Mostrando entradas con la etiqueta Padre Pedro Opeka.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Padre Pedro Opeka.. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de septiembre de 2016

El Padre Pedro Opeka

El Padre Pedro Opeka

Un heroico sacerdote argentino en Madagascar
Padre Pedro OpekaAl Padre Pedro Opeka, misionero paúl argentino que trabaja desde 1975 en Madagascar, le concedieron el Premio MUNDO NEGRO a la Fraternidad 2007. Al borde de un vertedero, comenzó a construir viviendas para alojar a los sin techo. Hoy es una ciudad con unos 20.000 habitantes.
Se llama Akamasoa, que significa "buenos amigos". Está dotada de guarderías, escuelas y centros de formación.
El P. Opeka, como buen argentino, es un gran aficionado al fútbol. Nacido en 1948, lleva más de la mitad de su vida trabajando en Madagascar. Esta pasión por el fútbol la contagia ahora a los chavales que pululan, bien vestidos y alimentados, en las distintas escuelas que alegran la ciudad de sus sueños y desvelos: Akamasoa.
Hijo de emigrantes eslovenos, nació en San Martín, en la provincia de Buenos Aires en 1948. Siempre vio en su padre, que era albañil, un modelo de esfuerzo y de trabajo. Para él, sin trabajo no se consigue nada. Comenzó a trabajar con su padre a lo 9 años. A los 14 años ya era oficial albañil. Su madre tuvo 8 hijos y su padre trabajaba muchísimo. Ellos le dieron la vida y le trasmitieron la fe" Los fines de semana, y pese a que Pedro prefería jugar al fútbol, comenzó a ir a las obras con su padre. Allí, con mucha iniciativa, aprendió el oficio. Así, cuando llegó a Madagascar y comenzó a trabajar con sus manos, la gente se extrañaba. Él les decía: "Tengo dos manos como vosotros".
A los 17 años hizo su primera casa en Junil de los Andes, entre los indios mapuches, y desde entonces no ha parado por dar dignidad a los más pobres. Sobre todo desde que comenzó su trabajo en Akamasoa, que significa "buenos amigos".
Ingresó en la congregación de San Vicente de Paúl en Argentina. Estudió Filosofía en Eslovenia y Teología en Francia. A los 27 años se ordenó sacerdote y fue destinado a Madagascar.
Su primera experiencia en Madagascar transcurrió en Vangaindrano, al sureste del país. Estuvo 15 años animando la parroquia y allí comenzó a sentir la necesidad de estar junto a la gente. Cultivó arroz para sobrevivir, metiéndose en el barro como cualquier campesino malgache. Con ellos jugó al fútbol, llegando a ser una estrella del equipo local. Según cuenta él mismo, "el fútbol fue el camino para ganarme su confianza y sentirme entre ellos".
Todo empezó en un basurero. En 1989 fue destinado a la capital, Antananarivo, para ocuparse del seminario de los Paúles. Cuando vio la miseria de la gente, especialmente en la periferia de la ciudad, con más de 800 familias escarbando en la basura para poder comer, se dijo a sí mismo que ahí no valía para nada hablar, que lo pertinente era actuar.
Empezó con una pequeña casa de acogida para los chicos, un hogar de apenas 16 metros cuadrados al borde de un vertedero de 20 hectáreas sobre el que vivían 5.000 personas.
Con un pequeño grupo de voluntarios de su antigua parroquia, empezó en un pequeño terreno de dos hectáreas, cedido por las autoridades municipales. Allí construyó las primeras viviendas, una pequeña ciudad que se llamaba Manantenasoa, que significa en lengua malgache "la colina del coraje". Poco a poco se fueron construyendo casas de madera, que luego pasarían a ser reconstruidas con ladrillos.
Del granito de la montaña empezó a sacar piedra, grava y adoquines, para venderlos para la construcción. Del basurero empezó también a sacar abono natural, que también vendía. Poco a poco, lo que primero había sido un albergue de jóvenes se convirtió en un pequeño barrio, luego en dos, hasta llegar a la ciudad que es hoy y en la que viven casi 20.000 personas.
Se empezaron a crear escuelas primarias, secundarias... Actualmente, hay más de 7.000 alumnos, sin contar las guarderías. También hay talleres escuela (carpintería, mecánica ... ) que forman y dan trabajo a los jóvenes; talleres y escuelas de bordado, de artesanía... en las que las mujeres no sólo aprenden un oficio, sino que consiguen unos ingresos que les ayudan a sobrevivir.
Poco a poco las colinas que rodean el basurero se fueron llenando de hermosas casas, fabricadas con ladrillos y agradables para vivir. Lo que antes era un paisaje de basura y porquería se fue transformando en una auténtica ciudad, con jardines, flores, calles pavimentadas y limpias. Aquello se llamó Akamasoa ("buenos amigos", en lengua malgache).
El P. Opeka cuenta con la ayuda de Manos Unidas, de la Comunidad Europea, del Principado de Mónaco y de otras muchas instituciones internacionales. Eslovenia y Mónaco lo prpusieron hace años para el Premio Nobel de la Paz. Ha recibido numerosos premios y galardones a nivel internacional, entre los que destaca la Medalla de la Legión de Honor, máxima distinción francesa.
Akamasoa es hoy un ejemplo de cooperación y solidaridad. Por toda su obra y por ese ejemplo de cooperación y solidaridad, Mundo Negro(Misioneros Combonianos) decidió otorgarle el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2007.
Su constante labor a favor de los más pobres le ha supuesto ser nominado nuevamente para el premio Nobel de la Paz en 2016.
Fuente: Revista Mundo Negro de los Misioneros combonianos, nº 526.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El apóstol de la basura, el albañil de Dios: el padre Opeka ha creado una ciudad; empezó con fútbol 15092016

Misionero paúl argentino en Madagascar, nominado al Nobel de la Paz

El apóstol de la basura, el albañil de Dios: el padre Opeka ha creado una ciudad; empezó con fútbol

El apóstol de la basura, el albañil de Dios: el padre Opeka ha creado una ciudad; empezó con fútbol
Llegó a Madagascar en 1970 con la Congregación de San Vicente de Paúl. Prometió una vida digna a los pobres

Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Goglle+ Añadir a Linkedin
15 septiembre 2016
Pedro Opeka es un sacerdote argentino de 69 años,  misionero en la isla africana de Madagascar desde 1970 con la Congregación de San Vicente de PaúlSe calcula que en su largo servicio misionero ha ayudado a medio millón de personas a reducir su pobreza extrema. En algunos lugares ya le llaman, popularmente,  el "santo de Madagascar".

Por su labor con los pobres obtuvo la Legión de Honor en 2008 y estuvo nominado al Premio Nobel de la Paz. El portal argentino InfoBae recoge la historia de Pedro Opeka.

«El santo de Madagascar»
Lleva casi 50 años en Madagascar y gracias a su obra en ese país muchas personas abandonaron la situación de indigencia. Una causa noble admirada en todo el mundo.

Nació en San Martín, Buenos Aires, para vivir su historia en Akamasoa, Madagascar y multiplicar su admiración en Europa. En su juventud trabajó con su padre esloveno en la industria de la construcción, en la ciudad de Miramar.

Pedro también leía la Biblia una y otra vez. Quedó impactado con Jesús, “el amigo de los pobres”.

En Junín de los Andes construyó una casa para que una familia se resguardara del frío, hasta que leyó una carta que le motivó.

La Congregación de San Vicente de Paúl explicaba en un escrito de 1648 cómo fue la llegada de los primeros misioneros a Madagascar. “Me voy para allá”, fue la reflexión de Pedro.


En el centro Pedro Opeka junto a niños de la ciudad de Akamasoa

“La Madre Teresa con pantalones”, “el Santo de Madagascar”, “el Soldado de Dios”, “el Apóstol de la basura”, “el Albañil de Dios”. Son los múltiples pseudónimos con los que sus conocidos apodan a Pedro.

A sus 69 años tiene más de diez libros publicados y siete documentales: todos en territorio africano y europeo.

Su causa hacia los pobres le llevó a ser propuesto para el Nobel de la Paz en años anteriores. Pero la contemporaneidad de su lucha interminable es el rasgo que le posiciona en la vida.

Refugio a los desamparados
Hace 50 años (por aquel entonces Pedro tenía 22), que Madagascar es su patria adoptiva. Llevó su lucha hasta uno de los países más relegados del mapa, una de las zonas más pobres del planeta. Cambió miseria por oportunidades y brindó refugio a los desamparados. 

Su apariencia, polarizada, fue un contrapunto cultural de impacto ante un paisaje humano uniforme de tez negra. Fueron suficientes décadas de sojuzgamiento y represión para que una comunidad africana asimilara gentilmente a un integrante de una raza asociada a su horror. Su estigma por ser un hombre blanco lo resolvió jugando al fútbol con los chavales. Bastó una pelota, un partido para empatar las diferencias.

Desde niño, Pedro deseaba ser sacerdote y futbolista. Le dijeron que era inviable esa combinación: una cosa o la otra. Eligió, entonces, ser sacerdote, misionero y futbolero. 



Su obra en Madagascar
Su legado en Madagascar se divide en dos. Sus primeros 15 años trascendieron sobre la costa sureste, dentro de la selva tropical en un pueblo llamado Vangaindrano.

Con el fútbol como vehículo cultural, con el esfuerzo como obra de cambio, animaba la iglesia junto con otros curas de la misma congregación.

Entre creaciones de dispensarios para salud, educación y cooperativas de trabajo, el Padre Opeka padeció paludismo y parasitosis. Para tratar las enfermedades se trasladó a Antananarivo, la capital del país, en donde se encuentra en la actualidad.

“No vi pobreza, ahí conocí la miseria. Cuando llegué vi miles y miles de personas que vivían de uno de los vertederos más grandes del mundo. Esa noche no dormí y le pedí a Dios que me diera fuerzas para rescatarlos de ahí”, recuerda el sacerdote.

Akamasoa, la ciudad que creó Pedro Opeka
La ciudad de Akamasoa fue obra de Pedro Opeka y la primera piedra se puso en 1990.El trabajo, la escolarización de los niños y el respeto de las normas de convivencia fueron las tres condiciones que el sacerdote impuso allí para regular la vida de sus habitantes.



La ciudad cobijó a más de medio millón de personas. Hoy, 25 mil habitantes, diez mil escolarizados, quince mil menores de 15 años, viven en una distribución de 17 barrios. “Es la ciudad de los pobres, la ciudad de los que están cansados de esperar“, cuenta.

Akamasoa recibe ayuda de tres organizaciones no gubernamentales de Francia, una de Mónaco, más cooperaciones económicas que llegan desde España y Eslovenia. Europa es el principal motor de su obra y desde allí se gestó su candidatura al Premio Nobel de la Paz.




 
Tu ayuda es vital para que Religión en Libertad vea la luz los 365 días del año