sábado, 8 de agosto de 2026

'Evangelio de Mateo': Contradicciones 'internas' y 'externas' y Domingo 19º del TO. Ciclo A (09.08.2026): Mateo 14,22-33. ¿Pensó Jesús en el papado? - “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS -

 Verano 6. 09 de agosto de 2026.

Sexto paseo veraniego por el llamado 'Evangelio de Mateo': Contradicciones 'internas' y 'externas'. 
Creo que 'contradicción' es una palabra que todos comprenden. Recuerdo que a veces, todos, decimos un mensaje y al poco tiempo alguien que nos escucha se atreve a decirnos que 'acabas de decir lo contrario'. 
Para esta nueva semana, en la que tendremos oportunidad de pasear nuestros ojos por el texto del Evangelio de Mateo, propongo el trabajo de encontrar alguna 'contradicción' en los mensajes que nos dejó escritos este Evangelista. Pondré un ejemplo. Leo en Mateo 10,5-7: "Después de esto, Jesús envió a los Doce con esta misión: No toméis camino de gentiles, ni entréis en ciudad de samaritanos, dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca". En cambio, en el último capítulo del mismo Evangelio (Mt 28,18-19) leo esto otro: "Jesús habló así a sus once discípulos: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre...".
¿Hay que evangelizar sólo a las gentes de pueblo de Israel o a todas las gentes del mundo? A esto es lo que yo llamo 'Contradicción interna'. ¿Existe alguna otra contradicción dentro de este mismo Evangelio?
Llamaré 'contradicción externa' cuando en algún momento del texto se hace referencia a tal o cual dicho o hecho de Jesús y en alguno de los otros tres Evangelios se puede leer la misma referencia pero con afirmaciones evidentemente muy distintas. En ocasiones los asuntos tienen poca importancia como, por ejemplo, el lugar en el que este Jesús de Mateo proclamó su primer discurso llamado 'De las Bienaventuranzas' en un 'Monte de Galilea' (Mt 5,1) y en el relato de Lucas se dice que sucedió tal proclamación en un 'Llano, a la bajada de un Monte' (Lc 6,20). La diferencia no es que sea muy significativa, pero es que además sucede que estas 'Bienaventuranzas' son nueve en Mateo y cuatro en Lucas y acompañadas de 'Malaventuranzas'. ¿Qué es lo que dijo aquel judío galileo de Nazaret sobre este asunto y en qué lugar? Es más, para los Evangelistas Marcos y Juan tales Bienaventuranzas no existieron como tales. Nada nos dicen de tal dicho y hecho. Las contradicciones creo que sí son de peso, importantes e insoslayables.
¿Podría un lector atento de Mateo constatar alguna que otra 'contradicción externa' en este relato evangélico llamado 'de Mateo? Advierto que las hay de mucho calado y en asuntos muy transcendentales...
¡Qué importante y sorprendente es leer y aprender a mirar alrededor sin prisas!
Nada más ahora y hasta el próximo fin de semana.
A continuación se encuentran los dos comentarios para el domingo 9 de agosto
Carmelo Bueno Heras

Comentario primero:

Domingo 19º del TO. Ciclo A (09.08.2026): Mateo 14,22-33. ¿Pensó Jesús en el papado? Me lo pregunto y escribo CONTIGO,

Al relato evangélico de este nuevo domingo de agosto que se proclamará en la liturgia de la misa eucarística le faltan tres dedos de su pie derecho. Si un oyente o lector no mira con detenimiento el mensaje no caerá en la cuenta del cercenamiento perpetrado a propósito por quien tenga la responsabilidad de hacerlo que será siempre una autoridad vaticana y dependiente del papado. ¿Por qué no se nos lee al pueblo Mateo 14,34-36

 

Por estos tres dedos amputados sabemos que el asunto de la llamada ‘primera multiplicación de los cinco panes’ tuvo lugar en las tierras paganas de la orilla oriental del Lago de Galilea. Las gentes de esta tierra eran consideradas por los ‘buenos judíos’ más paganas, extranjeras y pecadoras que los propios galileos de la ‘otra’ orilla.

 

“Terminada la travesía, llegaron a Genesaret” (Mt 14,34), población que se encuentra en la orilla occidental del Lago de Galilea. Es la orilla judía. Y es aquí donde quedaron curados todos los enfermos de la ciudad y de la región. Evidentemente esta información es una excesiva exageración del Evangelista. Pero no olvidemos el dato de que aquellas gentes se sentían muy a gusto cerca de Jesús y él también buscaba acortar las distancias que los separaban y dividían.

 

Acabo de pedir a mis neuronas el esfuerzo de releer Mateo 14,22-33 a la vez que el texto de Marcos 6,45-52. Este ejercicio no es para realizarlo en una homilía dominical. Puede hacerse pero hay que tener mucha y buena capacidad oratoria. Se trata de un ejercicio para realizar con la Biblia entre las manos y con papel y lápiz al lado. Ambos Evangelistas cuentan el mismo suceso. Por eso se captan enseguida las coincidencias y las divergencias. Lo que me queda claro es que lo de uno y otro Evangelista no pudo suceder a la vez. Resulta imposible.

 

Me parece muy claro que ‘nuestro’, por ser el relato que leemos en este año, Evangelista Mateo se inventó, al menos, dos asuntos muy significativos. Uno de ellos es el actuar de Pedro que salta de la barca en pleno mar de Galilea y en medio de las sombras de la noche. De este hecho nada cuenta el primer Evangelista que es Marcos y nada escribieron Lucas y Juan.

 

El otro dato es tan sorprendente o más que el anterior. Al ver a Jesús en la barca, aquellos discípulos pescadores se quedaron sorprendidos y con la mente embotada, según cuenta Marcos. En cambio, para el Evangelista Mateo aquellos ‘doce, apóstoles’ reconocen, en sus despertadas mentes de creyentes, que Jesús era ‘verdaderamente el Hijo de Dios’, adelantándose así al centurión romano de la muerte en la cruz (Mt 27,54). Y proclaman esto arrodillados en la tierra del fondo de la barca y ante aquel Jesús, nuevo y definitivo Moisés. 

 

Cuando el Evangelista Mateo escribía estas cosas en la década de los años ochenta del siglo primero de la historia, me pregunto no tan ingenuamente, ¿la figura y la persona de Pedro gozaban ya de una autoridad reconocida entre la mayoría democrática de la que ya se llamaba, ‘iglesia instituida o fundada por Jesús de Nazaret’?

La respuesta de los estudiosos suele ser afirmativa y más si se lee, también en paralelo, Mateo 16,13-23 y Marcos 8,27-33. Entonces, ¿pensó aquel Jesús en el papado? No...

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 09.08.2020. Y también en Madrid, 09.08.2026.


Comentario segundo:

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 37ª página del Evangelio de Mateo 21,1-17.

El Evangelista Mateo nos ha traído a sus lectores hasta Jerusalén. Y de esta ciudad, capital del Reino de Judá y de toda la tierra de Israel, del Norte y del Sur, Jesús de Nazaret ya no saldrá. Ahí quedará sepultado cuando acabe de desvivirse por completo. Lejos permanecerá en el tiempo y el espacio su Galilea con su largo. Atrás quedará para la historia el Camino recorrido, una y muchas veces, desde Cesarea de Filipo hasta aquí, Jerusalén y su Templo.

 

“Cuando se acercaban a Jerusalén, y llegaron a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, Jesús mandó a dos de sus discípulos... a la aldea de enfrente” (Mateo 21,1-2). Así comienza Mateo su relato de la estancia de su Jesús en Jerusalén. Una estancia que, según este narrador, va a ser definitiva: “Mirad, [les dice Jesús], estoy con vosotros cada día, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Así y ahí acaba la narración su narrador. Ningún otro Evangelio de los oficialmente conocidos acaba de esta manera. A su tiempo llegaremos a este punto final del relato.

 

En estos momentos prestamos atención especialísima a la entrada de Jesús en Jerusalén que, en la tradición católica al menos se recuerda en el llamado Domingo de Ramos con el que se abre la puerta de una semana peculiar, tan santa como las otras del año. Para esta página de comentario nos vamos a detener en esta ‘primera entrada’: “Dejándolos plantados, salió de la ciudad, se fue a Betania y pasó la noche allí” (Mateo 21,17). Esta entrada de Jesús en Jerusalén no se cuenta de la misma manera en los cuatro Evangelistas. Tal vez ninguno de ellos presenció este acontecimiento. Muy posiblemente cada uno lo comprendió y expresó a su manera. Existiera o no tal o cual entrada de Jesús en la capital de su tierra o nación, este narrador Mateo la imaginó como la habían soñado y ¡escrito!, los antiguos profetas, como Isaías y Zacarías (Mt 21,2-9).

 

Recuerdo una vez más que cuando Mateo escribe esta narración evangélica han pasado unos cincuenta años desde que estos hechos tuvieron lugar. Este largo tiempo, se admita o no conscientemente, fue generando lo que podemos llamar como proceso de divinización. Creo que lo apunta bien este narrador cuando señala lo que proclaman los grupos que van delante y detrás de este Jesús del Evangelista: ¡Hijo de David..., enviado del Señor..., Dios Soberano! En cambio, el pueblo que contempla estos mismos hechos desconoce quién este hombre y pregunta. Y quien responde afirma: es el galileo Jesús de Nazaret, un profeta (Mt 21,10-11). Eso es todo. Un hombre. Del norte. Profeta. No posee otros títulos. Denuncia (Mt 21,12-16).

 

Y es este hombre el que llega a Jerusalén no para ser ‘entronizado, como Rey, Liberador, Mesías’. Llega a Jerusalén para entrar en el Templo y denunciar lo que es y lo que allí sucede como lo hicieron aquellos profetas del pueblo. No podemos dejar de leer ahora, con el permiso de Mateo, el mensaje de Miqueas 3,8-12 y también el de Jeremías 26. Este Jesús profeta denuncia que este Templo se ha convertido en un mercado de bandidos. Esta denuncia desencadenará el proceso de su muerte. Jesús va a morir porque este Templo de Jerusalén lo va a matar. El Evangelista Juan sitúa todo esto en el comienzo de la vida de Jesús (Jn 2,13-22).

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 11.08.2019. Y también en Madrid, 09.08.2026.

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