Mostrando entradas con la etiqueta Santos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de julio de 2024

Sybil, la enfermera de la resistencia antijaponesa: fue torturada... y recibió una profética visión 09072024

  Personajes

Sybil, la enfermera de la resistencia antijaponesa: fue torturada... y recibió una profética visión

Sybil Kathigasu
Sybil tuvo una visión en la que Dios le decía que en el futuro tendría que soportar muchos sacrificios. Pero, en vez de desmoralizarse, la enfermera colgó un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús en un lugar estratégico de la casa.

ReL

Sybil Kathigasu nació en 1899 y era una enfermera católica que atendía a las personas sin recursos. Durante la Segunda Guerra Mundial apoyó la resistencia contra Japón junto con su marido, sufrió graves torturas y murió de septicemia en 1948. El portal Asianews recoge su historia. 

El cardenal y obispo de Penang, Sebastian Francis, acaba de anunciar la apertura de la causa de beatificación.

"Hoy celebramos el comienzo de un camino para elevar al honor de los altares a una hija de la Iglesia de Malasia" que "con una vida de fe y acciones valientes ha inspirado a muchos de nosotros. Esforcémonos en seguir sus huellas y rezar para que se reconozca su santidad", comentó.

El Sagrado Corazón, de cara a la guerra 

Sybil nació en Medan, Sumatra, que entonces formaba parte de las Indias Orientales Holandesas. Quinta hija (única mujer) de Joseph Daly, florista de origen irlandés, y Beatrice Matilda Martin, partera de familia francesa. Después de estudiar obstetricia y enfermería durante tres años, Sybil colaboró con su esposo, el Abdon Clement Kathigesu, en una clínica en la pequeña ciudad de Papan, Ipoh, en el Estado de Perak.

El matrimonio levantó un consultorio médico privado exitoso que también ofrecía servicios gratuitos a las personas sin recursos que no podían pagar la atención médica. Pero la guerra no se hizo esperar, y en 1941 se produjeron los primeros bombardeos en Ipoh y la incursión de las tropas japonesas en la ciudad, conocida por sus yacimientos de estaño. Sybil tuvo una visión en la que Dios le decía que en el futuro tendría que soportar muchos sacrificios.

Sybil

Sybil, junto a su marido, que también fue torturado, y su hija.

Pero, en vez de desmoralizarse, la enfermera colgó un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús en un lugar estratégico de la casa, desde donde podía observar todo lo que ocurría en el exterior. El matrimonio Kathigesu apoyó la resistencia suministrando en secreto medicamentos a las fuerzas aliadas y compartiendo información, ayudados por el conocimiento del cantonés de Sybil, que le permitía comunicarse con los guerrilleros chinos que luchaban contra la ocupación japonesa.

La mujer fue arrestada junto con su marido y la Kempeitai, la policía militar japonesa, la sometió a terribles torturas, pero Sybil se negó a revelar la información que tenía. Aferrada a su rosario, rezaba en voz alta todas las noches e invocaba el nombre de Jesús. De esa manera pudo resistir incluso cuando la arrastraron para ver a su hija Dawn, de cinco años, colgada de un árbol sobre una fogata que amenazaba con quemarla viva.

Pero, según su biografía, fue su hija quien la alentó a no ceder: "Tienes que ser muy valiente, mamá. No hables. Cuando las dos muramos, Jesús nos estará esperando en el cielo", le dijo la pequeña.

Cuando terminó la guerra, Sybil fue liberada de la cárcel de Batu Gajah el 6 de septiembre de 1945 con heridas muy graves, entre ellas una fractura de columna. Lo primero que pidió fue que la llevaran en camilla hasta la entrada de la iglesia de San José, donde se arrastró por la nave para dar gracias.

El ejército antijaponés formado por la población malaya también liberó a su marido y a sus hijos. En 1947, el rey Jorge VI le concedió la Medalla George en el Palacio de Buckingham, por su valentía durante la ocupación japonesa, y fue la única mujer malaya que recibió ese reconocimiento. Siete meses después, el 12 de junio de 1948, a los 49 años, Sybil murió a causa de una septicemia.

Su cuerpo fue enterrado en Lanark, Escocia, pero al año siguiente fue llevado de regreso a Ipoh y enterrado en el cementerio católico de la iglesia de San Miguel en Brewster Road. La revista Time la llamó la "Edith de Malasia" en referencia a la enfermera británica Edith Cavell, quien atendió a soldados de ambos bandos sin distinción durante la Primera Guerra Mundial. 

martes, 14 de marzo de 2023

Santos del día 15 de marzo

 

Santos del día 15 de marzo
Idibus martii
En Pario, en el Helesponto, san Menigno, de oficio batanero, que, según la tradición, padeció bajo el emperador Decio. († c. 250)
En Roma, san Zacarías, papa, que gobernó la Iglesia de Dios con sumo desvelo y prudencia, pues frenó el ímpetu de los lombardos, indicó el recto orden a los francos, proveyó de iglesias a los germanos y procuró el entendimiento con los griegos. († 752)
En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, santa Leocricia, virgen y mártir, que, habiendo nacido de familia musulmana, ocultamente abrazó la fe de Cristo, y detenida en casa junto con san Eulogio, cuatro días después del martirio de éste, pasó a la gloria eterna al ser decapitada. († 859)
Cerca de Burgos, en la región de Castilla, en España, san Sisebuto, abad de Cardeña. († 1086)
En York, en Inglaterra, beato Guillermo Hart, presbítero y mártir, el cual, ordenado en el Colegio Romano de los Ingleses, en tiempo de la reina Isabel I fue ahorcado y descuartizado por haber persuadido a algunos a abrazar la fe católica. († 1583)
En París, en Francia, santa Luisa de Marillac, viuda, que con el ejemplo y la dedicación formó el Instituto de Hermanas de la Caridad, para ayuda de los necesitados, y completó así la obra delineada por san Vicente de Paúl. († 1660)
En Viena, en Austria, san Clemente María Hofbauer, presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor, que trabajó admirablemente por la propagación de la fe y la reforma de la disciplina eclesiástica. Preclaro tanto por su ingenio como por sus virtudes, impulsó a entrar en la Iglesia a no pocos varones prestigiosos en las ciencias y en las artes. († 1820)
En Przemysl, en Polonia, beato Juan Adalberto Balicki, presbítero, que se dedicó con ardor al ejercicio de su ministerio en favor del pueblo de Dios, y demostró una especial disposición para predicar el Evangelio y asistir a las jóvenes descarriadas. († 1948)
En Madrid, España, beato Pío Conde Conde, sacerdote profeso de la Sociedad Salesiana de Don Bosco y mártir, que durante la persecución religiosa fue fusilado por odio al sacerdocio. († 1937)
En la localidad de Viedma, en la República Argentina, san Artémides Zatti, religioso de la Sociedad de San Francisco de Sales, que se distinguió por su celo misionero. Establecido en la Patagonia, pasó toda su vida en un hospital de esa región, ayudando con fortaleza de ánimo, paciencia y humildad a los necesitados. († 1951)

lunes, 28 de noviembre de 2022

«Turcos, musulmanes y judíos se convertirán»: la revelación de la santa palestina Mariam Baouardy

 

Pudo ser mártir por no convertirse al islam, pero se salvó milagrosamente

«Turcos, musulmanes y judíos se convertirán»: la revelación de la santa palestina Mariam Baouardy

Mariam Baouardy.
Santa Mariam Baouardy pudo ser mártir, porque estuvo a punto de morir por no renunciar a la fe, pero la Virgen la salvó.

ReL

Santa Mariam Baouardy (1846-1878), canonizada en 2015, fue una monja carmelita árabe vinculada a Francia y una gran mística que recibió diversas revelaciones. La excelente biografía que acaba de dedicarle Joachim Bouflet es una oportunidad para conocer esta figura particularmente entrañable. Lo comenta Annie Laurent en La Nef (nº 352, noviembre 2022):

Un santa de la tierra de Jesús

Cuando la Iglesia católica reconoce oficialmente la santidad de uno de sus miembros, no solo honra a la persona en cuestión, sino que la ofrece como modelo a todos los fieles. Este principio también se aplica a Mariam Baouardy, canonizada por el Papa Francisco el 17 de mayo de 2015. A pesar de lo modesto de sus orígenes, esta muchacha de Palestina, que permaneció analfabeta durante toda su vida (1846-1878) y que es conocida familiarmente en Francia como la "pequeña árabe", eligió el nombre de María de Jesús Crucificado al entrar en el convento carmelita de Pau (Francia) y lega a la Iglesia universal un valioso patrimonio espiritual, pero ampliamente desconocido.

El historiador Joachim Bouflet, autor de una bien documentada biografía de esta monja de rito latino nacida en una familia melquita de rito bizantino, resalta y adapta a nuestros tiempos esta doble identidad de la santa. A partir de esta pertenencia, mantenida por su asiduidad a la oración y a las liturgias de las dos tradiciones, que alimentaban su comprensión de la fe y su meditación, al tiempo que la inspiraban a escribir parábolas que testimoniaban su profundo sentido del misterio de Dios, Mariam pudo desarrollar una espiritualidad que combinaba esta doble aportación, oriental y occidental.

Joachim Buflet, 'Mariam'.

'Mariam, una santa árabe para el mundo' es la biografía recientemente escrita por Joachim Buflet.

De la primera surgió su gran devoción al Espíritu Santo, que ayudó a difundir en Europa en una época en la que se descuidaba. En 1877, tras un éxtasis en el convento carmelita de Belén, que estaba fundando, escribió una carta al Papa León XIII pidiéndole que promoviera el culto a la tercera persona de la Trinidad en la Iglesia universal. El Santo Padre respondió a su deseo con la encíclica Divinum illud munus (9 de mayo de 1897), que prescribía la novena al Espíritu Santo en preparación de la fiesta de Pentecostés.

A este culto, fiel a una tradición oriental basada en el Evangelio (Anunciación y Pentecostés) y en la liturgia de los Padres de la Iglesia, los santos Juan Crisóstomo y Basilio, Mariam asoció el culto a la Virgen María (la Theotokos), a la que rezaba desde su infancia y por la que sobrevivió a la muerte.

Confesora de la fe y casi mártir

Huérfana a los 13 años y confiada al cuidado de su tío en Alejandría (Egipto), trató de evitar el matrimonio que este quería imponerle, ya que había decidido consagrarse a Dios, y confió su tormento a un musulmán conocido de su familia que le prometió la libertad si abrazaba el islam.

La adolescente aceptó inmediatamente el riesgo del martirio con esta profesión de fe: "¡Oh, no! ¡Nunca! Soy hija de la Iglesia católica, apostólica y romana, y espero, con la gracia de Dios, perseverar hasta la muerte en mi religión, que es la única verdadera".

Irritado por su resistencia, el hombre le rajó el cuello y la abandonó en una oscura calle donde, durante cuatro semanas, la mismísima Virgen María vino a curarla e instruirla sobre su futuro.

Tumba y estatua de Mariam Baouardy en la iglesia de San José, en el Carmelo de Belén.

Tumba y estatua de Mariam Baouardy en la iglesia de San José, en el Carmelo de Belén.

El Patriarcado melquita ha construido en ese lugar una catedral dedicada a la Dormición. Su cripta está revestida de mosaicos realizados por un artista egipcio que nació en el islam y se convirtió al cristianismo.

Una cariñosa mirada a Francia

Recompensada por su valentía, segura de su vocación, Mariam, que primero entró en la congregación de Hermanas de San José de la Aparición en Marsella antes de entrar en la Orden Carmelita, se hizo fácilmente a las tradiciones latinas. Era especialmente sensible al espíritu misionero de Santa Teresa de Ávila, de ahí su apego incondicional a la Iglesia, cuyo "triunfo" inevitable intuía, no como institución terrenal, sino en virtud de su identidad sobrenatural.

"Turcos, musulmanes y judíos se convertirán. La Iglesia estará abierta a todas las naciones", anunció Mariam en el relato de una revelación privada que resumió así: "Una visión de un día escatológico en el que todos los hombres se volverán verdaderamente a Dios y la Iglesia misma alcanzará la plenitud de su vocación".

En una época de globalización, de mezcla de religiones, de islamismo conquistador y de ateísmo invasor, ¿no deberíamos ver en este anuncio una invitación premonitoria a los cristianos de nuestro tiempo para que redescubran el ardor evangelizador que han dejado disolver en la confusión doctrinal y la indiferencia?

En este sentido, la visión amorosa y dolorosa de Mariam sobre Francia merece especial atención. Convencida de la especial vocación del país al que la Providencia la había conducido, sufrió sus infidelidades hacia la Iglesia y rezó intensamente por su salvación. En 1873, en un diálogo con Jesús, la "pequeña árabe" le rogó que librara "al rosal" (título de nobleza que atribuía a Francia) de las "malas hierbas" que ahogaban "las buenas". Oyó cómo le respondían que era necesaria una purificación y conversión previas. A partir de entonces, Santa Mariam tiene el poder de interceder ante Dios para este fin.

Los ataques del demonio

Además, en un contexto marcado por el satanismo, el espiritismo y el jansenismo, Mariam tuvo que enfrentarse a numerosos ataques del diablo. Satanás, desatado contra "esta miserable árabe", ejerció un largo y cruel dominio sobre ella, tanto espiritual como corporalmente. En estas pruebas, no le faltaron los consuelos y la gracia sobrenaturales (estigmas de la pasión, levitaciones, profecías, matrimonio místico), mientras permanecía en la oración, obediente y practicando las virtudes, especialmente la humildad, que fue "como el sello puesto en todos los actos de su vida", escribió su director espiritual y primer biógrafo, el padre Pierre Estate. "En la medida en que nos recuerda la permanencia, a lo largo de la historia de la humanidad, de las empresas mortificantes del diablo, la experiencia de Mariam constituye una lección para nuestro tiempo", observa Bouflet.

Por ello, el legado de Mariam es muy relevante en muchos sentidos ya que puede inspirar muchas respuestas a los grandes retos de nuestro tiempo. ¿No es esto lo que buscan los peregrinos de Tierra Santa que, cada vez más numerosos, visitan su pueblo natal, Ibillín (Galilea), y su tumba en el monasterio carmelita de Belén?

Tomado del portal de la Fundación Tierra Santa.

Traducido por Verbum Caro.

lunes, 15 de junio de 2020

Murió con 8 años y va camino a los altares, «ejemplo de santidad para niños enfermos y sus familias» 15062020

Los obispos franceses dan vía libre al proceso de Anne Gabrielle Caron, fallecida en 2010

Murió con 8 años y va camino a los altares, «ejemplo de santidad para niños enfermos y sus familias»

Anne falleció con sólo ocho años, pero pese a su corta edad entró profundamente en el misterio de Dios
Anne falleció con sólo ocho años, pero pese a su corta edad entró profundamente en el misterio de Dios
TAGS:
Los obispos franceses han dado el visto bueno a la apertura de la causa de beatificación de Anne Gabrielle Caron, una niña de ocho años que falleció en 2010 debido a un agresivo cáncer de huesos. Pese a su corta vida dio un impresionante testimonio de fe y las gracias llevan tiempo llegando a la familia y a la diócesis de Fréjus-Toulon, cuyo obispo es Dominique Rey.
El 12 de septiembre, festividad del Dulce Nombre de María, será la apertura oficial de esta causa de beatificación de Anne en la iglesia de San Francisco de Paula de Toulon. Para monseñor Rey esta niña es “una figura de santidad para los niños enfermos y sus familias”.
Su forma de afrontar la enfermedad desde el amor a Jesús, su intención de parecerse a Santa Teresita de Lisieux y el anhelo por recibir la Comunión marcaron la vida de esta pequeña niña, que irradió luz a todo su entorno y mucho más allá.
Sensibilidad por el sufrimiento de los demás
Anne Gabrielle era la mayor de tres hermanos. Desde que aprendió a hablar y a tener uso de razón llamaba la atención por la sensibilidad que tenía por el sufrimiento de los demás. Con apenas dos años le gustaba consolar a Cristo crucificado. Siendo más mayor sorprendió a sus profesores por querer siempre ir al encuentro de los niños que estaban solos en el patio.
anne4_1
Este sufrimiento sería más tarde el que marcaría el resto de su vida. A los seis años empezó a sentir un fuerte dolor en una pierna. A los siete le diagnosticaron cáncer con metástasis. Los tratamientos, el avance y el retroceso de la enfermedad fueron marcando sus días en el que Jesús era el centro. Su fe y discernimiento no parecían propios de su edad.
El duro tratamiento que recibió al inicio de la enfermedad recién cumplidos los siete años le hizo a esta niña preguntarse por qué Dios la había elegido para esa prueba. El padre Dubrule la acompañó en todo este proceso y le hizo entender que no había respuesta para esta pregunta pero que sí podía dar sentido a sus sufrimientos ofreciéndolo por distintas intenciones. Esta conversación marcó profundamente a la pequeña Anne que lo integró muy rápido en su día a día. Para este sacerdote, ella inició su propio camino de santidad.
"¿Por qué me ha elegido a mí?"
“Mi hija me mostró el camino al cielo”, relataba en el pasado Marie-Dauphine Caron, explicando que “la pérdida de un hijo es terrible, ver el sufrimiento de un niño es también terrible porque te sientes impotente”. Pero a pesar de ello, tenía claro que su sufrimiento se ha convertido en una obra de amor en medio de un mundo hedonista.
 “¿Por qué Dios me ha elegido a mí para esto?”, se preguntaba la pequeña cuando el dolor arreciaba. Pero rápidamente ella decía: “estoy dispuesto a aceptarlo”. Ella misma afirmaba que ofrecía todo aquel sufrimiento de la quimioterapia que la consumía por el resto de niños del hospital y por los médicos.
Su madre ha relatado numerosos momentos durante la enfermedad de su hija que atisbaban esta fama de santidad que se ha extendido una vez fallecida. “Aunque no me gusta estar enferma tengo suerte porque puedo ayudar al buen Dios a llevarle a la gente de nuevo a Él. Quiero ayudar a los que sufren”, decía Anne.
De hecho, cinco meses antes morir confesó una cosa a su madre que la dejó completamente estupefacta. “Le he pedido a Dios que me dé todos los sufrimientos de los niños del hospital”. Y Dios se los dio porque en ocasiones decía: ‘y estoy sufriendo tanto…’”, le dijo su hija.
anne5
Para la pequeña Anne Gabrielle su ejemplo era santa Teresa de Lisieux, a la que quería imitar en su vida. Una santa que, por otro lado, también sufrió mucho durante su corta vida. Y  tenía tal confianza con Dios que ella alegremente, pese al sufrimiento, decía claramente: “seré santa”.
Otra confesión que hizo Anne emocionó profundamente a su madre: “Sabes mamá, creo de vez en cuando que cuando esté muerta no va a ser difícil para mí portarme bien. No será difícil ser agradable con la gente, pensar en los demás, obedecer y pintar con los hermanos”.
Pero en esta lucha no todo fue una aceptación total sino que el dolor provocado por este cáncer le hizo a la pequeña cuestionarse todo. “Necesito que alguien me diga que Dios es realmente bueno”, llegó a afirmar o “cuando veo que tan pocas personas creen en Dios, me pregunto si realmente existe”. Pero rápidamente volvía a abrazarse a su querido Jesús.
Su amor por la Eucaristía
Pero si algo marcó la parte final de la vida de Anne Gabrielle Caron fue su enorme deseo por la Eucaristía, marcado además por su Primera Comunión, un auténtico acontecimiento dadas las circunstancias.
Durante meses, ya enferma, la pequeña se preparó para recibir a Jesús. En marzo de 2009 decía: “me gustaría hacer mi primera comunión para poder hacer aún más sacrificios”. Unas semanas después ya sólo hablaba de su comunión, y no por la fiesta o los regalos. En mayo decía a su madre: “quiero recibir a Jesús. Te das cuenta que Él va a entrar en mi corazón, no puedo esperar”.
Su madre luego le preguntó si estaba así por llevar un vestido blanco y una bonita corona de flores. Pero Anne-Gabrielle respondió: “Oh mamá, por supuesto que me hará feliz. Pero lo que realmente me gusta es que voy a recibir a Jesús”.
La prueba de su Primera Comunión
Sin embargo, también aquí vivió una dura prueba. Su comunión sería el 7 de junio pero dos días antes su estado de salud empeoró por la enfermedad por lo que tuvo que ser trasladada al hospital. Sabía que no saldría de allí por su comunión. "¿Por qué, por qué el buen Señor permite esto? Le había pedido a la Virgen que no volviera al hospital. ¿Por qué? ¡Tenía tantas ganas de hacer mi primera comunión!”, decía entre lágrimas.
​Una cosa pidió a su madre, que rezara a la Virgen para que le diera a tiempo a salir del hospital para hacer su comunión. Ella estaba hospitalizada en Marsella. Con todo el que se cruzaba le pedían que rezara por esta intención.
Finalmente, como si fuera un milagro todas las pruebas médicas se fueron realizando rápidamente y su propio estado de salud fue mejorando. El domingo por la mañana le dieron el alta, pero era casi imposible llegar a la iglesia de Toulon.
Cuando llegan a la autopista eran las 11 de la mañana y la misa ya había comenzado. Su padre condujo lo más rápido que pudo y juntos rezaron a la Santísima Virgen para que los ayudase a llegar a tiempo. A medida que avanzaban, también recitaron las oraciones para prepararse para la comunión. Creían que llegarían, esperando contra toda esperanza.
Pero al llegar a Toulon quedaron atrapados en un atasco. Su padre empezó a mentalizar a Anne de que no podría hacer la primera comunión. Pero aún así lo intentó y 20 minutos más tarde llegaron a la iglesia. La misa acaba de terminar y los niños estaban preparados para hacer la procesión de salida.
anne2
Anne, el día de su comunión, que recibió una vez acabada la misa.
"Ver a Anne Gabrielle fue ver a Dios"
Anne-Gabrielle entró a la iglesia con su vestido blanco llorando. De repente, el coro dejó de cantar y el sacerdote decidió que Anne-Gabrielle hiciera su primera en ese momento y en presencia de toda la parroquia. Cumplió el gran deseo de su vida.
Cuando recibió a Jesús se hizo un gran silencio en toda la iglesia. Los fieles quedaron fascinados por la meditación de esta pequeña niña y conmovida por este encuentro entre Dios y esta alma que tanto anhelaba y anhelaba. El sacerdote mismo dará testimonio de su emoción: “Nunca he visto a nadie como ella. Para mi corazón sacerdotal, este sigue siendo un momento muy conmovedor".
Una vez que su salud empeoró y la muerte se aproximaba hasta el propio obispo Rey acudía a su casa a dar la comunión a la pequeña. En estas últimas semanas vivió su propia Pasión hasta que tras 30 horas de agonía fallecía el 23 de julio de 2010.  “Ver a Anne-Gabrielle fue ver a Dios”, diría el sacerdote durante el funeral.

Años después de su muerte su madre lo ve claro: “Todo es gracia”. Ella enseñó a su familia y a su entorno a vivir el presente, “el día de Dios” y a ser feliz aun con las cosas más sencillas.
Desde entonces son numerosas las gracias en todo el mundo las que ha recibido la familia y los sacerdotes que llevan la causa. Su testimonio ha recorrido el mundo y su ejemplo ha ayudado a numerosas familias a las que ha golpeado la enfermedad, tanto a los propios niños como a sus padres.

viernes, 15 de mayo de 2020

José Moscati, un médico santo y entregado, muy adecuado para épocas de confinamiento y dudas 15052020

Atendió a los pobres e incurables, gratis, en la epidemia de cólera del s.XIX y toda su vida

José Moscati, un médico santo y entregado, muy adecuado para épocas de confinamiento y dudas

El doctor José Moscati en una escena de la película de 2007 - atendía a los enfermos pobres e incurables, a menudo completamente gratis
El doctor José Moscati en una escena de la película de 2007 - atendía a los enfermos pobres e incurables, a menudo completamente gratis
El pasado 12 de abril, en plena pandemia del coronavirus, con numerosos países decretando estrictos confinamientos, muchos celebraron el día del santo médico José Moscati, que murió en 1827 con sólo 47 años y canonizado en 1987. Popularizado por la película italiana de 2007 Moscati, el Médico de los Pobres, este santo dio ejemplo de generosidad, entereza y vocación a la santidad desde su oficio de médico. En la diócesis de Palencia lo han querido recordar con este texto.
***
San José Moscati - Santos en tiempos de coronavirus
En las últimas semanas, en el contexto de la pandemia del coronavirus, los médicos y profesionales de la salud han adquirido un rol muy importante y están en el foco de atención de todo el mundo, ganándose merecidamente la admiración y el reconocimiento social.

En un contexto semejante se fraguó uno de los ejemplos de santidad laical más brillantes del pasado siglo: san José Moscati, napolitano, conocido como el “médico de los pobres”. Juan Pablo II, en la homilía de su canonización, en octubre de 1987, aseguró que “el móvil de su actividad como médico no fue, pues, solamente el deber profesional, sino la conciencia de haber sido puesto por Dios en el mundo para obrar según sus planes y para llevar, con amor, el alivio que la ciencia médica ofrece a los hombres, mitigando el dolor y haciéndoles recobrar la salud”.
san_jose_moscati_enfermos
Una escena de la película de 2007: el doctor atiende a los enfermos considerados incurables
San José Moscati nace en 1880 en Benevento, Italia, en la misma ciudad y siete años antes que el padre Pío de Pietrelcina. Ingresó en la universidad para estudiar medicina, rompiendo una larga tradición familiar de abogados y juristas. A los 22 años se graduó con las mejores calificaciones de su promoción, con una tesis sobre la urogénesis hepática.
Terminada su carrera, fue elegido para trabajar en el hospital de los incurables de Nápoles, una institución que recogía desde hacía siglos a todos aquellos pobres que estaban desahuciados y que padecían enfermedades que en ese momento no tenían cura. Desde ese momento, su prioridad se convirtió en atender personalmente y con especial dedicación a cada uno de los enfermos a él confiados.
san_jose_moscati2
Lo hizo con cuidado y reverencia, percibiendo en cada uno a un hermano que sufre, y tratando de descubrir y aliviar en ellos el rostro de Cristo que sufre, independientemente de su condición física, moral, social o familiar.
Debido a sus excelentes calificaciones y a su exquisito trato humano, recibió numerosas ofertas y promociones, tanto en el campo sanitario como académico, que rechazó decididamente.
Su intensa vida de fe le había llevado a descubrir que el plan de Dios para él era servir a los pacientes más pobres, a quienes nunca cobró dinero y siempre atendía con una sonrisa y sin darse importancia.
san_jose_moscati
José Moscati murió con 47 años, después de dedicar su vida a los enfermos
En 1906 el volcán Vesubio, situado a unos pocos kilómetros de Nápoles, entró en erupción, y a José Moscati le tocó organizar la evacuación de una filial del hospital en el que trabajaba, situado en Torre del Greco, a los pies del Vesubio. Muchos enfermos allí eran discapacitados, y el doctor Moscati no se limitó a dar órdenes y coordinar las operaciones, sino que él mismo cargó y puso a salvo a muchos enfermos. En cuanto terminaron las labores de evacuación, el techo del hospital se hundió.
Ayudó a muchos durante la epidemia de cólera que asoló Nápoles en 1911, tratando de investigar al mismo tiempo acerca del origen de la epidemia. Sus consejos y descubrimientos sobre la transmisión fueron muy útiles para limitar los daños y reducir el número de muertos.
Rehusó alistarse en el ejército y participar en la 1ª Guerra Mundial; prefirió, en cambio, organizar un hospital para los heridos, donde atendió personalmente a más de 3.000 soldados procedentes del frente de batalla.
Una de sus pasiones era enseñar a los futuros médicos: aceptó dictar lecciones en la facultad de medicina. No se conformaba con transmitir lo que ya está escrito en los libros, sino que partía de su propia experiencia con los enfermos, convirtiéndose en un ejemplo de profesionalidad y también en una fuente de inspiración vocacional para sus alumnos.
La fuente secreta de esta dedicación y amor radicaba en la eucaristía diaria y la oración. Se levantaba muy temprano para asistir a misa y comulgar, después de dirigía a las colonias pobres y barriadas para visitar a algunos enfermos, y a las 8.30h iniciaba su trabajo en el hospital.
estatua_moscati
Estatua del santo médico en la iglesia de Gesù Nuovo de Nápoles

Antes de examinar a alguien o de realizar una investigación médica, se colocaba en la presencia de Dios y se encomendaba a Él. Tenía un amor especial por María y era muy devoto de una santa que había muerto unos pocos años antes, Teresita de Lisieux.
Su amor preferencial por los pobres le llevó a hacer una consagración total a Dios. Hizo un compromiso de celibato y de no casarse, para poder estar así más disponible para los enfermos y los que lo buscaban.
A muchos enfermos no cobraba por sus servicios, y a muchos otros devolvía la suma que habían pagado, aunque tuviera derecho por venir de lejos o a horas intempestivas. Aquellos que no podían costearse las medicinas, él mismo se las compraba.
Precisamente a causa de su radicalidad y fidelidad, la contradicción y la cruz no estuvieron ausentes de su vida: su aprecio por parte de los más pobres contrastaba con la envidia de algunos de sus colegas y estudiantes, y de los grupos masónicos de la ciudad de Nápoles.
Su visión de la persona y de la medicina, inspirada por la antropología cristiana, chocaba frontalmente con una visión materialista que se extendía cada vez más ampliamente en los ámbitos universitarios. Su desprecio por la fama, el éxito, el reconocimiento y el ascenso social le hicieron también objeto de burlas y desprecios.
Una selección de frases del santo, de sus cartas y escritos
Sus jornadas se prolongaban entre los muchos quehaceres, ante la cantidad de personas que atendía, pero a esto sumaba el tiempo dedicado a su estudio personal, para estar bien formado y no perder el paso de los avances médicos. Destacó como investigador y publicó numerosos de artículos científicos en revistas especializadas de la época, de Italia y del extranjero, participando así en el diálogo científico al más alto nivel, y demostrando con los hechos que no existe incompatibilidad entre ciencia y fe.
Participó en varios congresos médicos internacionales, y fue profesor libre en el Instituto de Química Fisiológica, de Química Médica, y director del Instituto de Anatomía Patológica, aunque nunca aceptó convertirse en profesor estable, para no tener que abandonar así el contacto directo con los enfermos.
La muerte le sorprendió el 12 de abril de 1927, sentado en el sofá, después de comer, a la edad de 46 años. Dicha poltrona y muchísimos de sus objetos se conservan en su parroquia, la iglesia del Gesù Nuovo, en el centro de Nápoles, regentada todavía hoy por los jesuitas, adonde acudía diariamente a misa y a rezar.
El Papa Juan Pablo II le canonizó en octubre de 1987, al término del Sínodo de los Laicos proponiendo su vida como un ejemplo luminoso de santidad laical.
Y terminamos con unas palabras de nuestro santo, habituado a tocar la carne humana doliente, a mirar cara a cara el sufrimiento, la enfermedad y la muerte: «La vida es un momento. El honor, las victorias, la riqueza y la ciencia se acaban. Los encantos de la vida pasan y solo el amor eterno permanece, la causa de todo acto de bondad. El amor nos sobrevive, porque Dios es amor».
Trailer de la película Moscati, de 2007