En el domingo cuarto antes del final
Domingo 31º del TO. Ciclo A (01.11.2026): Mateo 5,1-12a. Fiados de Jesús y no de los catedráticos. Así lo escribo CONTIGO,
Por ser el día uno de noviembre se rompe el ritmo de lectura del Tiempo Ordinario en este Ciclo A del Evangelio de Mateo. Los pasados domingos andábamos con Jesús de Nazaret en el Templo de Jerusalén hablando, o peleándose, con unos y con otros a propósito de la autoridad. Es decir, a propósito de las cuestiones de la religión, de los credos, de las prácticas y las instituciones de la religión del pueblo que se creyó escogido por su Yavé-Dios.
Después de este domingo primero de noviembre nos quedan aún tres domingos más para acabar el Ciclo de Mateo. En ellos nos vamos a leer las tres parábolas con las que se completa el quinto y último discurso que sólo este Evangelista coloca en labios de su Jesús de Nazaret. Estas tres parábolas dan forma al capítulo vigésimo quinto de este Evangelio. Pero las gentes del pueblo, ¿cuándo escucharán en las liturgias del domingo TODA la palabra de este Mateo?
Por ser la fiesta llamada de ‘todas las santas y santos’ se nos propone la lectura contemplativa y crítica de Mateo 5,1-12. Es decir, el comienzo del primero de los cinco discursos de los que acabo de hablar. Este discurso completo abarca los capítulos quinto, sexto y séptimo del Evangelio de Mateo. ¿Quién no ha escrito o comentado algo de este relato de las ‘bienaventuranzas’? ¿Qué puedo comentar ahora que llegue a despertar algo nuevo y actual? Bienaventurada, dichosa y feliz la persona que lea, comprenda, acepte y viva todo cuanto se dice en Mateo 7,12. De esta manera es como entendió este Evangelista a su Jesús de Nazaret, su vida, su misión, su buena noticia, su moral, su mandamiento, su política, economía, religión y espiritualidad. Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. Este es el camino de las personas que quieren ser y vivir felices.
Esta propuesta que el Evangelista Mateo pone en labios de su Jesús de Nazaret contrasta muchísimo con las predicaciones y propuestas ofrecidas por las autoridades de la Sinagoga y del Templo de Jerusalén que proclaman bienaventurado, dichoso y feliz al buen judío cumplidor de la Ley de Moisés. Si uno guarda la Ley, la Ley le guardará a él. Esta es la primera plegaria del libro de los Salmos. Una vez más me leeré sin tiempo y en paralelo el Salmo 1 y Mateo 5,1-12. Constataré que estoy ante dos caminos de vida y de fe distintos y distantes.
Y advierto desde este comentario que es posible que muchos celebrantes de la liturgia católica decidan seguir la lectura del Evangelio en el trigésimo primer domingo del Ciclo A. En este caso se proclamará la lectura de Mt 23,1-12. Por ser mía la elección, me leeré los dos relatos.
Si leemos este relato se caerá en la cuenta que seguimos escuchando el mismo mensaje de Mateo y de su Jesús con palabras diferentes. En 23,1-7 denuncia este Jesús que en la cátedra de Moisés se han sentado los catedráticos blasfemos que proclaman unas cosas y viven otras. Y sólo les ocupa el mantener los asientos de su autoridad. En cambio, este Jesús de Mateo 23,8-12 ha venido a ponerse a la altura del que está más abajo, del marginado, orillado, humillado, esclavizado, ninguneado, enmudecido, paralizado, enceguecido, deshumanizado. Tú y yo que leemos razonadamente, ¡nos fiamos de Jesús de Nazaret y no de los catedráticos!
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 01.11.2020. Y también en Madrid, 01.11.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 49ª página del Evangelio de Mateo 27,1-38.
Seguimos leyendo la Pasión de Jesús de Nazaret según la dejó escrita Mateo para sus lectores. Es muy verosímil que los acontecimientos fueran en la realidad como nos los ha contado Mateo, o pudieran haberse desarrollado de manera muy diferente. El dato final es, tal vez, la realidad más precisa, aunque suene a elementalidad: Jesús murió condenado injustamente.
Hasta este momento, en el que comenzamos la lectura del capítulo vigesimoséptimo de su Evangelio, sabemos cuál había sido la participación responsable de la autoridad religiosa en el gobierno del pueblo. Y esta acusación se mantiene explícita en estos momentos: “Todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato” (Mt 27,1). Pero antes de llamar a esta puerta de Pilato, Mateo 27,3-10 da cuenta de algo que nadie más pareció conocer. Sólo aquí leemos qué sucedió con Judas y su anticipada traición. Ingeniosa la opción elegida por este Evangelista. Todo parece encajar en la verosimilitud y todos llegan a quedar como ‘buena gente’. Todos y todo. Hasta el cumplimiento de los anuncios proféticos.
“Jesús compareció ante el procurador” (Mt 27,11-26) y éste no dejó de sorprenderse de todo cuanto sucedía ante su presencia y alrededor de la persona de aquel judío singular llamado Jesús de Nazaret. Éste es acusado y entregado a morir por cuestiones que tienen que ver con la RELIGIÓN judía. Y según las investigaciones del procurador esta cuestión religiosa no constituye motivo suficiente para ejecutar la injusta condena a muerte: “¿Qué mal ha hecho?” (Mt 27,23), “Soy inocente de la sangre de este justo” (Mt 27,24). La atenta lectura del proceso, según este interesado narrador Mateo, pone sobre la mesa del investigador crítico esa cuestión religiosa concentrada en la semilla de esta afirmación, tal vez, blasfema: ‘El Rey de los judíos’ (Mt 23,11; 23,17; 23,22; 23,29; 23,37; 23,42). ¿Qué es esto de ser Rey de los Judíos, o Rey de Israel, o Mesías? Si realmente, nunca mejor expresado, alguien es Rey en aquel pueblo judío y para aquella sociedad religiosa, ese tal no puede ser otra persona que su Yavé Dios y, talveztalvezquizá, pudiéramos darle tal nombre de Rey... ¡a David!
De David para abajo, y hacia adelante en el devenir de este pueblo judío, todo aquel que se hace Rey es un blasfemo. La realeza sólo le pertenece a Dios y es posible que, como mucho, pueda pensarse también en su Mesías, el Elegido, su Consagrado. Y en estas categorías no encaja la persona de aquel laico galileo llamado Jesús de Nazaret. Éste es un pecador, hereje y blasfemo, como se ha constatado y descrito reiteradamente a lo largo del relato de Mateo.
Sólo queda coronar públicamente a este rey blasfemo y hereje (Mt 27,27-31). Y, ya coronado, ejecutar condena a morir en una cruz por su blasfemia y su herejía (Mt 27,32-38), aunque esta realidad sea injustamente falsa, porque este hombre no aspiró jamás a tal ostentación real y divina. ¡Cuánto ayuda a entender las pretensiones de Jesús la lectura de sus parábolas sobre el Reino del Dios en quien creía! (Mt 13). Ahora comprendo bien que estas palabras-parábolas de Jesús sonaran blasfemas en los oídos de gentes de entonces ¡y de ahora mismo!
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 03.11.2019. Y también en Madrid, 01.11. 2026.
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