apoyar en las labores del Voluntariado Misionero “Salvatoriano”, al que pertenecía y que es dirigido por los sacerdotes polacos del Divino Salvador. El plan de Helena era permanecer en Bolivia unos seis meses.
Sin embargo, el martes los asesinos treparon las paredes del Colegio Edmundo Bojanowski - obra de la Congregación de las Siervas de la Inmaculada Concepción de la Beata Virgen María-, con el fin de robar. Helena se encontraba en este centro junto a su amiga Anita Swuwald.
Según los informes, los delincuentes habrían sido sorprendidos por la joven y uno de estos la atacó con un cuchillo.
El Ministerio Público de Bolivia detuvo ayer a dos sospechosos. Se trata de Romualdo Mamio do Santos y a Sergio Óscar Flores Rivera, quiene serían el autor y cómplice del asesinato de Helena.
Por su parte, IglesiaViva.net, órgano informativo del Episcopado Boliviano, pidió rezar “por Helena y su descanso eterno”. “Nos unimos a las oraciones de los familiares y cercanos”, añadió en la nota donde informa del asesinato.
“También pedimos sus oraciones por Anita Szuwald, que aún se encuentra delicada”, exhortó.

jueves, 8 de septiembre de 2016

«Sólo Jesús salva», testimonio de la misionera española asesinada en Haití 06092016

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«Sólo Jesús salva», testimonio de la misionera española asesinada en Haití


«Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón», Isabel Solá tras el terremoto de 2010. - RV
06/09/2016 16:35

 
(RV).- «Yo viví el terremoto de Haití en carne propia el 12 de enero de 2010. Los primeros días tras la tragedia estuve trabajando en un hospital. La mayoría de los heridos tuvieron que ser amputados. Tuvimos que hacer allí toda clase de intervenciones muy difíciles. En el momento en que ocurrió el temblor había en mi parroquia una reunión del comité litúrgico en el que murieron todos». Este era el testimonio de la misionera española Isabel Solá Matas, religiosa de la congregación Jesús María, natural de Barcelona que vivía y trabajaba ayudando a los más pobres de Haití desde el 2010, año en el que fue testigo directo de la catástrofe natural que azotó al país dejando una cifra de 316000 muertos y más de un millón de damnificados. La entrevista fue concedida al programa de televisión Misioneros por el mundo.
Desafortunadamente, la mañana del 2 de septiembre de 2016, los medios de comunicación se hacían eco del trágico incidente de robo en el que Isabel fue asesinada tras recibir dos disparos mortales cuando se encontraba en las proximidades de la catedral de la ciudad en Puerto Príncipe. Por el momento se desconoce la identidad de los autores del crimen que abrieron fuego contra ella mientras conducía su vehículo por la capital haitiana, según aseguraron medios locales.
En Radio Vaticana difundimos esta noticia que conmocionó a nuestros seguidores en las Redes Sociales, quienes se unieron en oración por su alma e iniciaron un profundo diálogo sobre la violencia y el crimen que abundan en la sociedad.
“Día tras día, alrededor del mundo, las personas que practican el mal tratan de impedir que aquellos quienes buscan de hacer el bien ayuden a los más necesitados",explica María del Carmen Arvizu de España y añade: “El mal reina allí donde el hombre ha decidido alejarse de Dios, haciendo un erróneo uso de su libertad”.
“Otra mártir en el cielo. La justicia debe velar por esclarecer el asesinato de esta religiosa que trabajaba en el país más pobre de América, donde los pobres se matan entre pobres, como también sucede en muchísimos otros países cristianos y no cristianos. La pobreza extrema no legitima ningún crimen", comparte nuestro seguidor en Facebook Humberto Del Lago.
“Dios perdone a sus asesinos. Este suceso nos sacude pero forma parte de una cruel realidad de violencia que crece cada vez más. Me pregunto...¿qué hacen la policía y Gobierno para frenar estos crímenes? Nuestra hermana Isabel ya se encuentra en la casa del Padre. Rezamos por su alma”, escribe Edgardo Salas Neira desde Arequipa, Perú.
“Cuánta miseria rondando en esta sociedad. Cuánta ceguera hay en el corazón de aquellos que pasan por esta vida haciendo el mal, sin darse cuenta de que el verdadero sentido de nuestra existencia es la búsqueda y el encuentro personal con Dios, a través del amor que ofrecemos a nuestros hermanos, al prójimo, en cuyo corazón también habita Dios. Pidamos a nuestro Padre en elAño de la Misericordia, que derrame su perdón sobre los autores de este crimen para que puedan convertirse a pesar del mal que han hecho”, es la oración de Miguel Ángel de la Torre de Bahía Blanca, Argentina.
Finalmente y en recuerdo de Isabel Solá, compartimos un significativo fragmento de la carta que envió a la institución eclesial OMP (Obras Misionales Pontificias) después de sobrevivir al terremoto que asoló a Haití.
«Pensaréis que cómo puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria, entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera...  Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón. Haití es mi casa, mi familia,  mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios. Al final, para poder vivir aquí, tuve que comprender y aceptar que no estaba aquí para salvar a nadie o para cambiar nada. Y ni por asomo me podía imaginar  que un terremoto me iba hacer bajar la cabeza literal y espiritualmente hasta hacerme comprender profundamente que el único que salva es Jesús. Después de vivir algo así,  he experimentando cada día como un regalo de Dios y que no merecemos nada, todo es don, tanto lo que consideramos bueno como lo malo: que el sufrimiento no es algo malo que nos ocurre sino una lección que no hay que saltarse porque nos hace más humanos y menos ambiciosos».
Así era Isabel Solá Matas, un ejemplo de misionera que no tuvo miedo de entregar su vida al servicio de los más pobres. Descansa en Paz y brille para ti la luz perpetua de la Misericordia de Dios.
(SL-RV)

De esa gran misionera que fue Isa Solá 04062016

De esa gran misionera que fue Isa Solá

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4 septiembre 2016

            A través de este medio, conozco el terrible asesinato de esa gran misionera que fue Isá Solá, y recuerdo que fue ella, precisamente, el motivo de uno de mis primeros artículos en Religión en Libertad. Esto es lo que sobre ella escribía yo el día 6 de febrero de 2010, completamente ignorante, como se pueden Vds. imaginar, del fin tan desgraciado e injusto que la esperaba a la vuelta de la esquina, algo más de seis años más tarde:

            “Hoy le presto estas líneas a una de esas heroínas anónimas que por el mundo pululan. Isa Solá, joven religiosa en Haití, testigo directo de cómo la desgracia se cebaba en una tierra en la que ya se había cebado con anterioridad, porque Haití no ha conocido en toda su historia el bienestar. Pertenece a las religiosas de Jesús María, orden fundada en 1818 por Claudina Thevenet, una muchacha francesa marcada por la experiencia inolvidable que para muchos –no querría dejar de citar aquí a Jean Marie De Lamennais, fundador de los Hermanos Menesianos, con los que me eduqué, presentes también en Haití- resultó la Revolución Francesa.

            El de Isa Solá es un testimonio directo, directísimo, de los muchos que dan los hombres y mujeres de Iglesia, los primeros en llegar a la desgracia por la sencilla razón de que ya están en ella cuando acuden los medios y detrás, todos los demás. Y los últimos e irse, eso siempre.

            Trátase de un testimonio desgarrador, pero también y sobre todo, sincero, terriblemente sincero. Aunque la carta pueda ser algo larga, les invito, queridos lectores, a leerla hasta el final. Vale la pena.

            Y ya, sin más, cedo la palabra a Isa:

            “Hola a todos,

            Estoy un poco aturdida, cansada y triste pero voy a intentar escribir algo porque sois tantos los que me estáis apoyando en este momento que es lo menos que puedo hacer...

            Hemos vuelto a Gros Morne a descansar..porque estamos muy cansadas...creo que cada vez aguantamos menos.. bueno, yo menos que Jackie y Britany me parece.

            Todo esto es tan dantesco que se que tardaré años en digerirlo... pero pido que algo bueno salga de esta catástrofe, no sé qué, no entiendo por qué...pero necesito tener un agujerito de esperanza para poder seguir viviendo después de todo lo pasado hasta ahora...

            Al principio fue el encuentro con la muerte cruda y dura, después los heridos, ahora somos los supervivientes refugiados....y todas las consecuencias que va trayendo un terremoto. Nunca se piensa en ello hasta que te toca en tu carne.

            Necesito seguir vislumbrando por donde seguir...estoy perdida, como tanta gente, sin casa, sin comunidad...eso es lo que me hace sentir mas cerca de ellos, que estoy pasando lo mismo..aunque sin que me hayan cortado una pierna, y sin haber perdido a nadie de mi propia comunidad.

            Hay comunidades religiosas que han sido golpeadas duramente. Las Hijas de Maria han perdido a 26 hermanas, incluido el Consejo General, los salesianos a 3, las Hijas de la Caridad a 1, los monfortianos a 11 seminaristas y 1 sacerdote... No sigo...

            Después de colaborar en el Hospital Sacre Coeur, como vinieron muchos equipos médicos potentes y bien organizados, de Estados Unidos, Francia, Jamaica...y dado que donde estoy alojada con mi tienda de campana hay un grupo de religiosos que han venido de R. Dominicana a colaborar, me integré en su grupo que trataba de llegar donde nadie había llegado... decidimos llegar a la parte de la ciudad que sube por la montaña en una zona llamada Martisan. Es una zona de chabolas de bloques que forran la montaña de una forma increíble... No hay acceso con coche, sólo hasta cierto punto, luego toca a pie... Nos dijeron que habían muchos heridos arriba que no podían bajar al hospital por la dificultad de la bajada. Y que llevaban dos semanas así... empezamos el ascenso y yo me quedé aterrada. (mandaré fotos cuando las tenga.) Todas las casas están destruidas y hay que escalar entre bloques para subir. Pero la gente sigue ahí, encima de sus casas, muchos de ellos porque nos decían que debajo de las ruinas estaba su mujer, o sus hijos o su hermana.. y no querían dejarlos..Empezaron a salir heridos por todas partes, sobre todo niños... cabezas con brechas sin curar, piernas rotas sin entablillar, brazos rotos o dislocados, heridas infectadas abiertas... eso de cerca. Si levantabas la vista ves dos colinas totalmente destruidas, como si una batidora las hubiera revuelto. Me quedé sin respiración. Bajé la mirada y solo vi miradas tristes de niños heridos que seguían haciendo su vida como podían con esa brecha abierta o esa herida infectada... Bajamos a un hombre con la pierna gangrenada. Amputación segura, pensé yo, ya me lo sé...Un hombre paralítico, una mujer con la pelvis rota, una mujer embarazada de seis meses con amenaza de aborto y con el brazo roto.

            Creo que estuvimos mas de cuatro horas pasando por las casas haciendo curas... vimos a bastantes que necesitaban ir al hospital y bajamos a los que pudimos y que nos parecían mas urgente. No todos...Era demasiado difícil moverlos y no teníamos los medios para hacerlo bien...

            Pedí ayuda a las Hijas de la caridad y ellas llamaron a un grupo de bomberos españoles que vinieron para rescates difíciles y bajaron a otros tantos.

            No me acostumbro a ver tantas casas destruidas, tanta gente durmiendo en la calle y en tiendas improvisadas con telas y palos.

            Cuando me encuentro en mi tienda de campaña durmiendo sola, me digo a mi misma: Vaya cambio, Isa, antes vivías con tres personas en una casa tan linda, y estábamos tan a gusto las cuatro, y ahora estás sola en una tienda de campaña. Vivian a punto de ser operada del brazo, Middia recuperándose en su casa de su fisura de fémur y de todas las magulladuras tras estar cuatro horas bajo los escombros, Gardine superando la muerte de su hermano en la comunidad de Gros Morne... y yo aquí. ¿Cómo puede cambiar la vida en cuestión de un minuto? Sólo Dios sabe.

            Las calles a partir de las seis de la tarde se cierran y se vuelven dormitorio. La mayoría de edificios, escuelas e iglesias todavía tienen los cadáveres debajo y toda la ciudad sigue oliendo a muerte, aún después de tres semanas.

            Las filas de gente para recoger la alimentación del WFP con ayuda de los camiones de la ONU pueden ser de varias horas de espera o de varios Km. Pero quiero que se diga que aunque lentamente y aunque aún no se llega a todas las zonas, se está haciendo bien y con orden. O por lo menos no es lo que yo he visto. Puede haber algún disturbio, pero no fuera de la normalidad en estas situaciones. La gente está nerviosa y hambrienta, triste y desorientada. Pero aun faltan muchas zonas por repartir alimentación. Puerto Príncipe es tan grande...

            Porque la segunda parte del terremoto es el hambre. La gente empieza a ponerse a veces violenta porque tiene hambre.

            A mi ya no me extraña nada, he experimentado que el hambre te puede empujar a hacer cualquier cosa.

            La otra parte es la búsqueda de cadáveres y levantamiento de edificios, aunque es muy lento, es horriblemente doloroso. El que tiene suerte llega a localizar a su familiar muerto. La mayoría no se reconocerán o ni siquiera se descubrirán porque son demasiados los días que han pasado y ya están descompuestos e irán a las fosas comunes o se mezclaran con la basura.

            Mi casa esta demasiado agrietada para entrar, esta torcida, se han roto las tuberías y se ha hundido algo de forma que las puertas ya no cierran. Fue suficientemente fuerte para salvarme la vida. Pero no podría seguir viviendo en ella para agradecérselo ni aunque me dijeran de arreglarla... tengo el miedo muy dentro. Aun escucho el crujir de ese momento.

            Mi parroquia, Sacre Coeur tiene 30 personas muertas debajo, que tenían una reunión. Aun están ahí a día de hoy (3 de febrero). Conocía a bastantes de ellos.

            Los alumnos que dejé debajo de la escuela a la que acudí primero también siguen ahí. El olor se siente en toda mi calle y en mi casa. No puedo mirar esa escuela sin que se me parta el alma. Creo que algo de mi se murió con ellos. Y no hay noche que no vea sus manos pidiéndome ayuda y gritándome... No hay noche que no vuelva a sentir el terror que sentí cuando se repetían las replicas y luchaba entre mi seguridad y las suplicas de ayuda de los chicos de la escuela.

            No quedan escuelas en Puerto Príncipe. Yo diría que se han derrumbado todas... al menos las mas importantes, las de religiosos todas, si queda una no la conozco.

            Se han derrumbado todos los ministerios, el palacio nacional y la catedral. También el Obispo ha muerto... con su pueblo. Todo eso ya lo sabéis por los medios de comunicación y mejor que yo. Pero descubrirlo conduciendo por las calles es otra cosa. Se descubren mejor las consecuencias de todo ello. Se piensan tantas cosas...

            ¿Qué futuro nos espera? ¿qué siente esta gente que lo ha perdido todo? Ahora lo sé mejor que antes porque yo misma he perdido no todo, pero si mucho. Nada se sabe mejor que cuando se vive en carne propia.

            Y siento una tristeza inmensa. Aún no me siento con fuerzas para hacer nada. Me refiero a tomar decisiones. Es muy pronto. Me siento muy débil y poca cosa. No haría mas que llorar...

            Me gustaría deciros que estoy animada, que adelante, hay que seguir, que la vida sigue y hay que luchar... y todo eso... pero no puedo mentiros. Estoy derrumbada.

            Me decís demasiadas cosas bonitas en vuestros correos que no sólo no me definen sino que hasta me duele leerlo porque no soy así. Y en medio de este desastre no me siento digna de recibir ni medio elogio.

            Os agradezco vuestro apoyo y cercanía, vuestra solidaridad y cariño. Pero no se si podéis comprender lo que me cuesta recibir esto en medio de tanto sufrimiento. Es como si yo recibiera un regalo mientras todo el mundo aquí sufre miseria, hambre y dolor... No puedo. Yo solo veo mi cobardía y mi debilidad. Y esa es la realidad.

            También os tengo que reconocer que me cuesta rezar... me quedo callada delante de Dios y no sé que decir... Espero lo hagáis por mi.. porque a mi no me salen las palabras. Lo único que he sido capaz de repetir alguna vez es: ¡SALVANOS, SENOR!... ¡SALVA A TU PUEBLO!

            Gracias por todo. Un abrazo a cada uno

            Isa Solá rjm”

            Y sin más por hoy, que hagan Vds. queridos amigos mucho bien y no reciban menos.


            ©L.A.
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