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domingo, 3 de febrero de 2019

Vida consagrada: obediencia a la ley y apertura al Espíritu 03022019


Misa de la presentación 2019 @ Vatican Media


Misa De La Presentación 2019 @ Vatican Media

Vida consagrada: obediencia a la ley y apertura al Espíritu

Homilía del Papa Francisco para la fiesta de la presentación (texto completo)

(ZENIT – 3 febrero 2019).- “La vida consagrada no es supervivencia, es una vida nueva. Es el encuentro vivo con el Señor en su pueblo. Es una llamada a la obediencia fiel todos los días y a las sorpresas inéditas del Espíritu. Es una visión de lo que supone estrecharse en sus brazos para tener la alegría: Jesús “: el Papa Francisco concluyó con estos términos su homilía para la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, que corresponde, desde Juan Pablo II. a la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, este 2 de febrero de 2019.
El Papa presidió la misa a las 17:30 h en la Basílica de San Pedro, en vísperas de su viaje a los Emiratos Árabes Unidos (3-5 de febrero), en presencia de sacerdotes y consagrados presentes en Roma, incluido el General Jesuita , p. Arturo Sosa.
El Papa invitó a los consagrados a una vida obediente a la ley en lo concreto y la fidelidad de la vida cotidiana, como María y José, y al mismo tiempo abiertos a las sorpresas del Espíritu, como Simeón y Ana: “Cuando es así florece y se convierte en un recordatorio para todos contra la mediocridad: : contra el descenso de altitud en la vida espiritual, contra la tentación de jugar con Dios, contra la adaptación a una vida cómoda y mundana, contra el lamento, la insatisfacción y el hecho de llorar sobre su suerte, contra la costumbre del «se hace lo que se puede» y el «siempre se ha hecho así».
Aquí está la traducción oficial al español de la homilía del Papa Francisco.
AB
Homilía del Papa Francisco
La liturgia de hoy nos muestra a Jesús que va al encuentro de su pueblo. Es la fiesta del encuentro: la novedad del Niño se encuentra con la tradición del templo; la promesa halla su cumplimiento; María y José, jóvenes, encuentran a Simeón y Ana, ancianos. Todo se encuentra, en definitiva, cuando llega Jesús.
¿Qué nos enseña esto? En primer lugar, que también nosotros estamos llamados a recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro. Encontrarlo: al Dios de la vida hay que encontrarlo cada día de nuestra existencia; no de vez en cuando, sino todos los días. Seguir a Jesús no es una decisión que se toma de una vez por todas, es una elección cotidiana. Y al Señor no se le encuentra virtualmente, sino directamente, descubriéndolo en la vida. De lo contrario, Jesús se convierte en un hermoso recuerdo del pasado. Pero cuando lo acogemos como el Señor de la vida, el centro de todo, el corazón palpitante de todas las cosas, entonces él vive y revive en nosotros. Y nos sucede lo mismo que pasó en el templo: alrededor de él todo se encuentra, la vida se vuelve armoniosa. Con Jesús hallamos el ánimo para seguir adelante y la fuerza para estar firmes. El encuentro con el Señor es la fuente. Por tanto, es importante volver a las fuentes: retornar con la memoria a los encuentros decisivos que hemos tenido con él, reavivar el primer amor, tal vez escribir nuestra historia de amor con el Señor. Le hará bien a nuestra vida consagrada, para que no se convierta en un tiempo que pasa, sino que sea tiempo de encuentro.
Si recordamos nuestro encuentro decisivo con el Señor, nos damos cuenta de que no surgió como un asunto privado entre Dios y nosotros. No, germinó en el pueblo creyente, en medio de tantos hermanos y hermanas, en tiempos y lugares precisos. El Evangelio nos lo dice, mostrando cómo el encuentro tiene lugar en el pueblo de Dios, en su historia concreta, en sus tradiciones vivas: en el templo, según la Ley, en clima de profecía, con los jóvenes y los ancianos juntos (cf. Lc 2,25-28.34). Lo mismo en la vida consagrada: germina y florece en la Iglesia; si se aísla, se marchita. Madura cuando los jóvenes y los ancianos caminan juntos, cuando los jóvenes encuentran las raíces y los ancianos reciben los frutos. En cambio, se estanca cuando se camina solo, cuando se queda fijo en el pasado o se precipita hacia adelante para intentar sobrevivir. Hoy, fiesta del encuentro, pidamos la gracia de redescubrir al Señor vivo en el pueblo creyente, y de hacer que el carisma recibido se encuentre con la gracia de hoy.
El Evangelio también nos dice que el encuentro de Dios con su pueblo tiene un principio y una meta. Se parte de la llamada al templo y se llega a la visión en el templo. La llamada es doble. Hay una primera llamada «según la Ley» (v. 22). Es la de José y María, que van al templo para cumplir lo que la ley prescribe. El texto lo subraya casi como un estribillo, cuatro veces (cf. vv. 22.23.24.27). No es una constricción: los padres de Jesús no van a la fuerza o para realizar un mero cumplimiento externo; van para responder a la llamada de Dios. Luego hay una segunda llamada, según el Espíritu. Es la de Simeón y Ana. También esta está resaltada con insistencia: tres veces, refiriéndose a Simeón, se habla del Espíritu Santo (cf. vv. 25.26.27) y concluye con la profetisa Ana que, inspirada, alaba a Dios (cf. v. 38). Dos jóvenes van presurosos al templo llamados por la Ley; dos ancianos movidos por el Espíritu. Esta doble llamada, de la Ley y del Espíritu, ¿qué nos enseña para nuestra vida espiritual y nuestra vida consagrada? Que todos estamos llamados a una doble obediencia: a la ley —en el sentido de lo que da orden bueno a la vida—, y al Espíritu, que hace todo nuevo en la vida. Así es como nace el encuentro con el Señor: el Espíritu revela al Señor, pero para recibirlo es necesaria la constancia fiel de cada día. Sin una vida ordenada, incluso los carismas más grandes no dan fruto. Por otro lado, las mejores reglas no son suficientes sin la novedad del Espíritu: la ley y el Espíritu van juntos.
Para comprender mejor esta llamada que vemos hoy en el templo, en los primeros días de la vida de Jesús, podemos ir al comienzo de su ministerio público, a Caná, donde convierte el agua en vino. También hay allí una llamada a la obediencia, cuando María dice: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Lo que él diga. Y Jesús pide una cosa particular; no hace una cosa nueva de inmediato, no saca de la nada el vino que falta, sino que pide algo concreto y exigente. Pide llenar seis grandes ánforas de piedra para la purificación ritual, que recuerdan la Ley. Significaba verter unos seiscientos litros de agua del pozo: tiempo y esfuerzo, que parecían inútiles, porque lo que faltaba no era agua, sino vino. Y, sin embargo, precisamente de esas ánforas bien llenas, «hasta el borde» (v. 7), Jesús saca el vino nuevo. Lo mismo para nosotros, Dios nos llama a que lo encontremos a través de la fidelidad en las cosas concretas: oración diaria, la misa, la confesión, una caridad verdadera, la Palabra de Dios de cada día. Cosas concretas, como en la vida consagrada la obediencia al Superior y a las Reglas. Si esta ley se practica con amor, el Espíritu viene y trae la sorpresa de Dios, como en el templo y en Caná. El agua de la vida cotidiana se transforma entonces en el vino de la novedad y la vida, que pareciendo más condicionada, en realidad se vuelve más libre.
El encuentro, que nace de la llamada, culmina en la visión. Simeón dice: «Mis ojos han visto a tu Salvador» (Lc 2,30). Ve al Niño y ve la salvación. No ve al Mesías haciendo milagros, sino a un niño pequeño. No ve nada de extraordinario, sino a Jesús con sus padres, que llevan al templo dos pichones o dos palomas, es decir, la ofrenda más humilde (cf. v. 24). Simeón ve la sencillez de Dios y acoge su presencia. No busca nada más, pide y no quiere nada más, le basta con ver al Niño y tomarlo en brazos: «Nunc dimittis, ahora puedes dejarme ir» (cf. v. 29). Le basta Dios así como es. En él encuentra el sentido último de la vida. Es la visión de la vida consagrada, una visión sencilla y profética, donde al Señor se le tiene ante los ojos y entre las manos, y no se necesita nada más. La vida es él, la esperanza es él, el futuro es él. La vida consagrada es esta visión profética en la Iglesia: es mirada que ve a Dios presente en el mundo, aunque muchos no se den cuenta; es voz que dice: «Dios basta, lo demás pasa»; es alabanza que brota a pesar de todo, como lo muestra la profetisa Ana. Era una mujer muy anciana, que había vivido muchos años como viuda, pero no era una persona sombría, nostálgica o encerrada en sí misma; al contrario, llega, alaba a Dios y habla solo de él (cf. v. 38).
Esto es la vida consagrada: alabanza que da alegría al pueblo de Dios, visión profética que revela lo que importa. Cuando es así, florece y se convierte en un reclamo para todos contra la mediocridad: contra el descenso de altitud en la vida espiritual, contra la tentación de jugar con Dios, contra la adaptación a una vida cómoda y mundana, contra el lamento, la insatisfacción y el llanto, contra la costumbre del «se hace lo que se puede» y el «siempre se ha hecho así». La vida consagrada no es supervivencia, es vida nueva. Es un encuentro vivo con el Señor en su pueblo. Es llamada a la obediencia fiel de cada día y a las sorpresas inéditas del Espíritu. Es visión de lo que importa abrazar para tener la alegría: Jesús.
© Libreria editorial del Vaticano

sábado, 3 de febrero de 2018

Vida Consagrada: “Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor” 02022018

Vida Consagrada: “Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor”

Homilía del Papa en la Misa de la XXII Jornada Mundial (Texto completo)
Misa en la XXII Jornada Mundial de la Vida Consagrada © Vatican Media
Misa En La XXII Jornada Mundial De La Vida Consagrada © Vatican Media
(ZENIT – 2 febrero 2018).- “Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor. De un encuentro y de una llamada nació el camino de la consagración. Es necesario hacer memoria de ello”, ha dicho el Santo Padre.
En la Fiesta de la Presentación del Señor, el Papa Francisco ha presidido la Misa en la Jornada por la Vida Consagrada, el 2 de febrero de 2018, a las 17 horas en la Basílica del Vaticano.
La XXII Jornada Mundial de la Vida Consagrada se ha celebrado en la Basílica con la participación de cientos de miembros de Institutos de Vida Consagrada y de Sociedad de vida apostólica, y ha estado concelebrada por obispos, cardenales y sacerdotes de órdenes, congregaciones e institutos religiosos.
Mirar a los ojos
La vida frenética de hoy lleva a cerrar muchas puertas al encuentro, a menudo por el miedo al otro, ha explicado el Pontífice. “Que no sea así en la vida consagrada: el hermano y la hermana que Dios me da son parte de mi historia, son dones que hay que custodiar. No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano, o que nos fijemos más en nuestros programas que en el Señor”.
El pensamiento principal del Papa –ha meditado– es que esta es una “fiesta del encuentro”. El Papa ha explicado que es el encuentro entre el Niño Dios y la humanidad que espera, a la vez que se da el encuentro que se da en el templo entre los ancianos y los jóvenes: María y José con Simeón y Ana. “Los ancianos reciben de los jóvenes, y los jóvenes de los ancianos”, ha comentado Francisco.
Nuestra respuesta
El Papa ha compartido con los consagrados y consagradas que la vida consagrada “nace y renace” del encuentro con Jesús tal como es: “pobre, casto y obediente”.
Y ha añadido: “Se mueve por una doble vía: por un lado, la iniciativa amorosa de Dios, de la que todo comienza y a la que siempre debemos regresar; por otro lado, nuestra respuesta, que es de amor verdadero cuando se da sin peros ni excusas, y cuando imita a Jesús pobre, casto y obediente”.
El Papa ha regalado a las religiosas que trabajan en el Vaticano una prímula, una de las primeras flores que florecen después del invierno y que es símbolo de la belleza y la juventud. La ceremonia se ha iniciado con la bendición de las velas y la procesión.
RD
Sigue el texto en español de la homilía del Papa Francisco, traducida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:
Homilía del Papa Francisco
Cuarenta días después de Navidad celebramos al Señor que, entrando en el templo, va al encuentro de su pueblo. En el Oriente cristiano, a esta fiesta se la llama precisamente la «Fiesta del encuentro»: es el encuentro entre el Niño Dios, que trae novedad, y la humanidad que espera, representada por los ancianos en el templo.
En el templo sucede también otro encuentro, el de dos parejas: por una parte, los jóvenes María y José, por otra, los ancianos Simeón y Ana. Los ancianos reciben de los jóvenes, y los jóvenes de los ancianos. María y José encuentran en el templo las raíces del pueblo, y esto es importante, porque la promesa de Dios no se realiza individualmente y de una sola vez, sino juntos y a lo largo de la historia. Y encuentran también las raíces de la fe, porque la fe no es una noción que se aprende en un libro, sino el arte de vivir con Dios, que se consigue por la experiencia de quien nos ha precedido en el camino. Así los dos jóvenes, encontrándose con los ancianos, se encuentran a sí mismos. Y los dos ancianos, hacia el final de sus días, reciben a Jesús, que es el sentido a sus vidas. En este episodio se cumple así la profecía de Joel: «Vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y visiones» (3,1). En ese encuentro los jóvenes descubren su misión y los ancianos realizan sus sueños. Y todo esto porque en el centro del encuentro está Jesús.
Mirémonos a nosotros, queridos hermanos y hermanas consagrados. Todo comenzó gracias al encuentro con el Señor. De un encuentro y de una llamada nació el camino de la consagración. Es necesario hacer memoria de ello. Y si recordamos bien veremos que en ese encuentro no estábamos solos con Jesús: estaba también el pueblo de Dios —la Iglesia—, jóvenes y ancianos, como en el Evangelio. Allí hay un detalle interesante: mientras los jóvenes María y José observan fielmente las prescripciones de la Ley —el Evangelio lo dice cuatro veces—, y no hablan nunca, los ancianos Simeón y Ana acuden y profetizan. Parece que debería ser al contrario: en general, los jóvenes son quienes hablan con ímpetu del futuro, mientras los ancianos custodian el pasado. En el Evangelio sucede lo contrario, porque cuando uno se encuentra en el Señor no tardan en llegar las sorpresas de Dios. Para dejar que sucedan en la vida consagrada es bueno recordar que no se puede renovar el encuentro con el Señor sin el otro: nunca dejar atrás, nunca hacer descartes generacionales, sino acompañarse cada día, con el Señor en el centro. Porque si los jóvenes están llamados a abrir nuevas puertas, los ancianos tienen las llaves. Y la juventud de un instituto está en ir a las raíces, escuchando a los ancianos. No hay futuro sin este encuentro entre ancianos y jóvenes; no hay crecimiento sin raíces y no hay florecimiento sin brotes nuevos. Nunca profecía sin memoria, nunca memoria sin profecía; y, siempre encontrarse.
La vida frenética de hoy lleva a cerrar muchas puertas al encuentro, a menudo por el miedo al otro —las puertas de los centros comerciales y las conexiones de red permanecen siempre abiertas—. Que no sea así en la vida consagrada: el hermano y la hermana que Dios me da son parte de mi historia, son dones que hay que custodiar. No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano, o que nos fijemos más en nuestros programas que en el Señor. Porque cuando se ponen en el centro los proyectos, las técnicas y las estructuras, la vida consagrada deja de atraer y ya no comunica; no florece porque olvida «lo que tiene sepultado», es decir, las raíces.
La vida consagrada nace y renace del encuentro con Jesús tal como es: pobre, casto y obediente. Se mueve por una doble vía: por un lado, la iniciativa amorosa de Dios, de la que todo comienza y a la que siempre debemos regresar; por otro lado, nuestra respuesta, que es de amor verdadero cuando se da sin peros ni excusas, y cuando imita a Jesús pobre, casto y obediente. Así, mientras la vida del mundo trata de acumular, la vida consagrada deja las riquezas que son pasajeras para abrazar a Aquel que permanece. La vida del mundo persigue los placeres y los deseos del yo, la vida consagrada libera el afecto de toda posesión para amar completamente a Dios y a los demás. La vida del mundo se empecina en hacer lo que quiere, la vida consagrada elige la obediencia humilde como la libertad más grande. Y mientras la vida del mundo deja pronto con las manos y el corazón vacíos, la vida según Jesús colma de paz hasta el final, como en el Evangelio, en el que los ancianos llegan felices al ocaso de la vida, con el Señor en sus manos y la alegría en el corazón.
Cuánto bien nos hace, como Simeón, tener al Señor «en brazos» (Lc 2,28). No sólo en la cabeza y en el corazón, sino en las manos, en todo lo que hacemos: en la oración, en el trabajo, en la comida, al teléfono, en la escuela, con los pobres, en todas partes. Tener al Señor en las manos es el antídoto contra el misticismo aislado y el activismo desenfrenado, porque el encuentro real con Jesús endereza tanto al devoto sentimental como al frenético factótum. Vivir el encuentro con Jesús es también el remedio para la parálisis de la normalidad, es abrirse a la cotidiana agitación de la gracia. Dejarse encontrar por Jesús, ayudar a encontrar a Jesús: este es el secreto para mantener viva la llama de la vida espiritual. Es la manera de escapar a una vida asfixiada, dominada por los lamentos, la amargura y las inevitables decepciones. Encontrarse en Jesús como hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, para superar la retórica estéril de los «viejos tiempos pasados», para acabar con el «aquí no hay nada bueno». Si Jesús y los hermanos se encuentran todos los días, el corazón no se polariza en el pasado o el futuro, sino que vive el hoy de Dios en paz con todos.
Al final de los Evangelios hay otro encuentro con Jesús que puede ayudar a la vida consagrada: el de las mujeres en el sepulcro. Fueron a encontrar a un muerto, su viaje parecía inútil. También vosotros vais por el mundo a contracorriente: la vida del mundo rechaza fácilmente la pobreza, la castidad y la obediencia. Pero, al igual que aquellas mujeres, vais adelante, a pesar de la preocupación por las piedras pesadas que hay que remover (cf. Mc 16,3). Y al igual que aquellas mujeres, las primeras que encontraron al Señor resucitado y vivo, os abrazáis a Él (cf. Mt 28,9) y lo anunciáis inmediatamente a los hermanos, con los ojos que brillan de alegría (cf. v. 8). Sois por tanto el amanecer perenne de la Iglesia. Os deseo que reavivéis hoy mismo el encuentro con Jesús, caminando juntos hacia Él: así se iluminarán vuestros ojos y se fortalecerán vuestros pasos.
© Librería Editorial Vaticano

martes, 6 de octubre de 2015

España: clausura del encuentro del Año de la Vida Consagrada 05102015

España: clausura del encuentro del Año de la Vida Consagrada
 Fecha: 05 de Octubre de 2015



"La Vida Consagrada es un don para la Iglesia, nace en la Iglesia, crece en la Iglesia, está totalmente orientada a la Iglesia". Estas fueron las palabras del papa Francisco que recordó este domingo Mons. Vicente Jiménez Zamora, arzobispo de Zaragoza y presidente de la Comisión para la Vida Consagrada (CEVC) de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en la misa de clausura del encuentro del Año de la Vida Consagrada que se ha celebrado este fin de semana en Madrid. La Eucaristía convocó a más de 1.500 religiosos y religiosas en la catedral de La Almudena, informó la CEE en una nota. 

En su homilía, Mons. Jiménez señaló que "hoy damos gracias a Dios por el Año de la Vida Consagrada", que en España ha coincidido, también, con el Año Jubilar Teresiano.

Partiendo de las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo, el presidente de la CEVC habló sobre el matrimonio "entre el hombre y la mujer abierto a la vida", como "realidad humana que responde al plan originario de Dios". Y subrayó que "la gracia del sacramento del matrimonio es, al mismo tiempo, vocación y mandamiento (don y tarea)".

En palabras de Mons. Jiménez, también la Vida Consagrada puede entenderse en clave de matrimonio "que hace referencia a la exigencia de la Iglesia de vivir en la entrega plena y exclusiva a su Esposo".

Tras la homilía del presidente de la CEVC, religiosos y religiosas, vida religiosa contemplativa, miembros de institutos seculares, del orden las vírgenes y de las nuevas formas de vida consagrada presentes en el templo, volvieron a reafirmar los compromisos de su consagración: obediencia, pobreza y castidad.

Durante el ofertorio se presentó la recaudación que se ha realizado durante el Encuentro de la Vida Consagrada, como gesto solidario y que irá destinado a los religiosos y religiosas de Siria e Irak. En la Eucaristía celebrada en La Almudena, también estuvieron presentes un nutrido grupo de obispos, superiores mayores, y delegados diocesanos para la Vida Consagrada.

jueves, 1 de octubre de 2015

“Corazones que desean algo grande”, lema del encuentro de la Vida Consagrada en Madrid 30092015

“Corazones que desean algo grande”, lema del encuentro de la Vida Consagrada en Madrid

El encuentro de Vida Consagrada en Madrid reúne a 1500 personas - AFP
30/09/2015 14:43
(RV).- El Encuentro de la Vida Consagrada va a reunir este fin de semana en Madrid a 1500 personas bajo el lema “Corazones que desean algo grande”. Coincidiendo con el Año Jubilar Teresiano, pretende ser un encuentro celebrativo, formativo y festivo. Va a contar con la presencia de numerosos obispos, entre ellos el Arzobispo de Madrid Mons. Osoro que inaugurara el encuentro, el Cardenal Carlos Amigo,  38 vicarios de la Vida Consagrada y 7 asistentes de Vida Monástica. En la mañana del sábado,  3 ponencias profundizaran en la espiritualidad, misión y servicio de la Vida Consagrada y en ésta, como camino de belleza. Por la tarde se celebrará un concierto testimonio en clima de oración y como acto de acción de gracias. El domingo Mons. Vicente Zamora presidirá la eucaristía en la catedral de la Almudena y a continuación se realizará una cadena de oración. Durante esos días los participantes podrán conocer la labor de la vida consagrada y orar por sus vocaciones peregrinado a sitios significativos en Madrid donde se veneran algunos mártires del siglo XX. Aprovechando el Encuentro de la Vida Consagrada en España, habrá un gesto solidario con la Vida Consagrada de Siria e Irak como signo de comunión en los difíciles momentos que están viviendo.
(Pilar Pérez del Yerro para Radio Vaticano desde Madrid)

martes, 15 de septiembre de 2015

"!Despierten al mundo!". Vigilia de oración para jóvenes consagrados y consagradas 15092015

"!Despierten al mundo!". Vigilia de oración para jóvenes consagrados y consagradas

Vigilia de Oración en el marco del Encuentro Mundial para Jóvenes consagrados y consagradas. - RV
15/09/2015 17:43
(RV).- En el marco del Año de la Vida Consagrada tiene lugar la tarde de este martes la Vigilia de Oración, presidida Monseñor José Rodríguez Carballo OFM, Arzobispo Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica que abre el Encuentro Mundial de Jóvenes Consagrados y Consagradas sobre el tema “Despierten al mundo, Evangelio – profecía - esperanza” que tendrá lugar en Roma hasta el 19 de septiembre.
Este encuentro está dirigido a quienes están en el período que precede al noviciado, en el período de discernimiento y de prueba, en el tiempo de la profesión temporánea y dentro de los diez años de la incorporación perpetua o definitiva en los institutos y congregaciones.
Los jóvenes consagrados y consagradas se preparan para vivir una experiencia de formación a través de la profundización bíblica, teológica, carismática y eclesiológica de los elementos fundamentales de la Vida consagrada, además de compartir las propias realidades, los deseos y las expectativas formativas. Todo esto sin olvidar celebrar y dar testimonio de la belleza de la propia vocación.
La vigila será animada por la Comunidad de los hermanos de Taizé, y entre las actividades de los próximos días, se prevé el encuentro este jueves a mediodía con el Papa Francisco en el Aula Pablo VI del Vaticano.
El encuentro concluirá el sábado 19 con la celebración eucarística en la Basílica de San Pedro.
(GM - RV)

    domingo, 9 de agosto de 2015

    Encuentro Europeo de Jóvenes: Ocasión para discernir la vocación personal 09082015

    Encuentro Europeo de Jóvenes: Ocasión para discernir la vocación personal

    Por Blanca Ruiz

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    Jóvenes en la feria de vocaciones, durante el Encuentro Europeo. Foto: Blanca Ruiz / ACI Prensa.
    Jóvenes en la feria de vocaciones, durante el Encuentro Europeo. Foto: Blanca Ruiz / ACI Prensa.










    ÁVILA, 09 Ago. 15 / 05:10 pm (ACI/EWTN Noticias).- La feria de vocaciones es una de las actividades que se han desarrollando en Ávila en el marco del Encuentro Europeo de Jóvenes, que se realiza del 5 al 9 de agosto en la tierra de Santa Teresa de Jesús. Cerca de 30 congregaciones han montado su stand en donde reciben e informan a todo el que quiera acercarse, en ellos también puedes descubrir hasta cómo te queda el hábito de las religiosas.
    Las religiosas de las Madres de Desamparados y San José de la Montaña tienen un divertido reclamo en la puerta. Se trata de una religiosa tamaño natural sin cara y quien lo desee puede poner la suya para ver cómo le queda el hábito de estas religiosas, que se encargan de la enseñanza y el cuidado de ancianos.
    "Se ha acercado mucha gente”, dice la madre María Asunción Navarro a ACIPrensa. “Nos preguntan a qué nos dedicamos, cuál es nuestro carisma. Pero también hacen preguntas muy variadas, por ejemplo, cómo fue mi infancia y cosas así”.
    La madre Mercedes Domínguez, también de las religiosas de San José de la Montaña, explica que se nota que los jóvenes se acercan “con interés, no solo por curiosear. Sino realmente interesados en conocer qué hacemos”.
    "Nosotras pedimos todos los días al Señor que vengan más vocaciones. Pero eso depende de cada persona y de Dios. Esta feria sirve para que nos conozcan. También se ve que la Iglesia sigue viva y que tiene muchos carismas", indica la religiosa.
    Además de explicar en qué consiste la vocación, en el stand de Nuestra Señora de la Vida se invita a "que Dios te hable a ti hoy". Lo explica Montse Benito quien propone a quien se acerca que coja al azar un papel de una bolsa en la que hay frases tanto del Evangelio como del fundador de su congregación.
    "El reto es que saques un momento del día para hablar con Dios sobre la frase que has sacado al azar", señala.
    Y aunque evidentemente quieren dar a conocer la espiritualidad de Nuestra Señora de la Vida, según explica Montse a ACI Prensa, lo más importante es “que cada joven se encuentre con Dios y si lo consigue a través de nosotros, pues estupendo”.