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viernes, 23 de enero de 2015

DECIDIDOS A SER LIBRES Y A GENERAR LIBERTAD (Mons. Carlos Osoro)

DECIDIDOS A SER LIBRES Y A GENERAR LIBERTAD


Quiero acercarme a vosotros para deciros con todas mis fuerzas dónde está la novedad del Año Nuevo. ¡Qué fuerza tiene para nuestra vida, y para la vida de todos los hombres, descubrir dónde está la novedad! ¡Cuántas veces decimos feliz Año Nuevo! Pero muchas veces nos quedamos en unos nuevos días que comienzan y en cómo va pasando la vida, casi sin darnos cuenta. La novedad del Año que comienza es que Jesucristo está con nosotros. No estamos solos. Dios nos acompaña, es más, va delante de nosotros. Nos ha revelado su rostro, y por Él hemos conocido quién es Dios y quiénes somos nosotros. Por eso os digo a todos vosotros también esas palabras que tantas veces nos decimos, pero os las acerco con este contenido: ¡Feliz Año Nuevo! Lo nuevo surge porque Dios vino a esta historia, se hizo Hombre: “la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. De ahí también el título y el contenido del Mensaje que el Papa Francisco nos ha regalado en la XLVIII Jornada Mundial de la Paz: “No esclavos, sino hermanos”. El año nuevo se convierte en una llamada a renovar nuestra adhesión absoluta y total a Dios, y en él a todos los hombres. “Decididos a ser libres y generar libertad”.
   Entremos al comenzar el año experimentando que el Señor nos bendice, que ilumina nuestro rostro con su Rostro, que nos hace conocer los caminos que tenemos que seguir los hombres para experimentar y dar la paz y la salvación a todos, que hemos de contar con alegría que es Dios quien da la justicia verdadera y que hace posible que los pueblos vivan con rectitud y no haciéndose esclavos los hombres unos de otros. Ello nos manifiesta la urgencia de hacer que todos los hombres conozcan la alegría del Evangelio, que es el mismo Jesucristo. En conocerlo y acogerlo en nosotros está el presente y el futuro de la libertad de los hombres. Escuchemos de Él el proyecto de Dios sobre la humanidad. Es un proyecto en el que la vida de discípulos de Cristo nos hace nacer de nuevo y regenera siempre la fraternidad entre los hombres. Globalicemos la fraternidad y no la división y el desencuentro. Una fraternidad que se expresa en la multiplicidad y en la diferencia. Volvamos nuestra mirada a Jesucristo, contemplemos su rostro. ¡Qué maravilla es poder descubrir a los primeros cristianos entre los que se encontraban judíos y griegos, esclavos y libres hombres y mujeres! (cf. 1 Co 12, 13; Ga 3, 28). Entre los primeros cristianos había diversidad de origen, diversidad de condición social, pero no disminuía entre ellos la dignidad de cada uno, que era la misma, ni excluirían a nadie de la pertenencia al pueblo de Dios.
   Pensemos por un momento en la multiplicidad de rostros de esclavitud que existen a nuestro alrededor, también en estos momentos de la historia humana: oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores de la vida económico-social, entre tantos emigrantes que sufren condiciones de vida que impiden vivir con la dignidad que todo ser humano por ser hijo de Dios tiene. Pensemos también en las personas que están obligadas a ejercer la prostitución, entre los cuales se encuentran también menores. Es necesario anunciar la alegría del Evangelio, entre otras cosas para hacer ver las causas profundas de la esclavitud que viven tantas personas. Todos los hombres y mujeres de buena voluntad sabemos que especialmente la raíz de las esclavitudes está en una concepción de la persona recortada y construida a nuestro gusto o según nuestros intereses, a la que en vez de ver “como imagen y semejanza de Dios”, tratamos como un objeto.
Y esa falsa concepción trae la corrupción del corazón humano, que sabemos se corrompe cuando se aleja de Dios y, por ello, de los demás, que en vez de verlos como hermanos, los ve como contrincantes o enemigos. “Decididos a ser libres y engendrar libertad”. La corrupción del corazón trae pobreza, subdesarrollo, exclusión, envidias, enfrentamientos, odios, el que me sobren los que no piensan como yo. El corazón siempre se corrompe cuando los hombres y las mujeres estamos dispuestos a cualquier cosa para ser nosotros los beneficiados de todo. Hagamos un compromiso real por derrotar la esclavitud y por estar “decididos a ser libres y generar libertad”. Esta decisión pasa necesariamente por entregar la alegría del Evangelio, que es globalizar la fraternidad, no la esclavitud o la indiferencia. ¿Cómo  hacer posible esto?:
            1) Déjate bendecir por Dios. Dejarnos bendecir, proteger e iluminar por el Señor. El Señor nos habla también a nosotros hoy: Él se ha fijado en nosotros, nos ha mirado, nos ha amado, se ha hecho hombre por nosotros, nos ha mostrado su rostro, nos ha regalado el rostro humano verdadero, es el rostro que construye, alimenta, proyecta y diseña una manera de ser y de estar en el mundo.
            2) No ignores que eres hijo de Dios y, por ello, hermano de todos los hombres. Sabernos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos de todos los hombres. Esto es lo que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo: que somos hijos y, por ello, hermanos.
            3) Conserva como María y medita todas las cosas en tu corazón. Conservar como María en su silencio admirable y contemplativo a Dios mismo. María está ante el misterio, llena de luz y de amor, de fe y esperanza, de amor y donación. María vive desde la interioridad, que en definitiva es saber escuchar y vivir la Palabra que da vida a nuestro corazón y a los hombres. En el centro de su vida puso a Dios como prioridad y de primera necesidad para estar “decididos a ser libres y generar libertad”. Si Dios está ausente, la vida personal y social enferma.
            Con gran afecto, os bendice:
                                               +Carlos, Arzobispo de Madrid
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domingo, 28 de diciembre de 2014

¿DÓNDE ESTA LA BELLEZA DE LA FAMILIA?(Texto homilía Mons. Carlos Osoro en la Misa de la Sagrada Familia).28122014

Texto homilía Mons. Carlos Osoro en la Misa de la Sagrada Familia.
        
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¿DÓNDE ESTA LA BELLEZA DE LA FAMILIA?
¿Queréis descubrir dónde está la Belleza de la Familia? Acercaos por unos momentos a la Sagrada Familia de Nazaret. Ella es el icono que, contemplado, nos hace descubrir dónde está la belleza de la familia. Es urgente que acerquemos este icono a la humanidad en estos momentos en los que se está inaugurando una nueva época. Aparece una nueva humanidad. ¿Qué es lo más grande que podemos aportar los cristianos a los fundamentos de la misma? En primer lugar, la persona de Jesucristo. Él nos revela quién es Dios y quién es el hombre. Pero también debemos decir con fuerza dónde tiene su origen el ser humano y en qué “lugar” se revela con el verdadero humanismo, para que en él se descubra dónde está el tesoro más importante, la escuela más urgente donde los valores humanos, cívicos, religiosos y morales se otorgan. La familia es la escuela del humanismo auténtico. Es en la familia cristiana donde descubrimos cómo la vida que nace se acoge con generosidad y responsabilidad, y al ser humano se le entrega todas las dimensiones de la existencia que son necesarias para que alcance su vida real y, así, el futuro de la humanidad esté asegurado.
Trabajar en apoyo de la familia fundada en el matrimonio como elemento básico de la vida y del desarrollo de una sociedad es garantizar el futuro de la humanidad y contribuir a renovar la sociedad, poniendo el fundamento que necesita todo pueblo y todo ser humano para realizarse como tal. En la familia es en donde mejor se ve y se construye la “cultura del encuentro”, ya que es lugar de convivencia entre generaciones (padres, hijos, abuelos, bisabuelos, nietos), donde nadie queda excluido, donde todos son necesarios y cada uno recibe el amor y la ayuda que necesitan. Pero no es solamente encuentro de generaciones: también es “santuario del amor y de la vida”, pues en ella se enseña y se aprende a vivir desde esa atalaya que engrandece al ser humano cuando se pone como fundamento y garantía de  desarrollo, Dios mismo. La Sagrada Familia de Nazaret así nos lo muestra. En la familia se aprenden y desarrollan las virtudes esenciales para la vida.  Una familia viva, en cuyo centro, como sustentador de cada uno, en todo su desarrollo personal y social, y a lo largo de todo el camino que dure la existencia, esté Dios. Esto es lo más actual y moderno. Lo antiguo es vivir marginando a Dios, queriendo ser como dioses.
La Sagrada Familia de Nazaret es el prototipo de toda familia cristiana. ¿Quién es esa familia? La que reunida en el sacramento del matrimonio, y alimentada con la Palabra y la Eucaristía, está llamada a realizar esa vocación y misión de ser célula viva, no solamente de la sociedad, sino también  de la Iglesia. La urgencia y necesidad de mirar y contemplar con confianza a la Sagrada Familia de Nazaret es vital. ¿Por qué? Por la belleza y originalidad que esta familia tiene, que viene porque en ella vivió oculto, largos años, el Hijo de Dios. Por eso radica ahí el eco más original de la “iglesia doméstica”, como es: la oración constante, la escucha de la palabra de Dios, la intensa vida sacramental, el esfuerzo continuado por vivir el mandamiento de Cristo del amor y del perdón. En la Familia de Nazaret contemplamos cómo el amor no es concéntrico, ni busca interés personal, ni toma en cuenta el mal recibido, sino que se alegra con la verdad. En Nazaret, se hacen verdad aquellas palabras del apóstol San Pablo en la primera carta a los Corintios: “el amor todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor 13, 5-7).
La belleza de la familia cristiana está en esa página del Evangelio de Lc 2, 22-40. Una belleza que tiene varios rasgos característicos: 1) El convencimiento de que quien da la belleza a todo lo que existe es Dios, y solamente Él. 2) Que la belleza del ser humano tiene su origen y fundamento en Dios mismo. Nada más ni nada menos.  3) Y que la belleza de la familia de Nazaret está en que camina  unida y se dirige hacia  Jerusalén. Y es que es en Jerusalén donde Dios muestra su rostro. Y quienes desean construirse como familia desde Dios, acuden a Él para hacer la ofrenda y presentar a quien acaba de incorporarse a la familia. Por eso, todas las familias llevaban al templo de Jerusalén a sus hijos. El icono de toda familia es, pues, Jesús, María y José yendo al templo de acuerdo con la Ley. Van los tres. Y lo hacen para consagrar a Jesús a Dios, y entregar la oblación prescrita.
Hay dos rasgos que nos muestran cómo se puede lograr que la familia cristiana alcance la "Belleza”:
1) Acogiendo al Señor en el corazón de quienes entran a formar parte de la familia. Simeón tomó a Jesús en brazos y bendijo a Dios. Sus palabras no pueden ser más significativas: “ahora puedo marchar en paz, porque mis ojos han visto la salvación”. Esa palabra “ahora” significa la irrupción total y absoluta de Dios en la historia. La Belleza la da Dios mismo.  Ese “ahora” determina que un tiempo acaba y otro nuevo comienza. Y que empieza el tiempo donde la Belleza se hizo presente en este mundo realmente. En ese “ahora”, ¿acaso no hemos de introducir la experiencia del amor y de la vida que Dios nos ofrece en Jesús? Él es la luz de los pueblos, de todos los hombres. Ninguno está excluido de su amor.
2) Hablando de Jesús con obras y palabras que regalan la alegría del Evangelio. La profetisa Ana, mujer anciana que no se apartaba del templo sirviendo al Señor, daba gracias a Dios y hablaba de Jesús a todos los que aguardaban la liberación. Hay que hablar de Jesús, con palabras y con obras. Hay que liberar y eliminar esclavitudes. El desconocimiento del Señor engendra esclavitudes. La familia de Nazaret se abrió a la vida verdadera, poniendo de relieve su fuerza de humanización y la alegría del Evangelio de la familia. Toda familia, en cuanto comunión íntima de vida y amor, es lugar de humanización, cuna de la vida y del amor. La primera sociedad natural que es de institución divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organización social.
¿Dónde está la Belleza de la familia cristiana que tiene su origen en el matrimonio? “Como elegidos de Dios, santos y amados, revistámonos de misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión” (cf. Col 3, 12-21). Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. lo llamó a la existencia por amor, y lo ha abocado al mismo tiempo al amor. Hoy es día de entregar Belleza al matrimonio y a la familia, hoy es día de decir un Sí incondicional al amor. Dios es amor, y por ello la vocación fundamental de todo ser humano está en amar. La familia cristiana es el santuario de la vida y del amor, y tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar ese amor, como reflejo vivo y participación real en el amor de Dios manifestado en Cristo por la humanidad.
Con gran afecto, os bendice
                                   +Carlos, Arzobispo de Madrid
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Mons. Osoro recuerda la “belleza de la familia cristiana” en la Catedral de la Almudena 28122014

Mons. Osoro recuerda la “belleza de la familia cristiana” en la Catedral de la Almudena


Por Blanca Ruiz

Mons. Carlos Osoro junto a Teresa Abad y su hijo Jorge. Foto: Blanca Ruiz / ACI Prensa
Mons. Carlos Osoro junto a Teresa Abad y su hijo Jorge. Foto: Blanca Ruiz / ACI Prensa
MADRID, 28 Dic. 14 / 01:10 pm (ACI/EWTN Noticias).- La de hoy ha sido la primera Misa de las familias presidida por Mons. Carlos Osoro como Arzobispo de Madrid y también la primera que se celebra en la Catedral de la Almudena y no en la céntrica plaza de Colón.
La fiesta de las familias comenzó el sábado por la tarde con la exposición del Santísimo Sacramento en la Catedral y continuó hoy a las 10 de la mañana con el saludo del nuevo Arzobispo a todas las familias que quisieran acercarse al altar de la Almudena.
Es el caso de Teresa Abad, de 26 años, que llegó con su hijo Jorge de 18 meses y “con otro hijo más que llevo dentro”, porque está en avanzado estado de gestación. Tras el saludo al Arzobispo Teresa ha contado a ACI Prensa que a pesar de que su marido está trabajando ella no ha querido dejar pasar la oportunidad de saludar personalmente a Mons. Osoro que “se ha mostrado muy cercano, nos ha dicho que tenemos que trabajar por la familia y rezar por ella. Nos ha dado una estampa con una oración por la familia para que la recemos todos los días y una chocolatina para mi hijo Jorge”.
Teresa asegura que desde hace mucho asiste a la Misa por las familias, pues “yo venía con mis padres desde siempre, y ahora vengo con mi familia porque es necesario que recemos, da igual si es en Colón o en la Catedral, lo importante es estar unidos rezando por algo tan importante”.
La felicitación de Navidad que el Arzobispo ha entregado a las familias tiene una oración y unos dibujos hechos por él mismo.
Lucia, Andrés y Víctor son tres amigos que también han hecho la larga fila para saludar al Arzobispo. Aseguran que cuando la misa tenía lugar en Colón, ellos participaban como voluntarios. Lucía precisa que en esta Misa, que ella define como “parte imprescindible de la Navidad”, reza especialmente para discernir su vocación al matrimonio.
Mons. Carlos Osoro celebró la Misa de las familias junto con unas 2.500 personas que abarrotaban la Catedral de la Almudena y otras 1.500 participaron desde la explanada en la celebración.
Concelebraron con Mons. Osoro el Nuncio en España, Mons. Renzo Frattini, y el Obispo auxiliar de Madrid, Mons. Fidel Herráez.
El Arzobispo de Madrid, durante su homilía, ha animado a acercarse a la Sagrada Familia de Nazaret para descubrir “la belleza de la familia”. Además ha precisado que “lo más grande que los cristianos podemos aportar” a la familia es Jesucristo.
“Es en la familia cristiana donde descubrimos cómo la vida que nace se acoge con generosidad y responsabilidad, y al ser humano se le entrega todas las dimensiones de la existencia que son necesarias para que alcance su vida real y, así, el futuro de la humanidad esté asegurado”, aseguró.
Mons. Osoro animó a los fieles a “trabajar en apoyo de la familia fundada en el matrimonio como elemento básico de la vida y del desarrollo de una sociedad es garantizar el futuro de la humanidad y contribuir a renovar la sociedad, poniendo el fundamento que necesita todo pueblo y todo ser humano para realizarse como tal”.
El Arzobispo también precisó que es en la familia “donde mejor se construye ‘la cultura del encuentro’ porque es lugar de convivencia entre generaciones, “nadie queda excluido, donde todos son necesarios y cada uno recibe el amor y la ayuda que necesitan”.
La familia, subrayó, es “santuario del amor y de la vida”, “la Sagrada Familia de Nazaret así nos lo muestra. En la familia se aprenden y desarrollan las virtudes esenciales para la vida.  Una familia viva, en cuyo centro, como sustentador de cada uno, en todo su desarrollo personal y social, y a lo largo de todo el camino que dure la existencia, esté Dios. Esto es lo más actual y moderno. Lo antiguo es vivir marginando a Dios, queriendo ser como dioses”.
El Arzobispo de Madrid definió durante la homilía la familia cristiana como “la que reunida en el sacramento del matrimonio, y alimentada con la Palabra y la Eucaristía, está llamada a realizar esa vocación y misión de ser célula viva, no solamente de la sociedad, sino también  de la Iglesia”.
También explicó que “acogiendo al Señor en el corazón de quienes entran a formar parte de la familia” y “hablando de Jesús con obras y palabras que regalan la alegría del Evangelio” se hace el camino que lleva a la familia cristiana a alcanzar “la Belleza”.
“La familia cristiana es el santuario de la vida y del amor, y tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar ese amor, como reflejo vivo y participación real en el amor de Dios manifestado en Cristo por la humanidad”, subrayó el Arzobispo de Madrid.


domingo, 21 de diciembre de 2014

A los sacerdotes y familias de la Archidiócesis de Madrid (Mons. Carlos Osoro)

A los sacerdotes y familias de la Archidiócesis de Madrid
        
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La belleza y la verdad de la familia, iglesia doméstica, comunión de vida que nace del don fiel e indisoluble de los esposos, sellado por la presencia y el amor de Jesucristo, corresponde al deseo más profundo arraigado en el corazón de cada persona. El Señor hace posible que el hogar esté fundado sobre roca (cf. Mt 7, 24-27) y sea imagen viva del Hogar santo de Nazaret. Por eso, el Evangelio de la familia es y será siempre una buena noticia para el mundo, y una fuente de alegría para todos.
“La alegría del Evangelio de la familia” es el lema que, este año, servirá de hilo conductor para la celebración de la Jornada de la Sagrada Familia en todas las diócesis de España. En comunión con cada obispo, en todas las catedrales, parroquias y comunidades eclesiales tendrá lugar esta Jornada, para dar gracias a Dios por el don de cada familia y pedir a la Sagrada Familia de Nazaret por todos los hogares de nuestras comunidades.
Para ello, os convoco a los sacerdotes, a las familias y a todos los movimientos y asociaciones familiares, para participar en los actos que tendrán lugar ese día en nuestra Archidiócesis de Madrid. Invitad a todas las familias a unirse a esta celebración, acercándose a la Catedral para orar ante nuestra Patrona, Nuestra Señora de la Almudena, y ante San José. Yo estaré presente en el templo, durante toda la Jornada, para recibir y bendecir a cada familia.
Las parroquias, comunidades y personas que lo deseen podrán hacer una oración ante la Sagrada Familia y contribuir con su ofrenda a ayudar a otras familias y hogares con mayor necesidad o riesgo de exclusión. Solicito vuestra generosidad en este momento en el que tantas familias sufren la carencia de lo más necesario, y se ven necesitadas de nuestra comunión y de la caridad de toda la Iglesia.
Pidamos, por intercesión de Nuestra Madre, que el Espíritu Santo suscite una gran peregrinación de todas las familias, parroquias y asociaciones de la Archidiócesis a la S.I. Catedral, para celebrar en comunión familiar está importante Jornada de la Sagrada Familia.
El momento central de la Jornada será la solemne celebración de la Santa Misa en honor de la Sagrada Familia, que tendrá lugar a las 12,00 horas. La Eucaristía, sacramento de los esposos, es manantial de la caridad conyugal y fundamento de la comunión familiar. Por ello, junto con la celebración eucarística, os invito a participar en las veinticuatro horas de Adoración al Santísimo Sacramento que tendrá lugar en la Cripta de la Catedral. Esperamos, como en los últimos años, que un gran número de matrimonios, abuelos, niños y jóvenes acudan a orar por sus ser queridos y por las familias madrileñas, especialmente las que se encuentran en mayor dificultad.
Finalizaremos la Jornada con la Bendición de los novios. La preparación al matrimonio constituye una de las prioridades de la pastoral familiar. Que la oración y el acompañamiento de la Iglesia ayude a los novios a lo largo de su camino, para que descubran y aprendan cómo vivir el amor más hermoso.
Poniendo todas estas intenciones en las manos de la Sagrada Familia de Nazaret, y confiando a María, a José y al Niño Dios los gozos y esperanzas de todas nuestras familias, os bendice con gran afecto.
+ Carlos, Arzobispo de Madrid

TAMBIÉN DIOS VIVE EN LA CIUDAD DE MADRID Y EN TODOS SUS PUEBLOS (Mons. Carlos Osoro)

TAMBIÉN DIOS VIVE EN LA CIUDAD DE MADRID Y EN TODOS SUS PUEBLOS                            
       



TAMBIÉN DIOS VIVE EN LA CIUDAD DE MADRID
Y EN TODOS SUS PUEBLOS
Dentro de muy pocos días vamos a celebrar la Navidad, que es la fiesta de la Luz y de la Paz, del Asombro y de la Alegría, del Bien y de la Verdad, que se extiende por todo el universo, porque “Dios se ha hecho hombre”. De tal manera que la Luz, la Paz, el Asombro y la Alegría, el Bien y la Verdad, tienen nombre y rostro, por eso pongo estas palabras con mayúscula, el nombre y el rostro no es más que Jesucristo. Dios se hace hombre para que podamos estar con Él y también llegar a ser semejantes a Él. Dios desciende a nuestro mundo, se acerca a nosotros, viene a nuestro encuentro, nos interpela y nos invita a renacer con Él, en Él y desde Él. Dios vive en la ciudad de Madrid y en todos sus pueblos, pues tiene muchos testigos que saben que han de dar a conocer a Jesucristo, han de ser rostros vivos del Señor. Hombres y mujeres que se han encontrado con Él, lo han contemplado, conocido y viven desde este acontecimiento de gracia y amor, dejándose seducir por el Señor y conducir por su gracia y por su amor.
Personas y familias convertidas en verdaderas iglesias domésticas, comunidades cristianas e instituciones que están marcadas, desde lo más profundo de sí mismas, por aquél acontecimiento que comenzó en el portal del Belén, donde el Hijo Eterno de Dios se hace un Niño pequeño y se dirige a cada uno de nosotros. ¡Qué maravilla y qué prueba más grande de la presencia del amor de Dios en medio de nosotros! Dios ya no está lejos, no es desconocido, no es inaccesible, se hizo prójimo de nosotros y ha restablecido la imagen del hombre. Se hizo don, se ha dado por nosotros a sí mismo. Si hemos conocido al Señor y, muy especialmente, si lo acogemos en nuestra vida, se genera el compromiso de vivir en la comunión del Corazón mismo de Jesucristo.
¿Qué consecuencias trae vivir mostrando el rostro de Dios? Que nuestra ciudad tiene otra imagen, que no es momentánea, que cambia y renueva la vida misma, pues ya no hay caminantes que van al lado sin conocerse, ya no hay vecinos que se ignoran. Jesucristo, al transformar nuestro corazón, nos hace transformar la “ciudad”, nos hace construir la “nueva ciudad”. Pasando de ser esa ciudad de los que se ignoran a la ciudad de los que se llaman y se aman. Pasando de la ciudad de los sin nombre o del número a ser la ciudad en la que todos tienen nombre y rostro. Las consecuencias son tangibles. El humanismo cristiano engendra un dinamismo intenso para tratar al otro como hijo de Dios y hermano, como imagen de Dios que es. Y esta es la razón de que en nuestras calles, en nuestros barrios, en nuestros pueblos, y en todos los lugares donde habitamos, todo se renueva desde esa vida nueva que nos regala como gracia Jesucristo. Él está en nosotros, y por eso todo discípulo del Señor, en medio del mundo, engendra la fraternidad que genera la adhesión a Él, y ese cambio radical de estilo de vida supone “estar entre” todos los hombres, desde un ir-desde y un ir-hacia.
Propongamos y promovamos la cultura del encuentro, de la comunión y de la integración. ¿Cómo? Demos tres pasos en nuestra existencia: 1) Somos enviados; 2) Para entrar en y por todos los caminos que transitan los hombres; 3) Siendo testigos de la luz. Estos pasos se resumen en esta expresión: “Somos enviados, para entrar a todos los caminos por los que transitan los hombres, siendo testigos de la luz”.
      1) Somos enviados: hemos de vivir la vocación a la convivencia con los otros y con Dios. Tener esta conciencia de enviados es importante. No andamos por nuestra cuenta. El Señor se acercó a nosotros para que lo diésemos a conocer. Urge que todos los hombres conozcan la alegría del Evangelio. Por ello dar y proclamar la “buena noticia”, que es el mismo Jesucristo, tiene que ser nuestra pasión. Estar al lado de los que sufren, de quienes tienen desgarrado el corazón, de quienes tiene alguna esclavitud y padecen prisión, esa es nuestra misión.
      2) Para entrar en y por todos los caminos que transitan los hombres: siempre tras las huellas de quienes viven junto a nosotros, no para imponer, sino para proponer con nuestras obras; seguramente en algún momento necesitarán de palabras. Debemos ir a todos, conociendo todas las circunstancias, cogiendo siempre lo bueno y eliminando de nuestra vida toda forma de maldad, ya que quien es Bueno nos llama a transitar por la vida dándole a Él. Esta debe ser la tarea de nuestra vida.
      3) Siendo testigos de la luz: Dios está en la ciudad, pero a menudo los que viven en ella no se han dado cuenta de su presencia. Y sin embargo, Él es la liberación y la Vida. No somos la luz, la luz es Él, pero somos testigos de la misma. Proclamemos con nuestra vida el año de gracia del Señor, que es año de amnistía, liberación, de abrir corazones, de quitar desgarros. Nos hemos dejado preguntar alguna vez: ¿quién soy?
Os hago una propuesta: para hacer saber que “también Dios vive en la ciudad de Madrid y en todos sus pueblos”, esa  Noche de Navidad, a las 12 de la noche, en todas las casas de las familias cristianas “encended una vela y ponedla en una de las ventanas de vuestras casas”. ¡Cómo cambia la ciudad! ¡Cómo cambian nuestros pueblos! Dios entre nosotros, Dios con nosotros. Y nosotros sus discípulos disponibles para darle rostro con obras y palabras.
Con gran afecto, os bendice,
+ Carlos, Arzobispo de Madrid

domingo, 7 de diciembre de 2014

Monseñor Carlos Osoro: Dios viene y se interesa por nosotros 05122014


Monseñor Carlos Osoro: Dios viene y se interesa por nosotros                    
  •    DIOS VIENE Y SE INTERESA POR NOSOTROS

Con motivo del inicio del tiempo litúrgico del Adviento, el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, ha hecho pública una carta en la que explica que éste es “un tiempo litúrgico a través del cual la Iglesia, invita a tomar conciencia de una verdad de la que siempre estamos necesitados los hombres: saber que no estamos solos, que hay alguien que nos acompaña y se acerca a nosotros. Tú, que lo sabes, comparte este ‘oasis’ que tienes con los desiertos poblados del lugar donde habitas. Es verdad que esta cercanía de Dios a nuestra vida, y con ese interés que lo hace, requiere una respuesta que ha de traducirse en un modo de vivir. Y es que ese interés de Dios por nosotros, que se acerca a nuestras vidas, es como un llamamiento saludable, que no es de una vez para siempre, es todos los días, semana tras semana, mes tras mes, toda nuestra vida. Precisamente por esto quiero acercarme a vosotros, para deciros con fuerza: ¡despertad! Dios viene. Dios no se queda a distancia, no se queda en el cielo, tiene un interés muy especial por nosotros, por la historia que vivimos y estamos haciendo”.

“Dios viene y se interesa por nosotros”, no “porque saque algún provecho de ello”, sino “porque nos ama sin más. No necesita de nosotros. Somos nosotros los que necesitamos de Él. Sin su cercanía, no sabemos lo más importante: que hemos salido de sus manos por un acto puro de amor y generosidad”. “Compartamos esto con los hombres, exhorta, no nos refugiemos como Noé en el arca para librarnos del diluvio; tenemos que ser audaces, y en la barca de Pedro, que es la Iglesia, que tiene que atravesar a veces tempestades, atravesar el mar de la historia con una confianza absoluta y una esperanza sin límites en Jesucristo. La cercanía del Señor a nuestra vida nos da aliento, seguridad, confianza, audacia, valentía, fortaleza. Por su cercanía a nuestra vida, sabemos del título más grande que poseemos: ‘hijos de Dios’ y ‘hermanos de todos los hombres’. ¡Qué milagro acontece en la historia y en nuestra vida personal y colectiva cuando vivimos ejerciendo esos títulos! En su cercanía, y al calor de su amor, somos capaces de construir el mundo que yo llamo del ‘sueño de Dios’, y que puso en nuestras manos, para que estuviera siempre lleno de justicia, de amor y de paz. Y todo ello, porque hemos salido de sus manos con el diseño que hizo de nuestra vida: hacernos a su imagen y semejanza. Nos ha dejado libres para vivir, pero desea librarnos del mal y de la muerte, de todo aquello que impida el desarrollo auténtico del ser humano que se hace solamente en el amor de Dios, que es donde se alcanza la auténtica felicidad”.

“Dios viene y se interesa por nosotros, asegura. Llevemos la alegría de esta noticia a todos los hombres. El compromiso que todos los cristianos debiéramos asumir en este tiempo de Adviento es llevar la alegría de quien nos muestra su rostro, y en Él y por Él no dice quién es el hombre, qué tiene que hacer el hombre, cómo debe vivir el hombre para sí y para los demás, siendo para todos esa fotografía viva del Dios único y verdadero que se nos ha revelado en Jesucristo. El gran regalo que necesita toda la humanidad lo podemos hacer nosotros ahora. Conocemos a Dios, sabemos que vino y vendrá, su interés por nosotros es manifiesto. Precisamente por ello, el gran regalo que el ser humano, en todas las latitudes de la tierra, debe hacer a todo los que encuentre en su camino, es comunicar que Dios viene, que tiene un interés manifiesto por nosotros. Nos lo muestra cada vez que celebramos y recordamos la Navidad, que fue la primera venida y revelación del amor e interés que tiene por nosotros. Fue el primer anuncio del Adviento que es presencia, llegada y venida. Nos ha elegido como miembros de la Iglesia, para que sigamos manifestando su presencia, llegada y venida, hasta que Él vuelva por segunda vez, y definitivamente. Nos ha dejado para que entreguemos esta noticia y digamos con fuerza a los hombres: ¡no estáis solos! ¡tenéis un proyecto de vida! ¡tenéis un proyecto no teórico! El Señor os ha dado su vida. Mostrad su rostro y su amor a los hombres, sed la alegría del Adviento, es decir, presencia, llegada y venida de Dios, hasta que Él vuelva. Hacedlo con la alegría de una esperanza fundada, siendo transparencia de esa alegría liberadora de Dios”.

Asegura que “en la vida de todos los hombres se manifiesta constantemente la espera: cuando somos niños deseamos crecer, cuando somos adultos buscamos realizarnos y, muy a menudo el éxito, cuando ya se está en edad avanzada se aspira a un merecido descanso. Y es que la esperanza marca todo el camino de la humanidad. Los cristianos tenemos una certeza inmensa: el Señor está presente a lo largo de toda nuestra vida, Él nos acompaña y nos da la salud y la salvación. Por eso el modo de esperar es distinto, no esperamos cosas o premios o loterías, esperamos siempre volviendo el corazón a quien sabemos que es el Camino, la Verdad y la Vida. Sabemos el sentido verdadero de la espera. Esperamos sabiendo que hay plenitud y que ésta solamente nos la da Cristo. Esperamos sabiendo que quien vino y se hizo presente en Belén, nos trajo el don de su amor y de su salvación y nos lo quiere dar en plenitud. Acogerlo y repartirlo es vivir el Adviento. Para hacerlo, es necesario que contemples al Señor, que escuches su Palabra, que vivas con Alegría, que hagas posible que con tu vida capten quienes te rodean su Belleza y la que Él ofrece a todos los hombres”, concluye.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

SER IGLESIA MISIONERA EN LA GRAN CIUDAD (Mons. Carlos Osoro) 30112014



SER IGLESIA MISIONERA EN LA GRAN CIUDAD
        
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Una gran misión tiene la Iglesia en medio de la ciudad: acentuar el primado de Dios, renovar los vínculos entre los que viven en ella, haciendo posible que realicen esa versión nueva de vivir, de pasar de “ser islas” o desconocidos a ser “imágenes de Dios” que, por tanto, al vivir con el amor mismo de Dios, no pueden prescindir de nadie que esté viviendo junto a ellos, sino que son capaces de crear un “ethos urbano” que provoque en todos los que la habitan pasar de ser “desconocidos” a ser “hermanos”. Y ello les da una capacidad creativa, de búsqueda y de realizaciones en medio de la ciudad, en todos los lugares donde la comunidad cristiana se reúne, de buscar “lugares de encuentro” donde todos son reconocidos y tratados en la dignidad que todo ser humano tiene y le ha dado como estatuto de existencia en medio del mundo Dios mismo. Habiéndose manifestado y revelado ese estatuto del hombre y de Dios en Jesucristo Nuestro Señor.

            El Beato Pablo VI nos decía así: “La Iglesia existe para evangelizar, o sea, para dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo” (EN 26). De ahí que el primado de Dios es esencial manifestarlo, decirlo, proclamarlo. Siempre habrá que proclamar la feliz noticia de que Dios habita entre nosotros y de que esa eterna comunión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es de la que tiene que vivir la Iglesia y manifestar a todos los hombres para que sean esa gran familia que tiene un signo que la distingue y que promueve, a quien la hace, a vivir en esa comunión, que tiene un signo, como es la “señal de la Cruz”. Decir “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” y hacer esa señal públicamente en medio de la ciudad no es un gesto más, al contrario, es ese gesto único por el que quien lo hace reconoce que la primacía sobre todas las cosas la tiene Dios, y que el ser humano alcanza la máxima dignidad y la promueve cuando, viviendo esa comunión trinitaria en medio del mundo y junto a los hombres, construye esa “nueva ciudad” de hermanos e hijos de Dios. Ha sido Jesucristo quien nos ha revelado a Dios y nos ha dicho cómo se ha comunicado en la entrega del Hijo encarnado hasta la cruz y en la donación del Espíritu Santo para que participemos en su amor abundante.

            ¡Qué fuerza tiene para todos los hombres la fe y la adhesión a Nuestro Señor Jesucristo! Él no sólo nos enseña a dar, sino que nos dice algo mucho más importante: hay que darse. Acoger la vida de Nuestro Señor Jesucristo supone entregar una novedad tan grande en medio de esta historia, que en nada se puede comparar. Los cristianos tenemos ya esa novedad por el Bautismo, somos partícipes ya de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, hemos sido engendrados de nuevo a la vida de Dios mismo y de la verdadera identidad y verdad del hombre. Por eso, estamos llamados a “suscitar”, “consolidar”, “madurar”, “sanar”, “afianzar”, “promover”, “dar un nuevo estatuto a la historia de los hombres con el humanismo verdadero”. Ser misioneros en medio de la ciudad supone entregarnos a purificar y elevar la dignidad del hombre a la medida que solamente Dios ha dado, de tal manera que la fe y la adhesión a Jesucristo no es una cuestión secundaria o de unos ilusos engañados, es la cuestión más humana que jamás se ha podido presentar.

            En la ciudad, hemos de volver a hacer descubrir lo que los primeros cristianos hicieron cuando comenzó la evangelización: su tarea fue entrar en el corazón de aquellos hombres urbanos, hombres y mujeres de su tiempo; unos, paganos y entregados a toda clase de muerte, y otros, haciéndose dioses a su medida, que no daban salvación sino esclavitud, y que anunciaban el deseo de absoluto que estaba en sus corazones. Ellos tenían la realidad de un Dios-Amor que podía quitarles la sed que sentían, devolverles la dignidad humana y llevarles a una comunión con los demás que hiciese posible que quienes se encontraban con ellos recibieran y experimentaran el Amor mismo de Dios, que tenía nombre y rostro, Jesucristo.

            No creamos lo que a veces se dice. El Dios que nosotros anunciamos no crea problemas para la paz en el mundo, ni tampoco para que los más pobres recuperen su dignidad, no crea odios, intolerancias o desuniones, no construye convivencia del descarte o de posicionamientos en los que unos tienen más privilegios que otros; al contario: si alguien tiene privilegio es el que más necesita. Por tanto, para construir la “nueva ciudad” no hay que prescindir del Dios que se nos ha revelado en Jesucristo. Prescindir de Él es construir “vieja ciudad”: que es “deshonesta”, donde el culto al dios-poder tiene su vigencia o el culto al dios-dinero que esclaviza y utiliza, donde una imagen deformada de Dios deforma a Dios, al hombre y la convivencia entre nosotros, pues suscita eliminaciones, muertes, irracionalismos, fanatismos y fundamentalismos. El Dios que se nos revela en Jesucristo es aquél de quien Él dijo: “Dios es amor”, y por tanto suscita siempre amor y no odio, reconciliación y perdón, encuentro y no desencuentro, “vencer el mal con el bien” (Rm 12, 21). Pero ¿quién es el Bien? Tiene rostro, lo hemos conocido los hombres, es Jesucristo, que nos dijo: “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8).

Los cristianos, para evangelizar la ciudad, hemos de ser atravesados y hemos de atravesar todos los caminos de la vida de todos los hombres con los que nos encontremos. Y lo hemos de hacer con el contenido fundamental de nuestra fe, creído, vivido y manifestado en obras, Jesucristo, al que damos rostro y hacemos posible su encuentro personal con los hombres. Digamos con la fuerza del testimonio: Dios es Amor, se ha manifestado y revelado en Jesucristo muerto por amor a los hombres, Él ha Resucitado dándonos su vida. Todos los areópagos son buenos. Los cristianos hemos de construirlos para establecer un diálogo abierto y una comunicación de hondura con todos los hombres: todo lo que hagamos por tener lugares de encuentro con los hombres que en la gran ciudad andan y viven mucha soledad, es misión de la Iglesia. Pero hoy hay unos que son nuevos y muy importantes, que deseo destacar: los medios de comunicación social, en los que tan bellamente se fijó el Concilio Vaticano II. La Iglesia misionera en la nueva ciudad tiene que emplear sus códigos simbólicos en los que se haga “una oración que hable del hombre a Dios y un anuncio que hable de Dios al hombre”.

Con gran afecto y mi bendición:
                                               +Carlos, Arzobispo de Madrid   

domingo, 23 de noviembre de 2014

LA ALEGRÍA DE UNA EVANGELIZACIÓN MISIONERA 23112014

LA ALEGRÍA DE UNA EVANGELIZACIÓN MISIONERA


           
 ¡Qué alegría vivir conociendo y dando a conocer a Jesucristo! Sintamos la alegría de vivir, conscientes siempre, como miembros vivos de la Iglesia que somos, de que sabemos por revelación de Dios y por la experiencia humana de la fe que solamente Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a todas las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida, el sentido de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Estas preguntas están en el corazón y en la vida de todos los hombres, en todas las latitudes de la tierra, unas veces conscientes en la vida de los hombres y otras no. Pero el no tener respuestas para las mismas, o pasar de hacernos tales preguntas, es síntoma de una grave enfermedad, como es “la falta de alegría”. Algo sucede en el corazón del hombre, pero de una manera especial lo experimentamos y constatamos en nuestra realidad histórica, pues esas preguntas a las cuales aludía están en el corazón de todo ser humano, están arraigadas y laten en lo más humano de todas las culturas. Es cierto que a veces unos ni se las hacen, otros no tienen respuesta, pero cuando no hay alegría en lo profundo del corazón del hombre, hay desesperanza, desilusión, miedos, cerrazón, exclusiones, no deseos de encuentro. Por eso, sabiendo esto y viendo cómo queda el ser humano cuando padece “la falta de alegría, ¡cómo no vamos los cristianos a salir a anunciar a quien cura, alienta, abre el corazón, nos abre a la vida, nos abre a los otros, a todos sin excepción! Jesucristo es la alegría, por ello, “la alegría de una evangelización misionera”.

            Viendo la realidad de los hombres y mujeres que viven junto a nosotros, ¡cómo se hace más evidente en nuestra vida el mandato de Jesús!: “id, pues, y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19-21).  Hemos de despertar y dejarnos sorprender por Jesucristo. Él nos introduce en la profundidad de la historia de los hombres de hoy, y de una manera clara nos invita a vivir y protagonizar un gran impulso misionero. Es una gracia que Él nos regala en esta hora y requiere de nosotros una respuesta: salir al encuentro de todas las personas, de las familias, de todos sin excepción, para comunicarles y compartir de primera mano ese don maravilloso del encuentro con Cristo. Ir al corazón de todos los hombres desde el centro, que es Jesucristo, supone habernos encontrado con Él, haberle dejado que conquiste nuestro corazón y provoque en nuestra vida la alegría del encuentro con Él, que llena nuestras vidas de sentido, de valentía, de renovación, de creatividad, de verdad, de amor y de esperanza. Los cristianos no nos podemos quedar en una espera pasiva a que vengan, el Señor nos urge a acudir en todas las direcciones para decir a todos los hombres que la última palabra, la primera y las del intermedio no las tiene más que Jesucristo. Ni la tiene el mal, ni la muerte. La tiene quien ha triunfado sobre todo, también de la muerte, Jesucristo. Por todo ello, la Iglesia tiene asumir el compromiso de multiplicar los discípulos misioneros.

            ¿Cómo desarrollar la dimensión misionera de la vida en Jesucristo? Haciendo que nuestras comunidades cristianas, que nuestras parroquias, sean una “comunidad de comunidades”, se conviertan en centros de irradiación de la vida de Cristo. Una irradiación que nos haga vivir desde el centro hacia todos los caminos donde están los hombres. Irradiación que se hace asumiendo dos dimensiones: la interioridad y la alteridad, es decir, desde un encuentro con el Señor tan fuerte que nos lleve a dar la vida por los otros, que nos impulse a salir y a darnos, no a dar, sino a darnos. Por ello, en nuestras comunidades tienen que ser habituales estas expresiones: abrir puertas, crear ámbitos de encuentro, salir a los lugares de donde no viene nadie, salir allí donde hay esclavitudes fruto de no conocer al Señor y regalar la vida a “algo” no a Él. Eliminar fatigas, desilusiones, acomodaciones que nos adormecen.

            Tenemos un imperativo en la Iglesia: hacer en estos momentos una reflexión teológica pastoral seria y profunda, realizada sobre la vida diaria de la Iglesia, con la fuerza del Espíritu, a través de la historia. Hemos de quitar prejuicios y descubrir que la pastoral no solamente es un arte, ni un conjunto de exhortaciones, de experiencia y métodos. Hemos de ser valientes para hacer un discurso teológico sobre la acción evangelizadora de la Iglesia, que tiene una manifestación científica y práctica de la teología. San Juan Pablo II decía que toda acción pastoral debe ser una práctica que actualiza la praxis de Jesús a través de la acción de la Iglesia y de los cristianos. ¡Qué belleza adquiere contemplar a Jesús el Buen Pastor, para tener luz y ver, tener criterios para juzgar y normas fundantes para actuar! Que en nuestras comunidades tengamos los ojos y el corazón de Jesucristo, miradas de fe a todo y a todos, con el corazón que está ocupado por el Señor y totalmente impregnado de su amor. Todo ello nos dará unos principios que nos ayudarán a hacer proyectos evangelizadores, que alcanzan toda nuestra vida y buscan alcanzar las vidas de quienes nos encontremos en el camino.

            Todos estamos llamados a vivir la alegría misionera de evangelizar: siendo hombres y mujeres de la Iglesia en el corazón del mundo, y también hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia, en definitiva discípulos misioneros de Jesucristo, que son Luz del mundo. ¡Qué fuerza más maravillosa tiene vivir haciendo una síntesis, siendo “ciudadanos del mundo” y “ciudadanos del Pueblo de Dios”!

            Con gran afecto, os bendice:
                                               +Carlos, Arzobispo de Madrid

martes, 11 de noviembre de 2014

Monseñor Carlos Osoro a los jóvenes: "Tenéis que ayudarme a anunciar a Jesucristo" 08112014

Sábado, 08 Noviembre 2014 00:00

Monseñor Carlos Osoro a los jóvenes: "Tenéis que ayudarme a anunciar a Jesucristo"


           
Monseñor Carlos Osoro a los jóvenes: "Tenéis que ayudarme a anunciar a Jesucristo"

Madrid. Infomadrid, 08-11-2014.- Miles de jóvenes han asistido esta noche a la Vigilia de Oración que ha presidido el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro Sierra, en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, en la Vigilia de la festividad de la Patrona de la diócesis. Ha estado acompañado por los Obispos auxiliares Mons. César Franco y Mons. Fidel Herráez, y por numerosos sacerdotes que han administrado el sacramento de la confesión.

El encuentro de oración, que ha comenzado a las 20,30 horas, ha contado con testimonios de jóvenes, intercalados con el canto de salmos y el rezo de diversas oraciones, junto con las canciones del Coro de la JMJ. Las palabras de la introducción han sido leídas por una joven, que ha explicado que "esta noche, como todos los años en la víspera de la celebración de nuestra patrona la Virgen de la Almudena, los jóvenes de Madrid hemos venido a este lugar para orar juntos y pedir la intercesión de nuestra Madre". Evocando las palabras del Papa Francisco a los jóvenes de Asia, el pasado agosto en Corea, los jóvenes se cuestionaron: "sabemos que el Señor nos llama a ser evangelizadores, a llevar la Buena Noticia a los lugares donde nos movemos, pero también somos conscientes de nuestra debilidad, de nuestros miedos, del camino que nos queda por recorrer, de las preguntas que nos quedan por responder. ¿Qué hacer?", qué camino elegir. "Se trata de un conflicto aparente señalaron, porque cuando el Señor llama, llama siempre a hacer el bien a los demás... La finalidad es la misma: adorar a Dios y hacer el bien a los otros". Y han concluido pidiendo al obispo consejo y ayuda.

En su alocución, Mons. Osoro ha explicado que "nos reúne aquí la Santísima Virgen María para acercarnos a Cristo a nuestra vida y a nuestro corazón". "Cristo está en medio de nosotros, ha afirmado,  Cristo ha triunfado, ha resucitado. Y esto es una alegría que tenemos que anunciar a todos los hombres". "Dios, ha dicho, nace de una mujer, María. Es la que nos reúne hoy". "Ella ha prestado su vida para que Dios tomase rostro humano. Y nos invita a hacer lo mismo", porque "los hombres tienen sed, tienen oscuridad. No están a gusto con lo que se les ha dado. Están robando al ser humano la imagen de Dios". Ante esta situación, ha afirmado que "no podemos estar tranquilos. Si el hombre tiene sed, hay que darle de beber". Pero, ha advertido, "no podemos con nuestras fuerzas".

Para Mons. Osoro, el Señor, "de una u otra manera, ha hecho que escuchemos su voz" en algún momento de nuestra vida. Hoy, "reunidos como una gran familia que escucha, que acoge a la Virgen María, en Madrid bajo la advocación de Nuestra Señora de la Almudena, Ella quiere romper  los muros, quiere estar en el centro, y decirnos fundamentalmente tres cosas". La primera, "abrámonos a Dios, sin miedo. Dios nos puede pedir mucho. Yo, en nombre del Señor, me atrevo a pedíroslo". En segundo lugar, "dejemos que entre en nuestra vida, con todas las consecuencias". Y, por último, "salgamos a los caminos de este mundo para dar el rostro  Dios".

"Dios, ha asegurado, nos puede pedir la vida. Es cierto. Nos puede pedir que hagamos presente a Cristo en nuestra vida. Pero si abrimos nuestra vida a Dios, seguro que habrá alguna llamada, para mantener viva la maternidad en la iglesia, en una consagración total y absoluta a Dios". Por eso, ha invitado a los jóvenes a dejar "que la vida de Dios entre en nuestra existencia". Así, "si dejas entrar a Dios, harás cosas que no te imaginabas". "Queremos hacer llegar el amor de Dios a todos los hombres, como hizo María". Todo esto, ha señalado, se aprende en la Escuela de María.

Ha exhortado a los jóvenes a abrirse "a Dios como María". "El Señor, ha dicho, saluda a todos los hombres, porque para él todos somos hermanos. El se acerca a todos", aunque "no todos le escuchan". "Hoy nos dice, como a la Santísima Virgen su Madre, que no tengamos miedo. Gozamos del favor de Dios. Abramos nuestra vida a Dios".

Por último, ha exhortado a salir a los caminos, "donde están los hombres". Pero "hay que salir desde el centro, que es Dios". "Que toda vuestra vida esté ocupada por Dios", ha señalado, recordando que "la gran intérprete de la salida es María". "Salgamos al mundo" para llegar a todos los hombres. "Hay que salir", ha insistido, "haremos creíble al Señor si provocamos en los demás que digan de nosotros dichosos porque creemos en Dios".

En este sentido, ha pedido a los jóvenes: "tenéis que ayudarme a anunciar a Jesucristo, a hacerlo creíble. Pero hay que hacerlo asistiendo a la Escuela de María".

Y ha concluido diciendo a los jóvenes: "que esta Catedral sea un lugar especial para nosotros, para que podamos venir a arrodillarnos junto a la Virgen para decir al Señor, como Ella: hágase en mi según tu palabra".

martes, 16 de septiembre de 2014

La beatificación de Álvaro del Portillo aportará a Madrid más de 3 millones de euros 16092014

La beatificación de Álvaro del Portillo aportará a Madrid más de 3 millones de euros

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Más de ciento cincuenta mil personas provenientes de 80 países se darán cita en la capital de España el próximo 27 de septiembre para asistir a la beatificación de Álvaro del Portillo.

Los grandes actos siempre son esperados como agua de mayo por los pequeños comerciantes de las ciudades que los reciben. Sectores como el de hostelería y restauración, así como el del transporte privado y muchos otros, se beneficiarán de los miles de peregrinos que llegarán a Madrid el 27 de septiembre de este año para asistir a la beatificación de Monseñor Álvaro del Portillo, quien fuera prelado del Opus Deis, y sucesor de San Josemaría Escrivá al frente de la prelatura.
 
Para la ceremonia, que se llevará acabo en el Valdebebas, al norte de la capital, se espera la presencia de alrededor de ciento cincuenta mil personas venidas de ochenta países del mundo. Las estimaciones se han hecho en base a la gente que ya ha confirmado su presencia a través de los formularios de inscripción voluntaria, así como a la comunicación con distintas parroquias, casas de formación y otros centros de acogida.
 
El programa de la beatificación de Monseñor del Portillo incluye otras dos ceremonias, a parte de la beatificación que será presidida por el cardenal Angelo Amato el día 27. Aunque no todos los asistentes a la ceremonia de beatificación estarán presentes en las celebraciones de los demás días del fin de semana, se espera que una importante representación internacional se quede hospedada en Madrid durante los tres días que duran las actividades, antes de que algunos partan a Roma, donde tendrán un encuentro con el Papa Francisco.
 
De las delegaciones internacionales que viajarán a la beatificación se esperan por lo menos cincuenta mil asistentes, provenientes de alrededor de ochenta países. Junto con los cien mil que vendrán de distintas partes de España, se espera que un gran número de foráneos se hospede en hoteles de la capital, mientras que algunos jóvenes serán recibidos en domicilios particulares, casas parroquiales o centros del Opus Dei.
 
Según ha podido saber INFOVATICANA de fuentes del sector, la ocupación hotelera en la capital llegará a cifras cercanas al 100% durante la noche previa a la ceremonia de beatificación.
 
El evento aportará por tanto al sector hotelero, y según las mismas fuentes, más de dos millones de euros. A esta cantidad, debemos sumar los cerca de un millón de euros que se estima supondrá el evento para el sector de la restauración en la capital madrileña.
 
Una empresa de transportes nacional ya ha ofrecido descuentos y horarios especiales para quienes viajen desde el centro de la ciudad hasta Valdebebas el día 27, para no dejar pasar esta oportunidad de negocio, una de las últimas del año 2014.
 
Para muchas pequeñas industrias este evento masivo es un momento de alegría, pues tendrán la oportunidad de hacer la “venta grande” del año con la llegada de las delegaciones nacionales e internacionales. Entre las que han recibido esta noticia con gran entusiasmo, está una empresa dedicada a la fabricación y venta de sillas de cartón, que se pueden adquirir desde la página web de la beatificación, entre otras.
 
Sumando los distintos sectores beneficiados, y en atención a la cantidad de peregrinos que llegarán a la capital la próxima semana, se espera que la ceremonia de beatificación de Monseñor Álvaro del Portillo suponga para hoteles, bares y pequeños comercios madrileños más de tres millones de euros de ingresos extra.
 
El comité de organización del evento, ha contratado a una conocida empresa experta en grandes concentraciones, y también se ha coordinado con el ayuntamiento de la ciudad, que se está preparando para dar la acogida a los cientos de miles de peregrinos que llegarán a la capital el próximo fin de semana.

Osoro visita por sorpresa el Seminario de Madrid 16092014

Osoro visita por sorpresa el Seminario de Madrid

Seminario

Los seminaristas recibieron, durante la inauguración del nuevo curso, la visita sorpresa de Carlos Osoro, que ya anunció en INFOVATICANA que tendría puesto su corazón en el seminario.

 Carlos Osoro visitó ayer a sus próximos seminaristas mientras almorzaban. En una entrevista concedida a INFOVATICANA, el Arzobispo Electo de Madrid revelaba que es precisamente en este lugar donde tendría puesto su corazón como Arzobispo, y lo hacía con estas palabras:
“Mi vida ha estado fundamentalmente dedicada al trabajo con jóvenes y especialmente en el seminario. Fui 20 años rector en el Seminario de Monte Corbán, en Santander, lo abrí yo, después de mucho tiempo cerrado, y muchos de los sacerdotes que hay en Santander, sobre todo los más jóvenes, se han formado conmigo.
 
Para mí el seminario siempre ha sido el lugar donde he tenido puesto mi corazón, en todas las diócesis donde he estado, y aquí en Valencia ha sido igual en estos años.”
 
 Fiel a su palabra, ayer se acercó al seminario de Madrid para saludar a los seminaristas en el comedor, acompañado por el Administrador Apostólico. Lo contó en Twitter el propio Seminario.


 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Rouco todavía no ha entendido que se tiene que ir 13092014


 Rouco todavía no ha entendido que se tiene que ir

in Noticias / by / on 13 septiembre, 2014 at 11:11 /
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Como adelantó INFOVATICANA el pasado 28 de agosto, el Cardenal Rouco se niega a abandonar el Palacio Arzobispal y pretende mantener todas sus prerrogativas, incluyendo chófer, coche, secretaría y servicio. Tal y como adelantó INFOVATICANA el pasado mes de agosto, el Cardenal Rouco no termina de asumir que su renuncia ha sido aceptada por el Papa. Tanto es así que se niega a abandonar el Palacio Arzobispal y ha preparado, en el piso inferior, una habitación,minúscula y sin ventanas para el Arzobispo Electo de Madrid, Carlos Osoro.

Además el Cardenal tampoco se resigna a perder sus prerrogativas, y ha solicitado al Arzobispo electo poder seguir disponiendo de su coche, de su chófer, de una secretaria y de las dos monjas que lo cuidan. Según ha podido saber INFOVATICANA, Osoro le habría concedido al Administrador Apostólico de Madrid sus últimos deseos, según afirmó el propio Rouco en uno de sus últimos consejos pastorales.

Según fuentes cercanas al todavía el purpurado no tenía planeado abandonar el episcopado tan pronto, asegurando a sus colaboradores que “el 15 de mayo de 2015 celebraría San Isidro como .

La aceptación de su renuncia por el Santo Padre representó por tanto una gran sorpresa para el cardenal, aunque pronto se puso en marcha para asegurar la  de Fidel Herráez, su obispo auxiliar, con quien tenía garantizada una estrecha colaboración, así como ciertas concesiones que el cardenal podría disfrutar tras su jubilación. Colaboradores cercanos del Cardenal aseguraron a Infovaticana en el mes de julio que “con un 95% de probabilidad” el sucesor sería , y que por tanto,  seguiría siendo “Arzobispo en la sombra”.
 
Por su parte Carlos Osoro adelantó en una entrevista con este portal que su intención no es dedicar tiempo a esos asuntos, y por tanto se va a ir a vivir con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que le prepararán una habitación con un despacho.

Entrevistamos a Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid 11092014

Entrevistamos a Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid


Carlos Osoro1Entrevistamos a Don Carlos Osoro Sierra, Arzobispo electo de Madrid, que se confiesa lector de este portal de información católica y revela dónde va a tener puesto su corazón en Madrid.

Don Carlos, lo primero agradezco muchísimo nos haya concedido una entrevista, ya como Arzobispo electo de Madrid, donde le esperamos con los brazos abiertos. ¿Por qué cree que el Papa le eligió a usted para la diócesis más importante de nuestro país?
Pues no lo sé, de verdad. No sé cómo decirte. Pero yo le agradezco al Santo Padre que me haya llamado a esta misión, y la desempeñaré con las mismas fuerzas con que lo he hecho en los lugares donde he estado, y le pido también al Señor que me dé, ya desde este momento, la sabiduría necesaria para acompañar y para ser el padre y pastor de esta Iglesia diocesana.
 
¿Ha tenido oportunidad de hablar con el Papa para agradecerle su nombramiento?
Lo he hecho a través del Nuncio, que es quien me comunicó que el Santo Padre me nombraba Arzobispo de Madrid.
El miércoles se despidió de los seminaristas en Valencia, que han crecido desde que llegó a la diócesis en 2009 y cuentan este año con 25 nuevos ingresos.
 
Tuvimos una fiesta muy bonita, celebré la Eucaristía con ellos y después cenamos, luego les dije unas palabras y el rector me habló, me pusieron un video que recogía muchos momentos de mi vida en la Archidiócesis de Valencia, y en concreto mi vida con los seminaristas, y después pude decirles unas palabras. Fue muy hermoso.
 
¿Cuál espera que sea, como Arzobispo en Madrid, su relación con el seminario, con los seminaristas?
Una relación muy grande. Mi vida ha estado fundamentalmente dedicada al trabajo con jóvenes y especialmente en el seminario. Fui 20 años rector en el Seminario de Monte Corbán, en Santander, lo abrí yo, después de mucho tiempo cerrado, y muchos de los sacerdotes que hay en Santander, sobre todo los más jóvenes, se han formado conmigo.
Para mí el seminario siempre ha sido el lugar donde he tenido puesto mi corazón, en todas las diócesis donde he estado, y aquí en Valencia ha sido igual en estos años.
 
O sea que pasará mucho tiempo con los seminaristas…
Naturalmente que sí, porque además el despacho está cerca. Bueno, lo conozco desde fuera, porque nunca he entrado en el arzobispado, he entrado en una sala que hay en la Catedral cuando ha habido que revestirse en alguna fiesta, pero ciertamente está cerquita y naturalmente que iré con mucha frecuencia.
 
Yo se lo he dicho a ellos en la carta que he escrito a la Archidiócesis de Madrid, cuando me dirigí a los seminaristas les decía que mi vida no se explica sin el seminario, donde pasé 20 años. Los seminaristas para mí siempre son una preocupación y una ocupación capital en mi vida y en mi ministerio, porque sé que además una comunidad cristiana sin el ministerio sacerdotal no existe. La comunidad cristiana la preside Nuestro Señor, y el Señor se hace presente a través del ministerio sacerdotal, fundamentalmente.
 
¿Tiene ya decidido dónde vivirá cuando llegue a Madrid?
Sí, ahora al principio, hasta que pueda arreglar la casa y eso, me voy a ir a vivir a un convento de religiosas, en concreto las Hermanitas de los Ancianos, que me dejan una habitación y un despacho. Yo lo que necesito en estos momentos es poder estar preocupado solamente por estar con la gente, conocer la gente, y el hecho de que puedas tener solucionado todo es mucho más fácil.
No quiero estar preocupado ni de viviendas ni de nada de nada, eso ya tendré tiempo de hacerlo en meses posteriores.
Carlos OsoroEl día 25 de octubre tomará posesión como Arzobispo de Madrid. ¿Qué les pide a los madrileños para preparar ese momento?
Creo que el deber fundamental está en mi vida. Pedid al Señor que me dé a mí mismo, que no guarde nada. Eso que hacían los primeros cristianos, que se dejaban comer… Todos tenemos la tentación de guardarnos a nosotros mismos.
 
Que no hagamos una ideología de la Iglesia ni de la vida cristiana. La vida cristiana es la vida de Cristo, la Iglesia tiene que ser una historia de Amor, la Iglesia no tiene que volverse mundana, porque se hace débil, la Iglesia tiene que tener el fervor apostólico que tuvieron los primeros cristianos, la Iglesia tiene que ser capaz de crear atracción, como hacía Nuestro Señor, que la gente se asome y vea que merece la pena. Aquello de la primera comunidad cristiana, que la gente venía a apuntarse, se agregaba.
Esto es lo que yo tengo que animaros a todos a hacer y lo que tengo que hacer y lo que pido al Señor que haga posible que yo haga, pero sé que hay mucha gente que cree esto mismo y que lo vamos a hacer juntos. Vamos a ayudarnos a hacerlo, ¿no?
 
Cada uno con las sensibilidades diferentes que tiene, pero esto es como un padre de familia que tiene muchos hijos, y todos están sentados a la mesa, y es verdad que en la mesa hay unos que piensan de una forma, y otros de otra, pero lo importante es que el padre logre sentarlos, y logre que todos se ayuden, y que todos coman del mismo plato, y que todos puedan hacer posible y visible que la familia de Dios no es una teorización, sino que es una realidad que la vamos a hacer todos con la Gracia y con el Amor del Señor.
 
Por último y para terminar no puedo dejar de preguntarle por la prensa religiosa digital. ¿Lee Infovaticana? ¿Le gusta?
Claro claro, soy asiduo, os leo siempre, y os agradezco lo que hacéis, lo que decís, y yo creo que es muy bueno el que ayudéis a todos, en definitiva a anunciar a Nuestro Señor porque es la gran tarea que tenemos, que en la Iglesia todos formamos un solo cuerpo y que nuestra respuesta tiene que ser a ese Amor incondicional que Dios tiene por nosotros, la respuesta de todos y en los lugares donde cada uno estamos, vosotros como informadores y que servís en los medios de comunicación social, que tanta importancia tienen en anunciar la Verdad y el Camino verdadero, que los cristianos sabemos que es Nuestro Señor, pues ¿cómo no os voy a agradecer yo todo lo que hacéis?
Yo creo que de lo que se trata es de que todos salgamos a anunciar la alegría del Evangelio, y sin miedos, salgamos a servir, y que descubramos todos que vale la pena gastar la vida por Cristo y apostar por hacer un mundo que merece la pena, un mundo que no es el mundo que lleva a un camino de agotamiento, de atrofia, de insensibilidad, de aburrimiento, sino todo lo contrario, un mundo que lleva a descubrir la novedad que tiene el ser humano cuando deja que entre Dios, con todas las consecuencias, en su vida, y cuando sabe que Dios quiere ser para él fuerza y vida para que se haga presente en medio del mundo como hijo de Dios y como hermano de todos los hombres.
Eso es lo que enseña además, con una belleza singular, el mismo Jesucristo haciéndose hombre, y no nos deja al pairo de nuestras fuerzas sino que sigue regalándonos su Gracia y su Amor para poder hacerlo.
Muchísimas gracias por su atención y por dedicar parte de su tiempo a los lectores de Infovaticana.