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sábado, 27 de marzo de 2021

Rescatadores de reliquias, devotos de la Virgen e implacables: así eran los soldados de los Tercios 24032021

 

Juan Víctor Carboneras describe su religiosidad, vivida y sincera

Rescatadores de reliquias, devotos de la Virgen e implacables: así eran los soldados de los Tercios

Recreación de los Tercios de Flandes desfila en Madrid.
Una recreación de los Tercios de Flandes desfiló en Madrid en la Fiesta Nacional del 12 de octubre de 2017. Foto: RTVE.

La superación de la Leyenda Negra y la reivindicación de la historia de España viven una nueva época dorada. España mi natura. Vida, honor y gloria en los Tercios es la última aportación de Juan Víctor Carboneras, un joven investigador que además difunde la historia como presidente de la asociación 31 Enero Tercios

Abordando los grandes episodios y hazañas de esta unidad militar, Carboneras explica a Religión en Libertad cuál era “el mayor deber” del soldado del tercio: “Defender la fe incluso más allá de la propia España”.

Europa en contra de la fe

A comienzos del siglo XVI, Europa era un polvorín a punto de estallar. Entre 1505 y 1535, Martín Lutero formuló y difundió las bases de la gran herejía protestante. Para aquel año, muchas ciudades alemanas habían aceptado la nueva doctrina como forma de debilitar a Roma y oponerse al emperador Carlos. Y Lutero no vino solo: le siguieron Calvino en Ginebra, Zwinglio en Suiza o Enrique VIII en Inglaterra, aumentando la tensión existente.

Juan Víctor Carboneras y Rafael Rodrigo en la presentación de

Juan Víctor Carboneras (a la derecha de la foto) y el historiador Rafael Rodrigo, durante la presentación de «España mi Natura» en la librería Tercios Viejos de Madrid.

Estas nuevas herejías afectaban al Imperio pero, especialmente, a la salvación de millones de almas. La respuesta de la Iglesia llevaba décadas gestándose, y encontró en este contexto un deber inaplazable. Entre 1545 y 1563, el Concilio de Trento reafirmó los grandes pilares negados por la herejía: la salvación por la fe y las obras, la autoridad del Papa y de la Biblia, la mediación de la Virgen y los santos o el papel del sacerdote y los sacramentos, entre otros.

Recreación en 2019 de un combate de los Tercios en el asedio protestante a la ciudad flamenca de Groenlo, en manos de la Corona española, en 1627. El "pater" atiende espiritualmente a los soldados heridos.

La misión del tercio: defender la fe católica

“Esta realidad nos explica el profundo sentimiento del soldado, su defensa de la Iglesia de Roma, y sobre todo, su lucha por Dios y su Rey. El nuevo estatus religioso afectó profundamente la vida militar. Para los soldados del tercio,  el sistema sanitario era tan importante como la asistencia espiritual”, explica Juan Víctor Carboneras, que destaca en ellos “el elemento de la visión providencial sobre cualquier otro”.

Los soldados del tercio eran católicos, defendían la fe, y ponían a Dios por encima de todo, pero sobre todo, se sentían en la misión providencial como soldados españoles para defender la fe católica". Para aquellos soldados, cuenta el historiador, “Dios estaba presente en todos los aspectos de la vida del tercio: se nacía, se vivía, se luchaba y se moría por Dios”.

“Estos ideales se materializaban en rezos, misas y actos religiosos que formaban parte del vivir cotidiano del soldado. Los domingos y festivos existía la obligación de oficiar misa”. Además, “cada tercio dejaba una limosna para que los lunes se dijera una misa a sus difuntos, a aquellos que habían defendido con su vida a Dios, al rey y su honor”.

El capellán buscaba la santidad del soldado 

“En este contexto, el capellán desempeñaba un papel fundamental en la vida del Tercio”, explica Juan Víctor. “Antes de entrar en batalla, además de dar una absolución general, los capellanes se encargaban de dirigir unas palabras a los soldados para enaltecer sus sentimientos y su condición de siervos de Dios”.

Los capellanes “disponían de una tienda móvil donde ponían el altar y demás elementos necesarios para el culto. Estas capillas portátiles aumentaron en forma y decoración, y con el paso del tiempo, las limosnas permitían adquirir nuevos ornamentos”.

Además, “los capellanes eran hombres cada vez más formados”, cuya presencia “buscaba reducir los males propios de la milicia y conseguir un soldado capaz de servir a Dios y al rey con el mismo ímpetu. Siempre que se podía se reunía a los soldados para que escucharan la palabra de Dios antes de lanzarse al ataque”.

Portada de España mi natura. Vida, honor y gloria en los tercios, de Juan Víctor Carboneras

Puedes comprar aquí "España mi natura".

Alcanzar la redención mediante el sacrificio

Durante el combate, “los soldados tenían el ideal de la lucha en defensa de la fe. La intención de recuperar la verdadera religión, proteger al catolicismo y acabar con las herejías”, relata el historiador. “Las armas les permitían la redención a base de sacrificio y lucha hasta el final”.

Comenzada la batalla, “los soldados sabían que la muerte podía llegarles en cualquier momento y pedían por su salvación. La figura de Santiago también tenía un papel primordial en las plegarias de los soldados”, añade.

Carboneras recoge las palabras de un coetáneo durante la batalla de Amberes en 1576. “Pasaron los soldados el puente del castillo e hicieron oración para asaltar. Al fin de ella, les guió un soldado que tenía un estandarte con un crucifijo en una parte y Nuestra Señora en la otra”.

“Ocasionalmente, los mismos capellanes se vieron envueltos en la batalla y cogieron la espada en momentos de necesidad”, explica el autor de España mi natura: “Ejemplo de ello es el franciscano Mateo de Aguirre, que lideró el ataque católico con el crucifijo en la mano, en Ivry, el 14 de marzo de 1590”. “No fue el único”, añade, “el carmelita Domingo de Jesús también destacó en la batalla de la Montaña Blanca”.

La oración, indispensable antes de la batalla

“El rezo era un elemento indispensable antes de cada batalla y en el fragor de cada enfrentamiento, momentos en los que se exaltaba la intercesión de la Virgen y de los Santos”, explica Juan Víctor.

Uno de los casos más representativos de ello es la batalla de Empel en 1585. El tercio de Bobadilla estaba refugiado en la isla de Bommel ante la llegada del invierno, cuando el almirante Holak abrió los diques que rodeaban la isla para inundarles. “Al quinto día, todo parecía perdido, cuando un soldado español que cavaba una trinchera encontró una tabla con la imagen de la Inmaculada Concepción”.

“El descubrimiento levantó el ánimo de los soldados, que la llevaron en procesión hasta la iglesia. Esa noche, las aguas comenzaron a helarse, lo que hizo huir a la armada enemiga para no verse atrapada por el hielo. Los tercios obtuvieron el triunfo y la imagen se veneró en toda España”.

Los soldados del tercio llevaron en procesión la pintura de la Inmaculada que encontraron en Empel milagrosamente

El milagro de Empel, uno de los cuadros más famosos del pintor Ferrer Dalmau

Devotos de santos, rescatadores de reliquias

Por ello, “la vida del soldado también se relacionó con la recuperación de reliquias perdidas en territorios de los herejes. En las batallas, conseguir estos objetos sagrados eran auténticas victorias, y en muchos casos, la guerra en Flandes y expansión del calvinismo llevó a los españoles a conservar estas reliquias en España”.

Es lo que ocurrió en 1568 en Leiden, defendida por la Monarquía Hispánica: “Ante la llegada del ejército rebelde, el duque de Alba recibió del Obispo los restos de San Vicente. Parte de las reliquias se las llevaron a Ávila, y el resto al Monasterio de El Escorial”, explica.

El deseo del soldado por alcanzar el cielo

Durante su investigación, Carboneras también ha buceado en centenares de testamentos de soldados. “Reflejan muy bien su deseo por alcanzar el cielo. El capellán que se los quedaba oficiaba misas por ellos, pedía por que su alma ascendiese al cielo lo antes posible evitando el purgatorio”, explica.

Los capellanes tenían muy buena relación con los soldados y en muchos testamentos se habla de la gran amistad que los unía”. Este aprecio también “se plasmó en las cuantiosas limosnas que dejaron los soldados quitándoselas de su propia paga”, cuenta Carboneras

“Los capellanes conocían sus secretos y mayores males, por lo que al final eran muy íntimos, tanto que los propios soldados les dejan bienes en herencia. Se ganaron el respeto de aquellos que, con la espada, la pica y el arcabuz, combatían en defensa de la fe”.

Ganar las batallas celestes y terrestres

Por ello, “los soldados de los tercios recibían la muerte seguros de su protección espiritual”. Un capellán, Antonio Possevino, “definió a los soldados del tercio como soldados cristianos, que sumaban a las virtudes guerreras el ejercicio de las devociones establecidas en Trento: las procesiones, penitencias y predicaciones formaban parte del día a día del soldado”.

Enmarcados en esta visión providencialista, “los hombres del tercio debían llevar una vida santa para ganar las batallas celestes y terrestres. De este modo, se cumplía con la obligación y se ganaba el cielo”

“La religión jugó un papel tan fundamental”, concluye el historiador, “que sin ella no se puede entender a los tercios. De eso no cabe duda”. 

Presentación completa de "España mi natura. Vida, honor y gloria en los tercios".

 

jueves, 30 de noviembre de 2017

Esparza: «Las crónicas de los Tercios están llenas de victorias atribuidas a la intervención divina» 30112017

En «Tercios» describe la epopeya de unos soldados que salvaron la Fe de media Europa

Esparza: «Las crónicas de los Tercios están llenas de victorias atribuidas a la intervención divina»

Esparza: «Las crónicas de los Tercios están llenas de victorias atribuidas a la intervención divina»
Piqueros de los Tercios, al asalto de una posición enemiga en una escena de Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau, protagonizada por Gérard Depardieu.

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30 noviembre 2017
Fueron, durante dos siglos, la mejor infantería del mundo. Pero no solo por su valor, conviene saberlo: los hombres contra los que luchaban los Tercios también eran valientes. La superioridad que demostraron tantas veces en el campo de batalla tuvo que ver con su espíritu de cuerpo y no solo en el ámbito moral, sino también técnico, esto es, su visión estratégica, su capacidad de innovación y adaptación, su portentosa logística.

José Javier Esparza les ha consagrado su último libro, Tercios. Historia ilustrada de la legendaria infantería española (La Esfera de los Libros), preciosamente ornamentada por los dibujos de José Ferre Clauzel.


PIncha aquí para adquirir ahora Tercios de José Javier Esparza.

Es "la" obra que hay que leer para comprender la grandeza de esta unidad, sus hazañas y las causas de sus hazañas y, sobre todo, su consustancialidad con la España de su tiempo y su posición dominante en el mundo, y el sentido, católico de forma natural en su fundamento y de forma explícita en su objeto último, de la epopeya.


Booktrailer de Tercios.

Una cierta literatura presenta a los hombres de los Tercios como gentes descreídas, escépticas cuando no cínicas, tipos ayunos de auténtica fe religiosa y aunados solo por un fanático concepto del honor y de la hermandad de las armas.

-¿Era tan deplorable la fe de los soldados de los Tercios?
-Esa imagen es una típica traslación de la mentalidad contemporánea a la gente de otro tiempo. La realidad es que la España de aquel tiempo, en general, era profundamente religiosa, y con frecuencia los hombres de armas son más religiosos aún, hoy como ayer, por el muy explicable hecho de que la muerte les ronda más cerca. Es verdad que la fe de un soldado de los tercios no es una fe de teólogos, sino un sentimiento mucho más primario (también mucho más puro y directo).

-Pero ¿solo a nivel individual?
-No, el Gran Capitán se preocupó mucho de que la religiosidad fuera un rasgo característico de la infantería española. Al fin y al cabo, éramos la espada de Dios.



-¡Aunque con borrones, como el saqueo de Roma de 1527! Si hubiese un juicio contra los responsables y usted fuese el abogado defensor, ¿qué alegaría?
-Que el Papa Clemente había provocado esa situación al convertir al papado en un agente político contra España. O que antes de ese saqueo hubo otro, ciertamente menos cruento, promovido por cierto cardenal vecino enemigo del Papa, respuesta a su vez a otro saqueo promovido por el propio Papa (sí, por él). O que una vez en harina -por así decirlo-, los soldados españoles se ocuparon de proteger las iglesias españolas de Roma frente a la furia de sus compañeros de armas...

-El juicio de la historia ha sido severo...
-Aquello fue una salvajada, pero no algo excepcional en su tiempo.

-¿Hubo arrepentimientos posteriores?
-Sí. El propio emperador Carlos vistió de luto durante una larga temporada en señal de duelo. Al margen de que, políticamente hablando, la cosa le viniera de perlas, porque el Papa escarmentó. Lástima que fuera en tantas cabezas ajenas...

-¿Qué opina de la película La kermesse heroica?
-Una joyita de Feyder. Creo que hoy no le dejarían hacer una cosa así en Bélgica. Por como trata a los propios flamencos, en particular a los hombres.


Un breve reportaje sobre La Kermesse heroica (1935), la película de Jacques Feyder que, en clave de humor, refleja el impacto de la llegada de los Tercios a un pueblo de Flandes.

-Se lo pregunto porque cierto cine, de La Kermesse heroica a Oro, presenta a los frailes que acompañaban a los ejércitos españoles como borrachos, mujeriegos, avariciosos o fanáticos...
-Bueno, La Kermesse heroica presenta algún personaje así en tono de sátira, y Oro u otras películas recientes los presentan de modo aún más siniestro y en tono no de sátira, sino en serio. Eso forma parte de esa ominosa "ideología del arrepentimiento" que hoy nos flagela a los europeos en general y a los españoles en particular.

-¿Cómo eran los capellanes de los Tercios?
-La verdad es que los capellanes españoles eran como cualesquiera otros; con frecuencia mejores, porque aquí Cisneros había hecho la reforma antes de que apareciera ningún Lutero. Hay que decir también que cuando las guerras eran de religión -contra protestantes o, sobre todo, contra musulmanes- los capellanes eran el objetivo preferido del enemigo, de modo que hacía falta auténtico valor para vestir de sotana entre los tercios.

-¿Y muchos lo tuvieron?
-En principio tenía que haber un capellán por compañía, y la norma se cumplía casi siempre. Los propios soldados lo pedían: el capellán era el puente entre el campo de batalla y Dios. Es verdad que hay testimonios de maestres de campo que demuestran que el personal que acudía no era siempre el más indicado, pero hacer de esto un juicio general sería abusivo.


En un minuto, José Javier Esparza te explica qué cuenta en Tercios.

-¿Eran conscientes los soldados de los Tercios de ser el brazo armado de una política al servicio de la Fe?
-Absolutamente. Siempre teniendo en cuenta que hablamos de gente con la mentalidad del siglo XVI, que tiene muy poco que ver con la nuestra. Hay que recordar que, en la época, "misericordia" era el nombre genérico de un tipo de daga.

-¿Hubo soldados que hiciesen luego profesión religiosa?
-Era un camino bastante común. De lo que yo he leído, no he encontrado tantos casos ni tan ruidosos como los que se dan en los conquistadores de América (lo cuenta Bernal Díaz del Castillo), pero los hay. Basta pensar en Calderón de la Barca, por ejemplo. Y eso sin contar con los (escasos) afortunados que, de vuelta a casa con gloria y prez, levantaban una iglesia en acción de gracias.

-¿Qué pasó en Empel el 8 de diciembre de 1585?
-Que se nos apareció la Virgen, literalmente. Los holandeses habían abierto las esclusas de los canales y el tercio de Bobadilla había quedado aislado en un promontorio, rodeado por las barcazas del enemigo y atenazado por un frío atroz. Pero los nuestros no iban a rendirse, evidentemente, así que comenzaron a cavar trincheras en el suelo helado. En plena tarea de zapa, un soldado topó con un objeto duro: una tabla, un cuadro, un retrato de la Inmaculada. ¡Increíble! Era un mensaje del Cielo, no podía ser otra cosa. Se cantó a la Virgen, se celebró Misa y los nuestros se dispusieron a resistir al enemigo bajo el manto de la Inmaculada Concepción. Y entonces ocurrió lo prodigioso: esa noche el agua de los canales se heló, algo realmente insólito.

-¿Fue una señal?
-Los de Bobadilla lo vieron claro: no quedaba otra que salir de los parapetos, saltar al hielo y abordar los barcos enemigos. Ganamos. Y el jefe holandés, Holak (en realidad, Hohenlohe-Neuenstein), dijo aquello de "tal parece que Dios es español".

-¿Protagonizaron los Tercios otros hechos similares?
-Casos como el de Empel no los hay en ninguna parte. Fue un verdadero prodigio. Pero las crónicas están llenas de victorias que se atribuyen a la intervención divina. Es relativamente común la aparición de Santiago, por ejemplo. También en América, donde el Apóstol combate junto a los defensores de la primera villa de Santiago (precisamente).

-¡Se reiteraba el "Santiago y cierra España"!
-Esa idea de que "Dios marcha con nosotros" era mucho más que una frase. La Virgen y Santiago son compañeros habituales de los soldados españoles. Lo siguen siendo hoy.