SIEMPRE APRENDIENDO A VIVIR
La vida, a su manera tan silenciosa, nos va cambiando. Despacio sin siquiera sentirlo.
Primero se nos van las prisas. Luego las ganas de quedar bien con todos. Y después, sin avisar, empezamos a escoger la paz por encima del orgullo.
Ya no discutimos por cualquier cosa. Ya no mendigamos cariño. Ya no nos duele tanto perder a quien no se quiso quedar. Y ya no vamos a donde no queremos ir.
Porque con los años uno aprende.
Aprende que hay cansancios que no se curan durmiendo. Que hay tristezas que se acomodan para siempre en el pecho. Y que aun así… la vida sigue teniendo pedacitos hermosos.
Aprendemos a disfrutar el café caliente, una llamada inesperada, una tarde tranquila, una canción vieja que nos sabe a recuerdos. Y apreciamos los momentos para estar con nosotros mismos.
El cuerpo cambia, sí. Las canas aparecen. Las arrugas cuentan historias.
Pero también cambia el alma.
Y esa versión de nosotros, más suave, más fuerte, más sabia, merece ser mirada con orgullo.
Porque no fue fácil llegar hasta aquí.
Nadie ve las veces que nos rompimos en silencio. Las noches que lloramos bajito para no preocupar a nadie. Los sueños que enterramos para sacar adelante a otros. Las despedidas que tuvimos que aceptar aunque nos partieran el corazón.
Y aun así… seguimos.
Seguimos amando. Seguimos cuidando. Seguimos levantándonos cada mañana aunque a veces el alma pese más que el cuerpo.
Qué regalo es llegar a esta etapa donde ya no necesitamos ser perfectos. Donde disfrutamos a la familia y aquellos amigos que se quedaron.
Donde entendemos que la belleza verdadera no está en la piel lisa, sino en la mirada tranquila. En el corazón noble. En las manos que han aprendido a sostener. En la capacidad de perdonar… y de perdonarnos.
Tal vez ya no somos aquellos muchachos de antes.
Pero somos esto: personas llenas de historia, de cicatrices, de amor, de vida.
Y eso… eso también es belleza.
Segunda reflexión:
. y me ha hecho ver que la vida es como un árbol, de corteza tierna y lisa cuando es joven , dura y fuerte en la madurez y arrugada y marcada en la vejez, pero lo importante es lo que ha llevado por dentro, esa savia que ha conseguido que ese retoño crezca y cubra con sus ramas un espacio vital, dando vida a sus descendientes , y aún en su vejez siga siendo cobijo y ayuda para otras especies más necesitadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario