La Huida a Egipto. | |||||||||||
Biblia, historia y leyendas mezcladas. | |||||||||||
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La Huida a Egipto. 17 de febrero.
"Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: 'Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle'. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: 'De Egipto llamé a mi hijo'". San Mateo 2, 13-15.
La Escritura y el Magisterio. El texto del que parte todo es el citado anteriormente, San Mateo 2, 13-15. En la exégesis bíblica moderna no se le da mucha importancia e incluso hay quienes se han atrevido a negarlo, catalogándolo simplemente como un símbolo o una condescendencia del evangelista para con los judíos, recordándoles su historia y enlazando la venida del Mesías liberador con la libertad que habrían obtenido en Egipto con Moisés. Pero la Escritura no es eso, los evangelistas no se inventan hechos para simbolizar nada, si hubieran querido inventar se habrían inventado otra cosa y no a un Mesías frágil y en peligro de muerte que tiene que huir de un tirano. Y mucho menos para atraer a los judíos, cuya idea del Mesías era muy distinta a esta. San León Magno dirá: "Pensó [Herodes] que ningún niño había escapado de la muerte en ese lugar, y, por lo mismo, que Cristo también había muerto. Pero Él, que reservaba para otro tiempo la efusión de su sangre para la redención del mundo, había huido a Egipto, llevado allí por el cuidado de sus padres. Recobraba así la antigua cuna del pueblo hebreo y ejercía el principado del verdadero José, usando de un poder y de una providencia mucho más grande que la suya, pues venía a libertar los corazones de los egipcios de un hambre más terrible que toda indigencia, que ellos sufrían por la ausencia de la verdad, ya que Él vino del cielo como verdadero pan de vida. De modo que este país no sería ya extraño a la preparación del misterio de la única víctima, donde, por la inmolación del cordero, habían sido prefigurados por primera vez el signo salutífero de la cruz y la Pascua del Señor". (3ra Homilía de Epifanía). Leyendas. El recorrido de la Sagrada Familia en su Huida a Egipto puede ser trazado casi con total certeza, pues las caravanas de peregrinos y emigrantes judíos eran constantes y a lo largo del tiempo han permanecido al menos dos rutas que, han sido usadas hasta el mismo siglo XX, antes que las comunicaciones fueran más rápidas y los medios de transporte más accesibles. La ruta más común era siguiendo la costa, hasta llegar al Waddi el-Arish, pasando por Ascalón, Gaza y continuando por Raphía hasta Casium y Pelusio. Sin embargo, las leyendas, que suelen pasar por alto tanto el sentido común como la historia o lo "normal", ha situado a la Sagrada Familia en diversos sitios de Egipto, algunos de los cuales con testimonios arquitectónicos y devocionales antiquísimos, de los que dudar casi parece una temeridad. Estas leyendas forman parte de nuestro acervo y cultura cristianas, y pasarlas por alto solo nos haría más ignorantes de nuestra riquísima tradición católica. Una de estas leyendas cuenta que apenas salieron de Belén la Virgen, San José y el Niño, pasaron por un campo donde se sembraba maíz en ese momento. En una noche el maíz creció, salieron las mazorcas y maduraron, por lo que al otro día, al pasar por allí los soldados de Herodes y preguntar si se había visto a una familia huir, el dueño del campo no pudo sino decir "sí, justo cuando sembrábamos el maíz". Al ver tan crecido el maíz los soldados pensaron que ya llevaban mucho tiempo de viaje los fugitivos y desistieron de perseguirles, volviéndose a Herodes. Se nos cuenta que hallaron nuestros personajes refugio en una cueva en la que había un dragón, el cual en lugar de atacarles, cayó de rodillas y adoró al Niño Jesús en medio del terror de los demás. Entonces vieron acudir al homenaje otros animales salvajes y recordaron como había predicho Isaías "El lobo y el cordero vivirán juntos, el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el león comerán juntos. Un niño pequeño los pastoreará". La leyenda de la palmera, una de las más conocidas, cuenta que al refugiarse bajo una, esta se inclinó para alimentar a la Santísima Virgen y luego se secó. Es que era una palmera milenaria que ya había alimentado a San Moisés (4 de septiembre), el cual le había asegurado que no moriría hasta alimentar al Salvador del mundo. En Egipto, como antes decía, los sitios donde se recuerda el paso o la estancia de la Sagrada Familia son varios. Veamos solo unos pocos: En Basatah San José arregló milagrosamente una noria para poder beber agua. Además convirtieron a unos ladrones. En Belbeis el Niño resucitó a un muerto, que despertó diciendo "este es el verdadero Dios, el Salvador del mundo. Él nació de una Virgen", y la población creyó en Jesús. En Samanûd hay una iglesia del siglo IV construida donde la Familia habría descansado. En Sakha hay un sitio llamado Bhika Isous, que significa "huella de Jesús", donde se venera una piedra con la supuesta huella del piececito del Niño Jesús. En el desierto Shihet, donde se ejercitaron tantos ascetas, mientras cruzaban el Rosetta, el Niño habló milagrosamente y profetizó a la Virgen como en aquellos desiertos vivirían santos monjes, combatiendo en ardua batalla espiritual contra el demonio. En Heliópolis, además de que los ídolos cayeron destrozados al entrar la Sagrada Familia, el Niño tomó la vara de San José, la partió en dos y plantó ambos trozos, naciendo de ellos la planta aromática de donde se saca un aceite balsámico aún hoy. También en Heliópolis se dice les alcanzaron los soldados, pero un árbol gigante escondió en su interior a la Virgen y al Niño y se libraron. En Zuwaila, Cairo, en su iglesia del patriarca se venera un árbol que habría sido bendecido por Cristo. En Ma'adi, al sur de El Cairo, la Sagrada Familia tomó un barco para subir por el Nilo, teniendo que pagar San José el viaje con el oro, el incienso y la mirra que los Reyes habrían donado al Niño. Una iglesia de tres cúpulas (una por cada miembro de la familia) se levanta en el sitio y venera las reliquias de estos tres dones. En Baysus una fuente y una iglesia recuerdan el sitio donde la Virgen bañó al Niño, siendo desde entonces esas aguas fuente de milagros. En Hermópolis, según un documento atribuido a San Teófilo de Alejandría (15 de mayo, Iglesia Copta), al entrar la Sagrada Familia a la ciudad, cuatro caballos de piedra que adornaban las puertas de esta, doblaron las patas en homenaje. Otras dos estatuas hablaron diciendo: "¡Un gran rey ha llegado a Egipto!". En Nikyas, Jesús libró de un demonio al hijo de un carpintero. En Licópolis se sitúa la deliciosa leyenda de San Dimas (24 y 25 de marzo), que cuenta que San José y la Virgen María hallaron una cueva donde fácilmente se podrían esconder. La cueva estaba habitada por unos ladrones, que les dejan entrar. San José les agradece, diciéndoles que su acto no quedará sin recompensa, y le anuncia que será su propio hijo (Cristo) quien ayudará al suyo (Dimas) en un futuro. Pero hay más, estaba el niño Dimas enfermo de lepra, y al preparar la Santísima Virgen el baño del Niño Jesús, pidió a la madre de Dimas que metiera a su niño en la artesa. Esta se negó, diciendo que Jesús se contagiaría, pero la Virgen le dijo que confiara. Accedió la mujer y los niños se bañaron juntos, y al salir, Dimas estaba limpio y sano de su enfermedad. Y, para terminar, sobre la vuelta a Israel de la Santa Familia, quiere la leyenda que Qusquam fue el sitio donde el ángel dijo a San José "Levántate, toma al niño y a su madre, y vuelve a la tierra de Israel, porque los que trataban de matar al niño han muerto". Fuentes: -http://multimedia.opusdei.org/pdf/es/egipto.pdf -http://autorescatolicos.org/misc11/pedrosergiolah.html -"El nacimiento del Mesías: comentario a los relatos de la infancia." RAYMOND E. BROWN. Ediciones Cristiandad. Madrid, 1982. -"Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir." JOSÉ GRANADOS. Roma, 2005. -"Léxico de los símbolos." OLIVIER BEIGBEDER. Ediciones Encuentro. Madrid, 1995. A 17 de febrero además se celebra a San Policronio, obispo y mártir. | |||||||||||
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viernes, 17 de febrero de 2017
La Huida a Egipto.(17 de febrero)
domingo, 24 de enero de 2016
La casulla a San Ildefonso, Patrón de Toledo
La casulla a San Ildefonso, Patrón de Toledo
Fiesta 23 de enero
Fiesta 23 de enero
Cuenta la leyenda que fue la misma Virgen quien impuso la casulla sobre Ildefonso, dándole instrucciones para utilizar esta prenda...
Por: Juan Luis Alonso Oliva | Fuente: www.leyendasdetoledo.com
Por: Juan Luis Alonso Oliva | Fuente: www.leyendasdetoledo.com
La imposición de la casulla a San Ildefonso en Toledo, hace de esta tradición toledana una de las más veneradas en nuestra ciudad, siendo representada en numerosas obras de arte y siendo celebrado como Patrón de Toledo el 23 de enero.
Ildefonso de Toledo (Toledo, 607 - 667, hijo de padres Visigodos y sobrino de San Eugenio III) fue obispo de Toledo del año 657 al 667. Estudió en Sevilla, bajo la tutela de San Isidoro, y entró a la vida monástica en la orden de San Benito, huyendo de sus padres, nobles que se oponían a su vida sacerdotal. Posteriormente sería elegido abad de Agalia, en el río Tajo, cerca de Toledo.
En el 657 fue elegido arzobispo de esa ciudad. Unificó la liturgia en España y escribió numerosas obras de carácter litúrgico y dogmático, particularmente sobre la Virgen María.
La Leyenda
Una noche de diciembre, se dirigía junto con unos clérigos a la Iglesia mayor de Toledo, situada en el lugar que hoy ocupa la Catedral. Al acceder a la oscura nave, tras abrir el pesado portón, descubrieron que una intensa luz emanaba del altar, sobre la silla del Obispo.
En este momento, todos sus acompañantes huyeron despavoridos, al observar que la luz brillaba y se movía con gran intensidad. Ildefonso, no sintiendo miedo, se aproximó al altar y pudo observar que la luz provenía de la Virgen María, acompañada de un nutrido grupo de ángeles que entonaban cantos celestiales.
La Virgen hizo una señal a Ildefonso para que se aproximara y éste, arrodillado ante tal presencia, escuchó que le decía:
“Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería.”
Y tras haber pronunciado estas palabras, fue la misma Virgen quien impuso la casulla sobre Ildefonso, dándole instrucciones de utilizar esta prenda sólo en las festividades dedicadas a Ella.
En la Catedral de Toledo, aún se puede observar, protegida por una recia reja, la piedra en la que la Virgen puso sus pies cuando se apareció a San Ildefonso.
Gonzalo de Berceo transcribió así esta tradición toledana:
"Y como la Gloriosa, estrella de la mar,
sabe a sus amigos galardón bueno dar,
aparecióle un día con muy gran mayiestat,
con un libro en la mano de muy gran claridat,
el que él auíe fecho de la virginidat;
plogolo a Illdefonso de toda voluntat,
Fízoli otra gracia, cual nunca fue oída,
dioli una casulla sin aguia cosida,
obra era angélica, non de ome texida,
fablioli pocos vierbos, razón buena complida".
(Gonzalo de Berceo: "Milagros de Nuestra Señora".)
sabe a sus amigos galardón bueno dar,
aparecióle un día con muy gran mayiestat,
con un libro en la mano de muy gran claridat,
el que él auíe fecho de la virginidat;
plogolo a Illdefonso de toda voluntat,
Fízoli otra gracia, cual nunca fue oída,
dioli una casulla sin aguia cosida,
obra era angélica, non de ome texida,
fablioli pocos vierbos, razón buena complida".
(Gonzalo de Berceo: "Milagros de Nuestra Señora".)
Parece que no fue éste el único favor celestial y hecho milagroso gozado por el Santo; su entrega mística y contemplativa se vio compensada con los más extraños carismas sobrenaturales; y otros muchos prodigios cuentan las crónicas de sus coetáneos; por lo que no es de extrañar que, desde Gonzalo de Berceo hasta Lope de Vega, las letras españolas hayan cantado la devoción de San Ildefonso a la Virgen María.
Trasiego de la Casulla
Unos años antes, viendo el peligro que se cernía sobre Sevilla, debido a las invasiones que los árabes estaban realizando en el norte de África, San Isidoro decide trasladar una importante serie de reliquias conservadas en esta Catedral. Entre ellas estaba el famoso “Arca de las Reliquias”, traído de Jerusalén y conservado desde tiempos de los Apóstoles, que llega a Toledo, pero por poco tiempo, debido a la invasión peninsular.
Esta “arca” y otras reliquias conservadas en la Iglesia Mayor Toledana sufren un nuevo largo viaje al ser trasladadas hacia el norte (Asturias), “primero escondida en una cueva en el Monsacro y luego por orden de Alfonso II “el Casto” se trasladaron a la Capilla del palacio dedicada a San Miguel.”
Entre estas reliquias ya se encontraba la Casulla de San Ildefonso y su cuerpo, quedando éste en Zamora. Ciertas relaciones de reliquias dan fe de la existencia de la Casulla, y el Arcediano de Tineo, Marañón de Espinosa, Primer Rector de la Universidad y cronista de la catedral, dice a principios del siglo XVII con relación a la casulla: “Sólo sabemos que quedó dentro del arca, cuando se verificó el reconocimiento oficial de ésta en tiempos de Alfonso VI, la preciosa vestidura que Nuestra Señora trajo del cielo a su capellán San Ildefonso, que no sabemos si fue alba o casulla porque la cédula no decía sino vestimento sin declarar más”.
En tiempos más modernos, hacia el siglo XVI, hay constancia de diversas peticiones escritas del arzobispado toledano solicitando la Casulla a Oviedo. Curiosa es la descripción de hace de la Casulla a finales del XVI el Padre Sebastián Sarmiento de la Compañía de Jesús al Padre Francisco Portocarrero de la misma Compañía, conservado en el archivo de la Catedral de Toledo:
"Huélgome que V.R. me mande, aunque sea de tarde en tarde cosas de su servicio, y más en honra de la Virgen Santísima, de cuya casulla diré lo que me acuerdo.
Es verdad que yo estaba en Oviedo al tiempo que se abrió aquella Arca grande que está en medio de la Cámara Santa. La ocasión de abrirse fue la Consagración del Señor Obispo Don Pedro Junco de Posada, natural de Llanes, hijo de Juan de Posada y María Alfonso Díez de Noriega, que por ser junto de Oviedo quiso consagrarse de mano de su Obispo Don Pedro de Quiñones. (Creo que el nombre correcto era Diego y no Pedro)
A la Consagración vino Don Juan Alonso de Moscoso, Obispo de León y el de Galípoli D.N. Quinteros que era a la sazón Abad de Santander.
A la Consagración vino Don Juan Alonso de Moscoso, Obispo de León y el de Galípoli D.N. Quinteros que era a la sazón Abad de Santander.
Teniéndolos juntos un día Don Pedro de Quiñones dijo a los dichos Prelados que pues se hallaban cuatro, cosa que no sucedería quizás otra vez hasta el día del Juicio, que probasen con toda la reverencia posible, abrir ellos solos y el que tenía las llaves de la Cámara Santa, aquella Arca para saber el magnífico tesoro. Al fin los convenció a que si y, prevenidos con ayunos y oraciones, después de Consagrado el de Salamanca, con todo el secreto posible, se juntaron los obispos y Canónigos que tenía las llaves y después de haber abierto la primer arca que es grande, hallaron otra menor y otra y otras menores hasta que dieron con un cofrecito muy pequeño, como de un palmo muy largo el cual tenía un rótulo que decía: LA CASULLA QUE NUESTRA SEÑORA DIO A SAN ILDEFONSO. Mucho les espantó, por parecerles casi imposible que allí cupiese una casulla. Abrieron el cofrecillo con muy gran dificultad, tanto que casi estuvieron desahuciados de poderlo abrir y dentro hallaron un cendal de color de cielo en forma de un capuz portugués, tan grande que pudiera cubrir al hombre más alto que hay en España, sin textura ni costura como una tela de cebolla, tan delicado y sutil que con solo el aliento que respiraban se hinchaba como una vela cuando le da recio el viento. Y volviéndola a doblar como estaba, la recogieron en su cofrecito, juramentándose todos que no habían de decir nada a nadie, si no era habiendo salido veinte leguas de Oviedo, y así lo cumplieron.
El Abad de Santander en habiendo salido de las veinte leguas se volvió a dos Canónigos de Santander que le acompañaban y con espanto les dijo: ¿”Es posible que he podido guardar el secreto en el pecho, lo que he visto en Oviedo”? Y se lo contó; también se lo refirió a los de mi Colegio de Santander muy a la larga. Y el Obispo de Salamanca Don Pedro Junco de Posada contó después lo mismo al Padre Ferrer. Esto es acerca de lo que vuestra reverencia me pregunta". (Fuente)
Tras la intensidad de la solicitud toledana por recuperar la reliquia, se cree que la Casulla estuvo oculta en Oviedo, y de nuevo se entremezcla la historia y la leyenda: Se dijo que estaba en la bola grande de la torre de la catedral, pero se comprobó que no; se dijo entonces que estaba debajo del Arca Santa, pero tampoco; se pensó luego que estaría detrás del retablo de la capilla de San Ildefonso (capilla que desapareció en 1934), pero allí tampoco estaba y por más que se buscó nunca apareció…
lunes, 19 de octubre de 2015
Leyendas de San Pedro de Alcántara
Leyendas de San Pedro de Alcántara
Éstas y más historias y prodigios se cuentan del santo, patrono de Extremadura, que vivió y murió siendo fiel a la regla franciscana
Por: Jesús Sierra Bolaños | Fuente: norbacaesarina.blogspot.com.es
Por: Jesús Sierra Bolaños | Fuente: norbacaesarina.blogspot.com.es
En 1499 en la Villa de Alcántara (Cáceres), nace Juan de Sanabria, era hijo de Juan Garavito y María Viela de Sanabria, una de las familia más pudiente de la Villa. En 1515 deja sus estudios en la Universidad de Salamanca para tomar los hábitos franciscanos, cambiando su nombre por Pedro de Alcántara.
En la Villa de Brozas (Cáceres) se custodia un báculo que según cuentan fue propiedad de San Pedro de Alcántara. Utilizó varios a lo largo de su vida y uno de esos bastones está ligado al nacimiento de El Palancar, un monasterio pequeño, austero y pobre. De camino algún lugar iba San Pedro con sus compañeros franciscanos cuando se detuvo en un paraje donde decidió crear una ermita. Sus compañeros se sorprendieron ante la imposibilidad que en aquel sitio tan inhóspito pudiese sustentar una ermita. San Pedro para saciar la incredulidad de sus compañeros clavó en el suelo mustio la vara que portaba, floreciendo a la vista de todos una hermosa higuera, cuyos frutos eran milagrosos y curaban enfermedades. Desde entonces la higuera (hoy desaparecida) será venerada en la huerta al lado de una cruz de oraciones utilizada por el santo y muy cerca a su vez de una fuente también con aguas milagrosas.
Otro día de camino, iba a lomos de su inseparable asnillo acompañado por un hermano franciscano, y hallándose por la Sierra de Gredos es sorprendido por una profusa nieve. Sin refugio alguno alrededor, el santo comienza a rezar, respetándole la nieve que ni le calaba sus ropajes, le forma a su alrededor un refugio blanco para resguardarle del frio. Dicen también que del cielo aparecieroo una legión de ángeles que le fabrican un abrigo. Pronto el milagro se difunde por el entorno levantando en dicho lugar una ermita. Con la desamortización de Mendizábal en 1835, los frailes son expulsados y la ermita olvidada.
Yendo San Pedro hacia Garrovillas (Cáceres) acompañado de Fray Miguel, tuvo éste un percance en la oscuridad de la noche, con una roca del camino lesionándose el pie a pocos kilómetros de la orilla derecha del rio Tajo. Como San Pedro tenía que resolver urgentemente unos asuntos y para ello debía pernoctar en el convento de San Francisco, es convencido por su compañero para que parta en solitario.
“Hermano partid vos hacia Garrovilla, pues nada por mi podéis hacer y yo sólo retrasar vuestro camino puedo, partid que yo aquí espero la ayuda que mandéis al amanecer para recogerme. Id con Dios hermano.”
Y así partió el santo con sus pensamientos por el bosque guiado por luz de una hoguera que divisaba en la lejanía. Cuando llegó a luz de la hoguera se encontró sentado al barquero del rio y le rogó que le pasase al lado izquierdo del rio.
“Os ruego señor me paséis a la orilla izquierda del rio, pues unos asuntos importantes debo resolver en la villa de Garrovilla y mi presencia requieren esta misma noche.”
El barquero extrañado, creyendo al fray ebrio le respondió despectivamente: “Padre ya estáis en el margen izquierdo del rio, váyase a dormirla.” –Y le indicó el camino hacia Garrovillas.-
Y llegó San Pedro al convento dando gracias al Señor.
Al día siguiente cuando Fray Miguel habló con el barquero si la noche anterior había cruzado a un fraile, este le respondió:
“No hay mas barca ni mas barquero en esta zona que yo, y andaba me yo en el margen izquierdo y no lo pude pasar, mas apareció él, en la noche seco de ropa y cuerpo. ¿Cómo pudo cruzar?”
Contestándole: “Dios obro el milagro, pues aquel que viste cruzar el rio a píe, absorto en sus pensamientos, no era otro que San Pedro de Alcántara.”
El barquero maravillado hizo correr la voz del milagro acaecido por la comarca.
Además de ésta, San Pedro volvió a cruzar ríos a pie obrando el milagro en innumerables ocasiones, siempre sin darse cuenta. También se le vio elevarse en el aire sobre arboles, dar de comer prodigiosamente a necesitados, curar a enfermos y ayudar a todo aquel que lo necesitara.
San Pedro vivió y murió siendo fiel a la regla franciscana donde sus pilares son la contemplación, la oración, la penitencia, el retiro espiritual, la pobreza y la ayuda a los demás mediante el amor y la caridad. Y esto se reflejaba en su cuerpo: su cara era esquelética y su cuerpo enjuto; la cabeza siempre baja quemada por el sol y la nieve, además la tenía llena de golpes y ampollas pues andaba por la vida con los ojos casi cerrados, no miraba a nadie a la cara, pero transmitían paz y sosiego; sus pies partidos y llagados por ir siempre descalzo, así era San Pedro de Alcántara.
El 18 de octubre de 1562 muere Pedro de Alcántara en Arenas (Ávila) a la edad de 63 años.
El 18 de abril de 1622 es beatificado por el Papa Gregorio XV y el 28 de abril de 1669 es canonizado por el Papa Clemente IX.
Estatua de San Pedro de Alcántara, Cáceres.
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El 10 de noviembre de 1954 se inaugura en Cáceres la estatua dedicada a San Pedro de Alcántara ubicada en una de las esquinas de la Concatedral de Santa María, concretamente la situada bajo la torre del campanario. La obra fue realizada por el extremeño Enrique Pérez Comendador, y según dicen todo aquel que visita la ciudad debe tocar o besar sus pies para atraer la suerte.
Pero, ¿de dónde viene esa tradición?
Cuando se instaló la estatua en el año 1954, muy cerca de la plaza de Santa María, en lo que hoy es el Centro Cultural San Jorge, albergaba el instituto El Brocense, el centro enseñanza laica más antiguo de toda Extremadura, creado por Real Decreto de la Reina Gobernadora doña María Cristina de Borbón en 1839. Era la plaza por aquel entonces un lugar de tránsito de los estudiantes, y la estatua pronto se convirtió por aquella tradición de besar estampa de santos para atraer la suerte, en un amuleto eso si de gran tamaño y en bronce, que según los propios los estudiantes de dicho instituto, ayudaba en los exámenes. Y lo que en un principio era tan sólo un talismán de suerte, con el paso de los años, la estatua de San Pedro de Alcántara fue adquiriendo nuevas facultades como encontrar pareja, casarte o ver cumplidos tus deseos.
Para terminar una curiosidad, la cabeza de San Pedro de Alcántara es un autorretrato del propio autor, Pérez Comendador.
martes, 22 de septiembre de 2015
La Cruz de Holguín
La Cruz de Holguín
Cuba
Cuba
La primera cruz se colocó en 1790 cuando el fraile franciscano, Francisco Antonio de Alegría, subió el cerro con la cruz a cuestas
Por: Redacción | Fuente: www.ecured.cu / otros
Por: Redacción | Fuente: www.ecured.cu / otros
La Loma de la Cruz es un símbolo cultural del Oriente de Cuba que será visitada por el papa Francisco durante su viaje a la Isla caribeña. Desde el Cerro Bayado, el Sumo Pontífice bendecirá la ciudad y sus habitantes, el 21 de septiembre de 2015.
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La Loma de la Cruz, situada a solo 261 metros sobre el nivel del mar, al Norte de la ciudad de Holguín, es una pequeña elevación, aunque grande en historia y en hermosas leyendas. Testigo de importantes celebraciones socioculturales del país. Es uno de los símbolos que identifican a la provincia de Holguín y permanece vinculada histórica, social y culturalmente a la ciudad.
La Loma de la Cruz lleva su nombre debido a la existencia de una cruz de madera en su cima, símbolo asegurador para muchos, vacija de promesas u original ornamento para otros. La Cruz de Holguín es el símbolo de la ciudad.
Historia
La primera cruz se colocó en 1790, cuando el fraile Francisco Antonio de Alegría, prior de la comunidad franciscana de Holguin, subió el cerro con la cruz a cuestas. A partir de ese momento dejó de conocérsele como "Cerro Bayado" para tomar su nombre actual "Loma de la Cruz".
A principios del siglo XX, por iniciativa de un vecino llamado Oscar Albanés (historiador y padre de la Bibliotecología en Holguin), se llevaron a cabo obras de restauración en las laderas de la Loma de la Cruz, en la base y en la cima. La restauración fue realizada por el arquitecto Vicente Biosca, concluyéndose el 3 de mayo de 1950, día en que se colocó la segunda cruz, pues la primera ya estaba muy deteriorada. Estas obras fueron financiadas por los pobladores de la villa en Holguin, los cuales recurrieron a rifas, colectas, verbenas y demás ingenios. Con el tiempo sucedieron diversas actividades religiosas conocidas hoy como las fiestas de mayo, que adquirieron caracter popular, todas ellas teniendo como patrón la Loma de la Cruz de Holguin.
La tercera cruz fue colocada en los primeros años de la década del noventa, pues un rayo destruyó la segunda cruz al impactar directamente sobre ella. No faltó quien dijera que “esa cruz de madera no había sido debidamente santificada” por el obispo de la Catedral San Isidoro de Holguín, quien se encontraba enfermo en los días cercanos al 3 de mayo de 1950, y no sintiéndose en condiciones de subir el cerro le ofició a la cruz en la falda de la loma. Esta cruz, la que se ve hoy, fue construida de Caguairán, como la original de 1790, pues esta madera preciosa abundaba mucho en los bosques de la región de Bariay.
Hubo otra Loma de la Cruz en Holguín. En el siglo XIX, un cura conocido como Padre Calderín, apiadado por la cantidad de personas que no podían subir al empinado Cerro Bayado, colocó una cruz menor en el cerro María Ruiz.
El ascenso
A la Loma de la Cruz le fue construida una escalinata para facilitar el ascenso, dicha escalera consta de 458 escalones, descansos intermedios y bancos incluidos que a mitad del ascenso pueden parecer los más cómodos del mundo, resulta una subida bastante fuerte, aunque son pocos los que renuncian a alcanzar la cima, existen proyectos para construirle un teleférico o elevador para permitir el acceso a la cima a persona ancianas o minusválidas que deseen continuar con tan hermosa tradición.
Leyenda de amor
Según la memoria popular sucedió una historia de amor que persiste en la actualidad, cuentan que cuando Cuba era colonia de España un joven oficial español, jefe de la guarnición que allí estaba destacada, mantenía un romance furtivo con la esposa del gobernador militar de la región de Holguín. El infeliz matrimonio habitaba en la Casa Consistorial, hoy conocida como La Periquera y actual museo provincial de historia.
Con el paso de los años los pobladores fueron adornando esta relación hasta convertirla en una historia de amor y muerte, la leyenda construida alrededor de este romance daba por cierto la existencia de un túnel entre la casa de gobernador y la Loma de la Cruz. Por dicho pasadizo se decía que se encontraban a media noche, a mitad del camino, los "atormentados" amantes. Cuentan que una noche el gobernador militar sorprendió a su esposa en brazos de su amante en lo profundo del túnel, y allí fueron lapidados los dos, entre gritos y lágrimas. Dando comienzo a esta triste leyenda de amor, hasta hoy en día los lugareños defienden y protegen tan romántica Historia.
En la cima
Ya en la cima de la loma, después de tomarse un descanso para recuperar el aliento, puede disfrutar de una de las vistas más hermosas que haya experimentado jamás, abajo y desde una genial posición se admira toda la belleza de la ciudad de Holguín.
Loma de la Cruz, lugar idóneo para románticas charlas, juramentos y promesas de amor, se dice que quien visite la también conocida como la Ciudad Cubana de los Parques Holguín y no suba la Loma de la Cruz, realmente no ha visitado la ciudad.
Aportes para la independencia de Cuba
Pero no tan solo, La Loma de la Cruz tiene para los holguineros una repercusión etnocultural, sino también histórica, ya que fue considerada un punto estratégico para la defensa de la ciudad por el Ejército Español.
En su cima cuando la Guerra de los 10 años, fue construida una torre vigía, la "Torre de Numancia" que para 1895 fue remplazada por un fuerte con un heliógrafo que se comunicaba con la cuidad de Jiguaní. Sus faldas, conocidas como el Llano, sirvieron de escenario para el fusilamiento de patriotas holguineros y de internacionalistas que durante la guerra de independencia contribuyeron con su vida al logro de la libertad.
Tradición
Las Romerías se realizaron hasta bien entrada la década del cincuenta del siglo XX. Cada año la población acudía hasta La Loma de la Cruz, unos a cumplir promesas, otros a celebrar la festividad, la romería se convirtió en Holguín en una fiesta popular que comienza con una peregrinación por la calle Libertad hasta lo alto de la loma, donde se oficiaba una misa y a partir de ella se iniciaban las fiestas en las que, se jugaba, se bailaba y comía hasta la madrugada del siguiente día .Los juegos que se realizaban eran tradicionales como corridas de cintas, peleas de gallos, las bebidas, lechón asado, entre otras. En la actualidad son conocidas esas festividades como Romerías de Mayo.
lunes, 24 de agosto de 2015
San Bartolomé, apóstol y descuerado.24082015
San Bartolomé, apóstol y descuerado. | |||||||||||
La popular leyenda de San Bartolomé, en un escrito del siglo XIX. | |||||||||||
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Hoy me tomo la licencia de transcribir literalmente un resumen de la leyenda de San Bartolomé. No me gusta copiar tal cual, porque se pierde estilo y no es un trabajo de mérito. Pero me ha parecido interesante como forma de mostrar lo importante que puede ser el lenguaje, el estilo y la argumentación a la hora de trasmitir un hecho. Es un texto del siglo XIX, al que solo he hecho algunas correcciones ortográficas, para adecuarlo a la gramática actual. Espero os guste:
San Bartolomé, Apóstol. 25 de febrero (Iglesia Armenia), 11 (Iglesias Orientales) y 18 de junio (Iglesia Copta); 24 (Iglesia romana), 25 y 29 de agosto (Iglesia Jacobita); 20 de noviembre (Iglesias Etíopes); 4 (traslación de las reliquias) y 8 de diciembre (Iglesia Armenia).
"San Bartolomé, a quien el Evangelio cuenta siempre el sexto en el número de los doce Apóstoles, fue galileo, de condición tan humilde como todos ellos, siendo de oficio pescador; pero eran muy puras sus costumbres. Fue hijo de Tolmai, como lo da a entender su propio nombre; porque “Bar” en hebreo significa lo mismo que hijo. Creyeron algunos que San Bartolomé fue aquel Natanael que San Felipe llevó a la presencia del Salvador, de quien el mismo Señor hizo aquel bello elogio, cuando dijo: ´Veis ahí un verdadero israelita, en quien no hay dolo ni artificio´. Pero San Agustín impugna esta opinión, asegurando que Jesucristo no escogió a Natanael para apóstol suyo, precisamente porque era doctor de la Ley; y no quería valerse para el ministerio evangélico de letrados ni de sabios, sino de hombres idiotas y groseros, a fin de que resplandeciese visiblemente su omnipotencia en una obra tan grande, en la cual no había de tener parte alguna la humana sabiduría.
Fue este santo Apóstol uno de los que más mostraron su generosidad y su fervor en seguir a Jesucristo. Luego que fue llamado al apostolado, todo lo dejó, y nunca pensó volver a tomar lo que una vez había dejado. Algunos otros apóstoles, después de su vocación, volvieron al ejercicio de pescar; pero San Bartolomé no se apartó de su divino Maestro, siendo uno de los mas ansiosos por acompañarle a todas partes, de los mas embelesados con sus conversaciones, de los más atentos a sus discursos, y de los más adictos a su divina persona. Hacía fiel compañía a Jesucristo, y fue el más continuo testigo de sus milagros. Hallóse presente en Cafarnaum cuando el Salvador sanó al criado del Centurión, en Naím cuando resucitó al hijo de la viuda; y fue testigo de la milagrosa curación de aquel hombre poseído del demonio, que dueño de su cuerpo, le tenía privado del uso de la lengua y de la vista. Asistió también con su Maestro en las bodas de Caná, donde fue testigo del milagro que hizo convirtiendo el agua en vino; y también concurrió en el convite de Simón el Fariseo, cuando se convirtió aquella famosa pecadora María Magdalena. En fin, pocos milagros hizo el Salvador en el espacio de su vida de que no hubiese sido testigo San Bartolomé. (…) Preso el Salvador del mundo por los judíos, fue general la consternación en todos los Apóstoles. Aunque ya estaban muy prevenidos por todo lo que habían oído al Hijo de Dios acerca de su pasión, con todo eso se llenaron de tristeza, de espanto y de pavor. Sobrecogió tanto el dolor a Bartolomé viendo a su divino Maestro tan maltratado, que se estuvo encerrado todos los tres días de la pasión en la casa donde se habían hospedado en Jerusalén derramando continuas lágrimas. Enjugáronsele con la resurrección del Salvador; hasta la ascensión estuvo con los demás en la escuela de Jesucristo; y desde la ascensión hasta el día de Pentecostés retirado en el cenáculo. En aquel día, que fue el quincuagésimo después de la resurrección; en aquella solemnísima fiesta, llamada Pentecostés, el Espíritu Santo, cuya inmensidad llena todo el universo, sin dejar el cielo, vino a la tierra, santificada ya con los trabajos del Salvador, haciéndola sensible su particular presencia por la admirable profusión de sus dones, y por una comunicación más admirable de su persona, de que se sintieron llenos todos los Apóstoles y todos los discípulos. Con efecto, se hallaron todos abrasados en aquel fuego divino, iluminados con sobrenaturales luces, y recibieron desde entonces el milagroso don de lenguas. En el repartimiento que hicieron entre sí de todas las regiones del universo tocó a nuestro santo Apóstol la misión de la Licaonia, de Albania, de las Indias orientales y de la Armenia. Llevó a ellas el Evangelio en hebreo, que ya había escrito San Mateo. Extendió las luces de la fe en todas las provincias por donde pasaba, y no fue el menor de sus milagros la multitud prodigiosa de conversiones que hacía. Dice San Juan Crisóstomo que hasta los mismos gentiles se admiraban de aquella repentina mudanza de costumbres, y que en las regiones por donde transitaba San Bartolomé se miraba con asombro la pureza, la templanza y las demás grandes virtudes que resplandecían en los nuevos fieles. Habiendo dado todas las providencias que juzgó necesarias para la conservación de la fe en Licaonia, en la Albania y en las Indias orientales, dejando en ellas operarios formados de su mano, pasó él mismo a la Armenia, que algún día había de ser el campo más fértil de su mies y el más glorioso teatro de su celo. Llegó a una de las ciudades principales, donde a la sazón estaba el Rey con toda su corte; y luego que el Apóstol entró en el templo, donde el demonio daba oráculos por boca de un ídolo llamado Astarot, enmudeció este; silencio que llenó de pasmo a los armenios, y de consternación a toda la ciudad. Acudieron a otro ídolo, por nombre Berit, para saber la causa de tan funesto suceso. Respondió el demonio por su boca, que la causa era la presencia de cierto hombre llamado Bartolomé, apóstol del verdadero Dios, y que lo mismo le sucedería a él si aquel hombre llegaba a entrar en su templo. Añadió, que no daría oráculos Astarot mientras no echasen de allí a aquel hombre; porque cien veces al día, y otras tantas a la noche, hacia oración a Dios, acompañado de una prodigiosa multitud de espíritus bienaventurados que le escoltaban y le defendían. Quedó admirado el pueblo de este testimonio que, obligado de Dios y a su pesar, dio el demonio de la virtud milagrosa de nuestro Santo, y entró en una impaciente curiosidad de conocer al Apóstol; pero conociendo los sacerdotes que iría por tierra su estimación si el Santo llegaba a ser reconocido, pusieron en molimiento todos sus artificios para perderle. Buscáronle por espacio de tres días, pero en vano, porque Dios le hacía invisible, hasta que habiendo lanzado al demonio de muchos cuerpos, y dado salud a muchos enfermos desahuciados, sus mismos milagros le descubrieron. Esparcida la fama por todas partes, no le conocían ya por otro nombre que por el de Apóstol del verdadero Dios y el obrador de milagros. Llegó presto a noticia de la corte el ruido de sus maravillas, y teniendo el rey una hija poseída de un furioso demonio que la atormentaba cruelmente, deseaba con ansiosa impaciencia ver al santo Apóstol. Apenas se puso en su presencia San Bartolomé, cuando la princesa quedó libre de aquel infernal huésped y queriendo el rey mostrar su agradecimiento con magníficos presentes, el Apóstol le dio a entender que no había venido a buscar oro ni piedras preciosas, sino la salvación de su alma, y la conversión de sus vasallos. “Vengo”, añadió el Santo, “a daros a conocer al verdadero Dios, único criador de todo este vasto universo; y que solo él es digno de nuestro amor, de nuestra adoración y de nuestros religiosos cultos. Vuestros ídolos son órganos de los demonios; adoráis lo más execrable que hay en toda la naturaleza; esos que llamáis dioses son los mismos demonios; y para convenceros, señor, de que es verdad todo lo que digo, quiero que el más acreditado de vuestros dioses confirme, mal que le pese, todo lo que yo os predico”. Aceptóse luego la condición; y el rey, acompañado del Santo y de toda su corte, se encaminó al templo; pero apenas puso el pié en él San Bartolomé , cuando el demonio comenzó a gritar que él no era dios, que ni había ni podía haber más que un solo Dios, y que ese era Jesucristo, a quien el Apóstol predicaba. Hecha esta confesión, mandó el Santo al demonio, en nombre de Jesucristo, que al instante y sin réplica hiciese pedazos todos los ídolos de la ciudad. Obedeció, y en el mismo punto todos ellos fueron reducidos a polvo. A vista de tan estupenda maravilla quedaron tan movidos los corazones, como convencidos los entendimientos; convirtióse toda la ciudad, y después de algunas instrucciones recibió el Bautismo el rey y toda la corte. Siguieron el mismo ejemplo doce ciudades principales, rindiendo la cerviz al yugo de Jesucristo; y habiendo cultivado San Bartolomé aquella viña por algún tiempo, la proveyó de dignos ministros del altar, obispos y predicadores. No podían menos de pensar en la venganza todas las potestades del infierno viéndose tan maltratadas. Los sacerdotes de los ídolos eran el oprobio de la nación, y conociendo que no era posible pervertir al rey Polemon, en cuyo corazón había echado la Religión profundísimas raíces, recurrieron a Astiages, hermano del mismo Príncipe, que reinaba en una parte de la Armenia. Era Astiages idólatra supersticioso, y resolvió vengar la afrenta que hacía a sus dioses aquel desconocido extranjero. Convidóle artificiosamente a que pasase a sus Estados, y San Bartolomé, que ninguna cosa deseaba tanto en este mundo como derramar la sangre por Jesucristo, corrió apresuradamente a la corona del martirio. Así fue; pues no bien había puesto los pies en la corte de Astiages, cuando el tirano le hizo desollar vivo. No parecía posible tormento más cruel; pero el Santo le sufrió con tan invicta paciencia, que hasta los mismos gentiles quedaron asombrados. Y como en medio del cruelísimo tormento no cesase de predicar la divinidad de Jesucristo y las grandes verdades de la fe, mandó el tirano que le cortasen la cabeza. Créese que sucedió esto el día 25 de agosto, y que el día antecedente había sido desollado por amor de Jesucristo; siendo acaso este el motivo por que algunas iglesias celebran su fiesta el día 25, que fue el de su muerte, y otras el 24, que fue el de su suplicio. Presto vengó el cielo la muerte de nuestro Santo con un visible castigo. Así Astiages como todos los sacerdotes, cómplices de su delito, fueron inmediatamente poseídos del demonio, que después de haberlos atormentado de un modo horrible por espacio de treinta días, al cabo de ellos los ahogó a todos. Los Cristianos se apoderaron del cuerpo de San Bartolomé, y le enterraron en una caja de plomo, haciéndose luego glorioso su sepulcro por multitud de milagros. Pasados muchos años, los gentiles se hicieron dueños del lugar donde estaban las santas reliquias, y las arrojaron al mar, el cual llevó la caja de plomo hasta la isla de Lipari, no lejos de Sicilia. Pero habiéndose apoderado los sarracenos de esta isla hacia la mitad del siglo IX, este precioso tesoro fue trasladado a Benevento, de donde el año de 983, siendo emperador Oton II, fue transportado a Roma, donde es reverenciado con singular devoción de los fieles”.
Patronatos e iconografía.
San Bartolomé es patrono de los profesionales que trabajan con cuero o piel, como los carniceros y comerciantes de pieles, curtidores, zapateros, sastres, cortadores, encuadernadores. Además es patrón de los pastores, agricultores, mineros y transportistas de sal, mercaderes de queso. És invocado por las mujeres en el parto, contra los trastornos nerviosos, las convulsiones, los males de la piel como úlceras, eczemas, llagas incurables. Otras reliquias del santo, dudosas todas, se hallan por otras partes del mundo. Fuente: -“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año”. Agosto. JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1863. | |||||||||||
martes, 11 de agosto de 2015
La Leyenda de Santa Clara
La Leyenda de Santa Clara
Abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Porciúncula, donde los frailes recibieron con antorchas a la virgen Clara
Por: Fuentes Franciscanas | Fuente: es.custodia.org
Por: Fuentes Franciscanas | Fuente: es.custodia.org
Se acercaba el día solemne de Ramos cuando la doncella, fervoroso el corazón, fue a ver al varón de Dios, inquiriendo el qué y el cómo de su conversión.
Ordénale el padre Francisco que el día de la fiesta, compuesta y engalanada, se acerque a recibir la palma mezclada con la gente y que, a la noche, saliendo de la ciudad, convierta el mundano gozo en el luto de la pasión del Señor. Llegó el Domingo de Ramos. La joven, vestida con sus mejores galas, espléndida de belleza entre el grupo de las damas, entró en la iglesia con todos. Al acudir los demás a recibir los ramos, Clara, con humildad y rubor, se quedó quieta en su puesto. Entonces, el obispo se llegó a ella y puso la palma en sus manos.
A la noche, disponiéndose a cumplir las instrucciones del santo, emprende la ansiada fuga con discreta compañía. Y como no le pareció bien salir por la puerta de costumbre, franqueó con sus propias manos, con una fuerza que a ella misma le pareció extraordinaria, otra puerta que estaba obstruida por pesados maderos y piedra.
Y así, abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Porciúncula, donde los frailes, que ante el pequeño altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara. De inmediato, despojándose de las basuras de Babilonia, dio al mundo «libelo de repudio»; cortada su cabellera por manos de los frailes, abandonó sus variadas galas.
Ni hubiera estado bien que la Orden de florecientes vírgenes que surgía en aquel ocaso de la historia se fundara en otro lugar que en el santuario de quien, antes que nadie y excelsa sobre todas, fue ella sola juntamente madre y virgen. Éste es el mismo lugar en el que la milicia de los pobres, bajo la guía de Francisco, daba sus felices primeros pasos; de este modo quedaba bien de manifiesto que era la Madre de la misericordia la que en su morada daba a luz ambas Órdenes.
(LegsC 7-8: FF 3168-3171)
Ordénale el padre Francisco que el día de la fiesta, compuesta y engalanada, se acerque a recibir la palma mezclada con la gente y que, a la noche, saliendo de la ciudad, convierta el mundano gozo en el luto de la pasión del Señor. Llegó el Domingo de Ramos. La joven, vestida con sus mejores galas, espléndida de belleza entre el grupo de las damas, entró en la iglesia con todos. Al acudir los demás a recibir los ramos, Clara, con humildad y rubor, se quedó quieta en su puesto. Entonces, el obispo se llegó a ella y puso la palma en sus manos.
A la noche, disponiéndose a cumplir las instrucciones del santo, emprende la ansiada fuga con discreta compañía. Y como no le pareció bien salir por la puerta de costumbre, franqueó con sus propias manos, con una fuerza que a ella misma le pareció extraordinaria, otra puerta que estaba obstruida por pesados maderos y piedra.
Y así, abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Porciúncula, donde los frailes, que ante el pequeño altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara. De inmediato, despojándose de las basuras de Babilonia, dio al mundo «libelo de repudio»; cortada su cabellera por manos de los frailes, abandonó sus variadas galas.
Ni hubiera estado bien que la Orden de florecientes vírgenes que surgía en aquel ocaso de la historia se fundara en otro lugar que en el santuario de quien, antes que nadie y excelsa sobre todas, fue ella sola juntamente madre y virgen. Éste es el mismo lugar en el que la milicia de los pobres, bajo la guía de Francisco, daba sus felices primeros pasos; de este modo quedaba bien de manifiesto que era la Madre de la misericordia la que en su morada daba a luz ambas Órdenes.
(LegsC 7-8: FF 3168-3171)
lunes, 29 de junio de 2015
La fogata de san Pedro y san Pablo (Tradiciones argentinas)
La fogata de san Pedro y san Pablo
Tradiciones argentinas
Tradiciones argentinas
La muerte de los Apóstoles por crucifixión y decapitación se asocia de este modo, en el rito de la fogata, con el sacrificio en la hoguera
Por: Alejandro E. Pomar | Fuente: La Biblia on line
Por: Alejandro E. Pomar | Fuente: La Biblia on line
Cada 29 de junio, después de haber recolectado y acarreado durante semanas toda clase de elementos combustibles, llega el momento culminante: los pibes de cada barrio encienden sus «fogaratas».
No se trata de simples fogatas, como las que hacen quienes están de campamento, o cualquiera que quiere quemar hojas o simplemente entrar en calor. La «fogarata» es un rito religioso y conserva ese carácter aun cuando quienes la preparan, la encienden y la disfrutan en esa noche mágica, ignoren lo que en ese día se conmemora y celebra.
Para los cristianos, el 29 de junio es la fiesta de San Pedro y San Pablo, el primer Papa y el gran Apóstol de los Gentiles. Según la tradición, ambos fueron ejecutados alrededor del año 67, por orden de Nerón. Pedro fue crucificado cabeza abajo según su deseo, por considerarse indigno morir como su maestro. Pablo fue conducido a Ostia, y allí fue decapitado.
Ahora bien, en la religiosidad popular, los elementos de la naturaleza (el agua, el árbol, las flores, el fuego), son signos de otra realidad trascendente e inefable. El simbolismo del fuego –concretamente- tiene siempre un trasfondo religioso: expía el demonismo de las brujas, ahuyenta los malos espíritus, conmemora acontecimientos sagrados...
Esa reverencia instintiva hacia los acontecimientos de la naturaleza, propia de la religiosidad humana, ha inspirado los rituales de cambio de estación, en los solsticios y en los equinoccios. Así, al comienzo del invierno del hemisferio norte, se hacían desde la antigüedad fuegos nocturnos para intentar devolver su fuerza a un sol que día a día se mostraba más débil. Ahora bien, los cultos populares son propicios para el sincretismo. Por otra parte, el cristianismo dentro de su conmemoración anual de acontecimientos religiosos y salvíficos, integra también elementos populares y ritos de naturaleza cósmica. Por ello, el ritual cristiano asume esta antigua tradición, y en la noche más larga enciende la máxima luz de esperanza para los hombres: el nacimiento de Jesús, la Nochebuena.
Con el retorno de la primavera, en la Pascua florida, la vida vuelve a renacer; y en el primer domingo de luna llena de cada primavera boreal, los cristianos celebramos la victoria definitiva de Cristo ante la muerte: el domingo de Resurrección. Los días se van haciendo más largos, se desarrolla la vida de plantas y animales, y en la noche de San Juan (el solsticio de verano del hemisferio norte), se encienden fogatas de fiesta a la puesta del sol y hasta su nueva salida, para abolir para siempre la oscuridad.
Según la creencia popular -de corte pagano- en estas noches mágicas se produce la comunicación entre el mundo profano y el mundo sagrado. Desde nuestra duración temporal, una transitoria brecha nos permite comunicarnos con lo trascendente. Este hecho se manifiesta además en humildes milagros: confraternizan ricos con pobres, se comparte la cena con desconocidos, las niñas sueñan con quien ha de desposarlas, y las viejas enseñan los ritos que curan el mal de ojo y el empacho, cuyo poder efectivo sólo entonces puede transmitirse.
El sentido purificador atribuido al fuego, se mezcla con el rito estival (entre nosotros invernal) de la fogata de San Juan. Del mismo modo, para la misma época del año, el martirio de los santos Pedro y Pablo se confunde con las ordalías en que se quemaban presuntos cómplices del diablo. La muerte de los Apóstoles por crucifixión y decapitación se asocia de este modo, en el rito de la fogata, con el sacrificio en la hoguera. Así, en lo alto de la «fogarata» no suele faltar "el muñeco", una figura humana hecha al modo de los espantapájaros, que es quemado como expiación colectiva, o para rendir homenaje a mártires inocentes. Hasta suele atribuirse festivamente al muñeco, la identidad de algún vecino del barrio, como signo de popularidad (o a veces de agravio).
La ceremonia del encendido se vincula también con otros rituales aprendidos en las novelas o en el cine. Hordas de muchachitos disfrazados irrumpen por una calle lateral portando antorchas encendidas, rodean la pira y la encienden por todos sus costados. Después sigue la tertulia familiar: chicos y grandes rodean el fuego, encienden cohetes, bengalas y cañitas voladoras, y -a veces- asan comida en el fuego.
Esta fiesta pagana y religiosa, que sigue vigente en los barrios y en el interior, es para muchos una tradición querida que enlaza con la sacralidad tan primitiva como auténtica del ritual del fuego; en definitiva, expresa el anhelo de trascendencia que -a veces sin sospecharlo- tenemos todos los hombres.
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Basado en un artículo publicado en el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca
el 24 de junio de 2001,
firmado por el licenciado Conrado De Lucia,
ex profesor de Historia de las Religiones en el Instituto Superior "Juan XXIII"
http://www.labibliaonline.com.ar
No se trata de simples fogatas, como las que hacen quienes están de campamento, o cualquiera que quiere quemar hojas o simplemente entrar en calor. La «fogarata» es un rito religioso y conserva ese carácter aun cuando quienes la preparan, la encienden y la disfrutan en esa noche mágica, ignoren lo que en ese día se conmemora y celebra.
Para los cristianos, el 29 de junio es la fiesta de San Pedro y San Pablo, el primer Papa y el gran Apóstol de los Gentiles. Según la tradición, ambos fueron ejecutados alrededor del año 67, por orden de Nerón. Pedro fue crucificado cabeza abajo según su deseo, por considerarse indigno morir como su maestro. Pablo fue conducido a Ostia, y allí fue decapitado.
Ahora bien, en la religiosidad popular, los elementos de la naturaleza (el agua, el árbol, las flores, el fuego), son signos de otra realidad trascendente e inefable. El simbolismo del fuego –concretamente- tiene siempre un trasfondo religioso: expía el demonismo de las brujas, ahuyenta los malos espíritus, conmemora acontecimientos sagrados...
Esa reverencia instintiva hacia los acontecimientos de la naturaleza, propia de la religiosidad humana, ha inspirado los rituales de cambio de estación, en los solsticios y en los equinoccios. Así, al comienzo del invierno del hemisferio norte, se hacían desde la antigüedad fuegos nocturnos para intentar devolver su fuerza a un sol que día a día se mostraba más débil. Ahora bien, los cultos populares son propicios para el sincretismo. Por otra parte, el cristianismo dentro de su conmemoración anual de acontecimientos religiosos y salvíficos, integra también elementos populares y ritos de naturaleza cósmica. Por ello, el ritual cristiano asume esta antigua tradición, y en la noche más larga enciende la máxima luz de esperanza para los hombres: el nacimiento de Jesús, la Nochebuena.
Con el retorno de la primavera, en la Pascua florida, la vida vuelve a renacer; y en el primer domingo de luna llena de cada primavera boreal, los cristianos celebramos la victoria definitiva de Cristo ante la muerte: el domingo de Resurrección. Los días se van haciendo más largos, se desarrolla la vida de plantas y animales, y en la noche de San Juan (el solsticio de verano del hemisferio norte), se encienden fogatas de fiesta a la puesta del sol y hasta su nueva salida, para abolir para siempre la oscuridad.
Según la creencia popular -de corte pagano- en estas noches mágicas se produce la comunicación entre el mundo profano y el mundo sagrado. Desde nuestra duración temporal, una transitoria brecha nos permite comunicarnos con lo trascendente. Este hecho se manifiesta además en humildes milagros: confraternizan ricos con pobres, se comparte la cena con desconocidos, las niñas sueñan con quien ha de desposarlas, y las viejas enseñan los ritos que curan el mal de ojo y el empacho, cuyo poder efectivo sólo entonces puede transmitirse.
El sentido purificador atribuido al fuego, se mezcla con el rito estival (entre nosotros invernal) de la fogata de San Juan. Del mismo modo, para la misma época del año, el martirio de los santos Pedro y Pablo se confunde con las ordalías en que se quemaban presuntos cómplices del diablo. La muerte de los Apóstoles por crucifixión y decapitación se asocia de este modo, en el rito de la fogata, con el sacrificio en la hoguera. Así, en lo alto de la «fogarata» no suele faltar "el muñeco", una figura humana hecha al modo de los espantapájaros, que es quemado como expiación colectiva, o para rendir homenaje a mártires inocentes. Hasta suele atribuirse festivamente al muñeco, la identidad de algún vecino del barrio, como signo de popularidad (o a veces de agravio).
La ceremonia del encendido se vincula también con otros rituales aprendidos en las novelas o en el cine. Hordas de muchachitos disfrazados irrumpen por una calle lateral portando antorchas encendidas, rodean la pira y la encienden por todos sus costados. Después sigue la tertulia familiar: chicos y grandes rodean el fuego, encienden cohetes, bengalas y cañitas voladoras, y -a veces- asan comida en el fuego.
Esta fiesta pagana y religiosa, que sigue vigente en los barrios y en el interior, es para muchos una tradición querida que enlaza con la sacralidad tan primitiva como auténtica del ritual del fuego; en definitiva, expresa el anhelo de trascendencia que -a veces sin sospecharlo- tenemos todos los hombres.
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Basado en un artículo publicado en el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca
el 24 de junio de 2001,
firmado por el licenciado Conrado De Lucia,
ex profesor de Historia de las Religiones en el Instituto Superior "Juan XXIII"
http://www.labibliaonline.com.ar
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